Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo del harryverso pertenecen a Rowling.

Este fic participa en el Amigo Invisible Veraniego (2013) del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Se lo dedico con todo mi cariño a L. Nott.

Tal como prometí, aunque algo tarde, subo el sexto y penúltimo capítulo. El otro será mucho más corto.

Gracias a Lenhas, Fiore JW, Nathy22 y Cris Ever por sus reviews.


El comienzo del séptimo año de Scorpius Malfoy fue el más amargo de todos. El hecho de estar en su último curso de Hogwarts, tener unas brillantes notas, haber ganado el año anterior la copa de quidditch con su equipo y tener novia no parecían ser motivos lo suficientemente sólidos para garantizarle la felicidad. Algo fallaba en toda esa suma de logros y circunstancias que no le producían los efectos que debería.

Los meses pasaron rápidamente y aunque seguía manteniendo contacto con Lily, gracias a las clases de Pociones, este cada vez era más distante y frío. A finales de abril, notó un cambio positivo en la actitud de Lily, que le recordaba más a la de antes. Una de esas tardes, la joven pelirroja acudió a la clase ataviada con una camiseta de escote más pronunciado que las que solía llevar.

—¿Piensas provocarme, zanahoria?

—¿Es que no te provoca quien tiene que hacerlo? —Respondió Lily, con una sonrisa radiante—. No es para ti, engreído.

Scorpius jugó con el polvo de hada y se entretuvo en poner el caldero en el fuego, debatiéndose entre si quería saber o prefería mantenerse en la ignorancia. Pero, finalmente, la curiosidad pudo más.

—¿Has quedado con alguien?

—Sí, y lo conoces —respondió Lily que definitivamente estaba de un humor envidiable—. Es Jacob Graham.

Esta vez no pudo fingir indiferencia. Odiaba al estúpido y fanfarrón de Graham y no se fiaba de él. Miró a Lily atónito y se preguntó qué podría ver la chica en él, más allá de unos músculos estéticamente feos y una cursilería que rozaba los límites de la vergüenza ajena, propia y de la madre del vecino.

—¿El idiota ese? —Bufó Scorpius con desprecio.

—Está bien bueno, ¿no crees?

Scorpius dejó caer las púas de erizo sobre la mesa tras escuchar semejante comentario. No podía creer que estuviera hablando con Potter sobre Graham y su supuesto, pero dudoso, atractivo. No sabía si compadecerse por la pobre muchacha, ya que mostraba claras deficiencias en cuanto a gusto se refería, o salir y hechizar a Graham por ser tan engatusador. E imbécil, que todo había que decirlo.

—Bien bueno para cualquier invidente —matizó Scorpius con asco.

—Y para cualquier chica a la que le preguntes —refutó Lily—. No sé por qué te molesta tanto, no eres el ombligo del mundo.

—No pretendo ser el ombligo del mundo.

—Pues lo parece.

—Lo dirás tú.

—Será por algo.

—Paso de la clase, vete con tu querido Jac y le enseñas tu escote.

—Con mucho gusto —dijo Lily, poniéndose en pie y marchándose.

Scorpius pegó un puñetazo a la mesa, produciéndose daño en el puño y maldijo a Merlín y toda su estirpe. Estaba actuando como un imberbe inmaduro e inseguro, incapaz de reconocer en voz alta lo que siente como si eso supusiera rebajarse. Se sentía mal consigo mismo por su incapacidad para manejar la situación. Solo pensar en que las grasientas manos de Graham acariciarían los pechos de Lily le ponía de los nervios… Como si tuviera algún motivo para sentirse como un macho en pleno celo cuando él estaba siendo tan hipócrita.

Salía con una chica a la que, por mucho que intentara engañarse a sí mismo, no quería ni podría querer. En varias ocasiones se había pasado con las bromas con Lily y jamás había estimado oportuno pedirle perdón, su orgullo se lo impedía y mientras la criticaba de niñata e inmadura, él demostraba ser el peor de todos.

Hipócrita por mentir a los demás y estar con alguien a quien no quería.

Hipócrita por actuar como criticaba.

Hipócrita por engañarse a sí mismo.

En definitiva, Scorpius Malfoy se sentía jodido e hipócrita. Y viceversa.

oOoOoOo

Desde que puso un pie fuera del castillo, en esa noche gélida y llena de estrellas, Lily sintió que se equivocaba. Sin embargo, se frotó las manos para darles calor y se colocó el gorro que su abuela Molly le había regalado por Navidad. Anduvo unos minutos cuando discernió la figura alta y fuerte de Graham, cerca del campo de quidditch, donde solían quedar en sus encuentros nocturnos. Lily aceleró el paso, deseosa de que el frío desapareciera con el movimiento de su cuerpo.

¿Qué esperaba de Graham? Lily albergaba unas esperanzas infinitas en que el chico empezara a interesarle, pero Jacob se lo ponía realmente difícil en muchas ocasiones. Cuando llegó a su altura, el joven Slytherin la recibió con un intento de beso que Lily pudo eludir con la destreza que la caracterizaba como buscadora de quidditch. Graham se limitó a sonreír, mostrando una hilera de dientes blanquísimos, como si le quitara importancia al hecho de que Lily siempre le retirara la cara. Su sonrisa, acompañada del gesto de sus cejas, indicada que "ya caerás, ya caerás…".

—Hace frío, creo que no deberíamos quedar más aquí —comenzó Lily, frotándose los brazos con saña.

—Ven que te abrace, princesa.

Lily sintió un escalofrío, que poco tenía que ver con las bajas temperaturas que se respiraban fuera del castillo, que la hizo retroceder dos pasos y cabecear, negando tan caballerosa sugerencia. Jacob volvió a sonreír con el clásico gesto de "ya irá el garbanzo a la cuchara, ya irá…". Sin embargo, no perdió el aplomo y, mirando al cielo, comentó con voz grave y tono pomposo:

—Qué suerte que estemos solos, debe estar escrito en las estrellas.

—Estamos solos porque hemos quedado aquí a estas horas —dijo Lily, bastante perpleja por las frases que solía soltar su acompañante.

Esta vez, Graham se sonrojó, aunque no fue algo muy evidente gracias a la intimidad que ofrecía el manto oscuro de la noche.

—Claro, claro —carraspeó el joven, intentando volver a tomar las riendas de la cita—. Hoy te ves tan preciosa que la Luna te envidia porque le has quitado su brillo.

Se escuchó el ulular de alguna lechuza, en la lejanía; y después el aullido del perro de Hagrid. Lily se humedeció los labios en busca de algún tema de conversación que cortara por lo sano los intentos, un poco ridículos, de Graham por cortejarla. Ya había pensado qué pregunta formularle, cuando el Slytherin estimó oportuno obsequiarla con otra frase.

—Gracias por venir a verme, Lily. Sentía que me asfixiaba sin respirar tu aroma.

Lily sentía que se asfixiaba y supuso que aquel sentimiento que sentía era lo que la gente llamaba "vergüenza ajena". Cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro y pensó si todos los chicos serían iguales que Graham. Inmediatamente, una vocecilla en su mente le dijo "no" y apareció la imagen de Scorpius Malfoy. Cabeceó varias veces, como si así pudiera eliminar su rostro, y se fijó en Jacob, que la observaba con atención, como si fuera su turno para decir frases rimbombantes y carentes de significado.

—¿Qué tal tus clases hoy?

Fue lo único que se le ocurrió decir, acompañando la pregunta con una sonrisa amable. Graham, al principio, pareció un poco decepcionado; pero después sus ojos brillaron como queriendo decir "nadie se resiste al acoso y derribo" y pasó los siguientes veinte minutos hablando sobre su habilidad en Encantamientos, donde el mismo profesor parecía haberle felicitado y hasta pedirle algunos consejos.

Finalmente, Lily dijo que tenía sueño y ambos volvieron al colegio. Cuando se despidieron, al subir la gran escalera, Graham intentó robarle otro beso, aunque con nulo resultado. Lily le dijo adiós, bastante aliviada, y se dirigió a su sala común. Intentó recorrer los pasillos con bastante sigilo, puesto que no estaba permitido deambular a esas horas de la noche por los corredores del castillo. De poco le sirvió sus intentos por no ser vista, cuando chocó con una figura y su corazón dio un brinco como si quisiera escaparse de su pecho.

—¡Lily! ¿Qué haces aquí?

La joven se llevó la mano al pecho y respiró tranquila cuando reconoció a su prima Rose. Esa noche debía estar haciendo su ronda de prefecta. La alumbraba con la punta de su varita y parecía sorprendida de encontrársela en mitad de la nada.

—Graham —dijo Lily como toda respuesta—. ¡Me has asustado! Menos mal que eras tú.

—Ve por el tercer pasillo, es más largo, pero no había ningún prefecto de otra casa ahí —le indicó Rose en un murmullo—. Ve con cuidado, Lily.

—¡Muchas gracias!

Lily decidió seguir las indicaciones de su prima, ya que se arriesgaba a ser sancionada y perder algunos puntos para su casa. ¡Y todo por Graham! Cada día que pasaba, estaba más segura de que nunca llegaría a "enamorarse" de él. Y pese a todo, seguía intentando conocerlo mejor. Quizá así pudiera descubrir otras facetas que la hechizaran. Quizá así podría olvidar a Scorpius, que se pavoneaba por el colegio con Fairfax sin importarle el hecho de que le hubiera robado el primer beso de su vida. Sin importarle nada.

—¡Potter! ¿Qué haces aquí?

Lily se detuvo bruscamente, con un pie sostenido en el aire sobre el primer escalón. Se mantuvo varios segundos en esa posición, paralizada al reconocer al propietario de esa voz. Poco a poco, tomó aire y decidió darse la vuelta con toda la dignidad que le fuera posible. Desde que vio a Rose, temió que Scorpius, prefecto también, estuviera de ronda esa noche. Todos sus temores se confirmaron al mirar sus ojos grises y perspicaces observarla con una sonrisa cínica pintada en su rostro.

—¿No dices nada? ¿Quieres que llame al conserje o simplemente te quito puntos? Quizá diez, aunque si me dices por qué estás fuera, puede que sea indulgente.

Las mejillas de Lily, hasta entonces pálidas por el frío, se sonrojaron al notar el tono jocoso de la voz de Scorpius. No quería darle cuentas a él, aunque algo en su interior le impulsaba a gritarle en su presuntuosa cara que había quedado con un chico. Sin embargo, sabía que a él le daría igual y simplemente serviría para ponerla más en ridículo de lo que ya se sentía.

—Pues quítame los puntos y déjame en paz —le retó Lily con gesto decidido.

Scorpius dibujó una media sonrisa y acortó la distancia, divertido por las palabras de la Gryffindor. Quizá solo buscara, como en los viejos tiempos, sacarla de quicio o quizá su objetivo ahora sería robar minutos al tiempo para tenerla cerca. Sea cuáles fueran sus razones, no quería que se marchara tan pronto.

—Venga, Potter. Eres una buena alumna, no me hagas llamar al conserje, porque lo haré. ¿Dónde estabas?

—Qué chismoso te has vuelto, ¿no? ¿Tanto quieres saberlo? —Inquirió Lily impulsada por una fuerza desconocida y acortando el paso—. Estaba con Graham, pasando un buen rato.

Scorpius, sin darse cuenta, se tensó de los pies a la cabeza. Apretó la mandíbula con fuerza, sus ojos se oscurecieron y sus hombros quedaron como petrificados. Si antes tenía ganas de entablar una conversación con Potter, todas desaparecieron como si le hubieran lanzado un hechizo evanescente. Se dio la vuelta y se llevó la varita al bolsillo de su túnica, como si no hubiera nada interesante en esa zona del pasillo. Lily pareció consternada al ver que Malfoy se alejaba sin dedicarle ni una palabra más y, lo que era más inusual, sin restarle puntos a su casa ni llamar al conserje. Muy ufana y victoriosa, decidió marcharse cuando la voz, bastante fría y seca, de Scorpius la sorprendió antes de perderse por la esquina del pasillo.

—Que sean treinta puntos, Potter.

La joven pelirroja maldijo para sus adentros y emprendió el camino hacia su sala común de muy mal humor.

oOoOoOo

Lily y Mary habían decidido tomarse un descanso, la tarde del jueves, tras su agotadora clase de Transformaciones. Aunque ambas tenían que escribir un trabajo sobre Historia de la Magia, habían decidido que lo harían por la noche y aprovecharían esa tarde primaveral para ponerse al día de todo lo acontecido en Hogwarts. Mary seguía su noviazgo con Christian, quien últimamente mantenía una relación más afable con Lily, viento en popa.

Lily le reconoció que, aunque Graham le parecía atractivo, tenía la impresión de que era un poco estúpido y sobón, pese a que apenas había tenido contacto con él. Si seguía adelante, quedando de vez en cuando con él, solo se debía a que albergaba la esperanza de que algún día le gustara como lo hacía Malfoy…

—Malfoy ya no tiene novia —dijo Mary, fingiendo que miraba mecerse las hojas del árbol que les daba sombra, pero observando su reacción por el rabillo del ojo.

—¿Cómo? ¿Desde cuándo? ¿Por qué no me lo has dicho antes?

—Lo he escuchado esta mañana en el desayuno. Por lo visto, hace ya varias semanas que cortó con Fairfax. ¿Por qué crees que será?

Lily, que siempre había tenido una seguridad en sí misma que rozaba el egocentrismo puro y duro, se sentía minúscula. Sin embargo, el pensamiento de que en realidad Scorpius estuviera interesado en ella apareció en su mente como el rayo se dibuja en el cielo durante una tormenta. Igual que vino, se fue.

—No sé ni tampoco me importa —declaró Lily.

—No sabes mentir, Lily, y cada vez que lo haces es horrible.

—¿De verdad? ¡Odio no saber mentir! Si te soy sincera, a veces pienso que le intereso; otras, estoy segura de que no. Hoy he quedado con Jacob, pienso hablar con él y decirle que no deseo quedar más con él. No sé a dónde voy, en realidad es más tonto que un trol.

Ambas amigas rieron y hablaron largo y tendido. A lo lejos se veía el campo de quidditch, ocupado por pequeñas motitas de alumnos de uniforme verde y plata que entrenaban. Sin quererlo, la mirada de Lily, a menudo, se escapaba hacia el campo como si la invocaran con un hechizo accio. Ese día, quizá por la determinación que había tomado, se sentía como si miles de hormigas cruzaran su cuerpo desde el dedo gordo del pie hasta la cima de la nunca, produciéndole un cosquilleo de nervios y expectación.

Cuando Lily y Mary se disponían a marcharse, ya que debían aprovechar la última hora antes de la cena para ponerse al día con los deberes de Transformaciones o el profesor Fellow las mataría, fueron testigos de una discusión que no pudieron evitar oír.

—¡Picha floja!

—¡Frígida!

—¿No es ese tu primo?

Lily agudizó la vista y, efectivamente, en la orilla del lago estaba Louis Weasley discutiendo con la prima de Malfoy, Nott. Lily se sorprendió al ver a su primo en el colegio, puesto que ya no era alumno de Hogwarts, y no les había avisado de que les haría una visita. Sin embargo, se detuvo alejada, presa de la consternación por verlo junto a Nott, lanzándose tales improperios. No comprendía qué tenían esos dos en común para tener que hablarse de esa forma y estar juntos en la orilla.

—Estás paranoica, tienes muy mala leche, Dayana. Hasta los huevos me tienes. ¡Encima que cancelo mis prácticas para venir a verte y ni aviso a mis primos!

—¡No me digas, Mister Perfecto! Perdona que no me ponga de rodillas y te lama la suela de los zapatos, como todas las demás —chilló la Slytherin.

—Pues si te pusieras más veces de rodillas, quizá nos iría mejor —sentenció Louis, que no sabía que su prima menor estaba presenciando desde la lejanía semejante escena.

—Pues si se te pusiera tiesa tal como fardas, quizá otro gallo cantaría.

Mary estalló en una sonora carcajada, puesto que el hecho de no comprender el porqué de semejante paripé no impedía que disfrutara con la escena. Lily se llevó las manos a la boca, asombrada por todo lo que estaba presenciando y tirando de la manga de su amiga suavemente, le indicó que se acercaran para poder ver y escuchar mejor.

—Pues para que no se me ponga tiesa, anda que no gimes como una perra —le escupió Louis, dándose la vuelta para encararla.

—Soy buena fingiendo —dijo Dayana, cruzándose de brazos y fulminándolo con la mirada.

—Ya me doy cuenta. Me vas a volver loco.

—Tú tienes la culpa, ¿es que te avergüenza que te vean conmigo? Claro, un Weasley tirándose a una Nott… Qué bajo, ¿no?

—¡Deja de decir bobadas! —Le cortó Louis, perdiendo la paciencia como nunca Lily lo había visto—. Eres tú la que siempre me citas a escondidas, ¡por Merlín! No entiendo ni cómo me gustas…

—¡Yo te cito a escondidas porque sé que te incomoda que tus amiguitos y familia sepan que estás conmigo!

—¡Qué mierda me va a incomodar eso! Ven aquí, estúpida, porque paso de discutir más contigo.

Antes de que Dayana pudiera objetar nada más, Louis le estaba comiendo la boca de una forma bastante pasional que alarmó a Lily. Ambos parecían dos volcanes en erupción, tal como se succionaban y metían mano, no importara quiénes los vieran y dónde estuvieran.

—Vaya…

—Vaya —imitó Lily a su amiga—. Será mejor que nos vayamos… Si eso, otro día que parezca menos ocupado lo saludo.

oOoOoOo

Hacía tiempo que Scorpius no recordaba un entrenamiento de quidditch tan agotador. Cuando pisó el suelo y se echó la escoba sobre el hombro, en un característico movimiento propio, le costaba respirar y notaba que su pulso estaba acelerado. El resto de integrantes del equipo tomaron suelo poco después y en sus caras sudorosas se podría ver el mismo cansancio extenuante.

Dayana Nott y Melissa Selwyn, las únicas chicas del equipo, se dirigieron al vestuario de las chicas con el objetivo de quitarse la suciedad de encima. El resto de chicos hicieron un coro mientras recogían las quaffles y bludgers que habían usado durante todo el entrenamiento.

—Pienso meterme en la ducha y no salir hasta después de una hora —afirmó Smith, al que parecía que le costaba moverse más en la tierra que en el aire.

—Eso es que te la vas a cascar, amigo —comentó Jacob Graham con esa gracia sin parangón con la que Dios le había dotado. Es decir, ni puta gracia en opinión de Scorpius. que solo pudo mirarlo con evidente asco.

—¿Y tú qué, eh? —le picó Smith.

—Graham le ha robado la madriguera a un topo aludiendo a que es estrecha y húmeda. Ahí la mete —intervino Damien, a quien tampoco le caía muy bien el presuntuoso de Jacob.

Todos los compañeros rieron, pero eso no impidió que el aplomo de Graham se desplomara. Puso su mejor sonrisa posible, esa en la que se le veían hasta las muelas finales, y se irguió sacando pecho como un pavo real especialmente orgulloso de su plumaje.

—Esta noche he quedado, capullos —dijo el chico revolviéndose el pelo castaño—, con la tía más buenorra del colegio. Potter.

Scorpius sintió cómo si una mano invisible le metiera una snitch por la garganta y esta peleara de forma feroz en su interior en busca de cualquier salida. Pero no había salida, y aunque por fuera todo seguía normal, por dentro la snitch no dejaba de golpear todo su interior de forma dolorosa.

—Y esta noche cae por mucho que se haga la estrecha. Se va a comer toda esta entera —en ese momento Graham se agarró la entrepierna en un gesto bastante vulgar a la par que elocuente—. Espero que no se atragante porque quiero que repita. ¿Os imagináis cómo tiene que gemir? Se me pone dura de solo pensarlo…

Scorpius no aguantó más la perorata del estúpido de Graham. Con un movimiento sigiloso de su varita, que siempre llevaba en el bolsillo trasero del pantalón, provocó que una de las bludger que ya se encontraba sujeta en su respectiva caja, escapara de sus amarres y le golpeara en la entrepierna. Jacob se dobló sobre sí, aulló de dolor y cayó tendido al suelo.

Mientras Nott y Malfoy subían la pequeña colina de color verde intenso y olor fresco, Scorpius, que había escuchado el lugar dónde supuestamente el idiota de Graham se reuniría con Potter, ideaba un plan. Esa vez tenía toda la determinación que necesitaba y le daba igual que saliera mal para sus intereses, pero al menos se encargaría de que las sucias intenciones del paleto de Jacob nunca se ejecutaran.

—Le lanzaste tú la bludger, ¿verdad?

—Evidentemente.

—Estuvo genial —concedió Damien con una sonrisa divertida—. Debes ir a por Potter, lo sabes.

Scorpius y Damien subieron los escalones de piedra gris e ingresaron al Gran Vestíbulo, donde solo había una pareja que charlaba animadamente.

—Lo sé —dijo Scorpius.

La decisión estaba tomada.

oOoOoOo

Lily salió con tiempo de la sala común de Gryffindor, para demorarse dando una vuelta antes de ir al aula de Transformaciones, que a esas horas estaría vacía y desierta con Jacob Graham en su interior. Tenía que pensar adecuadamente las palabras que le diría al Slytherin, aunque tampoco consideraba que tuviera que darle una serie de excusas y explicaciones. No habían sido ni siquiera novios. Solo tuvieron un par de besos que no le supieron a nada.

Independientemente de lo que Malfoy fuera a hacer con su vida cuando acabara Hogwarts, en un mes, ella no podía intentar tener nada con una persona a la que estaba segura que no quería. Era imposible tenerle en estima cuando en sus pensamientos solo había lugar para él. Aunque eso era otro misterio para Lily Potter. Muchas veces se quedaba sumida en reflexiones, intentando averiguar cuándo fue el momento en el que comenzó a sentir algo hacia él o si siempre hubo alguna especie de atracción disfrazada en infantil hostilidad.

Antes de abrir la puerta, Lily se echó la melena hacia atrás, contó hasta cinco y respiró de forma prolongada, como si así pudiera reunir toda la determinación posible y que las palabras correctas acudieran solas a su mente. ¿Qué le diría? Sin más preámbulos, pues Lily odiaba planificar tanto las cosas, empujó con cuidado la puerta y entró en la oscura aula.

Se llevó las manos al pecho, asustada, al no reconocer a Jacob Graham. Era otro.

Era él.

—Siento no ser a quién esperabas. Me dejaré de mentiras, no lo siento.

Malfoy estaba apoyado en la mesa del profesor, jugueteando con lo que parecía un erizo petrificado entre sus manos. Lily avanzó unos pasos hasta ponerse en frente de él, no sabía si estaba enfadada por ser un entrometido o contenta porque era él quién estaba ahí, y no Graham. Pero, ¿dónde estaría Jacob?

—Si te preguntas dónde está el idiota de Jac, puedo decirte que no aparecerá aquí en toda la noche.

—¿Qué le has hecho?

—Nada. No quería que viniera porque sabía que había quedado contigo.

Lily no pudo controlarse más y entró en cólera. ¿Quién era él para decidir con quién quedaba o no cuando hacía unas semanas estaba con Fairfax? ¿Cómo se atrevía a romperle sus citas en el papel del hermano celoso? ¿Cómo tenía el descaro de mirarla de esa forma y no darle ninguna explicación razonable de lo sucedido?

—Pero, ¿quién te crees que eres? Estás inaguantable, Malfoy. ¿Me he colado yo en alguna cita de la que has tenido con tu querida Michelle? ¿Me he metido en tu vida? Solo haces, desde que te conozco, recriminarme las mismas cosas que haces tú y estoy muy harta porque…

—Lily —que Malfoy pronunciara su nombre por primera vez en seis año fue algo que dejó muda a la Gryffindor—, Graham es un completo gilipollas. Lo he escuchado hablar de ti y solo quería… pues eso, ya sabes.

—¿El qué? —Le retó Lily.

—Pues quería follarte, ¿vale? Ya está, para luego ir con sus estúpidos amigos y contarles todo. ¡No te pongas así! Yo solo he dicho lo que él quería, pareces tonta si no lo sabías…

—¡No soy tonta ni lo parezco! El problema es que tú me ves así. ¿Para qué te crees que había quedado con él? Pensaba decirle que no quería verlo más porque yo no quiero lo que él quiere… —Lily se sintió avergonzada al tener que rendirle cuentas a Malfoy, como si él tuviera derecho a conocer los pormenores de su vida—. Además, a ti no te importa.

—Sí me importa —le cortó Scorpius. Nervioso, se llevó las manos al cabello y continuó con el mismo tono firme—. Él no te merece y no quería que se pasara contigo, eso es todo.

—¿Y quién me merece?

—Pues alguien que te quiera y no vea en ti solo que estás buena.

Lily lo observó con curiosidad. Sabía que esta vez Malfoy no mentía, lo podía notar en la claridad de sus ojos grises y en la intensidad de su mirada. Incluso parecía que se estaba comiendo parte de su orgullo, y aunque este se le hiciera un nudo en la garganta, no impedía que continuara con su labor.

—¿Qué tiene que ver en mí ese alguien que me quiera? —Preguntó Lily.

—Lo que yo veo.

Lily quedó unos segundos muda, sin palabras. Le costó reaccionar, y al aclararse la garganta y hablar en un susurro, su voz tembló.

—¿Qué ves?

—Veo una Lily que me encanta, que me sorprende y que es mucho más de lo que se ve a simple vista.

—Ya me has llamado dos veces Lily —comentó Potter, sonrojándose e intentando encajar las palabras de Scorpius.

—Si me lo permites, me gustaría llamarte así. Y lo siento, siento si te he jodido una cita que te hacía ilusión.

—También es la primera vez que me pides perdón…

—No debería haber sido la primera —reconoció Scorpius, quien abandonó el apoyo que le daba la mesa para ponerse a la altura de Lily y tomar su rostro entre ambas manos—. Y no quiero tener que volver a pedirte perdón nunca más porque eso supondría que te he vuelto a herir. Hacerte daño ahora que sé que te quiero, sería insoportable.

—¿Que me…?

—Que te quiero, Lily.

Lily entró en tal estado de excitación que olvidó cualquier cosa que estuviera a su alrededor: la fila de pupitres, la pizarra negra, la luz plateada que se colaba por los vanos de las ventanas… Se sentía flotar, todo su cuerpo era el epicentro de un terremoto sin control y todas las sensaciones y emociones reprimidas en el último año amenazan con explotar en un torrente.

—¿Y esa lágrima? —Dijo Scorpius, pasando el dorso de la mano sobre la mejilla de Lily para secarla.

—La prueba de que también se puede llorar de felicidad —murmuró Lily, sonriendo tímidamente—. A Rose le encantará tener razón…

Ambos rostros, cuarteados en luces y sombras por la luminosidad de una luna que empezaba a decrecer, se acercaron lentamente hasta fundirse en un beso húmedo y prolongado. Sin reproches ni tácticas de pedos. Solo un beso sincero y sentido, que podría haber ocurrido mucho antes si el orgullo de uno y la vanidad de la otra no hubieran jugado sus cartas en esta partida.

oOoOoOo

Cuando al finalizar su sexto curso Lily subió al expreso de Hogwarts, estaba mucha más feliz de lo que ningún año lo había estado. Entrelazó la mano con Malfoy y juntos buscaron un compartimento hacia el final del tren. Lily debería volver un año más para enfrentar su último curso de formación en Hogwarts, sin embargo, Scorpius era la última vez que ocuparía uno de esos vagones.

—¿Y cómo crees que te ha salido? —Volvió a insistir Lily, tras ocupar su asiento y poner los pies sobre el regazo del Slytherin.

Se refería a los EXTASIS y concretamente al examen de Pociones que bien podría abrirle o cerrarle las puertas para poder ser sanador. Lily comenzó a impacientarse, porque desde que su novio había hecho el examen, no le había transmitido ninguna sensación que le indicara si le había salido bien o mal, aunque estaba casi segura de que sería lo primero. Solo una sonrisa traviesa y un guiño de ojos, principio de una pequeña disputa que siempre acababa con unos besos robados con el objetivo de hacerla callar. Y no es que Lily no saboreara todos y cada uno de los besos de Malfoy, pero quería saber si el esfuerzo de ambos había merecido la pena.

—¿Tú qué crees? Teniendo en cuenta la incompetencia de mi profesora particular…

—¡Scorpius! —Lily le dio un codazo juguetón y se impacientó más—. ¡Y no se te ocurra besarme! Tengo la determinación de hacer cien mil cobras y hasta un basilisco si no me dices cómo te salió.

—Le salió perfecto —intervino una voz desde el umbral de la puerta corredera del vagón. Era Damien Nott y detrás de él parecía acompañarle alguien—. ¿Puedo pasar?

Lily abrió los ojos de par en par y su mandíbula se desencajó cuando de la mano de Nott vio a una tímida Rose Weasley. Scorpius aprovechó tal ocasión para meterle una rana de chocolate en la boca que casi la atragantaba.

—Esto, Lily, hace tiempo que quería decírtelo… Mucho tiempo —comenzó a decir Rose, quien parecía un poco cohibida y nerviosa.

—¿Desde cuándo? —Chilló Lily escupiendo la rana en la cara de Scorpius, como venganza—. ¿Tú lo sabías?

Scorpius simplemente se encogió de hombros y le guiñó un ojo a su primo. Damien parecía completamente feliz al lado de Rose, como si no fuera capaz de creer, pese al tiempo que había pasado, que ella le correspondiera en sus sentimientos.

—Desde quinto —dijo Rose—. No he dicho nada porque, ya me conoces, Lily, no me gusta estar en la boquilla de todos.

—¡Ja! ¡Esto es maravilloso! —Aulló Lily, pletórica de alegría—. Tú y Louis estáis con los Nott, y yo con Malfoy, creo que es hora de que nuestras familias lo sepan, ¿no?

Rose jugó con el dobladillo de la falda, evidentemente nerviosa ante esa posibilidad, pero decidida a formalizar su relación con Damien tras dos años de absoluto secretismo.

—Cuando tío Ron se entere, ¡qué ganas de ver la cara que pondrá! Esta noche lo haremos, ¿verdad, Rose? Tenemos cena familiar en La Madriguera, creo que es la ocasión ideal. Y tú —añadió girándose hacia Scorpius y amenazándolo con un dedo en el pecho— más te vale decirles a tu familia que sales con la chica más bonita de todo Reino Unido.

—¿Dónde está esa chica? —Preguntó Malfoy, levantando ligeramente el cuello como si la buscara dentro del vagón.

—No tienes gracia ni gusto.

Las dos parejas pasaron el viaje de regreso a casa pensando sobre lo que harían durante las vacaciones, cavilando sobre los planes de cada uno y soñando sobre un futuro que apenas comenzaba a despertar y mostrarse en forma de pinceladas suaves, pero certeras, trazando los caminos inescrutables de las que serían sus vidas. Al fin y al cabo, tal como ambos pensaron al ingresar a Hogwarts, esos años fueron maravillosos.


Ok, vale, cuando se llega al punto "clímax", es cuando se supone que el relato debe subir y caer. Me explico, todo el fic deseando que se junten, y cuando se dejan de gilipolleces y lo hacen, es como "alivio" y caída de la expectación. O eso me pasa a mí en los fics que leo.

Me pidieron una escena MUY ROMÁNTICA. No creo que haya cumplido con tal exigencia, pero es que tampoco quería rozar lo cursi; creo que cuando eres adolescente y, más en estos dos -tal como se han llevado-, no surgen declaraciones románticas de películas. No son naturales.

¿Os ha parecido muy cursi? ¿Normal? ¿Algo romántico, nada...? Bueno, ya sabéis que tenéis los reviews para dejar vuestra opinión o un tal Graham os dedicará frases de cortejo xDD

Aprovecho, una vez más, para agradecer a las grandísimas lectoras que he tenido. Son pocas las que de verdad han comentado todos los capítulos y seguido la lectura, pero son EXTRAORDINARIAS. Y lo digo en serio, pocas veces he tenido lectores tan genialosos que comentaran todos los capítulos y os lo agradezco mucho.

Queda el epílogo, que es una escena de cada uno con sus respectivas familias para comunicarles su noviazgo. Era parte de la petición de mi amiga invisible. Subiré el último capítulo el lunes días 30.

¡MIL GRACIAS POR HABERME ACOMPAÑADO EN ESTE PROYECTO!

Venetrix Black.