CAPITULO 17

EXPLICACIONES, PREPARANDO LA TRAMPA A DUMBLEDORE Y UN GARUDA MUERTO.

Dal Riata. 24 horas antes.

Era una noche trémula y oscura, las calles estaban ensombrecidas por las sombras titilantes y por el ligero aullido de los perros callejeros, pareciéndose al aullido del lobo a la luna llena. En una calle lateral, salía un poco de luz de un edificio, haciendo bailar a las sombras de la calle al son de una música rara para ellas, pero no para los que estaban dentro. Dentro de ese mismo edificio, un edificio que tenía por nombre Dal Riata, los clientes estaban terminando sus bebidas y jolgorios, preparándose para llegar a casa sanos y salvos, después de un día de fiesta y placer, en el sitio de paso de Trick, comúnmente conocido por algunos como Fitzpatrick McCorrigan, conocidos por muy pocos, como el Rey Sangriento.

Cuando los últimos clientes dejaron el bar, una figura vestida con túnicas oscuras, apartada de todo el ruido y casi fusionada con las sombras, se unió al camarero en la barra, viendo divertido, como saltaba un poco ante el susto.

El mismo camarero movía ligeramente la cabeza ante las bromas internas de la figura de negro, lo cual le llevó a invitarlo a que fuera hacia su guarida, donde otras figuras esperaban a ambos, para parlamentar o incluso negociar.

Cuando ambos llegaron, la figura de negro se sacó la capucha, revelando un muchacho de ojos verde esmeralda, con el pelo ligeramente largo, llegándole por los hombros. Su nombre, Harrison Peverell, Lord de la Antiquísima y Nobilísima Casa de Peverell.

El hombre a su lado, el Rey Sangriento, era como de medio metro de altura, con calvicie avanzada y una barba, de como si no se hubiera afeitado en tres o cuatro días, pero realmente era su propia barba.

Los demás ocupantes eran Dyson y Kenzi por un lado, pero por el otro también estaba una mujer rubia, vestida en un vestido blanco, el cual dejaba notar las curvas bien formadas de la mujer.

- Pensé que te dijimos que no trajeras a nadie, Dyson.- Regañó ligeramente Harrison al cambiador de formas.

- ¿Cómo sabes que he sido yo y no Kenzi?

- ¡Hey! ¡Eso ofende! No se me ocurriría traer a nadie… ni siquiera le he dicho a Bo de esto.

- Y has hecho bien, Kenzi. Y sé que has sido tú, porque tu novia tiene muy pobres escudos de Oclumancia. Cualquiera pensaría que para una Reina de las hadas, podría tener un poco más… de protección mental.

- ¿Has leído mi mente?- Preguntó un poco sorprendida, pero no ofendida por el acto de Harrison.

- Tranquila, solamente he leído la parte en la que te ha traído Dyson, pues le has pillado hablando por teléfono con Kenzi de este tema. No he visto, como lo persuadías con sexo.- Sonrío ante una sonrojada y protestante Reina de las hadas. – De todas formas, ¿Te puedes presentar? No tengo el placer.

- Lord Peverell, ella es Ciara. Ciara, él es Lord Peverell, del que te he estado hablando.

- Ah… el hechicero que ha venido a rescatar a su prometida del otro lado del charco. ¿Cómo lo llevas?

- Mejor. Sé dónde está. Es parte de la que vamos a hablar esta noche aquí.- Contestó Harrison sonriendo a todos, transfigurando una piedra pequeña en una silla, parecida a un trono negro, con la cresta Peverell en la cabecera.

Viendo como todos se sentaban expectantes para discutir lo que tuvieran que discutir, el primero en hablar fue Trick.

- He pedido a Lord Peverell un favor de aliados. Tengo la sospecha de que pronto vamos a ser atacados por un enemigo pero de lo que nos hemos enfrentado hasta ahora.- Explicó, mientras que Harrison, movía la vara distraídamente, colocando protecciones por la guardia de Trick, no se fiaba de que oídos indiscretos pudieran captar lo que estaban a punto de desvelar.

- Según las investigaciones de Lord Peverell, cuando tenía tiempo y no estaba buscando a su prometida o información para otra misión, de la cual no quiere contarme de momento…

- Todo a su debido tiempo, Trick.- Permitió el mote del hombre, lo cual fue recibido con una sonrisa. Puede que en público le tratara con el mayor de los respetos, llamándolo por su nombre completo y que éste le pidiera siempre, que le llamara por la abreviación, pero al final, Trick había ganado la ronda al ser llamado por el mote, al menos en privado.

Volviendo al hilo, Trick les contó a los que no sabían, lo que creían que se iban a enfrentar, un Garuda, explicando en qué consistía tal bestia FAE y lo que creía Trick, que quería el Garuda. Tras acabar de contarlo, Trick también contó que habían encontrado en la caverna de Massimo, el hijo fallecido, por la mano de Harrison, de la Morrigan, un libro donde tenía escrito todas las cosas importantes de los FAE Oscuros y algunos secretos, tales como la ubicación de Mihail.

- ¿Y porque eso es importante?- Preguntó Ciara con una ceja levantada. – Para más exactitud, ¿De quién estamos hablando, quien es este "Mihail"?

- Mihail.- Habló Harrison con voz tensa, pero por lo demás tranquila y fría. – Era un miembro de la Verdadera Mano Negra, Secta de Vampiros de Rumanía bajo las órdenes del Conde Vlad Dracul o Vlad el Empalador, como tradicionalmente se le conoce.- Explicó Harrison. – Tras ser expulsado a mi llegada al castillo Poenari, donde iba a tener mi boda con Irina Alucard, la cual es la sobrina de uno de mis aliados Lores en Bretaña, se me culpó de esa misma expulsión, aunque el Conde me confesó más tarde que estaba deseando expulsarlo. Poco tiempo después, siendo el traidor que es, confraternizó con los licántropos que son enemigos naturales de ellos, con mortífagos, cuales son una organización criminal de Bretaña y con un FAE Oscuro, Vex. Todo ello para secuestrar al Conde y a Irina, de paso intentar matarme.

- ¿Me estás diciendo… que el Conde Drácula existe?- Preguntó Kenzi con un extraño brillo en los ojos, cual niña descubriendo una verdad escondida de ella.

- Sí Kenzi, existe o existía el Conde Drácula, que también es conocido por ese nombre.- Sonrío Harrison a la morena que saltaba contenta sobre su asiento. – Como iba diciendo, Mihail está ahora en la casa de la Morrigan o mansión, como queráis llamarlo. También supongo que estará allí, en las celdas o mazmorras Irina. Todo gracias al hijo de la Morrigan y su libro. Eso por un lado, por otro lado, como ha dicho Trick, nos enfrentamos al Garuda, un FAE que según tengo entendido tiene un odio irracional con las serpientes, más comúnmente con los Nagas, aunque puedo suponer que con los basiliscos también.

- Supones bien… al menos en las leyendas dicen que el Garuda quiere exterminar a todos los Nagas y serpientes que lo esclavizaron.- Informó Ciara, contenta de poder aportar algo, mirando a los ojos a su novio, el cual inclinó la cabeza, como siempre en silencio.

- Gracias Ciara, así que he visto que puede ser fácil atraer al Garuda y matarlo, pero para ello necesitaré una sala o habitación, donde poner las protecciones y donde podré acabar con él.- Informó Harrison, seriamente, mirando en la dirección de Trick, por si sabía de algo.

- ¿Cómo de grande tiene que ser esta "sala"?- Pidió Dyson, entrando por primera vez en el tema.

- Como está habitación. Como la sala del bar, sería mejor. Si tuviera sombras, entonces sería excepcional.

- Yo me encargo de ello, entonces.- Se ofreció el lobo feliz de poder aportar su granito de arena, mirando a Trick, el cual asintió su acuerdo. - ¿Es todo?

- Me temo que no. Recientemente me han llegado noticias… que no son para nada buenas.

- ¿De tu mundo?- Pidió Dyson nuevamente, tensándose pues Sirius le había explicado un par de cosas sobre los enemigos de su ahijado.

- Sí, de mi mundo. Del mundo mágico en general. Esto no se ha notificado a ninguna nación soberana mágica, pero el mago oscuro Grindelwald, ha escapado de su prisión en Nurmengard.

- ¿Qué tan peligroso es?- Pidió Kenzi no viendo el problema, pues no pudo conocer los hechos de la segunda guerra mundial

- ¿Tienes conocimientos de la segunda guerra mundial, la primera gran guerra mágica?- Pidió Harrison que se tratara.

- De la segunda Guerra Mundial, sí.- Contestó Kenzi, sin ver todavía por donde iba el tema. – El dictador Adolf Hitler fue un dictador alemán del año 1933 más o menos, ¿No?

- Sí, más o menos, pero lo más importante es de quien tuvo la ayuda. Los muggles olvidan el hecho de que el mundo mágico en sí también se inmiscuyó en la segunda guerra mundial, pues uno de nuestros… ciudadanos, por así llamarlo, participó haciendo títere a Hitler. El nombre de éste ciudadano era Gellert Grindelwald, un Mago Oscuro alemán, que… se enamoró de mi enemigo también, Albus Dumbledore. Ambos en su juventud, antes de que Hitler incluso naciera, creo, hablaron sobre la supremacía de la raza mágica y de cómo gobernar a los muggles, que los consideraban inferiores.- Viendo las reacciones de los presentes, pues alguno de ellos había vivido la segunda guerra mundial, de hecho, la había luchado, continuó. – Albus derrotó, casi al mismo tiempo a Grindelwald, que los americanos acorralaron a Hitler, haciendo que éste se suicidara. Grindelwald era poderoso con su ejército oscuro, pero ahora puede ser peligroso tras medio siglo encerrado en su propia cárcel. No hay que subestimarlo, sobre todo si está con Albus ahora.

- Espera, espera. ¿Dices que Hitler era un títere de este Grindelwald?

- Sí. Al parecer se enteraría de lo sucedido en Alemania, debes comprender que Gellert es alemán de nacimiento, no sería tonto que interviniera en el mundo muggle de Alemania, poniendo incluso bajo la maldición Imperius al mismo Hitler y a muchos de su gabinete, sacando la ventaja de poder comenzar una guerra muggle. Siendo una guerra muggle, aunque dirigida por un mágico, el mundo mágico en sí mismo no diría nada en su contra. Lo malo fue cuando comenzó a masacrar familias enteras de mágicos, ahí es cuando los demás países se involucraron, al menos los mágicos.

- Interesante… ¿Y dices que Grindelwald, anda suelto?

- Sí y no solo él. Muchos de sus altos mandos también. Eso es problemático, pues seguramente Albus los llevará a Durmstrang, que es donde está pasando su exilio. La historia corta, es que él y su grupo de… seguidores, intentaron controlarme, no les funcionó, pues intentaron matarme. Tampoco les funcionó, fueron apresados y exiliados en consecuencia. Ahora muchos residen en otras escuelas ganándose la vida.

- No parece un castigo muy grande.

- Y no lo es, pero di mi palabra de que no los mataría. Eso en sí fue un error que ahora estoy pagando.

- Y con creces.- Comentó Dyson, viendo la derrota en ese tema en la cara de Harrison. - ¿Cómo detenemos a Grindelwald?

- Con astucia.- Respondió Harrison, levantándose y yendo a servirse un vaso de Whisky, con el permiso del dueño de la guarida. Mientras que se servía la bebida, ponderó lo que poco que sabía del enemigo que iban a enfrentar, Garuda era una cosa fácil de tomar, Hades también lo era, después de todo solo tenía que encontrar la entrada al Valhala y viajar a través de las sombras con un poco de ayuda de Shadow, pero enfrentarse a Gellert con Albus, era completamente distinto.

Sabía o creía saber en las fortalezas y debilidades del anciano Dumbledore, un hombre que había sido manipulador por más tiempo del que podía vivir y contar.

Volviendo a su asiento y llevándose el vaso a los labios, bebió un poco del licor, saboreándolo y mirando a todos.

- Nos enfrentamos a un mago del que poco sé, sin embargo su compañero, Albus Dumbledore es un manipulador y extremadamente peligroso en la magia. Tiene un siglo de experiencia con ella o más de uno.- Explicó, parando para poner sus pensamientos en orden. – Sin embargo, una idea que tengo, es dividir a ambos magos… me gustaría enfrentarme a Grindelwald, mientras que otros podrían enfrentarse a Albus, desde la distancia.

- ¿Cómo se supone que vamos a hacer eso? Nuestros poderes son de corta distancia. Toma como ejemplo a Ciara y a mí.- Dijo Dyson sin esperanzas de acabar con Dumbledore.

- Seguro que se os ocurre algo.- Miró Harrison en dirección de Dyson, ponderando las cosas. – Una de las cosas que no ha cambiado entre nuestros mundos, son las runas antiguas. Bien podríais tallar runas en armas, yo dotarlas con un poco de magia, y crear algo que pueda entretener a Dumbledore y su corte. Por otro lado, bien podría traer a mis aliados de Bretaña, para enfrentarlos.

- ¿Cuántos tienes?

- Unos cuantos. Pero necesitaré un lugar seguro y el Dal no lo es. No después de lo que os voy a pedir.

- ¿Y eso, que sería?- Preguntó Kenzi impaciente por conocer más mágicos.

- Que me traicionéis.- Respondió Harrison sin una pizca de duda, viendo las expresiones horrorizadas de Kenzi y Ciara, por algún extraño motivo, la última aunque no la conociera, parecía que no le gustaba el plan, sin embargo Trick y Dyson estaban pensando en ello.

- ¿Cómo podéis pensar en ello? Nos pide que le traicionemos, es un plan de mierda…

- No Kenzi, tiene su punto. Si hacemos creer que lo traicionamos, Evony, Vex y Mihail, pensarán que estamos hartos de él y sus… asesinatos. Después de todo, ha matado FAE, ya sean oscuros o no. Pero lo que no entiendo, ¿Qué tiene que ver tus dos magos?

- Les dará confianza en sí mismos, pensar que no puedo escapar, cuando solamente tengo un aliado, pero ese aliado es un traidor. No te ofendas Trick, es toda una farsa, aunque tendrás que romper la alianza que tenemos, usando tu casa y clan.

- Lo comprendo y no es ofensa. Nunca he utilizado un plan así… pero sí que se me ha ocurrido un par de veces.

- ¿Entonces? ¿Estáis dentro?

- ¡No!- Gritaron a la vez Ciara y Kenzi, las cuales vieron suspirar a Harrison un poco divertido. - ¿Qué es tan divertido?- Pidió Ciara con una ceja arqueada.

- En este plan, no solo entra la traición, sino que también la amistad. Si Kenzi y tú no queréis entrar siendo traidoras, está bien, siempre podéis ayudar de otras maneras. Por ejemplo, Kenzi, puedes mantener lejos a Bo de este asunto.

- Claro, pero ¿Por qué? Quiero decir, Bo es fuerte… puede ser de ayuda…

- Puede, pero también puede ser una carga. Ya me tengo que preocupar por la seguridad de todos vosotros, no podría con una más.

- Entiendo.- Esa palabra vino de Ciara, la cual sonrío a un Harrison de mirada esquiva. – Al final te caemos bien, ¿Eh?

- Sí… para no caerme bien… el caso, es que Hale tampoco sabe nada y es porque su familia quería extenderme la mano en amistad, bueno, ahora podrán hacerlo, tras vuestra traición.

- Menuda forma de manipular una alianza.- Dijo con un poco de burla Dyson, no le gustaba la idea de utilizar a los Zamora, pero la verdad es que su casa es bastante segura y siempre y cuando, se mantuvieran las costumbres, ambos, hechicero y FAE, se llevarían bien.

Después de la breve charla de la inclusión de Hale y su familia en el plan en funcionamiento de Harrison, comenzaron a hablar y planear mejor todo lo que iba a pasar a continuación.

Harrison dijo que quería llevar el plan acabo al día siguiente como a más tardar, pues cuanto antes pasara, antes se podrían deshacer de Grindelwald y Dumbledore.

Salto de escena.

Tras haber pasado cuatro horas explotando el plan y puliéndolo al máximo, cada cual se fue a su casa, prometiendo no decir una palabra sobre lo que había pasado a ninguno de los no involucrados en la guarida de Trick, lo que llevó al intento de Kenzi de persuadir a Bo, poco después, para que se fuera de la ciudad por unos días.

En casa de Bo, tanto Kenzi como la misma Bo discutían el motivo de ésta para que se fuera de la ciudad.

- Bo.- Intervino Harrison, con una pluma de aspecto extraño, un pergamino y un cuenco de barro con runas grabadas en él. Al lado había una daga ceremonial. – Es hora de que sepas de tu ascendencia, de quienes son tus verdaderos padres. Es una de las razones de porque queremos que salgas de la ciudad, otra de ellas es porque quiero que estés a salvo estos días.

- ¿Estos días? ¿Qué va a pasar?- Preguntó preocupada por el tono de voz de Harrison.

- Nada malo espero y si todo sale bien y cómo tengo planeado, entonces estaréis invitadas a mi boda pronto… pero se va a complicar si te quedas.

- Entiendo. ¿Pero me puedo hacer la prueba de sangre?

- Por supuesto, para eso la he traído.- Sonrío Harrison sabiendo quien era su padre y su abuelo, pero siempre era bueno ver que poderes tenía en realidad la súcubo y cómo ayudarla después.

Explicando lo que tenía que hacer, es decir, pincharse en un dedo o cortarse en la palma de la mano, como mejor quisiera, tenía que dejar caer un poco de sangre en el cuenco, éste brillaría con las runas y la sangre sería transportada a la pluma, la cual escribiría en el pergamino la ascendencia de Bo.

Haciendo todo eso, Bo y Kenzi miraron impresionadas, como la palma de su mano se curaba a sí misma. Poco después, el pergamino comenzó a llenarse de palabras y el árbol genealógico de Bo o mejor dicho Ysabeau.

Cogiendo el pergamino antes de que ella lo leyera, Harrison se río de la expresión de Bo en su rostro.

- Es algo así como tradición, que el que hace la prueba de sangre, lea primero en voz alta la misma prueba. No te preocupes, yo cuando la hice, el gobblin que me la hizo también hizo lo mismo.

- De acuerdo… si tú lo dices.- Se encogió de hombros, más estuvo expectante para que la leyera.

Sonriendo, comenzó aclarándose la garganta, tomando un sorbo de agua, volviéndose a aclarar la garganta y sonriendo con todos los dientes, en una cruda imitación de los gobblins, viendo como Bo, perdía casi los nervios. Pero fue su amiga quien sí que los perdió amenazando a Harrison con destriparlo si no leía de inmediato y se quitaba la tontería.

- Está bien, está bien… ¿Quién te iba a imaginar tan sanguinaria? Creo que te lo he pegado un poco. Pero bueno, el pergamino dice así:

"Nombre completo: Ysabeau McCorrigan.

Clan: Desconocido.

Padre: Hades Olimpus

Madre: Aife McCorrigan, del Clan: Obscurus.

Abuelos maternos: Fitzpatrick McCorrigan e Isabeau McCorrigan.

Abuelos paternos: Desconocidos.

Poderes: Súcubo y Pyrippus."

- Eso es todo Bo.- Leyó Harrison mirando el rostro impasible de la mencionada, dándole el pergamino para que viera que no mentía sobre su ascendencia, se quedó pensando en lo que FAE Hades había hecho a Bo.

Ahora Harrison no sabía lo que era un Pyrippus, pero tenía la ligera idea de lo que podría significar, pues estaba claro para él que Bo estaba marcada por el FAE Hades de alguna manera.

- ¿Qué significa que Hades es mi padre? ¿Qué significa para mí que Trick sea mi abuelo? No entiendo nada…

- Es natural que estés confusa, Bo… ¿Quieres que te siga llamando así o prefieres por tu nombre de nacimiento?

- Prefiero Bo… puede que a mi abuelo le guste saber… ¿Por qué no me lo contó?

- Para protegerte.- Fue la respuesta corta y sencilla de Harrison, puede que Bo no supiera exactamente de qué tenía que protegerla Trick, pero Harrison sí, y una de esas cosas era Aife, otra eran los Una Mens y otra de ella misma si se enteraba del pasado de Trick.

- ¿De qué?- Preguntó con los ojos acuosos, pero no llorando, pues era tan fuerte que se mantuvo firme.

- De muchas cosas Bo… de tu madre, de los Una Mens, de ti… de él… de muchas cosas. Habla con él, yo solo sé una de las pocas cosas que Trick es, y es el Rey Sangriento. Él fue el que creó las leyes de los FAE y los dividió en Luces y Oscuridad. Creando los puestos de Morrigan y Ash. También sé que perdió a su esposa en la guerra de los FAE. Poco más más sé de él y sus intenciones al esconderte… tu ascendencia.

- ¿Y mi padre?

- Tu padre… es un hombre condenado a muerte. No puedo hacer nada por él.

- ¿Quiere decir que le vas a matar?

- En cuanto tenga oportunidad de entrar en Valhala o Hel, sí.

- ¿Por qué?

- Tu padre, junto con su familia, hizo algo muy… estúpido y cabreó a quien no debía, un ser más poderoso de lo que puedas imaginar. Desgraciadamente, ese ser, junto con otros seres, no podía meterse o involucrarse en la lucha, así que tuvieron que buscar un campeón, o una especie de ello.

- ¿Y tú eres ese?- Dedujo Kenzi con los ojos abiertos.

- Sí, soy ese. Desgraciadamente, Bo, no puedo contarte la historia que condena a tu padre. Lo siento.

- Yo… yo… no lo sientas, pero tengo que pensar en esto…

- Sal de la ciudad unos días. Ve a donde quieras, para pensar, para meditar, para lo que sea, pero… no vuelvas en… digamos tres o cuatro días.

- Creo que Bo puede venir conmigo a un viaje de negocios.- Llegó la voz inconfundible de Ciara, a través de la puerta de entrada.

- Si me disculpan, señoritas.- Dijo Harrison, levantándose de su asiento. – Tengo cosas que hacer, ya me diréis como ha ido el viaje. Bo, Kenzi, Ciara.- Se despidió con una ligera inclinación de cabeza de cada una de ellas, para ir a su dormitorio, preparar los baúles y avisar de los planes a sus elfos domésticos, cogiendo una botellita con elixir para estar despejado dos días. Es decir, se recuperaría las fuerzas de este día ajetreado y agotador, teniendo el día de mañana también para gastar energía.

Salto de escena.

En cuanto que Harrison terminó de contarles a sus elfos domésticos la historia y los planes que tenían consecuencias de la misma, Harrison se metió en una sombra, para ir a investigar la mansión que describía el libro de Massimo, el que se hacía pasar por druida de los FAE oscuros y el que era hijo de la Morrigan, Evony.

Apareciendo a las afueras de la mansión, Harrison se mimetizó con las sombras, escuchando a su alrededor y teniendo un estado de alerta máximo. No podía cometer errores, si no quería ser descubierto, más si le descubrían, muchos de esos planes que había hecho, podrían salir terriblemente mal.

Caminando con paso lento, pero seguro, vio a los guardias de las puertas burlarse entre ellos mismos, sobre algún que otro preso de la Morrigan. También descubrió que un mensajero FAE trajo algo que no debería a la Morrigan, acabando con la vida del mismo, siendo un charco de sangre y piel en el suelo. Al parecer Evony tenía un don o poder, que era quitar la inspiración o la genialidad de la persona. Al parecer se alimentaba de la fama de los humanos. Pero también de los FAE, si lo que decían los guaridas era cierto.

Pasando por las sombras, sin que ellos se enterasen de nada, entró en la casa poco iluminada, al menos la parte principal, otras partes estaba iluminada pero le daba igual, pues a él lo que le interesaban eran las mazmorras, si Irina no estuviera ahí, entonces tendría que coger a uno de los guardias e interrogarlo.

Cuando pensaba en interrogar, claramente era destrozar la mente del guardia, lanzándole previamente un silencio, para que no chillara.

Buscando por toda la casa, escondido a veces en las sombras, otras por su capa de invisibilidad y encantamientos silenciadores en sus botas y otros encantamientos para enmascarar el olor, pues sabía que los FAE tenían un olfato digno de un lobo o perro, continuó con la incesante búsqueda, sin notar que podría usar su anillo de Lord para encontrarla más rápidamente.

Llegando por fin después de lo que pareció una hora, a las mazmorras, pasó los guardias que había allí, buscando en las celdas antiguas, los prisioneros de la Morrigan.

Casi al final de todas ellas, donde había unos pocos FAE, encontró lo que buscaba o mejor dicho a quien buscaba.

Irina estaba un poco demacrada y tirada en un catre, con las ropas hechas jirones y un poco destrozadas en ciertas partes. El pelo pelirrojo lo tenía enmarañado y sucio de no lavárselo en días.

No podía ver los ojos de su prometida ni nada, pero estaba seguro que carecerían de la vida que normalmente tenían. La sangre de Harrison comenzó a hervir por dentro, pero con Oclumancia, se recompuso rápidamente, ya pagarían los que tenían que pagar, por el maltrato a Irina.

Antes de pasar a la celda, por si acaso había alarmas o salas que podría haber echado Mihail, llamó desde la puerta de la celda, colocando un encantamiento Muffliato a su alrededor, para que reclusos y guardias no le escucharan.

- Irina…- Susurró Harrison, viendo poca reacción de su prometida. – Irina… soy yo, Harrison, despierta cariño.- Con el mismo resultado, pero con la diferencia del leve movimiento de los hombros, lo intentó más alto. - ¡Irina! ¡Despierta, he venido a rescatarte!- Alzó la voz un poco, nervioso de que el encantamiento no funcionara y al final el rescate se viera truncado, junto con todos los planes de Harrison.

Viendo como ahora parecía funcionar, pues la joven en cuestión se levantaba despacio, mirando hacia la salida de la celda, con los ojos oscurecidos por la tortura posible, de repente se le iluminaron con esperanza.

- Sabía… que… vendrías.- Jadeó débilmente, un poco recostada en su catre.

- Mírate… estás hermosa.- Comentó Harrison, como si no estuviera sucia y con el pelo enmarañado.

Sacando una sonrisa verdadera de su prometida, desde que la encerraron, Harrison le contó parte de su plan para sacarla, pero antes tenía que decirle que tipo de encantamientos y salas tenía la celda.

- Ninguno… al parecer los FAE son arrogantes en cuanto a su seguridad… aunque yo decía que vendrías, ellos decían que era imposible que pudieras descubrir donde estaba. Se equivocaban.

- En efecto. Prepárate, vamos a viajar por las sombras.

- ¿Has alcanzado el cuarto y quinto nivel?- Preguntó un poco confusa, pues eso requeriría un año de entrenamiento o años de entrenamiento.

Sonriendo a su prometida, para hacer preguntas en estos casos, entró en la celda usando las sombras como medio de transporte, contestando así a su pregunta.

Cogiéndola en brazos y viendo lo débil que estaba, hizo una mueca que no pudo ver su prometida. La mueca era más bien de furia que otra cosa, pues suponía que la alimentaban poco para que no tuviera fuerzas de escapar.

- ¿Tu varita?

- Conmigo. Logré transfigurarla antes de que me cachearan. Mihail pensó que la perdí en Poenari… ¿El castillo, Harrison, que pasó con él?

- Está destruido, cayó al río. No te preocupes por eso, tus padres se alegrarán saber que estás bien, al menos ahora.- Se apresuró a decir, ante la mirada molesta de Irina.

Sin decir más, se volvieron a fundir con las sombras para llevarla directamente a su habitación, dejándola en la cama y sacando el baúl previamente encogido que llevaba consigo a todas partes.

De ahí, sacó mudas limpias y pociones para poder dárselas a ella, ordenando a los elfos extasiados de haber recuperado a la Maestra Irina, que prepararan algo de comer, también sería beneficioso que consiguieran sangre humana.

Poniendo salas apresuradas en la habitación, le dijo a Irina que podría lavarse en el baúl, en el baño de la habitación que tenía en uno de sus muchos compartimentos.

Viendo como asentía con la cabeza y se metía poco después en el baúl, Harrison esperó pacientemente, preparando la cama para que estuviera cómoda y otras cosas que tendría que hacer, como preparándose mentalmente para las explicaciones que tendría que dar a su prometida, pues no podrían marcharse todavía de Toronto, dado que su misión secundaria, la de matar a Hades, todavía no había sido hecha. Tal como dar caza al Garuda.

Suspirando pesadamente, vio cómo su prometida, después de quince largos minutos salía del baúl, vistiendo una ligera camisa nada más, sin ropa interior, pero con un brillo en los ojos que no podía decir más.

Arqueando una ceja ante la visión de su hermosa prometida, viendo como los pezones de Irina estaban duros, bajo la camisa que llevaba, movió la cabeza negativamente, un tanto divertido por el puchero, no obstante, Irina se metió en la cama como estaba.

- Irina, debo irme por unos momentos, un tiempo, al menos hasta mañana, pero cuando regrese, cambiaremos de ubicación.

- ¿Qué quieres decir?

- Nuestra estancia, o mejor dicho la mía, en Toronto, se ha visto comprometida. Dumbledore está aquí y no está solo.

- Lo sé… Grindelwald está con él… Harrison… es un brujo, Grindelwald no es mago, tampoco Dumbledore… hablaron de que tenían bloqueos en su magia y cuerpo, haciéndolos parecer magos… y algo sobre la varita de saúco.

- No te preocupes por ello, es bueno saberlo, pero no te preocupes. Tomate las pociones y elixires. Descansa, mañana será ajetreado. En el baúl hay ropa que he traído para ti… mañana iremos a la casa de un aliado… estaremos unos días allí, planeando… te quiero Irina.- Dijo Harrison, abrazándola fuertemente contra sí, mostrando por vez primera desde lo sucedido toda la preocupación y sentimiento que sentía por ella.

Besándola en los labios después, apasionadamente, Harrison cerró los ojos con un suspiro de felicidad, al haber encontrado a Irina sana y a salvo, metafóricamente hablando, pues la deshidratación y la tortura no dicha por ella, a manos de Mihail eran notables.

- Está bien… ve a hacer lo que tengas que hacer, pero te quiero aquí tan pronto como sea posible… ¿Entiendes? Tengo que hablarte… de mi cautiverio…- Con un estremecimiento, Irina se dispuso a comer la sopa de pollo, beber el jugo de calabaza y después tomarse los "sobres" con sangre humana en ellos.

Más que sobres, eran bolsas de sangre de donantes, tal vez Dobby y Winky asaltaran un hospital o algo así, poco le importaba a Harrison.

Dejando su capa de invisibilidad con su prometida, haciéndola prometer que se la pondría al día siguiente cuando descansara lo suficiente, Harrison dejó una sala para avisar a Irina de cuando él estuviera en la casa.

Con la orden a los elfos, de que cuidaran de ella, Harrison salió nuevamente a través de las sombras para continuar con el plan, es decir, destruir el despacho donde la Morrigan trabajaba, en un vano intento de encontrar a su prometida. Tenía que ceñirse a esa parte del plan, después de todo, aunque haya encontrado a su prometida, siempre era bueno un poco de destrucción y además de ello, llamaría más la atención sobre él.

Saliendo de las sombras nuevamente y apareciendo en frente de un gran edificio, casi comparado con un rascacielos, Harrison pasó dentro por el mismo método que el que había llegado, encontrándose de frente con un guardia de seguridad.

Violando la mente de dicho guardia, encontró el número de piso que deseaba y cómo era el hall de entrada al despacho de Evony.

Mandándolo a dormir profundamente, casi condenándolo a muerte, pues si él mismo no levantaba la maldición de sueño, nada ni nadie podrían despertarlo.

Subiendo en el ascensor, para hacer tiempo y que amaneciera, Harrison sonrío algo cruelmente pensando en las posibilidades que tenía su plan. Si encontraba algún FAE o muggle despistado en el despacho, entonces sería su perdición, pues el hechizo que pensaba usar era comúnmente usado para destruir la piedra, con el nombre de "Lapis neque opposuistis", seguidamente de un "Flamma Ignis" al resto del edificio. Los muggles que quisieran apagar el fuego, se las verían y desearían, tendrían que recibir la ayuda mágica de Dumbledore o Grindelwald para eso, incluso si Moody o Snape estaban por la zona, podrían apagar las llamas mágicas más fácilmente.

Llegando a la planta deseada, vio la puerta que daría al despacho, con un simple "Reducto" la redujo a astillas y con el otro hechizo, todo el despacho saltó en pedazos de piedra, metal, madera y otros componentes blancos que Harrison no tenía idea de lo que eran, pero seguramente fuera un compuesto del cemento. Viendo la poca destrucción, pero mucha para los muggles, pues el cristal que daba a las ventanas estaba roto, lanzó el mismo hechizo unas cuantas veces más, hasta que el techo se estaba viniendo abajo.

Con un bombarda, bien puesto al suelo, el piso que hubiera abajo se llenó con todos los escombros del despacho. Poco después y de aparecerse a la calle, lanzó el Flamma Ignis, saliendo una gran llamarada de su vara, reventando las puertas del Hall de entrada al edificio y comenzando el incendio. Metiéndose en otra sombra, vislumbrando los principios del alba, sonrió con la intención de continuar con el plan.

Salto de escena.

Días después del incidente con Lauren y la maldición tortura, Bo todavía seguía sin hablar con Harrison por ello, parecía que se tomaba muy a pecho que él la hubiera torturado un poco. Sintiéndose un poco ofendido por ese motivo en particular, Harrison se pasó esos tres días esperando que la Morrigan hiciera algo en contra de Harrison, tras haber descubierto lo que contenía el baúl, pero parecía que la cabeza de su hijo, no tenía importancia, pues no habían oído noticias en ninguna parte, incluso Kenzi que era la que estaba más atenta a los negocios con los FAE de ambos lados.

No pudiendo esperar mucho más, Harrison decidió ir solo a la cueva de Massimo o lo que quedaba de ella para ver si había ido alguien a investigar.

Al aparecerse por medios normales para un mago, es decir, la aparición. Harrison vio las quemaduras del incendio que provocaron con Flamma Ignis, un hechizo de fuego menor.

Lanzando un encantamiento para ver si había habido alguien que hubiera visitado la cueva, se sorprendió de que saliera negativo.

- Al parecer a este muggle, la gente poco le importaba lo que sucediera con él.- Se dijo a sí mismo Harrison con el ceño fruncido.

Abriendo nuevamente el libro donde tenía la dirección de Mihail e Irina, suspiró profundamente por no preguntar antes a Bo y Kenzi donde se encontraba dicha dirección. Con pesar, se dirigió hacia el bar, para ver si Trick le decía algo al respecto. La prioridad era encontrar a Irina, después encontrar la forma de meterse en el Valhala y por último matar al Garuda. ¿Y si lo estaba haciendo mal y debía ser al revés? ¿Y si la prioridad era liberar a los dioses, matar al Garuda y liberar a Irina? Se preguntaba mil y una veces, mientras cogía una sombra para aparecer en el Dal.

Cuando llegó vio una mujer de aspecto bastante hermoso, acompañada por dos hombres. Uno lo reconoció inmediatamente como Vex, el otro al estar de espaldas no pudo verle bien.

Sacando rápidamente la vara por la oportunidad que se le presentaba, no dudó ni un instante en lanzar encantamientos de protección sobre el bar, en las puertas y ventanas y en los sitios donde él sabía que la gente podía escapar, para que la gente del bar no pudiera irse. Esos encantamientos eran más que nada, hechizos repelentes.

- Vaya, vaya, mirad lo que ha traído la marea. Pero si no es el infame Vex, el Mesmer que puede controlar con la mente a la gente… ¿Y quiénes son tus compañeros?- Alzó la voz Harrison para hacerse oír entre la multitud, que por supuesto, no habían notado cuando había llegado.

Fitzpatrick en su lugar se tensó, pues sabía que Ebony, la Morrigan querría venganza justa por haber matado a su hijo, Harrison. Querría lo más seguro que la cabeza de Harrison. El otro hombre, decía ser Mihail, un vampiro y segundo al mando de la Morrigan. Habían venido con la intención de poner una trampa a Harrison, pero tras sentir en su propia sangre las salas que habían subido, estaba claro que no saldrían de allí con vida ninguno de los tres que habían venido con intenciones poco… fiables.

Volviéndose los tres hacia la voz, Harrison descubrió quien era el otro hombre con rapidez. Se trataba del traidor de la Verdadera Mano Negra, Mihail. La mujer seguía siendo desconocida para Harrison.

- ¿Este es el hechicero que tantos problemas te da, Vex, al que tanto temes? Si no es más que un niño.- Dijo la mujer con desprecio goteando por cada palabra en su voz. – Por suerte, tenemos una solución para este niño.

- ¿En serio?- Preguntó Harrison con una sonrisa irónica en sus labios. Arqueando una ceja ante el nombrado Vex y ante Fitzpatrick que estaba nervioso por algún motivo extraño, esperó pacientemente a que continuara o se presentara la mujer.

Al no ver presentación entrante, Harrison decidió que un poco de Legeremancia estaba en orden, pero antes de que pudiera, el mismo Trick decidió presentar a la mujer.

- Lord Peverell.- Comenzó con voz trémula, casi avisando que algo malo pasaba. – Esta es Ebony, la Morrigan. Los dos caballeros que la acompañan, creo que ya los conoces.

- Ah… diría que es un placer, señora, pero no lo es. ¿Te gustó mi regalo?- Preguntó sádicamente, sabiendo que la cabeza debía haber llegado a su conocimiento y tierno cuidado.

- Pagarás por eso.- Siseó furiosamente la mujer, llevando su mano al bolso, pero antes de que pudiera hacer nada, el vampiro sonriendo la detuvo.

- Mi señora, esperemos a que vengan los demás, será más placentero ver… la expresión del niño.

- ¿Esperamos a alguien más? No sabía que tenía más FAE para matar el día de hoy.

- Eres muy confiado en tus… oportunidades de ganarnos. Somos de momento tres contra uno.

- Sí, sois dos FAE que tienen problemas de impotencia, pues no os funcionan vuestros poderes conmigo y un vampiro mágico, que la última vez que luchamos, huyó como el cobarde que es.

- Harrison.- Fue un aviso de Trick, pero desgraciadamente cayó en oídos sordos.

La tensión en el Dal era tan palpable, que se podía cortar con un cuchillo de mantequilla. Mientras que esperaban, un ligero crack de aparición, hizo tensarse a Harrison, apretando la vara con más fuerza en su mano derecha, mientras la otra picaba por soltar magia de batalla.

Saliendo de las sombras, fue dos hombres ricamente vestidos en túnicas. Uno, con túnicas moradas y runas dibujadas en ellas y el otro, con simplemente túnicas negras.

El de las túnicas moradas se le hizo ligeramente familiar a Harrison cuando lo vio, abriendo los ojos ante la sorpresa.

- Albus Dumbledore… ¿Puedo suponer, que tu compañero, es Gellert Grindelwald?

- Ahora entiendo Albus, que Lord Peverell es más listo de lo que parece.- Habló con voz ronca el otro hombre que estaba parado al lado de Albus, sujetando una varita de ébano negra, ligeramente pulida.

- Harrison Peverell, nos volvemos a encontrar.- Vino la sonrisa del anciano manipulador, lo cual el ceño fruncido de Harrison se profundizó aún más.

- ¿Qué haces aquí? ¿Ahora te dedicas a liberar Señores Oscuros? ¿Debo estar preocupado de que busques a Tom para resucitarlo?- Una ligera risa vino de su interlocutor, negando con la cabeza ligeramente.

- No… liberé a Gellert por un motivo. Pero no sabrás mucho, pues morirás antes. Una pena que tu prometida no te vea más.

- Albus.- Fue la advertencia del anciano al lado de Albus, el cual asintió y mantuvo silencio.

- ¿Es todo? Solamente dos ancianos veo en frente de mí…- Con otro crack, pero esta vez un poco más silencioso, dos hombres llegaron para unirse a la fiesta repentina. Parecía que la tensión se iba a ir, cuando el sonido de la voz de Sirius vino a través de todos los oídos, haciendo una broma mordaz a Dyson, sugiriendo algo con una mencionada Ciara.

Al entrar en la sala y Sirius ver a Albus Dumbledore frente a Harrison, con lo que parecía el mago oscuro Grindelwald, sacó rápidamente la varita, pero desgraciadamente, no contó con la traición del lobo Dyson.

Dyson, rápidamente y sin mucho esfuerzo, cogió a Sirius por la espalda y con la guardia baja, cogiéndole el brazo varita fuertemente con una mano, mientras que con la otra le agarraba por la garganta.

- No hagas movimientos bruscos o te corto la garganta.- Amenazó en su voz lupina, poniendo énfasis en lo de cortarle la garganta, sacando las garras.

Harrison vio todo esto con incredulidad, Dyson trabajaba para Fitzpatrick y el mismo mencionado estaba de brazos cruzados, con aprehensión cruzando su rostro. No podía ser… no se lo podía creer, el maldito Rey Sangriento lo había traicionado, lo había vendido a Dumbledore, su peor enemigo, pues al parecer el exilio le había sentado mejor de lo que parecía, liberando a Grindelwald de su prisión.

- Fitzpatrick…- Susurró Harrison, haciendo contacto visual con el hombre, el cual le mandó una mirada, como de disculpas.

- Yo, Fitzpatrick McCorrigan, del Clan Fin Arvin, rompo nuestra alianza, Lord Harrison Peverell, de la Casa Antiquísima y Nobilísima de Peverell.

- Que así sea, traidor.- Sentenció Harrison, notando en su anillo de Lord, que de hecho, la alianza era inexistente ahora.

- ¡Bravo! Todo esto está muy bien, pero ahora nosotros nos quedamos con Harrison y vosotros con el otro hombre…

- ¿Y quién dice, Dumbledore, que iré con vosotros de buena fe y sin luchar?- Cuestionó Harrison, nivelando la vara en dirección general de los dos hombres ancianos, viendo como Mihail sacaba su propia varita y gruñía algo bajo.

Sin embargo, como en toda batalla, los prisioneros contaban para algo, y en este caso no era para menos.

- A menos que quieras ver como tu querido padrino, pierde toda la sangre de golpe, te sugiero que entregues la vara, Peverell.- Ordenó la voz oscura y ronca de Dyson, profundizando en la garganta de Sirius, sacando un pequeño chorro de sangre de ella. No sería muy peligroso el sangrado, pero podría muy bien profundizarse si no se trataba con extremo cuidado.

Viendo que estaba rodeado y por primera vez superado en número, aunque bien podría acabar con todos ellos, si no pensaba en la seguridad de su padrino, Harrison decidió bajar la vara, con expresión derrotada, lanzando una mirada hacia Sirius.

- ¿Confías en mí, Sirius?- Preguntó de repente, con la vara desaparecida, seguramente tirada a algún rincón de la habitación.

- Con todo mi ser, Harrison.- Con voz ronca y un poco cascada, Sirius aceptó su plena confianza en Harrison, el cual miró a los demás, con odio palpable en sus rasgos.

- Vosotros, os hacéis llamar FAE Oscuros, pero no sabéis el alcance de la oscuridad, ni el poder que tienen las sombras…- Comenzó Harrison, llamando a todas las sombras del Dal, obedeciéndole, pues había ido directamente y sin pasar primero por el nivel tres. Había accedido al poder de la manipulación de dichas sombras, en los niveles cuatro y cinco, preparando su magia y poder, para destruir todo el bar. Una implosión de este tipo, podría dañar a algunos, más otros quedarían en muy mal estado, dándoles tiempo a él y Sirius para escapar de Toronto y reagruparse.

En las palmas de sus manos, electricidad comenzaba a formarse, como si un rayo elemental fuera a lanzar, pero la verdad era distinta.

Un pequeño campo de fuerza, comenzaba a expandirse y generar energía y poder desde el núcleo de Harrison. Era un hechizo bastante sencillo, elemental en todos sus aspectos, pero muy poderoso de lanzar y podría incluso ser mortal si no se hacía con sabiduría y cuidado.

El hechizo que Harrison estaba canalizando tendría un efecto devastador sobre los que lo lanzara, lanzando hacia atrás y rompiendo todo, cuando se decía todo, era todo en el bar, desde la silla más pequeña, hasta el aparato más grande, causando una onda expansiva destructiva. Hermoso hechizo en su más puro estilo elemental, algo que ver con el aire y que las verdaderas deidades inventaron.

Mirando hacia Sirius, Harrison lentamente le guiñó un ojo, viendo como el animago cerraba los suyos, esperando el final de todo.

Rápidamente y sin previo aviso, Harrison levantó una mano, llamando una de las sombras que se había deslizado sin ser notada, hasta Sirius, mientras que los demás caminaban lentamente hacia adelante, con la intención de atrapar con la guardia baja a Harrison.

De repente, Dyson dio un grito que hizo girar a todos, observando como el lobo con pura incredulidad veía a su presa desaparecer en una sombra, siendo el mismo lobo empujado hacia atrás.

Volviendo rápidamente su atención a Harrison, vieron con sumo horror como éste gritaba el encantamiento convocador y después la mandíbula en su completo, de Mihail salía disparada de su boca, para llegar a una de las manos del hechicero.

Cuando tocó la mano de Harrison, una gigante onda expansiva, con rayos y truenos, salió disparada hacia todas las direcciones, destrozando todo a su alcance, convirtiendo todo en astillas.

Albus Dumbledore y Gellert Grindelwald, ambos al mismo tiempo, lanzaron sendas maldiciones asesinas, para tocar nada más que el vacío, siendo después lanzados como todos, hacia atrás en el bar.

La onda expansiva masiva, había destruido hasta la fachada, haciendo reventar, desde dentro hacia afuera, la piedra y otros materiales. El Dal Riata, estaba destruido completamente, no había quien hubiera imaginado tal cosa posible.

Sorprendentemente, tanto Fitzpatrick como Dyson, no salieron muy mal heridos, sino que estaban doloridos en alguna que otra parte.

Los que habían tomado más daño eran Vex y Ebony, los cuales estaban detrás de mesas y sillas, teniendo ahora el gran privilegio de ser los poseedores de todas las astillas clavadas en sus cuerpos.

Mihail estaba en el suelo, cogiéndose donde antaño tenía la boca, ahora desgarrada y sangrante, causando un gran dolor al vampiro. Para cualquier otro mágico, estaría desmayado o casi muriendo, pero siendo Mihail un vampiro, sus poderes de regeneración estaban causando estragos para que la carne se volviera a adherir y juntar. La mandíbula no estaba por ningún lado.

Albus y Gellert, al ser ancianos, no vieron venir la implosión causada por Harrison, lo que más tarde se recriminarían por no haber acabado con la vida del hechicero cuando tenían la oportunidad de hacerlo y haber ido con el plan original de los FAE.

Por suerte para Albus, Gellert era rápido con su varita todavía y pudo haber colocado un hechizo de protección alrededor de ellos.

Desgraciadamente, el bar estaba en ruinas y los ocupantes solo se ocuparon de ellos mismos y sus propios aliados, olvidando que entre los restos, bien podrían estar los cuerpos moribundos o muertos del Rey Sangriento, desconocido para ellos y del lobo Dyson.

Salto de escena.

- Y eso es todo.- Comentó Harrison tras haber puesto el pensadero encima de la mesa y que todos los que habían visto los recuerdos de Harrison, estaban sin habla. Al parecer la "traición" no era una traición comúnmente dicha, sino que era más un tipo de plan para que el enemigo de Harrison, Dumbledore y Grindelwald se creyeran que tenían poderosos aliados de su parte. La parte de que Bo no hablara con Harrison también era buena, sobre todo cuando la mencionada, había abandonado la ciudad con Lauren en un viaje de placer.

Para Hale y su familia todo era un poco confuso, no digamos para Sirius, el cual creía firmemente que Dyson había cometido tal acto, aunque solo fuera una actuación que Harrison y ellos habían planeado.

- ¿Entonces… todo era mentira?- Preguntó Sirius seriamente, mirando casi decepcionado a Harrison, por no haberle incluido.

- Sí. No me mires así, Sirius.- Pidió Harrison riendo un poco ante la mirada de traición de su padrino. – Por muy buen actor que te creas, realmente eres pésimo mintiendo. Se te hubiera notado a la legua, además Dumbledore te conoce por siete años y los que pasasteis después en la primera guerra contra Voldemort. ¿Crees que no lo hubiera notado, si hubieras sabido parte del plan?

- Tienes un punto ahí, supongo. Pero aun así no estoy contento contigo, Harrison. Lo que me alegra, es que rescataras a Irina.

- Y a mí.- Dijo la mencionada con un bostezo, cerrándosele los ojos.

- Sería mejor que descansaras y te fueras a dormir un rato, cariño.- Dijo Harrison con una sonrisa tranquilizadora, mirando al huésped de la casa, el Lord Zamora.

Dicho Lord asintió con la cabeza y pidió a una de las criadas que acompañara a la mencionada a una de las habitaciones de invitados de la mansión.

Con un siseo, los dos basiliscos de Harrison corrieron junto con Irina para protegerla de cualquier cosa, lo que provocó un estremecimiento entre Hale y su hermana Val.

Sonriendo a los dos que se estremecieron, Harrison pasó su mirada a su padrino, el cual todavía le miraba fijamente y un poco raro, para el gusto de Harrison.

- ¿Qué piensas, Sirius?

- Pienso… que nos has utilizado, al menos a mí en el Dal. No me gusta. Además, has destruido la casa de Trick.

- Sabes que se puede restaurar con magia, eso no es problema. En cuanto a utilizarte, ya te lo he dicho, era necesario. No me vengas con miradas traicionadas Sirius, no pienso correr riesgos nuevamente.

- ¡Nuevamente! ¡Qué tipo de riesgos puede haber, para utilizarme de esa forma! ¡Me has manipulado!

- ¿Eso crees? Te he salvado la vida una vez, no me vengas con estupideces de que te dejo aparte, si lo hago es por un buen motivo.

- ¿Y cuál podría ser?

- Es… el motivo, es que no quiero perderte otra vez, Sirius. Eres mi padrino, mi… padre James te nombró como mi padrino y si no comienzas a actuar maduramente, entonces es muy posible que no pueda contar contigo.

- Sé Oclumancia, Harrison, podría haber estado… frío.

- ¿Oh, en serio? ¿Podrías haber engañado a Dumbledore?

- Lo hicimos montones de veces en Hogwarts…

- Entonces, la próxima vez, le preguntas al viejo, cuando lo veas en el campo de batalla. Si esperas un "lo siento, Sirius, no volveré a hacerlo", estás muy equivocado, pues no pienso disculparme por hacer planes.- Con eso dicho, se levantó del asiento, dando una ligera inclinación de cabeza a Sturgess Santiago, el Jefe de la Familia Zamora en Toronto.

Saliendo de la sala de mal humor, Harrison se dirigió hacia los jardines, para pensar un poco y meditar en los próximos movimientos que debían hacer, más sinceramente debía hacer una especie de tratado con Sturgess o alianza, para poder utilizar los recursos de la familia, con ello también podrían ponerse en contacto con Dyson, pues aunque "trabajara" para el enemigo ahora, Hale podría informar de la situación y Dyson a Hale, aunque fuera peligroso, pues podrían haber colocado encantamientos espías en Dyson y Trick.

Las posibilidades eran infinitas, pero… no encontraba otra solución al problema que tenían y tampoco podían quedarse escondidos eternamente en la casa de Hale.

Salto de Línea.

Bo, Ciara y Lauren se encontraban en un jet privado con dirección a Londres para contactar con un Lord que la Reina de las hadas conocía allí. Si bien estaba al tanto de los planes de Harrison, no iba a permitir que pasara solo una batalla y más si esa batalla era extremadamente difícil.

El conocido de Ciara era especial, pues si bien era Lord, también tenía una condición polémica entre los FAE. Él era un vampiro.

Los vampiros podían caminar entre ambos mundos, pero tenían completamente prohibido por alguna razón pisar la colonia FAE en Toronto. Si la pisaban y decidían quedarse allí, tenía que ser como FAE, de lo contrario se arriesgaban a ser condenados a muerte por los líderes FAE. En opinión de Ciara era estúpido esa norma.

Mirando hacia las dos mujeres que la acompañaban, estaba bastante intrigada sobre las reacciones de la humana a lo sucedido con Harrison Peverell.

La humana parecía importarle poco o nada lo que pasara con el joven Lord, es más parecía que quería que muriera o perdiera esa batalla contra su enemigo, no entendía por qué y tampoco quería entenderlo. Harrison y Sirius se habían comportado bien con ella y Dyson, inclusive con Bo, llegando el caso de que Harrison había prometido enseñarle magia sexual para que pudiera controlar más sus poderes.

Habiendo aterrizado en el aeropuerto de Heatrow, Londres, llamó por teléfono a dicho Lord vampiro residente en Reino Unido.

Después de hablar durante quince largos minutos, en un idioma desconocido para Bo y Lauren, Ciara asintió a nadie en particular, pues no podían verla, pero parecía que su interlocutor no le importaba. Cuando colgó, sonrío a las dos mujeres, un poco tristemente.

- Lo siento por haberos arrastrado hasta Londres, pero O´Reilly realmente vive en Irlanda, pensé que todavía estaba aquí.

- ¿Pero no es un Lord?- Preguntó Lauren confundida, pues ella sabía de las cámaras de los Lores y Comunes en Gran Bretaña.

- Lo es, pero el mundo mágico es diferente.- Suspiró Ciara, viendo la ira en el rostro de la humana, tras descubrir que no era otra cosa, sino para ayudar a Harrison. – De todas formas, no puedo… ayudar a Harrison con su problema…- Suspiró en derrota. – Pero eso no quiere decir que no podemos disfrutar de la ciudad maravillosa de Londres.- Terminó con una sonrisa que no le llegaba a los ojos, pero no obstante eso es lo que harían las tres mujeres, relajarse, disfrutar de las vistas y maravillas de Londres, por unos cuatro días y luego volver a Toronto, donde cada una podía reanudar sus vidas, o eso esperaba Ciara.

Salto de Línea.

Albus se encontraba en un gran dilema sobre la situación en la que estaban. Según los reportes de Alastor y Severus, el FAE vampiro Mihail, estaba curado, pero desgraciadamente se había quedado sin mandíbula. Ahora eso no era un problema para su raza, pues podían beber sangre todavía, pero tuvo que ser extremadamente doloroso, que alguien te la arranque así. Pero el dilema era por la situación, de que habían perdido un rehén maravilloso, la prometida de Harrison Peverell. Al parecer el joven Peverell debió saber dónde ubicarla, es más, debió rescatarla él mismo, pero la pregunta seguía siendo. ¿Cómo? ¿Cómo se enteró de donde la tenía Evony? ¿Cómo la rescató sin que nadie se enterase en la mansión? Esas preguntas y otras a las que no sabía respuesta, ni siquiera tenía la más mínima idea de hacer especulaciones, algo que se le daba increíblemente bien, suspiró en derrota.

Tal vez el haber venido en pos de él haya sido una estupidez. Tendrían que haber planeado mejor las cosas… pero las prisas de Severus y Alastor eran… convincentes. Cuanto antes acabaran con la amenaza, antes podrían volver a la normalidad en casa, pero como siempre, Gellert era el frío de mente, hablando con Albus en privado le convenció, que aunque mataran a Peverell, todavía quedaban los aliados y familia, algo que iba creciendo día a día. Ya le dijo que no hiciera caso de sus dos pequeños y jóvenes subordinados, solo traerían problemas a la larga y eso era lo que tenían ahora.

Un FAE desaparecido… Dyson, creía que se llamaba, tal vez muerto en la explosión. Uno herido de gravedad, negándose a abandonar su refugio. Otros dos FAE más que ahora se estaban replanteando seriamente el haber provocado la ira de Lord Peverell, cual caso era de Evony y Vex.

Viendo pasar a Gellert en el despacho que tan amablemente Evony les había concedido, suspiró una vez más, pensando en lo cambiado que había estado su antiguo amante. Cuando le sacó de Nurmengard, no pensó que tendría rencores contra él, pues siempre que podía lo visitaba, pero la verdad, cuando salió lo hizo de malhumor, aceptando solamente ser libre para poder matar al hechicero del que tanto se quejaba Albus, un hechicero que si bien era un Peverell y era muy posible que las reliquias se perdieran con su muerte, todo era por el bien mayor.

Desde que perdió la varita de sauco, tras dejársela en préstamo a Garrick, tuvo que quitar un par de bloqueos suyos en su magia, para poder continuar con las apariencias, pero aun así, perdió contra la fuerza de Harrison Peverell aquel fatídico día. Y eso que el niño debía estar cansado de tanta magia antigua hecha, pero no parecía ni sudar un poco.

- Tenías razón, Gellert. Ha sido mala idea venir aquí.

- Te lo dije Albus, das demasiada importancia a las creencias de tus subordinados, sobre todo de ese Snape. Tenemos que planear a largo alcance, no a corto. Hubiera sido un éxito nuestra misión, si no se hubiera escapado la chica de Peverell, pero no teniendo rehén ni nada, estamos con las manos vacías. Enfrentarse ahora a Peverell en campo abierto es una estupidez, puede acabar en nuestra muerte.

- ¿Qué sugieres entonces?

- Que juntemos a la vieja orden. No la del fénix tuya, sino la mía.

- Las SS mágicas… ¿Seguro?

- No son SS en sí, Albus. Son más Caza Hechiceros que otra cosa. Asesinos entrenados, mercenarios, etc. necesitamos un ejército. Él tiene a los FAE y vampiros, dado que las Sectas tienen negocios con él. Nosotros necesitamos tantos magos y brujos como sea posible. Esta guerra no se va a ganar limpiamente.- Declaró Gellert sin mucha pasión, pues Albus ni ninguno de los otros habían dejado que investigara a Lord Peverell como se merecía y ahora estaban pagando por la estupidez de los tres "tontos e incompetentes" como los llamaba internamente Gellert a Albus, Severus y Alastor.

- Está bien.- Suspiró nuevamente Albus, levantándose de la silla en la que estaba. – Llamaré a Severus y Alastor para que recojan, ¿Qué hacemos con los FAE?

- A ellos déjalos aquí, si aparece Peverell, puede que aprendan un par de cosas del niño. En cuestión de los FAE, ¿Qué quieres hacer? No son mágicos y si tienen un don, no van a ser capaces de usarlo en contra de él. No, termina tu estúpida alianza con ellos, y vámonos de este país. Puede que no haya gobierno mágico, pero si el de américa se entera de que estoy aquí, estoy jodido.- Explicó, dando media vuelta Gellert, para ir a empacar sus pertenencias o escasas pertenencias.

Después de todo, no solo tenía la excusa perfecta del poco plan que habían hecho en Toronto, sino que quería hacer un ritual en Durmstrang para recuperar su antiguo poder mágico, todo el poder que su propia cárcel le había quitado. Con su poder de vuelta, podría muy bien hacerse con el control de Durmstrang y acabar con Albus, una vez por todas. El viejo se había vuelto demasiado débil y crédulo, si pensaba que lo iba a perdonar por haberlo tirado de su puesto hace tantos años.

Al final de ese día, Trick se enteró de que tanto Albus como Gellert se marchaban por la salud de Gellert a Durmstrang, pero que dejaban a Alastor y Severus al cargo, por si encontraban a Harrison Peverell, con la orden expresa de capturarlo vivo, no muerto.

Tanto la Morrigan como Vex se quedaron decepcionados de que sus más fuertes protectores se marcharan, pero comprendieron que había sido una estupidez de su parte el haber venido antes. Ahora solo quedaba reunirse con Peverell y que éste no quisiera matar a Evony y Vex de inmediato, para formar una alianza de algún tipo. También quedaba el hecho de que el mago con el ojo falso y el mago taciturno estaban vigilantes todo el tiempo, el uno del otro y de los FAE que les rodeaban.

A veces salían en búsquedas inútiles, pensando que Harrison estaría en los bosques de Toronto, en alguna cueva o algo así, cuando en realidad se quedaba en la casa de Sturgess Zamora.

Con una nota enviada rápidamente a través de uno de los canales de Trick a Dyson, para que éste avisara a Hale y Hale al resto, escribió rápidamente sobre la partida de Dumbledore y sobre los magos que se quedaban en Toronto.

Salto de Línea.

Harrison estaba preparándose, preparándose para hacer la trampa al Garuda, para ello necesitaría la ayuda de un FAE lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de ese ser.

Tras haber recibido la nota de Trick, a través de los medios de Dyson y Hale, supo que había llegado el momento de matar al bicho y para ello iba a utilizar la espada negra que Shadow le había entregado.

Se estaba reservando utilizarla para matar a Hades con ella, pero quería ver de que era capaz de hacer, una vez que tuviera al Garuda muerto, entonces podría relajarse un poco con Irina, la cual había decidido quedarse con Harrison, para consternación de su padre y madre, sin contar con la de sus tíos y primos, más la hermana, Ileana, la cual suponía que sin la vigilancia de los padres, ambos enamorados iban a ir al siguiente nivel, aunque no estuvieran casados. Nada más allá de la verdad, Irina había dicho que estaba preparada para hacer el amor con Harrison, sobre todo si éste tenía que enseñar magia sexual a una súcubo, para que pudiera controlar mejor sus poderes de absorción de Chi.

Quitándose esos pensamientos de su mente, Harrison sonrió ante lo que se avecinaba, si bien Dumbledore y Grindelwald ya no eran una amenaza, pues habían vuelto hace dos días a Durmstrang, Alastor y Severus seguían siendo un problema. Un problema menor, pero no obstante un problema.

Sirius había perdonado a Harrison, pero no sin la promesa de que le dejaría buscar a Snape para alguna tonta venganza infantil, algo sobre la muerte de sus padres y que él era el culpable. El culpable en realidad fue Voldemort y Petegrew, pero con tal de no tener a Sirius respirando en su nuca, le permitió que se desquitara con el hombre, con la condición de que acabara con su vida.

En lo referente a Lord Zamora, habían firmado un tratado y alianza, conjuntamente con Trick, a través de Hale, en el cual acordaban fomentar un negocio y la posible ayuda de negocio cuando se hiciera Harrison con el control de la isla que tenía en mente.

Más allá de eso, la alianza rota había vuelto a ser forjada, a espaldas de la Morrigan, por supuesto. Ahora solo cabía esperar un día para que el FAE que iba a hacer de señuelo viniera a la mansión de Sturgess Zamora.

Kenzi, por lo que fuera, se había quedado con ellos y Hale todavía, pues Bo aún estaba en Londres con Lauren y Ciara, haciendo lo que sea que hicieran. La familia de Hale no era muy… amigable con Kenzi por el hecho de ser humana, algo con lo que Harrison podía simpatizar, pero por respeto a Fitzpatrick, toleraba a la morena o al menos lo intentaba, pues había veces en los que era demasiado pesada, hablando sin parar de amigos muggles que necesitaban su ayuda.

Ahora no sería un problema, pero estaba el hecho de que pedía a Harrison a veces ayuda para sus amigos, ayuda que Harrison negaba, intentando razonar con ella de que tenía un trato preferencial, solamente porque su aliado Fitzpatrick le había pedido ayuda, ni más ni menos.

Por otro lado, cuando Fitzpatrick se enteró, por Hale, de que Harrison había hecho una prueba de sangre a Bo, para ver quiénes eran sus parientes vivos y muertos, no lo aceptó demasiado bien, pero supuso que al haber roto la primera alianza, liberó las opciones de Harrison en ese ambiente.

Actualmente, Harrison se encontraba pensando en el jardín de la mansión Zamora, la cual debía admitir que tenía hermosas vistas y floridos terrenos, aunque estuviera en Canadá. Sin sentir la presencia de su prometida, o fingiendo no sentirla, Irina fue por detrás de Harrison, tapándole los ojos con una mano, preguntando en su oído en voz baja, ¿Quién soy?

- No sé… tal vez una bella ninfa de los árboles…

- Frío, frío y como me entere que una ninfa de los árboles te ronda, la descuartizo.

- Entonces… tal vez seas mí…

- ¿Sí?

-… ¿Prometida? Aunque creo que Irina no haría estos juegos… aburridos.- Sonrió en la palma de la mano, dándole un ligero mordisquito a su prometida, la cual dio un pequeño chillido, retirando la mano, la cual pensaba que la había puesto sobre los ojos de Harrison. – No te has dado cuenta, cuando te he quitado la mano de mis ojos, para ponerla sobre mi boca.- Afirmó Harrison a Irina, la cual se veía un poco mejor de lo que estaba antes, pero aún sin querer contarle todo lo sucedido en la mansión de la Morrigan.

Le contó Irina a Harrison lo que Mihail la había hecho y la intentó hacer, pero poco más, cuando llegó al tema de Vex y la Morrigan, cerró en banda tanto la boca como su mente, sin querer decir más. Tampoco la iba a obligar, cuando estuviera lista para hablar, así sería.

- ¿En qué piensas, Harrison?

- En muchas cosas… pero sobre todo, en ti.

- Oh… que romántico. Gracias, pero ya no debes preocuparte más por como estoy, estoy bien.

- Eso no me preocupa… ¿Vas a seguir queriendo casarte conmigo? Después de todo el fiasco en Poenari…- Se silenció Harrison, tras recibir los dulces y suaves labios de su prometida, chocando furiosamente con los suyos, fundiéndose en un beso ardiente y apasionado.

- Por supuesto que quiero ser tu esposa, no seas tonto. Lo que ha pasado ha sido desafortunado y no tuve tiempo a reaccionar, no pienso dejar que vuelva a pasarnos. Después de todo, tenemos una gran familia que cuidar.

- Cierto…- Susurró Harrison, notando la presencia de Hale y Val, los cuales los miraban desde la distancia, no queriendo interrumpir. – Pero me temo que nuestra conversación queda pendiente, creo que tenemos invitados y un Garuda para matar.

- Sí… tus poderes han aumentado desde que estuvimos en Poenari, ¿Cómo es posible?

- Mucho entrenamiento.- Fue la respuesta enigmática que le dio y que le daría de momento. No creía que estuviera preparada para descubrir una de las verdades de Harrison y Shadow.

Volviendo su atención hacia los dos hermanos que no se llevaban muy bien, tanto Harrison como Irina fueron hacia ellos.

Asintiendo Hale hacia el joven Lord y hechicero que tanto había revolucionado a los FAE y las vidas de todos aquí en Toronto, fue a hablar, pero su hermana se le adelantó.

- Lord Peverell, estamos listos para atraer al Garuda.- Informó cordialmente Val, sonriendo con suficiencia a su hermano, por haberle ganado en esa.

- Eso está bien, Heredera Zamora. ¿Dónde va a ser la muerte de ese FAE?

- En una fábrica abandonada. Se suele utilizar por los líderes FAE para probar a los nuevos FAE y que escojan bando.- Informó esta vez Hale, riendo ante el rostro de su hermana, la cual pasó una mano por su cara, quitándole el habla.

- Ahora que el tonto de mi hermano no puede hablar, mi padre pregunta si vais a hacerlo ahora.

- Eso me temo, cuanto antes nos deshagamos de Garuda, antes podré continuar con… mi misión aquí.

- ¿Otro FAE?

- Más o menos. Pero sí, otro FAE.

- Acompañadme.- Fue lo único que vino de Val, pues aunque hubiera cogido especial cariño a Irina, con Harrison se la veía fría y calculadora. Y no era para menos, cuando sus poderes no funcionaban en él, al haberlo intentado, jactándose ella de que podría quitarle la voz.

Hale al fondo, estaba haciendo señales para que le devolvieran el poder del habla, no era algo que un sirénido tuviera que aguantar y mucho menos le gustara. Con un movimiento de mano desdeñosa, Val devolvió el tono a su hermano, lo cual dio un "gracias" susurrado y lanzando maldiciones por lo bajo, queriendo irse de su casa nuevamente, para poder recuperar la vida policial que tanto le gustaba.

Media hora de viaje tedioso en coche y por fin habían llegado todos los involucrados y los que querían presenciar el poder de Harrison al matar al Garuda, a la fábrica abandonada, donde se decidía el futuro de los FAE al escoger un bando.

Cuando entraron, vieron a una persona estar parado mirando una mancha en el suelo como si fuera la cosa más interesante del mundo.

Hale, como muy buen caballero que era, se adelantó, haciendo una ligera inclinación ante el desconocido y susurrando unas pocas palabras.

- Mi Lord Peverell, permítame presentarle al Ash, Lachlan.- Introdujo Hale girándose hacia Harrison. – Ash, permítame presentarle a Lord Peverell, él se encargará de tenderle la trampa al Garuda.

- ¿Un niño? ¿Habéis traído a un niño, para matar al Garuda? ¿Acaso no sabéis lo importante que es esto?

- Te sorprenderías… Naga.- Contestó Harrison, haciendo saltar al mencionado Naga y a los demás.

- ¿Cómo…?

- ¿Cómo sé? Creo que olvidan todos que soy hablante de Pársel y reconozco a una serpiente… o un mestizo serpentino, cuando lo veo. A parte de eso, mis familiares no paran de susurrarme que una abominación de Naga está presente. No te ofendas.- Comunicó Harrison, acariciando algo por debajo de las túnicas, viendo como sus dos basiliscos salían de ellas, Lachlan se congeló ante la mirada amarillenta que estaba recibiendo.

- ¿Por qué no se muere?- Preguntó Irina a Harrison un poco decepcionada, de que la mirada del basilisco no funcionara.

- Porque es un Naga, los Nagas son inmunes a la mirada del basilisco, por la sangre que tiene, pero no al veneno. Moriría tan bien, si fuera mordido.

- Ah… eso lo explica.

- De todas formas, acabemos con esto en cuanto antes.- Dijo pasando sus basiliscos a Irina, la cual los acarició como si su mirada no fuera mortal para quien la viese y su veneno tan letal.

Harrison comenzó a hacer un círculo de runas convocadas con la vara, rápidamente alrededor de Lachlan, al cual fue explicando que haría de carnada.

Al ver Lachlan el circulo rúnico y reconocer algunas de las runas, se espantó al saber que tenía pocas probabilidades de moverse del sitio, más no pudo decir nada, pues los basiliscos seguían tan imperturbables como el primer momento, mirándolo y siseando furiosamente al Naga.

Después de terminar el círculo de runas, comenzó a tallar otro tipo de runas en las paredes, las cuales serían para hacer el llamamiento al Garuda y convocarlo de donde estuviera. También levantó salas especiales que prohibirían el transporte del hombre hacia cualquier parte, impidiéndole utilizar sus poderes, a ser fuera de la fábrica. Unos minutos más y cuando terminó, se sacudió el polvo de las manos, un polvo inexistente, pero satisfecho con su trabajo instruyó a todos a esconderse y que por lo que fuera o fuera dicho, no salieran de sus escondites.

Sacando la espada negra, una ligera brisa de muerte surgió de ella, asustando hasta la médula a todo aquel que temía la muerte, no por nada la espada mataba cualquier cosa, arrancando el alma cuando era clavada en el cuerpo de alguien. Harrison imaginaba que con un rasguño de la misma espada, también funcionaría el poder, pero mejor no apostar todos los huevos en una misma canasta.

Mimetizándose con las sombras, Harrison comenzó a cantar en un idioma desconocido, haciendo brillar las runas de las paredes, viendo con satisfacción poco después de terminar el canto, como una llamarada aparecía de la nada, revelando a un hombre alto, ricamente vestido con una gabardina.

Las características eran como de noble o aristócrata, le servían bien para la raza que era. Tenía el cabello largo y la mirada penetrante, aunque esa sonrisa al ver a Lachlan, parecía la de un loco homicida.

Vio como sacaba una espada y se burlaba del Naga en el círculo rúnico, sin saberlo que él estaba a las puertas de su propia muerte.

Decidiendo aparecer a un lado del Naga, Harrison viajó brevemente por las sombras, haciendo saltar un poco al Garuda.

- ¿Y tú quién eres?- Preguntó alzando una ceja en su dirección. Lo único que recibió como respuesta, fue una sonrisa siniestra y el ataque sin avisar de Harrison. Una escena que perseguiría las pesadillas de Lachlan a partir de ahora, pues ambos contendientes se dispusieron a luchar un duelo de espadas.

Si bien Harrison no tenía mucha experiencia con una espada, lo que había aprendido en el corto tiempo del retrato de Godric, le sirvió para este duelo, en el cual la espada del Garuda se convirtió brevemente en fuego, chocando con la de Harrison, la cual absorbió el fuego inmediatamente, haciéndola de fuego negro.

- Imposible…

- Es tu muerte.- Con esas palabras, Harrison rompió la espada del Garuda y rápidamente asentó un golpe mortal, pasando la espada por el cuello, cortándole la cabeza rápidamente.

Cuando la cabeza del Garuda cayó al suelo, con un ligero chapoteo de la sangre que derramaba, Harrison sonrío al ver como el alma era absorbida por dicha espada llameante. Ahora la espada tenía un nuevo poder, el poder de prenderse fuego con las llamas de Hellfyre.

- Bueno, eso ha sido…

- Aterrador.- Habló por fin Lachlan, mirando con asombro y miedo la espada que desaparecía para volverse a unir a Harrison.

- Diría más bien anticlimático.- Llegó la voz aburrida de Irina, a lo que se le sumió los asentimientos de Harrison y por extraño que parezca Val Zamora.

No obstante, un enemigo "poderoso" de los FAE había caído y ahora la cabeza sería enviada a Trick para que la viera, aunque seguramente el Naga la querría tener para él mismo. Hablando del hombre, que temblaba un poco de miedo todavía en el cuerpo, al sentir el poder de la muerte, Harrison quitó el círculo de runas de en medio y las runas talladas en las paredes, con unos pocos movimientos de sus manos, sin usar la vara.

- Volvamos a…- Miró a Hale y Val, con una sonrisa ladeada. -… la casa de Bo, creo que te gustará como dejé el lugar.

- ¿Os vais ya de la mansión? ¿No es peligroso?

- Ahora que Dumbledore y Grindelwald no están, no. No es peligroso. Al menos no demasiado. Nos las apañaremos.- Ofreció una sonrisa, suponiendo que sería un respiro para todos los Zamora y Kenzi, la cual podría volver a ser ella misma sin todas esas… clases de etiqueta que estaba recibiendo de Irina.

Para volver a la casa de Bo, tendría que ordenar Harrison a los elfos recoger todas sus cosas, volver a encender y activar la chimenea de la casa de Bo, para permitir el Flú nuevamente y despedirse personalmente de Sturgess, el cual había sido más que amable con ellos, pero nuevamente, querrían descansar un poco antes de reunirse.

- Hale, dile a tu padre que le veré dentro de unos días, cuando todo haya sido solucionado con el Naga y Fitzpatrick. También tengo que arreglar el problema del Dal…

- Sobre eso… has cometido muchos crímenes contra nuestra raza.- Aventuró un poco envalentonado el hombre serpiente, mirando astutamente a Harrison, viendo si podía manipular al hechicero que tan bien había acabado con un enemigo tan "poderoso" como el Garuda.

- Si fuera tú, no intentaría lo que estás pensando, no te servirá de nada. No me inclino ante nadie, salvo ante el que se inclina todo el mundo cuando le llega la hora.- Dijo crípticamente, tomando por la cintura a su prometida y desapareciendo entre las sombras, las cuales parecían tener vida propia, tragándose al hechicero y su bruja, junto con sus basiliscos.

Nota de autor:

¡Hola de nuevo!

Estoy de vuelta con un nuevo capítulo. Sé que van siendo cortos, con no más de doce mil palabras, pero las ideas me vienen al principio y parece ser que con las aventuras en Toronto, son cortos los capítulos.

De todas formas, espero que haya gustado, en este capítulo viene la explicación de lo que pasó con Harrison en el Dal, también del salvamento de Irina. Ahora hay nuevos aliados, tal como el padre de Hale y posiblemente nuevos enemigos, como Lachlan, aunque no creo hacerle enemigo, más bien un no amigo.

En el siguiente capítulo, meteré el desenlace de las aventuras en Toronto, para que puedan volver a casa Harrison e Irina y celebrar la tan ansiada boda. Después de la boda, continuaré normal con los capítulos, sin mezclar nada más.

Espero que los siguientes capítulos, los normales, los que no son crossover, sean un poco más largos que estos, así que me disculpo si tardo.

P.D. A partir del martes que viene, es posible que no tenga mucho más tiempo para escribir, pues tengo que estudiar para unas nuevas oposiciones, por ello pido paciencia y sepáis que no pienso abandonar la historia. Tampoco la de "Harry Potter y el poder del conocimiento".

Para aquellos que siguen esa historia, les digo que tengan paciencia, pues cuando termine las aventuras de Harrison Peverell, continuaré con "el poder del conocimiento".

Un saludo.