Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo del harryverso pertenecen a Rowling.
Este fic participa en el Amigo Invisible Veraniego (2013) del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Se lo dedico con todo mi cariño a L. Nott.
Nota de autora: Siento no haberlo subido antes, pero he tenido unos días muy ocupados. El próximo lo subiré el sábado 28 para acabar el lunes 30 con todo el mini long-fic.
Gracias por sus reviews a Lenhas, Kaoruko Hina, damcastillo, Nathy22, Florfleur, Fiore JW, ann, Cri Ever, Luciana y L. Potter.
La única noticia feliz que recibió ese verano fue que su prima Victoire y Teddy, por fin, se casaban. Pero para que llegara tan feliz acontecimiento, que sería en vacaciones de Pascua, faltaban unos meses y Lily no sintió, como habría sentido en otra época, una urgente premura por buscar el vestido perfecto. Había hablado con su hermano James, que ese año realizaría su último curso en Hogwarts y era una eminencia en Pociones, sobre una posible solución para el problema que había creado.
La primera de sus opciones fue descartada inmediatamente y sin lugar de discusión. Lily agachó la cabeza y buscó una segunda posible solución. Seguramente, Malfoy no la aceptaría de buenas a primeras, pero era su deber enmendar su error. Tras hablar con su tía Hermione para tener en cuenta todos los posibles problemas legales y pasarse un verano estudiando entre libros y calderos, siempre bajo la tutela de James; llegó el uno de septiembre y el inicio de su quinto curso en Hogwarts.
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—Porque sea guapo, se creerá que todas deben besarle el culo —graznó Dayana, mientras bebía su zumo de calabaza y acribillaba con el tenedor una salchicha.
—Tampoco es tan guapo —dijo Damien, mirando hacia la mesa de Gryffindor, aunque si se hubieran fijado con detalle en su mirada, sabrían que no observaba precisamente al sujeto del que su hermana hablaba.
Scorpius no tenía ganas de opinar sobre el tal Louis Weasley, rompecorazones oficial de Hogwarts. Ese día comenzaban las clases y se sentía bastante miserable por no poder asistir a Pociones. Su "No Presentado" en los TIMO de dicha asignatura le impedía poder acceder a las clases de sexto curso. Pensar en eso era algo que le desgarraba por dentro, así que a menudo desechaba esos pensamientos para intentar enfocarse en otras cosas. De nada le servía lamentarse cuando no había remedio.
—¿Te vemos en clase de Encantamientos? —le preguntó Damien, al levantarse para acudir a Pociones.
Scorpius asintió y siguió con su desayuno. Quizá podría ir a dar una vuelta alrededor del Bosque Prohibido para matar el tiempo o alargar hasta la siguiente clase su anodino desayuno. Lo que el Slytherin no se esperaba es que una joven Potter, con su escudo Gryffindor sobre el chaleco del uniforme, se atreviera a ir hasta la mesa del estandarte verde y plata y se sentara a su lado.
—¿Qué haces aquí, Potter? Te dije que no quiero que me hables ni…
—Bla, bla, bla —le cortó Lily, buscando entre su mochila algo que Scorpius desconocía.
Scorpius se sorprendió de que la chica hiciera caso omiso de sus palabras y por primera vez se fijó en ella. Lo primero que le llamó la atención fue su cambio físico, bastante llamativo. Su cuerpo, antes menudo y enclenque, se había transformado en uno bien proporcionado y de cuervas llamativas, aunque no excesivas. Incluso en su rostro percibió que las facciones infantiles que siempre la habían caracterizado, habían adquirido más feminidad.
El resto de alumnos de la mesa de Slytherin y algunos del resto de las casas observaron a la menor de los Potter ocupar un lugar que no le correspondía. Poco parecía importarle a Lily los cuchicheos o que la señalaran con el dedo, cosa que habría hecho gracia a Scorpius si no estuviera tan aferrado en sentir odio y desprecio hacia ella.
—Aquí está —indicó Lily, sacando un pergamino oficial, con el símbolo de uno de los ministerios mágicos, y poniéndolo sobre la mesa en frente de Scorpius.
—¿Esto qué es? —Preguntó Scorpius, sosteniendo el pergamino como si apestara.
—Esas son mis disculpas, las quieras o no. Te explico, hablé con mi tía Hermione que es experta en leyes y tras mucho indagar, encontramos una laguna en la reglamentación de los TIMO y EXTASIS que te puede permitir acceder al examen de EXTASIS sin haber cursado Pociones.
—Eso es mentira —contraatacó Scorpius—. Y aunque fuera así y yo estudiara por mi cuenta, no estaría al nivel de mis compañeros que van a clases.
—También he pensado en ello —reconoció Lily—, y creo tener la solución, si aceptas. Mi hermano James es un genio en Pociones, de hecho quiere ser hacedor de Pociones y se prepara para ello, este año hace sus EXTASIS. Evidentemente, él sacó Extraordinario sin apenas esforzarse. Le pedí que te diera clases particulares y, bueno, no quiso.
—¿Y esa es tu brillante solución? —Se burló Scorpius, dejando a un lado el pergamino y retomando su desayuno.
—Tuve que buscar una segunda opción, aunque no creo que te guste. Yo no soy mala en Pociones y tengo cierta facilidad también, le he pedido a James que si no quiere darte clases a ti, me las diera a mí. Clases de su nivel, para poder ayudarte. Me he pasado todo el verano estudiando.
Scorpius se atragantó con los huevos revueltos, que escupió en la mesa, y se echó un generoso trago de agua. Miró a Lily atónito, sin creerse lo que la muchacha decía. Le habría parecido tierno el hecho de que la Gryffindor se sonrojara y bajara la vista al plato sino siguiera enfadado con ella.
—Estás de broma, ¿no? ¿Qué me vas a enseñar tú, Potter? Si eres un año menor que yo… No seas ridícula.
—¿Qué parte de me he pasado todo el verano estudiando con James no entiendes? —Dijo Lily levantando la vista y recuperando ese pose tan vanidoso que la caracterizaba—. Mira, Malfoy, sé que no me soportas y que tienes motivos. Lo siento muchísimo, yo no pensé lo que hice. Fue un gran error y he encontrado esta solución, déjame ayudarte, por favor. Si te tengo que estar pidiendo perdón todos los días, lo haré porque sé la cagué mucho.
Scorpius alzó una ceja de incredulidad, perplejo por las palabras que salían de la boca de la pelirroja. Malfoy sabía que ella era una mimada y creída, pero al igual que sabía de su vanidad; conocía, aunque nunca lo dijera en voz alta, que era una persona extremadamente sincera a la que el orgullo no le impedía pedir disculpas cuando erraba. Ese mismo orgullo que a él le tomaba la razón y le disuadía, en muchos casos, de dar su brazo a torcer.
—Malfoy, solo tienes que rellenar ese documento y entregárselo a la directora —dijo Lily, al ver en su rostro que comenzaba a tener en cuenta su plan—. Podemos comenzar con las clases dos veces a la semana, si piensas que son inútiles; me lo dices y lo dejamos, pero dame la oportunidad, por favor.
Malfoy leyó el documento por encima y, finalmente, miró a Lily asintiendo. Esta, eufórica, pegó un salto hasta ponerse de pie y chocó las manos de una forma ridícula, en opinión de Scorpius; como si hubiera ganado alguna competición importante. Tras quedar el miércoles por la tarde, Potter se marchó hasta su mesa, dejando a Scorpius con una sensación de tranquilidad que antes no tenía.
—Joder, cómo se ha puesto Potter —comentó su compañero de dormitorio, Jacob Graham, que observaba con poco disimulo y mucha desvergüenza el trasero de la pelirroja mientras se alejaba.
Scorpius lo miró de reojo con evidente asco y decidió hacer caso omiso de su estúpido comentario. Graham no tenía clase ninguna ni la iba a tener.
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—¿Quién era, Louis? ¡Venga, dímelo!
Lily intentaba andar todo lo deprisa que podía para mantenerse a la altura de su primo y poder descubrir en su perfil con quién se había estado dando el lote. Cuando Lily los descubrió, solo pudo ver una melena oscura que se perdía al doblar la esquina y su primo no parecía por la labor de decirle quién era la misteriosa chica.
—Eres una pesada, Lily —dijo Louis, acalorado.
—¿Es tu novia? ¿La vas a presentar a la familia? ¿La conozco?
—Huevas de sirena.
—¿Eso qué es?
—La contraseña, tonta.
El retrato de la señora gorda se echó hacia un lado permitiéndoles el acceso a la sala común donde se encontraron con James, Roxanne y Rose, cerca de la chimenea.
—He pillado a Louis besándose con una chica.
—Eso no es nuevo —comentó Roxanne en tono mordaz—. ¿Quién era esta vez?
—No me lo quiere decir.
Louis se dejó caer en el sofá y estiró los brazos detrás de la nuca, regalándoles una amplia sonrisa de dientes blancos y perfectos.
—Eso sí es novedad —comentó James—. Tus escarceos amorosos siempre son de dominio público, ¿quién era?
—Sois la familia más chismosa de todo Reino Unido —comentó Louis.
—Hablando de chismosos, ¿sabéis quiénes son novios? —Preguntó Roxanne en tono misterioso.
Rose, de repente, se tensó de los pies a la cabeza y aunque intentó fingir que leía, Lily se percató de que sus pupilas se mantenían inamovibles y apenas parpadeaba. Solo cuando Roxanne volvió a hablar, pareció relajarse.
—Christian Blunt y Mary Montgomery, aunque tú debías de saberlo ya, Lily, puesto que es tu mejor amiga —dijo Roxanne.
Pero Lily no lo sabía porque Mary, a la que consideraba su gran amiga del alma, no había decidido compartirlo con ella. Se quedó un rato silenciosa, encajando la noticia, y un poco dolida por tener que enterarse de esa forma. Luego, la imagen de Roxanne apareció clara y nítida en frente de ella, como esperando una respuesta. Lily solo pudo asentir y subir a su habitación con la excusa de que tenía que recoger un libro.
Allí se encontró a su amiga, con el pelo tapándole parte de la cara, y un libro entre las manos. Le sonrió al verla y continuó con su lectura, como si no tuviera nada que decirle. Lily se sintió un poco enfada por su actuación, porque las amigas se lo contaban todo y ella lo habría hecho si tuviera un novio o algún chico que le gustara.
—Me he enterado de que sales con Christian —dijo finalmente Lily, cansada de fingir normalidad.
Mary dejó el libro sobre el colchón, se llevó un mechón de cabello tras la oreja y se humedeció los labios. No necesitó más que un vistazo para comprobar que Lily estaba dolida por haberse tenido que enterar por terceros.
—Me duele que no confiaras en mí para contármelo cuando somos amigas —dijo Lily, al ver que a su amiga le costaba arrancar—. Y como recompensa, solo espero que me cuentes todo con lujo de detalles. ¡Qué emoción! ¡Tienes novio!
Potter la abrazó y Mary sonrió por tener una amiga como Lily, que pocas veces conseguía guardar y alimentar el rencor ya que su carácter cariñoso y, por qué no decirlo, un poco entrometido, se lo impedían.
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Scorpius tuvo que reconocer, a regañadientes, que las clases con Lily estaban resultando más productivas de lo que jamás habría imaginado. Así que, finalmente, aceptó su ayuda y volvieron a hablarse, aunque las bromas quedaron en el pasado y ahora mantenían un trato bastante cordial. A Scorpius se le hizo raro poder hablar con ella sin tener que recurrir a maldiciones y hechizos, aunque no podía evitar caer en ciertos pequeños piques que solo quedaban en palabras.
Le sorprendió descubrir en Lily toda una paleta de colores. Si bien era cierto que la muchacha era vanidosa y un poco mimada, tenía otras cualidades en las que nunca se había fijado y que ahora eran bastante visibles. Aparte de ser muy sincera, era una chica bastante honrada a la que parecía no costarle nada tragarse el orgullo y reconocer sus errores. Aparte, Scorpius se descubrió observándola en más de una ocasión y se percató de que era una chica que se entregaba por completo a su familia y amigos. No pecaba de rencorosa —pese a que Scorpius sabía en su fuero interno, aunque nunca lo hubiera reconocido, que él debía haberle pedido perdón en más de una ocasión y no lo hacía, tanto por el orgullo como por el rencor— y era muy transparente, no tenía segundas caras. Lily era lo que sus ojos veían.
Lily, por su parte, también se sorprendió cuando comenzaron sus clases con Scorpius y pudieron hablar con normalidad. Era la primera vez que lo hacían y ella lo había comenzado a considerar un amigo, aunque esa idea no le gustaba del todo y no sabía por qué. Scorpius, tal como ya había intuido, era tremendamente orgulloso y, a menudo, construía muros infranqueables hacia su interior con su característica altanería y humor hiriente. Poco a poco, Lily descubrió en él un muchacho responsable, al que le gustaba superarse con cada reto, inteligente y capaz de sentir hacia los demás, cosa que antes desconocía.
Esa tarde acababan pronto sus clases particulares. Faltaban unos días para que dieran las vacaciones de Pascua y ambos se sentían más relajados ante la proximidad de unos días de relax, aunque Lily sabía que con la boda de su prima, no tendría mucho descanso.
—Supongo que nos vemos después de vacaciones, Malfoy.
Scorpius se pasó la mano por el cabello, alborotándoselo y salió del aula, tras Lily.
—Me echarás de menos, zanahoria. Aunque puede que te lleves una sorpresita.
—¿Qué sorpresita? —Preguntó Lily muy curiosa.
Como toda respuesta, Scorpius le giñó un ojo y se encogió de hombros. Ambos se dirigieron al Gran Comedor, ya que era la hora de la cena y sus estómagos rugían en busca de comida. En el Gran Vestidor, al subir la escalinata de piedras grises, Scorpius se encontró con su compañero de habitación, que parecía esperar a alguien. Por su mirada, Scorpius resopló al saber que se trataba de él. O eso creía.
—¡Hola, Scorpius! —Saludó el muchacho alto y fornido de la túnica de Slytherin, y después, en un gesto estudiado, clavó la mirada en Lily—. No me has presentado a tu amiguita.
Scorpius puso los ojos en blanco. De reojo, observó que Lily se había sonrojado y, de repente, parecía nerviosa; y Malfoy no entendía por qué. Algo en su estómago se movió con furia y quiso burlarse de ella, porque parecía una pava.
—Es Lily Potter, pero eso ya lo sabes —añadió Scorpius con mezquindad.
—Por supuesto, pero no había tenido el placer de ser presentado —dijo el muchacho, tomando la mano de Lily y besándola. Scorpius supo en ese momento que quería vomitar—. Soy Jacob Graham.
—Sí, este es Graham —intervino Scorpius con una sonrisa cínica bailando en su rostro—. Y sus hermanos son Pony y Arcoíris.
Scorpius ni se detuvo a ver la reacción de los presentes por sus palabras. Le resultaban patéticos y burdos los intentos del estúpido y fanfarrón de Graham por intentar ligar. El hecho de pensar que a Lily le hubiera podido agradar una persona tan insípida le cerró el apetito y le puso de mal humor. No prestó atención a la charla de Damien y Dayana, que parecían discutir sobre algunas maniobras de quidditch, cuando tomó asiento en la mesa de Slytherin. Solo la imagen de Jacob Graham rodeado de dragones carnívoros consiguió alegrarlo un poco.
Al final se tranquilizó pensando que a él le importaba un knut si Graham intentaba ligarse a Potter y, mucho menos, si esta se mostraba complaciente ante sus cursiladas. No era su culpa que careciera de gusto y eso no le iba a quitar el hambre.
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Ese día Lily se sentía radiante por varios motivos. Primero, por fin era la boda de Teddy y Victorie, algo que estaba deseando pues consideraba que estaban hechos el uno para el otro. Toda su familia, al completo, se reunió en la majestuosa carpa que habían montado al lado de La Madriguera para festejar tan magna unión. El ambiente estaba precioso en esa tarde noche donde el cielo brillaba cubierto de estrellas, la música de la orquesta sonaba inflamando los corazones de los invitados y las ciento de farolillos mágicamente encantadas flotaban creando una atmósfera acogedora y de tonos espectaculares.
Aparte, esa era la ocasión perfecta para lucir su magnífico atuendo. El vestido, de tono dorado, con pequeños brillos, se ceñía a su cuerpo, marcando sus gráciles curvas, a la perfección. El escote era el adecuado para ser sensual, pero no vulgar. La cola del vestido no era demasiado larga, pero le permitía distinguirse sobre otra decena de vestidos más corrientes. Sus hombros descubiertos resaltaban bajo un mar de tirabuzones rojos, y su rostro lucía radiante. Lily Potter se sentía más preciosa que nunca y nada podría arruinar esa noche que pintaba maravillosa, rodeada de familiares y amigos.
O eso creía hasta que una voz enturbió sus pensamientos. Giró sobre sus tacones más rápido que vuela la snitch a través del cielo y fijó sus ojos castaños en las dos figuras que acaban de entrar a la carpa. Una de ellas, ataviada con una túnica negra de bordes grises, que hacían juego con sus ojos, y resaltaban su porte masculino, llamó toda su atención.
Lily no se dio cuenta cuando la figura que acompañaba al atractivo joven, una mujer mayor de cabellera platina y mirada fría, quedó en la entrada, entablando lo que parecía una conversación con la abuela de Teddy. Segundos después de su entrada, Scorpius Malfoy estaba a su lado ofreciéndole una copa de champagne.
—Anda, no seas grosera. Tómala, por los novios.
—¿Qué haces tú aquí? —Chilló Lily, alarmada por su presencia.
—Buenas noches a ti también. Te dije que tenía una sorpresita, también mi familia ha recibido una invitación de la boda. La novia es… exquisita.
Lily siguió la mirada del rubio y se encontró con su prima Victoire, que estaba totalmente bella con un vestido blanco perlado que parecía hecho justo a su medida. Su pelo estaba recogido en una cascada dorada que caía sobre su espalda descubierta, y todos los invitados no podían menos que fijar la vista en chica tan agraciada.
—¿Cómo que te han invitado? ¿A ti? —Insistió Lily, que no lograba encontrar un porqué a tal hecho.
—Cierra esa boca de perplejidad, Potter; no te queda bien y es una pena porque hoy estás preciosa —Scorpius se detuvo al ver los efectos que sus palabras ocasionaban. Al comprobar que Lily enrojecía como el color de su cabello, se sintió muy satisfecho—. Estoy emparentado, de forma lejana, con el novio. ¿Es que no lo sabías? Su abuela y la mía son hermanas, Black de nacimiento. Creo que puedo decir, sin miedo a equivocarme, que somos los únicos descendientes de esa familia.
La gente a su alrededor comenzó a moverse en busca de pareja, al anunciarse que la orquesta tocaría un vals en los próximos minutos. Lily, observando a Andromeda Tonks, cayó en la cuenta de que la mujer que acompañaba a Scorpius debía ser su abuela.
—El último Black fue Sirius, el padrino de mi padre —le informó Lily, haciendo memoria de todo lo que había escuchado de la familia Black—. Por eso mi hermano mayor se llama James Sirius.
Arthur Weasley, ataviado con una túnica morada, dejó su copa sobre el banquete de mantel blanco que cruzaba toda la carpa de punta a punta y con un movimiento de varita retiró todas las sillas hacia los laterales, para que la pista quedara libre.
—No fue el último —le corrigió Scorpius, quien miraba fijamente a Lily y no se percató del revuelo de su alrededor—. Quizá sí el que llevara el apellido, pero la abuela de Edward y mi abuela llevan la misma sangre que llevó el padrino de tu padre. Y eso hace que yo tenga la sangre de algunas de las familias mágicas más importantes: los Black, los Greengrass y los Malfoy.
Lily dejó su copa sobre la mesita más próxima y puso los brazos en jarra, en un gesto típico de su abuela Molly, que ella había adquirido con la naturalidad que se imitan las maneras de la gente con la que crecemos.
—¿Y te sientes orgulloso por tu sangre?
—Por supuesto, ¿acaso tú no? Eres Potter y Weasley, y sé que te encanta serlo; pero el estúpido legado de esa guerra que desconocimos sigue vivo, más hipócrita de lo que te piensas.
—No hay nada de hipócrita —le reprochó Lily.
—Sí lo hay. Si tú te sientes orgullosa de tu familia, está bien y es correcto; nadie se atreverá a tacharte de prejuiciosa. Si yo digo que me siento orgulloso, y así me siento, pronto se alzarán estúpidas voces acusándome de ser un digno heredero de la ideología de los mortífagos. Dime, Potter, ¿qué hay de malo en que aprecie pertenecer a una familia de magos? No tengo nada en contra de los nacidos de muggles y los muggles, y ellos, igual que tú, tienen toda la libertad para sentirse orgullosos de su familia. Yo, según esta sociedad hipócrita, no.
Lily quedó en silencio observando el rostro de Scorpius y siguiendo el movimiento de sus labios mientras hablaba. Iba a hablar, cuando de repente todo a su alrededor enmudeció y los integrantes de la orquesta anunciaron que el tiempo para buscar pareja para el baile se había agotado. Inmediatamente, comenzó a sonar una melodía cadenciosa, que envolvió todo el ambiente en una atmosfera mágica.
—¿Baile? —Repitió Lily, asustada al verse en medio de la pista rodeada de parejas que comenzaban a dar los primeros pasos al unísono, sin capacidad para huir hacia los extremos.
—El oído te funciona correctamente, Potter, espero que la coordinación también. ¿Bailas?
Lily no tuvo tiempo para negarse, porque cuando reaccionó, Scorpius la había tomado de una mano mientras la otra descansaba al final de su espalda. Lily sintió una punzada de calor en la parte donde la palma de Malfoy tocaba su piel, gracias al escote trasero del vestido. Ella clavó sus ojos en los de Scorpius, sorprendida por encontrarse tan cerca de él, bailando como si fueran una pareja.
Una pareja…
Lily lo pisó sin querer cuando esta idea asaltó su mente, bombardeando su razón y tirándola por la ventana de una patada en el culo.
—Potter, pareces un pato mareado —le recriminó Scorpius, con una sonrisa que ya no le parecía ni desagradable.
¡Se había vuelto encantadora! Lily se atoró aún más, pero mantuvo el temple mientras en su fuero interior rezaba porque la melodía acabara y así alejarse de Malfoy. Ahora, muchas cosas y reacciones comenzaron a encajar en su mente.
¿Por qué le afectaban más los comentarios de Malfoy?
¿Por qué se sentía morir cuando este la despreciaba?
¿Por qué se preocupaba por él pese a todas sus hostilidades?
¿Por qué le molestaba que coqueteara con otras chicas?
Porque, pese a no saber el momento exacto en que todo comenzó, ella había comenzado a sentir por Scorpius Malfoy. ¿Acaso eso era amor? Lo dudaba, ¿cómo iba a estar enamorada y no saberlo? Era tan estúpido que podría echarse a reír por semejante idea. Sin embargo, no lo hizo. Se sentía temblar y notó que todo su cuerpo se tensaba cuando puso nombre a sus sentimientos. Lentamente, alzó la vista y se dio cuenta de que Scorpius la observaba con curiosidad. ¿Acaso se le notaría? No pudo evitar sonrojarse y en cuanto la música se detuvo, se alejó de Scorpius como si fuera un ascua que le quemaba, y salió a la intemperie, abrumada por todos sus descubrimientos y sin saber cómo proceder. Al descubrirse una inexperta, solo consiguió ponerse más nerviosa.
El hecho de que Scorpius, a saber por qué misteriosa razón, hubiera decidido seguirla hasta las afueras de la carpa, fue algo que la inquietó aún más. Solo estaban ellos dos y el ruido lejano de los invitados que festejaban en la carpa. Lily comenzó a sentirse la mujer más estúpida del mundo. En su vida había experimentado tal estado de inseguridad y al no saber cómo reaccionar, decidió que lo mejor y lo más sensato sería actuar como siempre lo había hecho.
—¿Qué quieres, Malfoy?
—¿Por qué has salido como un abanto? ¿Es que has bebido de más, Potter?
—Puede que sí, ya soy mayorcita y puedo beber. ¿Qué te importa? —Reconoció Lily, centrando su mirada en los geranios que crecían al pie del árbol que tenía a su lado.
—Puede que me importe —comentó Scorpius, acortando la distancia—. Puede que quiera aprovecharme de ti.
Lily solo pudo abrir los ojos sorprendida, cuando sintió el contacto de la mano de Malfoy bajo su mentón y los labios de este sobre los suyos. Quemaban y ardían. Lily se sintió nerviosa, jamás había besado a un chico; y era Malfoy el que ahora aprisionaba sus labios y buscaba el paso hacia el interior de su boca. Lily sintió que debía dejarse llevar, ya que no sabía besar; y al abrir ligeramente su boca, invitó a la lengua de Scorpius para que explorara en su interior. El joven Slytherin profundizó el beso y Lily sintió que se excitaba ante el contacto del rubio, pero ni la vergüenza ni la inexperiencia evitaron que saboreara el momento.
Finalmente, Scorpius, muy lentamente, y robando de vez en cuando algún beso en forma de bocado hambriento, rompió el contacto para mirarla fijamente a los ojos. Fue entonces cuando Lily se sintió terriblemente tonta. ¿Y si Scorpius había notado que no sabía besar? ¿Y si se burlaba de ella, como de costumbre? Tenía la certeza de que esa vez, tras descubrir el significado de sus sentimientos, no podría soportar una mofa más. Tenía que actuar antes de que él lo hiciera y se riera de ella.
—Por favor, Scorpius, no me digas que es la primera vez que besas. Ha sido un poco torpe por tu parte…
Lily agradeció a todos los dioses habidos y por haber que fuera de noche, pues la oscuridad era su gran aliada en ese momento donde tenía que mentir. Sabía que sus palabras no eran firmes como otras veces y que si hubiera luz, sus mejillas arreboladas la delatarían al segundo.
—No me lo puedo creer, Potter —dijo Scorpius en un tono divertido.
Lily se puso aún más nerviosa y se acarició el vestido, como si le quitara alguna motita de polvo. No entendía muy bien el comentario de Scorpius, pero sabía que seguirle sería su error. Lo mejor sería volver a la carpa con toda la dignidad que le quedara y esperar a que la noche pasara. Sin duda, eso sería lo mejor.
—¿Me estás haciendo la táctica del pedo? —Continuó Malfoy, quien ya reía sin ningún disimulo—. No me lo puedo creer… ¿Te crees que no la conozco? Joder, Lily, eres tremendamente divertida. Si besabas como una niña de cuatro años y me vienes con estas… ¡Me parto!
Lily maldijo a su prima Lucy y a la maldita y estúpida táctica del pedo. Estaba claro que volvería a la carpa sin un ápice de dignidad. Ya lo había asumido, así que lo mejor era cortar por lo sano. Terriblemente avergonzada y dolida por la risa de Malfoy, pasó a su lado y volvió junto a su familia.
Malfoy era un estúpido por besarla y reírse de ella.
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Cuando Scorpius regresó al colegio, tras las vacaciones, no tenía ganas de reencontrarse con Lily Potter. Era cierto que la relación que ambos mantenían había pasado de la clara animadversión a un trato afable, pero todo esto parecía haberse esfumado cuando él, a saber por qué estúpida razón, se atrevió a dar un paso hacia delante. Lily no reaccionó como había previsto, aunque en un principio así lo creyera. La falta de interés que encontró en ella fue todo lo que necesitó para comenzar una relación con Michelle Fairfax, alumna de Hufflepuff de belleza más que incuestionable.
Ese tarde, tenía clases con Potter y aunque no le apetecía verla en absoluto, no anuló la cita. Lily sospecharía si ahora comenzara a rehuirla y actuar de forma extraña. Scorpius se detuvo de camino al aula donde había quedado por dos motivos. Primero, al descubrirse pensando que actuaría de forma extraña, una alarma se encendió en el interior de su mente. ¿Por qué iba a actuar de forma extraña? Potter no era nada para él y estaba claro que le gustaba la dulce Michelle, no tenía por qué pensar y distraerse con semejantes tonterías. Y segundo, pero no menos importante, acababa de escuchar un ruido, cuanto menos extraño, que procedía de detrás de un conjunto de armaduras muy ostentoso y corpulento.
Intrigado por el sonido, Malfoy no pudo evitar acercarse a las figuras de hojalata. El pasillo estaba ya bastante oscuro por la caída de la noche y eso le impidió, al principio, reconocer las dos figuras entrelazadas que parecían estar pasándoselo de lujo. La situación le pareció divertida y decidió que como buen prefecto no podía permitir semejante comportamiento en pleno pasillo del castillo. De esta forma, los apuntó con su varita y susurró "lumos" para su propio espanto.
Allí estaba Louis Weasley, con los pantalones por los tobillos y el pelo rubio extremadamente revuelto.
Y también estaba su prima, Dayana Nott, con sus piernas entrelazadas alrededor de la cintura de Weasley y la camisa…
Scorpius retiró la vista porque no quería saber cómo estaba la camisa. Definitivamente, eso no era de su incumbencia. No se detuvo a escuchar las excusas baratas de los amantes pillados in fraganti, tenía la seguridad de que esa imagen le acompañaría hasta el final de sus días. Lamentó que su prima no tuviera un sentido de la intimidad más desarrollado y por mucho que le dio vueltas, no comprendió que hacía precisamente con un Weasley.
Entró al aula, donde aún no había llegado Lily, y se dispuso a sacar el material necesario.
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—¿No lo sabías? Lo comenta todo el colegio —dijo Mary, que acompañaba a Lily hasta el aula donde había quedado con Scorpius.
—¿Estás segura que es con Michelle Fairfax?
—Sí, yo los he visto juntos. ¿Estás bien?
—¡Lo odio! —Graznó Lily, acelerando el paso—. No sé por qué me besa y a los tres días está con esa que no es tan bonita como dicen. Aparte, es un poco lerda. Tú lo sabes, coincidimos con ella en clase de Encantamientos y Herbología.
Mary solo asintió sin saber qué decir. Ya conocía los sentimientos de su amiga, pues esta, nada más venir de sus vacaciones, le había contado con todo lujo de detalles todas las nuevas novedades, incluido el descubrimiento de que le gustaba Malfoy. Lily se sentía más estúpida que nunca y el hecho de tener que ver la cara de Scorpius y pasar una hora junto a él se le antojaba una tortura.
—Si te besó y a la semana está con otra, quizá sea alguna de sus bromitas. Olvídalo, no te merece.
—Pero no me lo saco de la cabeza —murmuró Lily con fastidio—. No sé qué he visto en él, te lo juro que no lo sé; pero es que sea lo que sea, no lo he visto en nadie más.
—Tienes un problema, amiga —comentó Mary al detenerse en una puerta grande de madera oscura—. Diría que estás enamorada.
Lily la observó con cara de cordero degollado, pero no tuvo ninguna réplica a las sabias palabras de su mejor amiga.
—Mary, nos vemos a la hora de la cena.
Lily se despidió, tomó unas bocanadas de aire profundas y se adentró en el aula donde ya lo esperaba Malfoy como si no hubiera roto un plato. La clase pasó entre un silencio tenso y una carencia de palabras bastante inusual. Lily no hacía otra cosa más que mirar el reloj de arena que reposaba sobre la mesa del profesor, mientras seguía la elaboración de la poción y evitaba cualquier contacto o mirar a Malfoy.
—Tienes que echar más plumas de Jobberknoll, así —indicó Lily, cansada de tenerlo tan cerca—. Creo que ya está bien por hoy.
Potter se puso de pie, recogió su libro y su balanza y cuando se dispuso a recoger la mochila que descansaba al pie de la mesa, Scorpius la interrumpió.
—¿Qué te pasa hoy, Potter? Podría haberte hecho una poción relajante…
—No me pasa nada —mintió Lily e inmediatamente, como cada vez que mentía, se sonrojó—. Bueno, puede que sí.
—¿Es conmigo?
—Qué agudeza deduciendo —comentó con sorna la Gryffindor—. ¿Sabes que eres muy orgulloso? Yo siempre te he pedido perdón cuando me he pasado de la raya, y me has tratado siempre peor que a un perro. Tú también me has hecho cosas hirientes y jamás ha salido de tus labios una palabra que indicara que lo sientes. Lo vuelves a hacer y sigues actuando como nada. ¿Soy yo la niñata e inmadura, Malfoy? Porque todo apunta a que yo he crecido y tú no.
—¿Es por lo del beso? —Preguntó Scorpius poniéndose en pie.
Lily bufó cabreada. Malfoy nunca comprendería su posición, era rematadamente testarudo y orgulloso y para él, todo lo que hacía era lo correcto. Lily se sentía herida por el beso y que no hubiera significado nada para él, que una vez más se burlara de ella cuando más le dolía; pero no era eso todo. El hecho de que hubiera pasado lo del beso le hizo darse cuenta de que Scorpius, en esos cinco años que lo conocía, nunca pedía perdón. Seguramente, si ella hubiera significado algo para él o hubiera tenido un mínimo de aprecio, lo hubiera hecho. Y esa simple certeza era lo suficientemente dolorosa como para quitarle el sueño por las noches y la alegría durante el día.
—Es por lo que te dé la gana, Malfoy —dijo Lily y abandonó el aula como un huracán.
Y sí, aquí, sin más, corto el quinto año de Lily. Queda un capítulo normal (ya que al siguiente es el último año de Scorpius en Hogwarts) y un epílogo más corto para tener en cuenta una cosa de la petición que me hizo L. Nott , mi amiga invisible, que está más invisible que nunca xDD Sí, chiste malo.
Como siempre, valoro mucho vuestros reviews e impresiones, así que estaré encantada de saber cómo habéis visto a los personajes y si notáis menos insoportable a Lily (aunque siga siendo ella, porque le he dado ese carácter).
Muchas gracias por leer.
Venetrix Black.
