CAPITULO 12

REUNIONES CON LAS SECTAS, BAILE Y DISCORIDAS

Harrison se encontraba actualmente meditando en su cuarto, tras recibir la impactante noticia sobre sus poderes y una breve charla de historia antigua.

Descubrir que en realidad sí que existían las deidades conocidas como "dioses" antiguos, era impactante, algo que Shadow estaba totalmente de acuerdo con Harrison, pero la pregunta que se hacía en estos momentos, era ¿Por qué una lección de historia, tras decirme que mis poderes aumentan?

Es cierto, los poderes de Harrison al parecer aumentan en cuanto se encontraba en una situación difícil, tal como de vida o muerte. Tras la pequeña debacle con Mihail, estuvo investigando sobre los poderes de los niveles del aura de muerte, descubriendo que el tercer, cuarto y quinto niveles, eran para manipular las sombras a su antojo.

Tanto es así, que podría hacer armas de ellas, viajar por ellas o traer cosas a través de ellas. Era complicado, pero como dijo Shadow, con interés y perseverancia entrenando diariamente, podría conseguir al menos dominar los niveles tres y cuatro.

El problema residía que no sabía dónde entrenar. Para poder dominar esos niveles era necesario un lugar en el cual poder dejar suelta su aura. Eso bien podría ser problemático, dado que las almas que estuvieran presentes en Poenari podrían sentirle, también podrían quedar aterrorizados de él, algo que no estaba dispuesto a ver.

Poniendo esos problemas de lado, mandó cartas a sus aliados y familia extendida, para saber si tenían algún detalle sobre los dos ataques sufridos a su persona.

Lamentablemente, al haber dejado la orden de los mortífagos, los consideraban unos traidores, lo cual esa parte de contactos, quedaba fuera.

Los Lestrange y los Black coincidían en que sería algo planeado de los tenientes o algún que otro general descontento con Harrison, aunque no sabían el porqué.

Abriendo los ojos, Harrison suspiró un poco dramáticamente al inminente día o mejor dicho, noche que se le acercaba.

Hoy era la noche en la que los jefes de la Secta, La Verdadera Mano Negra, aparecían en Poenari para la reunión.

El Conde le había advertido en persona que los demás Jefes de Secta aparecerían por las largas horas de la noche, para estar todos presentes al día siguiente.

Como dijo, sería un par de días de estar en vilo y despierto. También un par de días en los que no podría llevar a sus familiares a dichas reuniones.

Al menos no dijo nada en contra de llevar su vara, aunque podía predecir que de poco le haría falta. Seguramente la voz se habría corrido con la maldita debacle del vampiro loco, Mihail y su expulsión de la orden del Conde Dracul.

Levantándose lentamente de su posición, Harrison hizo una mueca ante las articulaciones que se le habían quedado dormidas.

Un encantamiento Tempus y le dijo que era la hora del desayuno. Estar meditando tanto tiempo sobre temas importantes y temas casi sin relevancia, era agotador, pero a la vez refrescante, pues el daba una idea de cómo actuar a continuación.

Lo primero, era lo primero, pedir una sala especial al Conde para entrenar su tercer nivel de aura, o como Shadow ahora lo llamaba, su aprendizaje sobre las sombras.

También necesitaría tomos antiguos, sobre las diferentes mitologías, tenía curiosidad extrema en cuanto a las deidades que le habló Shadow, sobre todo las griegas.

Como buen inglés, él conocía las deidades celtas, pero también las nórdicas, siendo el alfabeto rúnico parte de ella.

Con un movimiento de su mano, el baúl que tenía en la esquina de la habitación, se abrió por el compartimento adecuado, el de la ropa.

Poniéndose su siempre armadura de piel de basilisco, la cual se le amoldaba al cuerpo, Harrison se puso una túnica negra con el escudo de armas Peverell en la parte derecha del pecho.

Botas negras, también de piel de basilisco, pero con encantamientos en ellas para que sean del mismo color que las túnicas que llevara, casi siempre túnicas oscuras, Harrison se miró al espejo, antes de cerrar el baúl y bajar a desayunar.

No había mirado como estaban sus basiliscos, pues Dobby se encargaba de que ellos tuvieran la piedra en la que dormían, siempre cálida al tacto y como Apofis y Ningizzida cazaban en las mazmorras ratas y otras presas mágicas, su dieta estaba bien.

Solo tenía pequeñas conversaciones con ellas cuando llegaban por la noche y la mayor parte de ellas, eran las pequeñas preocupaciones sobre que se acabara la comida.

Entrando en el salón donde algunos de los Alucard más madrugadores estaban tomando un pequeño desayuno continental, Harrison se sentó y miró alrededor de la mesa.

El servicio en el castillo Poenari era diferente a lo conocido por él, en vez de elfos aparecer la comida, había sirvientes humanos, en su mayoría Squibs, que servían los platos y demás.

Aceptando con una inclinación de cabeza y agradecido al mayordomo que le atendió en el desayuno, comenzó a comer, lentamente, recordando las dos noches pasadas.

Flash Back

- Es curioso cómo funcionan las cosas aquí… debo ir con más cuidado y no dejarme llevar por impulsos.- Murmuró para sí mismo, antes de que se diera cuenta que no le hablaba a nadie en particular.

- De hecho, tienes toda la razón, joven Nigromante.- Vino la voz de Shadow desde las sombras, viendo como una figura salía de ellas, Harrison se quedó sorprendido ante dicha aparición.

- ¿Cómo es posible? Pensé que estabas en mi interior…

- Estoy en muchas partes, Harrison. Debemos hablar de asuntos importantes.- Dijo Shadow, haciendo una señal a Harrison de que tomara asiento, conjurando el mismo dos asientos de cuero negro y tomando un asiento.

Harrison siguió el mismo ejemplo que su Maestro en el aura de muerte, preguntándose de que iría todo esto.

Tenía sus sospechas de quien era su maestro, pero no podía decir nada todavía por si erraba, así que se dedicó a escuchar lo que le tenía que decir.

- He venido para informarte sobre dos temas en particular. El primero de ellos y más importante, es… tu gran avance en tus estudios, al menos los que tienes conmigo. He comprobado tu poder en el campo de batalla, tanto como en el que casi te mata, como con el de los licántropos.

Debo decir que me sorprende. En el ataque al tren, utilizaste poder, pero no las sombras para manipularlas, pero con los licántropos, utilizaste el aura de muerte para hacerles retroceder y meterles miedo en el cuerpo, siendo así, que cuando llegaste a suelo vampírico, utilizaste el tercer nivel sin mucho esfuerzo, casi dominándolo. Bien hecho.

- Gracias, Maestro Shadow.

- De nada, pero no tienes por qué llamarme así. Con Shadow basta.- Respondió haciendo un pequeño gesto con la mano, restándole importancia. – El problema que se te presenta, es que debes dominar bien el tercer y cuarto nivel, para continuar con el resto. Quiero que entrenes en el tercer nivel, manipulando como sea las sombras. Como tú quieras.

- Así que… ¿Podré viajar a través de ellas?

- No, eso es más adelante. Además, ya no puedes llamarle entrenamiento en el aura de muerte, es un gran bocado, si me preguntas.

- ¿Y cómo le llamo?

- Entrenamiento de las sombras. Si dominas las sombras, estarás a un paso más cerca de dominar tu aprendizaje.

- ¿Cuándo pasaremos a la nigromancia?

- ¿Nigromancia? ¿Por qué querrías aprender más de la nigromancia?

- Pues… para expandir mis conocimientos. Si quiero convertirme en un Gran Maestro algún día, tendré que escribir mi propio Grimorio particular.

- Cierto. No estás listo para la "nigromancia" que te enseñe. Cuando crea que estás listo, entonces ese será el día en que aprendas el arte más avanzado. De momento sigue estudiando lo que tus Maestros Marduk y Markus te enseñan.

- Entiendo. ¿Sigo sin poder contarles acerca de ti?

- En efecto, no entenderían quien soy, aunque sospecho que tú sospechas quien soy.

- Algo así, pero necesito más información.

- Comprensible. Esa parte es de la que quería hablarte. Siguiendo con tu entrenamiento, debo enseñarte; como te dije en el pasado, hay poderes más fuertes de los que conoces, poderes que te observan, como yo, y poderes que están latentes, esperando despertar de un largo letargo.

- Entiendo.

- No lo haces, pues todavía no he contado lo que quería.- Contrarrestó Shadow con una mirada seria a Harrison. – Te voy a contar una historia que es muy vieja, tan vieja como los albores del tiempo.

En el principio de todo, cuando la vida comenzó, la muerte siguió el camino, pues como sabes, no puede haber vida sin muerte y no puede haber muerte sin vida.

- Sí, es una de las primeras lecciones que se enseñan a los nigromantes. Eso lo entiendo.

- Bien, pues hace muchísimo tiempo, una serie de poderes más allá del hombre y de las deidades, justo antes de que todo apareciere, llegaron a la existencia, denominándose a ellos mismos Aspectos.

Los Aspectos son aquellos que dominan el todo, es decir, un Aspecto por cada sensación, sentimiento y suceso que pasaba en el universo.

Al principio, solo había dos Aspectos, Muerte y Vida. Vida era la encargada de crear vida en donde le pareciere, siendo Muerte, la encargada de extinguirla, cuando supiera que había llegado el momento de hacerlo.

Al principio, los dos Aspectos trabajaban en armonía, pero con la vida, vienen los problemas o mejor dicho, nuevos nacimientos.

Cuando el hombre se creó, hubo nacimientos en masa de Aspectos, tales como Magia, Hambre, Peste, Ira, Guerra, Envidia, etc. pero el Aspecto más importante de los hombres, fue llamado Destino.

Con la creación de los nuevos Aspectos, los problemas surgieron entre nosotros, dado esos problemas…

- ¿Problemas? ¿Cómo en tipo papeleo?- No pudo evitar interrumpir Harrison, le parecía divertido que los problemas de los Aspectos fueran de ese tipo. Tampoco se dio cuenta cuando Shadow dijo "nosotros".

- Más o menos. Ten en cuenta que en aquellos tiempos la vida en las galaxias, estaba comenzando a extenderse, también lo hacía la muerte y magia. Todo era caótico, pero hubo tiempos en los que estaban tranquilos, sin muchas labores, de todas formas, vayamos al grano, siempre que entiendas que hay poderes más allá del simple mortal, sea mago, brujo, hechicero o druida. ¿Entiendes eso?

- Sí, entiendo que hay Aspectos, que son como los creadores del universo y la vida… ¿Eso quiere decir que hay vida en otros planetas?

- La hay, sí, pero la vida que hay en otros planetas, en otras galaxias, no puede ser investigada de momento por los terrícolas.

- ¿Por qué?

- Porque no es vuestra hora. No estáis preparados para enfrentar lo que hay más allá. Una simple pregunta. ¿Qué pasó cuando los humanos se enteraron de la magia en la edad media?

- Persecuciones y muerte para los mágicos. Ahora entiendo porque quieres decir que no estamos preparados.

- Exactamente. Los humanos, muggles como tú llamas, son criaturas dedicadas a su propia autodestrucción, pocos son los que entienden y respetan a los que son diferentes. De todas formas nos estamos yendo del tema.

Con el proceso de vida en la Tierra, llegaron las religiones y los cultos. De los primeros que se hacían era a los Aspectos que primero aparecieron, Vida y Muerte. Más tarde en los albores del tiempo, los humanos tanto mágicos como no mágicos, comprendieron que había algo más allá de su propio entendimiento, así es como los "dioses" nacieron.

Los mágicos más poderosos de todas las culturas, comenzaron a ser adorados, llegándonos la información de que éstos eran realmente poderosos y tenían ciertos conocimientos sobre cómo funcionaban las cosas.

En Grecia, por ejemplo, se creó lo que era el Monte Olimpo, residencia de los "dioses". A estos se les concedió cierta inmortalidad, una inmortalidad que podía ser quitada si uno moría, pero para matar a un "dios" tenía que ser otro del mismo tipo que lo matara. De ahí, que se crearan ciertas leyes místicas, que prohibían el asesinato entre los dioses.

Las luchas y otras peleas que se han retratado en la historia, es por los humanos no mágicos, dado que eran dados a la exageración.

Las leyes entre los diferentes panteones eran muy duras, para que no se mataran entre ellos, como consecuencia, dio lugar a "reinos" entre estas deidades. Tú que eres nigromante, habrás oído hablar del templo de Hades que lleva al Inframundo.

- En efecto. Un templo que me gustaría visitar en el futuro.

- Bueno, pues en las otras culturas, también se dio este caso. Para los Aspectos fue positivo, pues les ayudaba en su labor, ya que en otros planetas, los Panteones también aparecieron. Todo esto es… muy teológico, lo sé, pero debes aprenderlo.

- Supongo que no hay libros.

- No, no los hay. Lo mejor para saber acerca de la historia, es si te la muestro, pero no hoy.

- No lo entiendo, si me muestras la historia…

- No te llevaré allí, para que intervengas, sino que verás en un plano metafísico o astral, lo que sucedió.

- De acuerdo.

- De momento, conténtate con que te cuente de la historia griega y sus deidades. Al principio de su nacimiento fueron doce, pero las deidades se fueron multiplicando, dedicándose cada vez más a las nuevas cosas que se creaban en la Tierra. Es decir, más sentimientos, emociones, actos, etapas de la vida, meteorología, etc.

Normalmente, antes de esas deidades estaban los llamados Titanes y antes los Primordiales, no te voy a decir que no es cierto, pero todos y cada uno de ellos tenían dedicaciones más específicas. También se pasaban un poco de la raya al no respetar las leyes, de las cuales fueron creadas por los Aspectos.

Ahora los "dioses" griegos principales eran: Zeus, Hera, Hefesto, Artemisa, Apolo, Atenea, Afrodita, Hades, Poseidón, Ares, Hermes y Dionisio. Todos ellos completaban los doce grandes, los cuales se dedicaban a ciertos quehaceres de los Aspectos en la Tierra y en otros planetas, con otros nombres o con otro tipo de poder.

A medida que iba avanzando el tiempo, como todo, las familias crecen. De ahí que el Panteón griego creciera y a la familia de los doce, se les sumaran muchos más "dioses". Pero estos dioses se enfrentaban a un problema mayor, el tiempo. A medida que pasaba el tiempo ellos envejecían, los Aspectos, temiendo que esto pasara, fue cuando les concedieron la inmortalidad media e hicieron las mismas leyes que con los primordiales y titanes.

El tiempo fue pasando y las criaturas de la Tierra iban evolucionando, los mágicos crecían y los no mágicos se mataban entre ellos o se mezclaban.

Hubo un momento en el que otra raza nació, una raza que se parecía a los humanos, pero con poderes de criaturas mágicas. Se les denominó FAE o Hadas.

Estos FAE fueron evolucionando y creciendo, pero su… vida era más larga que la de los hechiceros y druidas o sacerdotes.

Los dioses fijándose en esto, decidieron tomar a una familia de doce FAE con excelentes poderes, tales como el de los doce grandes o parecidos.

Tienes que saber que estos FAE se alimentaban de los humanos, los no mágicos, de ahí que las guerras se cursaran más… sangrientas.

Los FAE al principio convivían en relativa paz con los mágicos y los humanos, siendo estos últimos su base de alimentación predestinada, tuvieron que tener cuidado, pero los doce aprendices de los doce grandes, eran ambiciosos y desgraciadamente las leyes místicas no los ataban.

Estos FAE tomaron los nombres de sus "Maestros" haciéndose pasar por ellos de una forma, también fueron emigrando y tomando de las culturas de otros países. Roma, Egipto, Mesopotamia, etc.

Los mágicos los denominaron Antiguos y los humanos no vieron el cambio en ellos. Un día, en una reunión de los panteones, los FAE dieron su golpe final, traicionando a sus Maestros y encerrándolos en sus respectivos reinos.

Por consecuencia, se creó un nuevo reino en otro plano, en el cual, los FAE iban cuando morían. A esos reinos los llamaron de igual manera que los que estaban antes, no porque no tuvieran imaginación, sino porque era más fácil así.

Hasta los días de hoy, los FAE traidores viven en esos reinos, ampliándolos y creando nuevas leyes.

Muchos siglos más tarde, milenios podríamos decir, las comunidades FAE se separaron de las mágicas, pero teniendo contacto siempre.

También lo hicieron de los humanos, pero extremadamente llegando a ser radicales, escondiéndose de ellos por temor a ser cazados, aunque ellos fueran los cazadores. Esa es la historia que quiero que medites y comprendas. Otro día te llevaré a verla por ti mismo.- Terminó de contar su relato Shadow, mirando a la lejanía, seguramente pensando en los tiempos mejores o en el pasado.

- Bonita historia, pero no entiendo que tiene que ver con mi entrenamiento… ni conmigo, para el caso.

- Mucho y nada, poco y todo. Cuando llegue el momento, comprenderás porque te entreno personalmente, ahora descansa, haz tu vida con normalidad, entrena y cásate, ten muchos hijos e hijas, sé feliz. Porque cuando llegue el momento, tendrás que hacer ciertos sacrificios, Harrison Markus Peverell.- Fueron las palabras de Shadow mientras que se desvanecía entre las sombras, haciendo desaparecer ambos sillones, dejando caer de culo a Harrison.

Fin Flash Back

A partir de ese día, Harrison estuvo meditando cuidadosamente las enseñanzas de Shadow, repasando continuamente sus palabras en busca de un significado, hasta dar con solo meras sospechas y fundamentos que le hacían creer de su maestro, un Aspecto, pero la cuestión era ¿Cuál?

Viendo que Irina se sentó a desayunar a su lado, terminó de poner en orden sus pensamientos e investigaciones para más tarde y darse por completo a las conversaciones sobre la fiesta que se daría al día siguiente, o mejor dicho la noche.

Para la noche siguiente después de la venida de los Jefes de las Sectas y los Clanes, se daría una fiesta o un baile, en el cual todos estaban invitados, inclusive Harrison.

Eso era una buena idea, pues así podría hacer contactos con los otros vampiros, al menos si estos eran amables o pretendían serlo.

Tenía la sospecha de que podría darse el caso de un ataque sorpresa por parte de los lobos, pero habiendo investigado un poco las salas de Poenari, lo descartó inmediatamente.

- Buenos días Harrison. ¿Has descansado?

- Sí… también me he preparado para sea lo que sea que venga.

- Me alegra oír eso, Harrison, pues en la fiesta de mañana se te dará a conocer como el prometido de mi sobrina.- Intervino Vlad alegremente. – Créeme, muchos querrán conocerte.

- Eso espero, yo también estoy deseando conocer a la gente que venga, según tengo entendido, provienen de diferentes países.

- En efecto.- Afirmó Irina, lanzando una mirada glacial a su tío, el cual sonrió para sus adentros. Con esto de las tradiciones le habían dejado poco tiempo con Harrison, sobre todo desde que llegaron al castillo.

Por lo que sea, solamente lo veía en las comidas, luego se encerraba en su habitación, de la cual no salía ningún ruido. Seguramente de las salas que habría puesto.

- Pues eso me dará la oportunidad de expandirme un poco más… también de hacer nuevos aliados comerciales.

- ¿Solo piensas en política?- Se quejó Irina un poco de mal humor.

- No, también pienso en el baile… y si me concederás alguno. Estoy seguro que estarás muy solicitada entre la comunidad vampírica.

- Que gracioso… claro que te concederé un baile, bobo. Eres mi prometido después de todo. Por cierto, ¿Qué haces en tu alcoba encerrado todo el día?, apenas sales.

- Un poco de todo, pero lo que más hago es informarme de cómo van los asuntos en Gran Bretaña y en el Wizengamot. He dado órdenes a Orion para que comience la revisión de las leyes anti muggles.

- Al menos es un comienzo. ¿Crees que podremos ganar esa ley de caza, antes de que vayas a Hogwarts?- Preguntó Vlad interesado, lo cual la mesa entera también lo estaba. Sin esa ley, Harrison no podía acceder a las islas que quería.

- Creo que sí… pero lo de Hogwarts… no lo tengo del todo claro.

- ¿Qué quieres decir? Tendrás que tener una educación en el colegio.

- Amelia se ha puesto en contacto conmigo preocupada… no aparezco en el libro de registros. Ya no, al menos.- Informó Harrison, dejando los cubiertos en el plato, de forma que los sirvientes supieran que había terminado de desayunar.

- ¿Qué quiere decir, que no apareces en el libro de registro? No lo entiendo…- Preguntó Irina, con la cabezada afirmativa de la mesa entera.

- Veréis, cuando un mágico nace en Gran Bretaña, es registrado en el libro de registro de Hogwarts, teniendo una plaza automáticamente. Esa plaza hay que pagarla, por ello cuando el niño o niña, cumple los once años, se les informa a los padres, si es nacido de muggles. En caso de ser mestizo, debe saberlo de antemano, a no ser que sea huérfano, que en cuyo caso, se va a informar al estudiante. Los Sangre Pura lo saben, por ello cuando les llega la carta del colegio, automáticamente pagan la matricula. ¿Hasta ahí conmigo?

- Sí, una buena forma de ponerse en contacto con los estudiantes… al menos de que tengan una educación.- Aportó pensativamente Corina y Livia, estando toda la mesa de acuerdo.

- Bueno, el caso, que para que un estudiante aparezca, debe ser mágico, estar vivo y dentro de las islas de Gran Bretaña. Para que no aparezca, es decir, el caso contrario, el estudiante debe estar muerto, fuera de las islas o…

- ¿O?- Pidió un poco impaciente Ileana, aunque la cara de aceptación de Irina lo decía todo.

- Haber sido educado en casa los siete años reglamentarios de Hogwarts… ¿Pero cómo el colegio tiene el conocimiento?- Pidió Irina comprendiendo a medias.

- Eso fácil querida, cuando fui para hacerme cargo de la escuela durante un tiempo, creo que la pluma que escribe en el libro de registros, estuvo poniéndome a prueba, al menos así pienso, decidiendo que no podía cursar los siete años normales en la escuela, debido al conocimiento que poseo.

- Es decir, ¿Qué estás libre para hacer lo que quieras? ¿Incluso sacarte una Maestría?- Pidió Vlad Jr.

- Así es. Pero la Maestría vendría más tarde, al menos la que quiero. Las otras podría ser el más joven hechicero en sacarlas.

- ¿Otras? ¿Cuántas quieres?- Pidió Radu interesado.

- Al menos tres más. Runas, Artes Oscuras y Encantamientos. Las Transformaciones las dejo de lado, podría ser útil mantener la habilidad oculta.

- Claro, como que cuatro Maestrías, dos de ellas de índole oscura, no llama la atención.- Comentó Vlad sarcásticamente.

- Es cierto, pero por ser quien soy, ya llamo la atención. Al menos, el no aparecer en los libros de Hogwarts, es un problema menos. Así no tengo que aburrirme en las clases… aunque creo que va a decepcionar al Maestro Flitwick.

- ¿El que es medio gobblin?

- Ese mismo.- Terminó de explicar Harrison, pasando a otros temas más alegres, de los cuales eran para su desgracia y diversión de los adultos, la ropa que usaría en el baile.

Harrison tenía ya las túnicas de gala que estaría utilizando, pero por algún casual las mujeres insistieron en verlas por sí mismas, no queriendo que apareciera como un mendigo.

- Mis ropas son de la mejor calidad que pueda haber en el mercado, no creo que aparezca de tal forma.- Dijo Harrison un poco ofendido.

- No es eso, sino que nos gustaría ver que te vas a poner, debido a que el vestido de Irina debe coincidir con lo que lleves.

- Creo que Irina iría bien de rojo o granate… por su pelo y ojos, se vería muy hermosa.- Aportó nuevamente Harrison, haciendo sonrojar un poco a su novia.

Levantándose y disculpándose, pidió a Vlad hablar en privado sobre unos asuntos de negocios.

- Claro, vamos al despacho. Creo que el Conde también podría estar interesado.- Caminaron juntos mientras que Irina veía con preocupación a su prometido.

Había sido llegar a Poenari y Harrison desaparecer dos días completos de su atención, no es que se quejara, seguramente tendría labores de Lord que atender, eso no lo podía negar, pero le preocupaba que estuviera metido en algún tipo de problema con sus estudios privados de nigromancia.

Entendía, que a veces la nigromancia se podía complicar, sobre todo en una de las Sendas que requería de la invocación de espectros y demonios. Irina estaba segura que la demonología no era tocada por Harrison, pero no podía estar del todo… tranquila.

Salto de escena.

Una vez llegados a la oficina de Vlad, al menos cuando no estaba el Conde Dracul en el castillo Poenari, pasaron dentro observando como el mismo Conde les daba la bienvenida con una inclinación de cabeza.

Tras sentarse en los cómodos asientos de cuero negro, Harrison explicó más o menos lo que había venido a pedir al Conde.

- Buenos días, Conde.

- Buenos días, Lord Peverell, Vlad.- Saludó a ambos con una inclinación de cabeza y sirviendo un poco de bebida. Sangre para los vampiros, té para Harrison. - ¿A que debo el honor de su visita, Lord Peverell?

- Información… y una petición.

- Vayamos con la petición primero. ¿Qué necesitas? ¿Acaso su alcoba no es de su agrado?

- No, en absoluto. La alcoba es perfecta, tal y como es. La petición es… complicada. Necesito un sitio para entrenar mi aura de muerte… aunque ya no lo llamo así.

- ¿Y cómo lo llama entonces?

- Entrenamiento de sombras. Necesito practicar para mejorar el nivel tres y acceder al cuarto y quinto nivel.

- Entiendo. El problema resulta en que no disponemos de esa habitación. Como verás, si utilizas las sombras o incluso tu aura, la podemos sentir todos en el castillo.

- Es comprensible. Por eso quería ver si me podría dejar hacer una par de salas en las mazmorras, para entrenar.

- ¿Qué tipo de salas?- Pidió Lord Alucard interesado en la conversación. Las salas de Harrison eran muy interesantes, sobre todo cuando hacía salas de muerte desde cero.

- Salas especiales para no dejar escapar el aura de muerte de dicha habitación.

- ¿Salas retenedoras? No conozco ninguna sala con ese poder.- Informó el Conde Dracul seriamente.

- Sí y no. Las salas retenedoras normales, no podrían retener el aura que expulse y tarde o temprano se sentirían por todo el castillo. Pero las salas creadas con runas negras en vez de convencionales, retendrían el poder, permitiéndome entrenar lo suficiente.

- Está bien, supongamos que te permito hacer esas salas.- Comentó bebiendo un sorbo de su sangre el Conde. - ¿Para qué necesitarías entrenar? Es decir, ¿No será sobre el ataque de los licántropos y Mihail, verdad?

- En parte, Conde. Mi Maestro me ha dado órdenes explicitas para entrenar. Debo conseguir dominar los tres niveles que he descrito.

- Eres muy joven para dominarlos…

- Y poderoso, abuelo.- Intervino en favor de Harrison, Vlad.

- Cierto, y poderoso. ¿Podríamos ver como fundes esas salas?

- Por supuesto. No es magia familiar.

- Está bien. Te dejaré las mazmorras, después de todo no se utilizan en años, solo lo hacen tus familiares para cazar.

- Eso de que no se utilicen… tanto Apofis como Ningizzida me han informado que hay muggles en las mazmorras.

- Sí bueno… que se le puede hacer, somos vampiros y necesitamos alimentarnos.- Comentó obviamente el Conde, viendo como Harrison asentía con la cabeza en compresión, pero no decía nada. – De todas formas, ¿Tenías otra petición?

- Sí, pero más que una petición es información sobre cierto tema.

- ¿Cuál? ¿Nigromancia?- Preguntó Vlad, no pudiendo creer que necesitara información sobre ese tema.

- No. Necesito información sobre la muerte. También los FAE.- Pidió seriamente, suponiendo que el Conde tuviera dicha información.

Tanto el Conde como Vlad se quedaron mirando preocupados unos momentos, pues lo que había pedido Harrison era peculiar.

- Harrison, ¿Dónde has oído hablar de los FAE?

- De mi Maestro. ¿Existen realmente?- Pidió neutralmente. Sabía que existían, pues si Shadow había dicho que lo hacían, entonces es que eran reales.

- Lo hacen. Existen, pero no nos llevamos muy bien con ellos. Tenemos un pacto de sangre de no inmiscuirnos en sus asuntos, mientras que ellos hacen lo mismo en los nuestros. ¿Qué quieres saber acerca de ellos?

- Su base. ¿Dónde la tienen?- Preguntó, viendo como el Conde suspiraba de alivio, pues algo le había preocupado cuando le preguntó sobre lo que quería saber.

- En Estados Unidos, por lo último que supe. Se hicieron una Colonia en Toronto.

- Gracias, Conde. ¿Y sobre la Muerte?

- Que es el final de todo o el principio de nada. No te puedo decir mucho sobre ella, nunca he estado muerto.- Rio un poco ante la broma. Si bien es cierto que los vampiros no estaban vivos, tampoco estaban muertos. Sus corazones no latían, al menos los de sangre pura, pero caminaban entre la noche y el día.

- Entiendo. ¿Tiene libros acerca de ella, o al menos de la mitología que esté conectada a la muerte?

- Los tengo.

- ¿Puedo verlos?- Pidió esperanzado de que la respuesta fuera positiva.

- No. Todavía no perteneces a la familia Alucard. Cuando te cases con Irina, tal vez puedas entrar en la biblioteca, mientras tanto, te pediré que respetes mi decisión.- Explicó brevemente y con cierto recelo en los ojos el Conde Dracul.

Harrison entendió a lo que se refería, tal vez su biblioteca contuviera tomos antiguos que la de los Peverell no hiciera o algún tomo que el Conde Vlad Tepes o Dracul, no quisiera que viera.

La verdadera razón de no querer dejarle entrar, era que había ciertos tipos de magia que no quería que aprendiera, después de todo ya era suficientemente poderoso, tal y como estaba. Además, si se le permitía todo, se creería infalible y eso no podía permitirlo.

- Entiendo perfectamente, Conde Dracul, no se preocupe.- Comentó Harrison, dando un sorbo de su té, pensando en que no habría problemas, tan solo tenía que pedir a Dobby que le trajera libros de su biblioteca personal.

Menos mal que en Gringotts ya no había más libros ni reliquias del pasado, tan solo oro de sus inversiones.

Pensando en otras cosas, hubo un silencio en la habitación de los tres, un silencio cómodo, pero no obstante, expectante.

El Conde Dracul quería hablar con Harrison en privado sobre algunos temas que le incluían, sobre todo el tema del ataque licántropo. No culpaba al chico de defenderse y salvar su vida, junto con las de su familia o lo que quedaba de ella, pero la verdad es que había matado a muchos de los lobos y la paz había sido rota.

- Hay un tema, Lord Peverell que me gustaría hablar con usted en privado.

- Por supuesto Conde. ¿De qué se trata?

- Cuando digo en privado, me refiero sin Vlad presente. Si no te importa, nieto.- Pidió el Conde haciendo una señal de que se marchara y los dejara solos.

Vlad vio aquello como una orden directa del patriarca de la familia, al menos en funciones y cuando estaba en el castillo, para salir del despacho.

Dando una mirada a Harrison, intentó decirle con la mirada que tuviera cuidado, más Harrison sabía cómo tratar con el anciano, así que no hizo caso de la mirada que le mandaba.

Saliendo por la puerta y cerrándola a sus espaldas, Vlad no pudo evitar soltar un suspiro de derrota, solo esperaba que Harrison pudiera entenderse con su antepasado y no ofenderle de alguna manera.

Mientras tanto, en el despacho, ambos hombres u hombre y adolescente, se miraban sin decir una sola palabra, probando la resistencia del otro, por ver quien hablaba primero.

Este tipo de juegos, le habían enseñado al menos por Lady Morgana, de que eran típicos y que debía al menos aguantar lo máximo posible.

Pasados diez minutos, el Conde asintió a Harrison en señal de derrota, no podía permitirse el lujo de estar mirando a los ojos verdes del chico por toda la eternidad.

- Tiene paciencia, Lord Peverell, es una buena cualidad.

- Gracias, Conde. Supongo que no puede estarse eternamente observándome. Es una ventaja en este juego, a mi favor.

- Por supuesto. El tema que quería hablar, es los licántropos y el ataque a ti y mi familia. Como comprenderás, la paz que teníamos con ellos ha sido rota. El Clan de Grayback nos culpa de romper esa paz, al inmiscuirnos en el atentado contra su vida. Por supuesto, nosotros los culpamos por el intento de asesinato de mi familia.

- Entiendo. Os pasáis la pelota, por así decirlo, unos a otros y no hay concilio.

- Ciertamente. Ahora no te culpo por defenderte, pero me gustaría saber que has hecho, para ofender a Grayback.

- Que yo sepa nada, el lobo era un… soldado de Voldemort. Supongo que los tenientes del Señor Oscuro, le mandaron atacarme, dado que no les fue muy bien a los mortífagos en el primer tren.

- Veo. Debes andarte con cuidado. La precaria paz que teníamos, al ser rota, no será tolerada por los jefes de los Clanes de las Sectas. Los jefes de las Sectas, al ser pocos, están en conflicto.

- Entiendo. No debe preocuparse por mí.

- Y no lo hago, me preocupo por mi nieta, Irina.

- El que la toque, un solo pelo, sea licántropo, vampiro o mago, le mataré sin piedad y destruiré su alma.- Confesó Harrison, soltando un poco de aura de muerte, nivel uno, para dar énfasis a sus palabras.

El Conde asintió con la cabeza, meditando en las palabras de Lord Peverell y viendo como con cuidado volvía a su estado normal, guardando el aura nuevamente.

- Bien, dejando eso claro, en poco tiempo comenzaran a llegar los invitados. Espero que sepa lo que hace en las mazmorras.

- Lo hago. De todas formas, tengo una duda.

- ¿Sí? No me lo esperaba de alguien que se jacta de escribir y conocer las runas negras.

- No ese tipo de duda. Es sobre la fiesta.

- Ah… me lo esperaba. Cuando los invitados lleguen, pasarán por recepción, esperando a ser llamados y se irán sentando según sean llamados. Mi familia y yo estaremos en la mesa principal, pero usted, Lord Peverell, será llamado el último.

- Imagino que es para que me conozcan.

- En parte. La otra parte, es que no eres vampiro.- Explicó sonriendo ante la neutralidad de Harrison.

En este punto, Lord Peverell se encontraba siendo relegado en importancia, no es que le molestara, pues entendía que los Jefes eran más importantes, pero el problema que tenía, era que si el Conde lo insultaba sentándose en otra mesa, apartado de todos. Como si le leyera el pensamiento, algo poco probable, el Conde volvió a hablar. – Te sentarás con Irina, en una mesa apartada de la principal.

- Veo. No me gusta la idea de que aparte a su nieta, se verá como que no acepta nuestro compromiso.

- Y no lo hago. He podido expulsar a uno de mis generales, pero no ha sido por ti, sino por mí y mi beneficio. Hacía tiempo que quería a Mihail fuera de la Secta.

- ¿Sabe? Me da exactamente igual su opinión sobre el compromiso entre Irina y yo. Puede que su glamour engañe al resto de vampiros, pero no a mí.

- ¿Mi glamour?- Arqueó una ceja, cruzando las manos arrugadas.

Pasando una mano por delante del Conde Dracul, Harrison quitó el glamour del anciano, viendo como poco a poco recuperaba su juventud.

Sorprendido de que le hubiera descubierto y además pudiera quitarle tal poderoso glamour, se tensó en la silla el Conde.

- Su glamour. Por si no lo sabía, no soy alguien a quien pueda intimidar. Es posible que tenga usted siglos de vida y de experiencia, pero hay algo que no tiene.

- ¿Y es?

- Eso es para que lo descubra, Conde. No soy alguien para hacer de enemigo. Mi alianza es con los Alucard, no con los Dracul. Vlad hizo bien en cambiar el apellido, escondiendo su verdadero linaje.- Explicó Harrison sonriendo, soltando nuevamente poco a poco el aura de muerte, preparado para atacar si era necesario.

- De todas formas, aunque amenaces mi vida o intentes matarme, seguiré sin aprobar de vuestro compromiso y si Vlad Alucard, como se hace llamar, aprueba, entonces lo desheredaré de sus títulos y riquezas. No será más que un paria entre los vampiros. Un mestizo de poca monta.

- Puede ser, pero en ningún momento he hablado de matarte. Podría, pero no me interesa. Prefiero a Vlad en el Wizengamot, que como Jefe de la Secta.

- Nunca un mestizo, podría ser Jefe de Secta.- Condenó el Conde con condescendencia.

Lord Peverell solamente se dignó a arquear una ceja, no diciendo nada. Sabía cuándo mantener la boca cerrada, sobre todo en la casa de un vampiro. Bien podría ser a veces testarudo y un poco echado hacia adelante, pero nunca sería tan tonto, al menos sin tener un respaldo.

- Pues… si eso es todo, Conde Dracul, me retiro a mi alcoba, a preparar la sala.

- Me parece que no, Lord Peverell, he cambiado de opinión.

- ¿Perdón?

- Sí, verás, creo que ahora no quiero que pongas ninguna sala especial de las tuyas en mi castillo. Es más, hasta que no llegue la noche, vas a tener que quedarte en confinamiento, en la alcoba.

- ¿Ahora soy un preso?- Pidió Harrison, tensándose internamente y preparándose para atacar al Conde. Podría tener una oportunidad si lanzaba directamente una estaca al corazón de éste.

- ¿Preso? No, no eres un preso. Ni yo mismo sería tan estúpido, si lo que cuentan de ti es cierto. Míralo más como un castigo por tu insolencia.

- Claro.- Arrastrando las palabras, Harrison se levantó del sillón, un poco ofendido, pero no obstante controlándose bastante bien.

Al ir hacia la puerta del despacho, se giró con una sonrisa curiosa en su rostro. – Por cierto, Conde Vlad Tepes, apodado Dracul, espero con ansias esta noche. Supongo que las otras Sectas, podrían ser más… cooperantes. De todas formas, me parece que un cambio en la Verdadera Mano Negra debe estar en orden.- Terminó saliendo del despacho, sin dignarse a darse la vuelta cuando le pidió el Conde que esperase.

La amenaza había sido hecha, pero el Conde no pensaba que tuviera tal poder en influencias, fuera de los tontos de la familia Alucard.

Debía pensar con detenimiento sus próximos movimientos, no es que fuera a matar al chico, pero sí que lo pondría a prueba.

Levantándose y preguntándose brevemente, como demonios sabía su nombre, Vlad Tepes cogió su varita para volver a ponerse el glamour, algo que con un pequeño gruñido de fastidio, observó cómo no funcionaban los encantamientos.

- Al parecer, es más inteligente de lo que esperaba.- Se dijo para sí mismo el Conde, sentándose nuevamente en su sillón, pensando en las posibilidades que tenía.

De momento, se le presentaba dos frentes: uno, haciéndole enemigo suyo, tras humillarle públicamente. También podría ver como reaccionaba ante la humillación.

Dos, hacerle un aliado, permitiendo a los "Alucard" que Irina se casara con Lord Peverell, viendo a donde llegaba el matrimonio.

Lo malo que tenía, es que Irina tendría que compartir a Harrison con cuatro esposas más, pero la poligamia no era nada inusual en el mundo mágico, tampoco entre los vampiros.

Salto de Línea.

Mihail, antiguo general del Conde Vlad Dracul, ahora exiliado de la Verdadera Mano Negra, se hallaba en una casa franca de un pueblo de Rumanía, esperando que hacer con su vida.

No sabía muy bien a ciencia cierta lo que le depararía el futuro, ahora que se había quedado sin trabajo, después de cuatrocientos años de servicio impecable y batallas ganadas para su Jefe de Secta.

Con furia e ira, se levantó del sofá raído en el que estaba y comenzó a dar vueltas por la habitación.

- Es increíble que se ponga de parte de ese maldito mocoso… la perra Alucard debía de ser mía.- Se dijo a sí mismo, pues no había nadie que le escuchara. – Si tan solo me hubiera permitido acabar con el mocoso… aunque, pensándolo bien, puedo robarle… sí… eso es buena idea.- Terminó de hacer su monologo, pensando en un plan adecuado.

En cuanto a la idea de robar, se refería por supuesto, al idiota del Conde. Tantos siglos presidiendo la Verdadera Mano Negra le habían vuelto confiado en sus propias habilidades, ahora solo cabía esperar el qué robaría.

Pensando todavía en la perra Alucard, Mihail se le vino la idea de robar la piedra roja, aquella que en toda boda debía estar presente, como reliquia familiar. Aquella piedra también poseía ciertos poderes místicos sobre los mestizos.

Si un mestizo decidía ser puro, cambiar a vampiro puro, entonces debía beber de la piedra roja. Robándola, quitaría cierto poder y prestigio del Conde en la Secta y las demás también.

Para el mocoso, ya que no le podía tocar directamente, mataría a su querida prometida, o mejor, lanzaría un ataque licántropo.

El problema resultaba en después, si bien podría huir del país y de Europa, había pocos lugares en los que esconderse.

Cierto toque en la puerta, le sacó de sus meditaciones. Yendo hacia allí, abrió lentamente para encontrarse cara a cara con alguien que no esperaba ver.

- ¿Qué haces aquí?

- Palabra ha llegado hasta nosotros, de que te han largado. La Morrigan pide que vuelvas a casa.

- Pasa.- Dijo el vampiro, dejando entrar al hombre que le había venido a buscar.

El hombre era alto, de pelo negro y estrafalariamente vestido, algo que llamaría la atención en Rumanía, pero no en . – Debes saber que tu… facultad para la moda llama demasiado la atención aquí.

- ¿Tienes algo de beber? Algo que no sea sangre. Un poco de Vodka me vendría bien.

- No, no tengo nada. Tan solo mis ansias de venganza.

- Es un poco humillante lo que te ha pasado, Mihail. Ser derrotado por un niño mágico y echado por el Conde. En contra del mágico no podemos hacer nada abiertamente, pero he oído que los licántropos están en guerra nuevamente con los vampiros.

- Sí, así es… creo que me has dado una solución y un plan.

- ¿Qué vas a hacer?

- Permitir la entrada al paquete de Grayback en Poenari, robar la piedra roja y herir de muerte a la perra de Peverell.

- Estaría de acuerdo con lo último, pero se te puede venir encima. Ten en cuenta que nosotros no podemos permitirnos el lujo de entrar en una guerra con mágicos.

- Tenéis armas humanas. Podéis sobrevivir. También me tenéis a mí y los míos.

- ¿Los tuyos?

- Sí, gente afín a mis ideas sobre las Sectas. Somos unos cincuenta, pocos pero podríamos aliarnos con las sombras.

- Puede interesarnos… os daremos cobertura hasta llegar a Toronto, pero tendrás que ser rápido, dado que solo puedes andar en la noche.

- Solo si no llevo el anillo.

- Cierto. Para tú suerte, me lo han entregado.- Dijo el hombre con una sonrisa y dándoselo al vampiro, el cual no dudó ni un momento en ponérselo.

El anillo, era especial debido que permitía a un vampiro caminar bajo la luz del sol. En . casi todos los vampiros tenían uno de éstos, mezclándose con los humanos o muggles a la perfección.

Desgraciadamente, las Sectas eran solo europeas, por lo cual tendría que volver a la vida que llevaba anteriormente, sirviendo al Morrigan, la Morrigan ahora.

Mihail, procedió a contar el plan de infiltración de los licántropos en Poenari, habiendo tenido él las posibilidades de llevar las salas perfectamente, del castillo, las conocía y sabía de sobra que Dracul no las cambiaría, no ahora que los Jefes de Secta venían al baile centenario y firmar la paz entre todos ellos.

El plan era un poco complicado, pero también sencillo. Mihail tenía un par de hombres afines a su ideología dentro de Poenari, los cuales abrirían las puertas a los lobos, permitiendo la entrada y que masacraran a los Jefes de Secta y Clan.

Por otra parte, Mihail se adentraría en las sombras, para adquirir la piedra roja y dañar si pudiera a Irina Alucard, mandando un mensaje a Lord Peverell.

Después de eso, huirían del país a través de un avión privado, con las ventanas tintadas y en ataúdes, para evitar la luz del sol, hacia los estados unidos de América.

- Está bien, Mihail, hagámoslo. Siempre he querido violar la seguridad de un castillo rumano. Más si ese castillo es al maldito vampiro Vlad Tepes.- Afirmó el hombre con una sonrisa, sacando una petaca de su bolsillo y bebiendo de ella.

Salto de Línea.

El día, mejor dicho, la noche del baile y la llegada de los jefes de Secta y Clan, llegó por fin. Harrison Peverell estaba ultimando detalles con Dobby a través de cartas con Orion y Arcturus, por si acaso el Conde Dracul llegaba con alguna argucia para apresarle.

No es que temiera de ese vampiro en particular, pero con la conversación tensa que tuvieron, bien podría el vampiro tenderle una trampa, por ello mismo se vistió con su siempre presente armadura de basilisco, una túnica de gala y sus familiares, dentro de él, tras un ritual hace tiempo realizado.

Ahora tenía dos tatuajes de sus familiares, tallados en los brazos, para dejarlos salir mágicamente en caso de necesidad.

Su vara escondida en su funda, se enfundó también la daga con veneno de Apofis y Ningizzida, poniendo sobre la misma funda una sala anti detección.

Debía ser lo más precavido posible y por ello el baúl con el que vino, lo encogió, guardando todas las cosas que tenía en la habitación, por si tenía que huir con rapidez. No es que le gustara demasiado esa idea, pero tampoco podría esperar mucho del hombre que había amenazado e intentado humillar a él mismo y su Casa.

Saliendo de la alcoba y listo para lo que viniera encima, Harrison se dirigió hacia la recepción del castillo, tal y como indicaba su invitación al baile.

Una vez llegado, observó por sí mismo que era el único allí, esperando pacientemente a que el resto de invitados llegaran.

Haciendo uso de su Oclumancia, ocluyó la mente y los nervios al estar rodeado de tantos vampiros.

Cuatro Jefes para las Sectas, veinticuatro para los Clanes. Y menos mal que solo eran los que estaban ubicados en Europa, que los de Asia y Oceanía tenían sus propias Sectas independientes.

Abriéndose las puertas dobles, los primeros invitados en llegar, las cruzaron, encontrándose cara a cara con Harrison.

Pasando dentro del enorme Hall de entrada, los primeros cuatro Jefes comenzaron a murmurar entre sí, haciendo caso omiso de él, algo que era positivo en parte y negativo si quería expandirse comercialmente.

Pasados los minutos, más vampiros vestidos con las ropas tradicionales de sus países de origen, comenzaron a llegar.

Una vampiresa en cuestión se le acercó por detrás, como si de una broma interna se tratase.

- Creo que no tengo el placer, señora…

- Castilla, Elena Castilla del Clan Lasombra, de la Secta Sabbat. Un placer Lord Peverell.- Comentó la mujer de forma amable, si se podría decir.

La mujer que tenía delante Harrison era hermosa en un sentido estricto de la palabra. Morena de piel clara, ojos marrones, con un tinte rojizo, el cual seguramente era por haberse alimentado antes de venir a la fiesta. Tenía una figura esbelta, nada que envidiar a la de su prometida.

El vestido que llevaba era de color azul claro, con zapatos de tacón alto y un bolso, algo que no sabía Harrison para qué lo llevaría, pero no preguntó.

- Lo mismo digo, Señora Castilla del Clan Lasombra.- Fueron las breves y un poco secas palabras de Harrison a la mujer, la cual captó de inmediato el sentimiento que daba a entender el Lord delante de ella.

Un sentimiento de desconfianza a los que le rodeaban y también algo… como de traición o humillación política y social.

- No debe desconfiar de todos… al menos de mí. Entiendo que has sido humillado política y socialmente hablando, ¿Verdad?

- ¿Cómo? Mis escudos de Oclumancia son los más fuertes que hay.

- Siento las emociones de las personas un poco.

- Empatía.- Dio una cabezada en reconocimiento del poder, algo que no le gustaría tener en absoluto. Sobre todo para tener cinco esposas en un futuro.

- Cierto, reconoce rápidamente las magias, Lord Peverell, es algo… inusual.

- En efecto. No es un poder que me gustaría tener.

- Oh, pero es efectivo. ¿Por qué no se une a nosotros? Estamos en esa esquina, saludando a los antitribu y los Sin Clan.

- Veo que han venido muchos… supongo que será un Jefe por cada país, ¿No?

- Sus suposiciones son exactas, Lord…

- Peverell, de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell. ¿Y usted…?

- Permítame presentarles, mis Lores.- Dijo Elena con un arco un tanto exagerado, lo cual se llevó una sonrisa del hombre que había hablado.

- Lord Peverell, le presento a Lord O´Reilly, Jefe del Clan Tzimisce.- Presentó a Harrison con un arco, los cuales, ambos Lores se dieron a sí mismos también. – Pero basta de tantas formalidades, chicos, ya tendréis tiempo de ello. Lord Peverell, déjeme presentarle a los demás Jefes.

- Veo más de lo que son, ¿Cómo es posible? Pensé que había veinticuatro clanes.

- Oh sí, pero dentro de cada Clan, hay una rama, de esa rama han venido también los Jefes.- Explicó Lord O´Reilly, mirando a los cuarenta y ocho hombres y mujeres que componían la jefatura de los Clanes, tribus y facciones.

- Entiendo. Debe ser muy importante esta noche.

- En efecto. Tanto es así, que los días siguientes también son importantes.- Expresó una nueva voz, ésta con un dejo francés en ella.

- Monsieur Claude, un placer verle nuevamente.- Estrechó la mano el Lord Irlandés con una sonrisa falsa en su rostro.

Debía ser de otra secta o clan, que hayan sido enemigos en el pasado, lo cual se podría decir el porqué de su actuación ahora.

No obstante, Elena cogió a Harrison del hombro y continuó con los Jefes que estaban hablando o venían a visitar, llegando a conocer a los Jefes casi en su totalidad pertenecientes a los antitribu del Sabbat.

Estuvieron hablando durante unos minutos más, hasta que un hombre de aspecto severo y un poco cansado por la edad, apareció por las puertas que darían al comedor.

- ¡Atención por favor, en breves momentos llamaré por orden de lista a los Jefes de las Sectas, por favor asegúrense de prestar atención!- Fueron las palabras del hombre, el cual se aclaró la garganta con una mano, mientras que con la otra, abría por arte de magia las puertas dobles, haciéndose ver la pista de baile.

El hombre también pasó a explicar a todos los reunidos, que actualmente había un Jefe de Secta y Jefes de Clan por país.

En realidad, en los países de origen de los Jefes de Clan, había más miembros con los que se compartía la jefatura, debido al mayor número de vampiros que había, pero como no se podía albergar a tantos vampiros en un mismo lado, se decidió a que viniera solo uno por cada país.

Al ser veintiocho países que estaban dentro de la unión europea muggle, se copió el mismo método para las Sectas y Clanes.

Los Jefes más importantes de las Sectas eran los cuatro que estaban esperando a ser llamados, junto con los cuarenta y ocho Jefes y Jefas de Clanes, Antitribu y Facciones que había para llamar.

Entendiéndose eso, el mayordomo comenzó a llamar por país, nombre de la secta, título y nombre del Jefe/a.

Considerando que todos eran de la nobleza alta o media, todos los presentes tenían un título que presentar.

- De Alemania, de la Secta Camarilla, los Jefes: Duque Baldur y la Duquesa Anna.- Dijo el mayordomo anunciando a ambos vampiros, los cuales se adelantaron con paso regio, entregando la invitación al baile y entrando en la sala. – De Italia, de la Secta Sabbat, los Jefes: Marquesa Bianca y Vizconde Vito.- Como antes, otros dos vampiros se acercaron a entregar las invitaciones, salvo que éstos eran completamente serios, casi sin ninguna expresión en sus rostros. – De Rumanía, de la Verdadera Mano Negra, los Jefes: Condes Vlad Dracul y Vlad II Dracul. De España, la Condesa María Águila y el Conde Jaime Cuesta. De Reino Unido, de la Secta Inconnu, los Jefes Sir Baltashar Williams y Lady Mary Smith.- Terminó de anunciar y recoger de los principales líderes de las Sectas Vampíricas, lo cual Harrison tomó nota de Vlad II Dracul, parecía que el propio hijo del Conde Dracul era también un Jefe de Secta.

- Vaya sorpresas me esperan esta noche.- No pudo evitar decirse a sí mismo en un tono bajo, lo cual su compañero se rio un poco por lo bajo, al enterarse de lo que había dicho.

- Y eso no es todo, todavía quedan los Jefes y Jefas de Clanes de cada Secta. Va a ser una espera larga.

- Sí, me imagino, pero al menos usted, Lord O´Reilly pasará antes que yo.

- ¿Cómo es eso, Lord Peverell?

- Es bastante obvio, no soy vampiro.

- Sí, eso lo puedo ver, pero su Casa es muy antigua y noble, tal Casa debería merecer un poco más de respeto.

- Gracias, mi Lord. Solo espero que la falta de respeto acabe ahí.

- Sí te vuelven a faltar al respeto, al menos los Dracul, seré tu segundo, si decides retarle a un duelo.

- Sería todo un honor, mi Lord, pero no creo que haya duelos esta noche. Según tengo entendido, habéis estado trabajando arduamente para que haya paz entre las Sectas y Clanes, no quisiera destruir eso.

- Noble de tu parte, Lord Peverell.- Alabó Lord O´Reilly.

Después de esa conversación, estuvieron ambos en silencio observando como el mayordomo iba llamando por los Clanes de las Sectas siendo estas:

De la Secta Camarilla: Brujah con los Jefes de los países Polonia y Alemania; Malkavian, con los Jefes de los países Francia y Portugal; Nosferatu con los Jefes de los países Rumanía y Letonia; Toreador con los Jefes de los países España (un matrimonio bastante contento por lo que se veía, o mejor dicho dicharachero, con cierto acento); Tremere con los Jefes de los países Suecia y Lituania; Ventrue con los Jefes de los países Francia y Polonia.

De los Independientes: los Assamita con los Jefes de los países Portugal; Gangrel con los Jefes de los países Italia y Francia; Giovanni con los Jefes de los países Irlanda y Reino Unido; Ravnos con los Jefes de los países Dinamarca y Alemania; Seguidores de Set con los Jefes de los países Bulgaria y Hungría.

De la Secta Sabbat llamaron a los Jefes y Jefas de los Clanes: Lasombra con los Jefes del país España (La Señora con Grandeza Elena Castilla y el Conde Duque Alfonso Olivares. Del Clan Tzimisce fueron llamados Lord O´Reilly y Lady O´Neill de Irlanda, dejando solo a Harrison viendo como seguía la lista de nombres.

De las Facciones comenzaron a llamar de la Mano Negra, siendo los países Rumanía y Bulgaria; Inquisición del Sabbat, siendo el país Bélgica; de los Idealistas, siendo los países España y Hungría; de los Moderados, siendo el país Austria; del Status Quo, siendo los países Finlandia y Estonia; de los Ultraconservadores, siendo los países España y Francia; de Blaise, siendo los países Italia y Grecia (llevándose una pequeña sorpresa al enterarse de uno de los nombres de los Giovanni, al ser Zabini); de los hijos del Dragón, siendo los países Rumanía e Irlanda y de los Infernalistas, siendo los países Reino Unido y Alemania.

De los Antitribu vinieron los Jefes y Jefas de: Brujah, siendo los países de Suecia y Republica Checa; de Malkavian, siendo del país Países Bajos; de Nosferatu, siendo de los países Letonia y Lituania; de Toreador, siendo de los países Grecia y Hungría; de Tremere, siendo los países Estonia y Finlandia; de Ventrue, siendo los países Dinamarca y Eslovenia; de Assamita, siendo los países de Bulgaria y Eslovaquia, de Ravnos, siendo los países Chipre y Malta; de las Serpientes de Luz, siendo del país de Luxemburgo.

Y por último los Jefes y Jefas de Sin Clan, de los cuales vinieron de dos "Clanes": los Caitiff del país de Austria y los Panders del país de Croacia.

Dejando por último a Harrison el cual quedó a solas completamente, viendo como el mayordomo lo miraba fijamente, sopesando la oportunidad de hacerle esperar.

- Y por último y no menos importante, Lord Harrison Peverell, de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell, Nigromante y Hechicero.- Fueron las palabras del mayordomo, el cual esperó a que Harrison se acercara a él y le entregara la invitación, la cual sacó de su bolsillo interno.

Pasando dentro de la recepción de baile, otro mayordomo le hizo una seña para que se acercara a él.

Con pasos cortos y medidos, andando con la cabeza bien alta, vio y observó la organización de las mesas, divisando a lo lejos a la familia Alucard al completo, pero separados del Conde Dracul, los cuales estaban sentados observando divertidos el avance de Harrison.

Harrison se dio cuenta de que el Conde lo humillaría enfrente de todos sus invitados a propósito, dando por hecho que iban a ser enemigos.

Cuando por fin llegaron a la mesa de Harrison, ésta no tenía nada de lujosa, la cual solamente era decorada por un mantel blanco, un plato, servilleta y cubiertos. Falta de copa y otros utensilios, Harrison se paró para mirar al Conde Dracul a los ojos.

Con una sonrisa siniestra y que prometía dolor de cabeza, Harrison sin sacar la vara, comenzó transfigurando la silla de madera simplona, en el trono que hizo aparecer en el Gran Salón de Hogwarts, con el emblema de la Casa Peverell tallado en él.

Con un movimiento de su mano derecha, sacó la vara y comenzó transfiguraciones rápidas en la mesa, alargándola y cambiando el color del mantel a uno plateado con toques verdes.

Con otro movimiento, duplicó la silla que tenía, haciendo que hubiera dos, en vez de una. Desapareciendo los utensilios de comida, Harrison llamó a su elfo doméstico personal, Dobby, el cual apareció con un silencioso "pop".

- ¿Maestro llama?- Preguntó el elfo un poco curioso ante todas las miradas incrédulas que daban los invitados.

- Sí, Dobby. Hemos sido insultados. La Casa pronto a ser Ancestral de Peverell ha sido insultada. Por favor, trae comida para dos del Castillo Peverell.

- Por supuesto Maestro.- Dijo el elfo doméstico haciendo una reverencia y sonriendo un poco, antes de volver a desaparecer.

Antes de sentarse en su sitio, Harrison volvió a mirar con una sonrisa burlona en su rostro al Conde.

- Como he dicho a mi elfo, mi Casa ha sido insultada y es algo que no pienso tolerar. Por ello invito a mi mesa a mi futura esposa, Lady Irina Alucard, pronto a ser Peverell.- Declaró Harrison, esperando con paciencia a que su prometida se levantara, lo cual no tardó nada, a instancias de su padre, el cual parecía un poco divertido por la situación.

Al acercarse a la mesa y sentarse, tras Harrison retirarle la silla como buen caballero, volvió a hablar, pero esta vez para Irina.

- Mi Lady, espero que pase una buena noche y disfrute de mi compañía.

- Por supuesto, mi Lord. Muchas gracias por la invitación.- Contestó, viendo como algunos de los invitados murmuraban en desacuerdo, otros reían por lo bajo, pues al parecer odiaban a los Dracul con pasión, dado que algunos de los que reían, eran más ancianos que los Dracul y éstos se creían los mejores por ser Condes o tener otro tipo de poderes vampíricos, el caso era que muchos aprobaban las acciones del joven Nigromante y Hechicero, lo cual llevó a más murmullos y desacuerdos por parte de los invitados, teniendo como consecuencia que el Conde se levantara abruptamente de su asiento, haciendo temblar la mesa principal.

En la mirada del Conde Vlad Tepes se podía observar la ira y furia al ser insultado sutilmente en su propia casa, pero se lo había buscado al no poner a Lord Peverell con su prometida, tomando una respiración profunda y dándose cuenta de que lo había hecho a propósito el niño, para que se viera mal entre los demás Jefes y Jefas, cerró brevemente los ojos. Cuando los abrió, sonrió a la multitud que estaba expectante.

- ¡Que comience el banquete!- Con esas palabras los camareros entraron, dejando en las mesas botellas de vino y sangre para todos los comensales, salvo los Alucard y Peverell. Para ellos no habría ni comida, ni sangre, otra treta para que vieran que solamente eran invitados por pura cortesía suya.

Sentándose con una sonrisa, vio con horror como una docena de elfos domésticos aparecían de la nada con platos y copas de vino para los Alucard y Harrison Peverell, el cual reía de algo que había dicho a su prometida o ella a él.

- El niño tiene agallas, eso no lo puedes negar.- Vino la voz seca de su hijo, el cual observaba sin pasión al resto.

- El maldito niño me ha costado un general y la guerra con los licántropos otra vez, no es más que problemas.

- Un general que si tengo bien entendido, querías echar por tus dudas de pertenecer a los FAE. La guerra con los licántropos ya estaba en marcha otra vez antes de que Lord Peverell pusiera un pie en Poenari.

- No es la primera vez que viene, según tengo entendido.- Afirmó el Conde con un gruñido, que su propio hijo le criticara sus acciones, quería decir que algo había hecho mal.

Salto de escena.

La comida resultó ser deliciosa, como siempre que era cuando los elfos del Castillo Peverell la preparaban.

Para el vino, Harrison eligió uno de los más caros que tenía, pues la ocasión lo ameritaba. También pidió a Dobby que le trajera la caja con el anillo de prometida Peverell, para entregárselo a Irina.

Ella quería que fuera romántico y que mejor ocasión para celebrar un compromiso, que un baile público.

También mandaría un mensaje a todos los invitados vampiros, en el cual indicaría claramente que se iba a casar con ella, quisiera el Conde o no quisiera.

Mientras comían, Harrison sintió en su bolsillo la pesadez de la caja, lo cual indicaba que había sido entregada con éxito por Dobby.

- Aún no puedo creer que hayas hecho esto, Harrison. El Conde Tepes está muy enfadado…

- Sí, se le nota desde aquí, pero ¿Sabías que no aprueba de nuestro compromiso?

- ¡Que!- Medio chilló Irina con el rostro de temor.

- Tranquila, nos van a oír. Pero sí, me lo dijo esta mañana, cuando fui con tu padre a verle. Por supuesto echó a tu padre del despacho, como si nada, luego me lo dijo. Tuvimos una pequeña discusión a partir de ahí. Creo que me culpa por la paz perdida entre los licántropos.

- Eso es basura. ¡No puedo creer la cara que tiene ese hombre! ¡Me niego a obedecerle más!- Con el rostro lleno de ira, Irina fue a levantarse para decírselo, pero una mano de Harrison sobre su hombro, la detuvo.

- No, déjamelo a mí. Es posible que sea tu antepasado, pero al insultarme como lo ha hecho hoy, también lo ha hecho hacia vosotros, al quitaros de la mesa principal. Manda un mensaje de que no os considera familia.

- Sí, me he dado cuenta. No nos considera familia en sociedad, pero nos tiene en la cuerda floja.

- ¿Qué quieres decir?- Pidió Harrison con el ceño fruncido, tomando un sorbo de su vino.

- Es simple.- Comenzó, mientras que partía un chuletón de buey y cogía un poco de ensalada al mismo tiempo. – Al tener la oportunidad de elegir, si quiero ser vampira o seguir siendo mestiza, él tiene cierto control sobre nosotros. También lo tiene sobre el tío Vlad, pues aunque hayamos cambiado el apellido dándole la vuelta, no nos fuimos de la familia Dracul para siempre. Es por eso que pudimos conseguir un asiento en el Wizengamot, para estudiar la forma de independencia.

- Entiendo. Quieres decir entonces que el "viejo" Conde puede echaros de la familia, arruinándoos económicamente y socialmente.

- Sí, eso quiero decir.

- Bueno, entonces no os preocupéis.

- ¿Por qué?

- Si llegara a pasar, entonces os rescataría yo. Tengo el asiento que le quité a Lord Parkinson, bien podríais ocuparle, con un cinco por ciento de votos. El oro de sus bóvedas pasaría a la vuestra y conseguiríais la independencia que habíais querido.

- No te creas, siempre te deberíamos por ello.

- Pero Irina, querida, ¿Para qué está la familia? Después de todo, nos vamos a casar y tu familia será parte de la mía.

- La familia está para cuidarse unos a otros…

- Exacto. Ahora, sé que no es muy romántico, pero…- Comentó levantándose del asiento en el que estaba, yendo hacia el lado opuesto e hincando la rodilla en el suelo, levantando la voz para que todos le oyeran. – Irina Alucard, de la Casa Noble y Antigua de Alucard, ¿Me harías el honor de aceptar y tomar el anillo de promesa Peverell?, Con él sellamos nuestro amor en el compromiso eterno.- Preguntó Harrison, con una sonrisa, destapando la cajita y mostrando un anillo parecido al de Lord, pero con una gema roja en medio, con el aro dorado y plateado. Salvo que lo plateado no era plata, sino Mithrill. Lo dorado, sí que era oro.

- Es precioso… ¡Por supuesto que acepto!- Gritó de alegría tomando a Harrison entre sus brazos y besándolo con pasión en los labios.

Al sonido de los aplausos, Harrison le puso el anillo en el dedo anular de la mano izquierda, sellando el compromiso y haciéndolo formal.

El Conde Dracul se había vuelto a levantar de su asiento, pero ésta vez tirando la copa y botella de sangre, hecho una furia realmente.

- ¡Como te atreves! ¡Cómo te atreves a venir a mi casa e insultarme de esta manera, Peverell!

- ¿Yo?- Pidió Harrison, sabiendo perfectamente que era a él a quien se dirigía. – Que yo sepa, no te he insultado de ninguna manera, sino tú, el que me ha relegado a una mesa y silla… si se podía llamar originalmente así. Has sido tú, el que me ha insultado a mí, al no ponerme con mi prometida…

- ¡Una prometida que jamás será tuya! ¡No he dado mi permiso para que se despose contigo!

- ¡Acaso Conde Dracul, eres su padre! ¡Porque creo que no!- Exclamó Harrison, haciendo que toda conversación en voz baja cesara de inmediato. - ¡Si estuviéramos en mi Castillo, te haría encerrar en las mazmorras!- Amenazó Harrison seriamente, sin ninguna pizca de emoción.

-¿Crees que podrías acaso enfrentarte a mí? Yo que tengo siglos de experiencia en combate y tú, un niño malcriado… que no sabe su lugar. Te lo diré, tu lugar está bajo mi bota, como la mierda que eres.- Terminó de insultar el Conde, tan confiado consigo mismo, que no se dio cuenta de las cabezas de negación de los Alucard.

Sin embargo, su hijo Vlad II Dracul, sí que se dio cuenta y frunció el entrecejo, que sus nietos más lejanos hicieran esos movimientos de cabeza, pero no por el niño, sino por el anfitrión de la fiesta… algo debía estar pasando.

- Cuidado Vlad Tepes, pues tu lugar es mucho peor y más bajo, vampiro.- Declaró Harrison, soltando en todo su esplendor el aura de muerte, sintiendo todos y cada uno de los invitados temor en sus corazones.

La habitación se oscureció de pronto, apagándose las antorchas y velas, envolviendo en oscuridad a todos los presentes, sin que éstos pudieran usar su vista para ver.

Tal era el temor de los vampiros que no se dieron cuenta, cuando las sombras comenzaron a agarrar por los cuellos o cinturas a ambos Dracul, en la mesa principal.

Con un movimiento de su mano y una sonrisa tétrica, Harrison permitió a los invitados ver lo que estaba sucediendo, pero sin "apagar" su aura de muerte.

Lord O´Reilly fue el primero en asombrarse, dos sogas y dos lanzas hechas de sombras, amenazaban la vida o existencia, como mejor se quiera describir, a los Dracul.

- Lord Peverell… comprendo que le han insultado, sobre todo a su Casa Antiquísima y Nobilísima… pero, por favor, los demás no tenemos la culpa de las acciones del Conde Dracul…- Pidió conciliador, esperando que el niño entrara en razón y no causara una carnicería entre los invitados.

Aunque todos fueran vampiros y estuvieran acostumbrados a ver nigromantes e incluso a practicar la Taumaturgia, lo que estaban viendo era mucho más allá de sus expectativas.

- Oh, Lord O´Reilly, no se preocupe, pues cuando haya acabado, seréis vosotros los que pidan la cabeza del Conde Vlad Tepes y su hijo Vlad II, en una bandeja de plata y oro.

- ¿Qué quiere decir, Lord Peverell?- Preguntó la Seora Elena Castilla, la cual estaba interesada en la conversación.

- Mejor sea para que lo muestre.- Explicó con voz de ultratumba, haciendo unas pocas señas con la mano izquierda, vieron como de repente el anillo que llevaba en esa mano, comenzó a brillar intensamente.

Las palabras murmuradas eran incomprensibles para algunos de los asistentes, salvo para otros, que comprendieron rápidamente lo que se proponía.

Iba a llamar a los espíritus, utilizando las Sendas y un ritual de llamada Mesopotámico, de ahí el cántico.

- ¡No te lo permitiré!- Gritó el Conde, sabiendo perfectamente lo que se proponía hacer, si lo lograba su carrera como Jefe de la Verdadera Mano Negra estaría acabada, pues había cometido incontables crímenes contra los vampiros y ahora el mocoso iba a desvelar todo, por un pequeño insulto.

Sin embargo, un rayo de luz purpura, le pasó rozando, poniéndole los pelos de punta. Girándose para ver quien se había atrevido, vio cómo su propia familia se ponía en círculo protector rápidamente, alrededor de Peverell.

- Y nosotros no te permitiremos que ataques a Lord Peverell.- Dijo Radu levantando su varita a la par que su hermano, su esposa y la esposa de su hermano. Los niños Alucard estaban también, pero en la retaguardia, junto con los basiliscos que de alguna manera habían salido a proteger a su amo.

- Padre.- Dijo Vlad II tranquilizadoramente. – Veamos a que nos lleva todo esto. No creo que sea capaz de invocar a tantos…- Repentinamente se vio cortado, cuando de repente, las llamas de las antorchas y las velas se encendieron de nuevo, mostrando claramente que el ritual había dado sus frutos y había logrado invocar con éxito a los fantasmas y espíritus de los muertos.

- ¡Fantasmas, espíritus y espectros de los vampiros muertos, hace décadas y siglos atrás, soy vuestro invocador, Nigromante Peverell!- Rugió con voz potente y fuerte Harrison, el cual los ojos le brillaban de color verde brillante y negro. Dos colores que ningún nigromante debía tener. - ¡Que se adelante el que vaya a hablar por vosotros!- Ordenó con voz de ultratumba, lo cual un espectro, con la forma de una mujer joven y hermosa, se adelantó y se arrodilló ante Harrison.

- Yo seré el que hable por todos, Maestro Peverell. ¿Por qué nos has llamado?

- Para que me digáis quien en esta sala os asesinó y haceros justicia, para que vuestras almas descansen en paz.- Explicó Harrison, tensando los hombros, nunca había llamado antes a tantos fantasmas a la vez, ni mucho menos había logrado mantenerlos a raya de atacar a alguien.

- Sabes quién lo hizo, Maestro Peverell, aquel que se hace llamar Jefe de la Verdadera Mano Negra y Señor de Poenari, el Conde Vlad Tepes Dracul.- Sentenció, señalando con el dedo espectral al mismísimo Conde Dracul, el cual miraba con los ojos rojos de furia e ira, hacia Lord Peverell.

Ya no se sentía insultado, sino todo lo contrario, se sentía expuesto por vez primera en siglos.

Volviéndose Harrison hacia los espectadores, les explicó que los fantasmas que había invocado eran las pobres almas que el Conde había asesinado. Almas que pertenecían a las Sectas que estaban convocadas aquí en la noche.

- Reconozco a mi antiguo Jefe.- Habló Lord O´Reilly con ira en su voz, apenas conteniéndose de atacar al Conde Dracul.

- Y yo al mío.- Comentó otro de los Jefes, mirando a la cara de su hermano en todo menos en la sangre.

Para los vampiros la amistad iba más allá de ultratumba, lo cual significaba que si un vampiro era asesinado, no habría descanso hasta encontrar al culpable.

Uno a uno de los asistentes, fue reconociendo a un familiar, un Jefe o un amigo de los muchos espectros que habían sido convocados.

Ahora todo quedaba en lo que iba a suceder a continuación, lo que había hecho Vlad Tepes era imperdonable, un concilio de ancianos tendría que ser declarado, para que el acusado saliera con vida de la sala en la que estaba, sino, muchos se temían que Harrison dejara libres a los espectros para acabar con la vida del condenado Conde Dracul.

- ¡Propongo un concilio con los ancianos, para que sea juzgado Vlad Tepes, el Conde Dracul y su hijo Vlad II Dracul!- Propuso en voz alta Elena, la cual rápido obtuvo los votos suficientes de sus hermanos y hermanas medio inmortales.

Harrison frunció el ceño ante lo dicho, si un concilio se promulgaba, no serviría de nada lo que estaba haciendo, o al menos casi. El Conde sería escoltado hasta la guardia de los ancianos, juzgado y condenado en consecuencia, pero Harrison podría incluso verse involucrado.

Viendo las únicas dos opciones que tenía delante, no sabía realmente que hacer, hasta que Vlad XLV Alucard le puso una mano en el hombro.

- Harrison, deja que los espectros se vayan y que le den el juicio. Todos hemos visto de tu poder, no tienes por qué preocuparte. Mi familia te defenderá en cualquier caso y creo además que has hecho amigos poderosos hoy. Deja que se vayan, por favor.- Pidió con un dejo de tristeza en su tono, al parecer debió de ver a algún familiar entre los fantasmas reunidos.

Asintiendo con la cabeza, Harrison se giró ante los espectros reunidos, los cuales esperaban expectantes las órdenes por su Maestro Nigromante.

- ¿Es lo que vosotros queréis? ¿Un concilio con los ancianos, os daría el placer y la paz que necesitáis?

- No. Su muerte únicamente nos daría el placer, pero conocemos las reglas, Maestro Peverell.- Fue la respuesta con un poco de ira de la portavoz espectral.

- Está bien, podéis marcharos. Si los ancianos declaran culpable, pero no le ejecutan, os prometo su muerte, lenta y dolorosa, por mí.- Fueron las palabras de Harrison, haciendo un gesto con la mano izquierda, en la cual el anillo contenedor de la piedra de resurrección brilló un poco, haciendo desaparecer a los espíritus, fantasmas y espectros que había convocado, para darles algo de paz por fin.

Asintiendo la portavoz con la cabeza, en señal de reconocimiento y respeto, se fue cerrando los ojos, al menos con la promesa de un Maestro Nigromante, de que si no había justicia, él la buscaría por otros medios y métodos.

Cuando la neblina desapareció, el aura de muerte subió nuevamente, pero ésta vez Harrison lo llevó al nivel tres directamente, atacando con él al Conde Dracul y Vlad II, los cuales inmediatamente y debido únicamente a la sorpresa fueron estampados contra la pared, detrás de las mesas principales, cayendo al suelo medio inconscientes.

El siguiente momento, las sombras se convirtieron en fuertes cuerdas doradas y plateadas, las cuales tenían bien sujetos a los prisioneros.

Cuando terminó Harrison, tuvo que sujetarse a Vlad, debido al cansancio de tanto poder demostrado.

Rápidamente vino su prometida oficial, a recogerlo y levantarlo en brazos, lo cual fue un alivio de su parte, pero también un poco vergonzoso.

- Estoy bien… solo necesito una poción de pimienta…

- No, estás cansado. Debes descansar cariño, has utilizado mucho poder en esa convocación, jamás imaginé ver tal cosa.

- He de decir, que yo tampoco lo imaginé, Lord Peverell, se nota que sabía lo que estaba haciendo, pero también he de concordar con él, necesita una poción que restaure sus fuerzas.- Concluyó Lord O´Reilly, sabiendo que el joven Lord delante de él, tenía que mostrar un frente fuerte ante los otros invitados, pues seguramente habría espías dentro de las facciones o los antitribu.

Suspirando un poco frustrada por no poder llevarlo consigo misma a una habitación, Irina dejó a Harrison en el suelo, más no lo soltó en todo el rato que le llevó a desencoger el baúl y tomarse dos Pociones, aunque la otra parecía más liquida y menos opaca.

- ¿Qué es lo otro? No lo reconozco como Poción.- Preguntó uno de los asistentes, el cual sabía lo suyo acerca de las Pociones.

- Es un elixir alquímico, me dará las fuerzas necesarias y recuperaré la magia utilizada más rápido. También a medida que coma, recobraré las fuerzas y ayudará a la poción a hacer su efecto mejor.

- ¿Un elixir alquímico? ¿También prácticas alquimia?

- Claro. No solo practico la nigromancia, sino otras artes mágicas.- Declaró mucho más descansado que antes y con más color en el rostro. – De todas formas, ¿Cómo los trasladaréis al concilio de ancianos?

- Desgraciadamente, tendremos que esperar a que se levante la sesión de dos días, de nuestra reunión, en la cual me parece que ibas a asistir.

- Sí, pero no sé con qué motivo iba a asistir. No soy un vampiro, después de todo.

- No, lo eres.- Intervino Elena con una sonrisa. – Pero has demostrado tu valía al enfrentarte a él.- Dijo "él" con un poco de asco, señalando al Conde Dracul. – Creo que te daremos la bienvenida, al menos yo.

- Y yo.- Fue la respuesta de Lord O´Reilly de Irlanda, a la cual se le sumó la Lady que tenía al lado.

Uno a uno votó en perfecta sincronía los "no" y los "sí" para que Harrison se les uniera. Al final se uniría a las reuniones de vampiros por un "sí" con muy poca diferencia del "no".

El resto de la noche lo pasaron sin muchos más problemas, siendo el mismo Harrison custodio del Conde y su hijo, creó diez Golems para que los vigilaran, después de poner salas de sangre y nigrománticas, para que no escaparan. Después de todo, poco era la precaución que debían mantener en los dos prisioneros.

Tras despedirse de su prometida con un beso lento, en un baile en el que todos estaban emparejados e intentando disfrutar de lo que quedaba de música, Harrison se despidió de Irina para irse a su alcoba en la cual descansar un poco, la verdad que después de toda la magia realizada, estaba agotado.

La Poción y el Elixir le habían dado fuerzas, pero hasta cierto punto, sobre todo si continuaba como lo había hecho en el día y noche de hoy.

Saliendo por las puertas, acompañado de Irina y Radu, el cual solo quería estar seguro de que ambos no hacían más; llegaron a la alcoba de Harrison, volviendo a despedirse con un beso, hasta que el padre de ella se aclaró la garganta.

- Aguafiestas.- Susurró Harrison por lo bajo, haciendo reír un poco a Irina, la cual lo había escuchado y si ella lo había hecho, Radu seguramente también, más no dijo nada.

- Hasta mañana y descansa un poco, te lo has ganado.- Fueron las dulces palabras de Irina, tras volverse con su padre con una sonrisa en su rostro.

Salto de escena.

Cuando todo estaba hecho y dicho, Harrison volvió cansado a su cuarto, deseando poder volver a casa, pero para su sorpresa un invitado especial lo esperaba en sus aposentos, nuevamente.

- Maestro Shadow, que sorpresa. ¿A que debo el honor de tu visita? No te esperaba tan rápido.

- Y no estaría aquí, si no fuera por necesidad. Creo que has investigado los FAE, ¿Verdad?

- Sí… al menos donde tienen su Colonia o base. En Toronto.

- ¿No has podido descubrir más?- Preguntó con un poco de prisa, pues necesitaba que su aprendiz descubriera más sobre la raza de gente que se escondía de los mágicos y los muggles por igual.

- Desgraciadamente no he tenido acceso a la biblioteca y, por supuesto, hoy he tenido lío con el Conde Dracul. Por cierto, si no fuera por tus lecciones, creo que estaría muerto hoy.

- Cuéntamelo.- Ordenó Shadow, tomando asiento en uno de los dos sillones que apareció, el cual Harrison miró con cautela, más no le importó lo que pasó la última vez, que cayó de culo, pero creía que Shadow estaba en su interior, o al menos una parte de él.

- Todo empezó con un pequeño insulto de Vlad Tepes, el Conde Dracul, como mejor se le conoce.

- Sí, supongo que saltaste.

- En cierta manera. Investigué un poco su pasado, para ver si podía sacar algo turbio. Debo decir que utilicé una de las Sendas de la Nigromancia.

- ¿Qué hiciste?

- Visité el inframundo. Recogí la información requerida y actué en consecuencia esta noche, llamando a las almas de aquellos que traicionó el Conde Dracul. Ahora está pendiente de investigación.

- Interesante. ¿Te han reconocido, como Maestro Nigromante?

- ¿Las almas o los invitados?

- ¿Los dos? Más que interesante.- Murmuró para sí mismo, viendo con nuevos ojos a Harrison. – Está bien, quiero que hagas dos cosas a partir de ahora.- Dijo, haciendo un movimiento de la mano y sellando la habitación de Harrison. – La primera, he sellado tu alcoba para que puedas entrenar en las artes de las sombras y su manipulación. Quiero que medites y actúes en consecuencia. La segunda, quiero que investigues de la biblioteca Peverell, todo lo relacionado con los FAE. Pregunta a tus retratos si saben algo, después de todo, son retratos por el valor de diez mil años de conocimientos.

- Hecho. ¿Algo más?

- Sí, en cuatro días volveré, necesitaré saber si has conseguido algo o no.

- Espera, ¿Dices en cuatro días? ¿Qué pasará?

- Independientemente si has avanzado en tu entrenamiento, te mandaré a una misión. Ha resultado ser, que un FAE a aparecido, uno con cierta información que nos puede beneficiar.

- Y necesitas que lo encuentre.

- En efecto. Solo sé que es de las sombras. Más tarde, dentro de cuatro días, te contaré más para que puedas trabajar desde allí.

- De acuerdo. Creo que necesitaré volver al Castillo Peverell, puedo entrar en la sala del tiempo y el espacio…

- No será necesario, pero si vuelves, habla con los retratos de tu Castillo. Ahora, descansa.- Dijo Shadow, volviendo a desaparecer, haciendo que Harrison volviera a caer de culo en la fría y dura piedra.

- Una de dos, o pongo un encantamiento o dejo de sentarme en sus sillones…- Murmuró un poco malhumorado Harrison, sacando el baúl de su túnica y cambiándose de ropas, dejando también a Ningizzida y Apofis en la piedra caliente, donde sisearon encantados y relajados.

Yéndose a dormir, pensó en los días que le esperaban a Harrison, sobre todo en los días de entrenamiento duro y arduo, más en las reuniones que tendría que asistir.

Al menos, las reuniones serían nocturnas, podría bien por lo que quedaba de noche o de tarde, descansar y entrenar… ¿Cómo se suponía que lo haría?

Nota de autor:

Hola buenas de nuevo, siento la tardanza por el nuevo capítulo, espero que les guste.

He decidido, tras ver Lost Girl, que voy a hacer un intento de Crossover con esa rama, como una rama aislada del mundo mágico y muggle, para ver cómo funciona.

Si no gusta o no funciona como querría, entonces haré algo para que dejen de salir.

En la cuestión de los nombres de Sectas, Clanes, Antitribu y Sin Clan, escribo los nombres de los países, salvo en las cuatro sectas principales y algún clan que ya he decidido un nombre.

Lo hago así, debido al lío de pensar en nombres de veintiocho países europeos. Hay algunos países que no salen, pero en la Wikipedia, que es de donde he sacado la información de los países que están en la Unión Europea, vienen solamente: Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, República Checa, Rumanía y Suecia.

Si la información está mal, lo siento. Si hubiere algún tipo de error en la cuestión de miembros en el baile, también me disculpo. La idea era dos miembros por país, siendo uno del género masculino y otro del femenino. Creo que le da un aire de igualdad. Todos son nobles, pienso que así es mejor. No sé cómo será la nobleza en otros países aparte de España, pero creo que tienen una similitud entre ellos. Aparte de Gran Bretaña que tiene a sus Lores y Ladies es un poco diferente.

Entre ahora y la boda con Irina, Harrison tendrá unas cuantas "misiones" que cumplir, lo cual los capítulos irán más animados o eso espero.

He estado meditando y me he dado cuenta de que entre éste Fic y el de Harry Potter y el poder del conocimiento, son un poco bélicos o con muchas batallas y duelos. He de decir que me encanta que una historia sea bélica, aunque puedo suponer que a muchos no le gustaran, por ello voy a intentar escribir más capítulos que sean menos bélicos.

Sin más un cordial saludo a todos los que han tenido paciencia, y espero no tardar tanto con el siguiente capítulo.