Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo del harryverso pertenecen a Rowling.

Este fic participa en el Amigo Invisible Veraniego (2013) del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Se lo dedico con todo mi cariño a L. Nott.

Nota de autora: A ver, este fic surge como una petición que debo respetar, así que diré que no, Scorpius no tiene nada con Rose, aunque le parezca guapa -porque lo es- xDD Luego, sé que no encontráis a la Lily que creo que soléis leer, ya que la he construido diferente y puede resultar hasta repelente. Pero bueno, el personaje tiene una evolución, lo prometo. Este fue el capítulo que creo que más me gustó escribir, porque lo que era blanco ya no se ve tan blanco, ni lo que era negro, tan negro. Ni Lily es tan odiosa ni Scorpius es tan perfecto. Al final es cuando comenzará el cambio -tampoco pasmoso ehhh, que la esencia de la forma de ser de cada uno es la que es-.

Muchas gracias a Kaoruko Hina, Nathy22, Luciana, Cri Ever y Lenhas por sus reviews.


Quinto curso estaba resultando un año extremadamente tedioso y agotador. Las horas en la biblioteca, rodeado de tomos gruesos y, en muchos casos, cubiertos de polvo, era su día a día. Los TIMO estaban cerca y Scorpius Malfoy sabía que debía sacar las mejores notas posibles. No solo porque la profesión de sanador así lo requería, sino porque había adquirido un compromiso consigo mismo para demostrar que era capaz, pese a las adversidades de una sociedad mágica, a todas luces, prejuiciosa y que le colgaba muy a menudo el cartel de "hijo de mortífago", de sacar unas notas excepcionales que le pusieran en bandeja el futuro que para sí deseaba.

Sin embargo, su cuerpo fatigado por horas de estudio también reclamaba sus descansos. Esa tarde decidió bajar al campo de quidditch y volar bajo un cielo que comenzaba a cubrirse bajo un manto oscuro repleto de puntos brillantes. El aire que rompía contra su rostro, inundándolo de frescor y libertad, era todo lo que necesitaba para desconectar de eternas horas de estudio. No había nadie fuera del castillo, hacía una hora que los entrenamientos del equipo de quidditch de Gryffindor habían acabado y Scorpius tenía todo el campo, con sus imponentes gradas y el silencio relajante, solo para él. Disfrutó durante casi una hora del vuelo en solitario y, finalmente, tomó tierra y se echó la escoba sobre el hombro.

No creía que hiciera nada malo en usar las duchas de los vestuarios, aunque estuviera fuera del horario permitido y su reciente cargo de prefecto lo desaconsejara. La soledad de ese lugar le permitía poner la mente en blanco, mientras que la opción de volver a su sala común y usar los baños del dormitorio, que compartía con cuatro chicos más, no le permitiría alargar ese momento que ahora disfrutaba. Con un suave y mudo movimiento de varita, abrió la puerta y se sorprendió de lo fácil que le resultó. Iluminó la estancia, dejó la escoba de fina madera sobre la banqueta de la entrada y se dispuso a desnudarse con el objetivo de tomar una ducha como colofón a tan placentera tarde.

oOoOoOo

Hugo, Mary, Christian, Rose, James, Roxanne y Lucy estaban pendientes de los movimientos y las miradas enfrentadas de los dos hermanos. La sala común, a esas horas de la tarde cuando el naranja del cielo daba paso al azul oscuro, estaba repleta de alumnos que comentaban los últimos chismorreos del colegio y se relajaban con sus amigos de un día de clases extenuante.

—No me puedo creer que nunca lo hayáis escuchado, ¡es leyenda! —dijo Lucy, perdiendo un poco interés en la partida de ajedrez.

—¿Táctica del pedo? —Repitió Rose, con una sonrisa divertida—. Te juro que jamás lo había escuchado…

—Eres una guarra, prima —declaró James—. Aunque debo reconocer que yo sí sabía de su existencia.

—Eso prueba que tú eres un guarro también —dijo Lucy mientras cogía un caramelo de Zonko y le indicaba a Lily cuál debía ser su próxima jugada.

—¡Yo sé sola! —Exclamó Lily, perdiendo un poco los nervios porque no sabía cómo darle la vuelta a la partida, que pintaba realmente mal—. ¿De qué va esa táctica?

—¡Jaque! —Graznó Albus tras realizar un movimiento magistral con su torre, que echó fuera del tablero al caballo blanco de Lily.

—Más te valdría estudiar para tus TIMO, todavía no me has ganado —contraatacó Lily, retirando su rey de toda amenaza.

—Y yo para los EXTASIS —comentó Lucy mientras dejaba escapar un hondo suspiro—. Da igual, hay tiempo. Mientras acabáis, os ilustraré sobre la táctica del pedo.

—Es un nombre asqueroso —comentó Roxanne haciendo un mohín con su respingona nariz.

—Puede —concedió Lucy encogiéndose de hombros y echándose otro caramelo a la boca—. Os explico, ¿qué hace uno cuando se le escapa un pedo de esos silenciosos delante de otros?

—Morirse de la vergüenza —dijo una tímida Mary.

—Eructar para camuflar el olor —intervino Hugo. Todos lo miraron de forma extraña—. O eso o saltar de lado para que el pedo se caiga y nadie lo asocie contigo.

—Tú sí que sabes —rió James, mientras Albus ejecutaba otro movimiento que ponía más en contra de la pared a Lily.

—Os pillarían rápidamente —continuó Lucy—. Cuando uno se pega un pedo, lo primero que debe hacer es decir que huele mal, así no serás sospechoso al ser el primero en señalar el olor del pedo. Debes parecer muy asqueado por tremenda aberración.

—¿Y qué tiene que ver todo eso con el primer beso? —Preguntó Rose, curiosa, retomando el principio de la conversación.

—Pues es muy simple —respondió Lucy—. Cuando das el primer beso y no quieres quedar como inexperta, debes acusar al otro de que es su primer beso. Así se sentirá avergonzado y no sabrá que no tienes ni idea de cómo besar.

—¡Qué ridículo! —Chilló Lily, quien se tiraba de los pelos mientras Albus estaba pletórico de alegría.

—Puede ser útil —comentó Lucy—. Vaya, parece que vas a perder la apuesta…

—¡Jaque mate! —Aulló Albus mientras daba un salto y chocaba la mano con su primo Hugo.

Lily, evidentemente enfadada por semejante derrota y perder la apuesta, barrió todas las piezas del tablero de un manotazo y levantó el mentón intentando fingir que no le importaba perder una partida.

—Es una estúpida apuesta, no sé por qué lo celebras tanto —le dijo a su hermano.

—Porque como he ganado la apuesta, ahora eres tú la que tienes que bajar a los vestuarios de quidditch y traerme mi jersey.

—¡Es de noche y no me apetece! —Protestó Lily—. ¿Qué más te da recogerlo mañana? ¡Solo es un jersey!

—Una apuesta es una apuesta, hermanita.

Lily se puso de pie, lo miró hecha un basilisco y salió de la sala común resoplando y sin pararse a recoger su varita ni nada. Cumpliría su estúpida apuesta y se iría a dormir, tampoco era el fin del mundo por perder una partida de ajedrez contra su hermano.

oOoOoOo

Scorpius cerró el grifo, movió la cabeza como lo haría un perro tras un gran chaparrón, dibujando con cientos de diminutas gotitas los azulejos de la ducha, y se colocó una toalla blanca alrededor de las caderas. De repente, escuchó una voz bastante familiar que se acercaba hacia la puerta que daría paso a los vestuarios de chicos, donde él se encontraba. De forma instintiva, agarró su varita y se escondió tras uno de los muros, presintiendo que la noche comenzaba a ponerse interesante.

Efectivamente, una Lily Potter que parecía bastante enfadada, entró en los vestuarios para consternación de Scorpius, que no sabía qué demonios hacía allí. Ese año se había propuesto pasar de las chiquilladas y las bromas para dedicarse a los TIMO —actitud que su primo aplaudió como seña de madurez—, pero esa era una ocasión de lujo que había despertado de nuevo esa parte infantil que aún no se había marchado del todo.

—Será tonto —refunfuñaba Lily, mientras daba una patada a la banqueta más próxima y exploraba el lugar con la mirada, sin percatarse de que era extraño que estuviera iluminado a esas horas—. A saber dónde ha dejado el maldito jersey… Pedazo de vago, ya podría…

PUM

Un ruido seco y misterioso rompió el monólogo de la pelirroja, que dio un respingo alterada por el miedo y chocó contra la pared. Lily intentó buscar la varita en el bolsillo trasero de su vaquero, pero al no encontrarla recordó que no se había molestado ni en recogerla. Maldijo para sus adentros y observó el lugar con mucho detalle, en busca del causante de ese ruido. De repente, el espejo que tenía a sus espaldas estalló en miles de pedazos y Lily gritó como si no hubiera mañana, alejándose del lugar y corriendo hacia la puerta de salida, que estaba medio abierta.

No había alcanzado el pomo, cuando la puerta se cerró bruscamente ante sus narices. El corazón le latía a mil por hora y comenzó a notar unos sudores fríos que le bajaban por la frente. Lily, muy desesperada, intentó abrir la puerta sin ningún éxito. Entonces, escuchó lo que parecían unas pisadas y en su imaginación comenzó a dibujarse un cuadro donde ella, inerte, estaba rodeada de un charco de sangre. Sin pensárselo dos veces, corrió hacia una de las duchas y cerró la puerta con fuerza.

Todo su cuerpo temblaba de los pies a la cabeza. Pensó en sus padres, que estaban tan lejos y las lágrimas se le saltaron al escuchar las pisadas de nuevo. Las velas que alumbraban la estancia se apagaron y se volvieron a iluminar, como si se tratara de una de esas películas muggles de terror que tanto disfrutaba ver. Se aseguró de cerrar la puerta con pestillo y se alejó lo suficiente de ella, intentando fundirse con los azulejos de la pared.

De repente, la ducha comenzó a escupir chorros de agua fría y Lily aulló de miedo y frío cuando sintió que se empapaba. El pelo pasó del rojo fuego al rojo sangre en cuestión de segundos, su camiseta blanca se ciñó a su figura, marcándole el sujetador y los pechos florecientes a consecuencia de la pubertad, mientras que el pantalón se le hizo mucho más pesado. Hubiera seguido gritando, como si así pudiera librarse de cualquier mal venidero, si no hubiera sido porque escuchó una carcajada que le resultaba familiar y, sobre todo, desagradable.

oOoOoOo

Scorpius no pudo aguantar más el paripé. Se dobló sobre sí mismo, con ambas manos en la barriga, en una risa atronadora y de sus ojos brotaron lagrimones de felicidad. La reacción de Potter siempre conseguía alegrarle el día y eso no era una excepción. No supo por qué fue allí, pero verla tan rabiosa y descuidada fue demasiado para él, quien no pudo controlar sus ganas de hacerle pasar un mal rato.

Con un par de hechizos mudos consiguió crear un ambiente que resultó aterrador para la joven Potter. Cuando esta rompió en un chillido que parecía el grito de un bebé desvalido, Malfoy no pudo contener más su pantomima y rió como hacía tiempo que no lo hacía, olvidando la presión de los TIMO que se acercaban, su promesa tácita de que no continuaría con esas infantiles bromas y que, seguramente, esa pequeña travesura tendría consecuencias, como siempre. Lily no dejaba pasar ninguna venganza, lo que suponía volver a los años en que ambos eran unos críos con ganas de picar al otro.

—¡Eres un gran estúpido y gilipollas, Malfoy! —Aulló Lily, abriendo la puerta con mucha furia.

Ambos quedaron frente a frente. Scorpius se pasó la mano por la mejilla, con el objetivo de secarse las lágrimas. Observó que los ojos de Lily relampagueaban de ira, como un aviso claro e indiscutible de que se avecinaba tormenta. La joven se echó el cabello mojado hacia atrás y dio unos pasos hasta colocarse en frente de Malfoy. Lo achuchó con toda la fuerza que pudo hasta acorralarlo contra la pared y comenzó a darle puñetazos en el torso desnudo.

—¡Idiota, estúpido, gilipollas, anormal, hijo de mala bludger, engreído…!

—¡Ya basta, Potter! —Le detuvo Scorpius sujetándola con una mano de las muñecas, que levantó en el aire—. Sé que te sientes tremendamente emocionada por tenerme medio en pelotas y poderme tocar, pero estás abusando.

Lily, al darse cuenta de que Malfoy solo tenía una toalla alrededor de las caderas, se puso más roja que un tomate e intentó mirar hacia otro lado, visiblemente molesta por todo.

—Se te notan los pezoncillos —observó Malfoy, fijándose por primera vez en el cuerpo de Lily.

Potter estalló en otra sarta de insultos y logró zafarse de Malfoy, tapándose los pechos que se traslucían a consecuencia del agua; y con ganas de llorar de tanta vergüenza y coraje, pero con la determinación de no flaquear y mostrar fortaleza.

—Venga, no te hagas la mojigata, tampoco hay mucho que ver. No sé si me entiendes —comentó Malfoy, haciendo un gesto con las manos como si tocara unos pechos pequeños.

—¡Deja de insinuarte, asqueroso! —Vociferó Lily, recuperando el aplomo—. ¡No pienso tocarte ni harta de hidromiel! Y te vas a acordar de esta para el resto de tu vida porque pienso vengarme.

—¿Qué vas a hacer? —Preguntó Malfoy, acortando la distancia peligrosamente, atraído por alguna razón desconocida—. ¿Ponerme un globo de aire debajo del asiento cuando vaya a desayunar? Acabará con mi reputación de persona que va regularmente al baño.

—¡No te acerques a mí! —Aulló Lily, con ambas manos en sus pequeños pechos—. ¡Cerdo, asqueroso, maricón!

A Lily no le gustó cuando Scorpius, de un rápido movimiento, la acorraló contra la pared, con ambas manos al lado de su nuca y se acercó hacia su oído, poniéndola nerviosa.

—Te encantaría saber lo cerdo y asqueroso que puedo llegar a ser —le susurró, provocándole que el vello se la pusiera de punta y tragara saliva—, y muy gustosamente te mostraría que no soy un maricón. ¿Sabes qué falla? Que no eres mi tipo, Potter. Así que no sigas boqueando como un pez fuera del agua, porque no es mi intención ni besarte ni meterme en tus bragas.

Scorpius se alejó de ella, recogió su ropa y se quitó la toalla. Lily solo vio un culo redondo y con algunas gotitas de agua, antes de girar la cabeza y fijar sus ojos, por primera vez, en el dichoso jersey de su hermano que le había ocasionado la peor noche de toda su vida. Tragó saliva para no echarse a llorar de la vergüenza y así eludir el punzante dolor que comenzaba a sentir en su estómago.

—¿Piensas quedarte a ver el espectáculo, Potter? —Preguntó Scorpius con socarronería.

La pelirroja no quiso ni pudo responderle, porque sabía que si habría la boca, seguramente se escaparía algún sollozo que intentaba reprimir. Agarró con rapidez el jersey de su hermano y salió del vestuario sin mirar atrás. Solo cuando hubo andado varios pasos, alejándose del campo de quidditch, se detuvo para llorar en silencio. No sabía cuál era el motivo de todo ese malestar que comenzaba a sentir, pero se sentía terriblemente humillada y menospreciada. Era como si Scorpius hubiera tomado todo su aplomo y lo hubiera engullido, dejándola desvalida y con una sensación en su interior, de desazón y tristeza, que jamás había experimentado en toda su vida. No era capaz de sentir el frío de la noche, que le hacía tiritar sin darse cuenta, porque un dolor mucho más misterioso le hacía sucumbir al llanto mudo.

Avergonzada por su debilidad y sin entender la razón que hacía que las palabras de desprecio del estúpido de Malfoy le dolieran tanto en su orgullo y ego, se secó las lágrimas ignominiosas del rostro y retomó el paso hacia el castillo, pensando en la peor de las venganzas contra Scorpius Malfoy.

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Scorpius Malfoy sintió una especie de remordimiento que jamás había experimentado después de la hilaridad del momento. Tras llegar a su habitación y tumbarse en la cama, reflexionó sobre su actuación con una sonrisa en el rostro al recordar el aspecto de Potter. Sin embargo, cuando recordaba cómo había salido hecha un huracán y, sobre todo, veía ese vacío inusual en sus grandes ojos marrones, algo en el interior de Scorpius le decía que esa noche había pasado la línea de una simple broma. Aunque jamás lo reconociera en voz alta.

Las siguientes semanas confirmaron su teoría. Lily Potter no parecía la misma de siempre, no sonreía ni hablaba por los codos y a Scorpius le sorprendía encontrarse a sí mismo buscándola entre la multitud para comprobar si había vuelto a ser la misma. ¿Qué le debía a importar a él cómo se sintiera Potter por una estúpida broma? No era su problema si se la tomaba tan a pecho… Aunque bien era cierto que ese consuelo de poco le servía. A veces, se sentía miserable por su actuación, al saber que sus palabras le habían podido doler tan profundamente.

Hubiera deseado que Lily se vengara de una vez por todas para quedar en paz. Se juró que nunca más jugaría a ese estúpido juego que se traían desde que le arrojó a la cara aquellas bombas fétidas en segundo curso. Ambos habían crecido y Scorpius siempre se consideró lo suficientemente maduro para saber hasta qué punto llegar. Había llegado a ese punto y supo que sería la última vez.

Pasó las semanas centrándose en sus exámenes de TIMO, que le proporcionarían la posibilidad de estar más cerca de su sueño. Apenas hablaba con alguien más que no fueran Damien, que parecía ausente la mayoría del tiempo por algún extraño motivo, o con Dayana, que últimamente estaba de peor humor que nunca. El día que Scorpius se encaminó a su examen de Pociones, el último en la lista, iba con un gran humor al saberse victorioso en todos los exámenes. Pociones estaba cantada para él, era algo que se le daba bien y lo había preparado a conciencia ya que esa asignatura era vital para su futura formación.

Tan ensimismado iba en su caminata hacia el aula donde tendría lugar el examen, que no se percató de que alguien lo seguía sigilosamente, apuntándolo con la varita. Al cruzar la esquina, un haz de luz lo alcanzó, petrificándolo al momento. Todas su pertenencias cayeron al suelo y Scorpius solo pudo ver unos pies antes de elevarse en al aire, por arte de magia, y ser conducido a una aula vacía y oscura. Nada más entrar, cayó al suelo de un golpe sordo, que le produjo dolor.

Arrojaron sus pertenencias al lado y le dieron la vuelta, para mostrarle un trozo de pergamino que rezaba la siguiente palabra: Vendetta. Scorpius no necesitó mover sus ojos, lo único que podía, para confirmar quién era la dueña de esa caligrafía redondeada. Lily Potter, con los brazos cruzados sobre su pecho y mirada de victoria y satisfacción, lo observaba desde las alturas. Scorpius quiso hablar, pero no pudo mover ni la lengua. Intentó explicarle que era esencial ir al examen de Pociones, pues si no lo hacía, perdería su oportunidad para ser sanador al no poder escoger al año siguiente esa asignatura, que le impediría acceder a la formación para la que tanto se había preparado.

—Te dije que me vengaría —declaró Lily, abriendo la puerta y quedando en el portal—. Espero que te lo pases genial mientras te echan de menos los examinadores. Ciao, Malfoy.

Malfoy maldijo en su interior cuando la puerta se cerró de golpe y Lily desapareció de su vista. Esa vez, la muy estúpida y niñata había cruzado el límite más allá de lo razonable.

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Rose descansaba sobre el verde fresco a orillas del lago, tumbada a todo lo largo que podía y buscando formas en las nubes blancas y esponjosas que flotaban en un cielo inusualmente azul. Sus TIMO habían acabado y tenía una sensación agradable de quien se quita algo pesado de encima y tiene cierta seguridad en que le ha salido satisfactoriamente.

De repente, su prima Lily cayó a su lado, riendo con estridencia. Rose la miró de lado y no pudo evitar sonreír de medio lado, porque pese a que su prima estaba dejando la niñez atrás, aún conservaba ese espíritu risueño y escandaloso que siempre la había caracterizado.

—¿Qué te pasa ahora? —preguntó Rose—. Te ves tan contenta que hasta puede que llores de felicidad…

Rose no desaprovechó la oportunidad para mostrarle a su prima menor que las lágrimas de dicha también existían. Desde que ambas tenían uso de la razón, siempre habían mantenido un debate bastante obstinado, cada una anclada en su opinión, sobre si era posible que la felicidad provocara tal reacción.

—¡Nadie llora de felicidad! La gente llora si está triste y ríe si está contenta. Y, ¿adivina cómo estoy? —Preguntó Lily, mostrándole su radiante sonrisa—. ¡Ya me vengué! Del estúpido ese, de lo que me hizo en los vestuarios.

Rose se incorporó sobre sus brazos y la miró sin pestañear. Sabía lo del altercado con Malfoy porque Lily era incapaz de callarse nada, y siempre compartía sus penas y alegrías con sus más allegados. La joven Weasley incluso llegó a pensar, a medida que pasaban las semanas, que Lily había decidido pasar del tema y cortar por lo sano. Pero no fue así. Entonces recordó la ausencia de Malfoy entre los alumnos que esperaban para ser llamados para el examen oficial de Pociones y…

—Por favor, Lily, dime que no has tenido nada que ver con el hecho de que Malfoy no haya ido a su examen.

—Lo he petrificado durante un buen rato, al estúpido ese, para que se joda y aprenda —dijo Lily, muy orgullosa de su hazaña.

—¡Lily! —Le regañó Rose con evidente tono de reproche—. No me puedo creer que hayas hecho eso. ¡Es demasiado!

—Peor es lo que me hizo a mí —se defendió Lily, revolviéndose sobre la hierba un poco avergonzada sin saber por qué—. Además, no es para tanto. Solo es un examen de Pociones…

—Para él es vital —le informó Rose—. ¿No sabías que Malfoy quiere ser sanador? ¿Acaso no sabes que para serlo debe coger el año que viene Pociones para poder realizar sus EXTASIS? ¿Y no sabes que ya no puede hacerlo por no haber acudido al examen?

Lily se quedó unos segundos muda, mirándola con perplejidad mientras intentaba encontrar los argumentos adecuados para su justa defensa. Jamás había pensado en que Scorpius tendría sueños y ambiciones, en que sus horas de estudio en la biblioteca tendrían una razón de ser. Se sintió terriblemente mal al darse cuenta de que había destruido su posibilidad para ser sanador… ¿Sanador? ¿Malfoy? Sus tripas se revolvieron, estrujándose entre ellas y provocándole dolor. No podía concebir la idea de un Scorpius Malfoy ayudando a los demás, seguramente ataviado con una túnica verde lima, y examinando a doloridos magos y brujas.

Lily apenas había podido digerir tanta información cuando notó que unos gritos la sacaban de sus pensamientos y todos los ojos de los alumnos que estaban en la orilla del lago, hablando cordialmente, se clavaban en ella mientras sus conversaciones enmudecían. Allí estaba Scorpius Malfoy, furioso como jamás en toda su vida lo había visto. La miraba con odio, con un desprecio hiriente. Lily se puso en pie y dio varios pasos hacia atrás, presa del miedo, cuando Scorpius, varios centímetros más alto y con un aspecto temible, se plantó en frente de sus narices captando la atención de todos los presentes.

La joven Gryffindor intentó decir algo, pedir perdón, para aplacar la furia del Slytherin, pero de su boca no salió ningún sonido al ser interrumpida por Malfoy.

—Niñata estúpida, malcriada y consentida, esta vez las has cagado —le recriminó Scorpius con un tono glacial y serio, mientras la agarraba con fuerza del brazo—. ¿Tienes idea de lo que has hecho, eh?

—Yo… yo no quería… Me haces daño —dijo Lily, al sentir el apretón en su brazo.

—Te jodes —escupió Malfoy.

Sus ojos grises parecían dos pozos profundos e inescrutables. Lily sintió una mezcla de pena, al ver el rostro triste del Slytherin, y miedo, al notar su irritación y tensión. Rose se puso en pie e intentó interceder, con el objetivo de aplacar el ambiente. Scorpius la detuvo con un simple gesto de manos, mientras que el coro de alumnos que se había formado alrededor comenzaba a cuchichear en un zumbido que Lily percibió como muy molesto.

—Es la última vez que te hablo, que te miro o reconozco tu mísera existencia —dijo Scorpius con los dientes apretados—. Para mí tú eres menos que la mierda de un trol, ¿entiendes? No quiero que me mires o hables ni nada y es algo que no pienso repetirte, Potter.

—Malfoy, yo…

Scorpius, sin previo aviso, la cogió y se la echó sobre el hombro. La falda de Lily se alzó, mostrando levemente su ropa interior y produciendo la mofa entre los alumnos que los miraban.

—¿Qué haces? —Chilló Lily, muy avergonzada, al ver que se dirigía hacia la orilla.

—Darte tu merecido ya que tus padres no lo hicieron en su momento —dijo Scorpius y la arrojó sin ningún miramiento al lago.

Lily chapoteó y tragó bocanadas de agua, escupiendo mientras intentaba incorporarse. Su cabello se mojó y su uniforme se pegó a su cuerpo de forma molesta. Inmediatamente, las risas se elevaron como en un coro a su alrededor. Lily vio a Rose, que se acercaba a ella desde la orilla para ayudarla a ponerse en pie; y a Malfoy, que no sonreía como de costumbre cuando le hacía alguna jugarreta. Lily se agarró de la mano de su prima y salió del agua, muy enfadada por el trato y la humillación recibida.

—¡Eres un estúpido, Malfoy! ¡No eres mejor ni más maduro que yo! ¡Mira cómo me has puesto!

—Oh, sí, te he mojado las bragas y no en el sentido que te gustaría —comentó con ironía Mafloy, produciendo que la risa aumentara—. Tú me has jodido mi futuro, haz balanza si las neuronas te lo permiten.

Dicho esto, el joven Slytherin se dio la vuelta y emprendió el camino hacia el castillo. Rose indicó a su prima que la acompañara, mientras pasaban por grupitos de alumnos que señalaban con sorna a la hija menor de Harry Potter.

—¿De qué os reís, cotillas? —Graznó Lily.

Algunos callaron ante la exclamación de Lily, mientras que otros continuaron indiferentes. Rose aceleró el paso y al poner el primer pie en el castillo, se encontró con los hermanos Nott, que observaban a Lily, conscientes de lo sucedido.

—Vaya, Potter, parece que te han dado un baño de humildad —comentó con malicia Dayana, sonriendo ampliamente.

Rose pasó la mirada de Dayana a Damien, quien tenía una expresión seria en el rostro y no decía nada. Lily estuvo a punto de estallar en improperios cuando su primo Louis Weasley apareció en escena, al enterarse de lo sucedido.

—Vete a la mierda, Nott —dijo mirando a la joven de Slytherin—. ¿No tienes algo mejor que hacer?

—No le hables así a mi hermana —intervino Damien.

—Que este Weasley fanfarrón me hable como quiera es algo que me es totalmente indiferente —dijo Dayana mirando con repugnancia al atractivo Gryffindor.

—Será mejor que nos vayamos —propuso Rose, al ver que Louis había sacado la varita y Dayana Nott lo había imitado, intercambiando miradas provocadoras.

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Scorpius se dio la vuelta como un autómata al reconocer, al final del estrecho pasillo, el perfil de Lily Potter. Sus primos lo imitaron con hastío y los tres adolescentes entraron en otro vagón, colocando sus baúles y tomando asiento. Malfoy, desde que perdió la oportunidad de realizar su examen de Pociones del TIMO, estaba distante y malhumorado; y esta actitud se acentuaba cuando veía o escuchaba algo de Lily Potter, aunque no hubiera intercambiado con ella ni una palabra desde el altercado. Scorpius solo sabía que su presencia se le hacía de lo más detestable y ocupada cada minuto de su tiempo en incrementar el odio que sentía hacia ella.

—Otro año se acaba —dijo Damien, intentando sacar algún tema de conversación.

—Ni pienses en ella, es más tonta que un trol, Scorpius —intervino Dayana, quien no compartía las estrategias de su hermano y se había convertido en la mejor aliada de su primo.

Damien miró de forma reprobadora a su hermana y entornó los ojos azules, al ver que esta simplemente le sacaba la lengua y seguía alimentando la animadversión que Scorpius sentía hacia Lily Potter.

—Te lo dije —soltó Damien finalmente, cansado de todo el asunto y de la actitud de su primo y hermana.

El chico moreno ni los miró al sentir que lo observaban, como esperando que dijera o añadiera algo más a su elocuente "te lo dije". Damien simplemente sacó su nueva novela, regalo de alguien especial, y comenzó a leer por la página que se había quedado la noche anterior.

—¿El qué? —Le increpó Scorpius, retirándole el libro de la cara—. ¿Es que no vas a decir nada más?

—Pues sí, porque me tenéis cansado.

—¡Venga ya, Damien, cállate! —Le ordenó Dayana, mientras jugaba con un mechón de su oscuro cabello—. ¿No te aburres de ser siempre tan correcto?

—Te lo has buscado, Scorpius. Te avisé de que dejaras de meterte con ella, que algún día la consecuencia sería más que una simple broma…

—¿La estás defendiendo? —Protestó Scorpius—. ¿Ves normal lo que hizo? ¡Venga ya, tío! Por la culpa de la niñata esa ya no puedo ser sanador y…

—¡No la defiendo! —Exclamó Damien elevando la voz más de lo natural en él, gesto que llamó tanto la atención de Scorpius y Dayana, por lo inusual, que ambos quedaron silenciados—. Lo que hizo Potter estuvo fuera de lugar, evidentemente. Solo digo que tú te has buscado mucho de esta situación. ¿Por qué le hiciste y dijiste todo eso en los vestuarios de quidditch? Y sí, lo sé, no preguntes cómo.

Dayana miró con interés a su hermano, intentando averiguar con sus palabras a qué se refería. Scorpius simplemente enrojeció e, inmediatamente, recuperó su aplomo y volvió a su gesto frío. No sabía cómo su primo conocía lo que había pasado en los vestuarios, pero tampoco quería preguntar qué era exactamente lo que sabía porque sería como reconocer que él también había errado. Reconocerlo y aceptar unas consecuencias tan nefastas le resultaba terriblemente doloroso, puesto que era más fácil echarle la culpa por completo a Potter y odiarla.

—Siempre que la ves, le haces cualquier cosa. Cualquiera diría que la buscas, con tanto que la criticas de niñata e inmadura. Pero claro, eres tan cabezón y orgulloso que jamás reconocerías en voz alta que tengo razón en mis palabras —continuó Damien—. Pero en el fondo lo sabes. Lo sabes y te jodes, así que dejad de ser hipócritas. Los dos.

Damien se recostó sobre su asiento, puso los pies sobre el regazo de Scorpius y continuó su lectura como si no hubiera dicho ninguna palabra. Dayana hizo como que vomitaba y giró la cabeza hacia la ventana, como si buscara a alguien en el andén de Hogsmeade. En cambio, Scorpius se mordió la lengua y toda réplica quedó en sus labios. Solo pudo cruzarse de brazos, obviar la reprimenda del Príncipe de la paz, título que le venía de lujo al moralista de su primo, y seguir alimentando su orgullo. Nada de lo que Damien le dijera, le haría cambiar de opinión. Odiaba y maldecía el día en que se cruzó con Lily Potter.

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Al subir al expreso de Hogwarts que la llevaría Londres, de regreso con su familia, Lily tuvo la sensación de que ese año había marcado un punto de inflexión en su vida. Muchas veces habían sido las ocasiones en que había querido acercarse a Malfoy, tras mucho reflexionar, para pedirle perdón. Ninguna lo había conseguido.

Malfoy había dejado muy claro que no quería saber absolutamente nada de ella, por lo que cualquier acercamiento resultaba una epopeya de lo más difícil. Lily se sentía mal al saber que con pedir perdón no arreglaría nada y el no saber qué hacer para arreglar su error le hacía pensar que sus hipotéticas disculpas estarían vacías al no ofrecer una solución para el mal creado.

Con estos pensamientos, entró en el compartimento que ocupaba su compañero de clase Christian Blunt. Puso la mejor de sus sonrisas, saludó y ocupó un asiento en frente de él. Estuvo un rato jugando con el bajo de su camisa, hasta que se cansó del silencio y lo miró a los ojos. Christian, como era usual, parecía cohibido y nervioso ante su presencia; y Lily, cansada de esperar a su amiga, hermanos y primos, decidió iniciar una conversación. Quizá esa no fuera la forma más correcta.

—¡Venga, Christian, llevas cuatro años sin hablarme! Ya sé que te gusto, pero te juro que no me como a nadie.

—¿Que me gustas? —Chilló Christian como si fuera el hombre más ofendido sobre la faz de la tierra.

—¿Ah, no? —Inquirió Lily muy sorprendida—. No tienes por qué negarlo, no tiene nada de malo. Le gusto a mucha gente.

—¡Eres una tonta creída! —Le soltó Christian sin pelos en la lengua—. Vanidosa, presumida y tonta creída. Nunca me has gustado, siempre me pareciste una pesada egocéntrica. Si te he aguantado y me he callado mi opinión, ha sido por tu primo Hugo. ¿Piensas que les debes gustar a todos? ¿Que todo el mundo tiene que besar el suelo que pisas? No me extraña que Malfoy te tirara al lago, yo te hubiera arrojado mil veces.

Christian Blunt, bastante disgustado, agarró su equipaje y abandonó el compartimento dando un gran portazo. Lily analizó las palabras de Christian, que si bien en un primer momento le sorprendieron, tras analizarlas, estas se llenaron de un significado que antes carecían. Todo encajaba: cómo la evitaba, por qué nunca le hablaba, por qué parecía malhumorado… Lily se sintió un poco triste al recibir el que fue su segundo baño de humildad ese año.

Cuando finalmente la locomotora se detuvo y emitió un sonido fuerte y prolongado, indicando que habían llegado a su destino, Lily, que había viajado todo el trayecto en soledad, sumida en reflexiones, agarró su equipaje y salió al andén. Pronto se reencontró con los brazos de sus padres, como todos los años cuando finalizaba su año en Hogwarts, pero esa vez algo había cambiado, era diferente. Lily supo que era menos niña que antes.


¡Oh, el verano traerá a una Lily más centrada tras semejantes palos! Bueno, sé que el fic lo lee una poca gente (porque fanfiction permite ver el número de visitas en cada capítulo, y cuando este se mantiene hasta el tercero, es porque no solo se entra en el fic y se sale; se sigue). Comprendo que muchos pasen de dejar comentario (aunque no lo comparto, porque si se lee una historia, creo que es porque algo gusta) y aunque siempre digo que podéis dejar review -en serio, hacen mucho-, tampoco creo que os insista mucho. Porque eso de rogar por reviews no me va, cada uno los deja o no si quiere o le apetece o lo que sea.

Sin embargo, ahora sí. En serio, me gustaría saber qué os ha parecido este capítulo. Tengo especial interés en este porque es el que muestra el "punto de inflexión", el ya se acabaron las bromas y creo que se ve algo más del orgullo desmedido de Scorpius (que solo criticáis a Lily).

Por eso, a la gente que lo lee, por favor, dejad vuestras impresiones en forma de review. Me ayudan y alegran, y un fic con reviews es mucho más atractivo xDDD Es decir, muchas veces la gente busca fics para leer y se guía por el número de reviews, así que si os gusta, dejad algún comentario aunque sea en este capítulo.

Actualizaré en dos o tres días, depende; antes de que acabe el mes, estará completo, ya que es un regalito de un amigo invisible. (Quedan tres capítulos, el último es un epílogo, más corto).

Venetrix Black.

PD: Hay bastante gente que sigue la historia, pero no le da a "follow". Podéis darle o no, me es un poco indiferente, pero si le dais, os llegará alerta en cuanto suba capítulo y es muy cómodo. Al menos, a mí me lo parece.