Bienvenidos/as a la última parte de la historia, agradezco mucho que mis lectores me hayan acompañado hasta el final, me agrada que haya gente que ame esta pareja tanto como yo. La verdad es que somos pocos, si el PruAus fuera la mitad de lo que es el UsUk, sé que habría muchos fans. No obstante, pueda que el hecho de que no sea tan popular, la valoremos tanto y que nos cause muchos feelings. Bueno, al menos a mí me los da. xD

Especial agradecimiento a :RosenrotEB, que sé que ha estado pendiente de esta historia. ;')

PD: Quiero que hayan más escritores de habla hispana para esta hermosa pareja.


Bien, hay unas cosas que debo decir, y que ustedes deben leer, por favor:

Este extra está hecho de cartas básicamente, ustedes recordarán que hubo un gran salto de la historia entre recuerdos en el pasado fic, y que ambos dijeron que desde la adolescencia no se veían. Pues el hecho de que no se vieran no quería decir que no se comunicaran, ellos lo hacían a través de cartas.

Por cierto, el poema que está en una de las cartas es de mi autoría, no lo saqué de un libro. No soy tan buena escribiendo poesía, y la verdad es que me da pena compartirla. Pero creo que es necesario. Si tan solo escribiera como Shakespeare… *Risas*.

Gracias por leer, ahora sigan con la historia. ;)


El alba traía consigo los cálidos rayos solares que caían sobre el rostro de Roderich, éste había permanecido toda la noche dormido sobre el piano, y parecía no despertarse. El trinar de un azulejo que se colocó en el marco de la ventana resonó en los tímpanos del músico.

-¿Huh? ¿M-mi cabeza? –se tocó la parte trasera de ésta. –Ouch, me quedé acá –masculló acariciando su cabellera. Levantó su rostro, al parecer le dolía la nuca, porque se había quedado dormido en una nada placentera posición.

Recordó en un parpadeo que era el día del aniversario de la muerte de Gilbert, miró la partitura con mucho cariño y la tomó entre sus manos. Por dentro estaba muy feliz de haberla terminado; finalmente iba poder mostrársela a Ludwig.

La conmemoración se iba a llevar a cabo al atardecer, así que tenía gran parte del día para prepararse. Primeramente fue a tomarse un baño y alistarse, tomó un ligero desayuno pues sabía que en la tarde comería mucho, porque Ludwig lo obligaba. Al parecer era algo que Gilbert le había pedido a su hermano, sobrealimentar al austriaco.

Después de alimentarse, nuevamente fue a su habitación donde iba a preparar las cosas que iba a llevar a la conmemoración; sí, por alguna razón se tomaba su tiempo para hacer las cosas y lo hacía desde temprano.

Él tenía un hermoso buró con tallados y bordes plateados en la esquina de su habitación; allí solía guardar papeles de importancia, y uno que otro minúsculo objeto que pensara fuera de valor. Fue hasta ese mueble para buscar un viejo dije para usar como colgante ese mismo día; no obstante, al revolver los papeles no lo encontraba. –Hm, de seguro ha de estar en medio de los papeles –murmuró.

Uno a uno fue sacando distintos papeles, todos eran de diferentes tamaños, texturas y colores. Pero de tanto en tanto, se encontró con una delgada cajita de madera. Ésta estaba hasta el fondo, y muy debajo del papelerío. –Tal vez aquí –susurró. Cuando la abrió, el objeto que tanto buscaba estaba allí, pero no estaba en la superficie, estaba en el interior de un sobre. El dije sobresalía claramente desde el interior de la carta.

Roderich cogió el sobre, y lo alzo lentamente hacia arriba con su mano diestra, mientras que su mano zurda reposaba por debajo para atrapar el relicario. –Hm…

Por alguna razón, al tomar el objeto, le dio por abrir la carta que estaba adjunta. Él buscó con la mirada un lugar donde sentarse, y escogió un asiento próximo al mobiliario. Se sentó un poco inclinado con una pierna encima de la otra, y acomodó la caja sobre sus piernas para poder leer tranquilamente.

Él entrecerró los ojos al ver el remitente, por alguna razón había olvidado esa carta; era una carta muy vieja, de hecho, pertenecía al tiempo en el que el austriaco era aún adolescente.

Berlín, 18 de marzo.

Ya han pasado dos años desde que me fui de Viena, señorito. Espero no hayas pasado lloriqueando desde entonces. Hm, ¿adivina qué? Tengo un nuevo corcel, mi padre me lo obsequió. Práctico con él todos los fines de semana, mis instructores dicen que soy bueno como jinete. Yo sé que soy grandioso, pero a veces me paso, kesesese. Además; adivina el nombre… pues lo llamé Hans.

Ah, déjame decirte que recibí tu carta el mes pasado, y si no había podido responderte, es porque he estado estudiando mucho. Tengo que sobrepasarte en algunos aspectos; no se vale que seas tan buen músico y estratega. Yo también puedo hacerlo, y hacerlo mejor.

Pero sabes qué, la noticia más importante aún no te la he dicho. Mi padre me había escondido algo muy importante mientras estuve ausente en mi nación, cuando llegué no podía creerlo. ¡Tenía un nuevo hermano! ¡Más bien tengo un nuevo hermano! Estaba tan emocionado cuando lo vi, él era tan pequeño y apenas tenía cabellos en la cabeza. Pero éstos parecían hermosos hilos dorados. Fue como ver un pequeño sol ante mis ojos, kesesese. Él se ha convertido en una de las personas más preciadas para mí, tienes que conocerle algún día; te encantará. Por cierto, tiene un nombre genial como su hermano mayor: Ludwig.

Cuando vengas a verlo te lo presentaré, ¿recuerdas cuando te llamé 'esposa'? Pues cuando vengas lo pondrás en práctica, kesesese.

Bien, he dicho lo más importante y ya es hora de que me despida. Espero tu respuesta…

Tuyo, Gilbert.

Pd: No llores, princesita. Dentro de la carta hay algo para ti, así me recordarás, y con ello nuestros días…

Roderich cerró la carta, con una sonrisa en los labios. Recordó lo prepotente y molesto que también era Gilbert; nunca se le quitaba la maña de ponerle apodos. Sin embargo, después de leer la carta su cabeza se inundó de memorias, y optó por guardar la carta.

No obstante, el sujeto no parecía querer detenerse. Estiró la mano para tomar otro sobre y lo abrió. Empezó a leer la siguiente…

Berlín, 09 de Mayo. (Del mismo año).

Hola, ¿cómo es eso que aún no vendrás? Te dije que vinieras a conocer a mi hermano menor, ¿acaso es demasiado para tus delicadas piernas? Trae tu real trasero aquí lo más pronto posible, no pongas excusas que si nuestras naciones están peleándose no puedes venir. Haz algo, y para la próxima carta que me mandes no trates de aconsejarme. Te he dicho que yo puedo manejarlo todo, kesesese.

En fin; si vienes, tráeme comida. Quiero una tarta, una súper grande. No quiero parecer un esqueleto como tú; quiero comer algo delicioso.

También quería decirte que hay unos tipos que son más insoportables que tú, kesesese. Pero no es nada con lo que yo no pueda lidiar; es decir, ni el ruso ni el polaco son rivales para mí. Me caen en los huevos, pero imagínate; siéntete orgulloso de que haya tipos peores que tú.

Tú eres como…

¿Ah, sabes? El día de hoy me levanté pensando en ti, es que soñé contigo. ¡Fue una pesadilla, kesesese, kesesese! Bromas; sí soné contigo, pero no vuelvas a aparecer allí. Hasta en mis sueños eres insoportable; siempre quejándote, pero siempre sonriendo. Por alguna extraña razón sonríes después de quejarte de mí, ¿acaso es divertido o traes algo entre manos? No lo sé, pero me gusta.

Lo único que sé es que, cuando abrí mis ojos mi pecho sentía una presión. Quizá me de un infarto por soñar contigo, kesesese.

Dejando de lado eso, me tengo que despedir…

Tuyo, Gilbert.

Pd: No vuelvas a burlarte de mi condición como hombre zurdo, oh, su excelencia, disculpe usted por mi letra tan fea, kesesese.

Roderich no pudo evitar soltar una risilla, era verdad, Gilbert no poseía la mejor letra para esa época; sin embargo con el tiempo la mejoró. Inclusive superó la hermosa letra de carta del austriaco.

No pudo resistir la idea de leer otra, y así lo hizo…

Berlín, 08 de enero. (Siguiente año).

Roderich, ¿qué tal? Espero sigas siendo menos grandioso que yo.

A pesar de que no te atreves a asomar tu lujoso trasero por acá, le he contado a Ludwig de ti. Él se emociona a su manera, porque déjame decirte que tiene cara de póker. No parece mi hermano en ese aspecto; pero somos igual de hermosos, bueno, quizá yo lo sea un poco más, kesesese.

Déjame contarte que últimamente me he vuelto muy fuerte e inteligente; me atrevo a decir que te superé en muy poco tiempo. Ahora lloriquearás más, porque no puedes detenerme. Sin embargo, hay algo que me causa un malestar… Vash vino hace unos días por acá, me contó que eres muy amigo de una chica, eso no es de hombres. Los hombres no tienen amigas, es muy raro. Los hombres tienen amigos, pero si has decidido tener una amistad con una chica, ¿qué se le va a hacer? Desde ya sé que no es grandiosa como yo; de hecho, nadie lo es.

Sin embargo, la conoceré muy pronto, Vash me dijo que tuviera cuidado. Porque ella es dulce, pero en su interior se esconde un gorila enojado. No sé qué pensar al respecto, es decir, ¿cómo lidiarías con una chica así? Kesesese.

Como sea; no… te… olvides… ejem… cof… de mí… Ah, y ahora tengo una nueva mascota. Es una linda bola de pelos, es un gato. Su nombre es Freddy. Come mucho, y tiene ojos carmesíes como los míos, ¿coincidencia? No lo sé; pero es lindo.

Cambiando de tema; Roderich, últimamente hay cosas que no soporto. No he podido verte, y no sé por qué eso me ha estado exasperando. Aún tengo presente nuestros recuerdos, y creo que me pasas tu vejez, no es normal que yo piense tanto en el pasado. Te culpo… te culpo.

No sé por qué la noticia de esa chica caló en mí, no entiendo el por qué sigues sin querer venir hasta aquí, no entiendo cómo es que aún habiéndote superado aún me siento…

Roddy, ¿te vas a olvidar de mí?

Ya me tengo que ir…

Siempre tuyo, Gilbert.

Pd: He bebido tanta cerveza que ahora sale de mis ojos.

Roderich sintió que se le formaba un nudo en la garganta después de leer la carta, aún recordaba los triste que fue leerla. Tal vez el prusiano no se percató cuando la redactó, pero de alguna forma había celos en ella.

No sabía si continuar con la siguiente, y es que la que venía era más sentimental… Las ganas pudieron más, y la tomó…

Berlín, 05 de octubre. (Siguiente año).

Hace tiempo que no te escribía, hola, ¿estás mejor? Espero el catarro se te haya pasado. Eres una cosa delicada, kesesese.

Bien, ahora por lo que te escribo.

¿Recuerdas que te dije que la conocería? Pues así fue, ella fue amable al principio, pero no le agradaba mis comentarios sobre ti. No sé qué esperaba de mí; es obvio que eres inferior a mí… Sí, es lo que le dije, pero no era del todo cierto. No sé cómo comportarme con las mujeres, mi padre nunca me enseñó. Ni siquiera conozco a mi madre, pues recuerda que él la confinó a lo más lejos de nuestro castillo.

Como sea, eso no es importante ya. Ya no soy un niño, pero me comportaré como uno en estos momentos. Dime que no es cierto, que tú no has empezado una relación con ella, ¿me has dado la espalda? ¿No recuerdas nuestro beso? Yo aún lo tengo presente, y no me arrepiento. Has dejado que alguien me robe lo que me pertenece, ¿por qué?

¿Es porque soy hombre? ¿Por qué soy muy grandioso? ¿Por ser zurdo? ¿Por ser hermoso? ¿Por ser prusiano? ¿Por no ser chica? ¿Por burlarme de ti? No entiendo. No entiendo lo que me escribiste en la carta anterior, ¿Qué estoy muriendo de celos? No lo creo; simplemente pensaba que tú sentías lo mismo que yo siento por ti.

Tal vez no seas igual a mí, pero por dentro yo…

Tú no entiendes, por tu culpa hasta me comporto como chica. ¿Sabes lo que hice? Escribí algunos poemas pensando en ti. ¡El increíble yo hace poemas! ¡Imagínatelo! No es como si escribir poemas fuera vergonzoso, pero yo no soy del tipo romántico como Francis, Antonio o Feliciano.

Entre más pienso, menos sé. Espero que este poema te llegue a alguna parte de tu corazón:

Entre finos y cristalinos copos de nieve, vi el color negro

Negro como el negro piano

Fino, brillante y exuberante

En sus ojos me vi, vi mi perdición.

Mi camino recorrí, buscando un deseo.

Deseé la primavera, pero te encontré

Me pregunte, ¿será mi primavera?

Pero se fue.

Volví a encontrar el negro

El negro piano del que me enamoré

Sin darme cuenta lo toqué

Pero al hacerlo mis manos desangré.

Mis cicatrices oculté

Pero al hacerlo lloré

Con el sol me senté

Para irme a dormir después de la seis.

Fin.

Espero lo hayas entendido, apuesto que con tu nivel de inteligencia lo captarás a la perfección. Como sea; tampoco soy Shakespeare para hacer un poema bien hecho.

Hasta luego, espero tu respuesta; no te abrumas. Si no tienes los huevos bien puestos, ni te atrevas a responder mi carta.

Tuyo, Gilbert.

Pd: Devuélveme las lágrimas.

Roderich hizo una mueca, y guardó rápidamente esa carta. Por supuesto que había entendido ese poema en aquella época, claro que se sintió mal y recordó que aún así se atrevió a responderle al prusiano.

Así que tomó la siguiente carta…

Berlín, 11 de noviembre. (Mismo año.)

Hm, te diría un hola, y quizá hasta te preguntaría un cómo estás. Pero ni creas que lo haré, imagino que no solo estás bien, eres feliz. Gracias por ser tan sincero.

Te has atrevido a decirme que tu relación con ella no es lo que yo pienso; pero no es así. Simplemente las personas no tienen una pareja porque sí, si ella es tu novia, bueno, trátala como tal.

Yo estoy bien; así que no digas que te preocupo. La soltería me sienta bien, ¿qué más puedo pedir? Disfruto estar con mi hermano, al menos sé que con él yo mantengo un lazo especial, no me aburro. Sé que lo conociste hace poco, porque él fue a Viena a hacer algunos asuntos. Es grandioso, ¿verdad? Espero lo hayas tratado mejor que a mí, kesesese.

Él me contó que tú lucías feliz, y la verdad es que, no creas que me entristezca; más bien es reconfortante. ¿Por qué? Te conozco, eres mío. ¿Crees que no me di cuenta? La forma en cómo redactaste tu última carta te delató, entonces te doy la libertad de que hagas lo que quieras. Si tu corazón está conmigo, pues qué importa lo demás.

No me imaginé que mi poema te diera directo a donde más duele, espero no hayas llorado. Sé que eres un hombre, delicado, pero hombre al fin y al cabo.

Ah, por cierto me contó mi hermano que esa mujer es muy sobreprotectora contigo. Eso no está bien; no dejes que una mujer te proteja. El hombre es quién tiene que hacerlo, aunque a ellas no les guste. No es cuestión de sexismo, pero por eso nacimos hombres.

No obstante, sí hay algo que me da alivio. Me di cuenta cuando la conocí, ella es bonita; pero no supera tu belleza, ¿eh? Lo que quiere decir que no me supera a mí, kesesese. Pensaba que iba a sentir muchos celos, pero al parecer no es así. Y yo que pensaba que te habías dejado robar lo que me pertenece, quizá me precipité.

¿Aún tienes el objeto que te regalé en mi primera carta? No lo vayas a perder si es que tú llegases a casarte con ella. Tenlo puesto cuando estés en la cama con ella. Sabes a lo que me refiero, ¿no?

Kesesese, me despido, y no tardes tanto en escribirme otra carta.

Hoy más que antes, tuyo, Gilbert.

Pd: Deja de tomar café cuando redactes la carta, hay manchas de él en todas partes.

El austriaco rodó los ojos, acto seguido de sonreír. Esta vez se había cansado de permanecer sentado, así que tomó otra carta antes de ponerse de pie y circundar el mueble mientras leía.

Berlín, 13 de mayo. (Dos años después de la última carta).

Hola, Roddy. Ahora soy el que tengo que disculparme por no haber ido a tu fiesta de compromiso, pero vaya que tienes huevos para hacerlo, ¿no? Sin embargo, me alegro que tu compromiso no haya ido más lejos, sé que terminaron recientemente. No me esperaba menos.

Finalmente puedo decir que eres mío, aunque no te tenga cara a cara, aunque no pueda poseer tu cuerpo. Por cierto, no te pongas quisquilloso cuando me refiero a cosas sexuales, oye, somos hombres y eso es lo que hacemos. La forma en cómo escribiste tu reacción sobre mi comentario en mi anterior carta fue comiquísimo. No eres chica ni mucho menos un santo, pero era de esperarse de ti.

Últimamente he estado imaginado muchas cosas; ahora que sé que eres libre, por alguna razón pienso en cuando nos volveremos a ver. Me pregunto cómo será, pero espero que haya comida y cerveza, kesesese.

Por cierto, he tenido problemas con mis vecinos bálticos. Supongo que has de conocer la situación, pero de alguna forma lo resolveré. La situación podría salirse de las manos dentro de pocos años.

Ah, no quiero aburrirte con problemas, ni yo quiero recordarlos. Como sea, esta vez no sé que más decirte, pueda que la próxima carta que recibas de mí tarde más de lo usual. He estado muy ocupado, apenas puedo pensar. Estoy cansado y eso que soy joven, pero es más que todo cansancio mental.

Ah, ya comienzo otra vez con los problemas…

Mejor te dejo, la próxima será, no sé… después nos leemos.

Tuyo, Gilbert.

Pd: ¿Sabías que el sol es muy caliente? Kesesese!

El austriaco volvió a soltar una risilla. –Gilbert, ¿eso era un chiste? –masculló. –Pésimo –agregó sonriendo. Él caminó unos pasos hacia la silla, donde había dejado las cartas para tomar la siguiente. La verdad es que era la penúltima carta.

Königsberg, 16 de mayo. (9 años después, pero no estaba allí, sino en Moscú. La carta la escribió un día antes de ser prisionero de Iván).

Roddy, Roderich, mi Roddy; estamos mal, ¿no? Si tan solo volviéramos a ser niños, pero la cruda realidad apesta. La guerra pasó, pero aún estoy preso, y no lo digo literalmente, es porque aún te llevo aquí…

¿Recuerdas que hablamos por teléfono la última vez? Noté que estabas enfadado, no te había escuchado así desde hace tiempo. Pero no importa, mientras mi hermano te proteja, no importa. No pensé que te escribiría una carta desde hace mucho tiempo, el tiempo nos ha comido.

Te vuelvo a insistir, no vayas a Moscú. No es que no confíe en ti, sé que como hombre puedes defenderte, pero no quiero que ni tú ni mi hermano estén envueltos en más problemas. Quiero que comprendas que sí estoy preocupado, demasiado diría yo. La situación no es buena para nosotros, el enemigo nos ha derrotado. De alguna forma me siento culpable, pero qué importa ya. No quiero ponerme quejica.

Esto pasará, y cuando pasé iré a tu casa. Ya lo verás, o si no te traigo hasta la mía. No escaparás, ya no más.

Es rara nuestra relación, y no lo digo porque seamos hombres, pero agradezco a Dios que sigamos sintiendo lo mismo aunque no nos hayamos visto desde hace tiempo. Ansío escuchar lo que sientes por mí personalmente, yo tampoco lo he dicho… Pero al final es tu voz, tus palabras las que quiero escuchar.

Eh, por cierto, no le creas a mi hermano de que estoy enfermo. Es tan solo una gripa, no es la gran cosa. Uno simplemente no muere de gripa, kesesese.

Bueno, no tengo más que agregar. Solamente agradezco que sigas siendo muy amigo de Ludwig. No me gustaría que él sienta lo mismo que yo, la insoportable soled… Mira, espero que nos encontremos.

Sinceramente tuyo, Gilbert.

-Esta fue la única vez que no puso una posdata, siempre me pregunté por qué –masculló. El austriaco retomó su asiento, volviendo a tener la cajita sobre sus piernas. Dio un largo suspiro antes de proseguir, aunque la siguiente carta la tomó con las manos temblorosas, fue la última que le dio Ludwig el día del funeral.

Berlín, 02 de agosto. (Dos meses después del incidente en Moscú. Ósea un mes antes de que Gilbert falleciera. ).

Hola, Roddy. Ahora estamos bien, mi hermano y yo nos estamos recuperando de alguna manera. Cuando leas esta carta ya no estaré, pero había algunas cosas que debía decirte.

Me alegra de que todo haya pasado, porque presiento que ya no estaré aquí dentro de poco. De nada sirve mentir ya, ¿no? Aunque sé muy bien que tú sabes que yo mentía, sí, estaba muy enfermo. Sin embargo, no es hora de quejarse.

Pero quería agradecerte el hecho de que usaras la vieja bufanda que te regalé para que ayudaras a mi hermano, sí, lo noté; esa era la bufanda que se quedó contigo cuando te la presté. Aunque la verdad es que te la estaba regalando, pero si hubiera sabido que con una bufanda ayudarías a mi hermano, te hubiera regalado un millón de ellas.

Sé que me iré, y que no me verás partir. Lamento tanto irme cuando deseaba tanto pasar más tiempo contigo, pero al menos pude verte. Fue tan poco lo que hablamos, quizá nos comunicamos mejor entre cartas.

Hm, quiero que sepas que estoy sonriendo, sonriendo al escribir esto. Y si ves alguna gota transparente en el papel, es porque bebía cerveza.

¿Sabes? Hace poco volví a tocar la flauta, hacía tiempo que no la tocaba. Creo que empeoré, porque la melodía no salía tan hermosa. Supongo que unos dedos temblorosos no ayudan mucho. Espero tú hagas una melodía hermosa para mí, espero escucharla desde el más allá. Bueno, donde sea que esté, espero alcanzarte. Inclusive si voy al infierno por haber puestos mis ojos en un hombre, kesesese.

Discúlpame por lo que te voy a decir, o más bien pedir; pero cuida a mi hermano. No te pido que andes detrás de él como su niñera, ese sujeto es fuerte en carácter, pero tú sabes a lo que me refiero. También a los italianos, y a todos los pollos de la faz de la tierra, kesesese.

Adiós querido Roderich.

Por siempre tuyo, Gilbert.

Pd: Tienes que declararte enfrente de mi tumba; o iré a jalarte las piernas en la noche, kesesese.

Roderich otra vez sonrió, el prusiano aún estando enfermo no dejaba sus pésimas bromas. No obstante, recordó que el día que estuvo enfrente de la tumba cumplió con esa declaración. No quería fantasmas prusianos en su casa.

Finalmente guardó las cartas en orden nuevamente en la cajita, y volvió a poner todo en su lugar. Volteó a ver el reloj de pared, y sin darse cuenta ya estaba haciéndose tarde. –Tsk, ya es hora –dijo colocándose un collar con el dije, este dije se trataba de una esfera blanca que en el centro había un punto rojo brillante. –Qué suerte que la celebración se llevará acabo aquí –agregó arreglándose el cuello de la camisa.

Después de hacer los últimos preparativos, se fue hasta el lugar donde habían acordado él y sus amigos; donde tocaría la especial tonada que había preparado la noche anterior.


Finalmente ha concluido esta historia, espero les haya gustado, y no les haya aburrido. D: Me disculpo de antemano si abusé de mi uso de los puntos suspensivos. Pero hay sentimientos que no se pueden plasmar o escribir fácilmente. Al menos yo no tengo la experiencia para hacerlo, pero creo que haciendo uso de ello se crea un poco más de tensión y duda.

Espero sus comentarios, queridos lectores. Gracias por apoyarme hasta aquí.

También quería agregar que estoy escribiendo otros dos fics pruaus, y tengo otra historia en mente para ellos. Muy pronto los verán en mi cuenta de FF. Espero su apoyo también. :)