4.- Olas en la arena
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El aire fresco llenó los pulmones de la joven violinista, lo necesitaba urgentemente. El ambiente cálido de la cafetería se había tornado de pronto sofocante. Miró a su alrededor ¿hacia donde ir? Optó por seguir en dirección al tráfico, tomaría un taxi hacia el campus. Dejó pasar varios, primero, necesitaba estabilizar la tormenta de emociones que había en su interior.
Y aclarar sus dudas.
Tenía ganas de volver y sacar a su príncipe de ese lugar, llevarlo al mar. Podrían charlar sin interrupciones ahí, sólo con el viento y el sonido de las olas haciéndoles compañía.
Tenía ganas de alejarse también, apartarse de la señorita Oka que tenia un aura tan pesada, que hizo brillar de alegría los ojos de su príncipe, que besó esos labios que poco antes habían caído en su mano, que tan intima y cercana actuaba y se veía a él.
« ¿Novios?...» Repetía mentalmente la joven de cabellos color mar «Interrumpiendo un momento tan importante te restó credibilidad y seriedad príncipe ¿que vas en serio? Tendrás que hacer méritos para que pueda creerte...»
Se detuvo y dio media vuelta ¿debía regresar al café o no? Tomó una decisión, dio el primer paso y el celular en su bolso empezó a sonar... Era su prometido.
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—Aya, eso fue muy infantil— la joven rubia golpeo cariñosamente la frente de la pelicastaña con un dedo.
—Si que lo fue, mira que comportarse así...— la ojiverde arqueo una ceja y le sonrió — ¿Lo dices por mí? No dije nada malo amor, además ¿no la escuchaste? Se fue para dejarnos solos, acompáñame a desayunar ¿si?— la tomó de la mano y la quiso conducir a otra mesa, pero la rubia se quedó inmóvil.
—No puedo, lo hacemos en otra ocasión. Voy a buscar a Michiru, estábamos en medio de algo importante.
— ¿Y que era?— la rubia desvió la mirada hacia la salida, no quería contestar, Aya se dio una idea, conocía a la otra chica demasiado bien —Es un amor platónico Haru— los ojos verdes volvieron a mirar los azul claro —Si se le puede llamar así, porque conociéndote, se que no la amas ¿o si?— la rubia levantó ambas cejas.
—Italia no te sentó bien...— le sonrió ligeramente.
—Respuesta equivocada, sólo estás cegado por la ilusión y la emoción de la princesa, pero esto no es un cuento— la ojiverde desvió la mirada a un lado.
—Tal vez es cierto— se pasó los dedos entre sus cabellos rubios —Pero tal vez no... No quiero explicarlo, no creo que sea el momento para hacerlo, ni el lugar.
—Ni siquiera la conoces lo suficiente, jamás la trataste, te hiciste ilusiones de como podría llegar a ser, pero es muy diferente imaginar a tenerla frente a ti, creo que te gusta porque es bonita y porque es la "princesa" de tu niñez, ¿sabes que creo?— la rubia ladeó la cabeza esperando la respuesta —Que sólo estas jugando el rol de "príncipe" que te impuso...
—Definitivamente, dejaste tu dulzura en Italia ¿O sólo estas celosa?—le dio una mirada fría, bajó la cabeza y después sonrió — Me voy ahora o creo que me enfadare en serio contigo Ayame— se dio la vuelta y movió la mano en señal de despedida.
—Sólo estoy celosa— varias personas giraron a ver a la pelicastaña —perdón Haru...
—¿Lo ves? Luces mucho más bonita cuando estas tranquila, te llamaré después, ciao Aya— le giñó el ojo y le regalo una sonrisa, la pelicastaña sonrió también, la rubia le seguía gustando, a pesar de haber estado separadas se habían mantenido en contacto y ella tenía la esperanza de reconquistar a la persona que mas había amado, su delicada Haruka.
La ojiverde pagó por el servicio a una sonrojada empleada del café y salió del lugar
«Tengo que pedirle el número telefónico a Michiru, seria útil ahora» revolvió su cabello, observó el cielo, empezaba a nublarse un poco. Subió al auto. Avanzó varias cuadras mirando hacia ambos lados, buscándola «no debe de ir muy lejos». Había mucha gente en las calles, como siempre, seria difícil, pero sabía que la encontraría. De pronto, entre una multitud de gente, la distinguió, venia de vuelta, absorta en sus pensamientos, resaltando de sobremanera, incluso varias personas la veían al pasar, como si fuera una visión, como ver una sirena caminar en la ciudad, perdida, buscando el mar.
Se orilló, y sin saber porque la rubia se encontró sonriendo «regresó»
Salió del auto y se recargó en la puerta, esperando que pasara a su lado «me gustaría saber que es lo que estas pensando»
Michiru alzó la mirada al percibir la fragancia de su príncipe, ahí estaba, sonriéndole con la cabeza inclinada hacia un lado y los brazos cruzados. Le devolvió la sonrisa y se acercó.
—¿Regresaste por mí o es casualidad?— preguntó la pelimar cruzando también los brazos.
—Iba a preguntar lo mismo— le tendió la mano — ¿Nos vamos? La llevaré a ver el mar señorita.
— ¿Nos acompañará su novia también?— preguntó Michiru colocando su mano sobre la que Haruka ofreció.
—Si tú quieres...— «¡Idiota! Solo dile que Aya no es tu novia y ya» se reprochó la rubia mentalmente —...pero preferiría estar solo contigo.
—Vaya, me siento honrada— dijo con una sonrisa, la rubia miro al cielo buscando ayuda divina, tenia que dejar de usar esas frases típicas de coqueteo que no tenían efecto en la pelimar.
—Vamos— dijo la rubia, la llevó hacia la puerta del copiloto y le abrió.
Haruka conducía muy rápido, le gustaba sentir la velocidad, pero esta vez, le agradaba mas ver los cabellos de Michiru ondear con el viento... Parecían olas en el mar.
Podía verla eternamente, toda ella le gustaba... Desde pequeña, Michiru le gustó y ahora le gustaba aun más.
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La llevó a un lugar apartado en la playa, donde pudieran estar a solas, no quería más interrupciones, la quería solo para ella.
La brisa fresca, el sonido de las olas, el sol escondido tras nubes grises y su princesa, daba la imagen perfecta, con su cabello y el vestido blanco ondeando al ritmo del viento.
—El mar es muy inspirador ¿no crees?— dijo la pelimar, acomodó un mechón tras su oreja y volteo a ver a la rubia —Siempre he tenido el sueño de vivir en un lugar alejado del mundo, una isla pequeña o una playa desierta, donde sólo se escuche esto...— abandonó los ojos verdes y regreso la mirada al mar —las olas golpear en la arena.
—Sería... Algo demasiado tranquilo y solitario ¿aburrido tal vez?— Michiru no pudo evitar reír.
—Supuse que dirías algo así— contempló a Haruka —Das la impresión de ser una persona libre, un ser totalmente independiente... Si no fuera algo imposible para el ser humano, diría que puedes volar— le sonrió, la ojiverde también lo hizo.
—Sin duda eso sería asombroso ¿imaginas? Ir cortando el viento a toda velocidad... y ser perseguido porque eres el único capaz de hacer algo que la mayoría de las personas han soñado alguna vez, entonces tendrías que darme refugio en esa casa a la orilla del mar.
—¿Quien dice que yo no te perseguiría? También he soñado con volar— ambas rieron.
—Pero si tú eres como una sirena, no se, solo con decirme "ven" me hechizarías y atraparías.
Guardaron silencio un instante.
—Ven— dijo Michiru pausadamente dirigiéndose a Haruka. El viento arreciaba cada vez más.
La rubia se aproximó.
—Pero tú ya me habías hechizado antes Michiru, sin decir nada, sólo con una mirada.
—Pero aún no te atrapo.
Pocas veces le pasaba a Haruka, quedarse sin palabras frente a una mujer bella, generalmente era muy abierta y encantadora, sin embargo a veces, como en ésta ocasión, el objetivo de sus galanteos era diez, mil, millones de veces mas encantadora de lo que pudo siquiera llegar a imaginar en sus fantasías mas locas.
La joven Oka había tenido mucha razón en eso, Michiru era diferente a como había imaginado, sus ilusiones habían sido superadas por la joven que veían sus ojos, fascinante, bella y libre a su manera, incluso perfecta.
—Y dudo que lo consiga— agregó la ojiazul
— ¿Te vas a rendir tal fácil?— la pregunta hizo reír a la pelimar.
— ¿Tengo oportunidad?— Haruka sonrió y alzó la mirada al cielo.
—Parece que va a llover ¿nos vamos?— el abrupto cambio de tema hizo reír de nuevo a la ojiazul, la rubia inclinó la cabeza a un lado — ¿Sabes? Me gusta tu voz y tu risa, que el sonido del viento y el mar juntos.
Michiru observó pausadamente a la rubia, digiriendo el cumplido. Era lo mismo que ella había pensado de la voz de su príncipe. Amaba como cada nota se formaba en sus labios para después detonar en esa melodiosa y profunda voz.
Tornó la mirada al mar otra vez.
—Vas a matarme Haruka— la ojiazul se tocó el pecho, le había estallado una emoción muy grande, otra vez, la rubia frunció el ceño.
—¿Te enamoraste de mí o tienes un ataque? Sinceramente espero que sea lo primero
— ¿Y sabrías lidiar con ello?
—Sabría
— ¿De verdad te gustan las chicas?— Haruka no pudo evitar reír, la había tomado por sorpresa la pregunta.
—¿A que viene eso?
—Ni idea, se me ocurrió— respondió la pelimar con una sonrisa.
—¿Es algo relevante para ti?— preguntó la ojiverde.
—Por supuesto, es mejor tener una esperanza ¿no crees?
—Tienes razón— el mar estaba agitado, se acercaba una tormenta — ¿Te gustan a ti Michiru?— la pelimar pensó la respuesta.
—No, nunca me he sentido atraída por ninguna— respondió sinceramente.
—Entonces no tengo esperanza ¿verdad?
—Pero tú si me atraes— la rubia sonrió —es decir, contigo me viene a la mente un fragmento de un poema, que cuando lo leí, me fue indiferente, pero ahora entiendo la belleza del mismo... *Ser mujer, ni estar ausente, no es de amarte impedimento; pues sabes tú que las almas distancia ignoran y sexo*— se quitó el listón de su cabello y lo recogió nuevamente, esta vez en su totalidad, para evitar que el fuerte viento siguiera jugando con él —Creo que eso nos pasa ¿no crees?
—Lo creo— agachó la cabeza y sonrió —Te das cuenta de lo que acabas de decir ¿cierto?— la pelimar sonrió y asintió.
—Me gustas tal cual, la pregunta aquí es ¿yo le gusto al príncipe tal cual soy?
—Aha— respondió Haruka afirmando.
— ¿Te seguiré gustando mañana?— la rubia se acercó más a la ojiazul y la abrazó delicadamente pero firme, presionándola hacia si, la pelimar recargó la cabeza en el hombro de su príncipe « ¿eso es un "si"?» Metió los brazos bajo el chaleco de Haruka y la rodeó por la cintura.
Se abrazaron un momento muy largo, parecían una pareja de enamorados disfrutando el mar.
—¿No tienes frio?— el viento soplaba con fuerza aún y a lo lejos el sonido de truenos, había nubes oscuras que daban la impresión de ser mas tarde de lo que en realidad era pero no pasaba del medio día...
Las cálidas manos de Michiru estaban descansando en la espalda de Haruka.
—Para nada— respondió aferrándose más a su príncipe. Se quedaron unos segundos más así, Haruka se balanceó de lado a lado con Michiru entre sus brazos y pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer muy dispersas. —Bueno, creo que debemos irnos o nos mojaremos.
—Tus deseos son ordenes— la tomó de la mano y la llevó al auto, subió la capota y los vidrios también.
—Haruka...— la rubia volteó a verla —la Srta. Oka ¿es tú pareja?— la ojiverde le sonrió «al fin lo preguntas»
—No...— Encendió el auto y arrancó —A diferencia de ti, no tengo compromisos— ésta vez Michiru sonrió.
—No me siento comprometida.
—¿Estas enamorada?
—Creo que lo estoy— Haruka silbó «no debí preguntar, pensé que no lo amaba»
—Mira que afortunado, y a todo esto ¿dónde está?— Michiru la miro confundida —tu prometido.
—Oh ¿preguntabas si estoy enamorada de él?— Haruka asintió, la ojiazul miró por la ventana —Se fue de vacaciones con sus amigos, iban a Nueva York pero parece que hubo cambio de planes y se fue él solo a Hawái.
—¿Con sus amigos? ¿Como un viaje de soltero?— Michiru rió.
—Eso era, pero parece que cambio su destino pensando en mí.
—Claro… Hawái es increíble ¿has visto las enormes olas que se forman en la costa norte?
—¿Has estado ahí?
—Si, por el surf... Además las chicas son lindas
—¿Fuiste acompañada?— Haruka apartó la vista de la carretera y vio los ojos azules.
—¿Así que cuando dijiste "vas a matarme" no era porque te enamoraste de mí eh? Ya me había hecho ilusiones— Michiru volvió a sonreír.
—Eres distraída Haruka, te respondí eso.
—¡No lo hiciste! Te pongo mucha atención además.
—No lo creo...
...
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Llegaron a al campus, llovía intensamente. Michiru invitó a Haruka a su departamento, le preparó una taza de café y se sentaron frente a la ventana, para ver la lluvia.
— ¿Por que decidiste vivir aquí?— preguntó la rubia.
—Quería cambiar la rutina, estaba un poco sofocada y no se, me pareció una gran idea ¿tú?
—Por el circuito de motocross— la pelimar rió.
—¿Te gusta mucho?
—Es mi vida, la velocidad es lo mío, soy piloto profesional ¿sabias?
—No, por alguna razón no me entero de muchas cosas.
—Yo se la razón ¿te la digo?— la pelimar asintió —Srta. Kaiou eres ajena al mundo, tienes el propio y te encierras ahí, entonces nadie puede alcanzarte. Es notorio solo con verte, apuesto que no tienes muchas amistades.
—Pero tú me alcanzaste y estas aquí ahora, eres la única persona que necesito— los ojos azules veían con intensidad los verdes.
—Eso fue muy romántico, soy un alma sensible Michiru, si me hablas así, vas a hacer que me enamore de ti— «y terminare con el corazón roto»
—Te recitaré todos lo poemas que me sé entonces y tocaré hermosas piezas para ti— la mirada de Michiru no tenia ni seña de duda, Haruka se quedo perdida en sus ojos y el corazón se le aceleró.
—Vas a matarme Michiru— se llevó una mano al pecho.
—¿Ya te enamoraste de mí o sufres un ataque?— preguntó divertida la ojiazul.
— ¿Que preferirías?
—Es una pregunta boba Haruka, obvio lo primero— la pelimar cerró los ojos y tomó de su taza.
—¿Puedo pedirte algo?— los ojos azules se clavaron en los suyos.
—Adelante
— ¿Podrías tocar algo para mi ahora Michiru?— la pregunta mas bien parecía una súplica, era la primera vez que su príncipe usaba tal tono con ella «que linda» pensó.
—Encantada— dejó su taza de café sobre la mesa y fue por su violín.
Se paró frente a la ventana con su Stradivarius en posición, comprado por su abuelo en una subasta y posteriormente regalado a Michiru. —¿Algo en especial?— preguntó con una sonrisa.
—Lo que desees, escucho— Haruka dejo su taza de café sobre la mesa y puso todos sus sentidos sobre la joven que tenía en frente.
La violinista empezó la pieza, la música destruía el silencio y hacía eco en las paredes, era tan potente, profunda y perfecta que llenaba la habitacion.
Sus delicados dedos arrancaban cada nota con una pasión desbordada. Su rostro reflejaba el sentimiento en cada variación. Y su mano derecha movía con frenesí el arco de una cuerda a otra, haciéndolas vibrar junto con sus emociones.
Aún cuando estaban en la misma habitación, la artista se encontraba sumergida en la música, interpretando desde algún otro lugar ¿Dónde? Era difícil saber, por lo general cuando tocaba en público, se imaginaba estar a la orilla de un risco, viendo el mar e interpretando para él.
Sus ojos se mantuvieron cerrados para incrementar la concentración, para solo abrirlos al final de la pieza.
Bajo su violín y el arco. Haruka inclinó la cabeza y sonrió, después le aplaudió.
—Me sorprendiste, no pensé que tocarías el Capricci no. 24 y con facilidad además.
—¿Te gustó? No es de mis piezas favoritas, pero me pareció ideal ahora. En otra ocasión tocaré una partita de Bach para ti.
—Fue maravilloso Michiru, seré tu fan— se acercó y tomó la mano con la que sostenía el arco, besó sus dedos. — ¿Pero no es muy peligroso para una chica tan delicada e indefensa, tener un Stradivarius?— la violinista sonrió.
—Tal vez en otro lugar, Mugen tiene mucha seguridad, estaremos bien— le guiño un ojo —éste violín es sólo para ocasiones especiales como ésta— colocó el valioso instrumento en el estuche.
—Bueno, eso fue muy halagador. Algún día tocaré alguna sonata de piano para ti, aunque cabe mencionar que estoy fuera de práctica.
—Eres todo un príncipe Haruka, esperaré con ansia entonces.
Aunque era obvio que ambas se sentían atraídas, nunca fueron mas allá de simples coqueteos y pequeños roces, besos en la mano y abrazos.
Pero si Michiru tenía algo claro, era que, su príncipe le fascinaba, era como un sueño, como vivir un cuento. No creía en almas gemelas ni el destino, pero tener a esa joven rubia frente a ella, ver su sonrisa, escuchar su voz de verdad la hacia dudar.
Platicaron de varias cosas e intercambiaron números.
Después de la tormenta salieron a hacer las compras para sus hogares.
Haruka compró varias botellas de vino, coñac, champagne... Muchas bebidas energéticas, botellas de agua, leche, jugos, bebidas en general y cantidad de alimentos proteínicos que Michiru no había visto en la vida, compró poco alimento "para emergencias" dijo, pastas, cereales y frutas, le comentó que siempre comía fuera de casa, no le gustaba estar encerrada y no sabia cocinar bien. En cambio Michiru se abasteció de alimentos de todo tipo, verduras, frutas, cereales, pastas, carne y todo lo necesario para preparar una buena comida y ricos postres. Botellas de agua, bolsas de un té muy fino que le encantaba y granos de café colombiano que era su favorito, leche y crema para acompañar las bebidas. Y gran cantidad de cosas que Haruka jamás hubiera comprado ni sabía preparar. En la caja registradora no le quisieron vender el alcohol a la rubia por no ser mayor de edad, pero con el tono de "por favor" la empleada y la gerente sucumbieron sin problemas.
Se separaron en el pasillo del edifico de departamentos de Mugen, donde se habían visto la noche anterior y quedaron de verse para cenar en el departamento de la ojiverde.
A Michiru le sorprendió el departamento de Haruka, era bastante sencillo, sin muchos lujos, no porque careciera de recursos, era imposible con ese convertible Hennessey Venom GT amarillo hecho especialmente para ella. Sólo le dijo que no necesitaba muchas cosas por que todo lo que le gustaba hacer se hacia al aire libre, menos una cosa, que no le quiso decir.
En su tocador sólo había productos básicos ¿como es que se veía tan increíble con casi nada?
—No tienes maquillaje
—No suelo usar, solo cremas faciales y eso.
—Tu piel es mas linda que la mía— le dio una suave caricia en la mejilla—creo que dejare de usarlo.
—Nadie es mas linda que tú Michiru, ni lo dudes.
Las dos prepararon la cena y la comieron a la luz de las velas.
Después charlar un poco mas Michiru se despidió de Haruka y se fue a su habitación. Pero no tenia planeado dormir...
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Haruka despertó tarde al día siguiente, le había dicho a Michiru que la llevaría a pasear en moto por todo el campus cuando ella le comentó que nunca había subido a una.
Se duchó y buscó un buen atuendo en su basto guardarropa, se decidió por una playera blanca casual, unos pantalones cómodos color negro y un saco del mismo color. Le brindaba el look desenfadado pero sin dejar de verse elegante que le gustaba. Solía prestarle mucha atención a su imagen y le solía comprar ropa en tiendas de prestigio, de marca y de diseñador.
Se dio una mirada en el espejo antes de salir y fue a tocar el timbre de su querida princesa «Ya debe estar despierta» esperó paciente en la puerta, no hubo respuesta, tocó una vez mas, nada.
«Quizá este en la ducha».
Regresó a su departamento y encendió el televisor, puso el canal de deportes y se dejó caer en el sillón.
Tras media hora de ver un partido de béisbol decidió volver a buscar a Michiru, pero ésta no le abrió.
«Le llamaré»
Una vez mas regresó a su departamento para buscar su celular y al encenderlo se encontró con un mail de su princesa.
"Estaré en Hawái el resto de las vacaciones, siento no habértelo dicho ¿estas molesta? Te llamaré. Besos"
—¿Hawái?— le preguntó Haruka al teléfono, recorrió con la mirada su alrededor y luego lo comprendió.
«Se fue con él»
—Claro que estoy molesta...— dijo con ironía. Estaba a punto de estallar de celos cuando su teléfono empezó a vibrar, la pantalla decía "llamada entrante My Sweet Aya"
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Kaede estaba en la isla de Molokai en Hawái cuando le habló por teléfono a Michiru, le había parecido perfecto para estar juntos, así que le suplicó que viajara para alcanzarlo. Ella aceptó y se comprometió a viajar al día siguiente y así lo hizo.
No podía dejarlo solo cuando había decidido no ir a Nueva York sólo para estar con ella en ese lugar desierto, que era lo mas cercano a lo que la pelimar soñaba junto al mar. Era cierto, la isla era muy tranquila y Kaede se portó muy lindo con ella.
Michiru le platico sobre Haruka y se alegró que por fin hubiera hecho una amiga, así que no se puso celoso cuando le marcó para hablar con ella y la dejó sola.
Haruka no contestó su celular la primer semana «debe estar molesta» pensó, pero no dejo de insistir, hasta que pudo hablar con ella.
—¿Haruka?
—Dime— se le oía agitada.
—¿Cómo estás?
—Bien ¿te diviertes en Hawái?
—Siento no habértelo dicho, no sabia como...
—Descuida linda, no importa, me di cuenta de algo— hubo silencio
—¿Que fue?
—Me rindo Michiru— la rubia suspiró —Me rindo contigo, supongo que podemos ser amigos o algo así.
—¿Haruka que...
—¿No quieres?—preguntó, aparte de la voz de Haruka se escuchaba la risa de una chica muy cerca —Tengo que irme, adiós...— colgó, dejando a Michiru con un hueco el pecho...
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—Te lo dije— dijo la pelicastaña, cubriendo su desnudez con la sábana en la cama de Haruka —Ella sólo es un amor platónico, no es como nosotras Haru— la ojiverde se encogió de hombros.
—No creo que importe ya— besó los labios de Aya y se despojó de su ropa también...
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*El poema al que se refiere Michiru es de Sor Juana Inés de la Cruz, Poema a la Virreina.
Puse el venom GT porque segun leí es auto mas veloz ¿por que Haruka no habría de tener uno si ama la velocidad? xD.
Michiru eligió el capricho 24 de Paganini porque se imaginó a Haru volando huyendo de una multitud. Éso era lo que pensaba mientras tocaba xD (segun yo)
Aw me sentí mal con éste capitulo, no se ¿no esta aburrido? No se me ocurrió otra cosa Dx pero el próximo capitulo estará mejor ¡lo prometo! «Será fácil éste es aburridísimo» xD
Una vez mas gracias por sus comentarios y por seguir el fic ^^ no me abandonen que necesito su ayuda para seguir (n.n)b ah escribo los fics en mi celular sorry si hay errores.
Saludos a todos los que me leen mil gracias (^-^)v
