CAPITULO 2 STEFANY, ME MATAS

Eran las ocho menos veinte de la mañana de un lunes. Me encontraba sentado en la cocina de mi casa esperando a que mi hermana terminara de arreglarse. Meiling llevaba exactamente desde las siete de la mañana metida en el cuarto de baño. ¿Para qué se arreglaba tanto una chica si sólo íbamos a clases? No entendía por qué la gente iba a la universidad como si de una pasarela se tratase. Íbamos a estudiar, no a desfilar. "Es cuestión de moda", se limitaba a decir Meiling, mi hermana melliza.

Mei era una adicta compulsiva a las compras, que el cielo nos ayudase. En su habitación estaba el vestidor más grande que jamás podría ver...Llevaba detrás de mi más tiempo del que podía recordar para hacerme un cambio de imagen...Definitivamente mi aspecto no era el mejor, de eso era más que consciente, pero me encontraba seguro tras mi fachada.

De todas formas, ¿para qué cambiar? La gente por lo general no se acercaba a mi; la gente normal, me refiero. Los únicos con los que tenía contacto en la universidad era con los chicos del club de ciencias y con los profesores.

Aunque siendo sinceros, eso no era del todo cierto. El año pasado nos mudamos a Tomoeda en mitad de un semestre debido al traslado de hospital que tanto ansiaba mi padre. Me alegré mucho por él, en serio...pero a mi me costó muchisimo hacerme al cambio. Para mi era un suicidio social; yo era tímido, retraído con la gente y por lo general me encerraba en mi burbuja personal ya que me costaba mucho abrirme a los demás. Para mi fue muy duro el cambio. Ya me había acostumbrado a las clases de Hong Kong, en una universidad sin duda mucho más pequeña que la actual.

Por suerte o por desgracia no estaba sólo. La parte buena era que mis hermanos estaban conmigo. La parte mala es que no nos parecíamos en nada absolutamente. Ellos eran graciosos, estilosos, populares allí donde pisaban. Igualito que yo, vamos. El contraste entre nosotros era devastador...

Meiling era mi hermana melliza, aunque lo único que compartíamos en común eran la edad y el espacio vital en el útero de nuestra madre durante el embarazo. Eriol no hacía más que reirse porque decía que yo había acaparado toda la energía mientras estábamos dentro de nuestra madre, ya que ella era chiquitita y menuda. Era chillona, mandona y algunas veces exasperante, aunque era todo corazón.

Eriol era nuestro hermano mayor. Era grandullón, fuerte y con la mentalidad de un niño pequeño aunque no por ello era menos inteligente, cuando le daba la gana, claro. Podía tirarse horas enteras gastándome bromas sexuales pesadas...Aunque detrás de esa fachada se escondía un tipo listo y con una gran personalidad.

Ambos eran extrovertidos, salían con gente, se divertían...yo no. Siempre me encerré en mi mismo y como vi que en mi burbuja estaba a salvo, ahí me quedé. El tema de las relaciones personales me había costado mucho desde pequeño...así estaba yo ahora.

Cuando empezamos aquí las clases mi hermana no tardó ni diez minutos en hacer amistades, como venía siendo costumbre. El primer día empezó a hablar con una tal Sakura. Era una chica muy guapa, con el pelo de color castaño hasta la cintura y con los ojos verdes esmeralda. Tenía que reconocer que era una chica bonita.

Sakura era amiga de unos hermanos gemelos, los Daidoji. Tomoyo era una chica espectacular, justo del estilo de mi hermano. Llevan juntos desde el minuto en el que pusimos un pie en el campus...no se les puede separar ni con agua caliente...

Lien era un tipo bastante amable y calmado que se enamoró perdidamente de mi hermana. Pobrecito. Como fuera, me alegraba de que al fin mis hermanos encontraran la estabilidad. En algún momento llegué a pensar que eran balas perdidas.

- ¡Ya estoy! - dijo mi hermana mientras bajaba las escaleras dando saltitos.

- Ya era hora – murmuré.

- Hermanito, yo no tengo la culpa de que vistas como un abuelo en vez de como un chaval de diecinueve años.

Bajé la mirada para revisar mi indumentaria. Quizás no fuera lo más chic del momento, notese el sarcasmo, pero yo no lo veía tan mal. Llevaba una camisa de rayas abotonada hasta arriba, como siempre. Y mis pantalones beige de pinzas estaban perfectos. ¿qué problema tienen siempre con mi ropa? Sacudí la cabeza sin entender.

- ¿Dónde está Eriol? - le pregunté a mi hermana cambiando de tema.

- Está poniendo a punto el Jeep, gracias a los cielos que lo estrena hoy. Un puñetero día más dándome la brasa con el coche y no se lo que le hubiera hecho... – rodó los ojos – Así que hoy nos vamos los tres solos.

- ¿A que es precioso mi bebé? - preguntó mi hermano Eriol acariciando el frontal del Jeep justo cuando entramos al garaje.

- Digamos que es proporcional a tu tamaño – le contesté mirando a la mole que tenia por coche.

Contra todo pronóstico, y gracias a la conducción temeraria de mi hermano, llegamos a las ocho menos cinco a la universidad. En el aparcamiento ya estaban los Daidoji y Sakura. Nada más llegar mis hermanos hicieron el ritual de besuqueo delante de nosotros.

Miré de reojo a Sakura; he de reconocer que en cierto modo me intimidaba una mujer así, por eso apenas hablaba con ella. Ese día llevaba una falda negra y una camiseta morada que remarcaba sus pechos. Sus bien formados pechos, he de añadir. Estaba sonriendo mientras miraba como mis hermanos recibían las muestras de cariño de sus parejas.

Sakura no tenía novio, al menos no serio. En la facultad era conocida por su larga lista de...amantes, por así decirlo. Muchas chicas la envidiaban y otras la odiaban, por eso la insultaban de vez en cuando y se metían con sus "actividades".

No se por qué la increpaban por eso. Era su vida y su cuerpo y ella hacía lo que quería. Yo en cierta manera la envidiaba. Sakura era un espíritu libre que vivía la vida sin pensar en el mañana y...Mis pensamientos se disolvieron estupefacto ante la aparición de una chica. Estefany.

Estefany era preciosa. Era alta, con el pelo negro azabache y muy brilloso y unos ojos azules increíbles. Era perfecta, sin más. Aunque no perfecta para mi, obviamente. Ella era una de las chicas populares, una animadora de esas que salen con los jugadores del equipo de futbol llenos de músculos y expertos en temas de seducción. No es que estuviera enamorado de ella...al menos no aún. Quizás era el prototipo de mujer con el que soñaba, algo asi como un amor platónico...Estefany se había colado en mi cabeza de una manera que jamás creí posible. En cierto modo me obsesioné un poco por tener lo que los demás tenían. Si al menos pudiera estar con ella un día...una sola noche...

- Hermano, deja de babear – dijo Eriol. En ese momento me avergoncé. Sentí mi cara arder, lo único de lo que fui capaz fue de agachar la cabeza.

- No le hagas caso...ya sabes como es – me susurró Sakura.

Eran pocas las veces que hablábamos y en este momento agradecía su apoyo. Yo no era el único que era blanco de las bromas de Eriol; ella también se llevaba buena parte, aunque sabía encajarlas muchisimo mejor que yo. Su humor para ese tipo de cosas también me resultaba envidiable.

Le sonreí o al menos lo intenté y caminé hasta la facultad de medicina. Mi carrera era mi única fórmula de escape para mi día a día. Estaba estudiando para ser tan buen cirujano como mi padre, aunque igualarle sería casi imposible. De todos modos yo le ponía empeño. Ya desde pequeño me fascinó la medicina; cuando mis compañeros leían comics yo leía tomos sobre el sistema circulatorio.

Entré y me senté en mi sitio de siempre, en primera fila para no perder ni una coma de la clase de hoy.

- Cuatro ojos – susurró alguien detrás de mi.

Ahí empezamos con el pan de cada día. Al parecer el estar centrado en mis estudios en vez de en mis músculos y no ir a la moda estaba mal visto. Al menos se cortaban a la hora de pasar a insultos mayores o a algo peor; todos temían a Eriol. Ignoré al chico que me había insultado y me centré de lleno en la clase en cuanto el profesor comenzó.

Estábamos dando un interesantísimo tema de neumología cuando el timbre sonó. Las clases se me pasaban demasiado rápido.

Recogí mis cosas ignorando las risitas que se oían a mi alrededor y caminé solo hasta la cafetería, como siempre. Los chicos según se fueron sentando iban comenzando la sesión de besos, sobeteos y magreos de turno. Rodé los ojos y me metí de lleno en la lectura de uno de mis libros para evitar mirar tal espectáculo e interpuse mi libro como escudo.

- Hola, chicos. Podeis cortaros un poco, aquí delante de vosotros hay gente decente – dijo Sakura mientras se sentaba en la mesa. Bajé un poco el libro para mirarla; tenía un brillo especial en la mirada que esta mañana no tenía.

- ¿De quién estás hablando? ¿De ti...? - Meiling se acercó a ella y olfateó a su alrededor arrugando su pequeña nariz de duende. La otra loca, hizo lo mismo.

- ¡Pedazo de puta! - gritó Tommy. Tuve que mirar a ambos lados de la mesa para ver si alguien la había oído. Pues...sí, ya había un grupo que miraba hacia nuestra mesa - ¡Vienes de echar un polvo! Hueles a sexo que tiras para atrás.

Dejé caer el libro un poco para centrarme en la conversación de las chicas...¿De echar un...polvo? ¿Pero donde? Si estábamos en el campus, ¿en verdad había tenido relaciones sexuales aquí? ¿Y olor a sexo? Algunas veces me lamentaba de ser tan inocente.

- Como si fuera algo nuevo – bromeó Eriol. Sakura como respuesta le tiró parte de su almuerzo manchandole la cara.

- ¿Quién ha sido el afortunado? - preguntó Lien con un deje de preocupación.

- Yue. No es nada nuevo – dijo encogiendose de hombros como si lo que hubiera compartido con él no fuera nada.

- ¿Nada nuevo? - dijo Mei – Me dijiste que follaba como nadie.

- Y folla como nadie, pero no es nada nuevo.

Dios...¿Por qué siempre me avergonzaba cuando oía estas conversaciones? ¿Y por qué ellos podían hablar con tanta facilidad sobre sexo sin tan siquiera ruborizarse?

Entonces la puerta se abrió y entró Estefany con el resto de las animadoras haciendo que momentaneamente me olvidara de la conversación que mantenían los chicos. Saludó a varios chicos y a algunos los besó en la mejilla con esa risa coqueta en sus labios. Su pelo estaba recogido en una coleta y dejaba ver su cuello y su clavícula...y esa falda...si hiciera un movimiento un poco brusco se la vería...

- Syaoran, olvidala. Es una estúpida – me dijo Meiling de repente despertandome de mi ensoñación. De nuevo había sido pillado mirando a donde no debía. Además esta conversación ya la habíamos tenido unas cuantas veces en casa.

- Meiling...aquí no – le rogué. No quería avergonzarme más, al menos por hoy.

- Es verdad, tío. Desde que llegamos aquí el semestre pasado no haces más que babear por esa Barbie...y lamentablemente te ignora y me temo que lo va a seguir haciendo – murmuró Eriol.

Agaché la cabeza pero esta vez no fue por vergüenza...fue por rabia. Siempre estaban con lo mismo y ya estaba empezando a estar harto. Soy miope, no ciego.

- ¿Que te crees? ¿Que no lo sé? Conozco mis limitaciones, creéme. No soy su tipo y tampoco espero serlo...pero...pero no hace falta que me hundais más en la miseria.

Todos me miraban como si fuera un alien. Era la primera vez que contestaba a mis hermanos de esa manera y delante de la gente. Estaba al límite, así que me levanté y me salí de la cafetería con la intención de que la mente se me despejara un poco antes de terminar diciendo algo de lo que me pudiera arrepentir.

Vi un banco solitario y me senté bajo el tenue sol. ¿Qué pasaba con ellos? ¿Acaso era inferior por no ser tan divertido y enrollado como ellos? Por Dios...me gustaría cambiar, claro que si...pero simplemente no podía, al menos no sólo.

- ¿Puedo?

Alcé la vista y me encontré cara a cara con Sakura. Estaba frente a mi con expresión seria. ¿Vendría a darme la puntilla? No...Sakura no era así. Me encogí de hombros y ella se sentó a mi lado. En ese momento podía parecer absurdo darse cuenta de que su pelo al sol brillaba con tonalidades cobrizas y caobas... los dos al mismo tiempo

- No te lo tomes a mal, Syaoran. Tus hermanos se preocupan por ti, sólo es eso – la miré sorprendido. ¿Venía a malgastar su tiempo intentando animarme? Buena suerte, Saku.

- Lo se...- suspiré - pero no soy como ellos. Es...es superior a mis fuerzas...soy tímido. Me veo incapaz de mantener una conversación con alguien sin tartamudear – confesé.

- Conmigo lo estás haciendo – en su boca se formó una sonrisa sincera que agradcí.

- Supongo que es porque tu eres fácil - no, no, no...bocazas. Sentía mi cara arder. ¿De verdad que la había llamado fácil? Ugh - No quería decir que tu fueras...a ver...quería decir...no te estaba llamando chica fácil ni nada de eso...es sólo que...- Dios, qué difícil.

- Syaoran – me cortó y de nuevo se lo agradecí – Te he entendido. Te resulta fácil hablar conmigo – asentí como un idiota incapaz de decir nada – Bien, puedes hablar conmigo siempre que lo necesites. ¿Vamos dentro?

Asentí y fui junto a ella hasta la cafetería. No se por qué Sakura tenía esa fama de frívola. No era como la describían, era una chica agradable...aunque en cierto modo distante. Era una combinación un poco extraña.

- Syao – dijo Eriol cuando llegamos a la mesa – Lo siento, he sido un gilipollas – miré los ojos arrepentidos de mi hermano.

- No, Eri, tranquilo...es que estoy un poco...déjalo – ni siquiera sabía explicar cómo me sentía. No me aguantaba ni yo mismo.

- Necesitas un cambio, hermanito – me dijo Mei dándome unas palmaditas en el hombro.

- Dime algo nuevo – murmuré.

- Y creemos que tenemos a la persona idónea – Sakura miró a mi hermana justo en el momento en el que yo hacía lo mismo - ¿Saku, serías capaz de cambiar a mi hermano?

Y hasta aquí el capitulo…!

Espero les guste tanto como me gusto a mi..

Quiero agradecerle de nuevo a Atenea85 que adapte el fic.. Espero y sigas escribiendo haci, lo haces muy bien… Nos leemos pronto..

EN EL PRÓXIMO CAPITULO

- ¿Hay trato? - preguntó Meiling con una sonrisa.

- Hay trato – contesté.

Tras un murmullo general de aprobación, los chicos empezaron a bromear y a soltar burradas de sus bocazas. Mei empezó a decir que iba a quemar toda su ropa y que le iba a cortar el pelo y...y tuve que callarla antes de que cogiera carrerilla.

- Meiling, para, para...Creo que tenemos que empezar con lo principal y más básico.

- ¿Con el misionero? - bromeó Eriol...