CAPITULO 13
REUNIONES DE POLITICAS, MISIONES Y BATALLA POR LA SUPERVIVIENCIA
Al día siguiente, lo primero que hizo Harrison tras despertar fue hacer una lista de libros que necesitaría del Castillo Peverell. Tras eso, continuó con la escritura de una carta al rey Ragnok, pidiéndole como favor, sino como contratación una escolta de gobblins, explicándole los motivos, de los cuales tras sufrir de varios ataques personales en su travesía a Poenari y su estancia en la misma, no se fiaba mucho de las posibilidades de no recibir otro ataque.
Tras todo eso, convocó a Dobby, explicándole lo que quería de él.
- Necesito que lleves esta carta urgentemente a Gringotts. Ve al Rey Ragnok. Después de allí, ve al Castillo y pide a los retratos si saben algo acerca de una raza llamada FAE. ¿Está entendido?
- Sí Maestro, ir a Gringotts, entregar carta, ir al Castillo, preguntar por FAE.
- Excelente Dobby, eres el mejor.- Alabó Harrison entregándole la lista de libros también, la cual miró el elfo un poco confuso. – Esa lista es para que recojas los libros de la biblioteca y me los entregues. Necesito que seas rápido, esta noche tengo reunión y dentro de tres días Shadow volverá.
- Enseguida Maestro.- Prometió Dobby, desapareciendo con un ligero "pop".
Suspirando pesadamente, Harrison fue a desayunar o almorzar tardíamente, pues suponía que ya era demasiado tarde para un desayuno.
Llegando al gran salón, vio con cierta ironía que no era el único en levantarse tarde.
- Buenos días Harrison, ¿Cómo has dormido?- Preguntó Corina con una suave sonrisa en los labios.
- Buenos días Corina, bastante bien. Un poco agotado todavía de la noche anterior, pero me siento bien. ¿Y tú?
- Bien, aunque no puedo decir lo mismo de Vlad y Radu.
- ¿Y eso?- Pidió, sentándose y sirviéndose un plato de huevos revueltos con carne. Un vaso de vino élfico y un poco de pan.
- Se han pasado la finalización de la noche y toda la mañana haciendo planes y contingencias, tras lo acaecido anoche en el baile.
- Puedo imaginar… ¿Qué les pasará a ellos?
- Si el Conde resulta condenado a muerte, entonces Vlad podría heredar el castillo Poenari y tal vez la posición del Conde en la Verdadera Mano Negra. Radu tendría que hacerse cargo del asiento del Wizengamot, algo que no está contento.
- Podría poner a Livia como su proxy y dejar que ella se encargue del Wizengamot.- Sugirió Harrison sonriendo ligeramente.
- Podría, pero tal vez tendrías que decírselo tú mismo a él, no es de los que se dan cuenta tan fácilmente.
- Sí, debería saberlo… de todas formas, me disculpo por si he causado problemas a tu familia ayer, no era mi intención dejar que saliera con vida el Conde.
- No te preocupes por eso, lo que me tiene intrigada, es lo que hiciste ayer para convocar a tantos y como supiste que hacer.- Comentó un poco confusa, pues era la comidilla de los vampiros, la noche anterior, el poder que había demostrado Harrison al convocar a tantos fantasmas y espectros a la vez, más sabiendo qué hacer.
- Sí, bueno, eso es porque estuve investigando.
- ¿Cómo?- Pidieron al mismo tiempo Vlad y Radu, los cuales se miraron un momento, riendo por lo bajo.
- Fui al inframundo, utilizando una Senda.
- ¿Fuiste allí? Con razón te llamaron, Maestro Nigromante.
- ¿Qué quieres decir, Vlad?- Pidió Harrison con el ceño fruncido. – No soy un Maestro todavía.
- No, no lo eres, pero no necesitas de un papel que acredite tu Maestría. En el mundo vampírico los nigromantes alcanzan la Maestría cuando hacen cosas como las que tú haces, de hecho, con tan solo crear una sala de muerte desde cero, se les podría considerar ya Maestros. No entiendo como tus antepasados Markus y Marduk no se dan cuenta de ello.
- Eso es porque en sus tiempos, los aprendices hacían este tipo de cosas.
- ¿Quieres decir que antiguamente, un aprendiz era capaz de ir al inframundo y convocar espíritus?
- Sí, al menos en mi familia. No todo el mundo es capaz de estudiar la nigromancia en su plenitud.- Explicó Harrison a Vlad y la mesa entera, pues se fue llenando poco a poco con los chicos y chicas Alucard y Livia, la cual llegó más tarde.
Terminando el almuerzo o comida, Harrison explicó a Vlad que había mandado a Dobby con una carta a Gringotts, contratando a los gobblins para que protegieran el castillo Poenari, mientras que estaban allí.
- No es que no me fie de los soldados vampiro, pero tengo que pensar en las posibilidades.
- Entiendo. ¿Cómo vendrán?
- Posiblemente por traslador o por la red Flú internacional.
- Estaré atento. También podrían encargarse algunos de vigilar al Conde y Vlad II.- Se ofreció voluntario Radu y opinó, ganando el visto bueno de Harrison, el cual les preguntaría a los gobblins por ello.
Levantándose y estirándose un poco, para quitarse el sueño que le quedaba, Harrison decidió ir a su habitación nuevamente para ver si Dobby había vuelto con los libros que necesitaba y la información sobre los FAE.
Despidiéndose de Irina y el resto de la mesa, marchó nuevamente a su alcoba, sintiéndose mal por no contar al menos a su prometida y su tío, sobre su entrenamiento en la magia de las sombras y la formación que iba a realizar en las artes oscuras.
Si bien sabía mucha magia relacionada con las artes oscuras, había todavía hechizos, maldiciones y encantamientos que le gustaría aprender, tales como la magia elemental.
La magia elemental si bien podría considerarse en algunos ámbitos como magia oscura, debido al poder que requiere utilizarla y al miedo de los magos, cuando un hechicero aparecía con este poder, también era muy tentadora la idea de utilizar los elementos como arma, por eso Harrison quería aprender a controlar este tipo de magias.
Los elementos conocidos por el hombre o los más comunes son cuatro: Aire, Fuego, Tierra y Agua. Lo que muchos desconocen, es que las sombras también es un elemento de la naturaleza y por ello, el quinto elemento.
Luego estaban las subcategorías de los elementos, algo así como el control del rayo, el hielo, la lava, los metales, etc.
Controlar los sub-elementos era una tarea más complicada, pues hacer hielo sin agua, desde cero, era como la conjuración, pero hacerlo sin un foco mágico, se hacía casi imposible.
Otra de las características que tenía el estudio del poder de las sombras o el aura de muerte de Harrison, es que cuando se llegaba a un cierto nivel de control, se podía hacer casi cualquier cosa, sobre todo en el sentido, de parecerse o imitar los poderes de las deidades conocidas como Hades y Thanatos.
Lo que ambas deidades tenían en común, así como las deidades dedicadas a las sombras o la oscuridad, era poder viajar entre las sombras por el mundo. Un poder que tenía ciertos aspectos positivos, dado que se podría saltar con facilidad cualquier tipo de sala, incluyendo las de Hogwarts y Hogsmeade.
Otra de las cosas buenas que tenía, era el poder de ver las auras o las almas de las personas, así como con solo tocar una persona, poder quitarle el alma, haciendo que cruzara. Mucho más sencillo que una maldición asesina y sin rastro. Lo malo, que tenías que tocar a esa persona directamente. Pero todo lo bueno, tenía su lado negativo, no por ello Harrison se iba a rendir.
Había poderes de las deidades que parecían no servir de mucho, tales como los de Afrodita o Atenea. Muchos no sabían que con el poder de la belleza se podía embaucar al enemigo o hacer que se pelearan entre ellos, pero desgraciadamente, Harrison era de esas personas, que pensaba que era mejor dar la cara al frente del enemigo, que embaucarle para hacer otros propósitos.
El poder de Atenea, sí que era positivo, pues dedicaba la inteligencia, es decir, las artes mentales al campo de batalla. Tener un poder tal, que podrías bien entrar en las mentes del enemigo en plena batalla, era aterrador.
Por ello Harrison estuvo decidido a estudiar con ahínco los poderes elementales, para después intentar reproducir los poderes de las deidades, algo que le vendría bien, al menos si lo mantenía el tiempo suficiente en secreto.
Llegando a su alcoba, se encontró con que en efecto, Dobby le esperaba en la cama sentado y a su lado, reclinado contra la pared, los retratos de Markus e Ignotus Peverell, hablando con el elfo y apreciando las salas que habían colocado en la habitación.
Encima del escritorio, se pudo observar dos baúles encogidos, con lo que supuestamente serían los libros que había pedido para estudiar, más el amuleto de la habitación del tiempo y el espacio de un año, lo que ahora comprendía lo que hacía el retrato de Markus aquí.
- Dobby, buen trabajo, muchas gracias por todo.- Dijo Harrison sonriendo al elfo que saltaba encantado sobre la cama. – Puedes descansar un rato en la cama si quieres, te veo un poco cansado.
- Normal, el pobre elfo ha estado viniendo de aquí para allá, como si fuera una lechuza mensajera. Por cierto, las cosas en el Wizengamot van tranquilas de momento, Orion, como le pediste, estuvo informándonos sobre los avances.
- Eso es bueno, Markus, nuestros planes podrían acelerarse… aunque todo depende de lo que descubra en estos días.
- Harrison, sabes que no me opongo a que estudies cualquier tipo de magia y de nigromancia, pero creo que este nuevo maestro tuyo es… peligroso.
- Y tienes toda la razón Markus, si es quien creo que es, no sería mala idea no cabrearle.
- ¿Quién crees que es?
- La Muerte.- Dijo, viendo como la habitación se oscurecía por un momento, para volver a la normalidad.
Un escalofrío pasó por la espina del pobre elfo doméstico y los dos retratos, aunque ellos fueran metafóricamente hablando.
- ¿Cómo deidad?- Pidió Ignotus, temblando ante la idea de que una deidad se hubiera acercado a Harrison para entrenarlo en los poderes oscuros de la nigromancia.
- Creo que sí, no estoy seguro todavía. De todas formas, lo primero la información. ¿Quién de los dos sabe sobre los FAE?
- Ambos, Harrison. Los FAE son una cultura entre mágicos y mundanos que se separaron hace siglos de las comunidades mágicas.
- De hecho, se cree que son descendientes de criaturas mágicas, mezcladas con humanos o mundanos. Algunas de ellas, las más poderosas, mezcladas con hechiceros y druidas.- Aportó Ignotus a la conversación.
- Lo que tienes que comprender, es que tuvieron una razón para separarse de nuestro mundo. Del mundo mágico.
- Aunque no lo hicieron del todo, pues todavía se ve por ahí FAE entre las comunidades mágicas. De hecho, un retrato de los Gaunt, nos informó de que el ministerio de magia está en contacto con los cuatro clanes principales FAE. O al menos en sus tiempos.
- En mis tiempos, había veces que nos juntábamos en los sitios de paso, lugares neutrales entre las facciones de FAE y los mágicos, antes de que se separasen.- Explicó Markus seriamente, pues el tema era delicado.
- Entiendo. Supongo que algo parecido al Caldero Chorreante.
- Exacto. Parecido a ese pub.- Afirmó Ignotus, con Markus asintiendo con la cabeza.
Unos momentos de silencio se hizo, tras la información recibida, algo que no era mucho, solo esperaba que en los libros que había en los baúles le dijeran algo más que sus antepasados.
- ¿En los baúles hay libros sobre el tema, verdad?
- No. En los baúles hay libros, sí, pero los libros que has pedido sobre las artes oscuras, alguno que otro sobre nigromancia en la época celta y moderna. También los libros sobre la magia elemental. Sobre los FAE no tenemos ningún tipo de lectura, desgraciadamente.
- ¿Y cómo voy a investigar…? Oh, claro, me diréis vosotros, ¿No?- Preguntó, viendo como ambos retratos sonreían un poco ante la pregunta obvia.
- Claro que te diremos sobre ellos. Solo tienes que preguntarnos qué quieres saber.
- Bueno, empecemos por el principio. ¿Qué les hace tan diferentes de nosotros? Quiero decir, sé que son mitad humanos mitad criatura, pero ¿Cuál es la diferencia?
- Principalmente, es que viven muchos siglos, hasta el punto de ser semi inmortales.
- ¿Semi?
- Sí, medio inmortal quiere decir, que no envejeces o si lo haces, lo haces más lentamente que un mágico o un humano. Puedes morir, pero si lo haces en batalla o te asesinan. Esa es una principal diferencia. Otra, es sus poderes.- Informó Markus en modo Maestro, lo cual Harrison aprovechó para convocar un sillón como los que tenía en el Castillo Peverell. Sentándose en él, escuchó a su Maestro y mentor hablar sobre los FAE. – Los poderes de los FAE son distintos en sus formas y maneras. Por ejemplo, si un FAE nace de un Fénix, tendrá los poderes de un fénix, pero no tan desarrollados como los de éste. Es decir, que no podrá teletransportarse por las llamas, ni cantar como el ave. Lo único que tendrá es resistencia al fuego, algo de poder para lanzar llamas de las manos y por supuesto, las lágrimas curativas. Cada criatura mágica deja algo en el humano o medio mágico como herencia, eso les convierte en FAE. También, si una criatura se aparea con un mágico, los poderes se combinan, haciendo que la descendencia no sea considerada como mágico, pero sí como FAE con poderes increíbles.
Hacía muchos siglos atrás, había una leyenda que decía:
"Las familias antiguas FAE fueron al Monte Olimpo con sus Maestros, los dioses, para firmar un tratado en el que ellos mismos fueran los aprendices de éstos y algún momento pudieran ocupar los lugares de sus maestros." Por supuesto esa leyenda está incompleta, lo siguiente son habladurías. Se dice que la familia FAE, derrocó de alguna manera a los Olímpicos, quedándose con sus puestos y desterrándolos a algún lugar, del que jamás pudieran salir. Otros dicen, que los Olímpicos reales, eran los FAE, pero que eran considerados por la humanidad como dioses.
- ¿Entonces, éstos FAE antiguos, son la descendencia de criaturas mágicas con hechiceros o sacerdotes?
- Exactamente. Las siguientes generaciones de FAE, por el contrario, son descendientes de estos FAE o de otros, juntándose y mezclando poderes. También hubo mezcla entre súcubos, íncubos, Nagas, Garuda, etc. también hay un FAE especial que utiliza básicamente la magia de sangre, pero en un nivel inferior.
- ¿Cómo cuál?
- Como hacer leyes o escribir el destino de los FAE, a este ser se le llama un Sabio de Sangre.
- Pero eso es un gran poder, ¿Estás seguro que no nos afecta a nosotros?
- Segurísimo. Sino, pregunta a Ignotus, conoció uno en su juventud.- Aseguró Markus con una sonrisa divertida.
- No es divertido, Markus, el hombre intentó decidir mi destino con su sangre. No es que le valiese para mucho, solamente una hoja de sangre desperdiciada y un encantamiento mío, que no le hizo gracia tampoco.
- ¿Por qué intento hacer eso?- Preguntó interesado Harrison, algo que le valió una risa de Markus y un ceño fruncido de Ignotus. – Más importante, ¿Cómo no nos afecta a los mágicos?
- Eso es fácil de responder. No nos afecta a aquellos que hemos hecho el ritual que hiciste tú para que no se haga nada en tu contra, siendo así que rituales de sangre, pociones que afecten a tu cuerpo y otras cosas no valgan. El Sabio de Sangre, también conocido en mis tiempos como el Rey Sangriento, no sabía que yo había hecho ese ritual. Ciertamente mi familia entera lo había hecho. Muchas familias mágicas en aquella época lo hacían. El porqué, fue una desavenencia que tuvimos… por una mujer.
- Veo. No hace falta que lo expliques más. Así que básicamente son descendientes de criaturas mágicas con humanos, tienen poderes especiales, pero no considerados como magia, por ello se escindieron de ambas sociedades.
- Exactamente.
- Lo que no me habéis dicho, es sobre los clanes o familias. Dijisteis que había cuatro de ellas, ¿Cuáles son?- Pidió curioso en cuanto a la organización de dichos clanes.
- Debes saberlo, si vas a hacer lo que creo que harás con la información, Harrison.- Suspiró pesadamente Ignotus, el cual se preparó para contarle sobre los Clanes. – Están los cuatro grandes Clanes, además de los pequeños, pero los más importantes son: el Clan Bukharin, el Clan Fin Arvin, el Clan Scafati y el Clan Zamora. De esos cuatro, solo uno ha quedado extinto, el Clan Scafati. Supongo que los otros clanes se unieron para eliminarlo, pero no puedo decir más sobre eso.
- Supongo que el mismo con el que tuviste la desavenencia, te lo contó.
- Aparte de toda la información que sé, sí.
- También, otros retratos tienen más información de lo que puedas querer. Muchos nos hemos encontrado con un par durante los milenios que nuestra familia ha vivido.- Aportó Markus sonriendo ligeramente. – Y es por eso que estoy aquí, con el medallón de la sala del tiempo y el espacio. Vas a entrar en una sala de aquí un año. Te vas a preparar nuevamente en las magias elementales y quiero ver cómo va tu formación sobre la nigromancia.
- Bastante bien, he conseguido ir al inframundo de ida y vuelta.
- ¿Has hablado con los fantasmas?
- Sí y también los he convocado, quitando de en medio al Conde Dracul. No debería haberse hecho así, pero fue él quien quiso tenerme como enemigo, en vez de aliado.
- ¿Lo has matado? O mandado matar para el caso.
- No, un Lord Vampiro pidió concilio con sus ancianos, para que le juzgaran. Está en las mazmorras de Poenari, con diez Golems vigilándolo a él y su hijo, Vlad II.
- Una lástima. Pero bien hecho. ¿Qué planeas ahora?- Pidió Markus con orgullo en su mirada.
- De momento, he mandado una carta a Gringotts, para que me ayuden o mejor dicho, contratación de protección. Espero al menos una escuadra de gobblins.
- Eso está bien. Es bastante astuto de tu parte tener más aliados aquí.
- También tengo planeado estudiar los tomos y hacer uso del medallón, pero desgraciadamente, carezco de una habitación. Si coloco el medallón en la puerta, tal vez…
- Olvídate de la puerta. Para eso está el segundo baúl. En él puedes poner el medallón, acuérdate que los baúles están hechos para que puedan serte de casas o incluso campos de entrenamiento.
- Cierto. No había caído en ello.- Mirando a dicho baúl estuvo muy tentado de faltar a la reunión de la noche con los Jefes vampiro, pero podría resultar en una especie de insulto para ellos.
Volviendo su atención a Markus, observó cómo lo miraba con cierto orgullo, algo que le calentaba el corazón, pero también tenía un cierto temor. Temor por no necesitar más a su mentor.
- Temo Markus, que pronto voy a tener que ir a Mesopotamia mágica.- Dejó caer la bomba Harrison, viendo como los ojos de ambos nigromantes se ensanchaban ante la información dada por Harrison.
- ¿Cómo sabes de Mesopotamia?
- De los grimorios. Supongo que tanto tú como Marduk no quisisteis contármelo hasta verme preparado.
- Supones bien. Que hayas convocado fantasmas, e ido al inframundo, no quiere decir que debas ir a Mesopotamia.
- No, pero que los cincuenta o cien fantasmas, espectros y espíritus que convoqué, me llamen Maestro Nigromante, aparte de los vampiros, creo que estoy lo suficientemente preparado, como para sacarme la Maestría.
- Es interesante que te lo llamen, pero no creo que estés preparado aún. Para verte preparado, deberás realizar todos los rituales de las Sendas, más las Sendas mismas delante nuestra. Si lo consigues, que creo que lo harás, entonces será cuando puedas ir a Mesopotamia. De momento, que te sigan llamando Maestro, no pasa absolutamente nada. ¿Está claro?
- Por supuesto, Markus. También entiendo que fuera de la familia no se puede mencionar Mesopotamia.
- Exactamente. Ahora, creo que tienes un visitante en la puerta.- Justo cuando dijo eso, se oyó el toque de un puño llamando a la puerta de madera.
Agudizando sus sentidos, Harrison frunció el ceño cuando notó que era su prometida, Irina.
Yendo hacia la puerta la abrió de par en par, recibiendo a Irina con una sonrisa torcida.
- Me alegro verte…- Se vio interrumpido brevemente ante los labios de su novia, dado que un beso fue entregado.
Durante unos momentos estuvieron en el marco de la puerta besándose con pasión y ganas de más, pero desgraciadamente, todo lo bueno debía parar o terminar en un momento.
- Sí, puedo dar fe de ello.- Riendo, hizo mención del bulto que tenía Harrison entre los pantalones, algo que rápidamente ocultó, tirándose una túnica por encima, ocultando el problema de los pantalones ajustados de piel de basilisco.
- Muy graciosa… seguro que tú también estás… dura.- Sonrío, yendo a tocar uno de los pechos de Irina, la cual le quitó la mano de un manotazo.
- No se toca.- Dijo remilgadamente, pero con una sonrisa en su rostro, lo cual era un poco pícara. – De todas formas, no he venido para besarnos… he venido para advertirte de que los gobblins están llegando. Mi tío dice que vayas al salón de la chimenea a recibirlos y darle las órdenes, Jefe de Clan.- Comentó un poco burlonamente, haciendo alusión al título que le dieron los gobblins hace un tiempo, cuando Dumbledore le atacó y el Wizengamot quería condenar sus propias acciones.
- Cierto, voy para allá. ¿Vienes?
- Por supuesto, no me lo quisiera perder. Por cierto, buenas tardes Markus e Ignotus.- Saludó Irina un poco divertida de que ambos retratos hubieran permanecido en silencio.
- Buenas tardes Irina, espero que estés estudiando lo que te dijimos.
- Por supuesto, de hecho, Harrison ha estado ayudándome hasta ahora en Oclumancia.
- ¿Y cómo es que ha parado?- Preguntó Markus sonriendo, pues imaginaba que la ayuda que le daba Harrison, también tenía otro motivo oculto.
- No se nos permite estar a solas… es un poco fastidioso.- Haciendo un mohín bastante lindo, para Harrison al menos, la sacó de la alcoba, cogiéndola de la mano y tirando de ella un poco.
- Vamos, vamos Irina, veamos cuantos soldados gobblin han llegado.
- Según tengo entendido, hay más de cien.
- ¿Más de cien? Eso es mucho más de lo que esperaba.- Comentó cerrando la puerta de la alcoba, más no soltando la mano de su prometida. Había algo en el gesto que le calentaba el corazón a Harrison. Podría ser un poco infantil, llevar la mano de su prometida cogida, pero le gustaba y le hacía sentirse querido.
Por otra parte Irina sonreía ante el acto, para ella no era ni infantil ni cursi, darse la mano con su novio, caminando por los pasillos semi desiertos de Poenari.
Desde que llegaron, entre la noche pasada y esta tarde, habían tenido más contacto físico que otros días, en los que pasaba Harrison completamente solo en la alcoba.
- Por cierto, tengo noticias de nuestra boda… y no son agradables.
- ¿Qué quieres decir?- Preguntó parando de repente, cogiéndola de la cintura un poco posesivamente. – No la cancelará Vlad, ¿Verdad?
- No, pero no se celebrará en Poenari. Mi tío quiere que se celebre en un entorno más amistoso. Poenari podría resultar peligroso.
- Por los hombres del Conde, por supuesto, como no.- Dejando de fruncir el ceño, Harrison comprendió que la táctica era más para ella que para él, si lo celebraban en el Castillo Peverell, habría más seguridad y menos problemas a la hora de lidiar con vampiros o sirvientes molestos. Después de todo, se llevarían al Conde Dracul y su hijo, Vlad II al concilio de ancianos pronto.
Volviendo a caminar, Irina preguntó a Harrison sobre lo que hacían los retratos de sus antepasados en su alcoba.
- Han venido para ayudarme a entrenar en ciertos aspectos de la magia elemental.
- ¿Magia elemental? ¿Ahora vas a estudiar los elementos?
- Sí, también han venido a darme cierta información.
- ¿Información?- Preguntó un poco sorprendida, pues estaba segura que Harrison conocía muchos de los temas del mundo mágico, a no ser que fuera información sobre los FAE, algo que no le gustaba mucho. - ¿No será por eso de los FAE, verdad?
- En realidad sí, ¿Por qué lo preguntas?
- No… por nada.- Intentó evadir el tema, moviendo la cabeza hacia un lado, un poco… ¿Triste?
- ¿Por qué esa cara, Irina? ¿Qué tiene que ver los FAE contigo o tu familia?
- No tiene mucho que ver… es solo que a los vampiros se les considera por los FAE, FAE.
- Eso no tiene sentido… ¿Por qué se os iba a considerar FAE?
- Porque ellos piensan que descendemos de una criatura mágica, en vez de la mordedura y magia de un murciélago o el primer vampiro. Por ello, cuando los FAE están involucrados con nosotros, piensan que somos parte de su raza, cuando no es cierto. Es por ello que estamos peleados o en guerra continua con ellos y por lo tanto, no podemos ir mucho a Estados Unidos.
- Entiendo. La información que necesitaba era un poco más detallada en lo que se refiere al origen de los FAE, una explicación de lo que son y los poderes que tienen. También los cuatro Clanes FAE más importantes. No tienes por qué preocuparte.
- ¿En serio?
- Claro, ¿Por qué ibas a tener que preocuparte?- Preguntó un poco confuso por la idea de que se sintiera ofendida o algo por el estilo. – Te quiero por quien eres, no por lo que eres o lo que seas en un futuro. Sabes que te apoyaré en la decisión que tomes, si quieres ser vampiresa al cien por cien o seguir siendo tú misma.
- Lo sé, pero temía… que no me quisieras al darte cuenta de que somos considerados FAE por las comunidades FAE.
- En absoluto, te seguiré queriendo.
- Eres un cielo.- Dijo, dándole un abrazo y un tierno beso, llegando por fin ante los gobblins que miraban estoicamente a Harrison.
- Lord Peverell, Gringotts ha recibido su petición de ayuda. ¿En qué podemos servirle?- Preguntó el que era claramente el general de los gobblins.
- General Gobblin, que su oro crezca con la caída de sus enemigos. Doy las gracias por su pronta llegada.
- Lord Peverell, es un honor estar a su servicio, si las habladurías son ciertas, nos espera una buena batalla. Que sus riquezas desborden sus bóvedas y sus enemigos caigan ante su daga envenenada.- Fue la respuesta del general, el cual inclinó la cabeza un poco ante Harrison, lo que él mismo hizo similar ante el gobblin.
Después de los saludos, Harrison les explicó el intento de asesinato en su vida y la de la familia Alucard en dos ocasiones, no creyendo que una tercera no sería propicia y que las salas de Poenari no estuvieran al cien por cien altas, pidió los gobblins para que montaran guardia en los terrenos y la alcoba de su prometida y la suya propia.
El general gobblin, el cual era llamado Ironfist, fue dando órdenes a su falange, los cuales iban yéndose directamente a sus puestos otorgados.
- También me gustaría que montarais guardia en las mazmorras. Hay dos prisioneros que los Jefes de Sectas y Clanes tienen que llevarse al concilio de ancianos.
- Eso está hecho, mi Lord. Por cierto, su Majestad Ragnok envía sus saludos y espera poder reunirse con usted el día de su boda.
- Será un honor, tener como invitado a su Majestad Ragnok, creo de hecho que tengo su invitación para enviar. No me olvido de mis amigos y aliados los gobblins en un día tan feliz como ese.
- Por supuesto… ¿Va a querer que también estemos presentes?
- Sí, si bien es cierto que puede que se celebre en el Castillo Peverell y allí tengo mejor seguridad, nunca está de más ser precavido. Vienen muchas familias invitadas y la prensa.
- Es mejor mostrar un frente unido entre nuestras razas, astuto de su parte Lord Peverell.
- Y tratarnos con el debido respeto, eso enseñará a los magos de Gran Bretaña que la raza gobblin no es mala o consideradas criaturas oscuras, como la reportera Rita Skeeter propone.
- Esa mujer es una… mala… bichejo, por no decir víbora.- Expresó con desaire Ironfist, el cual mostró los dientes ante la furia de sus palabras al describir a la mencionada reportera del Profeta.
Harrison estaba completamente de acuerdo con la forma de pensar de Ironfist, lo cual tras unas pocas palabras más de planificación de sus hombres, se marchó con su batallón un poco más contento, debido a que Harrison le había asegurado, al cincuenta por ciento, que seguramente habría un intento en su vida o una batalla pronto, pues los licántropos no se quedarían de brazos cruzados, mientras que él estaba en el castillo Poenari.
Después de eso, Harrison se vio con el tiempo suficiente como para prepararse para la reunión de la noche, una reunión que tendría lugar en una gran sala, parecida a la del Wizengamot, pero usada por vampiros.
Cada cual tenía su propio asiento y trono que se traía desde su lugar de residencia, haciendo que Harrison tuviera que transfigurar una silla para él mismo, mucho antes de la reunión.
Yéndose hacia su cuarto a cambiarse, Irina se ofreció a acompañarlo nuevamente, para así poder estar a su lado un rato más.
- Cualquiera diría que no te fías de la seguridad que ofrece Poenari.- Comentó Irina de buen humor.
- No es que no me fie, es más bien que debo ser un poco cauto. Imagínate que los licántropos vuelven a atacar, ¿Cómo te sentirías si alguien de tu familia es asesinada, sin poder haberlos ayudado, debido a que estabas enfrascada en una batalla independiente?
- Mal, me sentiría fatal…
- Así me sentiría yo si te pasara algo, es por eso que he pedido que tu habitación sea custodiada. Así que ya sabes… si estás en la intimidad del baño te aconsejo que uses encantamientos silenciadores…
- ¡Eso pasó una vez solamente! ¡Y fue antes de que cambiaras tu aspecto a uno más viejo!- Exclamó un poco avergonzada ante las palabras de su prometido, ya en su momento la avergonzó un poco que la pillara en el baño, al menos que la oyera, mientras se tocaba.
- Fue música para mis oídos…- Tuvo que esquivar una colleja, riendo y corriendo un poco, para jugar con ella. No es que fueran dos críos, pero un poco de diversión de este tipo era lo mejor que podía pasar para relajar el ambiente.
Llegando a la puerta de la alcoba de Harrison, entre risas y pequeñas caricias de amor, ambos prometidos se despidieron con un beso, deseando que llegara el día de la boda, para poder pasar todo el tiempo que quisieran juntos, sin tener que dar explicaciones. Al menos si la boda era en el Castillo Peverell, Harrison podría colarse en la habitación de la novia, por los atajos que conocía, no por nada su propio Castillo tenía sus beneficios.
Pasando a la habitación, cambiándole el semblante rápidamente, fue al baño a darse una ducha y refrescar la armadura de piel de dragón.
Cuando salió, en la cama, estaba unas túnicas de negocios con la cresta de la Casa Peverell y una carta con el sello de Gringotts.
Vistiéndose primero, pensó en lo que la carta sería. Seguramente de su gerente de cuentas Griphook, el cual le informaría de los negocios que tenía fuera de las islas británicas.
Al terminar de vestirse, Harrison abrió la carta y la leyó detenidamente, fijándose en todo detalle y número de cuentas y bóvedas, lo cual le serviría para hacer los negocios con los Jefes vampiro.
En la carta, Griphook exponía el tipo de empresas que tenía cierta influencia o acciones, tales como la fábrica de seda de acromantula, granjas de ingredientes de pociones y de alquimia, invernaderos y algún que otro viñedo en el cual tenía o había conseguido recientemente acciones que le daban un buen porcentaje.
También tenía acciones en los enclaves mágicos de casi toda Europa, haciendo que su oro subiera un buen porcentaje al año.
Viendo todo esto, seguramente Harrison pudiera conseguir más accionistas o al menos meter la cabeza en algún tipo de empresa nueva. Le hubiera gustado poseer acciones en Nimbus y una nueva empresa emergente, llamada Saeta de Fuego. Pero desgraciadamente, otros accionistas se le habían adelantado, quedándose con acciones en escobas de menor rango, pero aun así, dándole un beneficio económico.
Las comunidades mágicas de Estados Unidos eran un poco menos cerradas, pero había algo que no le gustaba a Harrison y era que dependían un poco más de los muggles, teniendo como objetivo, duplicar su tecnología con magia para poder mezclarse mejor.
Así que, obviamente Harrison era muy reticente a la hora de invertir en empresas americanas, después de deshacerse de las acciones muggles, vendiéndolas por supuesto y con el dinero obtenido de dichas acciones, comprando oro, plata y piedras preciosas, enriqueciéndose del mundo al que aborrecía.
Doblando la carta y guardándola dentro de su escritorio, en el baúl que siempre llevaba consigo, Harrison comprobó los libros de magia elemental que le había traído Dobby, justo antes de que llamaran a la puerta de su alcoba.
Levantándose y pensando en que el día de hoy, había más gente que le llamaba, más que otros días, al menos, rio para sus adentros y abrió la puerta, encontrándose con la Señora Elena Castilla.
- Buenas tardes, Señora Castilla, ¿A qué debo el honor de su visita?- Preguntó un poco curioso en cuanto a la Jefa de un Clan viniera a buscarlo.
- Buenas tardes, Lord Peverell, creo que sería una buena oportunidad de conocerle mejor, he despertado un poco antes para la ocasión.
- Cierto, duermes de día.
- A veces, días como estos, en los que estamos a salvo en un castillo lleno de vampiros y guardias, podemos estar seguros de descansar.
- Interesante. Yo en mi Castillo descanso todas las noches perfectamente. Si soy atacado, puedo confiar en las salas que tengo, incluso en mis familiares para que detengan al intruso… o se lo coman.- Comentó, provocando la risa en la mujer, la cual lo miró todavía riendo, pero al ver que Harrison estaba serio, paró repentinamente.
- ¿Lo dice en serio?
- Por supuesto. Mi Ouroboros, el cual se llama Glycon, tiene como orden de comerse al intruso que tenga malas intenciones. Creo que ahora mide como cinco metros de alto y dos de ancho, bien podría comerse a una persona. El resto de serpientes que tengo en el bosque, tienen también como orden acabar con las vidas o comerse a los intrusos, como en el caso de dos Hidras.- Contó asintiendo con la cabeza, saliendo de la alcoba para poder ir a donde quisiera que fuera la Señora Castilla.
- ¿Me estás diciendo en serio, que eres poseedor de un Ouroboros, dos Hidras y un sinfín de serpientes?
- En efecto. A parte de mis dos familiares, Ningizzida y Apofis, que son basiliscos.
- Claro, y ¿Crees que nací ayer? Oye que no me chupo el dedo…- Se vio interrumpida, cuando las cabezas de ambos basiliscos asomaron por las túnicas de Harrison, mirando con los parpados cerrados, pero con los ojos bien visibles a Elena, la cual saltó hacia atrás un tanto impresionada.
- Vale, lo de los basiliscos pasa, pero lo de las Hidras y el Ouroboros no me lo creo.
- Deberías Señora Castilla, las he visto con mis propios ojos.- Comentó de pasada Radu, el cual miraba un poco presumido ante lo dicho.
- No seas presumido Radu, si ella no quiere creer, mejor para mí.
- ¿Por qué sería eso?- Pidió Lord O´Reilly, el cual se les unió a la conversación en el pasillo, que daba a la puerta de Harrison.
- Debido a que si alguien de su Clan o de su Secta, decide atacar mi Castillo, la falta de información jugará a mi favor. Muchos de los ataques acaecidos hacia mi persona, tenían falta de información de mis enemigos, lo que los llevó a una muerte temprana. Un punto a mi favor.
- Eso es inteligente… creo que de momento voy a creer cuando lo vea con mis propios ojos. Por cierto, he oído que estás prometido a la hija de Radu, ¿Cómo es eso? ¿No eres demasiado joven?
- En absoluto Señora, soy lo suficientemente mayor como para casarme con Irina. Tengo diez años después de todo.- Dijo con un rostro serio y neutro, lo cual el rostro de sus dos oyentes cayó en picada, dejando caer las mandíbulas de la impresión.
Radu, sin poder evitarlo, estalló en risas que pronto se convirtieron en carcajadas. Lord O´Reilly, creyendo que era algún tipo de broma, comenzó a reír. Los únicos que no reían eran Harrison y Elena.
Harrison porque decía la verdad, aunque aparentara más edad debido al entrenamiento de tres años en la sala especial.
Elena, porque no podía creer la edad que tuviera el nigromante enfrente de ella, nadie en su sano juicio dejaría que su hijo convocara espíritus y fuera de viaje al inframundo como pasatiempo. Ni mucho menos hacer magia a esa edad tan joven.
Cayendo en la cuenta de que tal vez Radu estuviera riendo de puro nerviosismo o insensatez, Lord O´Reilly decidió probar la edad de Harrison.
Sacando la varita rápidamente, hizo un movimiento un poco intrincado y lanzó el hechizo, el cual le dijo que realmente tenía diez años de edad.
- ¿Cómo es posible? Te ves como si tuvieras trece…
- Es curioso como actúa a veces la magia, ¿Verdad?
- ¡No hay magia que pueda hacer tal cosa, como el envejecimiento y que dure! Las Pociones son una cosa, los glamour otra, pero algo así de duradero, es imposible.- Insistió Elena, sacando su propia varita y agitándola nuevamente en Harrison, el cual, con un movimiento de su mano, interceptó el hechizo para ver la edad.
- Eso es molesto por lo menos. Es magia familiar lo que me ha permitido crecer mi cuerpo físico a la edad de trece años. En realidad sería doce, pero al haber cumplido los diez el 31 de julio de este año, el cuerpo ha sido cumplido a los trece. Así de fácil.
- ¿Pero por qué?- Preguntó sin entender el irlandés, el cual no cabía en su estupefacción.
- Esos son motivos privados, mi Lord. Lo siento si no se los respondo. Es a los Alucard, que han sido respondidos y a medias.
- Eso es cierto…- Comentó Radu, dejando de reír, ya no era graciosa la situación. – De todas formas, ¿Qué hacemos parados aquí afuera, Harrison?
- No lo sé, suponía que la Señora Castilla quería ir a dar algún tipo de paseo antes de la cena.- Todas las cabezas se giraron a la mencionada, la cual salió de su ensimismamiento, negando con la cabeza.
- En realidad no, he recibido noticia del jefe de mi Secta, quiere una reunión contigo para negocios, yo también. Pero quería un entorno más privado.
- Entiendo.- Asintió con la cabeza en reconocimiento, al parecer no era la única, pues Lord O´Reilly también quería reunirse con él.
- Yo tan solo pasaba por aquí… para ir a cenar. No tardes Harrison o te quedarás sin nada y las reuniones son largas y aburridas.
- No digas eso, cuando estoy yo presente, suelen ser entretenidas, o eso es lo que dice Arcturus al menos.
- Ese viejo no tiene la menor idea de lo que es divertido. Sí, entretenido puede ser, sobre todo ver como pones en su lugar a los viejos que te fastidian o que lo intentan, pero no es divertido.- Aseguró Radu asintiendo con la cabeza, al menos hasta que se dio cuenta de las cejas alzadas de sus oyentes. – Me disculpo, creo que debo irme. Buenas tardes a todos.
- Hasta luego Radu.- Dijo Harrison, abriendo nuevamente la puerta y soltando a los basiliscos, los cuales corrieron a la piedra caliente, para dormir un rato más, aunque en realidad estarían vigilando los dos vampiros, por si acaso.
Convocando con un movimiento de su vara, sacada rápidamente y casi sin que se dieran cuenta los Jefes de Clan, dos sillones de cuero negro con las crestas de los Clanes en ellos aparecieron.
Con otro movimiento y su silla Peverell, apareció. Sentándose en ella, conjuró una mesa de roble oscuro, la cual serviría para hacer papeleo.
- Dobby, trae por favor, pergamino, tinta y plumas. También una pluma de sangre.
- Enseguida Maestro.- Dijo el pequeño ser desapareciendo, para reaparecer al momento, con lo pedido.
- ¿Cómo lo hace? Y no digas que es magia.
- Está bien, no lo diré.- Con una sonrisa en sus labios, vio como la mujer fruncía el ceño ante la negativa de decir nada más. Viendo que podría causar un posible enfado, se apresuró a añadir. – Los vampiros tenéis la mala costumbre de tener humanos o Squibs como ayudantes y mayordomos. Sin embargo, los mágicos, al menos los que nos podemos permitir el lujo de tener elfos domésticos, tenemos la bendición de que ellos tienen su propia magia, aunque haya magos tan estúpidos se no ser capaces de ver lo que tales criaturas pueden llegar a ser.
Lo que hace Dobby para viajar es un traslador internacional que Dobby ha creado, por supuesto, bajo mi orden.
Ahora bien los trasladores no pasarían por las barreras de un edificio como éste, pero la magia élfica es singular. Un elfo doméstico puede aparecerse y desaparecerse en cuestión de momentos, como Dobby bien hace cuando lo llamo o como los otros elfos domésticos de anoche, hicieron para servirnos a Irina y a mí la cena. Con el traslador es todo más rápido y no cansa a Dobby, pues así no tiene que hacer varios saltos seguidos.- Explicó Harrison a ambos vampiros, los cuales tenían una mirada singular.
- Vale, está bien, a lo que íbamos. Como te dije antes, mi Jefe de Secta ha oído acerca de las islas que quieres conquistar en el Norte de Gran Bretaña. Le gustaría entrar en el negocio.
- Está bien, pero ¿Para conquistarlas o para el negocio de los alimentos?
- ¿Tú que crees?
- Que siendo vampiro, imagino que para conquistarla. El problema será que de momento me voy a quedar con tres islas, de esas tres islas he pactado el noventa por ciento de los muggles con Lord Alucard.
- ¿Lord Alucard?- Preguntó Lord O´Reilly, el cual levantó una ceja en cuestión del título. – No sabía que Vlad XLV Alucard fuera un Lord.
- Tiene un asiento en el Wizengamot inglés, por ello su Casa fue subida al estado de Antigua y Noble. Que lo haya conseguido comprando el asiento, no te lo puedo refutar, pero el protocolo indica, que he de tratarlo como Lord.
- Entiendo. Solo preguntaba.- Comentó sin dar mucha importancia a la explicación de Harrison. – Por cierto, me gustaría que pudiéramos tutearnos, si le parece bien, Lord Peverell.
- Sería un honor, Lord O´Reilly.
- Llámame Eóghan.
- Entonces, llámame Harrison.
- Elena por mí, mis Lores.- Una vez terminados los trámites del tuteo, se volvieron a poner las manos a la obra, en lo que se refería a los negocios de las islas.
- Entendemos perfectamente que tengamos que hablarlo con Lord Alucard, pero en lo que se refiere a tres islas, ¿No le parece poco?- Pidió Elena, viendo como el rostro de Harrison cambiaba, pero volvía rápidamente a la neutralidad.
- Según sean las islas de grandes. Tenía pensado en tomar las islas Shetland de momento. Es un archipiélago de islas y tienen bastantes. Me tomará bastante tiempo en llevar a cabo en el Wizengamot al menos, la aprobación de la caza de muggles nuevamente. Sobre todo con los malditos mortífagos atacándome continuamente.
- Sí, eso es un problema. Pero se puede solucionar.- Expresó sin mucha importancia Eóghan, el cual se relamió un poco los labios.
- Matarlos sería un problema, dado que hay ciertos Lores que están implicados. Según nuestras leyes antiguas, no podemos tocarlos.
- A no ser que se cambien esas leyes.
- Soy todo oídos, Eóghan.- Pidió una explicación Harrison en cuanto a su punto de vista, él mismo sabía que se podían cambiar las leyes o al menos manipularlas, para que toda persona que perteneciera a una orden terrorista como los mortífagos, se les diera caza, pero desgraciadamente, los anteriores ministros habían exonerado a aquellos que pertenecieron a la antigua banda criminal, quedando unos pocos en Azkaban.
Tampoco le interesaba que el pasado de sus aliados más cercanos como los Lestrange y los Black saliera a la luz. Si bien solamente Regulus cometió el error de unirse a las filas de Voldemort, no podía pagar la familia entera por ello.
- Lo sabes, pero no quieres hacerlo.- Afirmó Eóghan asintiendo en la comprensión.
- De todas formas, creo que nos salimos del tema nuevamente, lo que podamos hacer para ayudar… en la posición de tu ministerio, solo tienes que decirlo.- Intervino Elena, cruzando las piernas, dejando ver un poco de su vestido.
Al levantar un poco la ceja Harrison, ella solo sonrió un poco seductoramente.
- Ese truco no funcionará conmigo, Elena.
- Lo tenía que intentar, no puedes culpar a una chica por estos intentos. Mis disculpas.
- Aceptadas, pero tienes razón en una cosa, nos salimos del tema. Creo que podría haber una posible solución para que Vlad comparta su botín o su parte de él.
- Ahora nosotros somos todo oídos, Harrison.- Sonrió esta vez de verdad y poniéndose seria.
- Antes de nada, me gustaría una pequeña lección de historia y aclaración. Primero creo que la aclaración vendría bien.
- Está bien, ¿Qué tienes en mente?
- ¿Lord O´Reilly también se une a este comercio?
- No, mi Clan no está muy interesado en los problemas políticos que pueda dar… pero si sale bien en un futuro es muy posible que nos interese.
- Está bien. Ahora, ¿Cómo son las elecciones para un nuevo Jefe de Secta? ¿Lo proponen los ancianos, o votan los Jefes de las Sectas o los Clanes?
- En el caso del Conde Dracul, sería una propuesta por los ancianos. Pero se suele llevar a cabo por el poder político y económico del vampiro. Quien tenga más poder es el que se hace cargo.
- Entiendo. Y si digamos que… Vlad Alucard debería ser elegido como Jefe de la Verdadera Mano Negra, ¿Se podría hacer?
- Sería difícil de lograr, pero no imposible. Si los ancianos ven que tiene el apoyo de los otros Jefes de Secta, entonces podría ser nombrado por ellos.- Confirmó Elena pensando en lo que proponía Harrison.
- Así que solamente, se necesita el apoyo de los Jefes de Secta y la autorización de los ancianos. Ahora digamos que involucramos en el negocio a los demás Jefes de Secta. Son cuatro Sectas, divididos el noventa por ciento de los muggles…
- Sale a veintidós y medio por ciento de muggles. Supongo que el medio no contaría.- Contestó rápidamente Eóghan, lo cual recibió un asentimiento por parte de ambos negociantes.
- Pero todo esto depende de la suerte y de que los demás Jefes decidan entrar en el negocio.- Se quejó un poco Elena, la cual hizo un mohín un tanto lindo, Harrison no sabía que pasaba con las vampiresas y sus mohines, dado que les salía bien hermosos, pero no iba a quejarse al respecto.
- Cierto, pero seguramente que podrás apañártelas.
- ¿Por qué yo?
- Porque también estás interesada en tu Clan. Si hacemos un nuevo contrato con las islas de Shetland, para que únicamente se cojan los muggles de allí, puede que un futuro quiera expandirme a otras islas, como la de Man. En ella podríamos ir al cincuenta por ciento.
- ¿Y qué harías con tantos muggles?- Preguntó curioso Eóghan, el cual suponía que los utilizaría para rituales nigrománticos, pero tantos como el cincuenta por ciento de una isla, eran demasiados incluso para él.
- A parte de iniciar un negocio de comida basado en granjas, llevado puramente por mágicos, también tenía pensado en cotos de caza.
- ¿Para cazar muggles?- Pidió comprendiendo la situación. No solo vendrían de Gran Bretaña, sino que vampiros de todo el mundo harían cola para ir de cacería legalmente y sin repercusiones. Si a todo ello se le añadía el hecho de que pagarían una suma de oro, Harrison pronto se haría mucho más rico de lo que era.
- Exacto. También puedo aconsejar a vuestros Jefes que hagan algo similar, en vez de un coto de caza en sus propiedades, que hagan más… como una fábrica de muggles, en los que se cosechan. Para algo existen los encantamientos estasis.
- Interesante propuesta. ¿Crees que Vlad acepte?
- Puede que sí, sobre todo sabiendo que tiene probabilidades de llevar la Secta.
- ¿Por qué estás interesado en que la lleve?- Pidió sin comprender Elena.
- Por su condición de mestizo. Si los ancianos ven que…
- A los ancianos les da igual quien lleve una Secta, sea mestizo o no. Eso es solo de gente como Vlad Dracul, el cual es un hipócrita, ya que él ni siquiera es sangre pura. Es un converso.
- Entiendo. Aparte, creo que haría un buen trabajo en llevar la Verdadera Mano Negra. Tal vez una paz sea hecha con su labor.
- En eso estoy de acuerdo. Ahora las tensiones son más grandes debido a los delitos de sangre que su antepasado ha hecho.- Dijo Elena de acuerdo con Harrison, lo que llevó a un silencio cómodo entre los tres de ellos.
Harrison pensaba en qué hacer a continuación, pues si bien podrían reescribir el contrato que tenía con Vlad, él podría estar en desacuerdo e incluso ofenderse, es algo que debería llevar con sumo cuidado.
- Dame un par de horas para convencer a Vlad y Radu.- Finalmente dijo Harrison sabiendo lo que tenía que hacer.
La oportunidad que se le presentaba era muy grande, como para dejarla pasar, así que intentaría por todos los medios que funcionase.
- Está bien. Cuando pasemos a las cámaras, me podrías decir su respuesta. Pero realmente tenemos prisa.
- Entiendo. Solo una pregunta más.
- Claro, dime.
- En España, como es el gobierno. Es decir, ¿Os menosprecian a los vampiros por ser lo que sois o vuestro gobierno aprecia vuestra existencia?
- Tanto como apreciar… no, nuestro gobierno nos tolera pues sabe que tenemos poder económico y eso a ellos les viene bien. El gobierno mágico está en desacuerdo con la decisión de la ICW sobre informar al presidente muggle, algo que es totalmente una pérdida de tiempo, pues cada cuatro años cambian de presidente. Aparte de todos los ministros que se pueden enterar de la existencia de los mágicos. ¿Por qué lo preguntas?
- Por nada, de momento al menos. Me has dado en algo en lo que pensar. Es posible que en un futuro me ponga en contacto contigo, para que me des una entrevista con tu gobierno. Espero que no te importe.
- En absoluto.-Comentó Elena, levantándose del sillón y estrechando la mano de Harrison, lo cual sellaron el trato que habían estado discutiendo. – Dos horas, la decisión que tome Vlad me la cuentas luego.- Recordó, dando una inclinación de cabeza a ambos hombres de la habitación y saliendo por la puerta.
Tanto Harrison como Eóghan se quedaron a solas en completo silencio, mientras que cada uno estaba sumido en sus pensamientos.
- Creo, Eóghan, que ahora es tu turno de proponerme algún negocio.
- De hecho, lo es.- Contestó asintiendo, pero no diciendo nada todavía, parecía que estaba midiendo las palabras o midiéndole a él. – He estado pensando en los diferentes negocios que tengo en Irlanda, más mi Clan.
- Te escucho.
- El negocio es simple, pocos vampiros de mi Clan son mágicos, como sabes, no todos los vampiros tienen magia. Algunos son muggles, otros Squibs y el resto mágicos de varios poderes.
- Eso no lo sabía. Siempre pensé que la raza vampírica era puramente mágica.- Admitió Harrison con una sonrisa un tanto tímida.
- Bueno, no es un problema, pero el verdadero problema que tengo es que mis hombres no pueden encontrar mucho trabajo. Actualmente son pesqueros y pequeños cazadores, pero este tipo de trabajos está desapareciendo por las industrias muggles.
- ¿Qué necesitarías?
- Un puerto en el que atracar los barcos pesqueros y nuevos clientes. Al escuchar de Vlad lo que quieres hacer con las islas Shetland, me gustaría proponerte que mi Clan se dedique a la pesca.
- ¿Abastecéis a las familias mágicas de Irlanda?
- Y a algunas Squibs, sí. Pero no se puede hacer mucho a base de pescado y un poco de caza.
- Entiendo. Desafortunadamente no poseo ningún puerto, de momento. Pero podríamos hacer un contrato comercial preliminar, en el que indique que tus hombres son bienvenidos a pescar en las aguas de las islas Shetland, cuando las tenga bajo control, a cambio de un pago.
- Por supuesto. ¿Cuánto sería?
- El cuarenta por ciento de lo que pesquéis.
- ¿Solo? Pensé que dirías el cincuenta por ciento.
- Sí, mi idea de las islas es para los mágicos de Gran Bretaña, desgraciadamente solo hay cincuenta mil mágicos en la actualidad. Cien mil si se cuentan a los que son considerados criaturas mágicas.
- Entonces, Harrison, tenemos un trato. Únicamente decir que mis hombres pescarían por la noche, sabes que por el día no podemos estar.
- Lo sé. De todas maneras, me gustaría buscar una solución a vuestro problema diurno. Algo que podáis utilizar para salir al día nuevamente.
- Lo hay, pero actualmente está en posesión de…
- ¿FAE?
- Sí, ¿Sabes de su existencia?
- Sí, sé de su existencia, aunque nunca he tenido el placer de conocer a uno.
- Será mejor que no lo hagas, son arrogantes, pensando que el mundo les pertenece, que todas las criaturas vivientes, al menos las mágicas, son consideradas FAE por sus ancianos.
- ¿Cómo los vampiros?
- Exacto. Así que no creo que puedas hacer mucho para ayudarnos, contando que el objeto que buscas es un anillo antiguo. Perteneciente al primer vampiro.
- Ya pondré mis manos en él, de momento, hagamos el contrato.- Dijo Harrison, pensando en el anillo y las oportunidades que le podría dar en investigaciones sobre la raza vampírica. Tenía teorías, por supuesto, sobre todo viendo que los vampiros aún tenían almas, pero necesitaría de unas cuantas fuentes para hacer experimentos. Fuentes, por supuesto que estuvieran condenadas a muerte.
Cogiendo el diario que tenía para sus apuntes e ideas, escribió sobre el anillo y una posible investigación más tardía.
Eóghan vio que escribía en un libro, como una especie de Grimorio, pero no dijo nada al respecto, cada cual tenía sus pasatiempos.
Después de escribir el contrato comercial y firmarlo ambos con una pluma de sangre, algo que no le gustó mucho al Lord vampiro, pues no era de los que se dejaban sangrar, sellaron la nueva alianza yendo los dos a por una copa, de la cual, para Harrison era un poco de vino élfico, antes de cenar y para el Lord, sangre.
Momentos antes de que la reunión de los Jefes comenzara, Harrison se reunió en privado con Vlad, para hablar de un asunto importante.
- Me tienes en ascuas, Harrison. ¿De qué se trata?
- Vlad, he recibido una oferta interesante de parte de Elena, pero la cual exige ciertos cambios en nuestro acuerdo de las islas que tenía pensado en asumir.
- ¿Qué tipo de oferta has recibido?
- Deja que te explique desde el principio mi reunión con ella, luego puedes decidir, pero creo que será interesante para todos.- Opinó Harrison, reclinándose contra la silla del despacho de Vlad, que irónicamente, era el antiguo despacho del Conde Dracul.
En pocas palabras Harrison relató el acuerdo que quería llegar con Elena si él aceptaba su parte nueva en toda la historia, que sería hacerse cargo de la Secta, La Verdadera Mano Negra.
En breves palabras, aparte de dejar de llevarse el noventa por ciento de muggles, ahora tendría que compartir con las otras tres Sectas un veintidós y medio por ciento de muggles.
- Suena tentador, por como lo describes, pero me había hecho a la idea de proporcionar los muggles a la Verdadera Mano Negra por mi cuenta, aunque de la manera que le propusiste a Elena, debo decir que es algo ambicioso de tu parte verme como Jefe. ¿Te das cuenta, de que Radu tendrá que hacerse cargo del Wizengamot?
- Me doy cuenta. También me doy cuenta de que no le gusta la política, por eso puede poner a un proxy en su lugar. Livia encajaría muy bien dentro del Wizengamot. Es inteligente y despiadada en la arena política, al menos de las conversaciones que habéis tenido.
- Cierto. Ella llevaría como Proxy el asiento bastante bien, pero podrías tener problemas con ella.
- ¿Qué tipo de problemas?
- Hay cosas que no le gustan, cosas que haces en el Wizengamot sin avisar a veces.
- Entiendo. Puedo prometerle que la avisaré, pero no puedo prometerle no aprovechar una oportunidad cuando la vea, sin previa consulta.
- Está bien, pero tendremos que ir a Gringotts para actualizar el contrato.
- Por supuesto. Una vez que las reuniones terminen y que los Lores se marchen, creo que podremos volver al Castillo Peverell, por Flú, me niego a utilizar métodos muggles de nuevo.- Negó con la cabeza Harrison, viendo una ligera sonrisa en el rostro de Vlad, el cual aceptó los términos de viaje del joven.
La verdad, Vlad aceptó la propuesta de Harrison tan rápido no porque fuera prometedora ni nada en absoluto, sino porque cuanta más gente influyente dentro de las Sectas y los Clanes hubiera dentro de las islas, el negocio que pretendía crear Harrison sería mucho más rentable, logrando así que muchos mágicos se le unieran en las islas como trabajadores.
Vlad se había dado cuenta de las opiniones de Harrison sobre los hijos de muggles y lo que quería para éstos, quería crear un negocio que pudiera dar trabajo a los hijos de muggles, preparándolos para que entendieran el mundo mágico.
Puede que al principio le costara un poco hacer tal ardua tarea, pero la cuestión es que ya había comenzado todo en Hogwarts debido a las clases que había instalado de tradición y cultura mágica.
Caminando lentamente por los pasillos, separándose de Harrison para ir a ver a su hermano y su esposa, Vlad meditó sobre lo que ahora quería en relación con Harrison.
Antes había firmado un contrato de alianza comercial debido a que su familia se podía beneficiar de estar aliados con Harrison, pero ahora Harrison iba a formar parte de su familia, cuando Radu hizo algo bien para variar.
Siendo él mismo, ofreció a su hija mayor en matrimonio a Harrison, al principio fue como una broma entre todos cuando buscaban el Horrocrux, pero se hizo realidad y por suerte, su sobrina al parecer se enamoró del joven nigromante, algo totalmente inesperado pero beneficioso, así si pasaba algo entre el acuerdo comercial que tenían, ninguna de las partes saldría perdiendo todavía, pues la Familia Alucard ganaría prestigio en la comunidad inglesa y la Familia Peverell ganaría aliados en lo que se refiere a votos en el Wizengamot y por supuesto, Harrison una esposa, de las cuatro que tenía para ir todavía.
Cinco esposas, no sabía cómo lo haría Harrison, pero seguramente podría sobrellevarlo sin muchos problemas.
Había visto con sus propios ojos como interactuaba con sus prometidas, las cuatro al mismo tiempo, dedicándole a cada una su especial y debida atención. Vlad estaba seguro de que Harrison sería un buen esposo y padre algún día. Sobre todo a la hora de enseñar a sus propios hijos los entresijos de la magia oscura y como era mejor para lanzar hechizos y maldiciones sin que te drenaran.
Eso sin contar, del entrenamiento que les había proporcionado a sus sobrinas en Oclumancia. Todo ello junto, hacía que no le importara llevarse un porcentaje menor de las islas Shetland, las cuales si bien no eran tan grandes como Gran Bretaña, eran lo suficientemente grandes para albergar muchos muggles.
Además, habiendo sabido acerca del consejo de crear una especie de fábrica o granja de cultivo muggle, le hizo pensar que podrían hacer que el porcentaje que se llevaran cada uno, pudiera "reproducirse" para así aumentar la producción de sangre.
Su familia no es que necesitara mucha sangre para sobrevivir, pero otras familias y clanes sí, por lo que Vlad podría dedicarse al comercio de la sangre, legalmente, sin tener que secuestrar muggles.
Todo ello lo contaría a su hermano y su familia, para que al menos pudieran ser capaces de no llevarse una sorpresa desagradable, sobre todo Livia.
- Hermano, tenemos que hablar seriamente.- Entró Vlad sin mucha discreción o sutilidad, viendo a su hermano levantarse con una mirada preocupada, sabiendo lo que iba a venir o al menos intuyéndolo. – Harrison nos ha conseguido un mejor trato en lo referente de las islas. Si dejamos que los otros Jefes de Secta se involucren, yo podré ascender en el escalafón de la Verdadera Mano Negra, asumiendo el liderazgo. ¿Sabes lo que significa?
- Que me quedaré con los viejos del Wizengamot… hablando de tonterías todos los días… ¿Por qué? ¿Tanto me odiáis tú y Harrison?
- No seas crío, Radu.- Amonestó Livia con un rostro divertido. – El Wizengamot no es tan malo, si tan solo pudiera ir yo en vez de tú, lo siento Vlad.
- No te preocupes, hemos, bueno Harrison ha pensado, mejor dicho, que Livia debería asistir a las aburridas reuniones, como lo propones, siendo la Proxy de la familia.
- ¿Qué? No puede ser… pero Corina…
- Ella trabaja en Hogwarts como profesora de Historia de la magia, sabes cuánto le gusta enseñar historia.
- Sí… lo sé, pero no sé qué decir al respecto. ¡Has oído Radu, puedo ir a la arena política!- Gritó exaltada y alegre Livia al oído de su esposo, el cual hizo un gesto de dolor.
Vlad veía todo divertido, de la manera en que su familia debía ser y no por como quería que fuera su maldito antepasado, asesino de muchos, sobre todo de su padre, algo que pensó en ello durante muchos años. Ahora el futuro le deparaba algo bueno y lo pensaba defender con todo lo que tuviera a su alcance.
Salto de escena.
Las reuniones en la sala o la cámara de reuniones como la llamaron algunos de los vampiros, era enorme, con la suficiente capacidad como para albergar al triple o cuádruple de los vampiros reunidos.
Cada cual fue entrando en parejas o solo, hablando con todos al mismo tiempo, pero en voz baja, para que no se pudiera escuchar, algo que aprobaba totalmente Harrison.
Una vez dentro de la cámara, los Jefes Vampiros deambulaban visitando a quienes querían proponer un negocio u ofrecer alguna hija o hijo en matrimonio.
Harrison vio como los Sin Clan permanecían neutrales en las conversaciones, llegando a ser un poco asertivos.
Para él le parecía bastante bien, pues al parecer se habían acercado cuatro Jefes de Clan más para proponerle algún tipo de negocio, tal como que entrara en la ruta de la seda que iba a Oriente o que entrara en el negocio de los rompe-maldiciones, algo que no tenía muchas ganas de hacer, a no ser que fuera totalmente necesario, por algún tipo de misión.
Elena se enteró por Harrison y Vlad que estaba bien para ambos el negocio propuesto para el Jefe de Secta, lo cual lo celebraron con el mismo, metiendo a los demás también en el "ajo" proverbial.
No mucho tiempo más tarde, un par de horas, Harrison yacía sentado en su silla aburrido de su mente, del tipo de reunión que se estaba llevando ahora.
Al parecer cuando los negocios terminaban, los Jefes de Secta, anunciaban como iban las inversiones y las adhesiones a sus propias Sectas, así como los Jefes de Clanes que tenían que dar algún tipo de resumen detallado.
Teniendo a Vlad al lado, vio como éste apuntaba todo en una especie de tomo grueso, algo que le valió la pena de una mirada en su dirección.
- Sé que es un poco aburrido ahora, pero luego se pone más interesante.
- Sí, ¿No me digas? ¿Qué hacen, hablar de las elecciones a Jefe de Secta y Clan?
- La verdad es que sí.- Dijo sorprendido de que hubiera sabido lo que se iba a discutir a continuación.
- No puedes estar hablando en serio, Vlad. A mí me gustan este tipo de reuniones, no te lo discuto, pero hay ya diez vampiros que tienen una voz monótona, de esas que te ponen a dormir. Me recuerdan un poco a Cuthbert Binns, el antiguo profesor de Historia de la Magia. Cuando fui a exorcizarle, casi me mata del aburrimiento con su voz.- Explicó con una mueca de desagrado en su rostro, lo cual era cierto. El hombre era más aburrido fuera de la clase, que dentro de ella y eso que no había tenido el placer de dar una clase con él.
Vlad no pudo evitar sino reír ante la cara de Harrison, le recordaba un poco a la de su hermano.
- ¿Y qué haces aquí, todavía? Si tanto te aburres, por qué no te vas de la reunión.- Pidió anotando un par de cosas en su libro.
- No puedo, sería una falta de respeto hacia los Jefes de Secta y Clanes.
- ¿Falta de respeto? No, qué va. Hay muchos que ya se han marchado, otros que no les dará tiempo de presentar sus informes. Mañana será igual, Harrison, solamente informes, los negocios han concluido.
- Bueno, en ese caso, me voy. Por cierto, me gustaría pedirte un favor.
- Claro, dime.
- Necesito que Irina se quede en mi cuarto mañana o estar en el cuarto de Irina mañana, hasta el día siguiente.
- ¿Por qué es eso?
- Entrenamiento. Más concretamente, yo que ella. Tengo un baúl en el que podré entrenar un año, siendo en realidad un día.
- Entiendo, veré que puedo hacer.- Prometió Vlad, viendo como Harrison se levantaba y encogía la silla que había traído con él. Guardándola en el bolsillo de la túnica, comenzó a hacer su salida, deteniéndose un par de veces para despedirse de los Jefes de Clan que había conocido y alguno de las Sectas que lo interceptó.
Cuando Harrison salió de la sala de reuniones de los vampiros, se estiró perezosamente y fue a dar un paseo. Estaba cansado, por la hora que era, había estado todo el día haciendo cosas y reuniéndose con la gente para mejorar su estilo de vida y negocios.
Fue por ello que salió a tomar un poco de aire fresco, cuando fuera, se encontró con dos gobblins discutiendo en voz baja.
- Saludos, Maestros gobblins.- Saludó Harrison en su idioma, lo cual ambos pararon la discusión, mirándolo atentamente por unos segundos.
- Saludos Lord Peverell, ¿Qué hace aquí afuera? ¿La reunión ha terminado?
- Para mí sí, Maestro Gobblin. Se ha vuelto más aburrida que las reuniones del Wizengamot, y eso es decir mucho.- Con una sonrisa dentada de sus interlocutores, le contaron a Harrison que todo estaba en orden aquí afuera, salvo por el hecho, de que a veces algún que otro vampiro los miraba de manera extraña, como si los estuviera evaluando.
- Eso es interesante. Es muy posible que el antiguo general o teniente, Mihail tenga hombres dentro. No sabemos quiénes son, así que tened cuidado.
- ¿Esperas algún tipo de ataque?
- Espero una venganza por su parte. Tuve entendido que pretendía a Irina, con al cual me voy a casar. También le echaron de Poenari, seguramente cree que es mi culpa.
- Entendemos, doblaremos la vigilancia en ese caso. Solo esperamos que haya acción pronto.
- Seguramente, ese vampiro es un cobarde, no atacará solo. Puede que traiga a los licántropos del clan de Grayback.
- Entonces daremos caza a esos lobos…- Fueron las únicas palabras que dijo, pues un gran ruido, como de destrucción se escuchó en los niveles inferiores, levantando una humareda de humo, rocas y polvo.
Harrison rápidamente lanzó sobre los tres de ellos un escudo protector, para que las rocas que cayeran no les dañaran.
Seguidamente, un temblor de tierra sacudió el castillo entero, desequilibrando a los dos gobblins y al hechicero, de sus pies, cayendo al suelo.
Harrison buscó con la mirada el problema, hasta que lo encontró en el acantilado, rocas caían al agua, rompiéndose a un ritmo exponencial. Si eso seguía así, el castillo Poenari, pronto pasaría a formar parte de las profundas o poco profundas aguas del mar.
Con rápidos movimientos de su vara, logró parar la avalancha momentáneamente, transfigurando las rocas en pilares y contra pilares para que sujetaran el acantilado.
- No durará mucho tiempo, Maestros Gobblins. Voy a avisar a los que siguen en la reunión…- Tras esas palabras, Harrison salió corriendo de ahí, viendo como los gobblins se ponían en marcha tras un asentimiento de cabeza.
Lo principal ahora era la evacuación del castillo Poenari.
Deteniéndose momentáneamente, recordó que en su habitación estaban los retratos de sus antepasados, junto con muchos libros en uno de los baúles, su baúl personal y el de entrenamiento.
- Dobby.- Llamó a su elfo doméstico, mientras reanudaba a un paso un poco más ligero.
Tras un pop, el elfo se apareció y Harrison procedió a ordenarle que llevara sus cosas de su alcoba, inmediatamente al Castillo Peverell. También le pidió que los otros elfos hicieran más trasladores de esos, de los propios elfos, para poder llevarse a los Alucard al Castillo.
Tras un asentimiento de cabeza y desearle buena, suerte, el elfo excitable desapareció rumbo a su alcoba apresurándose a obedecer con las órdenes de su Maestro.
Renovando la carrera, Harrison pronto llegó a las dobles puertas custodiadas por dos vampiros y dos gobblins, los cuales no debían haberse enterado del ataque.
- ¡Estamos bajo ataque! ¡Poenari se cae al mar!- Fueron las palabras de advertencia, cuando de repente, los cristales y puertas que daban al gran salón, estallaron hacia afuera, revelando la manada de Grayback sin transformar, al menos completamente. Había una parte que estaba transformada en lo que parecía una forma humanoide, pero lupina no obstante. Más que un lobo, parecía un monstruo sacado de una película de terror, de aquellas que les gustaba ver a los muggles Dursley.
- ¡Avisad a los Jefes!- Ordenó Harrison a los dos vampiros que estaban parados, como si estuvieran en estado de Shock, mientras que él y los dos gobblins entraban en combate rápidamente.
Siseando a sus serpientes para que salieran de él y se unieran al combate, Harrison comenzó lanzando transfiguraciones a los escombros, convirtiéndolos en picas de plata, para poder traspasar a los licántropos o al menos intentarlo, pues rápidamente se vio envuelto en una reyerta con cuatro magos al mismo tiempo.
Dos de ellos enmascarados con máscaras blancas de mortífago, los otros dos con harapos, sucios y malolientes, los cuales lanzaban maldiciones oscuras de bajo nivel, no obstante, Harrison esquivaba o sacaba escudos. Estaba a la defensiva.
Los magos rápidamente rodearon a Harrison, dos delante y otros dos detrás, tomando posiciones de ataque continuas, mientras que los licántropos atacaban sin piedad a los gobblins y los soldados vampiros que salían a defender el castillo.
Las puertas de la sala de reuniones, rápidamente se vinieron abajo, pero desde dentro hacia afuera, lo que significaba que Vlad, había escuchado o sentido al menos que las salas se venían abajo.
Al estar en la posición en la que se encontraba actualmente, Harrison tomó varias decisiones al mismo tiempo, con un siseo, mandó una maldición de color verde enfermizo al hombre con harapos, al lado del mortífago que tenía detrás; justamente, antes de que diera la maldición, Harrison se alzó en vuelo rápido, sorprendiendo a los magos que repentinamente pararon de lanzar maldiciones a él.
Craso error, pues fue su apertura para atacar desde las alturas, posándose rápidamente en una viga, Harrison lanzó la primera maldición que se le ocurrió.
- Bombarda Máxima.- Fue susurrada, más no obstante aunque la hubiera gritado con todas sus fuerzas, sus atacantes no la oirían, pues había tal ruido de maldiciones, sonidos de espadas e incluso insultos a los lobos, que apenas se podía escuchar nada.
El suelo, debajo de él, tembló ante la maldición chocar, más no hizo mucho daño, solo a los que estaban ahí, las piedras y otras cosas, actuaron como metralla, dañando un poco a los cuatro magos.
Apuntando a uno de los licántropos en su forma lupina y humanoide, lanzó una maldición de laceración, la cual solo hizo un pequeño corte, superficial en sí mismo.
Viendo con fascinación como volvía a cerrarse, el lobo saltó hacia donde Harrison estaba, lo cual tuvo que bajar para no ser devorado o arañado con las fuertes garras que veía acercarse rápidamente. Saltando de la viga y tomando un pequeño, pero rápido descenso, aterrizó en medio de una trifulca entre vampiros y licántropos, los cuales se quedaron por unos segundos observándolo.
Segundos que Harrison supo aprovechar, para lanzar más maldiciones letales y oscuras. Una de ellas hizo que uno de los cráneos de los licántropos estallara en una salpicadura de sangre y sesos, manchando a sus hermanos transformados.
Otra de ellas, cortó el brazo de un licántropo que iba a asestar un golpe fatal a un vampiro desconocido.
No tuvo tiempo para ver más, pues los licántropos se abalanzaron hacia él, convocando una de las espadas que había tiradas en el suelo, la cogió y la metió por el gaznate del licántropo que venía corriendo hacia él, matándolo en el acto.
Soltando la espada, comenzó a dar vueltas, lanzando maldiciones asesinas, como caramelos daba en sus tiempos Dumbledore.
Así fue matando a los de la manada de Grayback y mortífagos que aparecían en su visión, acabando un poco más desgastado de lo que esperaba.
Llegando a un punto muerto, donde había bastantes escombros como para transfigurarlos en una cúpula protectora y observar un momento, mientras descansaba, llamó en Pársel a sus familiares y cuando vio que estaban cerca, comenzó a transfigurar y defenderse al mismo tiempo de más de los hombres sin transformar del maldito de Grayback.
Las maldiciones llegaban a un punto, en el que Harrison tendría que dejar de transfigurar la cúpula, pues los cadáveres tanto de los aliados como de los enemigos se amontonaban en el suelo.
Cansado ya de que le obligaran a defenderse, con la mano libre, sacó su daga y la lanzó a un enemigo al azar, teniendo la suerte de que se le clavó en la pierna.
Momentos después, ese enemigo cayó al suelo muerto, por envenenamiento de basilisco. Harrison comenzó a convocar la daga y lanzarla con Expulso hacia los mortífagos, los cuales eran más inteligentes y se apartaban del camino.
Con la vara se defendía al mismo tiempo, comenzando a sudar y a tener ciertos cortes en la túnica de gala.
Maldita sea, si no fuera por la armadura de piel de basilisco, seguramente estaría muerto o ya lo habría estado, fue uno de sus pocos pensamientos, los cuales cruzaban rápidamente su mente, analizando la situación, en los pocos momentos de tranquilidad que tenía.
- ¡Sectusempra!- Vino un grito desde atrás de Harrison, el cual se tiró al suelo, sabiendo muy bien lo que hacía esa maldición.
Una vez en el suelo, rodó hacia la derecha, lanzando su maldición de corte de diamantes, la cual rompió el escudo de tres mortífagos y acabando con dos, escindiéndolos por la mitad. Con un grito de ira, el que quedaba en pie, fue lanzando maldiciones asesinas y de color purpura, no sabía lo que hacían esas, pues no las reconocía, pero no se quedaría ahí para averiguarlo.
Esquivando las verdes y purpuras, Harrison logró transfigurar escombros en animales, los cuales tomaban las maldiciones por él, dándole el descanso suficiente para avisar a sus basiliscos que utilizaran la mirada de muerte en el enemigo.
La mirada del basilisco, era letal a quien lo mirase directamente a los ojos. Caía muerto en cuestión de pocos segundos, sin poder hacer nada. También era un peligro para los aliados que tuvieran la desgracia o mala suerte de mirar en esa dirección, en el momento. Pero las bajas por ese tipo, se podría decir que serían bajas colaterales. La cuestión era salir de la situación con vida y Harrison utilizaría todo a su alcance, incluso las miradas de sus familiares, para sobrevivir a la noche.
Por otra parte, Vlad Alucard, se encontraba dentro de la sala organizando a los Jefes de Sectas y algunos de los Jefes de Clanes, los cuales se quedaron para proteger a los primeros.
Todos estaban un poco nerviosos, sin saber mucho que hacer, hasta que un grupo de elfos domésticos apareció de la nada, el líder, pudo observar Vlad, era Dobby.
- Maestro nos envía para sacaros de aquí por traslador élfico al Castillo Peverell.- Fueron las palabras mágicas, para que los tres Jefes de Secta más importantes, accedieran a marcharse. Unos pocos de los mismos, se quedaron, negándose a abandonar a los suyos como cobardes.
- Jefe de la Camarilla, no es de cobardes si vives un día más, para combatir al siguiente con tus propias elecciones. No sabemos quién ha orquestado el ataque. Debemos marcharnos y dejar que los gobblins y los soldados cuiden de esto.- Vino la voz de otra Jefa, la cual estaba aferrándose como si de un salvavidas se tratase, la mano del elfo doméstico, el cual tenía un rostro sereno, pero se podía ver que no le gustaba para nada la decisión de la mujer.
- Mi Maestro también está luchando por las vidas de los que hay aquí, tanto si quieren como si no, vendrán al Castillo Peverell.- Dijo el elfo, atrapando de la túnica al que se había negado anteriormente a salir.
Con un "pop" casi silencioso, un grupo de cuatro vampiros y un elfo desaparecieron, dando como señal a los demás de hacer lo mismo.
Vlad no tuvo casi oportunidad, pues el mismo Dobby le agarró pidiéndole que fuera, pues necesitaba a alguien en el Castillo Peverell para mantener el orden, mientras que su maestro no estaba.
Asintiendo con la cabeza, Vlad vio los últimos partir, salvo por Elena Castilla y Eóghan O´Reilly, los cuales se habían zafado con éxito de los elfos y salían a buscar a su aliado o peleas a las que atenerse.
Lo último que vislumbró fue un fuerte rayo caer contra una forma peluda y gigante, entre humanoide y lupina, atravesándole por la mirada del pecho, para continuar quemando a enemigos y todo lo que estuviera por delante. En el breve momento de desaparición y aparición, pensó en Harrison y su entrenamiento en las artes elementales.
Salto de Línea.
Un día antes de la reunión en Poenari.
En otra parte, en unas cuevas de Rumanía, se encontraban diez vampiros de la guardia de Mihail, el propio Mihail y un FAE, trazando planes de ataque sobre el castillo que una vez perteneció a los Dracul, ahora en las manos de Vlad Alucard, un cobarde que había cambiado de apellido, para forjar su propio destino, invitando a un niño al propio castillo, una vez esplendoroso.
Mihail se hallaba meditando sobre lo que el FAE le había comentado de los planes de la Morrigan, la cual se enteró de que el Conde Dracul poseía cierto artefacto que permitía a un vampiro elegir si quería ser mágico o no.
Con esa piedra, la piedra roja en su poder, podría crear un ejército de vampiros conversos y hacer la guerra a las Sectas que estaban en el viejo mundo, pero para ello debía primero asaltar el castillo Poenari, algo que no era tan fácil de hacer.
Si bien tenían la jugada de los licántropos que querían vengarse de sus hermanos caídos, ya no era luna llena y no podían transformarse en lobos. Eso era un problema, pues muchos de ellos no sabían lanzar una maldición oscura decente, aunque sus vidas dependieran de ello.
Terminando de planear como iban a atacar el castillo, Mihail puso mala cara ante ello, pues dependían mucho de la suerte de no encontrarse con los guardias gobblins que habían contratado, o ese era el rumor.
Se sabía entre los vampiros que los gobblins eran una fuerza a temer, pues utilizaban sus armas cortas y grandes, sin mucho esfuerzo.
En definitiva, el plan consistía principalmente en acercarse lo suficiente por debajo del acantilado, abrir un agujero en las salas y comenzar a lanzar hechizos destructores sobre las mismas rocas del acantilado.
La naturaleza y la gravedad harían el resto. Asintiendo a sus hombres para que volvieran a sus puestos, no fuera a ser que sospecharan de ellos, Mihail se dirigió hacia donde el FAE de la oscuridad estaba, el cual hablaba por teléfono, un aparato muggle, bastante grande para su gusto, pero no obstante portátil. Viéndole colgar el teléfono, o suponiendo eso, pues lo guardó en su interior, el FAE se le acercó a susurrarle al oído.
- La Morrigan quiere que traigamos al Conde con nosotros, vivo. También ha dicho que si quieres, puedes traerte a la putita como recompensa.
- ¿Para qué quiere la Morrigan al Conde?
- Eso es asunto suyo. Tú tan solo encárgate de que sea liberado, atado por vosotros o encajonado en un ataúd, me da igual. Solo sé que tenemos un avión esperándonos en el aeropuerto de Rumanía, para ir a Toronto.
- ¿Es privado?
- Lo es.
- ¿Y dice la Morrigan que puedo llevarme a Irina Alucard, como recompensa?
- Exactamente. Pero tendrás que matar o tendremos que matar o quien quiera en este país que maten al tal Peverell ese.- Pidió el hombre mirando a su alrededor, con una ligera sonrisa en su rostro. – Yo puedo hacer que se detenga, que esté el tiempo suficiente parado, para que alguien lo apuñale o le lance la magia vuestra.
-Tu poder serviría muy bien, pero no creo que vaya a funcionar. Se dice que Lord Peverell realizó un ritual para este tipo de cosas, para que no le afecten.
- Ritual o no, soy FAE, seguro que soy más fuerte que él.- Fanfarroneó, riendo abiertamente de que un niño se le resistiera, a él, al gran Vex.
Mihail miró a su interlocutor con una ceja alzada, pero no dijo nada. Solo le interesaban dos cosas ahora. Capturar al Conde Dracul y su nieta y atacar Poenari, viendo cómo se derrumbaba en el mar o lo que estuviera debajo.
Unos decían que era un río, pero las aguas eran más profundas para ser tal cosa. Otros, que era parte del mar, que desembocó dentro del poblado, cualquier estupidez si le preguntaban a Mihail, pues no creía que fuera posible.
Lo que sí que sabía, era que el Conde Dracul había hecho algún tipo de magia sobre el lecho del río, para que éste fuera más profundo o eso pareciera. En cualquier caso, mar o río, el castillo caería en sus aguas profundas y con suerte muchos de los Jefes vampíricos morirían allí.
Volviendo a entrar en la cueva, seguido de Vex, vieron como el hombre lobo, conocido como Grayback se les acercó, con una sonrisa lobuna y siniestra.
- He conseguido más refuerzos. Magos que quieren ver muerto al Lord Peverell, vendrán en unas pocas horas.
- ¿Cuántos?- Pidió el hombre de pelo negro y un tatuaje sobre la mejilla, el cual tenía una sonrisa abierta, pasándose la lengua por los labios.
- Diez a veinte magos, es lo que me han dicho. Fuertes en maldiciones oscuras y en acabar con vidas.
- ¿Mercenarios?
- Más o menos.- Se encogió de hombros el licántropo, el cual miró con desconfianza al hombre oscuro. - ¿Funcionará tu poción?
- Lo hará. El que la beba, podrá transformarse a voluntad, sin que haya luna llena. No entiendo como no se os ha ocurrido antes.
- Es difícil de encontrar buenos pocioneros. Los que encontramos, son lo suficientemente listos como para desaparecer antes de que lleguemos.
- Lo que sea, podréis transformaros, es lo que importa.
- Tu… druida ese, ¿Es mágico?
- No, pero sabe lo que se hace. Ha sido entrenado para la labor.
- Tanto mejor. Dile que si quiere, podemos unirle a nuestras filas.
- Creo que lo pensará…- Fueron las palabras dichas, sin prometer nada, ni comprometerse a pasar el mensaje.
No creía que el pequeño Massimo necesitara de un cambio de look y más pelo del que podía manejar. Las pulgas también contarían, no mejor dejar las cosas como estaban y que el hombre continuara siendo un humano, a cargo de una tienda druídica para los FAE de la oscuridad.
Las horas fueron pasando y el tiempo para que actuaran, llegaba a su límite, por ello consiguiendo que los licántropos comenzaran a moverse, fue un sufrimiento, pues querían esperar a esos magos en aparecer.
Cuando estuvieron a punto de partir por una especie de cuerda mugrienta, a la que Vex, escuchó lo llamaron traslador o algo así, de repente, aparecieron una veintena de hombres disfrazados, con máscaras blancas.
- ¡Fenrir Grayback! ¡Somos la retaguardia! Tenemos órdenes estrictas. Violamos las salas del castillo, matamos a Peverell y nos vamos.
- ¡Me parece bien, mago! ¡Nosotros nos encargaremos de matar a los vampiros, pero si nos encontramos con Peverell, morirá por nuestras manos!
- Que así sea, pero cuidado de no volver a subestimarle. No queremos una repetición de nuestros errores.- Vino la voz, más sosegada esta vez y sin gritar de uno de los mortífagos.
El licántropo asintió con la cabeza en señal de reconocimiento y marchó hacia la cuerda, gruñendo la palabra de activación.
Después de desaparecer, los mortífagos hicieron lo mismo en la dirección acordada, a unos quinientos metros de distancia del castillo, del cual llegarían camuflados todos, para poder violar las dichosas salas.
Reapareciendo con fuertes crujidos, de los cuales los habitantes del castillo, no oirían, los cien licántropos, once vampiros, veinte mortífagos y un FAE, se prepararon para hacerse parcialmente invisibles.
Caminando a paso lento a las sombras de la noche, consiguieron llegar a la base del acantilado en un tiempo record, siendo Mihail el que dio un paso adelante con su varita y espada, viendo las salas que no habían cambiado nada, desde que el maldito Conde había sido expulsado de su castillo.
Con una sonrisa siniestra y de anticipación, Mihail lanzó la primera maldición, la cual dio justo en la base del acantilado, rompiendo una de las salas.
Sin hacerse esperar el resto de mágicos hicieron lo mismo en la base, lo cual llevó a que las salas colapsaran en los próximos diez minutos, haciendo que toda la base temblara, desprendiéndose en el proceso.
Al parecer dar en donde las salas eran más vulnerables, equivalía a matar a todos los habitantes del castillo Poenari.
Aunque uno de sus tenientes le enseñó con el dedo, como fuertes columnas sobresalían de la base para evitar precisamente eso.
- ¿Qué crees que ha pasado?- Preguntó Vex con el ceño fruncido. – Pensé que vuestra magia tiraría el castillo al río.
- Yo también… debe ser ese niño Peverell… o alguien que lo ayude. De todas formas, ahora entramos. ¡Matad a todo aquel que se resista! ¡Si veis a Irina Alucard, atrapadla con vida, es mía!
- ¿Y con Peverell?
- Haced lo que deseéis con él.- Fue las instrucciones de Mihail, el cual estaba al mando, al menos de los suyos y de Vex, aunque Vex estaba al mando suyo propio y de nadie más. Eso de ser un Mesmer tenía sus ventajas.
Y con esas palabras el ataque comenzó, un ataque que duraría toda la noche y parte del día, acabando con muchas de las vidas de los líderes de las sectas, secuestrando con éxito a Irina Alucard y viendo el alcance de poder de Lord Peverell, el cual muchos de los licántropos que había e incluso algunos de los magos, tuvieron que admitir a regañadientes, que el niño era poderoso y nuevamente, lo habían subestimado.
Lo que más impresionó a todos, fue el gran rayo que salió de su mano, quemado licántropos y vampiros enemigos por igual, hasta detenerse justo delante de las narices de Vex.
Salto de Línea.
Irina Alucard se encontraba en su alcoba junto a su hermana y primos, hablando y planeando la inminente boda entre Harrison y ella.
Todo iba bien, incluso su madre o su tía se pasaba para poner sus dos granitos sobre el tema, más su padre, Radu, se pasó un momento antes de ir a ver como estaban las cosas en la sala de reuniones, pero antes de que todo eso fuera posible, un gran estruendo se escuchó y el castillo entero fue sacudido en sus cimientos, haciendo que todos pasaran de estar despreocupados a extremadamente en pie con sus varitas en la mano.
Radu que en ese momento estaba con Irina y los demás, miró a cada uno listo para una posible batalla.
- Irina, ve a la biblioteca, junto con tu madre y tía, vosotros también. No salgáis de allí.- Instruyó Radu en un tono que claramente no admitía replica, lo cual los niños y niñas, asintieron con la cabeza y fueron a buscar a sus respectivas madres, para obedecer la orden de Radu.
El mismísimo Radu salió de la habitación y tras asegurarse de que su familia estaba a salvo en la biblioteca, lanzó un par de salas, al menos para que nada malo les pasara si estaban siendo atacados, como suponía que era.
Corriendo tras unos soldados a los que increpó silenciosamente, vio con horror como de la nada, salían fuertes columnas para sostener el castillo de caer por el acantilado. Más allá vio a Harrison concentrado en la tarea en particular, más después de eso salió disparado tras intercambiar unas palabras con el gobblin que estaba haciendo guardia.
- Mi señor, gracias al muchacho tenemos más tiempo, pero esas columnas no aguantaran… debemos comenzar con la evacuación de inmediato.- Opinó uno de los guardias, extremadamente leal a la Casa Alucard.
- Tienes razón… comienza… guardando todo aquello de valor en baúles, trasladaros a la mansión Alucard en Inglaterra.
- Sí mi señor. ¿Qué hacemos con los invasores?
- Dejad que gobblins y Harrison se encarguen de ellos, pero si podéis matar unos cuantos, hacedlo. También si veis que salen los Jedes de Sectas y Clanes evacuadlos a la Mansión Alucard. Es imprescindible que no les pase nada.
- A sus órdenes.- Dijo el guardia llamando en rumano a unos cuantos guardias más y moviéndose para cumplir con dichas ordenes de evacuar los efectos más valiosos. Menos mal que todos los guardias podían hacer magia, sino, la evacuación del castillo Poenari sería mucho más complicada.
Dando un último vistazo hacia los fuertes y contrafuertes que habían aparecido para sostener el castillo de caer, se dio cuenta de que las salas brillaban por su ausencia, de hecho, estaban bajo ataque.
Corriendo hacia las mazmorras, donde las protecciones de Harrison estaban preparadas para increpar a cualquiera que intentara liberar a los dos Dracul, Radu vio tanto al primer Vlad, como el segundo, mirando interesadamente a la nada, como si pudieran ver lo que iba a suceder.
Sin darse cuenta, dos licántropos y dos vampiros extremadamente silenciosos, se pararon por detrás de él, golpeándolo fuertemente en la cabeza, dejándolo inconsciente.
- Habéis tardado en venir…- Dijo el Conde Dracul con los brazos cruzados y mirando despectivamente a ambos vampiros.
- Hemos venido a por ti, pero no a por tu hijo. Tú eres el que nos importa, Dracul.- Explicó un vampiro, aprovechando que estaba encerrado, le lanzó una maldición de dormir, lo cual, golpeándole en el pecho, cayó al suelo con un golpe sordo.
Su hijo, temiendo lo que le iba a pasar, cerró los ojos y pensó, que quizás podría haber hecho mejor las cosas tanto para la Secta como para con la familia Dracul, tal vez, así los ahora Alucard, seguirían llamándose Dracul.
Sin ver realmente como una maldición de color negruzca alcanzaba a Vlad II, el vampiro se estremeció ante el contacto, sintiendo como su vida dejaba su cuerpo, convirtiéndose en cenizas.
- No pensé que fueras a traicionar a tu clase… bastardo.- Dijo Radu levantándose rápidamente y lanzando una fuerte maldición de voladura hacia el suelo, abriendo un boquete y desapareciendo por él, para al menos salvar la vida, lo que no previó, fue estrellarse encima de la cabeza de un licántropo en plena fase de transformación.
Actuando más por instinto que otra cosa, Radu voló la cabeza del licántropo, causando que los sesos del animal se esparcieran por el suelo, en una muestra de gore.
Corriendo por su vida, pues muchos hombres enmascarados con máscaras blancas, ahora lo perseguían, no se dio cuenta de los demás Jefes de Sectas que comenzaban a salir, más tampoco se dio cuenta de que el Conde Dracul era transportado fuera del castillo Poenari a una ubicación más segura.
El guardia que estaba a las órdenes de Radu, estaba actualmente mandando a un montón de soldados empacar y transportar por vía traslador, a la mansión Alucard, los baúles con todo el contenido del castillo.
Piedras preciosas y oro de las bóvedas del castillo, tomos de incalculable valor en las artes oscuras y la historia vampírica, algo que había costado una fortuna conseguir a los Dracul. Cuadros y retratos, adornos que no podían perderse por su valor, etc. todo era demasiado para tan poco tiempo, por ello cada vez más soldados y algún gobblin herido se transportaban con los baúles hacia un lugar seguro, más después se les podía volver a ver caminando y corriendo por los pasillos, para morir después trágicamente por una maldición de algún mortífago o licántropo.
Muchos licántropos habían decidido transformarse, pues sabían que los chupasangres podrían morir si eran mordidos por éstos, pues el veneno del licántropo era fatal para el vampiro y viceversa. Esa era una de las muchas razones, de porque sus dos razas eran enemigas.
Así pues, el guardia se volvió para ordenar a otros soldados ir a la biblioteca, cuando Radu entró corriendo lanzando maldiciones más oscuras a sus espaldas.
- ¡La biblioteca está protegida, en ella están mis hijas, los hijos de mi hermano y nuestras esposas! ¡Cuidado!- Advirtió al guardia, el cual se volvió con la espada desenvainada, para atravesar a un licántropo y cortar su cabeza por la mitad, más no pudo hacer mucho con el que cayó del techo, mordiéndole de lleno en el cuello. Con gritos de terror por la muerte que se avecinaba rápidamente, el guardia en un último impulso intentó clavar la espada en el licántropo, más no tuvo mucho éxito, pues había acabado con su enemigo, para enfrentarse a Radu, el cual sabía que tenía pocas opciones.
Con un ligero pop, se vio como uno de los elfos domésticos de Harrison aparecía para llevarse a Radu inmediatamente, aprovechando la confusión del medio vampiro y el licántropo, el cual aulló de rabia momentos después.
Radu apareció en el salón del Castillo Peverell, el cual conocía tan bien, entre ruidos de confusión por parte de los líderes de las Sectas y Clanes.
Buscando con la mirada por alguien conocido para él, encontró a su hermano tranquilizando a su propia esposa, la cual era un mar de lágrimas.
Yendo directamente hacia allí, preguntó qué era lo que pasaba y donde estaba Irina, pues los Alucard, por algún motivo desconocido estaban todos juntos, salvo por uno de sus sobrinos.
- Hermano… tu hija Irina ha sido secuestrada por Mihail…- Fue lo único que escuchó pues sus piernas cedieron y cayó al suelo en estado de shock, no… no podía ser, su hija, su preciosa Irina, no podía haber sido secuestrada por ese traidor.
Un fuerte estruendo se escuchó momentos después, pudiendo observar como el resto de Jefes y Jefas de Clanes y Sectas aparecían con los elfos domésticos, más la chimenea se volvió verde, expulsando a un montón de gobblins en rápida sucesión, junto con un humano, un vampiro y un licántropo en su forma animal, aturdida.
Después de que salieran, el dueño de la casa y el castillo apareció cual ángel de la muerte pareciera, cambiando directamente hacia Radu.
Sus ojos estaban desprovistos de emoción, su rostro serio y tenso. Los músculos al igual que el rostro, estaban tensos por la ira que se descontrolaba de él, apareciendo poco a poco la temible aura de muerte que llevaba.
- Volverá.- Fueron las únicas palabras que dijo al afligido padre, antes de levitar sin vara a los prisioneros que había hecho y desaparecer por una de las puertas que daban a las mazmorras.
Salto de Línea.
Harrison se encontraba en pleno éxtasis al usar la magia elemental del rayo, vio con asombro, recuperándose rápidamente, como el rayo convocado atravesaba a varios de sus enemigos, en concreto el licántropo que había estado delante de él.
Muchos de los aliados, sobre todo gobblins, se quedaron impresionados pro la fuerza del rayo, algo que pocas veces sucedía en su raza y mucho menos demostraban en combate, pero al ver a éste hechicero lanzar su magia por doquier, no podían hacer otra cosa que sorprenderse. Cada vez era más fuerte Lord Peverell y con cada día que pasaba, aprendía una cosa nueva sobre las magias antiguas. ¿Cuál sería su límite?
Viendo que todos, tanto aliados como enemigos se habían quedado parados, impresionados, lanzó una daga a un mortífago desprevenido, matándolo en el acto por el veneno de basilisco que había en ella, haciendo así, que los combates reanudaran en el acto.
Con una sonrisa siniestra, convocó nuevamente su daga, cortando en el proceso a un par de vampiros y licántropos enemigos, saltando entre las sombras, dejándose llevar por sus poderes de muerte, viajó para ayudar a sus aliados políticos que había logrado hacer en los días anteriores.
Entre el fulgor de la batalla, ninguno se dio cuenta de las dos figuras que iban en dirección a la biblioteca, destrozando las salas de Radu en el proceso y rompiendo las puertas, dejando a las mujeres y niños dentro, un poco impresionados, pues creían que era Harrison el que había entrado, pero en realidad se trataba de Mihail y otro hombre al que nunca habían visto en su vida.
- Aquí estás… perra, cuando termine contigo, tu precioso prometido perderá la cabeza… aunque creo que morirá antes.
- ¡Traidor!- Gritó Livia con furia evidente en sus ojos, interponiéndose entre su hija y el vampiro que otrora vez había sido leal al Conde Dracul. – Te has aliado con un FAE.- Afirmó más que preguntó la esposa de Radu, viendo por el rabillo del ojo como los últimos libros y tomos de la biblioteca eran guardados en los baúles encantados, yéndose con los elfos domésticos que habían aparecido para llevárselos.
Esa fracción de segundo le costó a Livia, la cual fue tirada hacia atrás de una maldición de voladura, rompiendo las estanterías con las que chocó.
Después de eso, el pandemónium se desató en la biblioteca, tirándose todos hechizos y maldiciones, teniendo el FAE que parar a unos cuantos con su poder telepático, aprovechando Mihail de eso, maldiciendo a la familia, que poco a poco fue desapareciendo por los malditos elfos de Peverell.
Quedando solamente Irina e Ileana, Mihail no iba a permitir que su trofeo se escapara, por eso, le lanzó un traslador rápidamente hecho a la niña Alucard, la cual al tocar su pecho, con una mirada de sorpresa desapareció, escuchando el atronador rugido de su prometido, al verla desaparecer.
Ileana poco después se marchó, dejando a solas al FAE y Mihail con Harrison, el cual tenía su aura de muerte por todas partes, asustando a todos los presentes, crepitando su magia con furia y deseo de matar, niveló su vara sin decir una palabra en contra de Mihail y comenzó el duelo por la vida del vampiro.
Mihail quería matar al maldito niño frente a él, pero la verdad es que Peverell sabía lo que se hacía al enfrentarse a un vampiro del calibre de Mihail, si bien el vampiro era capaz de esquivar todas las maldiciones lanzadas en su contra, aún debía de atinar y hacer los movimientos de varita requeridos para lanzar a su oponente, del cual solamente esquivaba algunos, con escudos la mayoría de las maldiciones, incluidas las más oscuras que Mihail le lanzaba.
Harrison por su parte estaba en un aprieto, su magia crepitaba con el deseo de venganza pero si mataba al vampiro, probablemente no pudiera interrogarlo, a no ser que lo trajera de vuelta en forma de espíritu. Pensando únicamente en incapacitar a su oponente para llevárselo, no se dio cuenta del otro hombre que veía todo el asunto con cierta fascinación morbosa, después de todo, los "rayos de luz" derretían los muebles y estanterías, quemando a cenizas hasta el mismo suelo de mármol, un material que jamás pensó que podría arder.
Viendo que su momento cumbre se acercaba, se adelantó por la espalda de Peverell y alzó una de sus manos con la orden mental de pararle, tras recibir el asentimiento de Mihail. Lo que sucedió después, dejó sorprendido al Mesmer hasta su columna vertebral, lo cual no pudo decir si era bueno o malo.
Al lanzar su ataque telepático, vio cómo se iba deteniendo poco a poco el hechicero, pero desgraciadamente, con un borrón se volvió hacia él con el ceño fruncido y un tipo de aura negra rodeándolo, como si lo estuviera protegiendo.
- Tus poderes no funcionan en mí, FAE.- Declaró el hechicero, volviéndose rápidamente al sorprendido vampiro y lanzando la maldición cruciatus en él, lo cual tras un grito de dolor puro, desapareció con una sonrisa triunfal en su rostro, haciendo que Harrison viera como el FAE también utilizaba un traslador.
Un grito primordial resonó en los pasillos destrozados del castillo Poenari, asustando tanto a enemigos como aliados, haciendo que los primeros corrieran por sus vidas y los segundos intentaran atrapar a algún desprevenido para capturarlo e interrogarlo.
Momentos después, de una sombra, apareció Harrison en la sala de la chimenea, llevando su vara a su garganta, ordenó la retirada inmediata de los gobblins y los vampiros que quedaban luchando, pues el castillo entero estaba temblando, cayendo poco a poco hacia el río que estaba debajo de ellos.
Con otro movimiento rápido, cazó a un licántropo y vampiro enemigos, más un mortífago que iba a desaparecerse, haciendo que uno de sus brazos se escindiera de su cuerpo.
Lanzando fuego elemental con una de sus manos a la chimenea, protegió las puertas mientras que los gobblins iban en tropel y salían de las ruinas que era Poenari. Habían perdido mucho ellos también en este ataque, que les pilló desprevenidos.
Los últimos vampiros se fueron con los elfos de Harrison y cuando quedó él con sus prisioneros, cruzó la chimenea lanzándolos de malas maneras, sin importarle lo que les pasara.
Con un último vistazo, vio con un poco de horror como la sala del Flú se estremecía, desapareciendo Harrison por las llamas escarlatas, sintió como todo caía hacia el abismo que era el río.
Saliendo por su chimenea, se encontró con que los gobblins lo miraban con cautela y algo de temor, los vampiros Jefes estaban todos en su mayoría sanos, pero un poco tocados.
Convocando a un elfo, le pidió que comenzara la evacuación de los Jefes de Sectas, haciendo trasladores hacia sus dominios, no queriendo tenerlos por mucho más tiempo, para que no pensaran que eran sus prisioneros o algo por el estilo, aunque muchos de ellos estaban agradecidos con él por salvarles la vida, trayéndolos a su Casa Ancestral.
Caminando con el rostro serio y las facciones tensas, con el cuerpo todavía rígido de la ira contenida y un aura de muerte rodeándolo, se acercó a la familia Alucard, mirando como Radu y Livia lloraban por la pérdida de su hija Irina, su prometida.
Abriendo la boca para intentar calmarlos o al menos consolarlos, ninguna palabra salió, solamente pudo decir lo que estaba pensando en ese preciso momento.
- Volverá.- Fueron las únicas palabras dichas, dándose media vuelta y levitando sin vara a los tres prisioneros inconscientes, se marchó en dirección a las mazmorras, sabiendo que sus elfos domésticos se encargarían de todo el asunto de la evacuación, con más calma y tranquilidad ahora que nadie corría peligro inmediato.
Nota de Autor:
¡Hola! Estoy de vuelta, siento mucho la tardanza pero entre que se me ocurrió la segunda parte de las Aventuras de Harrison Peverell y que mi familia vino a mi casa, también con problemas de salud de una tía mía, no he podido escribir mucho. Con la terminación de éste capítulo, espero que les guste, aunque a mí personalmente, creo que podría haber descrito mejor el final.
De todas formas, con los siguientes capítulos Harrison por fin irá a Toronto a encontrarse con la Colonia FAE.
Sin más me despido de todos y agradezco la paciencia. Siento que haya tardado tanto, no es mi intención de abandonar el fic ni nada por el estilo.
P.D. Por cierto, comentarios no vendrían nada mal, tanto si gustan los capítulos y la historia como si no. Estoy intentando con cada paso, mejorar más, por ello serían bienvenidas las críticas. Debo advertir que cuando escriba sobre los FAE no va a ser del todo Canon, dado que tienen la intervención de Harrison.
También estoy muy tentado de meter en la historia a Bo y Kenzy al menos sacarlas antes de tiempo. Un cordial saludo.
