Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo del harryverso pertenecen a Rowling.

Este fic participa en el Amigo Invisible Veraniego (2013) del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Se lo dedico con todo mi cariño a L. Nott.

Gracias a L. Nott, Fiore JW y Nathy22 por comentar.


II. El fantasma del pasado


Scorpius había pasado un verano placentero tras finalizar segundo curso. Quizá fuera por el tiempo tan agradable, pero inusual en Inglaterra, que había reinado durante la época estival; o por su equipamiento nuevo de quidditch (que lucía la marca oficial de los mundiales del año anterior) o por la compañía de sus primos Damien y Dayana durante todo el mes de agosto, debido a que sus tíos, Theodore y Daphne, habían realizado un viaje por el Amazonas.

El resultado es que cuando cruzó el muro del andé se subió en la locomotora de color escarlata, que en ese momento escupía bolas de un humo gris y opaco que pintaban el cielo con formas voluptuosas, se había olvidado por completo de su acérrima enemiga. Le bastó ver una mata de pelo escandalosamente rojo, de acuerdo con su buen criterio en cabelleras, que era estupendo como todo lo demás; para recordar una serie de interminables altercados, durante su curso anterior, que llevaban la misma firma: Lily Potter.

Scorpius jamás pensó que una estúpida broma de novatada pudiera acarrear tales consecuencias, pero la realidad es que la benjamina de los Potter se tomó muy en serio su venganza y no hubo semana en Hogwarts donde ambos no dejaran en claro su incuestionable y mutua animadversión.

—No empezaréis otra vez —dijo Damien viendo como los ojos grises de su amigo, con un brillo de picardía, se fijaban en Lily Potter.

—Mira cómo cotorrea la zanahoria esa —comentó Scorpius con maldad.

Dayana dejó escapar un hondo suspiro, se echó la melena hacia atrás y decidió avanzar, tirando su baúl, sin importar que este pisara los pies de sus acompañantes. Solo se detuvo cuando escuchó el evidente gesto de dolor de su hermano y primo. Se giró sobre sus talones y con una sonrisa que pretendía fingir inocencia, dijo:

—¡Oh, vaya, os he pisado! Lo siento mucho. Yo me marcho a buscar un vagón.

—¿Qué le pasa? —rugió Scorpius, acariciándose la punta del pie.

—Ya sabes, le ha venido la regla —musitó Damien—. Bueno, ¿buscamos sitio?

Scorpius asintió, buscó a tientas en el bolsillo trasero de su pantalón hasta hallar la varita, y se encaminó por el estrecho corredor. Damien, de vez en cuando, a medida que se iban acercando a las dos figuras que charlaban con normalidad, dedicaba miradas de reojo a su primo. Temía que empezara la guerra antes de que siquiera pisaran el castillo y sus temores tenían fundamento: mirada que apenas parpadeaba, brillo travieso, labios tensos. Scorpius era, para él, que lo conocía desde el comienzo de sus recuerdos, un libro abierto.

—¿Lo ves? —Indicaba Lily, mostrándole a su interlocutora lo que parecía un mechón de su cabello—. ¡Brilla un montón! Además, me ha crecido por lo menos ocho centímetros gracias a esa loción que me dejó mi prima Victoire. Puedo pedirle un poco para ti, tienes el pelo como muerto, ¿ves? Puntas abiertas, lo que yo decía.

—No hace falta, Lily; estoy bien así —dijo la muchacha de cabello rizado y color topo.

—¡Puedes estar mejor! —Aseguró Lily.

—Tú también puedes estar mucho mejor, Potter —intervino Scorpius, quien tenía sus manos colocadas, sospechosamente, tras su espalda.

Lily giró sobre sus talones y le brindó su peor mirada, aquella que reservaba para los personajes más desagradables que se había encontrado en todo su vida: ojos entrecerrados y ceño fruncido, y todo acompañado con un elocuente gesto de asco.

—Vaya, sigues vivo e igual de imbécil —dijo Lily con una pose que ella consideraba muy digna—. ¿Por qué no me sorprendes con algo nuevo?

Nott, acostumbrado a ese intercambio de improperios, decidió mirarse las uñas mientras que la amiga de Lily dio unas pasos hacia atrás y centró sus pequeños ojos en la escena, expectante por lo que pudiera pasar.

—Quizá te sorprenda con algo nuevo, Potter. Y creo que todo Hogwarts me lo agradecerá.

—¿Qué te van a agradecer? —Preguntó Lily con curiosidad.

—El no tener que escuchar más tu chillona y horrible voz. ¡Silencius!

Cuando la joven Potter fue a hablar, era demasiado tarde. De su boca no salió ningún sonido. La pobre se llevó las manos al cuello y sus ojos se abrieron hasta límites insospechados. Scorpius estalló en una risa que ese año parecía más grave que la anterior. Nott no pudo reprimir un gesto divertido al ver la mueca de horror de la pequeña Potter, que gesticulaba de forma exagerada.

—Vienen Potter y Weasley —señaló Damien, quien podía distinguir las cabelleras castaña y rubia que se aproximaban desde el final del corredor.

Efectivamente, James Potter y Louis Weasley, mucho más crecidos que el año anterior, se dirigían a la escena donde Lily realizaba ridículos aspavientos. Malfoy decidió que era hora de irse, porque no le apetecía para nada tener que intercambiar palabras con esos dos mensos de Gryffindor. Ya había realizado su buena acción del día y se sentía satisfecho por ello. De esta forma, tanto Malfoy como Nott no estaban en la escena del crimen cuando una voz tímida, que pertenecía a la gran amiga de Lily, les acusó frente a su hermano mayor y primo.

—¿Sabes qué? —Comentó de forma distraída Scorpius, mientras corría la puerta que les daría paso al vagón donde estaba su prima—. Me comienzan a aburrir estas estúpidas bromas con la zanahoria de Potter.

—Enhorabuena —dijo Dayana con cinismo, sin levantar la vista del libro que leía—. Empiezas a madurar.

—Me parto contigo, primita —comentó Malfoy, que ya había tomado asiento y miraba a través de la ventana a las familias que despedían a sus hijos. No lograba ubicar a sus padres—. Es muy divertido meterse con ella porque es muy niña, pero también aburre y me resta tiempo para otras cosas.

—Y no olvides mencionar que tiene una familia de gorilas —añadió Dayana.

—Sabes que se vengará por lo de hoy —intervino Damien—. Si estás cansado de sus chiquilladas, ha sido muy estúpido por tu parte seguirle el juego. Siempre se venga.

—Tienes razón —concedió Scorpius—. Esta vez no le seguiré el juego, tengo otros planes para este año.

Scorpius se acomodó contra el rincón y, extendiendo las piernas en el asiento delantero, se sumió en reflexiones.

oOoOoOo

—¡Hacen tan buena pareja! —suspiró Lily, con ojos soñadores.

Rose asintió, mientras que Albus y Hugo siguieron dando buena parte del delicioso pastel de calabaza. Era 31 de diciembre, hora del desayuno, y parecía que todo Hogwarts había bajado a desayunar poniéndose de acuerdo vía lechuzas. La decoración era ostentosa y de colores llamativos, impregnando cada rincón con una tonalidad de la que antes carecía. Las fuentes de las cuatro largas mesas estaban repletas de los manjares más deliciosos.

—Quiero que se casen pronto —añadió James, con la boca llena. Cuando vio que su hermana pequeña se disponía a abrir la boca, decidió cortarla—. Es por el banquete, cursi. Imagina toda la comida que habrá.

—¡Solo piensas en comida! —le reprochó Lily, quien solo pensaba en el vestido de novia que luciría su prima Victoire si se casaba con Teddy.

—No, eso es mentira —negó James, en tono serio pero fingido—. También pienso en las primas que nos presentará Louis.

—Capullo —musitó el rubio, dándole un suave golpe en la barriga.

—¿Lo harás, no? Esa prima tuya de Normandía, Jacqueline creo que se llamaba, ya tiene que estar bien buenorra.

—¡James, eres un guarro! —Chilló Lily, quien, por alguna extraña razón, sentía siempre como una punzada de molestia cada vez que su hermano mayor (porque Albus, gracias a Merlín, aún no había manifestado ninguna preferencia por chicas) decía algún comentario que diera a entender que estaba interesado en alguien del género femenino.

James hizo caso omiso de la opinión de su hermana y le susurró algo al oído a su primo Louis, que rió de forma escandalosa. Rose, por su parte, seguía ensimismada en el artículo del profeta que estaba leyendo sobre el descubrimiento de unas runas antiguas. Lily decidió que ya había comido más que suficiente, por lo que le dijo a su buena amiga Mary Montgomery que quería dar una vuelta por los pasillos del castillo.

Mary decidió quedarse, argumentando que aún no había probado el pastel de calabaza que presidía la mesa; y Lily no comprendió cómo pudo preferir la compañía de su primo Hugo y el aburrido y callado de Christian Blunt, que a todas luces, seguía perdidamente enamorado de ella, antes que la suya. Sin embargo, decidió respetar su decisión y pasear sola, aunque el estar sola demasiado tiempo era algo que no llevaba muy bien.

No le bastó ni diez minutos para comenzar a aburrirse. Había visto los impresionantes cuadros del quinto pasillo, que habían adquirido la decoración reinante en el castillo como suya propia; las cientos de calabazas que descansaban en los pies de las relucientes armaduras y hasta visitó la sala de los trofeos, que lucía más espectacular que nunca.

Cuando salía de contemplar el premio por servicios especiales al colegio que había recibido su padre, escuchó unas voces que llamaron su atención. Agudizó todos sus sentidos y averiguó el lugar de dónde procedían. Un poco cotilla y bastante aburrida por su paseo monótono, decidió que era un buen momento para dar rienda suelta a toda su curiosidad e indagar un poco.

Lily se acercó al final del pasillo teniendo especial cuidado de que sus pisadas no delataran su presencia. Se aproximó hasta el muro, como si pretendiera fundirse con él, y de forma sigilosa, avanzó la cabeza con el objetivo de contemplar la escena. Quiso darse la vuelta cuando vio ese perfil tan conocido, pero estaba segura de que su marcha atrás la delataría; así que decidió escudriñar con la mirada la acompañante del rubio.

No la conocía, por lo que supuso que sería del curso de Malfoy y, evidentemente, no era su prima Nott. Tenía el pelo largo, liso y de un castaño bastante feo, en opinión de Lily. Tampoco le pareció excesivamente bonita de cara, aunque podía reconocerle un cuerpo bastante llamativo.

"Solo porque tiene esas tetorras" pensó Lily, de forma inconsciente. Luego se percató de que a ella poco podía importarle si la chica, de dudoso gusto para estar con la persona más desagradable de todo Hogwarts, tenía más o menos pecho. Sin embargo, la joven Potter no pudo evitar mirarse hacia abajo para constatar, una vez más, que seguía más plana que el tablero de ajedrez de su tío Ron. La pobre, fastidiada porque su crecimiento parecía demorarse, resopló con fastidio.

—Entonces, nos vemos en la sala —dijo la chica, que tenía una voz de pito impresionante, según pudo constatar Lily.

También se dio cuenta de que sonreía de forma estúpida. Aunque le llamó más la atención la forma en que Malfoy la miraba porque nunca lo había visto fijarse en alguien así. Contemplando la expresión serena y tranquila de Scorpius, no se percató de que este se dirigía hacia ella y fue demasiado tarde cuando el Slytherin giró la esquina. Ya no podía fingir, aunque lo intentaría.

Lily, bastante avergonzada, se agachó en el suelo como si buscara algo. Así, pensó la pequeña, mataba dos pájaros de un tiro: por un lado, escondía su vergüenza, que había decidido traicionarla en forma de unas mejillas considerablemente rojas; y por otra parte, fingía que no estaba espiándolo, sino buscando cualquier objeto que se le pudiera haber caído.

—Aquí estás —comentó Lily, con inocencia, para dar veracidad a su lamentable actuación. Porque hasta ella sabía que era lamentable, cosa que conseguía abochornarla aún más.

Cuando Lily consideró que había recuperado el color normal en su rostro, se incorporó poco a poco. La visión de un cínico Malfoy, con la ceja enarcada y los brazos cruzados sobre el pecho, no le ayudó a mantener la compostura. ¿Se habría dado cuenta de que lo espiaba?

—¿Sabes qué pienso, Potter? De vieja tienes que ser repugnante. Lo digo por lo cotilla que eres y lo gorda que te pondrás, teniendo en cuenta que en los últimos meses has hecho más culo que tetas.

Lily no pudo contenerse. No entendía cómo el estúpido ese siempre se metía con ella y ponía en duda su incuestionable belleza.

—No estaba cotilleando nada, se me ha caído una cosa y tuve la desgracia de verte babear por la tetuda esa.

El hecho de que Scorpius utilizara su clásica sonrisa ufana, muy desagradable, por cierto, la puso aún más nerviosa, porque si algo odiaba Lily Potter era mentir. No mentía nunca y no se le daba bien. A ella le gustaba ser sincera y transparente, y consideraba que todo el mundo debía ser como ella. Por eso, el estar frente a Malfoy y tener que mentir para salvaguardar su orgullo, era una situación bastante incómoda e inusual.

—Dime, Potter —dijo Scorpius con un tono de voz raro, en opinión de Lily, mientras se acercaba a ella más de la cuenta, hasta ponerla bastante nerviosa—. ¿Te gusto, verdad?

Lily estaba preparada para cualquier cosa, pero no para eso. ¿Gustarle? Jamás había pensado en esa posibilidad ni lo pensaría. ¡Si era la persona más desagradable y tonta que había tenido la desgracia de conocer en toda su vida! Lo miró de arriba abajo y estalló en una risa estridente y sonora. Rió hasta que las lágrimas se le saltaron y produjeron la perplejidad en Scorpius, que se esperaba otra reacción, como nerviosismo o que le insultara bastante ofendida.

—Qué patético eres, Malfoy —consiguió, finalmente, articular Lily mientras se secaba las lágrimas de la risa.

—Entonces, ¿por qué me espiabas? Creo que el título de patética te viene a ti mejor. Aunque siento destrozarte el corazón, pero jamás tendría nada con una zanahoria insoportable y fea como tú.

La sonrisa de Lily despareció de su rostro, que comenzó a ponerse rojo por causas muy diferentes a la vergüenza: la ira y el coraje. No soportaba que el idiota de Malfoy, estúpido entre estúpidos, le insultara por su físico insinuándole que era fea. ¡No lo soportaba! Quizá eso y lo incómodo del momento propició que de su boca salieran unas palabras que jamás hubiera dicho y, mucho menos, pensaba.

—Pues, ¿sabes? Yo jamás saldría con el hijo de un asqueroso mortífago.

Lily se llevó las manos a la boca, como si así pudiera evitar lo que acababa de decir. Observó, bastante avergonzada por su comentario, la reacción del Slytherin. Scorpius parpadeó dos veces seguidas, encajando el golpe, y todo asomo de hilaridad desapareció de su rostro. A Lily se le antojaron más duras sus facciones, y los ojos, antes de un gris claro, le parecieron oscuros, como una tarde de tormenta. El silencio que siguió a su frase fue cargante y tenso. Si agudizara el oído podría escuchar los ecos de voces que se colaban por las ventanas desde el patio, varios pisos abajo. No sabía qué decir porque la frialdad de Malfoy la paralizaba.

—Yo… no quería…

Pero Malfoy no la escuchó. Ni siquiera la miró. Pasó por su lado y desapareció del pasillo. Lily se quedó paralizada, sintiéndose tonta. Sabía que no tendría que haberle dicho eso y se sentía aún peor al constatar que, evidentemente, su comentario le había herido. Malfoy nunca se quedaba sin palabras. Finalmente, decidió ponerse en camino y pasar el día en la torre de Gryffindor, quizá en su cuarto donde no la molestaran. Se sentía mal por lo que había hecho, porque si bien a ella le encanta tener a los padres que tenía y no le molestaba que la conocieran por "la hija de Harry Potter", porque estaba muy orgullosa de ello y tenía motivos; sabía que se sentiría mal si sus padres hubieran pertenecido a los que apoyaban a Voldemort y la gente la juzgara por ello.

Cuando Lily se introdujo en su cama y se abrazó a la almohada, se sintió, por primera vez en su vida, un poco miserable.

oOoOoOo

Scorpius entró en su habitación y se dejó caer en la cama, bastante ofuscado. Meterse con Potter siempre le había producido grandes momentos de diversión, porque la joven tenía un carácter bastante explosivo y era, al fin y al cabo, una mimada. Pero si algo enturbiaba a Scorpius es el pasado oscuro de su familia. Él sabía, porque tenía casi catorce años, las razones por las que su padre tenía esa fea marca en su antebrazo izquierdo y solo podía sentir lástima por él. Sin embargo, no podía sentir lo mismo hacia el que fue su abuelo. Aunque sus padres hubieran intentado edulcorarle la verdad, él había investigado y sabía que su abuelo, junto a la tía de su padre y algunos más, estuvo siempre en el círculo más próximo de Voldemort.

No podía negar que el comentario de la mimada de Potter le había sentado como un jarro de agua fría, aunque no fuera la primera vez que lo escuchaba en el colegio. Odiaba tener que demostrar al mundo entero que él no era un pasado que no vivió. Que su apellido no debía ser muestra de repugnancia al igual que el apellido Potter, y es evidente, no tenía por qué ser motivo de admiración cuando lo portaban personas como una niñata creída, cotilla y mimada.

Si antes Lily Potter conseguía hacerle gracia, ahora le repugnaba. Podía tolerar que fuera una niña consentida y vanidosa, ya que solo contaba con doce años y había crecido con el mundo a sus pies; pero no podía tolerar que lo juzgara por algo que no había vivido ni elegido. Ni de ella ni de nadie, aunque Scorpius no sabía por qué esta vez ese comentario sobre el pasado de su familia había conseguido descolocarlo y herirlo tanto.

Finalmente, decidió zanjar el tema con la razón más lógica: no se lo esperaba de esa niñata en ese momento en concreto, aunque siempre sospechó que lo miraría con el prisma de los prejuicios, como la mayoría de los hipócritas que vivían entre los muros de ese castillo.

oOoOoOo

—¡170 a 120! Slytherin va ganando.

Lily giró bruscamente sobre su escoba para seguir muy de cerca al buscador de Slytherin. Ese día se sentía estúpida y pesada, incapaz de mantener la atención en las jugadas del partido y mucho menos de localizar a la escurridiza snitch. De vez en cuando, observaba cómo la figura rápida de Scorpius Malfoy atrapaba la quaffle y anotaba para su equipo; otras veces, su hermano James conseguía parar los disparos de los Slytherin.

Pero ya llevaban casi una hora de partido y Lily podía sentir todos los ojos de las gradas, como aguijones, clavados en ella y el buscador verde y plata. Ellos, atrapando la snitch, decidirán hacia qué equipo se decantaba la victoria. Y Lily se sentía mal por no poder dar el máximo de ella misma, sabía que todo su estado de malestar era consecuencia de los remordimientos por haber dicho algo que en realidad no pensaba, solo con el objetivo de herir a su adversario de la misma forma que él lo había hecho.

Sumida en sus pensamientos, no fue consciente de que la snitch había aparecido revoloteando en el aro izquierdo de la portería de Gryffindor hasta que su hermano James le gritó, pero entonces ya fue demasiado tarde. El buscador de Slytherin no había tenido ningún descuido y, en menos de cinco segundos, apresaba la dorada pelota entre su mano, proclamando la victoria del equipo de las serpientes. Las gradas de Slytherin rugieron en un mar de satisfacción, mientras todos los jugadores descendían al suelo y tomaban tierra. Lily se senstía avergonzada por su actuación y no quería mirar a nadie a la cara.

Notó que sus compañeros de equipo estaban cabreados. Albus, siempre atento, le pasó la mano por la espalda y le consoló con un "no pasa nada, Lily", mientras que James prefirió tirar los guantes al césped y alejarse a los vestuarios. Lily cogió su escoba con desidia, cuando escuchó a uno de los golpeadores de su equipo soltar una sarta de bravuconerías, coger su bata y golpear una bludger dirigiéndola a un integrante del equipo contrario.

Scorpius Malfoy cayó doblado al suelo, sujetándose con la mano ilesa lo que parecía el brazo donde la bludger había colisionado. Varios jugadores del equipo de Slytherin se enfrentaron al golpeador de Gryffindor y finalmente el árbitro tuvo que intervenir, mandando a Malfoy a la enfermería y llevándose al golpeador de Gryffindor para que el jefe de su casa le pusiera el castigo adecuado por tal lamentable actuación.

Lily apenas comió, pensando sobre lo que había planeado hacer. Sabía que cuanto pidiera perdón se sentiría muchísimo mejor con ella misma, pues su padre siempre le había enseñado a saber reconocer cuando se equivocaba. Si continuaba con su vida con normalidad, por estúpido que pudiera parecer a cualquier otra persona, nunca encontraría la tranquilidad en su interior. Y Lily Potter odiaba sentirse miserable, así que tras engullir el último trozo de pollo, se puso en pie y tomó el camino hacia la enfermería, donde suponía que descansaría el herido Malfoy.

Había intentado darle forma a un discurso que resumiera de forma convincente que ella no pensaba así de él, que le daba igual que su padre hubiera sido un mortífago y que simplemente dijo eso porque se sintió atacada. Sin embargo, cuando entró en la enfermería y se acercó a la cama donde descansaba el Slytherin, no tuvo la bienvenida que esperaba.

—¿Qué quieres?

Lily flaqueó en sus intenciones, pero finalmente siguió adelante, armándose de valor y comiéndose un poco de su orgullo. Fijó la vista en las impolutas sábanas blancas y después en el brazo vendado, hasta mirarlo a los ojos. Dudó si preguntarle cómo estaba, pero su gesto de desdén y frialdad sellaron la pregunta en sus labios. Tragó saliva y decidió que lo mejor era ir al grano.

—Lo que dije el otro día sobre tu padre y tú…

—¿Que nunca saldrías con el hijo de un mortífago? —Recitó Scorpius, con una sonrisa carente de calidez—. Simplemente te ayudo a recordar. ¿Crees que me afecta lo que tú me puedas decir? Siento desilusionarte si querías darme una palmadita en la espalda y sonarme los mocos, pero me importa muy poco lo que tú o cien como tú podáis decir.

Lily tragó saliva y contó hasta diez en su mente, mordiéndose la lengua para no dar rienda suelta a su genio y decirle cuatro cosas bien dichas. Pero ella se sentía mal porque no pensaba eso. Es cierto que jamás saldría con él pero sus razones eran bien distintas. No supo qué decir ni cómo reaccionar, se quedó con la boca ligeramente abierta y jugando, disimuladamente, con el dobladillo de la sabana entres sus dedos.

—Ya te puedes largar —dijo Scorpius, irritado por su presencia.

La joven Potter tomó aire y se giró dispuesta a marcharse. Antes de abandonar la enfermería, se armó de valor y decidió que lo correcto era acabar con lo que vino a hacer porque ella siempre realizaba sus cometidos religiosamente.

—Me da igual que no quieras escucharme, Malfoy. Lo que dije no lo pienso, puedes creerlo o no, a mí también me importa un pepino lo que pienses; pero si no me gustas ni me gustarás no es por quién fue tu padre ni nadie de tu familia, sino por quién eres tú, el estúpido más grande de los estúpidos —concluyó Lily de forma pizpireta, recuperando su aplomo—. Y por cierto, que te recuperes pronto. Adiós.

Justo en la puerta, se cruzó con un sorprendido Damien Nott, que la miró hasta que giró al final del pasillo y desapareció.

—¿Qué hacía Potter aquí? ¿Qué quería?

Scorpius resopló con fastidio y le explicó a su primo su altercado. Finalmente, le dijo que había venido a disculparse, para su sorpresa, cosa que no reconocería.

—Parece que no es tan inmadura como dices, ¿no? Es una orgullosa y se ha disculpado —comentó Damien.

Malfoy se giró sobre su cama y sintió una sensación desagradable en su estómago. Él siempre se había visto más maduro que Potter, a la que consideraba una niñata poco más que mimada y hueca. Ahora, la niña le había sorprendido con una disculpa que no esperaba y había sido él el inmaduro porque en el fondo, es cierto que le hirió.

Esa noche, mientras descansaba en la enfermería, decidió pasar página y no dejarse afectar por nimiedades. A partir de entonces, volvería a actuar con normalidad, y evitaría cualquier contacto con la presumida de Potter.

O eso creía.


¿Me he adelantado varios días? Pues sí... Pero es que quiero llegar al capítulo cuatro que fue el que más me gustó escribir xDD

Bueno, el tercero lo publicaré en unos cinco días porque he borrado una parte y tengo que revisarlo mejor.

Espero que os haya entretenido, aunque sea un capítulo de transición (tienen que crecer algo más, veo a Lily muy pequeña aún). Siempre podéis comentarme vuestras impresiones por review (cosa que agradezco mucho).

¡Gracias y nos vemos en el siguiente!

Venetrix Black.