Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo del harryverso pertenecen a Rowling.
Este fic participa en el Amigo Invisible Veraniego (2013) del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Se lo dedico con todo mi cariño a L. Nott.
Nota de autora: ¡Perdón, perdón! Tenía que haberlo subido hacía unos días, pero ¡me he olvidado por completo! Me acabo de acordar en la cama y me he levantado para publicarlo. Quería revisarlo, pero solo me ha dado tiempo a una lectura rápida. Debo decir que este capítulo creo que es el "más adolescente" de todos. Han llegado a una edad crítica, entre la niñez y la plena adolescencia; y hay cosas que ni saben. Es muy adolescente por eso de quién te gusta, que si este es guapo y tal; muy típico en la edad. Y porque el punto de inflexión ya viene en el capítulo siguiente, que marcará un antes y después en esa relación de "yo te pico, tú me picas; y bromas tontas", que es más de niños. Por eso, se debe entender como un mero capítulo de transición.
Gracias a damcastillo, Cri Ever, L. Nott, Nathy22, alissa-2012, Kaoruko Hina, Luciana, Fiore JW y Claryssa Malfoy por sus reviews.
—Odio San Valentín.
Scorpius cerró su libro de Pociones de cuarto curso y se cruzó de brazos. Estaba en la biblioteca, rodeado de estanterías repletas de libros voluminosos y con portadas de lo más variopintas. Además de la compañía, lógica por otra parte, de centenares de tomos; ese día había una gran conglomeración de grupitos de chicas que no hacían más que murmurar y reír mientras miraban a los chicos de forma coqueta. Damian, a su lado, se llevó la mano al cabello con desesperación y arrojó su pluma, embadurnada de tinta negra, sobre su redacción para la clase de Historia de la Magia.
—¿Por qué no se van a hablar a otro lado? —susurró Damian, mirando a su alrededor con hastío y un poco de miedo al ver que una chica que le doblaba en tamaño le hacía ojitos.
—Las echaría a patadas —añadió Scorpius dedicándoles una mirada llena de aberración, aunque no produjo el efecto que deseaba.
—Creo que en el desayuno les dan a todas alguna especie de poción para ponerlas tan… pavas —comentó Damian.
—No entiendo que a alguien le pueda gustar esto.
Damien simplemente asintió. Cerca de ellos había un grupito de niñas, porque a todas luces no superaban los trece años, que no dejaban de cuchichear y reírse. Pero si recorría la zona de la biblioteca donde se hallaban, era normal encontrarse a chicas risueñas mirando en dirección de cualquier chico —y parecía que ellos eran los únicos que estaban allí—, esperando que con un guiño de ojos y una sonrisa, les regalaran las tan preciadas rosas que se repartían ese día en el colegio.
Scorpius barrió la biblioteca con una mirada gélida y se detuvo en una mata de pelo rojo. Y bastante despeinado, según su opinión. Era la única chica que parecía ausente del revuelo que suponía el día de San Valentín. Al contrario, estaba enfrascada en un volumen escandalosamente grueso y parecía no darse cuenta del zumbido molesto que inundaba toda la estancia.
—Weasley es la única chica que parece indiferente. Aparte de Dayana, claro está; pero ambos sabemos que Dayana es un poco machorra —matizó Scorpius clavando su vista en el rostro de Weasley.
—Antes recibió una rosa —dijo Damian, quien en ese momento intentaba buscar alguna información en su manual sobre historia—. No le hizo caso.
—No me había dado cuenta de que estaba aquí —comentó Scorpius, mientras estiraba las manos y se ponía en pie—. La verdad es que es bastante guapa, ¿no crees?
—¿Rose? —Preguntó Damian—. ¿Es que te gusta?
Scorpius rompió en una risa que hizo que algunas chicas lo señalaran y sonrieran, como si fueran cómplices de algún coqueteo intencionado por parte del Slytherin. Esto hizo que Malfoy recuperara su apatía y se colgó la mochila en el hombro.
—Solo digo que es guapa, ¿vamos al comedor o te quedas en este corral de pavas?
oOoOoOo
Lily Potter salió del aula hecha un basilisco. Con un par de manotazos, logró pasar entre la aglomeración de alumnos de primero que esperaban para entrar en el aula de Tranformaciones. Ni el montón de rosas —con sus respectivas notas, toda una delicia para su vanidad— conseguían quitarle el mal sabor de boca de la clase a la que acababa de asistir. Hacia el final del pasillo, su amiga Mary consiguió alcanzarla.
—¡Lily!
—¡Mary, odio Transformaciones! ¡Y odio a ese maldito erizo! ¡No había manera de transformarlo en nada y el profesor me ha avergonzado!
Cuando acabó de chillar su perorata, se detuvo para tomar aire y se retiró algunos mechones del cabello del rostro. Las mejillas estaban encendidas por la emoción del momento y su pecho subía y bajaba, con rapidez, por debajo de la túnica.
—Solo necesitas algo más de práctica…
—¡No me sirve con algo más! —Aulló Lily—. Tú no lo entiendes, pero es muy difícil ser yo. ¡Todos esperan que sea brillante! Y se me da fatal Transformaciones… ¡Ay, Mary! Ser hija de héroes es algo que no le deseo ni a mi peor enemigo.
La joven pelirroja se llevó una mano a la frente, en un gesto exageradamente dramático, y tomó aire como si no quedara oxígeno en todo el castillo. Mary Montgomery, quien estaba acostumbrada a su carácter explosivo, decidió que no era momento para seguir con la dichosa transformación del erizo e incluso lamentó haberlo conseguido ella a la primera vez.
—Bueno, no pienses en eso —intentó consolarla. Tras dar algunos pasos y ver que las facciones de Lily continuaban apesadumbradas, intentó cambiar de tema—. ¡Mira cuántas rosas te han enviado!
Lily se detuvo y aspiró el aroma embriagador de lo que bien podría haber pasado por un gran ramo. En lo que llevaba de mañana, había recibido once rosas y siete cartas que si bien alababan cosas que ella ya sabía ciertas —su extraordinaria belleza, por ejemplo—, habían conseguido subirla hasta una nube.
—Adoro San Valentín —dijo finalmente Potter, recuperando su usual buen humor.
Sus ojos castaños se iluminaron al ver en el vestíbulo, charlando cordialmente con sus amigos, al capitán de quidditch del equipo de Ravenclaw. Alexander Hitchens.
—¡Ahí está tu príncipe! —Le susurró a Mary, dándole un codazo en el vientre.
—Ahora no, por favor, Lily, me muero de vergüenza —imploró Mary, al ver que su amiga se disponía a ejecutar el plan.
Lily, como era normal y frecuente, hizo oídos sordos de sus palabras y decidió pasar a la acción. Con un movimiento rápido, característico en ella, sacó la rosa y la carta que Mary había preparado la noche anterior —gracias a su inestimable ayuda y buen consejo, por cierto—, se las entregó a su compañera y le dio un empujoncito hacia delante.
—Venga, es hora de que se lo des.
—¡No puedo, Lily! —Exclamó Mary, quien había adquirido el color de las calabazas en Halloween y parecía a punto de desmayarse—. Te lo digo en serio, por favor.
—¡Pero así nunca sabrá que le gustas, tonta! —Protestó Lily, que no entendía la actitud de su amiga.
Ella estaba deseando que le gustara alguno de sus admiradores para así tener a quién enviarle una rosa y una de esas maravillosas cartas, pero tras evaluarlos a todos, no consiguió sentir lo que se suponía que debía sentir; algo que la entristeció durante unos minutos. Toda la tristeza se fue cuando recibió la primera rosa de la mañana.
—¿Quieres que se la meta en la mochila sin que se dé cuenta? —Preguntó Lily, haciéndose a un lado para que su primo Hugo y Christian pasaran.
—¿Harías eso por mí?
—¡Claro que sí! Por algo eres mi mejor amiga. Dámela, cuando vayamos a entrar al Gran Comedor, la dejaré caer en su mochila sin que se dé cuenta —explicó Lily, muy ufana por su plan.
A Mary le temblaron las manos cuando le dio el obsequio de su declaración a Lily, agradecida porque se propusiera voluntaria para tan vergonzosa tarea. Lily agarró la rosa y la carta con gran decisión y no pudo evitar reírse cuando vio el gesto de fastidio de Christian Blunt.
—¿Has visto a Christian? ¡Se ve tan celoso! —Indicó Lily a Mary, quien no se había fijado en la presencia de sus compañeros de clase.
—¿Por qué lo dices?
—Piensa que quiero darle esto a otro chico, ¡y se le nota celoso! Tendrías que haber visto cómo me miró… ¡Creo que mis admiradores me matarían si me vieran dejar esta rosa a Hitchens!
Mary sonrió tímidamente ante la ocurrencia de su amiga. Las jóvenes se acercaron poco a poco, hablando con toda la naturalidad que podían, que en el caso de Montgomery era poca o nada. Lily estaba a punto de introducir la rosa, junto a la carta, en la mochila del capitán del equipo de Ravenclaw, cuando una mano que había aparecido de la nada se apoderó de ella.
—¿Qué tenemos aquí?
Lily dio un pequeño saltó y quiso gritar de furia cuando reconoció el tono de la voz más desagradable que jamás se había escuchado en todo Hogwarts. Dio gracias a que Alexander, ignorante de lo que pasaba a su alrededor, hubiera decidido entrar al Gran Comedor en ese mismo instante porque no habría superado la humillación de verse descubierta entregándole una rosa… ¡cuando ella solo quería ayudar a su amiga!
—¡Eso no te pertenece, Malfoy!
—Creo que sí —dijo Scorpius agitando la carta para que la viera—. ¿Estás enamorada, Potter? ¿Estás suplicando por un novio?
Lily arrojó su mochila al suelo y sacó todas las rosas —que se encontraban un poco aplastadas y con menos pétalos de lo que les correspondería— delante de la vista de Malfoy y su primo.
—¿Ves esto, Malfoy? ¡Todo son de admiradores! ¿Crees que tengo que suplicar por un novio? ¡Qué ridículo! Solo tengo que mover los dedos así —Lily hizo un chasquido con los dedos— y tengo al chico que quiera lamiéndome los pies.
Malfoy dejó de sonreír para observar con todo lujo de detalles al personaje que tenía delante. Cuando ingresó al vestíbulo y vio la escena en la que Potter intentaba dejar caer una carta en la mochila del chico de Ravenclaw, Scorpius solo pensó en que sería una ocasión divertida para ponerla un poco en evidencia. En ningún momento se le pasó por la cabeza llegar hasta la humillación; pero al verla frente a él, tan erguida y presuntuosa, notó que algo en su interior rugía con fuerza. Indudablemente, había algo en la actitud de Gryffindor que siempre le empujaba a ponerla un poco en su lugar.
—Entonces, puesto que estás tan solicitada, no te importará que comparta el contenido de tan solemne declaración para tu Elegido, ¿no?
Scorpius, sin dejar de mirarla, rasgó el sobre y sacó la carta. Damian se llevó la mano a la cabeza, un poco cansado por toda la situación; aunque esa vez estaba de acuerdo con su primo. La pequeña Potter era tan presumida que daba grima.
—¡Yo no he…!
Pero Lily se detuvo al ver cómo su amiga le imploraba con la mirada que no la delatara. Se tragó sus palabras y elevó el cuello, como si así pudiera conservar su orgullo ante la escena que, sin duda, ocurriría ante sus narices. Maldijo para sus adentros al comprobar que al menos cinco estudiantes parecían atentos a que Malfoy comenzara a leer el contenido de la carta.
—Eres hermoso, Alexander, como generoso —Scorpius se detuvo y leyó la línea dos veces, provocando la risa entre el coro que los rodeaba—. Cuidado con el recurso literario que domina Potter. Hermoso y generoso, me quito el sombrero. ¿Quieres que siga? Creo que viene lo mejor.
Scorpius carraspeó y, adrede, se mantuvo unos segundos en silencio para crear expectación y disfrutar del panorama. Lily, la perfecta Lily, no podía camuflar su vergüenza, que se había mostrado en forma de unas mejillas bastante escarlatas. Cuando Malfoy creyó que había ocasionado el efecto adecuado, volvió a la lectura.
—Eres tan hermoso, Alexander, como generoso. Quisiera que miraras en mi alma y vieras en mi mirada, que con solo una de tus palabras, sería tuya encantada.
Nada más acabar la entonación de tan magníficos versos, todos los presentes estallaron en una risa tan fuerte que atrajo la atención de algunos estudiantes que comían en el Gran Comedor. Damian no pudo evitar reírse, pese a que Lily estaba profundamente abochornada por la escena de la cual era el centro de atención. Por primera vez en su vida, lamentó ser el objeto de todas las miradas.
—Lo tuyo se llama talento, Potter.
Lily avanzó dos pasos, con los puños fuertemente apretados a consecuencia de la ira, le quitó la carta de un puñado y lo empujó, provocando que Malfoy chocara contra el pecho de su primo.
—¿Y sabes qué eres tú, Malfoy? ¡Un capullo!
Mary se llevó las manos a la boca, sorprendida por la actitud de su amiga; y la siguió hasta salir a las afueras del castillo. Lily parecía tremendamente enfadada a la par que abochornada, lo podía notar en el tono de su piel y en el brillo de su mirada.
—Muchísimas gracias, Lily, eres una gran amiga —dijo Mary, a modo de disculpa.
Lily cerró los ojos fuertemente y respiró profundo varias veces, cuando los abrió, parecían haber vuelto a su estado normal. Miró a Mary con ternura y le sonrió, intentando fingir que nada de lo que había pasado en el vestíbulo le había logrado minar su ánimo.
—No es nada, para eso estamos las amigas.
Mary se sintió profundamente agradecida de haberla conocido, porque pese a sus defectos; no era la primera vez que veía a Lily sacrificarse por la gente que quería. Y mucho menos si era delante de Malfoy, a quien aborrecía.
oOoOoOo
—Tenías que haber visto su cara, hermanita —dijo Damien mientras se servía menestra de verduras de la fuente más próxima.
Dayana asintió mientras bebía de su copa y no dejaba de mirar, con evidente repugnancia, hacia la mesa de Gryffindor. Había escuchado con todo lujo de detalle el relato de la patética carta de amor que Miss Potter había escrito. Hasta sintió ganas de felicitar a Scorpius por ponerle los pies en la tierra a esa ridícula niña consentida y creída, pero se contuvo.
—No pensaba leer esa basura —dijo Scorpius—, pero entonces dijo esa tontería de que tendría a cualquiera que quisiera… ¡Ni que fuera tan guapa! Con lo insoportable que es, me extrañaría que cualquier tío la aguantara más de dos horas seguidas…
—Así son todos en esa familia —comentó Dayana, indicándoles con un gesto de cabeza que miraran a la mesa de Gryffindor, donde James Potter y Louies Weasley parecían pavonearse en medio de una multitud de chicas.
Scorpius encontró la escena muy ridícula y decidió que el puré de patatas tenía más importancia. No le quedaba ninguna duda: San Valentín era el peor día de todo el año, por descontado.
—Ese Weasley es el peor —continuó Dayana—. Se cree que las tiene haciendo cola por él…
—Es que eso parece —dijo Damien, quien solía verlo rodeado de grupitos de chicas que reían más de la cuenta y hablaban con voz de pito.
—Todos en esa familia son igual de detestables —concluyó Dayana, volviendo a centrar su atención en su plato de comida.
—No todos —se atrevió a decir Damien.
Scorpius no quiso entrar en el debate de sus primos sobre la familia Weasley. Poco o nada le importaba a él, pero mientras se llevaba el tenedor a la boca no podía quitarse de encima una sensación amarga que había sentido desde que pisó el vestíbulo. Esta parecía haberse acentuado cuando leyó la carta estúpida de Potter en voz alta, y lo más enigmático de todo es que no sabía por qué se sentía de esa forma tan extraña. Nada tenía sentido.
oOoOoOo
Tercero estaba resultando un curso de lo más interesante en opinión de Lily Potter. El conocimiento más exhaustivo de las asignaturas clásicas más la inclusión de otras nuevas, que le parecían interesantes, le estaba aportando un conocimiento bastante amplio que le permitiría pasar sus exámenes con buenas notas, como acostumbraba; aunque en algunas materias le costara más que en otras.
Por eso, ese sábado había decidido pasar la mañana bajo el gran roble que les garantizaría una sombra envidiable en la ladera del castillo. Rose y Mary eran quienes le acompañaban en esa mañana soleada, que apuntaba ser un día tranquilo y relajante. Lily les habló, muy orgullosa, de sus buenas calificaciones en Pociones, ya que el profesor la había felicitado en numerosas ocasiones comparándola con su hermano James, que era un genio en dicha asignatura.
Toda su paz interior y exterior se vio, de pronto y de forma cruel, interrumpida por los comentarios y risitas de un grupo de chicas que, sentadas sobre el césped, no dejaban de cotorrear a escasos metros de ellas. El problema no era que cotillearan, cosa que a Lily le encanta y fascinaba porque quería saberlo todo de todos, sino el objeto de sus risitas tontas. En la orilla del lago estaba Scorpius Malfoy, sentado con una pierna arqueada y tirando piedrecitas al agua. Y lo peor es que las cabezas huecas de al lado no paraban de comentar lo "guapo" que les parecía Malfoy. Eso fue demasiado para Lily.
—¿Guapo? —Chilló patidifusa por semejante declaración—. ¿Qué clase de enfermedad degenerativa tienen esas en la vista? ¡Miradlo, no es guapo!
La joven Potter señaló hacia la orilla, donde Malfoy reposaba ignorando el debate que se había originado a su alrededor. Rose y Mary obedecieron a Lily y lo examinaron para concluir, al unísono:
—Sí es guapo.
—¿Qué os pasa? —inquirió Lily, perpleja—. Cualquiera es más guapo. Mis hermanos son mucho más guapos, ¿o lo vais a negar? ¡Incluso ese primo suyo, Nott, es mucho más atractivo que el pelo relamido ese!
—Venga, Lily, no estamos diciendo nada para que te pongas así —comentó Mary.
—Es cierto. Además, si dejas de lado el hecho de que te cae mal, muy mal —matizó Rose al ver que su prima iba a interrumpirle—, puedes ser objetiva. El muchacho es guapo.
Lily quedó consternada y decidió mirar más minuciosamente a Malfoy, a ver si se le había pasado alguna cualidad indispensable para su correcta valoración. Decidió comenzar por la cabeza y se propuso ser lo más objetiva posible. El cabello, debía reconocer, tenía una tonalidad vistosa; aunque el rubio de su primo Louis —que sí era bastante atractivo, no como ese— era mucho más bonito y se veía más sedoso. Los ojos, bueno, Lily debía reconocer que quizá lo más pasable del muchacho fueran sus ojos: grises y de expresión profunda. Lily continuó su inspección hasta llegar a la nariz y boca, tuvo que reconocer que sus facciones eran armoniosas y por buscarle una falta, descubrió que su rostro era un poco afilado.
Continuó con su observación y se detuvo en la espalda. Constató que el estúpido Malfoy que había conocido cuando iba a primero tenía un cuerpo mucho más "tipo escombro" —Lily sonrió para sus adentros ante su magnífica descripción—, pero el que ahora observaba estaba adquiriendo lo que ella denominaba "cuerpo de hombre". Cuando acabó de mirarlo y remirarlo, fue consciente de que su prima y mejor amiga la observaban con la curiosidad pintada en sus rostros.
Lily dio un respingo, se alisó la falda y adquirió su pose más indiferente.
—Bueno, está bien, pero no es para tanto —concluyó Lily incorporándose y recogiendo su mochila—. Me voy, tengo que acabar los deberes de pociones. Nos vemos a la hora de comer.
Cuando subió la ladera hacia el castillo, giró sobre sus talones y centró sus ojos en la figura lejana del Slytherin. ¡Por Merlín, sí que era guapo!
oOoOoOo
Scorpius se puso la túnica, pues esa noche hacía frío, y salió a escondidillas de la sala común de Slytherin. Era consciente de que a esas horas de la noche habría ronda de prefectos así como el conserje, que era un amargado de cuidado. Sin embargo, había quedado con Elissa Bones en el armario de las escobas y no pensaba desaprovechar la oportunidad.
No es que Elissa fuera la chica más espectacular de todo Hogwarts, ya que Michelle Fairfax o Rose Weasley, por ejemplo, eran mucho más atractivas; pero sabía que tenía cierta facilidad para enrollarse con los chicos y, al fin y al cabo, ninguno buscaba algo más en ese acuerdo tácito. Con mucho cuidado, llegó hasta su destino y solo tuvo que esperar unos minutos. Elissa Bones estaba allí, con su pelo corto y su falda más subida de lo que el uniforme reglamentario exigía.
—Has tardado —le susurró a Scorpius, invitándola a entrar.
Elissa rió tontamente y se entrelazó a su cuello, restregando su nariz contra la de él. Scorpius habría salido corriendo ante semejante gesto, pero decidió que toda recompensa conllevaba un sacrificio.
—¿Me has echado de menos?
Scorpius reflexionó unos minutos antes de responder. Sinceramente, no la echaba de menos pero es cierto que sí tenía ganas de pasar un rato agradable. Astuto como buen Slytherin, decidió bailar al son del agua y antes de que la chica pudiera decir alguna tontería más, la estampó contra la pared y le metió la lengua de forma inexperta y nerviosa. Ocupados en sus menesteres, que consistían en manos que se perdían por blusas, faldas y túnicas, no se percataron de que la puerta quedó ligeramente abierta.
oOoOoOo
Esa semana le tocaba la capa de invisibilidad a Lily y le daba igual que James y Albus le imploraran para que se la dejaran a ellos, a saber por qué estúpidas razones. Lily no lo hizo. Tampoco tenía intención de usarla, porque Mary estaba durmiendo y se había negado a acompañarla, y ella, en verdad, tenía demasiado sueño en el cuerpo. Sin embargo, tuvo que ponérsela y salir por el retrato de la Señora Gorda solo para llevarle la contraria a los pesados de sus hermanos. No comprendía por qué se ponían tan pesados y no entendían que era su turno de posesión. Si le tocaba a ella, daba igual que la tuviera en su baúl cubriéndose de polvo o la usara.
Solo llevaba unos minutos recorriendo los oscuros y fríos pasillos cuando comenzó a bostezar de forma exagerada y a aburrirse más que en una convención sobre calderos de peltre. Desde luego, no era para nada divertido cubrirse con una capa que la haría invisible a cualquier ojo para deambular por los pasillos del castillo que conocía de sobra y que no ofrecían ningún atractivo a esas horas de la noche, cuando nadie los cruzaba ni se producían charlas de interés.
Decidió volverse sobre sus talones, tomar el camino de vuelta y meterse en su cama mullida, que la estaría esperando. Fue entonces cuando escuchó un ruido ensordecedor, como si algo se hubiera caído. Alarmada e intrigada, porque Lily era cotilla como ella sola, decidió inspeccionar el lugar. A lo lejos vio la puerta de madera vetusta entreabierta y dedujo que seguramente alguna escoba o bote engrasador se había caído de su estante. Justo cuando se iba a marchar, vio lo que parecía una túnica moverse.
Lily se sintió protegida por su invisibilidad y, con la curiosidad característica de los Potter, se acercó para observar mejor. Lo que vio le dio un asco a duras penas controlable. Allí estaba el idiota de Malfoy dándose el lote, de una forma un poco lamentable, con una chica de pelo rubio y corto a la que no conocía. No supo qué le dio más asco, si las lenguas que se buscaban fuera de sus bocas —Lily consideró que eso no era ni un beso— o las manos palpando sus respectivos traseros. Lo que tenía claro era que ella era invisible y le debía una venganza a la oca de Malfoy.
Con mucho tiento, agarró su varita y apuntó hacia el trasero del Slytherin. Aún no había aprendido a usar los hechizos mudos, así que tuvo que conformarse con ejecutar el conjuro con todo el disimulo que pudo. El efecto fue inmediato: los pantalones de Malfoy cayeron al suelo y con otro rápido hechizo, hizo que en estos aparecieran decenas de elefantes de color rosa. El aspecto que mostraba Scorpius era totalmente ridículo y Lily no pudo contener la risa, pese a que eso la delatara un poco. Ver la cara de estupor de Malfoy valía mucho más que su mudo escondite, y observar la reacción de la chica al percatarse de los infantiles calzoncillos de su amante, era la guinda del pastel.
—¿Y eso? —Exclamó la joven, apuntando a la ignominiosa prenda de vestir—. ¿De qué vas, Malfoy? ¡Qué patético!
Lily supo que había sido un golpe en todo el orgullo de Malfoy. Sus mejillas se habían encendido y ni siquiera una palabra había salido de su boca cuando su compañera de juegos abandonó el escobero riéndose y murmurando una serie de expresiones que atentaban contra su virilidad. Tan ensimismada estaba en su momento de felicidad, que no se dio cuenta de que la capa se había deslizado por su hombro hasta mostrar su presencia.
Malfoy se precipitó hacia ella, le arrebató la capa por completo y la introdujo con una fuerza desmedida en el escobero, cerrando la puerta al mismo tiempo que la arrojaba contra los estantes.
—¿Qué mierda haces, Potter?
Lily no podía mantenerse seria. No podía porque era realmente imposible mientras viera los feos calzoncillos repletos de elefantitos. Incluso tenía lágrimas en los ojos, que si bien podían ser producto del golpe que se había propinado en la espalda; respondían a la hilaridad del momento.
—¿Piensas hablar o tu subnormalidad te lo impide? —Le espetó Malfoy mientras se subía los pantalones y la fulminaba con la mirada—. ¿Es que querías verme la trompa, Potter?
La joven Gryffindor dejó de reír en el momento. No le había hecho gracia ese comentario tan soez y verse, en plena noche, con los pasillos desiertos, en ese pequeño armario donde solo estaba Malfoy —y bastante enfadado— era motivo más que de sobra para alterarse.
—Por favor, no seas tan soez…
—Es que no se me ocurre ninguna otra explicación para la tontería que has hecho. Pero ya me tienes para ti solito, ¿querías eso?
—¡Para nada! O sea, ¡nada de nada! —Chilló Lily, intentando traspasar los muros infranqueables que Malfoy había levantado con sus brazos.
Scorpius aprovechó la oportunidad para sujetarla de la cintura y acercarse al oído, con el objetivo de ponerla nerviosa. Potter, con el tiempo, había llegado a ser como un libro abierto para él. En sus reacciones infantiles, en sus gestos pretenciosos y en su tono de voz había logrado identificar miles de matices. Sabía que le agradaba sentirse bonita, que disfrutaba con la admiración de los demás; pero también sabía identificar los momentos en que, como la niña que era, se sentía vulnerable e indefensa. Y eran esos momentos en los que más disfrutaba.
—¿Sabes? —Le susurró al oído, con toda la intención de cobrarse el daño provocado en sus planes—. Por tu culpa estoy muy caliente…
—¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH! —Chilló Lily, muy escandalizada, mientras comenzaba a forcejear con más fuerza—. ¡Eres un guarro!
—No te hagas la estrecha, si me has expiado es por algo, Potter. ¿Por qué no pones la solución?
Los ojos de Lily se abrieron de asombro. De repente, se sintió muy avergonzada y extremadamente nerviosa. ¿Qué pretendía Malfoy? ¿Qué esperaba que hiciera ella? Al observarlo a los ojos, se sintió más desvalida que nunca en toda su vida. Sentía que el sudor recorría las palmas de sus manos y que un frío penetrante calaba hasta sus huesos, haciéndolos temblar. En un movimiento involuntario, se fijó en los labios de Malfoy y se sintió insegura, débil ante su presencia. El hecho de que Scorpius la agarrara tan fuerte, produciéndole incluso daño, había conseguido paralizar todos sus intentos de fuga.
Malfoy se detuvo unos instantes en saborear el nerviosismo de Lily. Dudaba, viéndola tan aturullada, que la Gryffindor hubiera estado alguna vez tan cerca de un hombre. El constatar este hecho, le infló el pecho y le dio una dosis de control sobre la situación. Sin embargo, también sintió como una sensación de bienestar que le hizo encontrar entrañable a la joven. Le encantaba observarla débil, sin palabras… Quizá fuera porque así la veía menos soberbia y era un cambio, evidentemente, agradable. Pero poco a poco, esta agradable sensación se fue desvaneciendo al leer temor en sus ojos castaños. Decidió que su intimidación había acabado, que Potter no era más que una cría que aún no había crecido y determinó que lo mejor era cortar el tema por lo sano.
—Vete, Potter.
Mientras se pasaba la mano por el pelo, despeinándoselo, Lily abandonó el escobero, recogiendo su capa de invisibilidad a la salida, y desapareciendo de la misma forma que había aparecido. Malfoy dio por perdida la noche y maldijo su mala suerte.
oOoOoOo
Lily y Mary habían decidido que lo mejor era aprovechar aquella tarde primaveral para pasear por las afueras de Hogwarts. Todo el paisaje que comenzaba a despertar con la llegada de la estación más floral de todas era realmente espectacular. Los campos se pintaron de un verde chillón, salpicado por colores vistosos en forma de varias flores, y llenando el aire de un aroma embriagador. Tras bordear el campo de quidditch y adentrarse un poco —lo suficiente— en los límites del Bosque Prohibido, ambas amigas buscaron un lugar apacible, cerca de la entrada del colegio donde había varios estudiantes reunidos, para descansar.
—Mary, ¿te has dado cuenta de cómo se pone Christian cuando estoy cerca? ¡Qué lindo, se muere de los nervios! —Exclamó Lily, viendo como el joven se alejaba con su primo hacia el interior del castillo—. Le debo gustar tanto…
Mary jugó con unas briznas de hierba.
—Sí, seguramente le gustes, eres la más guapa de clase.
—¡Sí, ya lo sé! —Declaró Lily con pasmosa sinceridad y poca modestia—. Aunque no entiendo por qué después de estos años no consigue hablarme… Supongo que me ama tanto que no puede articular palabra.
—¿Y a ti te gusta él? —inquirió Mary con bastante curiosidad.
—Pues no —respondió con sinceridad Lily, sin cuestionarse la pregunta.
—Entonces, ¿por qué pareces tan contenta?
—Porque me encanta gustarle a la gente —dijo Lily como si fuera lo más obvio del mundo.
—Le gustas a muchos chicos —reconoció Mary, provocando que su amiga chillara de la emoción y se acercara hacia ella.
—¿A quiénes? —Quiso saber Lily con urgencia, pese a que ya conocía el nombre de unos pocos que habían osado declararse, sin éxito alguno.
—A casi toda la clase. El otro día escuché que Hugo le dijo a Wilkinson que ni se la ocurriera mirarte el culo de nuevo. Además, muchos de cursos más grandes también te miran.
Lily se dejó caer de espaldas sobre el césped e hizo un ángel, con una sonrisa de oreja a oreja ya que su ego, de por sí bastante crecido, sufrió, con esas nuevas revelaciones, el efecto de un buen hechizo engorgio.
—¿Crees que debería tener novio ya? —Preguntó Lily, en tono más confidencial.
—¿Es que te gusta alguien? —Preguntó Mary y Lily negó con la cabeza, de forma rotunda—. No creo que debas tener novio por tener, solo si alguien te gusta lo suficiente.
—Me gustaría enamorarme —confesó Lily en tono soñador.
—Quizá te enamores pronto…
El sol comenzó a esconderse detrás de la colina que rompía el cielo, mientras Lily intentaba ponerle cara a un posible amor que le encendiera los sentidos. Solo podía sonreír ante su portentosa imaginación, al desconocer lo que era estar enamorada. Todo en su mente era dulce y armonioso, felicidad y admiración; pero eran más las cosas que desconocía acerca del amor que las que podría imaginar con certeza. Entre ellas, que nadie elegía de quién se enamoraba y que, pese a no reconocer los primeros síntomas de una atracción, estos ya habían germinado sin que Lily, ni siquiera, los intuyera.
Prometo publicar la semana que viene. No sé cuando, porque el martes me operan y estaré unos días dolorida sin poder coger ni el PC; pero en cuanto pueda, subo el cuatro. Espero que no se me olvide, y si tardo, sois libres de presionarme porque los capítulos están escritos... Es que tengo mala memoria.
Cualquier comentario, podéis dejarlo en reviews; que soy muy agradecida :)
Venetrix Black.
