CAPITULO 14

INTERROGATORIOS, PLANES DE VIAJE Y RENOVANDO VIEJAS ALIANZAS DE IGNOTUS PEVERELL

Harrison Peverell estaba enfadado en estos momentos, más que eso, estaba furioso. Su furia iba dirigida ahora hacia Mihail el cual había tenido la desfachatez de secuestrar delante de la familia de Irina y delante de él a Irina.

Al menos Harrison se contentaba con que su prometida llevara su anillo, el anillo de prometida y Lady Peverell, el cual la protegería en ciertos ámbitos, pero no todos ellos.

Si el vampiro decidía torturarla, el anillo solamente podría protegerla de las torturas mentales, pero las físicas… las físicas serían peor.

Es por eso que estaba en las mazmorras, mirando con detenimiento a sus presos. Un vampiro con la capacidad de hacer magia, pues tenía la varita del hombre a buen recaudo.

Un mortífago que no conocía, ni siquiera su nombre, pero era claro que era parte del club de fans suyo. Y por último un licántropo en su forma de lobo, actualmente encadenado con fuertes cadenas de plata, quemando su piel y abrasando al hombre lobo.

Con el ceño fruncido, decidió despertar primero al licántropo y al vampiro, el mortífago podría seguir durmiendo plácidamente… aunque una idea le sobrevino a la mente.

Despertando a los tres, los miró con una sonrisa macabra en sus facciones, vio como cada uno miraba hacia los lados, estando un poco desorientados en donde se encontraban.

- Bienvenidos al mundo de la vigilia otra vez.- Declaró Harrison con voz trémula y algo siniestra. Teniendo ahora la atención de los tres individuos sobre él, el licántropo intentó lanzarse a Harrison, para aullar de dolor y volver a su forma humana poco tiempo después.

- ¿Dónde estamos?- Fue la pregunta del hombre, el humano sin brazo que estaba tiritando de… ¿Miedo?

- Estáis en las mazmorras de mi Castillo. Vuestro ataque salió mal. Muchos de vuestros compañeros han caído muertos.

- ¡Mentira! ¡Mihail atrapó a la perra Alucard y al Conde! Nuestra misión fue un éxito.- Declaró el vampiro sonriendo con los colmillos fuera, haciendo una mueca desagradable a Harrison.

Asintiendo con la cabeza y conjurando un taburete en el cual sentarse Harrison le dio la razón.

- Sí, en efecto, vuestro ataque de traidores ha resultado efectivo. Irina y el Conde ahora son prisioneros de Mihail y el FAE.- Dijo imperturbable por fuera, pero iracundo por dentro. Ese ataque estaba predestinado a acabar con su vida propia, no a secuestrar a Irina, aunque acabar con la vida de Harrison sería mucho más complicado que un ataque a gran escala a vampiros.

Mirando hacia los ojos de los tres, se encogió brevemente de hombros, dejando salir un poco de su aura oscura y de muerte.

El mortífago rápidamente comenzó a gemir y lamentarse de su situación, los otros dos presos lo miraban con asco en sus rostros, viendo cuan débil era el mago oscuro, que era preso con ellos.

- Esto es lo que va a suceder a continuación.- Declaró Harrison arremangándose las mangas de su túnica manchada de sangre de los enemigos. – Vais a decirme cuales eran vuestras intenciones al hacer el ataque, vais a decirme el paradero de Irina y sobre todo vais a decirme para quien trabajáis.- Eso ultimo lo dijo para el licántropo y el mortífago, el cual seguía llorando sus penas y pidiendo clemencia, una clemencia que jamás vendría.

- ¿Y si nos negamos, mago?- Gruñó el licántropo, el cual estaba desnudo y con una mueca de dolor permanente por las cadenas que se habían adaptado al cuerpo del hombre.

- Espero que os neguéis, al menos al principio.- Comentó riendo macabramente, señalando una mesa y ciertos artilugios sobre ella. También había una silla y otros mobiliarios en la celda, claramente de tortura. – Veréis, mi educación en la magia familiar es muy extensa, una parte de ella son las artes oscuras, otra la nigromancia. Espero que vuestras patéticas almas, me sean de utilidad en mis investigaciones. No siempre puedo tener… voluntarios como vosotros…- Dijo arrastrando las palabras y levantándose.

Levitando primero al licántropo, lo alzó mágicamente y con cadenas, separándolo de los otros dos que observaban atentamente las acciones de Harrison.

Al dejarlo suspendido sobre el aire, movió su vara para que las cadenas se adhirieran a las paredes, sujetando firmemente al licántropo que ahora se removía inquietantemente.

- ¡Nunca diremos nada! ¡Puedes torturarnos todo lo que quieras!- Fue la negación del vampiro, el cual vio la sonrisa depredadora en el rostro de Harrison.

- Esperaba que dijeras eso, pero desgraciadamente para ti, vas a ver de primera mano, como torturo y rompo a tu compañero licántropo. Tú también mago.- Dijo dirigiéndose hacia el mortífago.

Después de lanzar un encantamiento sobre los dos, lo cual los obligaba a mirar y no apartar la vista ni cerrar los ojos, utilizó otra vez su vara para quitar las salas de silencio que había en las celdas. Quería que los demás prisioneros escucharan, aunque no sabía que al hacer eso, los demás arriba también oirían los gritos agónicos de los torturados por Harrison.

Comenzando a caminar lentamente hacia el licántropo siseó hacia el suelo, haciendo que ambos de sus familiares se fueran, pues quería ver cómo iban las cosas arriba.

- ¿Sabes? Siempre me he preguntado, al menos desde que conozco la magia, como son los poderes de sanación de un licántropo. Nunca he tenido el placer de verlo con mis propios ojos, aunque haya matado a muchos de tus hermanos.- Con un tirón de su vara, quitó piel y carne de una de las piernas del lobo atado, sacándole un grito de dolor angustiante. Esperando como tanto la carne como la piel volvían a crecer, y escuchando los gritos agónicos del hombre, le lanzó un encantamiento para que no se desmayara y otro en su corazón para que no se parara y muriera de un infarto.

Explicando en voz alta lo que había hecho, los otros dos presos ahora temían lo que iba a sucederle al licántropo si no hablaba.

El vampiro por su parte, al tener temor real de lo que iba a pasarle, había una parte de su mente que se seguía negando a decir nada. Los ancianos torturaban mucho mejor y más salvajemente que este nigromante de pacotilla.

Viendo como el nigromante miraba a los ojos desorbitados del licántropo y alzó la vara hacia su sien, pensó en lo que iba a hacer. ¿No se atrevería a realizar Legeremancia sobre un licántropo, verdad? Todos sabían que los lobos tenían fuertes barreras naturales y que sería imposible…

Con un fuerte grito agónico, el vampiro vio con asombro como Harrison destrozaba las barreras mentales del lobo, unas barreras mentales que eran casi imposibles de destruir.

De vuelta a la conversación del lobo y Harrison, el mismo Lord Peverell no quiso ver qué recuerdos tenía el licántropo, solamente quería infundir daño en la mente del hombre, pues era parte de la tortura.

- Solamente hemos comenzado, aunque creo que te voy a hacer la pregunta de antes. Dime, ¿Quién te manda y qué era lo que pretendíais con el ataque?

- ¡Que te jodan!- Escupió sobre Harrison el cual esquivó con gracia el esputo con un poco de sangre y solamente sonrió hacia el hombre.

Pasando rápidamente su vara por el cuerpo del hombre encadenado, fue despellejándolo vivo por todas partes, hasta llegar a su miembro varonil, del cual conjuró una cuerda a su alrededor, atándolo con fuerza y sacando gritos de desesperación de su presa, lo cual la piel volvía a crecerle.

- Veremos si tu polla vuelve a crecer, lobo.- Con un fuerte tirón de su vara, el pene del licántropo fue arrancado a la fuerza, soltando gritos de terror del mortífago y gritos de dolor del licántropo, el cual comenzó a echar sangre por el reciente agujero que tenía, donde su pene se hallaba.

Despacio y con cuidado, Harrison evocó un látigo de puntas de plata para continuar con la tortura, seguramente que al final el lobo decía lo que quería saber, pero la cuestión era cuanto tiempo tardaría en venirse abajo.

Cogiendo con una mano el látigo recién conjurado, echó hacia atrás dicha mano y fuertemente propinó el primer latigazo en el pecho del lobo, el cual aulló más fuerte que cuando su pene fue arrancado.

Continuando con los latigazos, ambos vampiro y mortífago fueron contando el número de latigazos que recibió el pobre lobo, el cual estaba a punto de desmayarse, si no fuera por el encantamiento de Lord Peverell.

Después de cincuenta latigazos, paró la tortura para descansar un poco y ver su obra.

- Parece ser… que cuando estáis magullados con plata, os recuperáis más lentamente. Ahora, dime lo que quiero saber y tu… patética vida terminará sin más dolor.

- No… no… no… sé nada…

- Eso no es cierto y ambos lo sabemos. ¿Quién es tu alfa?

- Grayback… Fenrir Grayback…- Fueron las palabras llenas de dolor que el licántropo pudo decir a su torturador.

- Ahora tenemos algo. ¿Qué hay de la misión? ¿A por quien ibais?

- A por ti… teníamos ordenes de los mortífagos de matarte… pregúntale a él….- Hizo una seña hacia el mortífago que abrió mucho los ojos, cuando su mirada fue dirigida por el torturador.

- Oh no lo dudes. Ahora, dime quien era el FAE. ¿Cuál es su nombre?

- V… V… Vex…- Susurró casi inaudiblemente, al parecer los latigazos fueron demasiado para su pobre torrente sanguíneo, pues el veneno de la plata había sido incrustado en él.

Sabiendo esto Harrison, meneo la cabeza por una fuente de información tan vital sobre la manada de licántropos, no le había dicho nada de valor, salvo el nombre del FAE, que al parecer se llamaba Vex.

- Avada Kedavra.- Lanzó la maldición asesina, liberando al licántropo de su dolor y sufrimiento, viendo como las heridas que había recibido dejaban de sanar y sangraban profusamente, coagulándose la sangre en el suelo.

- Después iré a por ti, mortífago. Ve pensando en lo que tienes que decirme.- Opinó Harrison saliendo de las mazmorras para ir arriba, tenía curiosidad sobre cómo iban las cosas con los distintos Jefes de las Sectas.

Salto de escena.

Al llegar al salón de los retratos y la chimenea que daba a la red Flú, el silencio espectral que le dio la bienvenida, no era nada que estaba esperando.

Observando atentamente a los presentes, pudo observar como solamente dos Jefes de Clanes estaban presentes aún.

La Señora Elena Castilla y Lord O´Reilly se veían un poco enfermizos, pero en relativo silencio ante la situación.

Por otra parte, fue abordado inmediatamente por Radu y Livia, preguntando en rápida sucesión que había pasado allí abajo, pues habían oído los gritos de terror y dolor.

- ¿En serio? ¿Habéis oído todo?

- Todo, todo, no. Solamente gritos y lamentos… ¿Qué ha pasado Harrison, sabes dónde está mi hija?- Cuestionó Radu preocupado por la situación, algo normal en un padre, pues su hija había sido secuestrada.

- Todavía no. Tan solo tengo el nombre del jefe de los licántropos y el nombre del FAE. El FAE se llama Vex, por si sirve para algo. Debe tener un poder telepático, pues intentó detenerme en mi sitio. No es que le funcionara, pero me ralentizaba.

- Eso no es mucho.- Aportó el Jefe de Clan de Irlanda con el ceño fruncido. – No tengo muchos negocios con los FAE fuera de la Colonia de Toronto, pero, miraré a ver qué puedo hacer.

- Te lo agradezco, Lord O´Reilly.

- Yo por otro lado, sí que conozco un FAE que podría ayudarnos.

- ¿En serio?- Pidió Harrison fríamente, mirando con su mirada glacial a la vampiresa que dio un paso hacia atrás en verdadero temor, sobre todo si los gritos que escuchó fue de alguno de los prisioneros que había hecho.

- Sí… es del Clan Zamora, él… él podría ayudar…

- Está bien, aunque me gustaría que los FAE en Toronto no se enteraran de nada, sobre todo si tengo que hacerles una visita. Solamente he subido para ver cómo estaban las cosas.

- Casi todos los Jefes de Sectas se han ido.- Intervino la voz de Andrómeda Tonks y Bellatrix Lestrange.

- Andrómeda, Bellatrix, es una sorpresa… ¿Qué hacéis aquí?

- Ayudar. Vlad se puso en contacto con nosotros y decidimos venir en tu ayuda. ¿Hay algo que podamos hacer?

- Andrómeda, ¿Cómo están los chicos Alucard?

- En shock, la mayoría, uno recibió una maldición, pero no está en peligro inmediato. Se le requiere descanso por ahora.

- Y descanso tendrá.- Afirmó Harrison, sentándose brevemente y pensando con la mente fría, para ver que hacer desde este punto.

Cerrando los ojos, ordenó los pensamientos y emociones que estaba sintiendo a través de la Oclumancia, también los recuerdos de los últimos momentos vividos.

Lo que pareció horas para Harrison, fueron minutos para los que estaban presenciando la meditación rápida y avanzada del joven Lord.

Saliendo de su mente, Harrison se levantó rápidamente dirigiéndose hacia Bellatrix.

- Bella, ¿Está tu familia aquí?

- Sí… Adhara, Acrux, Rabastan y Rodolphus se encuentran en una de las habitaciones de invitados.

- Bien, Dobby.- Llamó Harrison esperando la aparición del elfo doméstico tan fiel que tenía a su disposición.

Apareciendo con un ligero pop, se le pudo ver el cansancio que tenía, pero haciendo un esfuerzo hercúleo para su maestro, se inclinó hasta rozar las orejas en el suelo.

- Dobby, prepara una habitación para todos los presentes que haya en el Castillo. ¿Puedo suponer que los Black y los Tonks también están?

- Sí Maestro. La ministra de magia también está, ¿Debo preparar una habitación para ella?

- Solo si accede a quedarse en el Castillo. Prepara las habitaciones y algo de comer o cenar, lo que sea. Ah y Dobby, cuando termine, necesitaré de la habitación del tiempo y el espacio. La que no envejece. Un año.

- Entendido Maestro.- Dijo el elfo dando un chasquido y desapareciendo para cumplir con las órdenes.

- ¿Qué te propones, Harrison?- Pidió Radu con el ceño fruncido.

Sin hacer caso a él por el momento se volvió hacia Bellatrix pensando en sus días como mortífaga.

- Bella, consigue a Rodolphus y Rabastan. Los niños estarán bien en el Castillo, mientras que no pasen por las mazmorras. Os espero abajo. Me haré cargo de que no se oiga nada. Elena, Eóghan, si queréis quedaros, sois bienvenidos, sino, podéis usar el Flú hacia vuestros dominios, pero ahora necesito estar con mis… invitados.- Explicó con una mirada oscura en dirección a las mazmorras. – Si permanecéis, pedid a un elfo que os enseñe vuestras alcobas… estaré un par de horas y un día fuera.- Sin más demora volvió hacia las mazmorras sin esperar respuesta de nadie, los cuales Bellatrix se fue rápidamente para encontrar a su marido y cuñado, lo cual estarían encantados ambos de ayudar a Harrison, sobre todo si iban a torturar a alguien.

Por otro lado, tanto Eóghan como Elena decidieron marcharse para investigar en que parte de Toronto estaba la prometida de Harrison, su nuevo aliado. Ambos utilizaron la red Flú para ir a sus respectivos dominios, lo cual para Lord O´Reilly fue rápido, dado que estaban en el mismo país.

Una vez abajo, Harrison subió nuevamente la sala de silencio para que no se escuchara los ruidos del interrogatorio que estaba haciendo. No quería que los niños que había, a pesar de ser de su edad, escucharan como los prisioneros gritaban.

Para alguien que ha tenido una infancia normal, no debía ser muy… bueno escuchar los lamentos que hacían.

Caminando pensando en Adhara, Nymphadora y Astoria, él mismo sabía que si les pasaba algo iría a por ellas también, como lo iba a hacer con Irina. Puede que sean brujas estupendas y poderosas en su más alto nivel, pero eso no quitaba el hecho de que podrían necesitar ayuda. Él mismo si en un futuro, se viera superado por el enemigo y secuestrado, le gustaría que alguna de sus prometidas o todas ellas, fueran a rescatarlo. Aunque ese pensamiento le hizo reír, dadas las pocas probabilidades de que eso ocurriera, centró sus pensamientos en el ahora.

Viendo la inquietud en el rostro del mago, Harrison sonrió hacia él. Una sonrisa que detallaba todos los dientes perfectos de Harrison, tal como si fuera una sonrisa gobblin, algo que no gustó para nada al mortífago.

- ¿Quién de vosotros sabe dónde está Irina?

- El vampiro.- Respondió rápidamente el mortífago, esperando que con esa respuesta pudiera aplacar la curiosidad de Lord Peverell y el otro sufriera de la tortura, que estaba seguro tendría.

- Excelente. Ahora me pongo contigo. Por otra parte, tengo preguntas que hacerte y espero por tu bien, que me las contestes verazmente. ¿Me has entendido?- Preguntó poniéndose a su altura y mirándolo a los ojos.

La diferencia de Harrison con el Lord Oscuro, era que Harrison podía traer su alma de vuelta para continuar con la tortura, también era que no era tan psicótico y loco como Voldemort. Había más diferencias, pero el pobre hombre no pudo pensar en muchas más, sin embargo las similitudes eran increíbles. Ambos conocían la vieja magia, la oscura y la de luz, ambos eran poderosos, Harrison más, pues tenía poder económico y político a raudales y eso era lo que molestaba a su empleador.

Mirando todo eso en la mente del mortífago, Harrison sonrió sádicamente.

- Así que me comparas con Voldemort en tu mente, ¿Eh? Es curioso. No me parezco en nada a él. Al menos eso creo.

- Y tienes razón, Harrison, eres más guapo que él.- Llegó la voz cacareante de Bella, lo cual tenía que admitir que el mortífago tuvo las pelotas de llamarla traidora ante la situación en la que estaba.

- Ahora Bella aquí, depende de lo que me digas, se hará cargo de ti y mandara un mensaje a tu empleador.- Comentó riendo macabramente y levantándose de la silla para hablar con la ex mortífaga.

- Bellatrix, ¿Le reconoces?

- En absoluto.- Contestó sin darle una mirada.

Asintiendo con la cabeza, Harrison levantó la manga derecha del mortífago, donde estaría marcado si realmente lo estuviera.

Al levantar la manga, encontraron una marca oscura, como si estuviera recién hecha. Frunciendo el ceño ante lo presentado, Harrison se volvió al mortífago sollozante.

- ¿Quién te ha marcado?

- Me matará si te lo digo… puede matarme a través de la marca…- Con un movimiento de su vara, el brazo se estiró, para ser cortado limpiamente a través del codo. Otro movimiento y un brazo de madera, fue puesto en su lugar. Este nuevo apéndice no serviría para el mortífago de mucho, pues no podría moverlo como si fuera uno de plata, convocado con la transfiguración y la alquimia, pero serviría al propósito de no ser asesinado.

- Ahora está resuelto.- Contestó secamente Harrison, haciendo caso omiso de los sollozos del hombre, claramente dolido por la pérdida de su otro brazo. - ¿Quién te ha marcado?

- ¡Malfoy! ¡Lucius Malfoy!- Gritó el hombre entre respiraciones entrecortadas.

- ¿Puede él hacer eso?- Preguntó a Bella claramente, mirándola a su rostro.

- No que nosotros sepamos… nadie más que Voldemort puede marcar a los reclutas… a no ser que esa marca sea diferente.

- Lo es.- Dijo Harrison después de unos momentos de examinarla. La marca en sí era la de un esclavo sin adulterar, lo cual ahora Malfoy tenía varios esclavos a sus órdenes en el pensamiento de que eran mortífagos. En vez de una serpiente como la original, había otra serpiente muy diferente, con una especie de M pequeña, casi sin verse bien al ojo inexperto. También lo supo porque esa marca no estaba hecha con Pársel.

- Bien, ¿Cómo te llamas?

- Mikel Burns.- Fue la respuesta rápida, pues aún temía la tortura, aunque haya comenzado quitándole el brazo, si hubiera querido el niño… no, no era un niño lo que tenía delante, no sabía lo que era, pero estaba seguro de que no era un niño, pues lo que fuera, si hubiera querido quitarle el brazo con dolor, estaba cien por cien seguro que lo habría hecho.

- Bien Mikel, ¿Cuéntame de vuestro plan? ¿En qué consistía?

- En atacar el castillo Poenari, matar a todos los que nos encontráramos, salvo al Conde Dracul y a la chica Alucard… para usted… debíamos matarte y llevar la cabeza como prueba a nuestro general…

- ¿Y quién es vuestro general?

- Malfoy.

- ¿Lucius? Sigue.- Exigió con una ceja alzada por la estupidez del hombre Malfoy. Tragando saliva, el hombre le contó sobre los planes de Mihail, el cual quería reclamar como suya a la chica Alucard, por el motivo de haber sido despedido a causa de él, ya que el Conde no quiso dejarle que lo matara en su momento.

- Si, me acuerdo de ese día. Me hubiera gustado tener los colmillos de ese bastardo. ¿Me estás diciendo que la va a tratar como a una esclava?- Preguntó con furia retumbando en cada silaba que estaba hablando.

El pobre hombre asustadizo asintió con la cabeza y le contó lo poco que sabía de esos planes, solamente lo que pudo sonsacar al compañero vampírico que había al lado.

Tras meditarlo durante unos minutos, Harrison fue hacia donde yacía el otro vampiro, el cual aguantó la mirada de muerte que le estaba mandando Harrison.

- No diré nada… no me sonsacarás nada…- Tras esas palabras, Harrison cogió al vampiro con ambas manos y se metió en su mente sin ningún tipo de delicadeza, haciéndole gritar ante el golpeteo de las barreras que tenía.

Debía admitirlo Harrison, el vampiro tenía buenas barreras y si no hubiera hecho lo que estaba haciendo, le hubiera costado días, sino semanas de torturas hacerle caer las barreras, pero necesitaba una dirección general y saber para qué quería Mihail a Irina, de paso saber qué es lo que quería del Conde.

Entrando en una de las memorias en las que este vampiro escuchó a Mihail hablar con el FAE autodenominado Vex, prestó especial atención a lo que Vex estaba diciendo.

- ¿Entonces llevarás a la perrita a Toronto? ¿Cómo lo harás?- Preguntó el hombre de pelo negro y una especie de tatuaje debajo de uno de sus ojos.0

- Por vía traslador. Iré junto a ella. Dime una vez más el nombre de ese bar…

En ese momento la conversación se cortó, pues de alguna manera el vampiro logró echarlo de su mente, algo que no funcionaría.

Volviendo a entrar, pero esta vez con más fuerza y un rugido primordial, vio otra memoria en la que hablaban de la lealtad del mismo vampiro.

- ¿Estás seguro de esto, Mihail? Ese hombre no parece muy confiable.- Pidió Vex para asegurarse realmente de en quien podría confiar, pero no obstante mirando al vampiro con una mirada cautelosa.

- Es mi segundo, ni siquiera bajo tortura podrá decir nada, aparte tiene unas magníficas defensas mentales, para cuando quiera dar una ubicación, estaré lejos.- Calmó el vampiro al FAE de la oscuridad, pasando a otros temas importantes que había sobre una mesa muy rudimentaria.

- ¿Te quedarás en Toronto?- Pidió Vex, no creyendo que lo haría.

- Sí, la Morrigan me ha dado una misión, al parecer hay algún tipo de zorrilla que no está alineada.

- Ah… la súcubo. Está buena y tiene unas buenas peras, sí se de quien hablas. Si te encuentras con la humana…

"Esto no me sirve". Pensó en la memoria Harrison, pidiendo mentalmente una ubicación de Mihail o algo por dónde empezar, algo que se le dio rápidamente, con un solo nombre. Dal Riata. Después de eso tuvo que salir de la mente del vampiro pues estaba colisionando sobre sí misma.

Pensando en lo que había visto, decidió que haría una visita a este tipo de "bar" si es que era un bar. De lo contrario, siempre podría coger prisioneros, torturarlos y ejecutarlos para llamar la atención de los FAE.

Con una sonrisa sádica en su rostro, lo último que vio el vampiro fue a Harrison sacar su mandíbula entera y de cuajo, con un grito propio, el vampiro vio como la sangre inundaba el suelo.

- Lumos Solem Máxima.- Dijo apuntando su vara al vampiro, el cual comenzó a emitir lo que serían gruñidos de dolor y humo negro, desprendiéndosele la carne y acabando en un lío de cenizas.

Volviendo su atención al hombre, llamado Mikel Burns, pensó en qué hacer con él. Ahora que sabía que Lucius iba tras él y que Mihail estaba de hecho en territorio FAE, no le servía de nada el mortífago, pero…

- Dime Mikel, ¿Tienes un traslador de emergencia?- Preguntó, leyendo la mente antes de que pudiera responder.

De hecho lo tenía, pero había sido quitado por Harrison, cuando le había quitado la varita. Curioso, pues ninguno que se preciara, convertiría en traslador el mango de una varita. – No hace falta que me contestes. Bella, encargaos de él… que muera sufriendo, mandad un mensaje a Lucius.- Dijo saliendo de las mazmorras, sin hacer caso a las suplicas de Mikel y los lamentos.

Las risas que escuchó de los tres Lestrange fueron música para sus oídos, cuando comenzaron con la tortura y el mensaje a Lucius Malfoy.

Tenía que ser sangriento, de no ser así, Lucius se pensaría que era débil y que sus aliados se habían vuelto también débiles.

Yendo ahora hacia la habitación del tiempo y el espacio, entró en ella para entrenar las lecciones que le había pedido Shadow hace un tiempo, también la magia elemental y algo más de nigromancia, para hacer que sus tutores, Markus y Marduk, se enorgullecieran de él.

Salto de escena.

Había pasado un día desde todo el incidente del ataque al castillo Poenari, la evacuación al Castillo Peverell y enterarse de que su sobrina había sido secuestrada por los labios de la esposa de su hermano. Algo totalmente aterrador, pues el hombre que la había secuestrado tenía fama de bestia y animal. Hubiera sido mejor si la secuestraran los licántropos que Mihail, pues ese hombre seguro que la violaría… quitándose esos pensamientos de la mente fue a desayunar junto a su familia y las familias Black y Lestrange.

Los Tonks tuvieron que salir a su casa para recoger y poner salas protectoras, a instancias del patriarca Black. También fueron invitados a quedarse en el Castillo Peverell y contratar a los gobblins para que Hogwarts tuviera más protección, en caso de que Malfoy o el vampiro quisiera secuestrar a la joven Nymphadora.

En el caso de Astoria, estaba protegida por las defensas de la mansión Greengrass. No era una preocupación.

Para Vlad ahora, lo más importante era saber que haría Harrison, del cual no sabía nada desde un día. Es cierto que había dicho de encerrarse en un tipo de sala especial para entrenar, pero… ¿Por qué entrenar? ¿No tenía suficiente poder para enfrentarse a Mihail?

Entre esos pensamientos y preguntas, se dirigió a la mesa donde todos estaban mirando con distintos grados de ansiedad y… ¿Alegría? En el caso de Bellatrix Lestrange.

Negando con la cabeza, preguntó a la mesa si se había sabido algo de Harrison, lo cual recibió negaciones por todas partes, mientras que comían tranquilamente.

Dos horas y media más tarde, la puerta del salón se abrió para dar entrada a Harrison, el cual estaba con el pelo desordenado y las túnicas hechas girones.

- Tenemos que hablar.- Dijo imperiosamente, yendo hacia los sofás y levitando con un movimiento invisible de su mano los retratos de Markus, Marduk e Ignotus.

Los tres retratos lo siguieron hacia los sillones, en los cuales Harrison eligió el suyo por defecto, sentándose y evocando de la nada tres poyetes.

- Vlad, reúne a todos por favor, creo que es importante que sepáis lo que voy a hacer.- Pidió respetuosamente, pero con un toque de… mando en su voz, como si lo estuviera exigiendo u ordenando.

Asintiendo con la cabeza, Vlad fue a obedecer la orden, más que nada por la curiosidad de lo que le había sucedido a Harrison en ese día o año… ¿Aunque no tendría que estar más tiempo dentro? ¿Habría estado medio año? ¿Eso es suficiente para él?

Cuando las familias Black, Tonks y Alucard estaban al completo, sentados en los sillones o sillas que habían evocado o traído los elfos domésticos, Harrison se levantó de su asiento dirigiéndose al centro de la sala.

- Como todos sabéis, ayer el castillo Poenari fue atacado por una manada de licántropos, liderada por Fenrir Grayback. Unos vampiros, del cual el líder es el traidor de Mihail y por mortífagos, mandados y marcados por Lord Malfoy. Lo que nos atañe es el secuestro de Irina. Mi prometida.- Paró un momento para poner sus pensamientos en orden, de los cuales estaban un poco nublados, por la ira que todavía llevaba en su interior.

- Harrison… cachorro, si es necesario, te acompañaré a donde quiera que vayas… no creo que el mundo muggle sea permisivo en que un niño…

- Gracias Sirius, ahora bien, Mihail secuestró a Irina por despecho y la convertirá en su esclava sexual o algo peor.- Dijo mirando directamente a los ojos de Livia, la cual se desmayó ante la noticia. – Voy a ir a por ella y Sirius, tan amable de su parte, vendrá conmigo.

- ¿Sabes dónde está?

- Más o menos. Tras el interrogatorio de ayer, descubrí por dónde empezar. Un bar llamado Dal Riata. De ahí en adelante, veré que hacer.

- Por cierto, Harrison.- Intervino el retrato de Ignotus, mirando seriamente hacia su descendiente. - ¿Renovarás la antigua alianza entre las Casas McCorrigan y Peverell?- Preguntó seriamente, estaba seguro que antes ya se había hablado del tema.

- Si tengo oportunidad, sí… nunca estaría de más tener otros tipos de negocios, aunque sean con FAE. De todas formas, Sirius, prepárate para partir, iremos al ministerio de magia a por un traslador internacional. Quiero entrar en América legalmente.

- Entiendo. De todas formas, tengo lo necesario en el baúl que traje conmigo ayer… ¿Abuelo, no te importa que vaya con él?

- En absoluto, pero ten cuidado. Una cuestión nada más… ¿Por qué no pueden ir los Alucard?

- Eso te puedo responder.- Intervino Vlad con el semblante serio, pero se podía ver un dejo de esperanza en sus ojos. – Nuestra raza tiene prohibido ir a Toronto, pues los FAE piensan que somos parte de ellos, aunque nos consideremos más del tipo mágicos. Desde hace muchos siglos hemos tenido guerras con ellos, hasta que un tipo de acuerdo se hizo con un FAE poderoso. El acuerdo pactaba que un vampiro podía pisar territorio FAE si se convertía en FAE. De lo contrario, sería apresado y ejecutado. Lo mismo pasa con ellos en nuestro territorio, salvo la conversión. Hemos tenido más problemas para que ellos respeten su parte del acuerdo, pues no se les podía prohibir vivir en sus hogares ancestrales, pero mientras que no se metían en nuestros asuntos, éramos felices.- Explicó suavemente, notando que tanto Sirius Black como Harrison habían desaparecido en su explicación.

Ahora eso no le molestaba en absoluto, solo le intrigaba un poco.

Harrison por su parte sabía esa historia, así pues se fue a vestirse, darse una ducha y comer algo antes de partir. También tenía que hacer los arreglos con Orion y con los retratos de Markus y Marduk para cederles temporalmente las salas del Castillo.

Otro de los asuntos que tenía, era la presencia que estaba sintiendo en su dormitorio, al parecer Shadow estaba para otra charla… o encargarle algo. Esperaba que fuera del tipo encargo, dado que iba a hacer una visita a Toronto, seguramente le dijera que recabara información sobre el FAE llamado Hades.

Entrando en su habitación y saludando con la cabeza a Shadow, se metió en la ducha, con ropa nueva traída por los elfos domésticos.

Para cuando salió, vestido y preparado, su baúl de viaje le esperaba, dentro debía haber sus libros de magia para continuar estudiando, mientras que estaba en otro país y los utensilios de escritura, eso siempre era importante.

Dirigiéndose hacia Shadow, le hizo un gesto para que tomara asiento, mientras que llamaba a una elfina para que le trajera el desayuno o lo que fuera a la habitación.

- Es bueno ver que has progresado en tus estudios… ¿En qué nivel estás?

- He estado estudiando los viajes sombra. Creo que puedo viajar a través de ellas y espiar también.

- Interesante. En los niveles cuarto y quinto respectivamente. Creo que estás preparado para una misión.- Informó, mientras que Harrison comía un almuerzo bastante completo y Shadow solo tomaba un trago de vino.

- ¿Qué tipo de misión?

- Creo que lo sabes.- Contestó sonriéndole.

Por supuesto que lo sabía, algo que ver con el FAE Hades y la liberación de los dioses griegos. Más no diciendo nada y solamente asintiendo con la cabeza, preguntó cómo liberar a dichas deidades.

- Tendrás que matar a Hades, para ello te daré las herramientas.

- ¿Algún tipo de arma mística?

- Más que mística, es una espada negra. Mata cualquier cosa, salvo Aspectos.- Dijo sacando una hoja de color negro puro, lo cual era increíble a la vista, pues absorbía la luz del sol que entraba por las ventanas y la luz de los candelabros y la pequeña chimenea de la habitación.

Cogiéndola con cuidado del mango, sintió que era bastante liviana, no pesaba y se podía alargar y encoger con el pensamiento. – Deberás llevarla en todo momento. Algo así como llevas a tus familiares, dentro de ti.- Con un gesto de la mano de Shadow, un nuevo tatuaje apareció en la muñeca de Harrison, haciendo que la espada desapareciera, apareciendo en forma de tatuaje. El tatuaje era de la misma espada, pero con algo diferente. Por detrás de la espada había una hoz y una vara cruzadas, lo que era indicativo de que era el aprendiz de Shadow.

- Me has marcado.- Dijo Harrison, más que preguntó con el ceño fruncido.

- No es una marca, como la de los mortífagos. Es más bien para que los Aspectos y las deidades que encuentres, sepan que eres mi aprendiz. Además solamente tú y yo podemos verlo, nadie más.

- Eso es bueno, no me gustaría tener que explicar a todos el significado de ser el aprendiz del Aspecto Muerte.- Comentó con una sonrisa oscura, la cual fue devuelta por su maestro Shadow.

- ¿Así que me llamarás Muerte ahora?

- Creo que Shadow me gusta más. De todas formas, este FAE se encuentra en Toronto, ¿No?

- Sí y no. Verás, se encuentra en Toronto, pero en una dimensión completamente diferente a la cual llaman Hel o inframundo, pero no es el inframundo que estás acostumbrado a visitar. Ese inframundo, el de los FAE, es completamente diferente.

- ¿Quieres decir que los FAE tienen su propio sito cuando mueren? ¿Qué pasa con las reencarnaciones?

- Desde que los FAE griegos encerraron a las divinidades, crearon su propio inframundo. Temo que el resto de "inframundos" fueron creados también por los distintos tipos de FAE que se creían dioses, cuando los griegos tuvieron éxito.

- ¿Entonces los demás panteones, también están encerrados?

- Sí, eso me temo. Salvo por Thanatos, que es… una de las parcas, los demás están encerrados.

- ¿Entonces, como se supone que voy a liberarlos? Los demás FAE pueden estar en cualquier parte…

- No te preocupes por eso, cuando mates al FAE Hades, eso provocará una reacción en cadena. Su muerte dará lugar a una inestabilidad en la prisión de las divinidades, liberando al verdadero Hades. Él se encargará del resto. Aunque si deseas matar a los demás FAE que pasaron por los dioses, nadie te lo impedirá. Seguramente Zeus esté muy contento contigo… después de todo, una FAE se hizo pasar por él y a Hera, se le hizo pasar un FAE.

- ¿Zeus en forma de mujer? Y ¿Hera en forma de hombre? Es lo más raro que he oído… pero supongo que da igual.

- En efecto, ahora bien, espero que encuentres a tu prometida. Ella… tiene posibilidades de convertirse en una buena Maestra Nigromante, sobre todo si la ayudas. Encuéntrala.

- Eso no hace falta decirlo. Es mi intención encontrarla… solo que siento las muertes que provocaré en el camino.

- No te preocupes por ello. En toda guerra hay muertes, para dar vida después. Es como cuando cazas y matas muggles. Por cada vida que tomas, una nueva aparece.

- Interesante.- Comentó Harrison, pensando en la información nueva que le había dado Shadow.

Una sonrisa de su maestro y las sombras lo engulleron, desapareciendo de la habitación y dejando a solas a Harrison.

Saliendo de sus pensamientos, dio un último vistazo a su tatuaje y se levantó para encontrarse con Sirius, pero antes de eso, recogió el baúl y lo encogió, guardándolo en el bolsillo de su túnica.

Llegando a la sala de los retratos, Harrison estuvo muy tentado de recoger a Ignotus para llevarlo con él, pero supuso que no querría moverse del Castillo.

Despidiéndose de las familias Black y Alucard, tanto Sirius como Harrison pasaron a la chimenea para dirigirse hacia el ministerio de magia, desde allí irían al departamento de transportes mágicos, cogerían un traslador internacional, que los dejaría lo más cerca posible de Toronto o Canadá.

Al parecer el ministerio americano de magia, no tenía muchos magos y brujas viviendo tan al norte, pero no era raro que se les vieran visitando los bares FAE, dado que se mezclaban tan bien con los muggles.

Para Harrison eso sería un problema, pues tendría que poner un encantamiento Glamour en sus túnicas, para que pareciera que eran ropas muggles.

Viendo la lata desvencijada en la parte donde podían irse por vía traslador del ministerio de magia británico, Harrison suspiró pesadamente e hizo un gesto a Sirius para que posara el dedo en el traslador.

- ¿No te gustan los trasladores?

- No es eso. No me gusta que mis túnicas parezcan ropas muggles… no me gustan los muggles.

- Puedo dar fe de ello. No te voy a juzgar Harrison… he aprendido de Cornamenta y Lily lo que te hicieron esos muggles… a mí tampoco me gustarían.

- ¿Entonces vas a respetar lo que soy?

- Voy a intentar hacer mi mejor esfuerzo para comprender lo que eres, sí.- Con eso y una sonrisa de su padrino, el traslador se activó inmediatamente, haciendo que todo diera vueltas y multicolores se dibujaran en las visiones de Sirius y Harrison.

Salto de escena.

Al final, el empleado del ministerio de magia de Gran Bretaña, debía ser un poco inculto, pues cuando aparecieron, lo hicieron en la sede de transportes mágicos de Nueva York, a unos cuantos cientos de kilómetros de su destino. Bien podrían haber parado en otra ciudad, pero no… tenía que ser el ministerio de magia Neoyorkino.

Ahora Harrison no tenía nada en contra de los americanos, pero complicaba un poco las cosas al pasar por la frontera mágica de Estados Unidos.

Con un bufido de risa, por parte de su padrino, Harrison lo miró fulminándolo con la mirada, no era algo que un chico de diez años en el cuerpo de uno de trece o doce años, debiera tener esa mirada.

- Harrison, tranquilízate… llegaremos a Toronto, no te preocupes.

- ¿Tú has visto lo grandes que son estas colas? Maldito empleado…

- ¿No pensarás echarle de su puesto de trabajo, no?

- No… no soy tan cruel. Pero sí que pienso darle una advertencia. Al menos en la persona de tu abuelo, Arcturus.- Comentó, viendo palidecer a Sirius, su abuelo era por decirlo de una manera delicada, todo un Black a la hora de tratar con los empleados del ministerio de magia. También era el que más contactos tenía dentro de dicho ministerio.

Por lo que tuvieron que esperar, fueron al menos unas cuantas horas, en las que Harrison se puso al día con Sirius, habiendo levantado ambos barreras anti escucha y de silenciamiento. Al parecer Sirius se fue de su casa por culpa de su madre y no su padre. Su padre era un poco pasota en el tema de cuidar a los niños, era un padre cariñoso, eso no lo discutió, pero a la hora de los castigos, Walburga era toda una perra.

Harrison mencionó un par de veces los castigos que él mismo recibía a manos de los muggles antes de enterarse de su patrimonio, lo que parecía un concurso de quien había sido castigado de peor forma con Sirius.

Al final Sirius decidió que su ahijado ganaba los sets del mini concurso de castigos físicos, pero él ganaba en la forma de afrontarlos.

Sirius le contó a Harrison como su abuelo, Charlus Peverell y su padre, James Peverell, le acogieron en la mansión Potter.

Por algún motivo desconocido para Sirius, podía decir Mansión Potter, pero cuando hablaba del apellido de James, era siempre Peverell.

- No te comas la cabeza, Sirius, es la magia familiar. Al haber absorbido las Casas de Potter, Slytherin, Gryffindor y Gaunt en la de Peverell, todos los que se refieran a esos apellidos, lo harán como Peverell, salvo por la familia inmediata.

- ¿Así que tus prometidas pueden decir esos nombres?

- No, tienen que estar casadas conmigo para que eso suceda. Una vez contraído los matrimonios, los nombres de ellas pasaran a ser Peverell de… ¿Entiendes?

- Sí… ¿Pero por qué cinco esposas? Eres un pillín ¿Eh?

- No va por ese tema, Sirius… aunque también va por ahí. De lo que tengo entendido tanto Nymphadora como Adhara serán muy hermosas de mayores, al igual que Astoria. No, lo que quiero es tener una gran familia, y de paso sea, reconstruir la Casa Ancestral de Peverell.

- Todavía no es Ancestral, la Casa Peverell, ¿Por qué la llamas así?

- Porque falta un año. Y es mejor que empiece a acostumbrarme. Después de todo, mi Casa no será la única en ascender. La de Black, Longbottom, Bones, Alucard, Greengrass y Tonks, serán de las principales que asciendan.

- Entiendo.- Asintió ante las explicaciones de su ahijado, cambiando de tema, le preguntó para cuándo sería la boda con Irina, lo cual Harrison temió que no se celebrara este año por las causas justas del secuestro y que dentro de poco tiempo, tendría que comenzar en Hogwarts junto a su hermana Ileana.

- ¿Fueron expulsadas de Durmstrang? ¿Qué hicieron? ¿Levantar un ejército de Inferius?

- No, las expulsó Karkarov por ser mestizas vampíricas. Pero me alegro de que lo hiciera, si no lo hubiera hecho, creo que tendrían que aguantar a Dumbledore o Snape allí.

- ¿Por qué ellos?

- ¿No lo sabes?- Al ver la negativa de su padrino y la cola avanzar, casi tocándolos a ellos, Harrison le dijo que más tarde se lo contaría, dejando caer los encantamientos anti escucha y de silencio, para que pudieran pasar por aduanas.

Cuando les tocó, tuvieron que decir lo que llevaban, es decir, abrir sus baúles y enseñar las cosas.

Decir que el miembro de aduanas no estaba para nada contento con Harrison sería un eufemismo, pero al ver que era un Lord que venía de Gran Bretaña, para pasar un tiempo haciendo turismo, según Harrison, tuvo que morderse la lengua.

- Vosotros los ingleses y vuestras costumbres raras.- Dijo el hombre con un terrible acento escocés.

- No soy el único inglés que hay aquí, al parecer.

- No, ahora soy americano y con orgullo. Vuestro ministerio de magia no quiso darme un puesto de trabajo, así que no me quedó de otra que emigrar, pues en el mundo muggle no podría hacer nada.- Explicó el miembro de aduanas con el ceño fruncido. – Creo que tendré que requisar los libros de artes oscuras.

- Hazlo y te mato aquí y ahora.- Explicó Harrison sin mucho problema, viendo como el hombre en vez de temblar de miedo, se volvía rojo de furia.

- ¡Seguridad!- Llamó el hombre con una sonrisa satisfecha, intentando meter la mano en el baúl, el cual le dio un ligero calambre, tras ser activadas las salas de protección.

- Venga Harrison… ¡No podrías dejar pasar esto!- Pidió Sirius exasperado ante el ceño fruncido de su ahijado. – Mire señor…

- No es de su incumbencia.

- Muy bien, pues mire señor "no es de su incumbencia" mi ahijado aquí, no está de humor. La amenaza no era real, ¿Verdad?

- No, era muy real. No me extraña que nadie le quisiera de vuelta en casa, es un imbécil. Ni siquiera fue capaz de terminar el sexto año de Hogwarts.

- ¿Cómo…?

- No sé cómo se hizo con un puesto en las aduanas, seguramente falsificó los documentos… también pudo decir de sus recuerdos, que no sabe lo que ha sucedido últimamente en casa… maldito ignorante.- Explicó Harrison alzando la voz, para que otros lo oyeran, lo cual llamó la atención no solo de seguridad, sino también del superior del hombre, el cual vino casi corriendo, pero parando abruptamente al reconocer los anillos que portaban los británicos que estaban enfrentados al hombre de aduanas.

No queriendo estar en el lado malo de un Lord mundialmente conocido y de un heredero, que encima es aliado de dicho Lord, los dejó pasar con disculpas y asegurándoles que harían algo con el escocés no tan escocés.

- Solo asegúrese de verificar bien a sus empleados… ah y por cierto, creo que le vendría bien ir a un parque… y exhumar los cadáveres de muggles que ha enterrado allí… al parecer nuestro querido mago de primera generación no es tan amante de muggles como os hace parecer.- Explicó Harrison con una sonrisa un tanto sádica en dirección del mago, el cual estaba sudando balas por ahora.

Yendo a la zona de aparición, ambos se desaparecieron a la estación de tren más cercana, para comprar billetes hacia Toronto.

- Sabes, recuérdame que nunca me meta contigo… no sé cómo lo haces, pero siempre te sales con la tuya.

- Experiencia… pero es cierto de que es un asesino de muggles. No es que me importe, pero no pensaba dejar que ese mago se pusiera por encima de mí, estemos en un país extranjero o no.- Comentó con el ceño fruncido Harrison, mirando mal en las direcciones en las que había muggles vestidos de negro y de todo tipo.

- Esos son góticos, Harrison… creo que son un tipo de modas pasajeras… o no. Les gusta lo que es oscuro.

- ¿Cómo sabes eso?

- Por tu madre.- Fue la respuesta con un encogimiento de hombros. – Por cierto, ¿Sabes cómo usar el dinero muggle?

- Ahora sí.- Volvió a mirar a Sirius con una sonrisa, tras sacar la información del cajero de billetes de tren. – Dos billetes a Toronto, por favor. En primera clase.

- Eso serán doscientos dólares, señor.- Dijo el hombre en un tono aburrido.

Un movimiento de mano de Harrison y el hombre pareció confundido unos momentos, pero sonrío después.

- Aquí tiene sus vueltas, señor.- Dijo el muggle entregándole un billete de cincuenta dólares. Al parecer Harrison había confundido al hombre para que pensara que le había pagado de más. Curiosamente no había un muggle detrás de ellos o a su lado.

Cuando recogieron los billetes, Sirius lo miró con el ceño fruncido.

- ¿Qué?

- Eso no ha estado bien… has confundido al pobre hombre.

- Es un muggle… que sepa cómo usar la moneda, no quiere decir que voy a pagar por ello. Somos superiores, por amor a Merlín, Sirius.

- Ese pensamiento es el mismo que el de Voldemort…

- Y de los que Dumbledore y Grindelwald, sí, en eso tenían razón. También no quiere decir que me arrepienta por lo que he hecho… no tengo dinero muggle a mano.

- ¿Entonces como llegaremos al Dal Riata?

- En taxi muggle.

- ¿Vas a confundirle?

- No… tú vas a maldecirlo con la maldición Imperius.

- ¡Que! No… no haré tal cosa Harrison… es magia oscura.

- Es tu magia familiar, puedes hacerlo Sirius…

- Harrison, te prometí intentar comprenderte, pero eso es pasarse… ¿Qué pasa si nos descubren?

- ¿Quién, el ministerio de Canadá? Te recuerdo que ese país no tiene ministerio de magia. En la américa mágica, Canadá pertenece a Estados Unidos, no a sí misma. No es como los muggles.- Explicó Harrison, sentándose en su asiento, un poco incómodo de viajar por estos métodos, peor no obstante se aguantaría, pues era por una buena causa, su prometida. Estaba llegando a ella, solo faltaban unas horas de viaje en el tren infernal, hablando con Sirius de temas sin importancia, al menos para él, no es que fuera realmente poco importante para Sirius, pues todavía se negaba a maldecir muggles con la Imperius.

- Está bien, está bien, lo haré yo, pero cállate un rato… ah y por cierto, Albus y Severus están enseñando en Durmstrang después de que fueron exiliados… no sé cómo lo habrán conseguido, pero estoy seguro de que Igor Karkarov tiene algo que ver con ello.

- No me extraña ese hombre es escurridizo y un mortífago.

- Lo sé. Gracias a tu prima Bella y su esposo, junto con el hermano de éste, sé que mortífagos son los que es poco probable que se unan a mí.

- ¿Estás reclutando?

- Más o menos. Lo que tengo planeado en las islas, no es francamente fácil de hacer, Sirius. También sé que la guerra no está acabada, pues Voldemort está vivo como un espectro. Y Albus no se va a quedar de brazos cruzados, estoy seguro que un hombre de su talla tiene planes para volver y matarme.

- Claro, lo dieces tan… como si fuera lo más normal del mundo.

- Y lo es, desgraciadamente para mi familia, siempre ha habido alguien que nos ha querido controlar. Ahora eso nunca ha sido posible, puesto que siempre nos hemos librado. Tenemos la magia familiar y… la muerte de nuestro lado, por así decirlo.

- No entiendo muy bien a que te refieres con tener la muerte de tu lado, pero una cosa sí que es cierta, a tu padre las niñas de Hogwarts, al menos cuando ya no estaba interesado en ser mujeriego, le intentaron controlar con Amortentia no es que pudieran al final, siempre pasaba algo raro.

- Magia familiar Peverell, Sirius, magia familiar.- Dijo Harrison riendo entre dientes, desconectando un poco de la preocupación y hablando de otros temas, como el deporte mágico, Quidditch.

- No pensé que eras uno para el Quidditch.- Comentó Sirius con una ceja alzada.

- Y no lo soy, pero eso no quiere decir que no me guste volar. No en una escoba, pero sí por mi cuenta.

- ¿Eres un animago volador?

- No… puedo volar por mis propios métodos. Utilizando la magia del aire, por supuesto. En Bretaña, si estuviera Dumbledore todavía, lo consideraría como magia oscura, pues la magia elemental ha sido considerada desde que un Dumbledore ha estado en el ministerio de magia. Casi desde trescientos años.

- Pero… ¿Cómo puede ser considerado algo así de útil, como magia oscura?

- No lo sé… no soy Dumbledore, gracias a Morgana.

- ¿Morgana? ¿No Merlín?

- No… creo que Merlín era… un tonto que puso color a la magia. La magia es magia, independientemente de cómo la uses. Es más bien el lanzador, si eres un asesino, la magia que utilices no indica que sea oscura o no. La mayoría de los hechizos de hoy en día, eran magia de luz. O como dirían los que consideran la magia como un color.

- Ah… cambiando de tema, ¿Cómo vas a proceder en el Dal?

-¿Dal?

- Sí, el bar FAE.

- Bueno, tengo un plan de infiltración. Tú.

- ¿Yo? No soy un buen espía.

- Puede, pero es un bar y tienes la edad para beber y que te vendan alcohol. Lo que tienes que hacer es entrar diez minutos antes que yo. Te daré diez minutos para que andes por ahí, bebas algo, hables, etc. después entraré y verás lo que tengo planeado.

- Me muero de ganas.- Dijo Sirius con una mirada cautelosa en su rostro. Su abuelo, hermano y padre ya le habían advertido sobre los planes de Harrison.

Casi siempre acababan en batallas o al menos siendo él ofendido u otro tipo de cosas que no gustaban, pero era divertido de ver.

Con ese pensamiento, ambos hechicero y mago, se quedaron dormidos con protecciones en la puerta de su compartimento, siempre protecciones, al menos salas anti muggle, pues Harrison aún desconfiaba de ellos.

Al llegar a su destino, era de noche, pero ambos estaban despiertos y listos para entrar en acción.

Yendo a un callejón cercano y lanzando una sala para que nadie se acercara, Harrison le dijo a Sirius que fuera comenzando el plan.

- ¿No piensas al menos ponerte un glamour, para aparentar más edad?

- No.- Fue la única respuesta que le mandó Harrison, lo cual Sirius aceptó de buen grado y se movió para entrar en el bar llamado Dal Riata.

El bar por fuera parecía como una taberna irlandesa o al menos una taberna de aspecto irlandés, todo muy muggle, con las ventanas tintadas para que los muggles de fuera no pudieran cuchichear ni nada por el estilo. También tenía algún tipo de magia que Harrison sintió, para prohibir la entrada a los mismos muggles, pero no al mismo tiempo. Eso era curioso.

Después de lo que pareció quince minutos, Harrison tomó aliento y se preparó para entrar, pasando por el guardia de seguridad sin mucho problema.

El guardia era enorme, cuadrado como un armario, pero con una sonrisa de aspecto bondadoso.

Harrison no quiso probar suerte leyendo la mente de ese FAE, no fuera a ser que tuvieran también algún tipo de protección contra Legeremancia.

El plan que había contado a Sirius había sido simple, su misión era infiltrarse con bebidas entre la gente, ver si lo trataban diferente por ser mágico, pero sobre todo, cuando él entrara, actuar como si no lo conociera.

Ahora el problema que se le presentaba a Harrison era encontrar el tipo llamado Fitzpatrick McCorrigan.

- Disculpe.- Pidió al guardia en la puerta lo más serio posible.

- ¿Si joven señor? Sabes que puedes deshacerte de los glamour adentro, ¿No?

- ¿En serio? Bueno eso es refrescante saberlo… pero esa no era mi pregunta. ¿Sabe por algún casual si conoce o ha oído hablar de Fitzpatrick McCorrigan?

- ¿De Trick? Por supuesto que sí, es el dueño del local. Puedes encontrarle en la barra.

- Oh, gracias por su ayuda, señor.- Agradeció Harrison, pasando una mano por la ropa muggle o mejor dicho por el glamour, viendo cómo se convertía en su túnica negra con ribetes plateados y verde oscuro. Sus anillos, tanto la piedra de resurrección, como el anillo de Lord, aparecieron nuevamente. También lo hizo la capa de invisibilidad que siempre llevaba colgada a los hombros, pero no invisible ni haciéndolo de la misma manera. Gracias a Ignotus, supo cómo utilizarla en su máximo esplendor. Un gran invento suyo.

Pasando dentro y dejando un asombrado guardia ante el cambio del chico, meneó la cabeza ligeramente, pensando en que no se querría perder lo que tuviera que ver con ese joven.

Harrison pasó dentro del bar y lo que le recibió fueron las risas de los distintos tipos de FAE que había, pero también de música tradicional irlandesa, la banda que tocaba las gaitas, violines y otros instrumentos, estaban bailando y bebiendo felizmente.

El bar era una mezcla de lo tradicional, con lo moderno, al menos en el mundo muggle. Poco tenía de mágico, salvo por la cerveza de mantequilla que podía ver por ahí, cortesía de Sirius seguro o el vino élfico que le llegó el olorcillo. Sonriendo ante lo que venía, se preparó para pasar a la acción, cuando un hombrecillo detrás de la barra le llamó la atención.

No debía de medir más de medio metro, tenía calvicie y su mirada era antigua, tal vez de más de mil años de edad. Ahora lo que sabía de los FAE, era que tenían una longevidad grande, pero podían morir si eran asesinados.

Acercándose un poco más y llamando la atención sobre sí mismo, mientras que lo hacía, escuchó susurros que hablaban de él o al menos eso intuyó.

Parándose a una distancia corta de la barra y mirando con ojos penetrantes al viejo pequeño, habló con voz clara y fuerte.

- ¡Fitzpatrick McCorrigan, del Clan Fin Arvin!- Llamó, haciendo que todo en el bar se detuviera, música incluida.

El hombre se le quedó mirando con las cejas arqueadas por la sorpresa. No tenía idea de quién era el adolescente que le llamaba, un mago o hechicero si hacía una suposición loca.

- ¡Yo Lord Harrison Markus Peverell, de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell, he venido con la intención de renovar nuestra vieja alianza! ¡Que nuestras Casas Nobles y Antiguas se junten una vez más en alianza, para ayudarnos mutuamente! ¿Aceptas?

Ahora era el turno del llamado Trick de quedarse atónito por lo que había oído. Peverell, había dicho Peverell y por si no fuera poco, había mencionado la Casa Antiquísima y Nobilísima… habían pasado mil años, más o menos.

Cuando Fitzpatrick conoció a un Peverell, fue por culpa de su hija, Aife, ella había intentado seducir usando sus poderes a un nigromante, algo que no sabía que existía, ni ella misma para el caso.

Al final se había resuelto todo, después de unas citas que no tenía conocimiento y un poco de sexo seguro, pero se resolvió haciendo ambos Jefes de Casas, una alianza entre ellos.

La alianza era simple. A Fitzpatrick McCorrigan se le llamó amigo de la Casa Peverell y a los Peverell él los llamaría amigos y estaría dispuesto en un futuro, cuando lo buscaran nuevamente, renovar la alianza.

Desgraciadamente, nunca pasó y con la llegada de la Colonia a Canadá, menos. Ahora siendo casi mil o más de mil años después, un niño con el anillo Peverell y el anillo del hermano de Ignotus… ¿Cómo se llamaba… Cadmus… Cadmos… no, Cadmus?

Mirándole con una mirada calculadora pensó que no podría haber venido en mejor momento, su nieta, Bo, había aparecido hace un par de años también, repentinamente, pero era del tipo neutral, algo que no gustaba a él, pero no podía hacer nada para que escogiera un bando, sin embargo… ahora aparecía un Peverell y justo después de que un vampiro con una chica pelirroja… ¡Espera, la chica había dicho que su prometido se llamaba Harrison Pe…! ¡Y eso fue antes de que el vampiro la callara de una bofetada!

- Yo, Fitzpatrick McCorrigan, del Clan Fin Arvin, reconozco a la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell y acepto tu alianza y renovación de la misma.- Aceptó finalmente, poniéndose un puño en el pecho y extendiendo su mano para ser cogida, al menos a la antigua usanza.

El niño Peverell, hizo una inclinación de cabeza, se acercó a grandes pasos, puso su mano en el pecho imitando a Fitzpatrick y le cogió el codo con la mano, haciendo el saludo tradicional.

Tanto uno como otro mantuvieron la mirada durante unos momentos, hasta que Harrison gritó que invitaba a una ronda al bar entero. Lo que causó caos y emoción.

Poniendo una bolsa de piel pequeña encima de la barra, Harrison sacó cien monedas de oro, para pagar al camarero.

- Disculpa que no tenga moneda muggle, pero prefiero usar lo menos posible de ellos.

- Entiendo. Con cincuenta galeones será suficiente.

- Ten cien. De propina. Además me gustaría saber si es posible tener una cena y… ¿Este es un sitio de paso, verdad?

- En efecto. Es neutral para los FAE que vienen. Tanto de la Oscuridad como de la Luz.

- ¿Entonces tienes habitaciones? Estoy, desgraciadamente, de paso durante un tiempo.

- Me tienes en desventaja… ¿Cómo decías que te llamabas?- Pidió un poco confundido, era normal después de todo, había sido una gran y gigante sorpresa.

- Aunque lo he dicho al principio, por tu expresión debes estar confuso. Mi nombre es Harrison Markus Peverell.

- Ah… mierda.- Susurró el hombre, poniéndose un poco nervioso y explicando el problema. – Hace unos días, vino un vampiro para firmar el libro de registro. Todo FAE, tanto de la Luz como de la Oscuridad deben firmarlo. Obligó a la chica que tenía con él a firmarlo también, la niña se resistió al principio y dijo algo de que un tal Harrison Pe vendría a rescatarla. La pegó para acallarla, así que supongo que eras tú del que hablaba.- Explicó viendo el rostro furioso del chico, algo que pronto comenzó a lamentar al haber contado lo sucedido con tantos pelos y señales.

Los vasos de la barra y las botellas comenzaron a temblar y un tipo de aura oscura comenzó a fluir del muchacho, asustando a unos cuantos que tenía detrás de él.

- Sí, era yo.- Confirmó Harrison con los dientes apretados y masajeándose las sienes, para tranquilizarse. Gracias a la Oclumancia, pudo volver a reinar en su temperamento y magia.

Unos momentos más tarde y viendo que no iba a detallar más, Harrison preguntó por la descripción que sabía de memoria de su prometida.

- Pelirroja, con los ojos de color de la sangre, carmesí si se quiere. ¿Cómo supiste de mí? No es que me queje.

- Por mi ancestro Ignotus.

- ¿Eres un nigromante también?

- Lo soy, pero no lo llamé, si es lo que quieres decir. No, tengo un retrato de él y él me contó de ti y los FAE cuando pregunté. No estaba feliz de darme las noticias.

- Entiendo, no nos solemos llevar muy bien con los mágicos… vienen y son bienvenidos aquí, pero tenemos ciertos problemas de entendimiento con ellos.

- Sobre todo con los vampiros, por lo que oigo.

- Y los licántropos. De hecho hay uno de Gran Bretaña trabajando para el actual Ash. Creo que su nombre era Remus Lupin.

- Curioso… pero no me interesa ese licántropo. ¿Sabes dónde está el vampiro que vino con la chica?

- Es importante para ti, por lo que puedo notar.

- Lo es.

- Desgraciadamente no, no sé dónde se fueron, pero sí que sé que ahora ambos son del lado Oscuro.- Dijo Trick, el cual pidió a Harrison que lo llamara así en vez por su nombre completo, dándole poco después un plato de comida, algo que se veía sabroso. - ¿Qué quieres de beber?

- Vino élfico, ¿La cuestión de las habitaciones?- Preguntó mientras aceptaba la copa del camarero, viendo como Sirius se acercaba despacio, pero no obstante señalando que se conocían.

- Discúlpame, Trick, éste de aquí es mi padrino, Sirius Black, heredero de la Casa Muy Noble y Antigua de Black. Sirius, conoce a Trick.- Presentó a ambos hombres, tomando un sorbo y mordisco a su comida.

Siguiendo comiendo y poco tiempo uniéndosele Sirius, Trick comentó y explicó un poco las normas de los FAE.

- Como sabrás, este bar es un lugar sagrado, es decir, aquí nadie puede dañar a otro FAE, desgraciadamente eso no incluye a los mágicos, lo que quiere decir que estáis en vuestro tiempo.

- ¿Qué nos cuidemos nosotros, querrá decir?- Preguntó Sirius mirando a su alrededor, viendo como los FAE los miraban con cierto grado de odio o mal humor.

- En efecto.- Sonrío sin risa ni gracia, una sonrisa falsa. – Normalmente, un FAE escoge bando una vez que pasa las pruebas en la Colonia. Los bandos son de la Luz y de la Oscuridad. No difieren mucho en sus políticas, pero… es así.

- Gracias a ti, ¿Verdad?- Pidió Harrison en voz baja, sorprendiendo una vez más a Trick.

- No sé…

- No hace falta que me lo niegues, sé que eres el Rey de la Sangre.- Susurró Harrison con una sonrisa fría y calculadora en su rostro. – Lamentablemente para ti, tus poderes no surtirán efecto en mí. En Sirius tampoco, creo. Pero estate tranquilo, tu secreto está a salvo con nosotros, ¿Verdad?- Preguntó mirando a su padrino de soslayo, mientras daba otro sorbo a su copa de vino élfico.

- Verdad, sea lo que sea que ha dicho él.- Afirmó con una mirada confusa en su rostro.

Fitzpatrick o Trick, como le gustaba ser conocido ahora, dio un suspiro de alivio por unos momentos, hasta que recordó donde se iban a quedar a vivir por un tiempo. Pensando duramente, miró especulativamente al padrino de Lord Peverell.

- En cuestión de vuestras… casas o donde podéis quedaros a dormir, creo que tengo la solución.- Dijo Trick con una sonrisa tensa en su rostro. - ¿Qué me decís de quedaros a dormir con un lobo?

- Define lobo.- Intervino Harrison un poco tenso. – No es que tenga nada en su contra, pero he sido atacado en numerosas ocasiones por licántropos… no estoy muy cómodo.

- Puedo entenderlo, pero es más bien como un cambia formas.- Explicó Trick rápidamente, causando confusión en el hombre de pelo largo y perilla.

- Por mí no hay problema, he tenido un compañero hombre lobo…

- Pues vive tú con él, así mejor, podrás infiltrarte más en la ciudad… pero ten cuidado.- Expresó su preocupación Harrison, mirando nuevamente a Trick, esperando una respuesta que fuera más bien con él.

- La otra persona es un poco… peculiar. Es una súcubo, con la que podrías vivir y su humana.

- ¿Humana? ¿Dices una muggle?

- Eh… sí, creo que sí.- Contestó Trick, viendo la tensión en el rostro de su aliado reciente. – Pero haciendo un llamamiento a nuestra alianza, pido que no la dañes. Al menos mucho. No te pido que seas su amigo, pido que no los mates.- Pidió Trick imaginando los problemas que podría tener.

- Está bien. Haciendo acto de nuestra alianza renovada, acepto tu petición, Lord McCorrigan.

- ¡Espera un momento! Él te pide que no mates una muggle y le haces caso, yo en cambio te pido que no los maldigas y no me haces ni caso, ¿Por qué?

- Por el simple hecho de que no eres Lord de tu Casa, cuando lo seas, entonces podrás pedirme no hacer lo que hago.- Rio fuertemente Harrison, causando que algunos se le quedaran mirando de malas maneras, pensando que tal vez se estaba riendo de ellos.

Haciendo caso omiso de las miradas que les lanzaban, el camarero llamado Trick fue a coger un aparato muggle, el cual según su explicación, era un teléfono, para llamar al hombre que le iba a pedir el favor de convivir con Sirius. Ese hombre se llamaba Dyson.

Tras hablar con él por el "teléfono", quedaron en reunirse en la brevedad posible en el Dal, con Bo en el remolque, dado que ella estaba con él en estos momentos.

Tras unas pocas palabras más, Trick colgó el teléfono mirando a los dos británicos, los cuales lo miraban con una ceja alzada.

- Tengo buenas noticias, Dyson y Bo vienen en una hora hacia aquí. Han acordado reunirse…- Sus palabras fueron cortadas cuando de repente una mujer morena y un hombre de color con un sombrero llegaron abalanzándose hacia la barra.

- ¡Hey Trick!- Gritó la morena como si fuera una niña con exceso de azúcar en la sangre. Parecía demasiado contenta con algo o por algo.

El hombre saludó a Trick y los que estaban con él con una inclinación de cabeza más cortés, pero aun así mirando con curiosidad y algo de cautela, por las vestimentas que llevaban.

- Oye Trickster, ¿No es un poco pronto para Halloween? No os ofendáis chicos, pero las batas son muy, muy, muy viejas.- Criticó con un ojo la chica, seguramente la muggle de la que hablaba Fitzpatrick.

Cortando rápidamente a Harrison, Trick respondió por ellos.

- Kenzy te presento a Lord Peverell y Heredero Black. Son… magos de Inglaterra.

- Él es un mago.- Dijo Harrison señalando a Sirius el cual guiñaba un ojo a la morena. – Yo soy un hechicero. Es completamente diferente a un mago.

- ¿En qué se diferencia?- Preguntó el moreno, que desprendía un aura a mar.

- En que un hechicero no usa varita ni tiene que hacer estúpidos movimientos con ella para hacer magia. Usamos lo que se llama vara y la magia nos viene mucho más fácil. También podemos hacerla sin vara.

- Oh… que mono…- Volvió a decir la morena llamada Kenzy con un mohín o lo que parecía un mohín para Harrison.

- No soy mono… muggle.- Cortó cualquier estupidez por la boca de la chica al insultarla implícitamente, algo que reconoció al ser llamada humana normalmente en el Dal. – Soy aliado reciente de Fitzpatrick. Lord Harrison Markus Peverell, de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell.- Ofreció su mano al hombre con el sombrero, el cual se lo quitó al reconocer el anillo o la cresta en él.

La familia Zamora nunca había tenido muchos tratos con los mágicos de Gran Bretaña, pero la Familia Peverell era conocida en muchos círculos, sobre todo si tenías la edad que tenían los Zamora.

No era de extrañar que Hale conociera la cresta familiar Peverell, lo cual rápidamente dio una inclinación de cabeza y cogió por el codo la mano ofrecida.

- Soy Heredero Hale Santiago, del Clan Zamora.- Se presentó tradicionalmente el hombre, lo cual Harrison sonrió en reconocimiento de la familia.

- Creo que es posible tener a alguien en común… como conocido.- Ofreció Harrison, soltando la mano y volviéndose hacia la muggle.

Antes de que fuera a abrir la boca, Trick le envió una mirada de advertencia.

"Es cierto, prometí al Rey Sangriento tratarla bien al menos. Bueno, le prometí que no la mataría, pero como siga así, la mato seguro". Pensó Harrison para sí, devolviendo la mirada. Sirius por otra parte se estaba divirtiendo con la interacción de la muggle con su ahijado. Seguramente de esto saliera una hermosa amistad o mucho odio, si les tocaba vivir juntos.

- Mis disculpas, señorita Kenzy. He tenido unos días… desastrosos. Han raptado a mi prometida justo delante de mis narices sin poder hacer mucho. Y todo ello, involucrado uno de la raza de los FAE. Como comprenderá no estoy de humor para tonterías.

- No, lo siento yo. A veces puedo ser un poco intrusiva.

- ¿Un poco?- Pidió Trick con una cara de sorpresa, mirándola como si le hubiera salido una cabeza nueva.

- Bueno, mucho. Pero ese no es el caso… mi… ¿Lord?

- Puedes llamarme Harrison.- Permitió de mala gana, lo cual a Sirius se le cayó la boca, abriéndola de par en par.

- Por la reacción del Heredero Black no suele ser muy común.

- Para un muggle no. En otras circunstancias ella estaría muerta ya, por lo menos cuatro veces.- Comentó Harrison con una sonrisa sádica, algo que mandó escalofríos por la columna vertebral de todos.

- Entiendo que al ser aliado de Trick… te habrá pedido no hacerla daño.

- Exactamente, Heredero Zamora.

- Puedes llamarme Hale.

- Entonces pido que me llame Harrison.- Inclinó un poco la cabeza. – El de la boca abierta, es mi padrino, Sirius.

- Curioso nombre.- Aportó Kenzy mirando de reojo al hombre de la perilla que actualmente estaba tomando un sorbo a un vaso de Whisky, o al menos eso parecía.

- Por cierto, yo no muerdo como él… ¡Soy más divertido!- Gritó las últimas palabras, chocando los cinco con la morena.

Al parecer ambos tenían algo en común, los dos podrían parecerse a niños en cuerpos de adultos. Harrison negó con la cabeza en derrota.

Fitzpatrick en ese momento le susurró algo a Hale, alegando que tenía que hacer unas cosas en la trastienda y que tardaría un rato, el heredero del Clan Zamora asintió y se sentó con Harrison en la barra, mientras que miraban como Sirius y Kenzy jugaban al billar, o al menos lo intentaban, puesto que Sirius hacía trampas con la varita todo el rato.

- Digno de un merodeador.

- ¿Un merodeador?

- Un apodo de su juventud. Bueno, todavía es joven, pero tú me entiendes.

- Más o menos… ¿Puedo preguntarte algo?

- Ya lo estás haciendo, pero sí, puedes hacer otra pregunta.- Contestó Harrison con una sonrisa, mirando al heredero un poco nervioso.

- Verás, para que lo entiendas un poco, soy un policía, ¿Sabes qué es?

- Sí, es como los aurores en la parte mágica. Te dedicas a detener a la gente mala, asesinos, violadores, terroristas, etc.

- Sí… más o menos.

- Dices mucho eso.

- Es que todo es correcto, menos lo de terroristas. Para eso hay otra división especial.

- Entiendo. ¿Cuál es tu punto?

- Mi punto… ¿Podrías decirme la descripción del FAE que ayudó a raptar a tu prometida?

- Puedo decirte su nombre, tal vez lo reconozcas, tal vez no.

- Eso es mucho mejor. ¿Cómo se llama?

- Vex y el bastardo que secuestró a mi prometida, Mihail. Un vampiro.- Gruñó Harrison, viendo y notando como el otro se ponía un poco pálido ante la mención del Mesmer.

- ¿Estás seguro?

- Perfectamente, supongo que le conoces. ¿Dónde está?

- Suele pasar el tiempo en su propio club… ahora no te recomiendo que vayas solo…

- Dame una dirección, me da igual que me recomiendes algo o no, solo ¡Dime donde está Vex!- Gritó fuera de sí, haciendo estallar la cristalería detrás de él, saliendo su aura de muerte y haciendo gemir de miedo al bar entero, Sirius estaba en el suelo, recordando los días de los dementores.

Hale por su parte no sabía qué hacer, tenía aquí un chico que no podía superar los trece años, más poderoso que todos los FAE juntos, y pedía ver a Vex… ¿Qué le habría hecho ese hombre? No tenía idea para esa pregunta, pero estaba claro que el FAE de la Oscuridad era un hombre muerto…

- ¡Yo te llevaré ante él!- Gritó de repente la voz de una mujer, que al parecer Hale reconoció pues su semblante se tranquilizó.

Dándose la vuelta, pudo ver a una hermosa mujer alta, morena, de ojos marrones, y bastante atractiva, vestida de cuero negro ajustado.

- ¿Y tú eres?

- Al parecer, tu nueva compañera de piso.

- ¿Y yo, Bo-Bo?- Preguntó un poco dolida Kenzy. Por el diminutivo de la chica, parecía que se conocían.

- Tu también Kenzy… solo que él va a vivir con nosotras, como un favor a Trick. Tu compañero de juegos, vivirá con Dyson.

- ¿Por qué? ¿No puede ser al revés?

- ¿Dyson? ¿El licántropo?

- Más como un cambia formas.- Explicó el mencionado hombre.

El aparecido Dyson era un hombre alto, fornido, vestido con cazadora de cuero negro, con el pelo revuelto, pero no como lo llevaba Harrison cuando lo tenía corto, sino como si estuviera con rulos.

Tenía una barba rala, como si no se hubiera afeitado en semanas, pero al parecer no lo había hecho en siglos.

Los ojos del hombre eran penetrantes y cuando hablaba, era poco y en profundidad. Diciendo más con su silencio que con sus palabras. Un digno compañero de piso, pero por no molestar a la chica que se había ofrecido a llevarle a Vex, no quiso decir nada.

- Lo siento por el estallido de antes… yo… me descontrolo cuando pienso en el bastardo que secuestró a mi prometida.

- ¿No eres un poco joven para estar prometido?- Preguntó la llamada Bo.

Mirándola de reojo, calculó que tendría unos veintitantos años, casi llegando a la treintena, pero viéndose bastante hermosa. Ocluyendo sus emociones, con un rostro serio pero frío, contestó.

- Soy el último de mi línea de sangre. Tengo cinco Casas Nobles y Antiguas en una, la línea Familiar Peverell. No soy joven, cuando se trata de ser el Lord de mi Casa.

- Lo siento… no lo sabía… si te hace sentir mejor, perdí a mi madre que quiso matarme hace poco.- Aportó la mujer con un rostro también neutral, pero se veía el dolor dibujado en él.

Harrison cerró los ojos con profundidad y movió la cabeza negando lentamente.

- No… no te disculpes. Ha sido un día largo y duro… también estoy cansado. ¿Te importa mostrarme el camino a dónde vives?

- En absoluto, ¿Te importa esperar a que hable con Trick?

- No, puedo esperar. Siento de nuevo todo, Hale.

- No lo sientas… yo estaría igual que tú… sobre todo con Vex.- Dijo el sirénido silbando una melodía lentamente, saliendo de su boca como si fuera una sirena de los antiguos mitos.

Reconociendo eso, Harrison sonrío un poco más, acercándose a Dyson mientras que conocía a su futuro compañero de piso.

Mientras que Bo y Kenzy hablaban con el dueño del local, los parroquianos volvieron a estar a sus asuntos mucho más tranquilos, con muchas ganas de irse y correr la voz, de que Vex estaba en peligro, al menos los que pensaban que iban a recibir una recompensa por ello.

Por otro lado, Harrison y Sirius estaban conociendo al dúo dinámico de sirénido y lobo, como le gustaba ser llamado a Dyson, aunque no fuera un licántropo realmente.

Pasó una hora y media, hasta que de la trastienda salió Trick un poco derrotado y preocupado. Detrás de él vinieron las dos mujeres, una con los ojos llorosos y la otra, la muggle, apoyándose en la súcubo.

- Creo, que es hora de marcharos. Harrison, me gustaría que mañana podamos hablar. Al menos de tu arrebato anterior.- Frunció el ceño Trick, el cual Harrison asintió con la cabeza, disculpándose una vez más.

Él comprendía que estaba en un sitio diferente a donde estaba acostumbrado, como en casa, así que tendría que acostumbrarse a guardar su poder de la vista de los demás, algo de lo que estaba totalmente en contra, pues él era lo que era y no iba a cambiarlo. También se lo diría a Fitzpatrick al día siguiente.

Despidiéndose de Sirius y yendo con las dos mujeres, las cuales le dijeron que irían andando hacia la casa de éstas, algo que Harrison no estaba en contra, él mismo se hizo un glamour en las túnicas, para que pareciera ropa muggle, sorprendiendo a ambas mujeres.

- Vaya… no sabía que podías hacer eso.

- Se llama glamour. Protege la identidad de los mágicos hacia los muggles. No mágicos.- Agrego después de ver las caras de las dos chicas.

Mientras que caminaban hacia el nuevo hogar de Harrison, un hogar temporal, pues no pensaba quedarse por mucho tiempo en este sitio, pensó en como tenía que estar pasándolo Irina, algo que le hacía hervir la sangre por dentro, pero… pronto, pronto la rescataría. Aunque nadie dijo nada de no poder tener un espectro o fantasma cuidando de ella o vigilando los movimientos del vampiro.

Pensándolo bien, tuvo que declinar esa idea, en cuanto que se dio cuenta de que no sabía dónde estaban escondidos.

Suspirando y soltando un bufido, Harrison se mantuvo en silencio, mientras que las chicas hablaban de lo que tuvieran en mente o sus propios problemas. No es que le interesara, pero cuando dijeron que tenían que ver al nuevo Ash y algo de la Morrigan, su curiosidad pudo con él, haciendo que interviniera por vez primera desde que salieron del Dal Riata.

- Disculpe señorita Bo, pero me parece que tiene problemas también. Quizás pueda serle de ayuda.

- Vaya… que educado. Gracias, pero ¿No tenías que buscar a tu prometida?

- De hecho sí, pero eso no quiere decir que no haya más FAE que sepan donde podría estar. Cuanto más sepa de vuestro mundo, mucho más informado estaré. Supongo que hoy no me llevará al club de Vex.

- Supones bien, es tarde y además estamos todos cansados. Será mejor mañana, cuando descansemos y tengamos los pensamientos despejados.

- Lo comprendo. Si pudiera ser de ayuda, creo que ganarían un gran aliado, como yo ganaría dos grandes aliadas.- Comentó con una sonrisa, lo cual era sincero, por la muggle no, pero no hacía daño ser un poco… cortés para con ella.

- Lo pensaré.- Y así fue como los tres volvieron a andar hacia una especie de fábrica abandonada, lo cual pasando todos por un pasillo y una puerta desvencijada y vieja, entraron en lo que era la sala principal.

De vivir en un Castillo con comodidades y lujos a vivir… en esto, Harrison suspiró por dentro y pensó si no estaría mejor con Sirius.

Aunque Sirius estaba en una posición similar, pues el lobo vivía en un gimnasio muggle, no era algo que le gustara, después de las comodidades que tenía en Grimuald Place y el Castillo Peverell.

Esa noche, ambos, padrino y ahijado suspiraron en derrota, sabiendo que tendrían que hacer algo, para que fuera más cómodo el chiquero en donde pasarían su estancia, una estancia que esperaban que fuera corta, pero desgraciadamente, sin que ellos lo supieran, les llevaría casi un año completar la tarea de rescatar a Irina y matar al FAE que le habían encargado matar.

Nota de Autor:

Hola de nuevo, como prometí, este capítulo es una introducción a Bo, Kenzy, Trick, Hale y Dyson. No es que sea muy bueno con las descripciones físicas, o muy detallado, pero es algo, espero que en los capítulos siguientes pueda describir más.

El problema de Harrison, es que quiere a Irina de verdad, por eso pierde mucho los estribos, aparte del cansancio del viaje en el mismo día y de lo poco que ha dormido.

Sirius tendrá un papel importante a la hora de infiltrarse en las filas de los FAE, pero también tendrá aventuras con su ahijado y con Kenzy.

No digo más, con esto un saludo y hasta el próximo, que espero que sea un poco más largo que éste, pero es que no sabía que más escribir. Por cierto, creo que la intervención será en la segunda temporada, sobre los primeros capítulos, cuando ya ha pasado la debacle de Aife tratando de matar a Bo y Dyson que pierde su amor por ella.

P.D. Gracias a todos por los comentarios, son todos muy bien bienvenidos.