CAPITULO 15
COMIENZA LA BÚSQUEDA Y DESCUBRIENDO EL PASADO DE BO
Harrison no podía creer en donde se había metido, al ver por primera vez la… ¿Casa? Si se le podía llamar así, de Bo, suspiró en prácticamente una derrota. Había accedido a venir con ellas porque pensaba que vivirían en un sitio cómodo, no en una pocilga.
Todo estaba desordenado, en el sofá había restos de comida, podía sentir la presencia de alimañas, tales como ratas y cucarachas.
Siseando para sus adentros, liberó a sus familiares inmediatamente, ordenándoles que hicieran limpieza de alimañas.
Al ver las serpientes que salían del cuerpo de Harrison, las dos chicas se tensaron al máximo, exclamando sorpresa y… miedo.
- No temáis, ellos no os morderán. Están instruidos para obedecerme, son mis familiares.
- ¿Familiares? ¿Cómo qué, una madre y un padre?
- No seas tonta, señorita Kenzy.
- Kenzy… solo Kenzy. Lo de señorita me hace sentir… como si hubiera hecho algo malo.- Dijo la morena de ojos azules, mirando cautelosamente ahora por todo el piso. - ¿A dónde han ido?
- Mis familiares, no, no es como si fueran mis padres, más bien como amigos íntimos. Han ido a cumplir mi orden de mantener limpia la casa de alimañas. Tales como cucarachas y ratas.
- ¿Tenemos ratas?
- Sí. Las tenéis o las teníais, ahora que Apofis y Ningizzida se están haciendo cargo.- Contestó Harrison pasándose una mano por el pelo, mientras que avanzaba con cuidado mirando por doquier en el apartamento o casa.
La cocina, que estaba justo detrás del sofá que daba a lo que sería el salón, era un desastre con cajas de comida, cacerolas sin fregar, sartenes quemadas, vasos sucios… en fin, más que una pocilga era… no habían creado una palabra para eso todavía.
- Encantadora casa. Pero por Merlín y Morgana, ¿Cómo es posible que esté tan desordenada?
- Es culpa de Kenzy.- Acusó rápidamente ante la mirada fría que estaba recibiendo de Harrison.
Kenzy que había oído, pero estaba en el sofá, se levantó indignada para rebatir las culpas, antes de que Ningizzida pasara por su pie, haciéndola saltar otra vez en el sofá.
- Ya he dicho que no temas… bueno, ahora…- Se interrumpió al ver en el suelo unas bragas o un tanga tirado, menos mal que no estaba manchado ni nada, estaba limpio, pero no obstante en el suelo.
Recogiéndolo y examinándolo, pensó nuevamente en Irina, pero para poder rescatarla, tendría antes que descansar algo, y para poder descansar algo, antes tenía que hacer limpieza. Gracias a Morgana por los encantamientos de limpieza.
Tirando a Bo lo que serían las bragas de Kenzy, Harrison sacó su vara de su manga, siseando a las serpientes para que se reunieran nuevamente con él, pues iba a limpiar.
- ¿Qué vas a hacer con ese palo de metal?- Preguntó Bo un poco cautelosa. Trick le había contado que magos y hechiceros usaban palos de madera para hacer magia, eran conductores, dijo. Pero el palo que usaba actualmente Harrison, era de metal raro. No había visto un color tal como ese.
- Este palo de metal, es una vara. No te preocupes, no voy a mataros, solo limpiar este desastre.- Explicó, comenzando a murmurar encantamientos en dirección a la cocina.
Lo que presenciaron después Kenzy y Bo las impresionó hasta el núcleo.
La vajilla, vasos y tenedores comenzaron a moverse solos yendo al fregadero. El mismo fregadero comenzó a escupir agua. Si eso no fuera bastante, de la nada apareció jabón y estropajo, con bayetas y paños para limpiar.
Acto seguido, las paredes y cosas electrónicas, comenzaron a brillar un poco, para cuando dejaron de hacerlo, quedar tan limpios como si fuera nuevo. Era impresionante la magia del niño.
Volviéndose Harrison en dirección del salón, apartó con su mano la mesa, ¡Levitándola! A otro lugar, para poder presionar la vara en el suelo.
Una vez que estaba seguro, Harrison comenzó una cadena de encantamientos de limpieza, haciendo brillar el suelo y la casa entera por dentro. Poco a poco toda la casa fue recogiéndose a sí misma y limpiándose, quedando impoluta, como si la hubieran limpiado profesionales de la limpieza.
Los sillones y sillas desvencijadas se arreglaron a sí mismas. Las paredes rotas, volvieron a estar juntas. El techo que temblaba cada vez que Bo tenía sexo, ahora estaba arreglado. En fin, la casa ahora parecía más habitable y más… nueva de lo que era.
Pero lo más importante era la chimenea. En la chimenea fue él mismo en persona y comenzó a cantar en un idioma que las chicas no entendieron, para hacerla brillar de verde escarlata por unos momentos, hasta que de pronto Harrison se volvió hacia ellas con una mirada curiosa.
- Necesito sangre de vosotras.
- ¿Eres un vampiro?
- No seas ridícula. Eso lo es mi prometida. Bueno, ella es mestiza, pero no es el caso. No, lo que necesito de vosotras son unas pocas gotas de sangre, para agregarlas a la chimenea. Con vuestra sangre tendréis acceso a la red Flú. Si vosotras tenéis acceso allí, entonces puedo comunicarme con mi casa.
- Ah… la magia es rara.- Añadió Bo en silencio, más no sabiendo con que pincharse en el dedo.
Rodando los ojos ante la estupidez de la súcubo, Harrison sacó su baúl, desencogiéndolo ante la estupefacta mirada de Kenzy y Bo.
Mirando por uno de los compartimentos, sacó lo que era un puñal de aspecto temible, pero por las rápidas explicaciones que daba Harrison, era un puñal ceremonial, lo que se encargaría de curar la herida que se hicieran con él. Tampoco sentirían dolor.
Pinchándose primero Bo, pues Kenzy la miró como si estuviera loca de pincharse ella con eso que la ofrecían, Bo no sintió nada de dolor, es más sintió como un cosquilleo.
Cogiendo rápidamente el puñal, Harrison agregó las gotas de sangre de Bo a la chimenea. Mirando a Kenzy, le explicó que si ella quería viajar alguna vez por Flú, tendría que añadir su sangre, sino, bueno sería quemada viva por las protecciones en el Castillo Peverell.
Asombrada de que tuviera un castillo el chico, más de que viviera en uno, Kenzy no notó cuando Bo la pinchó con la daga ceremonial.
Dando un chillido muy de niña, Kenzy fue a chuparse la herida, pero descubrió, que, en efecto Harrison no mentía. No había herida.
Una vez que las chicas estaban agregadas a su propia chimenea, con solo una dirección disponible para ellas, es decir, su Castillo, Harrison miró hacia arriba durante unos momentos.
- ¿Qué pasa?
- ¿Tenéis más habitaciones en los pisos superiores?
- Sí… la habitación de Kenzy, la mía y la de invitados, en la cual estarás tú.- Respondió Bo con un encogimiento de hombros.
Resignado, suspiró subiendo las escaleras, para exclamar en voz alta por la inminente suciedad y… polvo.
No entendía cómo podían vivir en tal estado de deterioro. Podrían contratar a una criada o algo por el estilo para que limpiara la casa de vez en cuando… estaba muy tentado Harrison de llamar a un elfo doméstico para que trabajara en esta casa mientras que estaba aquí en Toronto.
Una hora y media después, volvió a bajar las escalaras, para encontrarse a las dos chicas temblando de miedo en el sofá.
Curioso por la situación, Harrison se acercó a ellas descubriendo cual era el problema.
- Apofis, Ningizzida, ¿Qué pasa con ellas?
- Maestro, nos temen. Huelen a miedo. Aunque una de ellas puede ser un depredador.
- Sí… es una Súcubo. Pero no temáis, no creo que sepa del alcance de sus poderes. ¿Las habéis asustado?
- Puede que un poco.- Dijeron ambas serpientes un poco avergonzadas, si una serpiente puede avergonzarse.
Mirando a las chicas que ahora estaban con los ojos abiertos por el uso de Pársel, Harrison suspiró nuevamente.
- Sí… puedo hablar con las serpientes. Os dije que no temierais a Apofis y Ningizzida, no os harán daño. También me informan que sienten haberos asustado. Por cierto, las alimañas han sido tratadas.
- Gra… gracias.- Dijo tartamudeando Kenzy, la cual ahora que se le estaba pasando la preocupación, parecía que el sueño la estaba conquistando.
- Creo, que sería mejor irnos a dormir un rato.- Opinó Harrison viendo como ambas bostezaban. Sonriendo ligeramente, Harrison ordenó a los basiliscos que mantuvieran una vigilancia por la noche, de cualquier amenaza.
- Mañana pondré protecciones mágicas contra aquellos que quieran haceros daño. A mí también, por extensión.
- ¿Qué pasaría?
- Recordarían que tienen que hacer algo más importante. Es una sala de confusión.
- ¿Qué más protecciones tienes?
- Podría usar una sala de muerte, pero dudo que me lo permitáis.
- ¿Por qué?- Pidió Kenzy interesada en el asunto "muerte".
- Tengo que sacrificar veinte… bueno aquí diez, muggles.
- Ah… si mejor esa no.- Accedió Bo, bostezando nuevamente, sonrojándose un poco ante la vergüenza.
- Me despido. Que descanséis.- Dijo Harrison subiendo por las escaleras nuevamente y yendo hacia su dormitorio, el cual puso unas cuantas barreras anti muggle, para evitar que la chica Kenzy fuera a gastarle alguna broma. También puso barreras que impedirían que el sonido fuera a través de la puerta. No tenía intenciones de escuchar cuando la súcubo se acostara con quien quisiera. La vida privada de la gente, era eso, privada.
Cerrando la puerta, talló runas para que solo él pudiera abrirla, lo que le daría una ligera ventaja si alguien quería atacarle.
Ahora que su habitación estaba agrandada, limpiada y mucho más a su gusto, con la cama transfigurada y una pequeña chimenea que estaba calentando la habitación, colocó el baúl sobre la mesa, sacando ropas de pijama y guardando las túnicas. También sacó su armadura de piel de basilisco, ahora que utilizaría eso para ir por la calle, aunque también usaría un abrigo largo para camuflarlo.
Lo malo, es que hacía calor, pero lo bueno es que podía crear glamour para que pareciera ropa muggle.
Acostándose en la cama, pensó en su prometida una vez más, prometiéndose que a la mañana siguiente comenzaría la búsqueda. Dijeran lo que dijeran, se opusiera quien se opusiera, los FAE pagarían por su desfachatez.
A la mañana siguiente, Harrison se quedó dormido hasta las ocho de la mañana, algo que normalmente no haría, pues a las seis ya estaría en pie, pero al haber llegado tarde el día anterior, haberse acostado más tarde y haber tenido que limpiar la casa, Harrison se había quedado dormido.
Ahora que recordaba, había prometido poner barreras y salas para proteger el edificio de ataques o visitas no deseadas, dado que había entendido por el incontable número de armas en la casa, que eran atacadas las dos mujeres con normalidad.
Levantándose y yendo hacia el único baño que había en la casa, para tomar una ducha, llamó a la puerta… sábana, mejor dicho llamó con la voz para ver si había alguien al otro lado.
- ¿Esto… hay alguien en la ducha?- Preguntó negando con la cabeza por la falta de intimidad aquí.
Al no recibir respuesta, lo intentó otra vez más, levantando un poco más la voz, pero con el mismo resultado. Decidiendo que no había nadie, pasó dentro del baño, cerrando mágicamente la tela que separaba el baño de las habitaciones.
Mirando en derredor, vio con una mueca de asco la bañera. Había sido utilizada después de que había limpiado, eso estaba claro. Pues había pelos y… sustancias que no quisiera saber lo que eran allí.
Con un movimiento de su mano, limpió nuevamente la bañera, ahora satisfecho y seguro de que llamaría un elfo por la red Flú para que limpiara los desórdenes que las mujeres hacían, aunque tenía la mejor idea de que la más culpable era la muggle, Kenzy.
Desnudándose y entrando en la bañera, tomó su ducha rápidamente para bajar a desayunar, o ver si había algo por el camino.
Una vez vestido y todo, cerró el baúl en su habitación, cerrando la puerta de ésta también, con un encantamiento para que solo él pudiera abrirla.
Con las noticias en Pársel de que la FAE se había marchado para buscar algo de desayunar, hace una hora, le dijeron sus basiliscos que la muggle todavía dormía plácidamente.
Suspirando fue a la chimenea, encendiéndola y llamando a casa, con los polvos especiales de Flú internacional.
Metiendo la cabeza pidió un par de elfos domésticos a Dobby.
- ¿Maestro pide elfos distintos a nosotros?
- Podéis venir tú y Winky si lo deseáis, pero venid rápido y con comida. También trae bebida, vino élfico y Whisky de fuego… donde estoy no es… muy acogedor. Las dueñas del lugar tienden a ser desordenadas.
- ¡Más trabajo!- Se pudo escuchar el grito feliz de la elfina que estaba escuchando a escondidas. Al final se quedó en que Winky y Dobby serían los elfos enviados a través de un traslador especial, creado por ellos, para llegar a la casa de Bo, pues aún no tenía un nombre para ir con la red Flú.
Sacando la cabeza de la chimenea, satisfecho por fin de que al menos sus elfos pudieran venir y hacerse cargo de la casa en la que le tocaba vivir, fue hacia el salón, encontrándose de frente con Bo, que llevaba una bandeja con bollos y vasos de plástico.
Viendo la mirada interrogante de Harrison, Bo pasó a explicar que como no sabía lo que desayunaba trajo cafés en agradecimiento por haber limpiado y desinfectado la casa.
- No tenías por qué hacerlo, pero prefiero el té.
- Tenía una ligera sospecha de eso, así que aquí tienes u té negro.- Dijo entregando un vaso de té que realmente olía bien.
Cogiéndolo y agradeciendo a Bo por la molestia, tomó un bollo ofrecido. Después de comer, Harrison informó a la dueña de la casa que pronto sus elfos domésticos vendrían para limpiar y cocinar, asegurando a Bo que no tenía que temer de ellos, pues también serían los encargados de vigilar las salas que haría, una vez Kenzy estuviera despierta.
- No te preocupes mucho por ella, no suele ser una persona de la mañana. A no ser que tengamos trabajo.
- ¿En qué trabajáis?- Preguntó realmente curioso, pues tenía la sospecha de que los FAE tenían trabajos muggles.
- Principalmente en encontrar gente desaparecida, también trabajamos para ambos lados de los FAE, resolviendo sus problemas.
- Eso es interesante. Por cierto, ¿Sabes que tienes un aura oscura rodeándote?
- ¿Qué?- Preguntó sorprendida de la pregunta de Harrison. Ella sabía que a veces estaba tan hambrienta, que podía perder su auto control, pero eso del aura no tenía ni idea. – No… no sabía nada de eso. ¿Es malo?
- No, parece estar protegiéndote… es como si fuera parte de ti. Es curioso, dado que me resulta familiar.
- No sé cómo puede ser… ¿Crees que lo heredé de mi padre? Sé que heredé de mi madre el poder de… bueno ser Súcubo.
- Entiendo. ¿Conoces a tu padre?
- No. Fui abandonada cuando era un bebé, me adoptaron más tarde, por lo que tú llamas muggles. No eran muy… buenos al respecto.
- ¿Te hicieron daño?
- De una manera. Me dijeron que el sexo era malo, demoniaco, que solo se podía hacer para reproducirse.
- Entiendo. Eran radicales religiosos. Los parientes con los que me quedé hasta los nueve años, eran similares, creían que la magia era demoníaca. No me trataron con el más mínimo de los amores. Por eso los maté… quemando su barrio hasta las cenizas.- Sonrió ante el recuerdo, pensando en si tal vez hubiera sido mejor llevarlos consigo al Castillo Peverell, para divertirse un rato más con ellos, pero el castigo que les hizo, más la cantidad insana de muggles que mató, fue suficiente para él.
Después de esa declaración hubo un silencio tenso e incómodo entre ambos, Bo pensando que lo que hizo estuvo mal, pero no diciéndoselo, pues cada uno tenía el derecho de hacer sus propias decisiones y vivir sus vidas como pudiera.
- ¿Sabes? Podría ayudarte a descubrir tu árbol genealógico.- Comentó Harrison mirando a los ojos de Bo, la cual los abrió interesada, pero antes de que pudiera contestar, un ruido de "pop" se escuchó por la casa, mostrando a dos… cosas con orejas puntiagudas hablar rápidamente entre ellos.
- ¡Winky, Dobby, que alegría veros!
- ¡Maestro Peverell!- Dijeron ambos al unísono, inclinándose ligeramente ante él, el cual los sonrió gratamente. – No sabíamos que ahora vivirías con… muggles.
- No por elección propia. Temo que aquí, con los FAE, tengo que mezclarme. Pero eso no quiere decir que podáis trabajar en esta casa. Winky, Dobby, conoced a Bo, ella es FAE. Os presentaría a su… muggle, pero está durmiendo. Desgraciadamente no podemos matarla, pues Fitzpatrick, de la Casa McCorrigan me ha pedido que la trate como a una aliada suya.
- Entendemos Maestro. ¿Podemos comenzar a hacer el desayuno?
- Por supuesto. Preguntad lo que queráis saber a Bo. Bo, estos son Winky y Dobby, se quedaran mientras que yo estoy aquí. Ellos les encantan trabajar. Espero que no sea una molestia.
- En absoluto… bueno, me tengo que ir… por cuestiones de trabajo. Espero que cuando termines te pases por el Dal, recuerda que Trick quería hablar contigo.
- Claro… y yo que quería comenzar con la búsqueda de Irina…
- Habrá tiempo, no te preocupes.- Dijo la morena, caminando hacia su chaqueta y cogiéndola, despidiéndose y riendo ante la imagen mental que tendría Kenzy de los bichitos con orejas puntiagudas.
Harrison pensó en lo que había dicho la FAE neutral, no le gustaba ni una pizca que fuera tan condescendiente en el tema de su prometida, pero lo dejaría pasar por el momento. De todas formas tenía una reunión a la que asistir en el Dal, un sitio de paso como el Caldero Chorreante, pero ésta vez, para Harrison no lo era.
Con una sonrisa siniestra, pensó que un poco de amenaza no vendría mal, sobre todo metiendo el miedo que tenían los FAE a morir.
Pero no mataría al azar, no, esta vez iría a por los FAE de la oscuridad, aquellos que protegerían a Vex y a su Morrigan.
Caminando hacia Dobby, le informó que pusiera salas élficas en el edificio para evitar que gente con malas intenciones atacaran aquí, también les informó con una nota para Kenzy, que estaría en el Dal, por si quería ir allí.
Saliendo de la casa, con sus basiliscos con él, pues no querían quedarse al haber acabado con las alimañas la noche anterior, teniendo una cacería bastante divertida, salió caminando por el mismo camino que hicieron la noche antes él y las dos mujeres morenas.
Perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta cuando Hale le interceptó. Moviendo su mano por tradición si se podía decir así, fue a borrar la memoria del muggle cuando se dio cuenta de quién era.
- Mis disculpas, Hale, pensé que eras un muggle común.
- ¿Qué ibas a hacerme? Espero que no me mataras.
- No… iba a borrarte la memoria de encontrarme. Puedo suponer que los niños muggles tienen clases o no deben ir solos por la calle.
- Supones bien, aunque estamos en verano, en agosto, falta un mes para que comiencen las clases.
-Entiendo. ¿Qué querías?
- Me ha llamado Trick, pidiéndome el favor de encontrarte, para llevarte o escoltarte al Dal… está un poco nervioso.
- Puedo suponer. Anoche no… estuve en mi mejor comportamiento en su sitio de paso.
- No lo jures, estuve presente. Ese… aura daba mucho miedo. ¿Qué era?- Preguntó mientras reanudaban el camino hacia la taberna de aspecto irlandés.
Ponderando en contarle un poco sobre su naturaleza nigromántica, Harrison lanzó una barrera para que oídos indiscretos no escucharan nada.
- Soy un nigromante, eso debes entenderlo.
- ¿Levantas muertos?
-Es más complicado que eso, pero en esencia sí. Llamo a los espíritus de los muertos también, puedo controlar los espectros y visitar el verdadero inframundo, no el de los FAE. El caso, es que uno de mis poderes de nigromante, es el aura de muerte. Cuando pierdo el control sobre mis emociones, cuando estoy en peligro de muerte o como ayer, que perdí totalmente la razón al nombrar a los bastardos que secuestraron a Irina, mi prometida.- Agregó tras ver la confusión en el rostro de Hale por el nombre de su prometida. – Mi aura de muerte sale a la superficie, tiende a asustar al que no es nigromante. También sirve para detectar nigromantes en la ciudad, algo así como una firma.
- Creo entender…
- No, no lo haces. Ese nivel era el más bajo. Tiene siete niveles el aura de muerte. El más alto trata de que podré sacar y destruir las almas de los vivos si quisiera. Eso sí que da miedo.
- Claro… si tú lo dices…- Dijo un poco escéptico de eso, pues no estaba seguro de toda esta cosa acerca de la magia, pero viendo a Harrison caminar tranquilamente y explicando lo que era ser un nigromante era curioso.
También le contó, por el bien de Hale, que era bastante inmune a la mayoría de los poderes FAE tras realizar un ritual hace tiempo.
- Es un ritual de protección que antiguamente era muy usado. Protege al mago, hechicero, brujo o druida de la gente que los quiere controlar o dañar por medios mágicos, a través de pociones o hechizos.- Explicó a un sorprendido Hale, el cual aceptó el hecho como eficaz, pues a él le gustaría muchas veces tener ese "don" para evitar que su hermana le dejara mudo, sin voz.
Hale le explicó lo que era ser un sirénido, el poder que tenía al silbar y demás, también le hizo preguntas estilo Sirius, acerca de la convivencia con Kenzy y Bo.
- ¿Las has visto desnudas?- Preguntó con una sonrisa pícara en su rostro.
- No, aún no.- Devolvió la sonrisa Harrison, pensando en que sería poco probable que hiciera tal cosa, aunque a Hale le gustara ver desnuda por algún motivo que se le escapaba, a la muggle.
Llegando al bar, ambos pasaron dentro, viendo que había poca gente por la mañana, siendo tan temprano era normal que no quisieran beber bebidas alcohólicas, pero debían tener té y café también.
Preguntando a la camarera por un té negro con leche y unas pastas que había visto, se sentaron hablando de otros temas, como los negocios que tenían en el Clan de los Zamora.
Al parecer Hale estaba ofreciendo algún tipo de alianza a Harrison, pero lo hacía como si fuera mecánicamente, algo practicado y con un tono neutral.
Interrumpiéndolo brevemente, para preguntar algo sin sentido, sobre el tipo de dinero que usaban los FAE, sabiendo que era dinero muggle, vio con razón que estaba medio obligado a pedir dicha alianza a Harrison.
- Puedo suponer, Heredero Zamora, que tu… Jefe de Clan te ha pedido que conciertes una cita conmigo o me convocas que está en mi mejor interés tener negocios con tu familia, ¿Verdad?
- ¿Qué me ha traicionado?
- Tu tono. Es un tono obligado a explicarme los distintos negocios que tu familia tiene, puedo suponer que no te gusta mucho la política. Es natural. Dile a tu padre, que si quiere reunirse conmigo, tendrá que venir él mismo.- Zanjó la cuestión Harrison, sabiendo que el padre de Hale tenía su propio orgullo y por muy rico que fuera Harrison, no vendría. Tal vez se equivocara y aceptaría, pero lo más seguro es que Hale le invitara a su casa para almorzar o comer y conocer así a la familia Zamora.
Antes de que pudiera decir nada Hale, Trick salió de la trastienda con una sonrisa falsa, agradeciendo a Hale la escolta de Harrison.
- Lord Peverell, es un honor que honres con tu presencia esta reunión. ¿Podemos llevarla en mi guarida?
- Por supuesto, Lord McCorrigan.- Aceptó Harrison con una inclinación leve de cabeza. Viendo que la reunión se trataba de asuntos importantes y de etiqueta, se despidió de Hale tratándolo por su herencia.
Saliendo ambos de la sala del bar, dejando a un sirénido totalmente confuso y una camarera sin saber qué hacer con la moneda de plata, llegaron a la "guarida" como lo había llamado Trick, en breves momentos.
Sentándose ambos en sillones cómodos y sin tener que recurrir a la magia para convocarlos, Harrison esperó pacientemente a que Fitzpatrick comenzara.
Ambos Lores, o más bien Lord Peverell y el Rey Sangriento, se quedaron mirando a la cara durante unos minutos. Cada uno analizaba el rostro del otro, preguntándose brevemente, cuan poderoso sería el que tenía en frente.
Con un suspiro, Trick pareció decidirse por un plan de acción en lo que se refería a hablar con Harrison.
- Lord Peverell, te he llamado aquí por varios motivos. El primero de ellos me gustaría saber lo de anoche, ¿Qué fue? Ese aura tuya daba miedo, incluso a mí y no soy alguien que tenga miedo a muchas cosas.- Explicó con un ceño fruncido, esperando la reacción incómoda o algo por el estilo de Harrison, pero al solo ver una mirada neutral, sin siquiera un atisbo de emoción se preocupó un poco.
- No debes temer, Lord McCorrigan. Mi… aura de muerte solo está enfocada a mis enemigos y otros nigromantes, para que me reconozcan como tal.- Explicó Harrison sonriendo ligeramente, tal vez con una sonrisa ayudara al rey a sentirse mejor.
Nada más que lo contrario, Trick al ver la sonrisa en el rostro del chico, se estremeció. Había dicho nigromantes y que le reconocieran como tal, ¿Eso quería decir que también era uno?
- ¿Eres un nigromante?
- En efecto. Puedo suponer que hay FAE que se dedican a la nigromancia.
- Sí. Los hay.
- Creo que… la nigromancia FAE puede diferir mucho con la mágica, sobre todo con la que estoy especializado.
- Eso no es tranquilizador en absoluto.
- ¿Sería tranquilizador si te mostrara?
- Creo que mejor no.- Se apresuró a decir Trick, deduciendo que debía haber algún tipo de sacrificio por ahí escondido y no viendo a nadie más que ellos en la guarida, no le apetecía ser ese sacrificio.
- Como quieras. Creo que una explicación de lo que pasó anoche está en orden, ¿No?
- Ya me has dicho que es por el aura. ¿Qué más puede haber?
- La magia, se dicta por emociones. Anoche, desgraciadamente estaba muy emocional, dado que mis escudos de Oclumancia no podían retener lo que sentía en el momento, mi magia de muerte se manifestó. El nivel de aura que usé era el menor de todos, el nivel uno o tres. Tienes que entender que el que raptaran a mi prometida delante de mí, fue… tenso. No solo eso, sino que un ataque contra mi vida fue perpetrado y el castillo en el que estaba, destruido.
- Entiendo. Puedo ver que sería molesto en el extremo más grande. No debes preocuparte, no hubo daños, solo unos FAE asustados. Por otra parte, ¿Cómo es que eres el último de tu línea?
- Eso es por dos razones obvias. Una de ellas es que cuando era más joven, por así decirlo, un mago oscuro, autoproclamado Lord, vino a la casa de mis padres para matarme. Mató a mis padres primero, para luego hacerlo conmigo, pero algo le salió mal y la maldición rebotó, dejándome vivo. La segunda razón intervino y me dejó con parientes de mi madre, los cuales no me trataron muy bien, hasta al menos que cumplí los siete años y un antiguo ritual perpetrado por mi mentor, Markus Peverell, dio su… lugar. A partir de ahí, fui creciendo en el conocimiento de mi Casa y poder mágico. Aprendí la nigromancia y a cómo defenderme. Luego más tarde, supe de mí… destino por así decirlo, aceptándolo como tal, ahora estoy aquí.
- No has dicho mucho de la historia. Pero puedo ver porqué. Está bien, es cierto que hace más de mil años conocí a Ignotus Peverell, el hermano pequeño de un trío de nigromantes. La cuestión es que tuvo un romance con mi hija, Aife, la madre de Bo.- Paró un momento para ver si era interrumpido por la noticia, pero al ver el asentimiento de Harrison, continuó. – Él no tenía ni idea de que era una Súcubo, ella tampoco sabía que era un mago, así que se… juntaron. Cuando me enteré intenté utilizar mi sangre para separarlos, pero no funcionó, según me dijo Ignotus poco después, era por ciertos rituales y que los FAE éramos tan arrogantes por pensar que podíamos dominar a los mágicos, que perdíamos el juicio. No es que me sentara muy bien sus palabras en aquel entonces, debes comprender que era rey, cuando se es rey… es complicado.
- Puedo verlo.- Afirmó Harrison con una sonrisa, él comprendía los hechos, pues Ignotus se los había contado.
Poco después, Fitzpatrick continuó con la historia donde lo dejó, en definitiva, tras varios intentos de asesinato a Ignotus, todos fallidos, se declaró una tregua cuando él, junto a sus hermanos casi diezmó el ejército FAE de Trick.
Entre los dos hubo un pequeño silencio, en el cual el hombre más pequeño en estatura sirvió un par de vasos de vino élfico y un poco de comida, todo aquello con una sonrisa en su rostro recordando días anteriores y mejores.
- Mi hija… se ha vuelto un poco inestable. Antes ella no era así, era una preciosa niña que, por desgracia o suerte, era muy curiosa. También muy guerrera, creo que sacó eso de su madre.
- Sí… suele pasar, sobre todo cuando tiene una hija… peculiar.- Ofreció Harrison pensando en que Bo, ciertamente podría ser la hija del FAE Hades. Tenía cierta aura rodeándola y… como una mano en su pecho, una mano espectral. Complicaba un poco las cosas, pues si Harrison mataba con esa espada que le dio Shadow a Hades, tal vez el agarre que tenía sobre Bo desapareciera.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Qué sabes de su padre?
- Nada. Y es la verdad. No sabemos nada, por más que lo haya buscado.
- No lo busques más. Yo sé quién es o al menos lo sospecho.
- ¿Cómo?
- Tras verla ayer, pude sentir un aura especial rodeándola.- Comentó Harrison tomando un bocado de la comida y un sorbo de vino, ponderando contarle su misión secundaria, pero importante, a Fitzpatrick.
- No lo entiendo, ¿Qué quieres decir?
- El padre de Bo es un FAE, un FAE más antiguo que tú, Fitzpatrick. Es el FAE Hades.- Soltó la bomba, pues era tal que el hombre delante se le cayó la copa de vino al suelo, rompiendo el cristal y esparciendo todo por todas partes.
Para Trick eso era impensable, que su nieta fuera la hija de ese FAE era… dolorosamente peligroso. Si Hades, el FAE de los muertos, el FAE que se decía era un dios, se levantaba y caminaba por la tierra de los vivos nuevamente, sería catastrófico, pues sus hermanos seguramente estuvieran presentes también.
Mirando sorprendido a Harrison por lo tranquilo que parecía al respecto, dudó de la petición que tenía que hacerle.
Lo había traído inicialmente a esta reunión para conocerlo un poco más, para saber si era de confianza, como después resultó ser Ignotus hace tanto tiempo ya. Pero esta información que había dado tan libremente, no era lo que esperaba.
Él quería pedirle un favor, el favor de que matara al FAE que estaba haciendo estragos en la comunidad de Toronto. Un FAE que creía extinto hace milenios, pero ahora estaba seguro que se equivocaba. El FAE era Garuda.
- Te ves muy pálido, Fitzpatrick. No debes preocuparte tanto por Hades.
- ¿Qué no me preocupe? Es el padre de mi nieta, ¿Cómo quieres que no me preocupe?
- Porque le voy a matar, cuando descubra como entrar en el inframundo de los FAE.
- ¿Quieres entrar al Valhalla?
- ¿Sabes que a las deidades verdaderas, no les gusta que se invadan dominios?- Preguntó Harrison con una mueca de desagrado por la información de que un FAE olímpico estaba en el dominio de los nórdicos. – De todas formas, es como te digo, no debes preocuparte por eso, es mi misión liberar a los verdaderos dioses del encarcelamiento de sus discípulos traidores. Con tan solo liberar a Hades, se hará un movimiento en cadena, que más tarde podrán ser liberados el resto.- Informó desdeñosamente Harrison, haciendo que Trick palideciera aún más. Debía conocer la historia de los FAE que traicionaron a los olímpicos en su momento.
- De cualquier manera, Bo no debe enterarse de su paternidad… conociéndola como lo hago, querrá conocer a su padre.- Informó Trick, recuperándose del susto y volviéndole un poco de color a su rostro.
- Estoy de acuerdo.- Mintió Harrison, pues sabía que si mataba al padre de Bo, sin explicarle los motivos, terminaría odiándolo y no era algo que quisiera en el futuro inmediato, después de todo había sido una buena anfitriona de momento.
Con un poco más de conversación para conocerse mejor, ambos salieron al bar, pues ya no había necesidad de mantener las cosas ocultas de Hale.
En el bar se encontraron a una Kenzy un poco furiosa, la furia iba dirigida hacia Harrison por supuesto.
- ¡Tú!- Gritó la morena dirigiéndose hacia Harrison a zancadas y clavándole un dedo en su pecho, haciéndose un poco de daño, pues llevaba la armadura de piel de basilisco puesta.
- Yo.- Dijo Harrison imperturbable ante la amenaza que era implícita en las palabras de Kenzy. - ¿Te has hecho daño en el dedo?- Preguntó condescendientemente y un poco burlón sobre el tema, lo cual la mujer lo fulminó con la mirada.
- ¡Me he despertado hoy con… con… criaturas verdes y de orejas puntiagudas, limpiando la casa, haciendo comida y viéndome dormir!- Gritó la morena, haciendo que Harrison reconociera la descripción como sus elfos domésticos.
- Sí, ¿Te dieron la carta?
- Sí, me la dieron. ¿No podrías haberme despertado?
- Tu amiga Bo dijo, que no eras una persona de la mañana, respeté eso.
- ¿Bo? Cuando la vea… de todas formas.- Dijo moviendo la cabeza para despejarse. - ¿Qué eran esas cosas?
- Mis elfos domésticos, han venido para quedarse con nosotros mientras que estamos Sirius y yo aquí. Ellos limpian y cocinan, también tienen magia asombrosa. ¿Algo más?
- Sí, ¿No se supone que estés en busca de Vex?
- Lo estaría, si supiera donde se esconde la rata.- Contestó Harrison con una mirada fría, la cual Trick le hacía señas a Kenzy para que callara, pero ella al no verlo, no pudo hacer nada más que limitarse a mirarlo.
- ¿Por qué no me has preguntado? Yo sé dónde tiene uno de sus locales, puedo llevarte.
- ¿En serio? ¿Sabes dónde tiene uno de sus negocios? Eso es interesante. Llévame por favor.
- Con una condición.
- ¿Cuál?- Preguntó cautelosamente mirando a la chica, la cual sonreía un poco.
- Que me cuentes todo sobre la magia y tus poderes, ah y que dejes de llamarme muggle. Se me hace ofensivo.
- Es porque es ofensivo. Pero está bien, por el… tratado y alianza que tengo con Lord McCorrigan, te trataré mejor. También te contaré sobre el mundo mágico.- Ofreció Harrison, si con ello le llevaba hacia el lugar que posiblemente se escondía Vex.
Viendo como Kenzy le ofrecía la mano para estrechar, algo así para cerrar el trato, le cogió del codo, como a la antigua usanza, y marchó con ella, invitando a Hale a ir.
- Lo siento chicos, pero no puedo, es zona de FAE oscuros.- Se disculpó Hale, el cual no quería tener nada que ver con lo que hicieran ellos dos.
Salto de escena.
Cuando Kenzy y Harrison salieron del bar, se encontraron brevemente con un hombre de aspecto desaliñado y con cicatrices sobre el rostro, tenía los ojos de color marrón con un toque de ámbar en ellos y para Harrison al menos, gritaba a licántropo.
Queriendo evitar confrontaciones, cogió del codo a Kenzy, desapareciéndolos de inmediato, antes de que el hombre se diera cuenta de que estaban viéndolo.
Cuando aterrizaron nuevamente, en un callejón cercano al Dal, Kenzy se soltó para sujetarse a un lado de una pared, pues estaba muy mareada por el proceso.
- ¿Qué… qué me has hecho?- Preguntó jadeando en busca de aire.
- Nada, he utilizado un medio de transporte mágico. Se te pasará enseguida.- Comentó Harrison con una leve sonrisa divertida en su rostro. – Las primeras veces es un poco… incómodo. Pero tienes que probar mi método favorito de viaje, el viaje en sombras.
- No… creo que pasaré, sobre todo si es como esto.
- Como quieras. ¿Por cierto, está muy lejos el… local ese?
- Sí, tenemos que coger el autobús.- Miró un poco divertida ante el aspecto que le dio Harrison. Al parecer no le gustaba viajar a través de medios humanos, ¿Eh? Pues se vengaría de él por sacarla así.
Caminando hacia la parada del autobús, cogieron el número que Kenzy había dicho que tenían que coger, haciendo transbordo en otras cuatro paradas más, que según la opinión de Harrison lo hizo a propósito la morena, como algún tipo de venganza premeditada en contra de haberla aparecido sin su permiso.
Llegando por fin, a una calle poco concurrida de muggles, algunos de ellos FAE que vigilaban el sitio de Vex, por alguna razón extraña, vieron que el local estaba cerrado.
- Bueno, ahí es donde la mayoría de las veces está al que buscas.- Ofreció Kenzy con un encogimiento de hombros al ver la mirada que le lanzaba el joven hechicero.
- Está cerrado.- Señaló lo obvio Harrison, con un tono de voz que indicaba claramente que no le gustaba aquello.
- Pues ábrelo, ¿No eres un hechicero? ¿No tienes algún tipo de magia, abra cadabra o algo así?
- Y es por cosas como esas, que es una de las principales razones por las que odio los muggles.
- ¿Cuál es la otra?
- No aceptáis la magia.- Contestó sinceramente, sin insultarla ni degradarla con la respuesta. Al parecer no la entendió muy bien, pues iba a contestar, pero antes de que dijera nada, un tipo en uniforme policial se acercó a ellos.
- Mira, mira, mira, lo que tenemos por aquí. Pero si no es la humana de la súcubo sin alinear. ¿Y tú quién eres, niño?
- ¿Le conoces?- Preguntó Harrison sin hacer caso del policía, que parecía un FAE por las palabras que había dicho.
- No…
- Bien, porque va a ser testigo, junto contigo, de mi magia.- Comentó sacando la vara de su funda y señalando hacia la entrada de la discoteca. Poniendo cierto poder en el hechizo que iba a lanzar, no se preocupó por llamar la atención, después de todo, que un FAE oscuro estuviera allí, le venía de perlas. – Bombarda Máxima.- Susurró el hechizo, saliendo un haz de luz de su vara, estrellándose contra las rejas de metal y la entrada en sí, destrozó toda la base del edificio haciéndolo saltar hacia adentro, junto con buena parte de la discoteca, que ahora estaba en ruinas.
La explosión debió de llamar la atención de los transeúntes, pues el policía FAE de la Oscuridad, había sido lanzado unos metros de distancia tras la onda expansiva. Ni Kenzy ni Harrison, se habían movido del sitio.
- Melodramático.- Acusó Harrison al hombre en el suelo, el cual miraba horrorizado la destrucción del local de Vex. – Por cierto, dile a Vex que mando saludos. Que me encuentre en el Dal Riata si quiere discutir… su local.- Informó Harrison, cogiendo a Kenzy antes de que más muggles vinieran.
Sonriéndole a la chica, saltó a una sombra llevándosela consigo de vuelta al Dal, lo que causó cuando llegaron a la puerta misma, que lo mirara con un rostro de incredulidad por lo que había hecho.
- ¿Has destruido el local de Vex? ¿Y que era esa forma de viaje?
- Primero vayamos por orden. Sí, he destruido su local para llamar su atención. Segundo, la forma de viajar es la que te dije antes, viajamos por las sombras. ¿Ha que no ha sido incómodo?
- No… en comparación con la otra, la prefiero. Solo un poco fría, pero imagino que es por las sombras.
- Imaginas bien.- Explicó Harrison abriéndole la puerta a Kenzy, invitándola a pasar primero.
Al parecer cuando pasaron al bar, Sirius estaba de pie allí con el mismo hombre que se habían encontrado, el licántropo.
Poniéndose en una posición defensiva, Harrison instintivamente puso por detrás de él a Kenzy, algo que se sorprendió la morena, pues era un poco más alta que Harrison.
- ¡Sirius! ¡Ten cuidado con el licántropo!- Avisó Harrison, llamando la atención de los mencionados y medio bar.
El mencionado animago de la familia Black, se volvió con el ceño fruncido hacia Harrison, tranquilizándolo con una mirada penetrante.
- ¡Podrías haberlo dicho más alto, creo que en Bretaña no te han oído todavía!- Exclamó un poco sarcásticamente Sirius. – Harrison, este es Remus Lupin, Remus, él es Harrison, mi ahijado y el hijo de Cornamenta.- Presentó Sirius, volviéndose al hombre lobo, que tenía una mueca de dolor en su rostro.
- Ah… el amigo disfuncional, al que llamabais lunático.- Respondió Harrison guardando la vara y dejando la pose defensiva, pero no obstante mirándolo con cautela. – También conocido como uno de los perros de Dumbledore, ¿Puedo suponer?
- ¿Qué te ha hecho Albus? Es un buen mago y un buen hombre.
- Es un hijo de puta. Tan claro como el agua.- Declaró Harrison mirándolo críticamente. – Estás de suerte que Fitzpatrick sea un aliado, sino, te…
- ¿Me qué?- Preguntó el licántropo con un gruñido. No le gustaba por donde iban los tiros, ahora que el hijo de su mejor amigo había insultado a uno de los magos más grandes de todos los tiempos.
- ¡Basta!- Interrumpió Sirius poniéndose en medio de ambos, pero mirando a Harrison primero. – Remus es amigo mío, confío en él.
- Yo no, Sirius. Espero que por tu bien, no hayas metido la pata y contado algo que no debas, como por ejemplo, el motivo de nuestra visita a Toronto.
- No, no lo he hecho. Y no aprecio tu tono, jovencito.
- Puedes no apreciarlo, pero es lo que hay.- Volviéndose al licántropo que lo miraba con un poco de odio no disimulado, Harrison rio con ironía. – Tu querido director, ya no lo es y para que sepas, tampoco está en Gran Bretaña.- Informó Harrison sonriendo ante el shock evidente de Remus. – Eso sí que puedes contárselo, tanto como su querido director te dejó en Azkaban pudriéndote. Vámonos, Kenzy, este bar está infectado…- Dijo Harrison volviéndose hacia la morena que lo miraba un poco atónita ante la confrontación, pero antes de que pudiera irse, Trick salió con Bo y Dyson, los cuales se quedaron mirando a la espalda de Harrison.
- ¡Espera Harrison!- Pidió Bo, corriendo para alcanzar al chico. – Necesito un favor tuyo.- Pidió casi implorando con la mirada y saludando a Kenzy con un abrazo, la cual lo devolvió con entusiasmo, pidiendo ir a donde fuera que vayan, pues quería ver más del poder destructivo de Harrison.
- Claro Bo. ¿De qué se trata?
- Un Lich. ¿Sabes lo que es?
- Desgraciadamente, no. Pero puedes informarme de camino a donde sea que este… Lich esté.- Ofreció Harrison saliendo por la puerta, dejando estupefactos a dos mujeres y un cambia formas.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué le has hecho, Kenzy?- Preguntó Bo, mientras que salía en busca de Harrison.
- Yo nada, Bo-Bo, el hombre de pelo rubio arenoso con cicatrices en la cara. Parece ser que no se llevan bien…
- ¿Remus?- Pidió Dyson con su semblante siempre serio, alzando una ceja ante el comportamiento del licántropo. Estaba bastante nervioso por lo que fuera.
- Ese.- Contestó Kenzy con su siempre sonrisa, montando en el coche de Dyson, un coche que era prestado de la policía.
Harrison se quedó mirando con una ceja alzada al vehículo, preguntándose porque siempre le tenía que pasar estas cosas a él, como montarse en un coche.
Suspirando, se montó en la parte trasera, escuchando la explicación de Dyson de lo que era un Lich, junto con la explicación de Bo de porque se necesitaba su ayuda.
- Así que en definitivas cuentas, se trata de un nigromante que es inmortal, debido a algún tipo de ritual. También ha revivido de alguna manera a un muerto, perturbando su descanso. ¿Y te han contratado para esto? No sabía que los FAE pudieran hacer este tipo de cosas.
- Sí… son FAE raros.- Ofreció Dyson, por lo bien resumido que hizo Harrison de la historia. Mientras que le habían contado todo, habían hablado también sobre cómo llamar la atención de los FAE de la Oscuridad.
Al parecer Dyson le había dicho que si dejaba mensajes, no solo a los vivos, sino mensajes como en las paredes o algún otro tipo de mensaje, podría llamar mejor la atención. Al parecer no solo los de la luz estaban infiltrados en la policía, sino que los de la Oscuridad también.
Saliendo del coche y entrando en lo que parecía una carnicería normal, se dirigieron al mostrador, donde una especie de hombre con ojeras y con un problema grave de olor corporal se encontraba.
Dyson volviéndose tanto a Kenzy como Harrison, con la suerte de que Bo también necesitaba escuchar, habló en susurros.
- Eso es un zombi, tened cuidado con él, son extremadamente rápidos y si te muerden te puedes convertir en uno.- Explicó Dyson, mirando con aprehensión al hombre zombi.
- ¿Puedo?- Preguntó Harrison un poco entusiasta para el gusto del lobo, lo cual asintió con la cabeza. Sería bueno ver de qué trataba la cosa.
- ¡Eh, tú, zombi!- Gritó Harrison llamando la atención inmediata del mencionado, mirando a Dyson con lo que parecía… asco.
- ¡No podéis estar aquí! ¡Es territorio de los FAE oscuros!- Gritó el muy idiota del zombi, haciendo que Harrison sonriera y sacara su vara, transfigurando un pequeño cacho de carne en una tarjeta con su cresta.
Dejándola en el mismo mostrador, Harrison apuntó con su vara al zombi.
- Me pregunto cómo será torturar a un FAE como tú, hasta que me diga lo que quiero saber.
- ¡Es que no has oído, niño!- Volvió a gritar el zombi, acercándose más a la mesa, para sorpresa de Dyson, el cual comenzó a gruñir. No tuvo que hacer mucho, pues un rayo rojo sangre salió disparado de la vara de Harrison dando en pleno pecho del hombre maloliente y tirándolo al suelo con gritos de dolor.
Con un movimiento de su mano, rompió el mostrador en dos, tirándolo a un lado para que pudieran pasar y quedarse cerca del zombi.
- No me repetiré mucho, zombi. ¿Dónde se encuentra el Lich?
- ¡Que te jodan!
- ¿Si?- Preguntó mandando una maldición nigromántica en uno de los miembros, haciéndolo chillar de dolor y miedo ante el aura de muerte. Rápidamente le dijo a Harrison todo lo que sabía acerca del Lich, incluso como se llamaba, donde residía y por cuánto tiempo se quedaba.
- Has sido de utilidad, pero desgraciadamente para ti, como bien has puesto, estamos en territorio FAE Oscuro, así que quiero mandarles un mensaje.- Comentó fríamente, viendo la expresión de puro terror en el rostro del zombi, ya que él miraba la vara como iba encendiéndose la punta en lo que sería una llamarada de fuego. – Flamma Ignis.- Susurró, viendo como una llamarada de fuego consumía la carne podrida del zombi, entre sus gritos de terror. Dejando que el fuego consumiera la tienda y los que estaban dentro de ella, Harrison salió seguidamente y muy rápido por los dos FAE y la humana, que miraba con expresión sombría.
- Esta vez no has volado nada.- Dijo un poco tristemente.
- No te preocupes querida, pronto verás cómo vuelo algo, estoy seguro.
- ¿Esta vez?- Preguntaron Bo y Dyson al mismo tiempo, mirándose un poco y aportando rápidamente la mirada uno del otro.
Kenzy, que no podía mantenerse callada, les contó todo sobre como Harrison había volado el local de Vex en pedazos o como suponía que la entrada y parte de la discoteca, también había volado.
- Es una buena firma, sobre todo si dejaste a uno vivo para que pudiera pasar el mensaje.
- Sí, pero tu idea de llamar la atención, dejando mi cresta, creo que es buena también. Lástima que los magos no se involucren en los hechos FAE, sería tan divertido como se ponen de mi lado.
- ¿Estás seguro que se pondrían de tu lado?
- Casi del todo.- Contestó, mirando a Dyson de reojo. Por mucho que le dijera que no lo atacaría, todavía no se fiaba de él, sobre todo cuando le había dicho que confiaba en Remus Lupin, al igual que el nuevo Ash.
Una hora de viaje después en coche, Harrison se encontraba mirando lo que era un teatro abandonado junto a Dyson, Kenzy y Bo.
-¿Es aquí?- Preguntó escéptico el hechicero, mirando al lobo al ojo. Ante el asentimiento de Dyson, todos pasaron dentro, encontrándose con un recibidor de teatro abandonado, buscando por el Lich, a lo que Harrison sacó su vara y utilizó un encantamiento Point Me Lich. Viendo que el encantamiento le dirigía hacia otra dirección, soltó un poco de su aura de muerte, avisando a sus compañeros para que no temieran, y comenzó la búsqueda de la filacteria o filacterias de dicho Lich.
Siguiendo su instinto, encontró lo que eran las filacterias. Riéndose a carcajadas, eso llamó la atención de un hombre demacrado, con el pelo negro grasiento, muy parecido a Severus Snape, al menos en el cabello. Tenía los ojos pintados de negro, por lo que parecía. El rostro estaba también maquillado y desprendía un olor nauseabundo a muerte.
Harrison no paró de reír hasta que Kenzy le pidió que fuera tan gracioso.
- Disculpa Kenzy, pero a veces olvido que los FAE son tan arrogantes a veces, que me da la risa. Es mejor eso que llorar. Al parecer él.- Dijo señalando al Lich que estaba mirando a Harrison con cierto temor, pues había descubierto lo que era rápidamente, gracias al aura de muerte del mismo. – Es tan estúpido que no se ha dado cuenta, de que sus filacterias, están vivas. Cuando digo vivas, quiero decir que tienen media alma suya en sus cuerpos. Ahora todos ellos son muggles, por lo que no me importa, pero están destruyendo el equilibrio. Lo siento, pero tienen que ser destruidos.
- ¡No! ¡Espera, podemos pactar un trato!- Pidió el Lich un poco nervioso ante el nigromante delante de él y los demás que se habían quedado mudos.
- ¿Ves? Te dije que Harrison solucionaría el problema del Lich.- Dijo Bo muy confiada en las habilidades del hechicero Peverell.
- No me interesa pactar contigo.- Explicó haciendo caso omiso del comentario de Bo y las reacciones de Dyson. – Has cometido errores. Si hubieras cogido otras cosas para tus filacterias, ni siquiera estaría aquí molestándome contigo, pero has decidido desequilibrar la muerte y eso no lo puedo permitir.
- ¡Pero eres un nigromante!- Exclamó incrédulo, ganando tiempo, al menos hasta que uno de sus cazadores o soldados vinieran a su rescate, no quería morir tan rápido, tenía tanto arte que descubrir y resucitar.
- Estúpido, ¿De verdad crees que los nigromantes buscamos la inmortalidad? No… no respondas a eso. Eres egipcio, no entiendo cómo has caído tan bajo, sacerdote, pero eres FAE, por lo que pudo entender un poco tu arrogancia.- Insultó al FAE enfrente sin preocuparse por una de las filacterias que se acercaba sigilosamente a él.
Volviéndose hacia todas las filacterias y contándolas, omitiendo el soldado detrás, sonrió sádicamente, pensando en la maldición asesina y la velocidad de lanzamiento. Desgraciadamente no podría decir el hechizo, pues tenía que ser rápido en lanzarlo.
Así pues, solamente para beneficio de sus compañeros, se volvió tan rápido hacia atrás, que sorprendió al Lich y al soldado hasta la médula.
- ¡Avada Kedavra!- Gritó, sin esperar a que llegara la maldición asesina a su destino, pues podía sentir con su aura de muerte, como el medio alma y parte del alma del Lich abandonaban el cuerpo que caía muerto al suelo.
Antes de tocar el suelo, cinco maldiciones se dirigieron hacia los muertos que había levantado, con cada maldición golpeando, el Lich gritaba de dolor, pues su alma estaba siendo destruida y mandada hacia el más allá, donde seguramente Shadow se encargaría de hacer sufrir a esta cosa despreciable. No era mejor que Voldemort con sus Horrocruxes, pero más fácil de matar y destruir.
El último de las filacterias en caer, fue un bailarín que estaba bailando, ignorando toda la debacle.
Mirando ahora al moribundo Lich, Harrison le sonrío descaradamente, acercándose lo suficiente para ver sus últimos alientos de vida.
Moviendo la cabeza negativamente, no le permitiría irse sin sufrir un poco más, por ello lanzó la maldición Cruciatus en él, hasta que murió del todo. Ahora el Lich, no era más que un montón de polvo y algunos huesos en el suelo.
Convocando lo que era el cuerpo del hombre que había venido a buscar, lo transformó en una caja de cerillas, entregándoselo a Bo, la cual estaba boquiabierta de la impresión. Aunque no era la única.
- Otra vez sin explosiones… ¿Qué era el rayo verde?- Preguntó Kenzy un poco molesta por las no explosiones.
- La maldición asesina. Mata todo lo que toca.- Explicó sucintamente Harrison, haciendo señas para que salieran de la guarida del muerto y destruido Lich.
Una vez en el vestíbulo, Harrison se volvió a sus compañeros, explicándoles lo que iba a hacer a continuación.
- Por si acaso este Lich tenía más filacterias, que no fueran en forma humana y esté como un espectro, voy a quemar esto con Findfyre, es un fuego maldito, más poderoso que el que utilicé en la carnicería.- Explicó viendo las caras de póker de sus oyentes. – Haré que se apague solo, no os preocupéis. Puedo suponer que esta… sección o territorio es puramente muggle.
- Sí… son de los humanos, algo así como territorio de caza para los FAE.- Aportó Dyson, lo que le valió una mirada indignada de Kenzy y de una, incrédula Bo. – No me miréis así, los FAE necesitan alimentarse… los humanos son una base alimenticia propicia.
- ¿De qué se alimentan los FAE?- Preguntó Harrison curioso, mientras sacaba a los tres de allí.
- Bo, por ejemplo, se alimenta de la fuerza de vida de los humanos, también de los FAE. No sé cómo será con los mágicos.
- Viendo lo visto, no creo que ella pueda alimentarse de mí, aunque lo intente. Eso no quiere decir que no me gustaría probar.- Explicó Harrison a un Dyson atónito ante las palabras. – Entiendo entonces. De todas maneras, no dejaré que el fuego maldito se propague, podría llamar la atención mucho.- Finalizó Harrison la conversación, quedándose dentro y mirando como los otros estaban expectantes a su magia.
Girándose para apuntar a un lugar al azar, Harrison echó el Findfyre en una pared, con un contador especificando que cuando todo el edificio estuviera consumido, el fuego se apagara y no se propagara.
Saliendo del edificio rápidamente, no fuera a ser que fuera consumido dentro, vio como los FAE y la muggle veían las llamas con formas de animales consumir casi al tacto el edificio entero.
- ¿Nos vamos? Creo que tienes que devolver el cuerpo al novio, el cual espera con Fitzpatrick.- Dijo Harrison sin el más leve arrepentimiento de quemar una zona muggle o humana a las cenizas.
Ahora Kenzy estaba un poco más contenta, debido a que si bien no había habido una explosión, la quema con los animales le gustaba. Era como verlos bailar al son de las llamas y consumir todo lo que tocaba, era hermoso para la vista.
Salto de Línea.
El Nigth Club de Vex estaba hecho pedazos, literalmente. La entrada había sido arrancada como si un misil se le hubiera lanzado. El interior estaba todo destruido y destrozado. Las jaulas en las que las chicas bailaban, estaban medio derretidas en el suelo, algunas de las barras, clavadas en las paredes.
La barra con bebidas alcohólicas, estaba literalmente desencajada de su sitio. En fin, el edificio en el que el club de Vex, el FAE Oscuro y teniente de la Morrigan, estaba, era para ser desechado y reformado inmediatamente.
Los policías creían firmemente que un escape de gas se había producido, pero uno de ellos sabía mejor.
El policía que había increpado a la humana de la súcubo y al niño, vio como dicho niño destruía sin miramientos el local y había tenido la poca decencia de mandar saludos al jefe.
Dicho jefe, Vex, se paseaba por los escombros de su tugurio, pues ahora era lo que era, un tugurio destruido y medio derrumbado, hablando por teléfono, contando, lo más seguro a la Morrigan lo sucedido.
Deteniéndose enfrente del oficial de policía, Vex colgó el teléfono y lo encaró sin la sonrisa característica que solía tener.
Ahora tenía la cara seria, como si estuviera de luto o las cosas fueran serias de verdad.
- ¿Qué puedes decirme de lo que ha pasado?- Preguntó mirando por encima de su hombro, para ver que ningún humano estuviera prestando atención.
- No ha sido un escape de gas… Vex.- Comentó con un poco de miedo del Mesmer. Bien podría hacer que se pegara un tiro si se enfadaba lo suficiente por ser portador de malas noticias.
- Dime algo que no sepa.- Susurró furiosamente y con el ceño fruncido.
Tragando saliva por el nerviosismo, el agente de policía u oficial en este caso, comenzó su explicación.
- La humana de la súcubo vino con un niño de no más de trece años… estaban hablando y el niño no se veía contento por ver que el local estaba cerrado. No sé qué pretenderían hacer si estuviera abierto, pero los increpé. Insulté un poco a la humana y…
- ¿Y?
- Y el niño se volvió con una sonrisa… oscura, muy oscura. Luego sacó un palito de metal de su manga, no sé cómo narices lo tenía escondido. Después todo sucedió muy rápido, el niño susurró una palabra en latín y del palito salió algo, no sé el que era, pero te juro que jamás lo había visto. Lo siguiente que sé es que el local entero temblaba y era lanzado hacia la carretera, viendo con asombro, como la humana y el niño se quedaban en su sitio.
- ¿Te dijo algo el niño?- Preguntó viendo la reacción del FAE policía, no era algo que había visto en ningún otro FAE, sea de la oscuridad o de la luz.
- Sí… me mandó saludos para ti.
- ¿Eso es todo?
- Sí… eso es todo. Te lo puedo describir… si quieres.
- Hazlo.- Pidió pensando en solo un niño que sería capaz de hacer semejante desorden con un palito de metal, pues lo había visto antes y si estaba aquí, no era un buen augurio. Prestando atención nuevamente se quedó con dos datos de suma importancia, reconociéndolo enseguida.
- … de vestiduras oscuras, pelo negro largo, como por los hombros y de ojos verdes esmeraldas.- Terminó la descripción el oficial, temblando de miedo ante esos ojos que lo miraban como si fuera a ser el siguiente en su lista.
Los FAE tenían pocas veces miedo, pero esto… esto era algo desconocido para él.
- Lo has hecho bien Mike, ahora tengo que irme a informar a la Morrigan. Encárgate y no sueltes ninguna idiotez sobre la humana y Lord Peverell.
- ¿Es así como se llama el niño?
- Sí… y no parara hasta que le sea devuelto lo que le pertenece.
- ¿El qué?
- Su prometida. Ayudé a raptarla, pero pensé que el niño habría muerto en el castillo.- Fueron las palabras que le sacó el oficial, pues estaba en otra parte aparentemente, pensando en lo que fuera. Ahora podía temer a Vex, pero la información siempre era buena.
Marchándose rápidamente, Vex decidió que primero iría a su casa a cambiarse, no estaba de humor para ir como un maldito travesti por la calle. Después iría a la Morrigan y por último se escondería lo mejor que pudiera, pues si el niño buscaba a los secuestradores, él no podría pararlo con su Mesmer.
Una vez hecho todo lo que tenía en mente, salvo por la reunión con Ebony, Vex entró en el edificio para encontrarse de frente a Massimo, el humano e hijo de la misma Morrigan, aquel que había educado desde que nació.
- Tío Vex.- Saludó con una inclinación de cabeza cortésmente y entrando en el ascensor, para irse a cumplir cualquier orden de su madre.
- Massimo.- Susurró Vex, preguntándose qué narices hacía él allí. - ¿Qué haces aquí?
- Madre me ha dado una misión.- Dijo completamente honesto y feliz por hacer tal cosa. – Es para vuestro nuevo amigo… ese vampiro de Europa. Una pócima para que la perrilla que tiene le obedezca.
- No lo hagas, Massimo. Escúchame bien, vete de la ciudad, lejos y escóndete.- Pidió con terror en los ojos, pues Massimo solamente se rio alegremente, moviendo una mano con desdén.
- Tranquilo Tío Vex, no me pasará nada.- Se despidió entrando en el ascensor, viendo Vex como las puertas se cerraban.
Ahora tenía dos opciones, una no hacer nada y pedir protección a la Morrigan tras informarla de que el hechicero estaba aquí, en Toronto y otra opción era traicionar a la oscuridad y contarle los planes de Massimo, esperando que le perdonara la vida.
Por extraño que pareciere, Vex no tenía mucha auto preservación en su ser, así que fue a Ebony con el problema, si atacaba el hechicero Lord Peverell, entonces cruzarían ese puente cuando llegara, pero no obstante, se escondería en uno de sus otros locales, donde solamente los FAE eran bienvenidos, por precaución, no por miedo.
Tras explicar a la Morrigan sobre el problema más adyacente, la pérdida de su club, ésta le dijo que no se preocupara y buscara donde estaba el niño.
- En el Dal, o al menos eso es lo que le dijo al oficial de policía.
- Bien, manda a los Gorras Rojas tras él, que le den una lección.- Pidió desentendiéndose del problema, pensando erróneamente que ellos podrían matar o dar una paliza al joven Peverell, algo que aprenderían rápidamente los FAE de la luz, pero no los oscuros.
Con eso dicho, Vex salió del despacho, pensando tristemente en los pobres Gorras Rojas que iba a mandar a la muerte, pero ¿Quién era él para desobedecer una orden de la Morrigan? Solo esperaba que no dieran su nombre, ya bastante mal estaban las cosas, como estaban. Así pues iría primero a su nuevo escondite y desde allí contrataría a los Gorras Rojas para acabar con el nigromante.
Salto de Línea.
Remus y Sirius se quedaron atónitos al ver salir a Harrison y compañía por la puerta del Dal Riata, parecía que el pequeño confrontamiento los había llevado a un punto muerto de nuevo, en la relación de Sirius con su ahijado. Tal vez quedar con Remus en el bar del aliado de su ahijado no sería lo mejor o la mejor manera de presentarlos.
Por una parte, Remus era todavía fiel a Dumbledore, pensando que hizo las cosas que hizo por el bien de la gente, sin importar que la gente fuera eso, gente.
- No puedo creer en lo que se ha convertido el hijo de James y Lily… ¡Se suponía que debías cuidarlo!- Exclamó Remus sin importarle que Sirius había pasado nueve años en Azkaban por culpa del viejo metiche.
- Te recuerdo Remus, que estuve en Azkaban pudriéndome en una celda, ¡Y tú ni siquiera creíste que era inocente!- Replicó el animago perdiendo la paciencia y pensando que tal vez Harrison tuviera razón con este hombre, un perro fiel a Dumbledore, alguien que no merecía una oportunidad en sus vidas.
- ¿Y de quien es la culpa? Si hubieras ido a Albus, lo habría comprendido.
- No me jodas Remus. Harrison ha pasado por mucho por culpa de Albus, ¿Qué crees que hubiera hecho con él?
- Llevarlo a sus familiares de sangre, es cierto que a Lily no le gustaba Petunia, pero tenían derechos legítimos a quedarse con él… y además según Albus me contó había salas de sangre protegiéndolo, así que no creo que haya pasado por nada. Seguramente mentiras.
- ¡Le torturaban, Remus! ¿Eso no es nada?
- ¡Su palabra!- Replicó el licántropo levantándose de la silla y tirándola en el proceso. - ¡Es un asesino, Sirius! ¡Y un nigromante! ¡Es más oscuro que Voldemort!- Exclamó Remus salpicando de saliva la mesa y la bebida olvidada, llamando la atención de los pocos clientes que había, también la de Hale y la de Fitzpatrick.
- ¿Su palabra? ¿Te estás oyendo? ¿No eras tú, que cuando era pequeño, un bebé, juró protegerlo?
- No si se convierte en oscuro. Lo mataré si es necesario y Albus…- No pudo decir mucho más el licántropo, pues una varita de madera muy reconocida cayó enfrente de él, amenazándolo en la garganta.
Ahora, en otro momento temería la mirada que le estaba lanzando su otra vez, mejor amigo, pero en este punto de la discusión, estaba más que exaltado como para temer nada.
- No puedes hacerme nada Sirius. Trabajo para el Ash.
- Me importa una mierda para quien coño trabajes, Remus, te has pasado.- Declaró furiosamente Sirius, mirando con asco y odio a su amigo de la infancia, un amigo que estaba considerando seriamente, como muerto.
Mirándose durante unos momentos en silencio incomodo, el bar volvió a sus cosas pues no les interesaba lo que pasara, sin embargo había dos FAE que llevaban la conversación con interés. Trick y Hale.
Trick por el motivo, que si ambos magos sacaban sus armas, debería pararlos con lo que fuera, aunque no sabía muy bien el qué.
Y Hale, por los mismos motivos, pero aún más, ya que era agente de policía. Tal vez tendría que arrestar a uno de los dos si las cosas no se calmaban. Tampoco creía que Harrison Peverell estuviera muy contento con la situación si llegara a enterarse.
- Chicos.- Intervino Hale en una espléndida muestra de querer parar la pelea que se avecinaba. – Deberíais calmaros. No creo que a Harrison le guste que su padrino se meta en problemas.
- Dudo que a mi ahijado le importe, sobre todo si reviento la cara de este licántropo…- Tras esas palabras, Remus Lupin, apartó de un manotazo la varita del mago enojado y le propinó un puñetazo en la barbilla, desestabilizándolo de sus pies y perdiendo su arma.
Al caer en el suelo, ladró una risa seca y triste por el licántropo, convirtiéndose en Canuto, saltó la mesa, pero fue interceptado por Hale.
- ¡Trick! ¡Ayuda!- Pidió el sirénido viendo con fascinación morbosa como el perro, que antes era un hombre, ladraba y mostraba los dientes.
Para ser un perro, tenía mucha fuerza.
- No te molestes, me voy. ¡Y pienso contarle esto a Albus, Sirius! ¡Eres tan oscuro, como tu nombre!- Se marchó el licántropo hecho una furia, sin poder creer en lo que se había convertido su otrora vez, mejor amigo.
Lunático estaba sediento de sangre, queriendo salir a la superficie y Remus no podía hacer otra cosa que esperar a la luna llena. Si Albus mandaba deshacerse de Harrison… entonces haría lo que es mejor para el mundo mágico, seguro que a James y Lily no les importaría, estando muertos.
Con esos pensamientos y otros más oscuros, Remus se marchó a su residencia, concedida por el Ash anterior y reivindicada por Lachlan, para llamar a Albus a Hogwarts, seguía sin creerse que el viejo mago ya no residía allí.
Sirius había vuelto a su forma humana tras haberse ido Remus, recuperando su varita, pagó por las bebidas y estuvo a punto de marcharse, cuando fue interceptado.
- Creo que sería mejor si esperaras a Harrison y los demás en mi guarida, Sirius. No estás para irte de paseo.- Amonestó sabiamente Fitzpatrick.
- Tienes razón… lo siento por todo… es… es solo que acabo de perder a otro de mis amigos de la infancia. No es que no tenga más amigos pero Remus… ¡Oh James, como hemos caído los merodeadores!- Se lamentó con un triste aullido perruno, cayendo en otra silla, llorando su alma y penas tanto a Hale como a Fitzpatrick.
Sirius estaba confesando todo, pero dejando de lado los secretos de familia y a Harrison, hasta que de repente la puerta se abrió para revelar al hijo de su mejor amigo muerto, en compañía de las dos bellezas morenas y el lobo Dyson.
- ¿Qué ha pasado? ¿Se ha ido el licántropo?- Preguntó Harrison a un Sirius lloroso en extremo.
Asintiendo con la cabeza se levantó para abrazar a su ahijado y pedirle disculpas por no confiar en él y en su palabra.
- No Sirius, no debes disculparte, debías ver con tus propios ojos como ese hombre vendió su alma a Dumbledore. Él es su maestro y a él debe lealtad.
- Eso es problemático. Remus Lupin ha jurado lealtad al Ash… si traiciona esa lealtad, le condenarán a muerte.- Implicó sabiamente Hale, sabiendo que si había una traición de ese tipo, se pagaba con la pena de muerte.
En el caso de Harrison era especial, pues ni era FAE ni estaba aliado a un "jefe" FAE, solamente a Trick, el cual sin que lo supieran los demás, salvo Dyson y Harrison, era el Rey Sangriento, el cual había creado las leyes de los FAE, por las cuales ahora se basaban.
- Ese es su problema, no nos interesa como lo haga.- Dijo fríamente Sirius, sin pensar en las consecuencias que traerían sus palabras en el futuro. – De todas formas tengo hambre, ¿Podemos ir a algún restaurante?- Preguntó esperanzado.
- Sirius, tengo mis elfos en casa de Bo, si está bien con ella podríamos ir todos a comer y luego hacer cosas, como buscar a Mihail y Vex.- Hizo una proposición Harrison, mirando en dirección a Bo.
- Por mí no hay problema. ¿Dyson, Trick?- Preguntó la súcubo con ojos de cachorro, pero mirando más a Dyson que Trick.
- Está bien… siempre me he preguntado cómo sería un elfo doméstico.- Se comprometió Trick, dando una mirada a una de sus camareras, para que se hiciera cargo del negocio en su ausencia.
- También está bien por mi parte, ¿Hale?
- Claro compañero.- Contestó suspirando y destensándose por un breve momento.
- Pues como todos vamos, pediré a Winky que prepara un digno festín, después de todo acabar con un Lich que tiene filacterias, da hambre.- Propuso Harrison, llamando a su elfo, Dobby, el cual le instruyó que hicieran comida para siete personas, pues iban: Bo, Kenzy, Trick, Dyson, Hale, Sirius y Harrison a comer en la casa de Bo.
Mientras que esperaban a que el elfo les dijera que podían ir yendo tranquilamente, Bo, Kenzy y Dyson pusieron al corriente a Trick y Hale sobre lo que pasó con los Zombies y el Lich, contando todo acerca de la magia misteriosa de Harrison.
Por otra parte Harrison y Sirius permanecieron en silencio, medio escuchando, medio pensando en sus cosas.
Momentos más tarde, Dobby les indicó que podían aparecer por la casa de Bo, lo cual Harrison y Sirius se propusieron para hacer un traslador hacia allí.
El traslador sería hecho por Harrison, pues era el que había estado en la casa, después de decirle a Sirius que tenía permiso del Wizengamot y del ministerio de magia para hacerlos, pero aunque no los tuviera, con tan solo mostrar el anillo de Lord era suficiente.
Tras la comida copiosa que recibieron de los elfos domésticos y ver por sus propios ojos tanto Dyson como Trick como era un elfo, estuvieron charlando ociosamente un rato, hasta que Trick, sin poder aguantar las ganas preguntó a Harrison sobre como haría para llamar la atención de los FAE oscuros.
Tras una breve reflexión sobre el tema y decidiendo que sería prudente al menos hacerles saber a sus aliados sobre los planes que tenía, pidió a Sirius si le respaldaría.
- Desde ahora en adelante, siempre cachorro.
- ¿Sabes? Deberías buscarme otro mote. Eso de cachorro no va bien conmigo.
- Pero eres el cachorro de Cornamenta y mío. Claro que va bien contigo. Al menos hasta que tengas tu forma animaga.
- Entonces, pronto sabremos qué forma tengo, pues quiero salir de ese mote.
- ¿Qué forma crees?- Preguntó sin hacer caso a los otros comensales, los cuales estaban mirando entre los dos mágicos como si de un partido de tenis se tratase.
- Una serpiente. Lo más seguro, sino, un dragón.
- No ha habido un animal mágico en milenios, no desde Merlín y Morgana.- Explicó Sirius, pero no desanimó a su ahijado de probar. Lo mismo era un gatito lindo que podría meterse con él, pero dada su naturaleza Pársel y sus familiares siendo basiliscos, seguramente fuera lo que había dicho, una serpiente.
Volviendo al tema, se disculpó con Trick por no contestar la pregunta de antes, siéndole repetida nuevamente.
- Me preguntaba, ¿Cómo llamarás la atención de los FAE oscuros?
- Fácil. De hecho gracias a ellos tres, me dieron la mejor idea. Mientras que ataque a los FAE oscuros, matándolos, dejaré una tarjeta con mi cresta familiar. Puedo ver como eso llamaría la atención sobre mí. Vex y Mihail saben la Cresta.- Explicó Harrison sin ningún tipo de pudor al hablar de matar a los FAE.
- ¿No crees que es un poco extremista? ¿No podrías hablar con la Morrigan y el Ash?- Preguntó esperanzada Bo de que no se matara ninguno de los conocidos de ella, tanto en la oscuridad como en la luz.
- No es extremista, Bo. Dime ¿Qué harías si a la persona que amas, la secuestran con la intención de violarla y humillarla eternamente?- Preguntó seriamente.
Bo fue a hablar y contestar, pero por lo que fuera se lo pensó mejor y guardó silencio. Ella estaba clara en que si pasaba eso con Lauren e incluso con Dyson, mataría sin reservas a quien los tuviera presos.
Viendo la compresión en el rostro de Bo y de todos los presentes, Harrison cambió de tema.
- Dyson, Fitzpatrick me ha comentado que eres un cambia formas, algo así como un animago. ¿Cierto?- Con esa pregunta inocente, la conversación derivo hacia otros temas sin tanta importancia, tales como preguntas sobre la magia y otras aventuras que haya tenido Harrison hasta el momento.
Decidiendo contarles sobre las arañas del bosque prohibido de Hogwarts y como las destruyeron, consiguiendo así mucho del veneno y tela, para poder venderlos al mejor postor, tal como las crías, pasaron una tarde agradable, hasta la hora de salir de las chicas y Sirius, quedándose solo Harrison en la casa de Bo, con la compañía de sus elfos, estudiando un poco de nigromancia y otros tipos de magias antiguas.
Nota de autor:
¡Hola de nuevo! He aquí un nuevo capítulo, con la introducción de Harrison y Sirius en el mundo FAE. Espero que les haya gustado. Si hay alguna duda de cómo reaccionan los personajes o como los describo, por favor, no duden en preguntar.
Por otra parte, la participación de Remus se explicará cuando Harrison conozca al Ash.
Ahora Vex debe estar aterrado de enfrentarse a Harrison pues su Mesmer no funcionó con él y vio de primera mano cómo se batía en batalla contra Mihail.
He decidido que la intervención de Harrison es en el capítulo del Lich, cuando le muestran a éste el clavo para salvar a Nadia.
A partir de ahí y de los siguientes capítulos Harrison intervendrán cuando le pidan ayuda, mientras tanto buscará maneras de llamar la atención de los FAE oscuros. En el próximo capítulo será exclusivamente sobre eso.
Sin más me despido y agradezco a todos por sus comentarios y de que les guste el cruce con Lost Girl, pensé que tal vez no gustara.
Un saludo cordial y hasta la próxima.
P.D. Por cierto, son tan pocas palabras debido a las conversaciones que pongo. Es posible que salga un poco del Canon como dije antes, pero es más que nada por la intervención y debido a que casi se me olvidan los capítulos que vi hace unos meses nuevamente. En cuestión al nombre de Kenzy, sé que se escribe con "i" latina, a partir de ahora lo escribiré bien, lo que pasa es que me equivoqué y no lo corregí. Pido perdón por eso.
