CAPITULO 16

LLAMANDO LA ATENCION DE LOS FAE OSCUROS

Después de la comida, del mismo día de la derrota del Lich, Trick, Bo y Kenzi volvieron al Dal, dejando a Sirius y Harrison solos, pues Hale y Dyson tenían trabajo que hacer en la comisaría, sobre todo cubrir los incendios que ocasionó Harrison.

Aunque fuera divertido tener a Harrison como aliado, los problemas que ocasionaba eran tales que causaban dolores de cabeza tanto a Trick como Dyson.

El primero porque tenía que aguantar pacientemente tanto las excentricidades como las bajas de los FAE que había en la colonia.

Cuando quiso fomentar una Colonia fuera de Europa, del viejo mundo, para poder vivir entre los humanos sin muchos problemas, nunca en sus sueños más salvajes pensó en que un Peverell vendría a reclamar una alianza muerta hace mil años o más.

Pero había sucedido y con ello traía la desesperación de que encontrara a su prometida, pero también la esperanza de que en el camino se encontrara con el Garuda, un ser que pocos FAE podría rivalizar y matarlo.

Otra de las cosas que temía, era el día en que Harrison llegara y le dijera que el FAE autodenominado Hades, había muerto a su mano.

No es que le importara mucho, pues se decía que ese tipo de FAE, los antiguos, eran muy poderosos y podrían causar muchos estragos en las dos comunidades, sin contar que seguramente sería un reclamo hacia los Una Mens. Esos seres que creó con la intención de que cuidaran de las leyes FAE. Seres que a partir de los siglos se fueron volviendo arrogantes y pensando ser intocables. Solo esperaba que hiciera lo que hiciera Harrison, no los salpicara demasiado cerca de casa.

Ahora, por otra parte, tenía la preocupación de que el hechicero le contara a Bo sobre su ascendencia y se enterara de que él, era su abuelo, habiéndoselo ocultado durante tantos años, por su propia protección.

Trick tenía sus razones y una de ellas era la protección de Bo. Si se llegara a enterar los FAE que no debían, de que Trick, el Rey Sangriento, tenía una nieta, también súcubo, como su madre, podría estar en grave peligro.

Ahora bien, los pocos que sabía que era el Rey Sangriento, tenían su plena confianza y entre ellos se encontraba Harrison y Dyson.

El problema radicaba si el Ash o la Morrigan se enteraban de su secreto, ahí entonces podrían buscar una excusa para matarlo o utilizarlo en su beneficio, para escribir nuevas leyes, leyes que se opondría pues siempre o casi siempre tendía a traer mala suerte para él y los que él quería.

En el caso de Dyson y la opinión que tenía sobre los nuevos aliados de Fitzpatrick, fue que era un dolor de cabeza seguirles la pista y el juego.

Por una parte estaba Sirius, que era divertido, tanto como Kenzi y Hale, pero a un nivel superior, dándole igual que Dyson fuera tan callado o reservado.

En la noche que había pasado en su casa, Sirius había limpiado un poco, pero encogiéndose de hombros después, se rindió, apostando con Dyson sobre su ahijado y que seguramente estaría limpiando la casa de Bo si estaba realmente tan sucia como dio a entender él.

Al final fue cierto que limpió la casa de Bo y perdió la apuesta que había hecho con Sirius, una apuesta monetaria de veinte dólares nada más. No le importó para nada pagar, estaba contento de conocer una faceta de su invitado, algo que pronto invitó a él cuando tuvo la oportunidad al día siguiente, para devolverle de una forma sutil, el dinero que había perdido la noche anterior.

Pero Harrison… era completamente diferente. Más serio que su padrino, más formal y muchísimo más… sádico, pues esa era la palabra que buscaba.

Después de torturar mágicamente al Zombi, que es lo que la palabra era, tortura pura y simple, lo mató prendiéndole fuego, pero no solo a él, sino a toda la familia de zombies que había en la carnicería. Más de diez zombies se perdieron ese día, dejando Harrison la nota con la cresta de su Casa en el mostrador para llamar la atención de los FAE oscuros.

Eso le había hecho preguntarse si merecía la pena llevarlo con ellos para detener al Lich, algo que después se tuvo que replantear cuando llegaron nuevamente al Dal, después de presenciar, como sin remordimiento ni pensarlo mucho, mató al Lich, acabando primero con las filacterias que había en los cuerpos reanimados.

Después de eso, volvió a torturarle con esa maldición roja oscura, la Cruciatus, según dijo Harrison se llamaba.

También explicó lo que hacía, atacando al sistema nervioso y al cerebro, para que éste sufriera dolor en todo el cuerpo. Una forma terrible de morir si le preguntaban a él.

Lo peor fue cuando convocó esos animales de fuego y quemó a cenizas el teatro. Si solo fuera el teatro no se preocuparía tanto, pero lo malo fue que detrás del edificio, había habido muggles, como los llamaba, haciendo cualquier cosa, lo que fuera que hicieran, murieron quemados vivos.

Diez humanos muertos por el incendio del teatro del Lich, una perdida que ahora no podían culpar a Harrison, pues no sabían si lo sabía y lo hizo a propósito con la excusa de que el Lich podría tener más filacterias por ahí o fue simplemente una causalidad.

Independientemente de cómo fuera, sabía en su fuero interno que iba a ver más muertes de FAE oscuros, y aunque eso no le concernía, pues no había sido él quien había robado a la prometida del hechicero, no podía simplemente quedarse de brazos cruzados.

- Hale.- Habló repentinamente Dyson, entrando en la comisaría después de haber comprado un café en una cafetería de la esquina.

- ¿Qué pasa compañero?- Preguntó en su buen humor el sirénido, ignorando la petición que le iba a hacer Dyson.

- Creo que necesitamos encontrar antes a Vex, sobre todo antes de que lo haga Harrison.- Comentó como si fuera la cosa más normal del mundo.

Viendo la reacción de Hale, de llevarlo a una habitación sin cámaras ni nadie que pudieran oírlos, Hale le increpó por ser tan estúpido.

- No seas tonto Dyson, Vex se ha metido solito en este lío y si Ebony no hace nada, no es asunto nuestro. Son de la Oscuridad, que ellos se cuiden solos.

- Es nuestro problema también. ¿Viste como respondió Harrison a Trick? Dijo que iba a llamarles la atención, ¿Cómo supones que lo haga?

- Matando. Así de simple. Por lo que he podido aprender de él no es alguien que se deba cruzar. Ese chico da verdadero miedo.- Saliendo de la oficina Hale le hizo un gesto con la mano para que no siguiera con la conversación y se adjuntaran al trabajo que tenían por delante, sobre todo con el papeleo que tenían atrasado.

Salto de escena.

Harrison y Sirius en el momento en el que se quedaron solos, comenzaron a planear la llamada de atención sobre los FAE oscuros.

Por una parte Harrison tenía planeado de antemano coger de los recuerdos de Kenzi y Bo, tras verificar que no tienen defensas mentales, los sitios de los que los FAE oscuros operan.

No sería bonito por decirlo de alguna manera, pues al parecer tanto Trick como los otros dos FAE se negaban a decirle nada sobre dónde encontrar a Vex o sus negocios. Pero, por otro lado no quería entrometerse en las mentes de las dos mujeres, al parecer estaba creciendo un respeto por las historias que le contaba Kenzi de ella y Bo. La solución era más simple que eso, en el Dal podría tener la oportunidad de coger desprevenido a un FAE oscuro, sacarle la información sutilmente e ir directamente a la acción.

- Tenemos dos opciones Sirius.

- ¿Cuáles?- Preguntó interesado en lo que su ahijado tenía que decir, hacer cualquier cosa ahora sería bueno, para quitarse de la mente a Remus y su pequeña traición.

- Podemos usar Legeremancia en Kenzi y Bo o podemos usar Legeremancia en un FAE oscuro, para sacar la información de donde operan. ¿Qué te parece?

- Prefiero la segunda opción, no creo que les guste a las chicas que les invadamos la privacidad al leerles la mente.

- No lo sabrían.- Declaró Harrison con una sonrisa y una pequeña risa entre dientes. – Pero tienes razón, me he aficionado a Kenzi.

- ¡Ja! ¡Lo sabía! Sabía que caerías en sus redes. ¿Qué te ha hecho para ser aficionado a ella?

- No me ha hecho nada, solo que ella es diferente de los demás muggles, es tan así… que estoy pensando en hacerle una prueba de sangre y de herencia, para ver si realmente es muggle. Creo que es Squib.

- ¿Qué te hace pensar eso?

- La facilidad que tiene para aceptar las cosas como son. También la facilidad para aceptar la magia, aunque se la ve un poco envidiosa de que tengamos este tipo de poder.

- Trick y los demás también son un poco envidiosos, cada uno tiene sus propios poderes, pero nosotros podemos duplicarlos sin problemas.

- Exacto. De cualquier manera, necesito que vayas al Dal… iría contigo pero me gustaría estudiar un poco.

- ¿Y qué vas a estudiar? ¡Por el amor a Morgana! Estás en un país nuevo, diviértete, sal un poco. Deja un poco de lado los estudios, sabes demasiado como para profundizar más. Si quieres estudiar, hazlo cuando recuperemos a tu chica.- Explicó elocuentemente Sirius, haciendo que Harrison pensara profundamente en sus palabras. La verdad es que tenía razón, debería estar más proactivo en la búsqueda de Irina, que estudiando en la casa de Bo.

- Tienes razón… salgamos los dos.- Estuvo de acuerdo Harrison, cogiendo la capa para ponérsela sobre los hombros. - ¿Aparición, andando o viaje sombras?- Preguntó Harrison con una sonrisa.

- Lo segundo, no lo he probado y Kenzi asegura que es divertido.

- Está bien, ¿Estás listo?

- Cuando tú lo estés.- Dijo Sirius con una sonrisa perruna, sin esperar que Harrison le cogiera por el hombro y que una sombra se les viniera encima, tragándoles y apareciendo a la puerta del Dal como si nada.

- Eso… ha sido muy rápido y apenas he sentido nada… solo un poco de frío.

- Las sombras son frías.- Convino Harrison abriendo la puerta y entrando en el bar de Trick, escuchando la música venir de ningún lado en general.

- ¿Ves? Ya decía yo que Trick era muy callado sobre el tema, pero sabía que escondía aparatos mágicos para la música.

- Eso es una cadena de música, no es mágico, es una invención humana.- Vino la voz de Kenzi saltando a los brazos de Sirius, haciéndolo reír. - ¡Habéis venido! Pensé que querías estudiar.

- He cambiado de idea.- Dijo un poco secamente, pero con una traicionera sonrisa en su rostro. Las dos chicas, Kenzi y Bo tenían vestimentas curiosas para una noche de fiesta en un sitio como éste.

Yendo hacia la barra para pedir una bebida, se encontró con una mujer rubia que escaneaba tanto a Sirius como a él con el entrecejo fruncido.

La mujer llevaba ropa de calle normal, nada fuera de lo común, como iba vestida Bo o Kenzi, siendo un poco provocativa. Tal vez tuviera que comprar o convencer de que Irina se vistiera así alguna vez, no le quedaría nada mal. Saliendo de esos pensamientos, pidió una copa de vino élfico a Trick y un vaso de Whisky para Sirius, el cual ya estaba bailando con unas cuantas mujeres del local.

- Parece que tu compañero se lo está pasando bien.- Comentó la rubia de su lado.

- Parece. ¿Disculpa, pero nos conocemos?

- No, no me conoces, pero yo a ti sí. Bo me ha hablado de ti.- Contestó la mujer con una sonrisa.

- Ah… tal vez deba tener palabras con Bo para que no hable de mí con desconocidos.

- No soy una desconocida, soy…

- ¿Qué? ¿Su amante? ¿Su novia? ¿Su… comida?- Preguntó Harrison sonriendo, mientras iba sacando la información de la mente de Lauren Lewis. - ¿Sabe Bo que fue manipulada por ti a instancias del anterior Ash?

- ¿Cómo sabes eso?- Con los ojos tan abiertos, Lauren interrogó a Harrison sobre si era telepático y la mala educación que tenía por meterse en la mente de los demás.

- No soy telepático y me importa una mierda la privacidad de muggles.

- Eres un… ¿Cómo lo dijo Bo? ¿Hechicero?

- En efecto.

- La magia no existe. Es solo ciencia que todavía no ha sido descubierta.- Eso provocó una risa llena, pareciéndose más a una carcajada de parte de Harrison.

- Claro. Y los poderes que tienen los FAE tampoco existen… ¡Los muggles, como sois!- Exclamó Harrison decidiendo que no merecía la pena discutir con ella sobre magia, haciendo caso omiso de Lauren por el momento, se centró en los demás clientes, preguntándose si habría alguno que mereciera la pena interrogar.

Pasadas las horas y viendo que los pocos FAE oscuros que había, eran trabajadores normales que no tenían idea de donde estaba ubicado Vex, estuvo a punto de rendirse, cuando la misma doctora Lewis volvió pero con Bo del brazo.

- ¿Mala noche?- Preguntó Bo un poco tristemente por Harrison.

- Y que lo digas, Bo. No he podido localizar un maldito FAE oscuro que sepa algo.

- ¿Sigues metiéndote en las mentes de los demás? Eres un maleducado.- Regañó Lauren sin sonreír.

- Y tú eres una muggle que no sabe su lugar. Te recomiendo que cierres la boca y no te metas en asuntos que no te incumben.- Se levantó del asiento, para encarar a Lauren, la cual no tenía ni pizca de intimidación por Harrison.

No queriendo sacar su aura de muerte, para demostrar una lección a esta muggle, pues había prometido a Trick controlar esa parte suya, Harrison sacó su vara y la presionó contra el pecho de dicha mujer.

Viendo Bo que podría resultar maldecida de alguna manera su amante y la podría perder, le pidió a Harrison que no le hiciera nada, que perdonara su ignorancia.

- Está bien Bo, pero dile a esta muggle que no suelo tolerar… las estupideces. No te mato, porque Fitzpatrick es mi aliado y Bo también.- Antes de proseguir con cualquier cosa más, un pequeño alboroto se produjo en la puerta de entrada, como resultado el guardián que vigilaba la puerta, para que ningún menor de edad entrara, entró repentinamente por una de las ventanas, ensangrentado y roto.

Parecía que era una nueva moda, pues Harrison levantó una ceja ante eso preguntándose qué le habría sucedido. La verdad es que le caía bien las pocas veces que lo había visto, parecía un buen hombre, que miraba hacia otro lado cuando Harrison entraba en el Dal.

De repente, seis hombres un poco más altos que Trick entraron, todos ellos vestidos con cazadoras negras y gorras de color rojo.

Debajo de las gorras tenían una especie de paño de cocina u otro tipo de tela, un poco ensangrentado, cubriéndoles el rostro, con hilillos de la misma sangre. Ya sean de ellos o de otras personas, no lo tenía claro.

Le recordaban a Harrison de los gorras rojas, criaturas horribles que te sacaban de los caminos para matarte y mojar sus propios gorros en la sangre de su víctima.

Volviéndose nuevamente a Lauren y Bo, vio que la primera palidecía pues seguramente no era una buena vista para alguien que no estaba acostumbrada a ver sangre, mientras que la segunda no quitaba los ojos de encima a dichos hombres.

Suspirando pesadamente por no poder continuar con la discusión que tenían, Harrison se volvió nuevamente para decirles que se marcharan, cuando notó algo curioso en las mentes de uno de ellos.

El que parecía ser el cabecilla, no paraba de gritar en sus pensamientos de encontrar a un niño llamado Peverell.

Le buscaban a él, de alguna manera hizo su noche a Harrison, pues si estaban en su búsqueda es que había logrado llamar la atención de la Morrigan de alguna manera que era desconocida para él.

Entrando más en la mente, pudo ver donde se escondía Vex, ya que el cabecilla le conocía de tener tratos de dudosa reputación. Más dentro, pudo distinguir a un muggle que se hacía pasar por druida y FAE al mismo tiempo. Un muggle de nombre Massimo que les había pedido a los pseudo Gorras Rojas un tipo de ingrediente para una pócima de fidelidad. Frunciendo el ceño intentó entrar más sobre esa información, pero no consiguió mucho del cabecilla.

Con otro toque sutil de Legeremancia, vio los recuerdos del resto, pero todo fue en vano. Todo esto en el lapso de un minuto y medio, el cabecilla hablando de algo sin sentido, cuando Harrison decidió actuar.

- Mira lo que ha traído la noche, Fitzpatrick, burdas imitaciones de los gorras rojas.- Burló Harrison, viendo por el rabillo del ojo como Sirius se acercaba riendo por el insulto implícito.

- Silencio niño…- No pudo decir mucho más, pues una vara de metal salió de la manga del niño, disparando un tipo de hechizo o maldición, que al dar de lleno en el que había hablado de los pseudo gorras rojas, cayó al suelo en un charco de su propia sangre, con cientos de pequeños cortes por todo su cuerpo.

Los dos que había a su lado, también cayeron al suelo, antes de que su compañero caído pudiera rebotar, lo cual para ellos fue peor o mejor, pues Sirius mandó sendas maldiciones de corte a sus gargantas, rebanándoselas y haciendo que un pequeño chorro de sangre saliera de ellas, salpicando a Lauren y empapándola en el líquido rojo.

- Sé a quién buscáis y le tenéis delante. Avada Kedavra.- Lanzó las dos maldiciones asesinas en rápida sucesión a los otros dos que cubrían las espaldas del cabecilla, cayendo al suelo con un ruido sordo y sin vida.

Quedando por último el cabecilla, mirando horrorizado a su alrededor, viendo que estaba siendo superado en número y poder, pues nadie le había avisado de que se enfrentaba a mágicos, intentó escapar, pero al parecer sus piernas no obedecían la orden de su cerebro.

- Mira… no sé cómo te llamas, ni porque aceptaste el trabajo de intentar matarme, pero te has equivocado de presa. No es personal… bueno sí, lo es.- Dijo sonriendo después de una pequeña pausa para el dramatismo, dramatismo que no sentía en absoluto, pues tenía la completa atención del Gorra Roja. – Es personal debido al teniente de tu jefa, la Morrigan. Ahora gracias a ti, sé dónde está. No temas, no vas a vivir para que te mate ella, te voy a matar yo, pero has interrumpido una… disputa entre la muggle que tiene la sangre de tus compañeros y yo. Ella dice que la magia no existe, que es ciencia sin descubrir, ¿Estúpido eh?- Preguntó retóricamente, dado que el hombrecillo no podía hablar, no se sabía si era del miedo o del shock al ver a todos sus compañeros y camaradas en el suelo muertos o desangrándose. – Bien ves, que hay hechizos que demuestran que la magia si existe, uno de ellos pertenece a la rama de la nigromancia y se encarga de pudrir la carne, mientras que el que recibe la maldición vive, sin poder morir, hasta que llega a la cabeza. Cuando llega a la cabeza, desgraciadamente el cerebro no aguanta tal dolor y estalla. ¿Qué te parece esa maldición para morir?- Preguntó, sin esperar una respuesta, pues eso mismo hizo. Fue una de las maldiciones más oscuras de la nigromancia, pues también anclaba el alma del desdichado que recibía la maldición, para que fuera torturado.

Lo siguiente que todo el bar supo, fueron los chillidos y gritos de dolor y angustia del Gorra Roja, al ver como su propia carne se pudría y descomponía ante sus ojos, comenzando con sus manos, pies, piernas, brazos, torso, hasta llegar a la cabeza, lo cual los ojos le comenzaron a sangrar profusamente y después de unos minutos de gran agonía, como había dicho antes, la cabeza estalló en una nube rosa de sangre y sesos.

- ¿Ve, Doctora Lewis?, La magia si existe. ¿No es asombrosa?- Preguntó, viendo como la mencionada doctora corría a por un cubo o algo, para vomitar todas las comidas que había tenido en el día, aunque ella no era la única, muchos de los espectadores inocentes del bar de Fitzpatrick hicieron lo mismo, incluida Kenzi, que no podía creer lo que había visto con sus propios ojos.

- Vamos Sirius, tenemos trabajo por hacer. Hay un muggle haciéndose pasar por druida, quisiera hacerle una visita cordial.- Explicó mientras agarraba el brazo de su padrino, el cual no salía de su estupor y se marchaban bajo una sombra que había llegado a ellos, cubriéndolos y tragándolos, transportándolos a la cueva de Massimo, el druida. La misma sombra que los había tragado, volvió a su posición en la taberna de Trick, el Dal Riata, el cual ahora parecía más un cementerio que otra cosa.

Cuando Harrison y Sirius llegaron a la cueva del druida, Sirius se tambaleó unos pasos, alejándose de Harrison y mirándolo con horror no fingido.

No podía creer que su ahijado tuviera ese tipo de conocimiento de esa maldición. Su familia había estudiado las artes oscuras y las había utilizado sin pudor en guerras y contra muggles, pero nunca había visto tal cosa como esa. Por mucho que quisiera comprender a Harrison, no podía otra cosa que horrorizarse. Y ahora, para colmo de males estaban en una cueva, Merlín sabe dónde, para visitar a un muggle haciéndose pasar por druida. Eso no era algo que quisiera ver con sus propios ojos.

Pero luego estaba el hecho de que esos hombres, haciéndose pasar por gorras rojas, habían venido a matar a su ahijado. Él tenía todo el derecho a defenderse como buenamente pudiera y si eso significaba tener que matarlos de formas sádicas y… brutales, entonces no iba a protestar.

- Lo siento Harrison.- Dijo Sirius recuperándose de la visión anterior. – Es solo que no estoy acostumbrado a ver tanta…

- ¿Sangre? No te preocupes, es normal. En la nigromancia se ve sangre y ciertas partes internas del cuerpo humano, hay que tener estómago para ello. También terminas acostumbrándote.

- Entiendo. ¿Qué hacemos aquí, nuevamente?

- Este druida… muggle, es el hijo de Ebony, la Morrigan. Vamos a mandar un mensaje a su madre, claramente.- Explicó Harrison caminando hacia el interior de la cueva, donde pudieron ver a un hombre de aspecto elegante o incluso atractivo, moreno y de ojos marrones, echar cosas a un caldero estereotipado, de los grandes y de los que había en los cuentos muggles sobre brujas.

Girando los ojos Sirius comprendió lo que su ahijado se proponía y no es que fuera a intervenir. Que un muggle se hiciera pasar por un druida era lo bastante malo, como para insultar a la vieja religión y magia. No se podía permitir. Aunque no tuviera nada en contra de los muggles, estaba comenzando a irritarse con el comportamiento de los FAE, eran tan arrogantes o incluso más que cuando Sirius y el padre de Harrison iban a la escuela y se creían los mejores.

Ahora su ahijado podía decir que era el mejor, aunque no lo dijera, se le notaba a la legua que lo era, debido al vasto conocimiento sobre magia y magia familiar que poseía. No era arrogancia si era conocimiento.

Pasando ambos en silencio, vieron como el muggle embotellaba algo que sacaba del caldero, Sirius no pudo reconocer nada, pero sobre todo era debido a que no era bueno en pociones. Su ahijado por el contrario, bufó divertido, llamando la atención del muggle.

- ¿Quiénes sois?- Preguntó con el ceño fruncido, pues no esperaba a nadie esta noche, normalmente los clientes de Massimo solían llamarlo con antelación.

- ¿Quiénes somos?- Preguntó Harrison haciendo eco de la pregunta del muggle. – Puede que seamos tu… muerte.- Contestó arrastrando las palabras, sacando tan rápido su vara que apenas tuvo tiempo Sirius de sacar la suya. Para sorpresa suya, su ahijado apuntó hacia la entrada de la cueva y una salida que estaba escondida, detrás de unos armarios, para impedir el escape del muggle. – Más importante, muggle, con tu muerte mandaré un mensaje importante a la Morrigan.- Declaró sonriendo siniestramente, sobre todo cuando vieron tragar saliva con cierto nerviosismo al muggle.

- De hecho, hacerte pasar por un druida es un insulto a la vieja magia y debes pagar tu delito.- Confirmó Sirius, viendo como Harrison le mandaba una mirada de soslayo, un poco impresionado, pero ocultándolo rápidamente.

- ¿Quieres hacer los honores, Sirius?- Preguntó Harrison mientras negaba con la cabeza, por las estupideces que el muggle estaba cometiendo a la hora de mezclar ingredientes. Eso no era pociones, tal vez fuera alquimia, pero… paró sus pensamientos cuando vio un cuaderno con el nombre de Mihail escrito en él, una dirección y… un final a la dirección que ponía "mamá".

- Dime muggle, ¿Tu madre no será la Morrigan, verdad?- Pidió un poco curioso Harrison.

Ahora el muggle envalentonado por una falta de confianza y criterio, pues pensaba que si les decía a estos… lo que fueran, con los palitos, que su madre, de hecho era la Morrigan y que si lo mataban estaría furioso con ellos, tal vez lo dejaran en paz.

- ¡Sí! ¡Lo es!- Gritó un poco más fuerte de lo normal.

- Estupendo. Acaba con él, Sirius, que sufra.- Instruyó Harrison a su padrino, el cual comenzó a lanzarle maldición tras maldición, las cuales intentaba esquivarlas corriendo como un pollo alrededor, para diversión de Harrison.

Tras diez intentos de maldiciones esquivadas, Sirius se cansó de tanta tontería, mandando la maldición Cruciatus hacia él, la cual no pudo esquivar, pues no tenía salida. La salida que tenía estaba ocupada por Harrison que le apuntó con su vara.

Recibiendo la maldición de tortura de lleno, comenzó a gritar tan fuerte que se oiría fuera de la cueva, pero desgraciadamente para el muggle, no habría nadie para escuchar.

Viendo cuán imaginativo podría ser Sirius a la hora de torturar a una persona, sobre todo un muggle, Harrison le fue hablando a Sirius, diciéndole que si se imaginaba que el que estaba torturando era Petegrew, puede que la furia que tenía guardada, la sacara.

- Te sentirás mucho mejor después, Sirius.- Convino Harrison con una sonrisa triste, pues comprendía a su padrino o al menos la furia de ser traicionado, no una, sino dos veces. Primero por Peter y después por Remus.

Tras lo que parecieron horas de tortura, pero en realidad fue media hora, Sirius acabó con una maldición que licua los órganos internos, viendo como el muggle moría, expulsando por su boca ciertas partes de sus intestinos y otras cosas.

- ¿Te has quedado mejor Sirius?- Preguntó Harrison bajando de un salto de una de las mesas y acercándose a su padrino, para ponerle una mano en el hombro.

- Sí… pero ahora estoy cansado. ¿Podemos volver?

- Ciertamente. No creo que sea necesario ir a por Vex.

- ¿Por qué no? Pensé que querrías matarlo.

- Oh y sigo queriendo matarlo, pero verás, el muy estúpido del muggle escribió la dirección en la que se quedaba Mihail. En la casa de la misma Morrigan, su madre.- Mostró el cuaderno, con las direcciones de muchos FAE de la oscuridad, algunos con descripciones bastante detalladas de sus poderes, como una Valquiria de nombre Tamsin.

Ponía que la valquiria había vivido seis vidas gracias al rey sangriento y una ley que sacó sobre dicha valquiria. También ponía que las valquirias tenían el don de ir de ida y vuelta al Valhala, algo que realmente interesaba a Harrison.

- Eso es de tontos.- Suspiró Sirius, mirando al muggle que estaba muerto a sus pies. – Pero supongo que este… era muy tonto.

- Lo era.- Concordó Harrison, apuntando su vara hacia el cuello del muggle, con una tajada, le arrancó la cabeza del cuello, siendo decapitado con éxito.

Mirando por el lugar, vio lo que estaba buscando, un baúl, el cual vació y metió la cabeza en su lugar.

Encogiendo el baúl y transfigurándolo en una caja de cerillas, por si las moscas, estaba maldito o algo, se lo guardó en el bolsillo.

Mirando por alrededor, suspiró pesadamente.

- Sería un desperdicio de ingredientes dejar todo esto así… también de libros.

- Solo tú, Harrison, solo tú.- Rio Sirius, transfigurando un par de piedras en el suelo en baúles y lanzándoles encantamientos de expansión indetectables. Con otra ola de su varita, comenzó la recolección de libros, mientras Harrison riendo por las bromas de su padrino, hizo lo mismo pero con los ingredientes de pociones y alquimia.

En otra media hora, vaciaron la cueva de todo lo que era extremadamente valioso y utilizable, el resto lo incinerarían con fuego mágico, pero no Findfyre ni Hellfyre, pues podría salirse de control, quemando el bosque en el que estaban, y eso no era algo bueno.

Saliendo de la cueva y agarrando a Sirius por un hombro, después de asegurarse la bolsa de baúles en su cinturón, desaparecieron en dirección al Dal Riata, para tomar unos tragos antes de que su padrino se fuera con Dyson a su casa.

Salto de escena.

Saliendo de una sombra en el Dal Riata y gastando una pequeña broma, en modo de susto a Kenzi, Harrison rio con soltura y felizmente.

Era la primera vez que veían a Harrison reír de esa manera, nada siniestro ni nada sádico, solamente una risa verdadera. Saludando a todos e invitándolos a una ronda, a todo el bar, algo que los clientes celebraron, Harrison se acercó a la barra para pedir un vaso de Whisky de Fuego a Trick.

- ¡Mi querido Fitzpatrick, hoy es noche de celebración! ¡Estoy a un paso de recuperar a mi amada y prometida!- Exclamó jovialmente Harrison, el cual depositó una seria de cajas pequeñas sobre la barra. - ¡Y te traigo un regalo!- Dijo emocionado, bebiendo un trago de su vaso, asintiendo al camarero en la apreciación del Whisky de Fuego.

Ahora, que un niño de diez años en el cuerpo de uno de trece, pidiera una bebida alcohólica en un bar FAE, eso era raro, pero más extraño era que dicho dueño se la diera sin negarse.

No se negaba pues conocía que los mágicos tenían un aguante mucho más fuerte que los niños humanos e incluso FAE con ciertas bebidas y ciertamente las tradiciones para brindar, se hacían con alcohol.

- ¿Qué me traes, Harrison?- Preguntó Trick con una mirada derrotada al ser llamado por su nombre completo. Parecía ser que prefería el muchacho respetar el nombre, que darle un diminutivo.

- Libros, ingredientes de alquimia y pociones y algunos de criaturas FAE, recolectados todos por el antiguo druida Massimo.

- ¿Antiguo? Pensé que no era más que un humano…

- Y lo era. Sirius se encargó de él.

- Por eso está… ¿Triste?

- Creo que la palabra es… taciturno. Oye Dyson, ¿Podrías llevarle a tu apartamento?

- Claro…

- Hey compañero, si me das las llaves le llevo yo, me tengo que ir, he quedado con mi padre para hablar de negocios y… bueno creo que querrá venir a pedirte una cita, Harrison.

- Claro, no hay problema.- Dijo Dyson tirándole las llaves de su casa a Hale, confiaba en él lo suficiente para saber que no haría nada malo… o nada que perjudicara la casa, de todas formas.

Despidiéndose Sirius de todos, con una ola de su mano, se marchó junto a Hale, mientras que Trick y Harrison discutían los pormenores de haber matado a Massimo.

- ¿Sabes que él es el hijo de la Morrigan?- Preguntó Harrison divertido ante la posibilidad de que un FAE tuviera un hijo humano.

- No lo sabía… pero es posible que los FAE tengan hijos humanos… muggles.

- ¿Cómo?

- Por la reproducción.- Intervino Dyson con su cerveza, posándola en la barra y echando un vistazo a los baúles, apreciando el contenido. – Cuando un FAE femenino, se reproduce con un humano y ésta queda embarazada, hay un cincuenta por ciento de posibilidades de que el niño no salga FAE.- Explicó a Harrison, viendo como asentía con la cabeza.

- ¿Qué pasa si se mezcla con un mágico?

- No lo sabemos… no ha pasado en milenios… y de hecho espero que no pase.- Mandó una mirada consecuente a Harrison, Trick, como diciéndole que apartara esos pensamientos de su nieta.

- Tranquilo Fitzpatrick, tengo muchas prometidas ya. Aunque esté en busca de la quinta, no creo que Bo sea la indicada.

- ¿Y eso por qué?- Preguntó la nombrada Bo, uniéndose con Lauren, la cual todavía estaba un poco pálida de la confrontación que tuvo Harrison antes con los Gorras Rojas.

- Fácil querida, un Súcubo no se la puede atar a un matrimonio, se la debe dejar libre. Eres una… persona, por decirlo de una manera respetuosa, que es lujuriosa por derecho de nacimiento. Tienes en tus venas y tu esencia, la magia sexual, si sabes cómo usarla.

- ¿Cómo se usa?- Preguntó interesada en la conversación. Pocas veces habían tenido este tipo de conversaciones, pues había pocas súcubos en el mundo FAE. La otra era su madre y no pensaba que la enseñara.

- Practicando mucho sexo. Pero no solo eso, es… complicado.

- ¿Podrías mostrarme?

- ¿En serio? ¿Quieres que te muestre como se hace?

- La magia sexual, se cómo se hace el sexo.- Dijo rodando los ojos ante la implicación.

- No creo que sea una buena idea, además ¿No decías que los FAE no podían hacer magia?

- Nunca dije eso, Fitzpatrick, pero creo que tienes razón. Hoy no, querida. Tenemos que celebrar. ¿Por cierto, alguien… sabe cómo puedo mandar un paquete a la Morrigan?

- ¿Le vas a mandar la cabeza?

- ¿Qué cabeza?- Preguntó Kenzi un poco pálida, ante el recordatorio del pobre hombre que se deshizo literalmente, en líquido delante de todo el Dal.

- La de Massimo, el "druida".- Explicó Harrison condescendientemente, quitando la transfiguración de la caja de cerillas, volviéndose en un baúl y agrandándolo nuevamente, para mostrar dicha cabeza cortada, con muchos cortes en el rostro, un ojo reventado, del cual todavía sangraba un poco y un rictus en los labios del hombre de puro terror y dolor, como si todavía le estuviera doliendo.

Viendo las reacciones de cómo se apartaron todos, cerró la tapa del baúl y se volvió para ver quién podría saber, como mandar la maldita caja de regalo.

- Creo… creo que podrías contratar a uno de estos FAE oscuros… para hacer el trabajo. Pero será mejor que yo lo lleve, cerrado.- Se ofreció Bo, la cual era neutral para los dos bandos.

Ante el asentimiento de Harrison, Bo se llevó la caja o baúl cerrado, con un encantamiento de Harrison, para que los curiosos no mirasen dentro.

Una vez que Bo se marchó, Lauren, armándose de valor, increpó con voz vacilante a Harrison sobre un tema, que posiblemente sea mágico y que escapaba a su compresión.

- Vaya, vaya… así que la doctora ahora sí que cree, ¿Eh?

- No me queda más remedio… después de ver lo que hiciste… ¿Puedes ayudarme?- Preguntó esperanzada, viendo como Harrison intercambiaba una mirada de ceño fruncido con Trick, el cual asintió con la cabeza, indicando algo que también se le escapaba a ella.

- ¿El mismo trato que con Kenzi?

- El mismo.

- De acuerdo. Pero te saldrá caro, Fitzpatrick.

- Pagaré la deuda.- Respondió sin dudar ni vacilar, algo que Harrison sonrío, dando mala espina a Dyson.

- Bueno Doctora Lewis, ¿De qué se trata?

- Es por mi… antigua novia, Nadia, ella fue… maldita creemos.

- Eso no es mucha explicación. ¿Qué le pasó?

- El antiguo Ash hizo algo, algo que no sabemos, pero que tenemos… un clavo, pues Ebony le dio a Bo hace unas semanas, como pago por un tipo de misión.

- ¿Un clavo? ¿Lo tienes a mano?- Pidió Harrison frunciendo el ceño.

Ante el asentimiento de Lauren, un poco más confiada en sí misma, sacó el mencionado clavo y lo depositó enfrente de Harrison, el cual lo estuvo mirando con los ojos entrecerrados. Sacando su vara, dijo algunos hechizos, lo que parecía hacerle fruncir el ceño más profundamente.

- Eso no es un clavo normal. Es un clavo de Chamán… Fitzpatrick, dime por favor, que los FAE no jugáis con magia de Chamanes.

- Hay pocos que lo hacen. Pero sí, hay Chamanes FAE.- Se detuvo en la explicación al ver como Harrison cerraba los ojos de frustración y se tomaba de un trago lo que le quedaba de copa. Pensando que tal vez, quisiera otra para buscar las fuerzas de continuar y no burlarse de los FAE, le sirvió otro vaso de Whisky de Fuego.

Agradeciendo a Trick por el gesto, desapareció todo rastro de burla en el rostro de Harrison cuando se volvió a hablar con Lauren.

Antes de decir nada, tomó un par de respiraciones profundas, observando el clavo como si tuviera la peor de las maldiciones, pero no se quedaría corto.

Mucho antes de que fuera a hablar, Bo había regresado, poniendo una mano sobre la cintura de Lauren, sonriéndole con cariño.

La nieta de Trick estaba contando que uno de los FAE oscuros le debía un favor y es por ello que estaba dispuesto a hacer entrega del paquete, no sabiendo lo que había dentro, pero suponiendo que no sería de buen gusto.

Suspirando pesadamente, despejó su mente de cualquier sentimentalismo hacia Bo y habló con la voz clara, haciendo callar a los que estaban reunidos alrededor de él.

- Los Chamanes, al menos en el mundo mágico, son respetados por la magia que hacen, magia antigua y oscura, casi podría decirse que magia primordial. Como en todas las cosas, la magia a veces evoluciona a una nueva… era por así decirlo. Ahora bien, lo que hagan los FAE con esa magia nueva, es asunto suyo, pero están pagando un precio. El precio es la destrucción de sus almas.

- ¿Quieres decir que un FAE no puede hacer magia?- Preguntó confundida Kenzi.

- No, un FAE puede hacer magia… como Bo, por ejemplo. Ella puede utilizar la magia sexual sin correr riesgos. Lo que quiero decir, es que un FAE no puede o no debe incurrir en las artes perdidas de los Chamanes. Actualmente, los verdaderos chamanes son un mito, como los verdaderos druidas. Pocos son los sacerdotes de antaño que quedan, pocos son los druidas, si aún quedan y mucho menos los chamanes.- Tomó un suspiro tras ver que no entendían la explicación que quería darles. Viendo, que podría tardar un tiempo en que comprendieran, decidió contarles un poco de historia. – Para que entendáis mejor porque los druidas, sacerdotes y chamanes verdaderos son tan pocos en el mundo, os contaré que no solamente había caza de brujas perpetradas por los muggles, sino que por los magos y algunos brujos, cazaban activamente a los druidas en las partes celtas, por el poder que éstos tenían. Lo consideraban tal el poder de la magia de la antigua religión, que había reyes que prohibían su uso. De hecho, se cuenta en leyendas artúricas, que el padre del Rey Arturo, el Rey Uther Pendragon, prohibió la hechicería en su reino, hasta que murió y su hijo, Arturo, levantó esa prohibición. Es un poco confuso, por qué los magos querrían matar a sus propios hermanos en la magia, pero como en todas partes del mundo y en todas las personas, se teme lo que no se entiende. Cuando se teme lo que no se entiende, se actúa de maneras… monstruosas, acabando con las vidas. Ahora bien, quitando esa parte tétrica de la historia mágica, no solo se cazó a los druidas, chamanes o sacerdotes en todo el mundo, siglos después, cazadores de hechiceros salieron de las sombras, alimentando mentiras sobre que nuestra "raza" por así decirlo, éramos de la más oscura de las razas, haciendo rituales de todo tipo, no sé con exactitud cómo o quien lo comenzó todo, pero terminaron cazando a hechiceros y brujos por igual, hasta que llegó el punto, en el que no se jactaba uno de ser tal cosa, sino que lo escondían. Yo por el contrario, puedo jactarme lo que quiera, por el poder de mi familia en el Wizengamot. Que es un gobierno mágico.- Añadió ante las miradas incrédulas y de asombro. – Al ser un Lord, tengo derechos que otros no. Pienso cambiar las leyes en Bretaña mágica, para que no se continúe cazando a día de hoy. Ahora, con lo del clavo, los chamanes FAE hacen un tipo de magia completamente diferente, llamada vudú. Imagino que cada uno sabe lo que es, ¿No?- Preguntó para proseguir con la historia del maldito clavo que tenía enfrente. Ante los asentimientos de todos continuó. – Pues bien, como iba diciendo, los FAE usan el vudú para un sinfín de cosas, normalmente no suele hacer daño, pero… este tipo de magia, el clavo que me has mostrado, es un clavo maldito. El chamán suele tener un bloque de madera en el que hace un ritual para maldecir a la persona que lleva el nombre, junto con su clavo. Supongo que el chamán que lo hiciera sería de origen africano. No hay salvación para tu novia, me temo. Está maldita y maldita se quedará.

- ¿Qué pasa si… se quita la maldición?- Preguntó Bo, sin creer que no se pudiera quitar esa maldición.

- ¿Acaso no escuchas? Acabo de decir que es magia antigua y poderosa la que utilizan los chamanes mágicos, los FAE utilizan este tipo de magia a la ligera. Siempre hay un precio que pagar. Si tú convences al chamán para que la libere, al final morirá de la forma más horrible posible. No es algo que quieras hacer. Déjalo estar, lo mejor es… que la dejes ir.

- No puedo hacer eso… Nadia es…

- Ya no es Nadia. Es como con el Lich, tiene la desfachatez de crear filacterias y encima, arrancar media alma de las personas que han sido infectadas por esas filacterias. Era arrogante al insultar el equilibrio de la vida y la muerte. Con la magia pasa lo mismo, puedes intentar convencer al chamán de que la libere, puedes incluso romper o intentar romper su tabla maldita, si no te maldice a ti primero y mueres. Mi recomendación es que olvides el tema, y pases página. Como muggle que eres, no vas a escuchar y tú Bo.- Dijo muy serio hacia ella. – Si osas pensar en ir a visitar a ese chamán, deberás de ir cambiando de idea. Este clavo es viejo, tiene casi cien años. Los chamanes FAE no viven tanto tiempo. Deja que muera.

- ¿Qué pasa cuando muere un chamán FAE?- Preguntó Kenzi curiosa.

- Su magia muere con él. Es decir, la tabla maldita y los clavos se convierten en ceniza. Los malditos mueren con el chamán. Pagando el precio de la magia utilizada.

- Pero…

- No hay peros Bo, no hagas una estupidez. No se le puede ayudar.- Fue la respuesta sincera, pero como era obvio Lauren no le creyó.

- ¡Dices eso porque nos odias! ¡Odias los humanos y cuanto más mueran, mejor para ti! ¡No te creo una sola palabra de lo que dices, eres un mentiroso!

- ¡Crucio!- Gritó Harrison levantándose y apuntando con su vara a Lauren, la cual cayó al suelo gritando de dolor y angustia ante la maldición Cruciatus. – He tenido suficiente de ti muggle, Avada…

- ¡Lord Peverell!- Gritó Fitzpatrick interrumpiendo la maldición asesina y por supuesto, la Cruciatus.

- Mis disculpas, Lord McCorrigan. Si me permiten, me retiro para la noche.- Fue la respuesta seca, ante los insultos y desprecios de la muggle, por la explicación de Harrison. Cogiendo una sombra, desapareció rumbo a la casa de Bo, dejando una rubia y amante de Bo en el suelo, llorando por el destino que le había tocado ver, un destino que a pocos FAE le tocaban sentir, para ella era peor, pues el cuerpo humano o muggle era más débil a la hora de apreciar la Cruciatus.

Yendo a ayudar a Lauren para ponerse de pie, la rubia chocó la mano de la morena con desprecio evidente, siendo que se levantó temblando un poco y marchándose del bar, con lágrimas en los ojos y el clavo en la otra mano.

Sin saber ninguno, Harrison encantó el clavo con un encantamiento de escucha y otro de seguimiento, pues si suponía bien, Bo seguramente fuera tras el chamán.

Lo que no les había dicho a ellos, era que todos los ministerios de magia, pagaban por matar a los chamanes FAE, para evitar que maldijera a los magos. Si bien los magos de hoy en día eran susceptibles a los poderes FAE, Harrison por su parte no lo era, pero todo ello gracias a sus rituales de protección. Magos como Sirius, sí que serían susceptibles ante los poderes de los FAE. Por ello Harrison se tiró un farol a la hora de indicar que ellos eran inmunes, solo hasta que lo descubrieran o hasta que se marcharan de vuelta a casa con Irina, todo dependía un poco de la suerte que tuvieran hasta el momento.

Días después del incidente con Lauren y la maldición tortura, Bo todavía seguía sin hablar con Harrison por ello, parecía que se tomaba muy a pecho que él la hubiera torturado un poco. Sintiéndose un poco ofendido por ese motivo en particular, Harrison se pasó esos tres días esperando que la Morrigan hiciera algo en contra de Harrison, tras haber descubierto lo que contenía el baúl, pero parecía que la cabeza de su hijo, no tenía importancia, pues no habían oído noticias en ninguna parte, incluso Kenzi que era la que estaba más atenta a los negocios con los FAE de ambos lados.

No pudiendo esperar mucho más, Harrison decidió ir solo a la cueva de Massimo o lo que quedaba de ella para ver si había ido alguien a investigar.

Al aparecerse por medios normales para un mago, es decir, la aparición. Harrison vio las quemaduras del incendio que provocaron con Flamma Ignis, un hechizo de fuego menor.

Lanzando un encantamiento para ver si había habido alguien que hubiera visitado la cueva, se sorprendió de que saliera negativo.

- Al parecer a este muggle, la gente poco le importaba lo que sucediera con él.- Se dijo a sí mismo Harrison con el ceño fruncido.

Abriendo nuevamente el libro donde tenía la dirección de Mihail e Irina, suspiró profundamente por no preguntar antes a Bo y Kenzi donde se encontraba dicha dirección. Con pesar, se dirigió hacia el bar, para ver si Trick le decía algo al respecto. La prioridad era encontrar a Irina, después encontrar la forma de meterse en el Valhala y por último matar al Garuda. ¿Y si lo estaba haciendo mal y debía ser al revés? ¿Y si la prioridad era liberar a los dioses, matar al Garuda y liberar a Irina? Se preguntaba mil y una veces, mientras cogía una sombra para aparecer en el Dal.

Cuando llegó vio una mujer de aspecto bastante hermoso, acompañada por dos hombres. Uno lo reconoció inmediatamente como Vex, el otro al estar de espaldas no pudo verle bien.

Sacando rápidamente la vara por la oportunidad que se le presentaba, no dudó ni un instante en lanzar encantamientos de protección sobre el bar, en las puertas y ventanas y en los sitios donde él sabía que la gente podía escapar, para que la gente del bar no pudiera irse. Esos encantamientos eran más que nada, hechizos repelentes.

- Vaya, vaya, mirad lo que ha traído la marea. Pero si no es el infame Vex, el Mesmer que puede controlar con la mente a la gente… ¿Y quiénes son tus compañeros?- Alzó la voz Harrison para hacerse oír entre la multitud, que por supuesto, no habían notado cuando había llegado.

Fitzpatrick en su lugar se tensó, pues sabía que Ebony, la Morrigan querría venganza justa por haber matado a su hijo, Harrison. Querría lo más seguro que la cabeza de Harrison. El otro hombre, decía ser Mihail, un vampiro y segundo al mando de la Morrigan. Habían venido con la intención de poner una trampa a Harrison, pero tras sentir en su propia sangre las salas que habían subido, estaba claro que no saldrían de allí con vida ninguno de los tres que habían venido con intenciones poco… fiables.

Volviéndose los tres hacia la voz, Harrison descubrió quien era el otro hombre con rapidez. Se trataba del traidor de la Verdadera Mano Negra, Mihail. La mujer seguía siendo desconocida para Harrison.

- ¿Este es el hechicero que tantos problemas te da, Vex, al que tanto temes? Si no es más que un niño.- Dijo la mujer con desprecio goteando por cada palabra en su voz. – Por suerte, tenemos una solución para este niño.

- ¿En serio?- Preguntó Harrison con una sonrisa irónica en sus labios. Arqueando una ceja ante el nombrado Vex y ante Fitzpatrick que estaba nervioso por algún motivo extraño, esperó pacientemente a que continuara o se presentara la mujer.

Al no ver presentación entrante, Harrison decidió que un poco de Legeremancia estaba en orden, pero antes de que pudiera, el mismo Trick decidió presentar a la mujer.

- Lord Peverell.- Comenzó con voz trémula, casi avisando que algo malo pasaba. – Esta es Ebony, la Morrigan. Los dos caballeros que la acompañan, creo que ya los conoces.

- Ah… diría que es un placer, señora, pero no lo es. ¿Te gustó mi regalo?- Preguntó sádicamente, sabiendo que la cabeza debía haber llegado a su conocimiento y tierno cuidado.

- Pagarás por eso.- Siseó furiosamente la mujer, llevando su mano al bolso, pero antes de que pudiera hacer nada, el vampiro sonriendo la detuvo.

- Mi señora, esperemos a que vengan los demás, será más placentero ver… la expresión del niño.

- ¿Esperamos a alguien más? No sabía que tenía más FAE para matar el día de hoy.

- Eres muy confiado en tus… oportunidades de ganarnos. Somos de momento tres contra uno.

- Sí, sois dos FAE que tienen problemas de impotencia, pues no os funcionan vuestros poderes conmigo y un vampiro mágico, que la última vez que luchamos, huyó como el cobarde que es.

- Harrison.- Fue un aviso de Trick, pero desgraciadamente cayó en oídos sordos.

La tensión en el Dal era tan palpable, que se podía cortar con un cuchillo de mantequilla. Mientras que esperaban, un ligero crack de aparición, hizo tensarse a Harrison, apretando la vara con más fuerza en su mano derecha, mientras la otra picaba por soltar magia de batalla.

Saliendo de las sombras, fue dos hombres ricamente vestidos en túnicas. Uno, con túnicas moradas y runas dibujadas en ellas y el otro, con simplemente túnicas negras.

El de las túnicas moradas se le hizo ligeramente familiar a Harrison cuando lo vio, abriendo los ojos ante la sorpresa.

- Albus Dumbledore… ¿Puedo suponer, que tu compañero, es Gellert Grindelwald?

- Ahora entiendo Albus, que Lord Peverell es más listo de lo que parece.- Habló con voz ronca el otro hombre que estaba parado al lado de Albus, sujetando una varita de ébano negra, ligeramente pulida.

- Harrison Peverell, nos volvemos a encontrar.- Vino la sonrisa del anciano manipulador, lo cual el ceño fruncido de Harrison se profundizó aún más.

- ¿Qué haces aquí? ¿Ahora te dedicas a liberar Señores Oscuros? ¿Debo estar preocupado de que busques a Tom para resucitarlo?- Una ligera risa vino de su interlocutor, negando con la cabeza ligeramente.

- No… liberé a Gellert por un motivo. Pero no sabrás mucho, pues morirás antes. Una pena que tu prometida no te vea más.

- Albus.- Fue la advertencia del anciano al lado de Albus, el cual asintió y mantuvo silencio.

- ¿Es todo? Solamente dos ancianos veo en frente de mí…- Con otro crack, pero esta vez un poco más silencioso, dos hombres llegaron para unirse a la fiesta repentina. Parecía que la tensión se iba a ir, cuando el sonido de la voz de Sirius vino a través de todos los oídos, haciendo una broma mordaz a Dyson, sugiriendo algo con una mencionada Ciara.

Al entrar en la sala y Sirius ver a Albus Dumbledore frente a Harrison, con lo que parecía el mago oscuro Grindelwald, sacó rápidamente la varita, pero desgraciadamente, no contó con la traición del lobo Dyson.

Dyson, rápidamente y sin mucho esfuerzo, cogió a Sirius por la espalda y con la guardia baja, cogiéndole el brazo varita fuertemente con una mano, mientras que con la otra le agarraba por la garganta.

- No hagas movimientos bruscos o te corto la garganta.- Amenazó en su voz lupina, poniendo énfasis en lo de cortarle la garganta, sacando las garras.

Harrison vio todo esto con incredulidad, Dyson trabajaba para Fitzpatrick y el mismo mencionado estaba de brazos cruzados, con aprehensión cruzando su rostro. No podía ser… no se lo podía creer, el maldito Rey Sangriento lo había traicionado, lo había vendido a Dumbledore, su peor enemigo, pues al parecer el exilio le había sentado mejor de lo que parecía, liberando a Grindelwald de su prisión.

- Fitzpatrick…- Susurró Harrison, haciendo contacto visual con el hombre, el cual le mandó una mirada, como de disculpas.

- Yo, Fitzpatrick McCorrigan, del Clan Fin Arvin, rompo nuestra alianza, Lord Harrison Peverell, de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell.

- Que así sea, traidor.- Sentenció Harrison, notando en su anillo de Lord, que de hecho, la alianza era inexistente ahora.

- ¡Bravo! Todo esto está muy bien, pero ahora nosotros nos quedamos con Harrison y vosotros con el otro hombre…

- ¿Y quién dice, Dumbledore, que iré con vosotros de buena fe y sin luchar?- Cuestionó Harrison, nivelando la vara en dirección general de los dos hombres ancianos, viendo como Mihail sacaba su propia varita y gruñía algo bajo.

Sin embargo, como en toda batalla, los prisioneros contaban para algo, y en este caso no era para menos.

- A menos que quieras ver como tu querido padrino, pierde toda la sangre de golpe, te sugiero que entregues la vara, Peverell.- Ordenó la voz oscura y ronca de Dyson, profundizando en la garganta de Sirius, sacando un pequeño chorro de sangre de ella. No sería muy peligroso el sangrado, pero podría muy bien profundizarse si no se trataba con extremo cuidado.

Viendo que estaba rodeado y por primera vez superado en número, aunque bien podría acabar con todos ellos, si no pensaba en la seguridad de su padrino, Harrison decidió bajar la vara, con expresión derrotada, lanzando una mirada hacia Sirius.

- ¿Confías en mí, Sirius?- Preguntó de repente, con la vara desaparecida, seguramente tirada a algún rincón de la habitación.

- Con todo mi ser, Harrison.- Con voz ronca y un poco cascada, Sirius aceptó su plena confianza en Harrison, el cual miró a los demás, con odio palpable en sus rasgos.

- Vosotros, os hacéis llamar FAE Oscuros, pero no sabéis el alcance de la oscuridad, ni el poder que tienen las sombras…- Comenzó Harrison, llamando a todas las sombras del Dal, obedeciéndole, pues había ido directamente y sin pasar primero por el nivel tres. Había accedido al poder de la manipulación de dichas sombras, en los niveles cuatro y cinco, preparando su magia y poder, para destruir todo el bar. Una implosión de este tipo, podría dañar a algunos, más otros quedarían en muy mal estado, dándoles tiempo a él y Sirius para escapar de Toronto y reagruparse.

En las palmas de sus manos, electricidad comenzaba a formarse, como si un rayo elemental fuera a lanzar, pero la verdad era distinta.

Un pequeño campo de fuerza, comenzaba a expandirse y generar energía y poder desde el núcleo de Harrison. Era un hechizo bastante sencillo, elemental en todos sus aspectos, pero muy poderoso de lanzar y podría incluso ser mortal si no se hacía con sabiduría y cuidado.

El hechizo que Harrison estaba canalizando tendría un efecto devastador sobre los que lo lanzara, lanzando hacia atrás y rompiendo todo, cuando se decía todo, era todo en el bar, desde la silla más pequeña, hasta el aparato más grande, causando una onda expansiva destructiva. Hermoso hechizo en su más puro estilo elemental, algo que ver con el aire y que las verdaderas deidades inventaron.

Mirando hacia Sirius, Harrison lentamente le guiñó un ojo, viendo como el animago cerraba los suyos, esperando el final de todo.

Rápidamente y sin previo aviso, Harrison levantó una mano, llamando una de las sombras que se había deslizado sin ser notada, hasta Sirius, mientras que los demás caminaban lentamente hacia adelante, con la intención de atrapar con la guardia baja a Harrison.

De repente, Dyson dio un grito que hizo girar a todos, observando como el lobo con pura incredulidad veía a su presa desaparecer en una sombra, siendo el mismo lobo empujado hacia atrás.

Volviendo rápidamente su atención a Harrison, vieron con sumo horror como éste gritaba el encantamiento convocador y después la mandíbula en su completo, de Mihail salía disparada de su boca, para llegar a una de las manos del hechicero.

Cuando tocó la mano de Harrison, una gigante onda expansiva, con rayos y truenos, salió disparada hacia todas las direcciones, destrozando todo a su alcance, convirtiendo todo en astillas.

Albus Dumbledore y Gellert Grindelwald, ambos al mismo tiempo, lanzaron sendas maldiciones asesinas, para tocar nada más que el vacío, siendo después lanzados como todos, hacia atrás en el bar.

La onda expansiva masiva, había destruido hasta la fachada, haciendo reventar, desde dentro hacia afuera, la piedra y otros materiales. El Dal Riata, estaba destruido completamente, no había quien hubiera imaginado tal cosa posible.

Sorprendentemente, tanto Fitzpatrick como Dyson, no salieron muy mal heridos, sino que estaban doloridos en alguna que otra parte.

Los que habían tomado más daño eran Vex y Ebony, los cuales estaban detrás de mesas y sillas, teniendo ahora el gran privilegio de ser los poseedores de todas las astillas clavadas en sus cuerpos.

Mihail estaba en el suelo, cogiéndose donde antaño tenía la boca, ahora desgarrada y sangrante, causando un gran dolor al vampiro. Para cualquier otro mágico, estaría desmayado o casi muriendo, pero siendo Mihail un vampiro, sus poderes de regeneración estaban causando estragos para que la carne se volviera a adherir y juntar. La mandíbula no estaba por ningún lado.

Albus y Gellert, al ser ancianos, no vieron venir la implosión causada por Harrison, lo que más tarde se recriminarían por no haber acabado con la vida del hechicero cuando tenían la oportunidad de hacerlo y haber ido con el plan original de los FAE.

Por suerte para Albus, Gellert era rápido con su varita todavía y pudo haber colocado un hechizo de protección alrededor de ellos.

Desgraciadamente, el bar estaba en ruinas y los ocupantes solo se ocuparon de ellos mismos y sus propios aliados, olvidando que entre los restos, bien podrían estar los cuerpos moribundos o muertos del Rey Sangriento, desconocido para ellos y del lobo Dyson.

Salto de escena.

Cuando Sirius y Harrison llegaron al sitio en el que Harrison los transportó vía sombras, lo primero que hizo Sirius fue verificar que tenía su varita en la mano, lo segundo fue mirar por todo el lugar, para encontrar a un incrédulo Hale y una asombrada Kenzi.

Rápidamente y sin esperar provocación de ellos, al no fiarse de nadie ya, que no sea su ahijado, levantó su varita con una maldición expulsa entrañas en la punta de la lengua.

- Cómo os mováis un músculo, vuestras entrañas serán expulsadas por vuestra boca.- Amenazó con una mirada desequilibrada en su rostro.

Viendo a Dobby y Winky dejar lo que estaban haciendo, mirando horrorizados a Sirius, pronto éste dio órdenes a los dos elfos domésticos.

- Dobby, Winky, nos han traicionado, no estamos seguros, recoged todo lo que pertenezca a Harrison y marchémonos de aquí…- Ordenó sin apartar la mirada de los dos a los que tenía amenazados, los cuales no podían creer que pensara el animago que ellos harían algo tan atroz.

- Oye amigo… no entiendo nada.- Dijo Hale confuso por la situación. - ¿Quién os ha traicionado?

- Trick y Dyson.- Vino la voz de Harrison, al llegar abruptamente e ir directamente a la chimenea, arrojando polvos Flú, los cuales no hicieron nada en ella. – Estamos jodidos, Sirius.- Suspiró moviéndose hacia Hale y Kenzi, mirándolos con una mirada seria y… traicionada en su rostro.

- ¿Trick? ¿Dyson? ¿Los mismos Trick y Dyson que conocemos?

- ¿Podemos confiar en ellos?- Pidió Sirius sin hacer caso a la pregunta de Kenzi, la cual hacía gestos con las manos para llamar su atención.

Después de una breve consideración, mirando a los ojos de Kenzi y sabiendo que ellos no sabían absolutamente nada de lo que había pasado, asintió con la cabeza, no obstante se dirigió formalmente a Hale.

- Heredero Zamora, me temo que tengo una petición formal de asilo para usted y su familia.- Pidió Harrison a dicho heredero, el cual no daba crédito a sus oídos.

- No puede ser… Dyson… Trick…

- Trick es el Rey Sangriento… no sé cómo pudo hacer tal traición.- Explicó Harrison, yendo a un lugar de la habitación y mirando con… su aura de muerte, algo que valió escalofríos para todos en la sala, salvo el que lo había lanzado.

- ¿Qué haces, Harrison?

- Mandar un mensaje de seguridad, pero debemos irnos rápidamente, no creo que Dumbledore y Grindelwald se detengan por mucho más tiempo.- Explicó a la sala, que el único que entendía lo que pasaba era Sirius. – En cuanto al asilo, ¿Heredero Zamora?

- El Clan Zamora dará asilo a Lord Peverell y al Heredero Black.- Asintió con la cabeza hacia Sirius, el cual estaba un poco confuso con las cosas, pero más confuso se quedó cuando de la nada, apareció una pelirroja con los ojos carmesí.

- Y también a mi prometida, Irina Alucard.- Pidió Harrison ahora a una sala silenciosa, podría haber caído un alfiler y todos haber oído el sonido de dicho instrumento de costura.

- ¿Irina?- Pidió Hale sin habla por una vez en su vida y sin ningún tipo de comentario sarcástico, dado el aspecto de la chica.

Irina estaba un poco demacrada con bolsas debajo de los ojos, tanto por el llanto y por no haber dormido muy bien. El color de los ojos carmesí, era un poco más oscuro, debido a la falta de sangre y alimento en su sistema.

- Heredero Zamora, le juro que explicaré todo a su debido tiempo, pero nos quedamos sin tiempo.- Pidió Harrison, sintiendo las salas caer a las afueras de la casa. – Están aquí.- Avisó, yendo hacia la ventana, para ver de hecho a Albus, junto con Ojo Loco Moody y Severus Snape, mirando por las salas que había puesto dos días antes. – Dobby, Winky, buscad inmediatamente la casa del Heredero Zamora, donde su padre, Lord Zamora reside.- Ordenó Harrison, tomando de la mano a Irina. – Hale, no dolerá.- Avisó sin pedir permiso, entrando en la mente del nombrado, buscando por la ubicación de la casa Zamora. Encontrándola, siseó algo a sus serpientes, las cuales reptaron hacia Irina, protegiéndola de cualquier cosa.

- ¿Qué…?- No tuvo tiempo de decir ni una palabra más, pues Harrison manipulando las pocas sombras que había en la habitación, comenzó a transportar personas a la mansión Zamora. Primero a Hale, para avisar al menos a la familia de éste, que los que seguían no eran con intenciones malévolas. Después a Kenzi, la cual iba a protestar por el viajecito y por último a Sirius e Irina, los cuales estaban callados y un poco en Shock todavía.

Sirius por el descubrimiento de la prometida de su ahijado, en relativo estado de salud e Irina por todo lo que había pasado en manos de la Morrigan y Mihail.

Quedándose el último en la casa, suspiró pesadamente por lo que iba a hacer a continuación, seguramente Bo no lo perdonaría por quemar su propiedad… pero no había otra forma, el enemigo estaba levantando barreras anti sombras y anti aparición, incluso anti traslador.

Sin acercarse a la ventana, levantó su vara con su más poderosa maldición de corte, la que cortaba diamantes, y en silencio, disparó.

Viendo como la maldición salía cortando pared y cristal, dirigiéndose hacia su destino, con una última sonrisa triste, Harrison Peverell desapareció en una de las sombras que estaba deslizándose, para aparecer en el jardín de la mansión Zamora y desmoronarse en el suelo inconsciente.

Al parecer Harrison había usado demasiado poder en tratar de que una sombra quedara para él y las consecuencias habían sido un poco graves, sobre todo en el drenaje de su magia, algo que pocas veces le había pasado. Antes de quedarse inconsciente, tuvo un pensamiento atroz, había llamado, de hecho, demasiado la atención y ahora pagaba las consecuencias.

Nota de autor:

¡Hola de nuevo! Siento la tardanza en actualizar, entre unas cosas y otras y nuevas ideas para la continuación de la historia con Lost Girl, con nuevas tramas, pues esto es lo que ha salido. Muy corto en mi opinión con tan solo casi once mil palabras, pero creo que los próximos serán más cortos.

Ahora bien, sé que meter a Dumbledore y Grindelwald, junto con la Morrigan es muy poco… ortodoxo, pero todo tiene una explicación, tal como la traición de Trick y Dyson. No diré más, que sino, luego se sabe todo. Espero que hayan disfrutado del capítulo.

Un saludo.

P.D. Gracias a todos por los comentarios y si hay alguna duda, no duden en preguntar. Un saludo a todos y todas.