7.- El amante y el príncipe
Ya habían pasado dos semanas desde aquella noche que se habían dado el primer beso.
No se había vuelto a repetir.
Haruka parecía nunca estar en el mismo lugar y no tenía un horario fijo, de hecho, había tenido una carrera y se había ausentado cuatro días. Y cuando no estaba rodeada de jóvenes ilusionadas y embelesadas con su voz y apariencia, estaba en clases, clases que no coincidían con las de Michiru.
Aun así la pelimar siempre hacia tiempo para ella. La iba a ver al circuito de motocross, a las canchas, al gimnasio, a verla practicar casi todos los deportes a los que la invitaban a participar.
Sin embargo, se contaba en minutos el tiempo que habían pasado juntas esos días.
« ¿Es que no te cansas nunca?» Le reprochaba Michiru internamente mientras la observaba jugar tenis a media tarde con una hermosa chica que parecía una de sus admiradoras, una de tantas.
—Gané... —dijo Haruka bajando la raqueta, la otra chica puso sus manos en las rodillas para recuperar el aliento, mientras la rubia parecía fresca—. Y como quedamos tienes que pagar la apuesta... —caminó hasta estar frente a ella y le dio un beso en los labios—. Me hubiera gustado que ganaras, una cita contigo habría sido genial —le hizo un guiño y la dejo, pasmada y feliz en la cancha.
«Que día tan agotador" suspiró la rubia, levantó la mirada y se encontró con la pelimar sentada en las gradas, sonriéndole.
Haruka la saludo con la mano.
— ¿Viniste a verme o te interesa el club de tenis?
—Si...
— ¿Qué?
—Vine a verte, es muy difícil seguirte la pista.
— ¿Si? Bueno... No tanto, siempre te veo...
—Oh ¿Estas huyendo de mi?
Haruka arqueo las cejas.
— ¿Eso parece?
—Si... Solo quiero que sepas que no te estoy presionando. Solo me gusta verte, así que no te sientas incomoda.
—No me incomodas Michiru.
—Que bien.
— ¿Quieres jugar un poco? Aun tengo energía.
—Tengo práctica de violín.
—Pero ya eres buena en eso.
Michiru le sonrió.
— ¿Quieres venir?
—Adelante, te alcanzaré después de ducharme.
— ¿Que club elegiste al fin?
—Michiru's fan club
La pelimar se echo reír, Haruka también sonrió.
—Eso no existe...
—Oh ¿No has ido al salón 10-2 los lunes al final de clases? Te sorprenderías.
—No… —la pelimar entrecerró los ojos.
—Pues deberías, les daría mucho gusto verte por ahí —se rió—. Espera, quizá sea un poco peligroso —dijo Haruka tocándose la barbilla pensativa.
— ¿Y que estabas haciendo ahí? —siguió con la mirada los elegantes pasos que Haruka dio para sentarse a su lado.
—Me llamaron... Dicen que al parecer estas enamorada de mi y ya se la fecha de tu cumpleaños, color favorito y tipo sanguíneo gracias a ellos.
Michiru se quedo callada.
— ¿Me estas diciendo la verdad? Si es así, no quiero que vayas más.
—Oh ahora suenas como una mamá.
— ¡Haruka!
—Que miedo —dijo la rubia cubriéndose la cabeza.
— ¡Es en serio!
Haruka empezó a reír.
—Marzo 6, azul marino, O ¿no?... Debí suponer que eras muy popular, después de todo eres hermosa y talentosa —Michiru abrió los ojos sorprendida e incrédula—. ¿No te ibas a tu práctica?
—No puedo creerlo... —dijo cubriéndose la cara—. Es muy embarazoso ¿Que tanto escuchaste de mí?
—Un montón de cosas, parece que te han estado "admirando" por mucho tiempo... Quizá nos estén viendo ahora, dame un beso para que rompas su corazón —inclinó la cabeza y puso un dedo sobre sus propios labios.
— ¡Haruka! —la pelimar descubrió su sonrojado rostro para mirar a la ojiverde.
La rubia empezó a reír.
—Luces tan linda... No pensé que fueras tan tímida, conmigo tienes mucha iniciativa.
— ¡Contigo! No quiero que extraños sepan cosas de mí
—Yo tampoco... Que se consigan a su propia princesa, tú eres solo para mi.
La violinista se cubrió de nuevo la cara «no digas eso»
— ¿Michiru? —Haruka tomó un mechón de su cabello color mar y lo enrolló en su dedo—. ¿Tanto odias tener un club de fans? Puedo destruir todas sus preciadas fotos si quieres... —la ojiazul siguió cubriéndose la cara.
— ¿"Tú eres solo para mi"? —repitió la frase de Haruka.
—Oh eres un poco posesiva
— ¡Tú lo acabas de decir! ¿Por que te estas portando así hoy?
Haruka levantó ambas cejas.
—Es mi personalidad, soy así... —la rubia soltó su cabello—. He estado pensando, en que en realidad no nos conocemos muy bien... Y es tu culpa.
— ¿Que? —preguntó Michiru con cierta indignación, Haruka contuvo la risa.
—En esta conversación te he conocido muchas expresiones... te estas robando mi corazón.
—Dime ¿a que te refieres con que es mi culpa?
— ¿No crees que tu profesor de música se enojará?
—Puedo llegar tarde... Además soy bastante buena en eso ya ¿No es así?
— ¿Que te parece si mejor salimos a cenar esta... —se detuvo como si acabara de recordar algo—... Mañana y platicamos —le sonrió.
—¿No se puede esta noche? No hemos tenido la oportunidad de estar a solas estos días...
—Voy a salir con alguien.
—Has salido con muchas chicas últimamente
—Oh ¿te has enterado?... Estoy libre después de todo.
—Siempre lo estas...
—¿Estas celosa?
—Un poco...
—¿Que hay de eso de "tú eres solo para mi"?
—Eso lo dijiste tú
—¿Eh? No lo recuerdo
—Mentiras.
Haruka le sonrió.
—Mañana estaré solo para ti... Lo prometo.
Estuvieron en silencio unos instantes.
—Quizá debo salir con alguien también.. —dijo la pelimar, Haruka levantó una ceja.
—Tu novio se pondría furioso
—¿Solo él?
—Y tu club de fans.
—Puedo lidiar con eso
—No lo creo, podrían raptarte y hacerte cosas malas
—Tengo un príncipe que me salvaría.
—¿Y si también esta molesto?
Michiru sonrió.
—Pensándolo bien, no creo que mi príncipe se diera cuenta que no estoy cerca.
—¿Por que?
—Porque seguramente andaría con su harem de princesas enamoradas.
—Harem... —Haruka rió—. Parece que ese príncipe no te conviene ¿vas a compartirlo siempre?
Michiru levantó levemente las cejas.
—No lo se, algo dentro de mí me dice que jamás lograre atraparlo, supongo que compartir es mi única opción.
—Mmm eso no suena bien, alguien como tú merece un príncipe exclusivo —dijo Haruka
—¿Entonces debo rendirme?
—No me preguntes eso...
—Es lo que me quieres decir ¿No es así?
—Solo digo que mereces a alguien mejor...
—Lo que mereces y lo que quieres es distinto.
—¿Tanto quieres tener ese príncipe?
—Si... Aun si solo puedo verlo a lo lejos —Michiru acaricio la mejilla de Haruka delicadamente—. Tal vez tocarlo de vez en cuando.
—Algunas mujeres no saben elegir... —dijo la ojiverde tomando la mano que la tocaba y le dio un delicado beso.
—¿Soy una de ellas?
—Es solo que, seria bueno si las personas eligieran de quien enamorarse... Habría menos náufragos.
Michiru sonrió ligeramente.
—Amar solo a la persona que te ama... Pero tú lo dijiste, no todos tenemos la dicha de ser amados.
Haruka suspiró.
—Las personas idealizan tanto al amor... Aun cuando digan que están bien solas, siempre tienen el anhelo de encontrar a alguien a quien amar o aunque tengan a alguien que los ame siempre buscan un amor perfecto... Los humanos nunca estamos satisfechos...
—Es verdad... —Michiru ladeó la cabeza y busco los ojos de Haruka que veían a un lugar distante —¿Es que eres uno de esos náufragos o es una sutil manera de decirme que deje de correr tras de ti? —los ojos verdes vieron los suyos.
—Soy egoísta Michiru... Si fuera posible, me gustaría ser lo único que vean tus ojos... —acarició la mejilla de la pelimar—. Sin tener que irnos a una isla desierta, claro —agregó.
Michiru no pudo evitar reír.
—Quizá también soy egoísta... —Haruka sonrió.
—Tu profesor de música debe pensar lo mismo. Mira que dejarlo plantado.
—No quisiera irme, no se cuando pueda charlar contigo de nuevo...
—Te lo dije, voy a ducharme y te alcanzo en tu práctica. Lo prometo.
Michiru se levanto y Haruka también.
—Por cierto, luces hermosa hoy Michiru
—Tú igual
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Haruka terminó de ducharse, tenía apenas unas horas libres antes de ir a cenar con Ayame.
Aun desnuda se puso un poco de perfume y secó su cabello.
Busco en su closet algo que ponerse, aunque normalmente no pensaba mucho en ello. Eligió un traje negro y una camisa del mismo color, recordando que la joven que vería esa noche amaba verla vestida así.
Esa tarde, sentía cierto nerviosismo... Llevaba días pensando en Ayame, pensando que lo mejor sería dejarla libre... Ya no verla...
Pero no podía...
Era imposible no verla, no necesitarla ahora que la tenía de vuelta...
¿Por que no podía pensar en Michiru de aquella forma?
También la quería, su cuerpo, su cara, su sonrisa, su voz... Todo le gustaba... Amaba verla... Pero si no lo hacía, no pasaba nada... Sin embargo, jamás había pensado en alejarla.
Las dos jóvenes la amaban, lo sentía... Y entre ellas se lastimaban... Pensando que el príncipe quería mas a la otra...
Era cierto...
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Salió de su departamento y encontró a un joven, quizá de la misma edad frente a la puerta de Michiru, quien volteo al verla salir.
La examinó unos segundos, mientras Haruka cerraba con llave.
—¿Haruka Tenou? —la rubia levantó una ceja al escuchar su nombre.
—¿Te conozco?
—Ah cierto, perdona... Soy Kaede Hayashi —el joven le ofreció una mano.
—Ah... —dijo Haruka estrechándosela, restándole importancia y examinando detenidamente su rostro, era un hombre apuesto y de gesto amable. Enfundado en un traje gris.
—Entonces... Había escuchado que eras una... Mujer...
Haruka sonrió de manera casi imperceptible.
—¿Si? ¿Crees que te han engañado?
Kaede la miro de los pies hasta la punta de sus cabellos rubios. A simple vista era un apuesto joven, demasiado quizá, salido de una revista de moda... Tal vez si, su cara le era bastante familiar... ¿Actor? ¿Modelo?
—¿Sabes donde esta Michiru? Parece que no esta aquí —había optado por cambiar el tema, la verdad no estaba seguro de la respuesta, y si, se sentía engañado.
La rubia sonrió, tentada a mentir y decirle que se había ido a Alaska a criar perros o ido de turista a la luna.
—Voy a verla ahora... —«al diablo, ve a que acabe contigo»
Kaede frunció el ceño.
—¿Estas saliendo con ella?
«Si, piérdete» pensó y reflexiono, la verdad no era así.
—¿Por que tanto interés? —preguntó Haruka fingiendo demencia.
—Ella es mi prometida, necesito verla para conversar de algo importante —dijo sin ápice de duda intentando causar algún efecto en la ojiverde sin lograrlo.
—Simplemente llámale, no es tan difícil ¿o si?
—¿Podrías decirme donde esta? —preguntó con mas brusquedad de la necesaria. Haruka alzo una ceja—. Por favor.
La joven de negro miro al techo y después a Kaede, que esperaba pacientemente una respuesta.
—En la sala de música.
—Gracias —dijo el pelinegro y dio unos cuantos pasos hasta darle la espalda a Haruka—. ¿No ibas a venir?
—No es una conversación de tres... —dijo la ojiverde recargándose en su puerta con los brazos cruzados—. Ya tendré tiempo de charlar con ella esta noche.
Kaede se giro bruscamente y tomó por la camisa a la rubia, que instintivamente, había hecho lo mismo con él.
—Aléjate de Michiru —la sospecha de que pudiera tener esa clase de relación con su prometida lo llenaban de rabia.
—Por Dios —susurró Haruka en tono burlón y sin el más mínimo temor—. Algunos hombres no saben cuando rendirse.
Unos murmullos hicieron que ambos se soltaran violentamente. Algunas jóvenes habían salido de sus habitaciones y veían la escena un tanto molestas por el atrevimiento del aquel joven desconocido.
—No pasa nada —explicó Haruka acomodando su camisa y el ambiente denso disminuyó. Kaede halo su saco y con un gesto elegante y desafiante dio media vuelta y se marchó.
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Los pocos alumnos de la práctica de violín dejaron la sala mientras Michiru guardaba su instrumento en el estuche.
Un poco decepcionada miró por última vez hacia la ventana para ver si Haruka había llegado.
Nadie.
Caminó con desgano hacia la puerta y cuando cruzo el umbral un perfume la tomó por sorpresa. Giro hacia donde provenía aquel aroma y se topó con Kaede, esperando en el pasillo.
El joven alzo las cejas y le sonrió.
—Tocas tan hermoso como siempre.
—Gracias... —dijo poniendo un mechón rebelde tras su oreja—. ¿Que te trae por aquí?
Kaede sonrió.
—Pues quería verte Michiru ¿no es obvio? —Caminó con paso lento hasta estar frente a ella y le acarició suavemente la mejilla—. Estas hermosa —la caricia bajo a su barbilla levantando su rostro y sus labios se acercaron lentamente.
Un leve movimiento y el beso se posó en su mejilla. Las manos de su ex prometido, tenían el aroma de Haruka, aquel aroma que le hacía revolotear el estómago.
—¿No has cambiado de parecer? —preguntó el joven con semblante triste.
La pelimar negó con la cabeza.
—Lo siento.
—Te amo Michiru, siempre te he amado, desde que te conocí... —levantó el rostro de la artista para ver sus ojos.
—Kaede, no sigas...
—Michiru, si me dejas moriré de dolor...
—No es mi intención lastimarte, te quiero...
—Si me quieres quédate conmigo
—No me pidas eso... No mereces tener a tu lado a una persona que esta enamorada de alguien más.
—Lo soportare...
Michiru vio fijamente sus ojos, pensando en sus propios sentimientos. También ella estaba dispuesta a estar al lado de Haruka, aunque no la amara.
—¿Te has encontrado con Haruka?
—Si, me dijo que estabas aquí.
—¿Que le dijiste?
—¿Realmente importa?
Michiru bajo la cabeza ¿que debía decirle? No lo había pensado, Haruka le impedía pensar en otras personas en el aspecto amoroso.
—Estoy un poco molesto —la pelimar levantó la mirada para ver sus ojos cafés—. Haruka resulto ser un hombre ¿me mentiste por que te gustaba?
—Me gustaba desde ese entonces... No, me ha gustado desde que era pequeña.
Kaede resoplo.
—No puedo competir con eso...
—De verdad, lo siento Kaede, no quiero que te sientas utilizado. Te quiero.
—¿Podrías hacer una ultima cosa por mí?
—Lo haré.
—Crees que... ¿Podemos seguir como novios hasta mañana? No estoy listo...
Michiru sonrió.
—Es algo que puedo hacer —Kaede sonrió y volvió a tocar la mejilla de la pelimar.
—Es raro para mi preguntarte esto... —deslizo sus dedos hasta el cuello—. ¿Puedo besarte? —Michiru levantó el rostro y cerró los ojos.
El joven se aproximó y besó sus labios, como siempre lo había hecho, con seguridad y amor.
La pelimar lo abrazó suavemente, era algo natural, normal para ella recibir esa clase de demostraciones, que la hacían sentir calidez, aquel candor de sentirse amada por alguien...
—Te amo Michiru... —le susurró una vez que separaron sus labios.
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—Estas muy distante ¿ocurrió algo? —preguntó Ayame mientras servía el Moët & Chandon restante en una copa, sus largos cabellos resbalaron por sus hombros.
—Nada en especial —respondió Haruka bebiendo todo el contenido, lamiendo sus labios al final —Ese champagne era muy corriente...
Ayame se echó a reír.
—Siento no poder gastar miles de dolares en una botella como tú...
—Perdon... La proxima vez traeré algo.
—En serio ¿Te sucedió algo?
La rubia negó con la cabeza.
La pelicastaña parada a su lado sonrió y revolvio los dorados cabellos de Haruka.
—No tienes que contarme si no quieres, seguro tiene que ver con ella —la rubia suspiró y se recargo en el respaldo de la silla, el alcohol la había mareado un poco. Ayame se sentó sobre sus piernas—. Siempre te quita el brillo de los ojos —la ojiverde sonrió.
—Eso no puede ser bueno...
—No lo es, tú debes ser feliz siempre Haru —la pelicastaña acaricio suavemente su cuello hasta el primer botón de la camisa y después siguió el mismo camino con su tibia lengua.
—Eso es imposible, no hay ser humano que no haya tenido momentos de amargura —la ojiazul ya había desabrochado todos los botones de la camisa negra.
—Es normal que la gente quiera ver a sus seres amados felices... —volvió a lamer su cuello.
—Si... —Haruka metió las manos bajo el vestido blanco de la castaña, acariciándole las piernas hasta sus senos firmes y suaves—. Yo quisiera verte sonreír siempre —La ojiazul se acerco a besar sus labios pero un giro se lo impidió. Ahora estaba dándole la espalda a la rubia, delicados besos cayeron en ella mientras sus senos eran tocados con pasión.
Su respiración se agito, una de las manos de Haruka recorrió su piel, su ombligo y se abrió camino bajo aquella diminuta prenda interior y sin más, dos de sus dedos entraron en el cuerpo de Aya... Haciendola gritar...
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Michiru tenía la vista en el lejano mar y el viento ondeaba su vestido negro. Dentro del departamento, estaba Kaede hablando por teléfono, esa noche la pasarían juntos.
—¿Quieres cenar aquí? —preguntó el joven rodeándola por la cintura.
—No tengo apetito ¿que tal si solo comemos fresas con champagne?
—Suena bien ¿también estarás en el menú? —dijo balanceándose con ella en brazos.
—Tal vez...
—¿Hablas en serio? —preguntó girándola hacia si.
—Siempre lo has querido...
—Pero... No si tú no quieres...
Michiru lo abrazó y se quedaron así un momento.
—De verdad lo siento Kaede...
—... No te preocupes por eso ahora Michiru.
—Eres un hombre extraordinario —Kaede rió. Y la sostuvo de manera que la pelimar ya no tocaba el suelo.
—Y tú eres una diosa maravillosa —la sentó sobre el barandal y se acomodó entre sus piernas, con la cabeza en sus pechos, abrazando su cintura.
—Me gustaría dormir hasta tarde mañana... —dijo Michiru aferrándose a él.
—Lo haremos y cuando despiertes te prepararé el desayuno o fingiré que yo lo hice.
Michiru sonrió y acaricio sus cabellos negros.
—Estoy un poco nerviosa... —Kaede levanto la mirada con gesto confundido.
—¿Por qué?
—Sera mi primera vez, lo sabes.
—¿De que habl... —el corazón le dio un vuelco —¿Quieres decir que vamos a...? —Michiru asintió.
—Quisiera hacer el amor contigo.
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Haruka abrió su departamento, recordando el encuentro que había tenido con aquel joven frente a su puerta.
«¿Michiru estará bien?»
Abrió la ventana para asomarse por el balcón. La luz vecina estaba encendida y la ventana estaba igualmente abierta.
—¿Michiru?
Delicadas pisadas se acercaron al umbral, y la pelimar apareció. Con una bata de seda negra arriba de la rodilla. El viento ceñía la tela a sus curvas femeninas... Y Haruka no pudo evitar posar la mirada en ellas.
Se aclaró la garganta y vio sus ojos azules.
—¿Como estás? ¿Todo bien? —la violinista asintió.
—Al final lo conociste ¿verdad?.
—Ah si... Un tipo apuesto, aunque algo violento.
—No es violento...
—Perdón no quise hablar mal de tu novio, pero cuéntame ¿ya lo terminaste?
—Seremos novios hasta mañana...
—Mmmm seguro quiere sexo por ultima vez —Michiru no hizo comentarios—. ¿Esta aquí?
—Salió un momento, volverá...
—Ah... Bueno, tuve un largo día y quiero dormir, así que no gimas muy alto —dijo Haruka dándole la espalda.
—No te prometo nada... —la rubia volteo a ver la mirada seria de Michiru.
—¿Qué? ¿Te ofendí?
—Vaya ¿Así que no te das cuenta cuando estas siendo grosera?
Haruka rió ante la pregunta.
—¿Grosera? Fue una simple petición.
—Pues no tienes derecho a decirme lo que tengo que hacer y menos a hacerme ese tipo de comentarios.
—Lo tengo, dijiste estar enamorada de mí.
—Y así es, pero eso no te da derecho...
—Entonces entiendes que esta situación me molesta ¿verdad?
—¿Por qué? Yo soy la que debería molestarse porque cada vez que vez a la Srta. Oka terminan en la cama —Haruka alzó las cejas—. Aun cuando me gustas así, ni siquiera lo piensas, no piensas en mi ni a negarte a estar con ella —dijo Michiru con voz calmada pero que denotaba un leve tono de enojo.
—¿Negarme? Soy yo quien pide estar con ella, cuando estoy a solas, solo ella viene a mi mente...
Michiru bajo la mirada un segundo y volvió a los ojos verdes.
—Es algo que ya sabia... Es obvio si lo piensas... Siempre la has preferido... No es una sorpresa. Es una verdad que no me lastima... Mientras no digas que me odias, estaré bien.
Haruka respiro hondo y pasó los dedos entre su cabello.
—Tonta... Ahora te creo eso de que eres inexperta en cuestión de amor... No sabes elegir... Las mujeres que piensan como tú solo tienen destellos de falsa felicidad en sus vidas.
—Puede ser, al menos ya elegí, estar con Kaede esta noche es parte de mi decisión, para estar en libertad sin remordimientos. Por que así, ya no tendrás excusas que ponerme... Y me dirás lo que realmente sientes por mí.
—Michiru... —ahí estaba de nuevo, escuchar su nombre salir de su boca le aceleraba el corazón.
La rubia saltó hasta su balcón y la tomó por la barbilla. El dulce aroma de Haruka mezclado con el olor del alcohol llenaron los pulmones de la pelimar.
—¿Así que todo lo haces por mi? Que considerada, perdón si tu sacrificio me irrita, pero ya sabes, soy egoísta y solo te quiero para mí —dijo recorriendo su cintura con una mano y su mirada abandonó los azules ojos para ir hasta el nacimiento de sus pechos—. ¿Te gusta regalar tu cuerpo para consolar verdad? ¿Te molestaría si tomo un poco? —los ojos de Michiru se abrieron con asombro y antes que pudiera decir palabra, los labios de Haruka se lo impidieron. Un beso violento le quito el aliento, una mano en la nuca y otra en la cintura impedían que se alejara, aun cuando la pelimar trataba de empujar su cuerpo, no podía ¿por que tenía tanta fuerza?
La violinista abrió la boca para tomar aire un instante, que basto para la rubia. Su lengua húmeda se introdujo y sin querer, o tal vez si, mordió el carnoso labio inferior de Michiru, lastimándola. La artista le dio un golpe en el pecho en su defensa.
Nada
Haruka no se aparto, su lengua seguía moviéndose en su interior.
El metálico sabor de sus labios, le hicieron saber que la había hecho sangrar y la abandonó. Solo para besar su cuello con violencia, oliendo por primera vez la dulce fragancia de su cuerpo contra su nariz.
—Suéltame... Has bebido mucho —suplico Michiru tratando de zafarse de los brazos que la aprisionaban. Haruka levanto el rostro y sus labios quedaron justo tras su oreja. Y la rubia pareció calmarse—. Haruka, suéltame por favor, me estas asustando... —el agarre se hizo mas débil.
—No tienes por que temer Michiru, solo no opongas resistencia... —le dijo en voz baja, la suave caricia que subió de la cadera hasta el seno izquierdo hicieron que la blanca piel de la pelimar se erizara.
—Haruka, por favor vete —suplico Michiru.
—Solo un poco... —susurro la rubia volviendo a su cuello, lamiendo y dando leves mordiscos. Mientras su mano se perdía bajo aquel camisón, subiendo por sus piernas hasta su glúteo, sus dedos tocaron el borde de la ropa interior y antes de meterse bajo ella, fue interceptada por la mano de Michiru sobre la tela.
—¡Ya suéltame! No me toques así —dijo Michiru aventando a la rubia, separándola completamente de su cuerpo.
—¿Cual es el problema?
—Has bebido de más, has sido impertinente y me has faltado al respeto. No quiero que me toques. Vete por favor —la rubia sonrió burlona.
—¿No era eso lo que querías? ¿No estabas celosa por que me acuesto con Aya? —Recriminaba acercándose amenazante a la pelimar, haciéndola retroceder hasta entrar al departamento—. Ella siempre me acepta, haga lo que haga... ¿No querías que me enamorara de ti? ¿Que te eligiera? —dijo ladeando la cabeza y recorriendo con un dedo su brazo hasta el tirante, bajándolo un poco, descubriendo el seno izquierdo de Michiru. Acariciando su pezón rosado.
Un calor empezó a recorrer el cuerpo de Haruka al sentir aquella piel de porcelana, su mirada esta fija en aquel seno desnudo. Suspiró y levantó la vista hasta los labios rojos, el inferior un poco hinchado y húmedo. Volvió a bajar la mirada.
Deslizo el otro tirante y la bata resbaló hasta su cintura. ¿Había cedido a sus caricias?
La rubia se deleito con el dorso desnudo de la pelimar, con aquellos pechos que subían y bajaban al compas de su respiración irregular... ¿Irregular?...
¿Sollozos?
Alzó la vista para ver los ojos de la violinista, pero no pudo, estaban fuertemente cerrados y gruesas lagrimas caían por sus mejillas...
Remordimiento...
—Michiru esta bien, lo sient...
—¿Michiru?
Ambas voltearon al oír la voz de un hombre que estaba en el umbral.
La imagen de Michiru llorando, con el labio hinchado y prácticamente acorralada impacto a Kaede.
—Hijo de puta... —recorrió la distancia que los separaba en segundo a grandes zancadas. Haruka se alejo de Michiru, sabia lo que seguía... Pelea.
—¡Kaede no! —gritó Michiru.
La furia de Kaede estalló en un golpe que derribo a Haruka, el impacto de su puño en el estómago le había sacado el aire y le había dejado mareada, aun más. Su reacción había sido lenta, los reflejos estaban atontados a causa del alcohol.
La rubia tosió varias veces.
—Levántate maldito —forcejeaba Kaede con Michiru que trataba en vano de detenerlo.
Haruka se puso lentamente de pie sin perder de vista al furioso hombre que tenía en frente. La sangre le hervía, había sido su culpa por forzar a Michiru, pero no iba a tolerar que la golpearan por eso... Menos él.
—Aléjate de él Michiru... No quiero lastimarte —«aunque suene irónico» dijo la rubia.
—¡Basta! No quiero que peleen —gritó la pelimar aferrando fuertemente el brazo de su prometido.
—¡Éste hijo de perra estaba tocándote! ¡Estabas llorando! ¡Deja de defenderlo! —se soltó del agarre con un empujón que hizo que Michiru cayera en el sillón.
Se volvió a abalanzar sobre el "hombre" que había tocado a su prometida.
Lanzó un puñetazo, que Haruka esquivó fácilmente, dejándolo fuera de balance.
La rubia golpeó su estómago con la rodilla y después le impacto la cara con el puño repetidas veces. Haciendo a Kaede sangrar de los labios y la nariz.
Michiru les gritaba, pero no la escuchaban. La furia los había vuelto irracionales, uno al otro forsejeando por el departamento, tirando todo a su paso.
Los gritos, el sonido de cristales rotos, muebles arrastrados atrajeron a la multitud... La pelea había llegado al pasillo en un instante.
Haruka sobre aquel joven con el que había discutido esa misma tarde. Esta vez golpeándolo sin misericordia.
Un joven la tomó por los brazos y se la quito de encima, mientras otro ayudaba a Kaede a levantarse.
Los soltaron cuando parecieron calmarse.
Michiru limpió las heridas de su aun prometido con un pañuelo con preocupación, nunca lo había visto en tal estado... Acción que hizo a Haruka enojar nuevamente... Y antes que alguien pudiera detenerla, lo golpeó de nuevo, haciendolo sangrar aun más.
—¡Ya basta Haruka! —Suplicó Michiru jalando su camisa con fuerza—. Déjalo... —el tono suplicante la hizo bajar la guardia... Y un impacto la hizo caer al suelo.
Un punzante dolor en el rostro, la tibieza de la sangre en su boca... Un labio entumesido...
Kaede la veía desde arriba, levantó el brazo amenazante...
—¡NO LA GOLPEES! —gritaron al unisonó un sin fin de jovencitas incluyendo a Michiru...
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... Perdón por la tardanza... Se que es feo leer un fic que no saben cuando se actualizará... Pero ya me pondré seria... Estoy escribiendo el siguiente capitulo, indecisa aun del final que elegí...
Agradezco sus reviews, son geniales todos, me dan mucho animo...
