APITULO 13 SUBE LA TEMPERATURA
Joder con las clases de Syaoran. Dios santo, me había dejado tan caliente que apenas podía pensar coherentemente. Realmente se sentía muuuy bien las manos de Syaoran sobre mi piel. Eran grandes pero a la vez delicadas, no como esas bastas caricias que por lo general recibía. Además, cuando cogió confianza eran firmes y de lo más placenteras...
Mmm, arggg...necesitaba hacer algo con el grado de mi excitación y lo necesitaba ya. Había llegado un punto en el que casi pierdo los papeles, cuando me quitó la camiseta y me acarició estuve a punto de empujarle contra la cama y...Calma, Sakura...para la siguiente fase aún quedaba un poco, no quería echar a perder todo lo que habíamos conseguido hasta ahora. Syaoran avanzaba, pero su inseguridad en ciertos aspectos hacía que quedara un largo camino. Vale, ¿y ahora qué coño hago yo?
Entonces me vino la inspiración. El famoso conejo rosa. Señor, ¿quién me iba a decir a mi que terminaría sopesando la idea de usar un puto vibrador?
Casi a regañadientes fui hasta mi armario y, tras rebuscar entre cajas de zapatos, saqué la pequeña cajita que me había regalado Tomoyo. Lo saqué de su envoltorio y lo miré detenidamente. Era de color rosa chicle – un color muy chic, si señor – su tacto era suave y de tamaño...de tamaño no andaba nada mal. Le di vueltas buscando el interruptor, ya que el aparatito se movía y...oh, aquí estaba el movimiento. Casí que quedo bizca y con cara de gilipollas mientras miraba como el aparato en cuestión se movía rítmicamente.
Me quité la ropa y me puse frente al espejo grande de mi habitación. Era consciente de que no era la mujer más atractiva del mundo; en la universidad había chicas más altas, más guapas...aunque por alguna razón extraña los chicos querían mi compañía. No. Dijo mi conciencia. Te quieren porque eres una presa fácil...Como fuera. Me deseaban a mí. Mis pechos no eran ni pequeños ni grandes, pero estaban firmes y el aro de mi pezón me daba cierto aire de sexualidad. Mi vientre era plano y, aunque algo blancas, mis piernas estaban moldeadas y torneadas. Y podía notar perfectamente la humedad entre mis muslos, fruto de la clase de hoy; estaba más que claro que este temario me había dejado caliente como una perra.
Me acaricié los pechos como había hecho Syaoran hacía escasos minutos. Por todo lo sagrado, sus manos se habían sentido jodidamente bien. De hecho hubiera dado cualquier cosa porque me hubiera acariciado en otro sitio con esos dedos largos y esas manos fuertes y...sí, eso lo dejaremos para más adelante.
Jugué con el aro de mi pecho y jadeé por la sensación; mi piel estaba sobreexcitada y cualquier caricia por pequeña que fuera hacía estremecerme. Entonces cogí el condenado aparato del demonio. Aunque no había usado nunca uno de estos la técnica me la tenía más que aprendida.
Abrí las piernas delante del espejo y me observé en él de piernas abiertas. Mi sexo estaba brillante por la excitación, como había estado toda la bendita tarde. Me toqué con los dedos los labios para extender los jugos y luego hice lo mismo con el consolador; lo paseé hacia arriba y abajo para lubricarlo bien. No pude evitar jadear; en esos momentos me alegré de estar sola en casa.
Poco a poco introduje el vibrador en mi interior y jadeé por lo que estaba viendo en el reflejo; el aparato estaba incrustado hasta la empuñadura en mi cuerpo y yo lo estaba disfrutando. Sí, te lo é a sacar y meter el vibrador sin apartar la mirada del espejo. Justo cuando estaba a punto de llegar al orgasmo encendí el modo vibrador y este tocó mi punto sensible. Fue ahí cuando chillé fuertemente. Caí desmadejada hacia atrás en mi enorme cama y suspiré. Joder, como se echaba de menos justo lo que no se podía tener. Algunas veces pensaba que era adicta al sexo; ahora me encontraría justo pasando el periodo de abstinencia y Syaoran, lamentablemente, no ayudaba mucho con mi problema. Rodé sobre mi estómago, estaba cansada, muuy cansada, pero me sentía condenadamente bien.
Tras darme una ducha cálida y relajante lo único que pude hacer fue meterme entre mis sábanas y dormir desnuda en mi cama.
Me acosté bien, pero me levanté de mala hostia, así para empezar. Creí que los ejercicios que hice con el puñetero vibrador de los cojones antes de acostarme saciaría un poquito mis instintos; pues no. Anoche soñé con Syaoran. No un sueño cualquiera, no. Un sueño húmedo y súper real en el que Syaoran se abalanzaba sobre mi con una potente erección entre los muslos y que me besaba con pasión para después meter su...Ugh, definitivamente esto no me podía estar pasando a mí. Yo no soñaba con ningún tío, así porque sí. Aunque encontraba una solución básica y sencilla del por qué de estos sueños húmedos. Incomprensiblemente, Syaoran Li me ponía cachonda. Al menos me había pasado las últimas dos veces que habíamos tenido clases. Quizás lo que me ponía de él era esa inocencia a la que no estaba acostumbrada...no se.
En todo caso, ¿ahora qué se supone que tengo que hacer? Bueno, la respuesta era fácil. Aprovecharme de la situación como la perra mala que era.
Tras darme la ducha más fría que mi cuerpo pudo aguantar, cogí mi coche y me fui a clases. Cuando aparqué ya estaban allí los Li y los Daidoji al completo.
- Hola, chicos – dije intentando sonreír.
- Hola...nena – Tomoyo me miró la cara atentamente – Uff, tienes un careto de cojones...¿has dormido bien?
- Gracias, Tommy...- dije irónica – Pues...no sé qué decirte – a la mente me vivieron imágenes de ese sueños y...
- Oh, oh...animadora sin cerebro a las tres – dijo Meiling sonriendo pícaramente.
Allí estaba Estefany puteando con los chicos del equipo – aprovéchate tu que puedes, zorrona – encantada de las atenciones que recibía de todos. Llevaba unos shorts y una camiseta que no dejaban mucho a la imaginación. Esa ropa y el frío que hacía esa mañana eran del todo incompatibles con la vida, pero bueno...para estar guapa hay que sufrir, ¿no?
Miré a Syaoran. Le estaba mirando directamente al culo y su cara era casi cómica. No pude evitar reírme.
- Se te van a salir los ojos de las cuencas, Li– se puso un poco rojo por la pillada, aunque este sonrojo no fue tan intenso como antes. Sonrió y me miró.
- No te preocupes, Kinomoto. Si se me salen los ojos los cristales de mis gafas los pararán – todos los chicos le miraron como si tuviera dos cabezas...o tres - ¿Qué? ¿Ahora no puedo bromear? - dijo rodando los ojos.
- ¿Qué le estás haciendo? En serio – preguntó Eriol – ¡Sakura, dime qué coño estás haciendo con mi hermano! - dijo de manera teatral.
- Cállate, Eriol – le dije mientras le daba un codazo.
La hora del descanso llegó pronto y, como siempre, los chicos y yo nos sentamos juntos.
- Bueno, ya tenemos la reserva del hotel y los billetes, ¿no? - preguntó Tomoyo mientras daba un enorme mordisco sin pizca de finura a su bocata de jamón tamaño XXL. Dios, todo se pega...
- Sí – respondió Meiling– Saldremos de aquí a las siete de la mañana – los chicos gimieron, incluido Syaoran – Eh, ¿qué pasa? ¡Así aprovecharemos bien la semana!
- Cálmate, cariño – le dijo suavemente Lien – Lo mejor será que una vez allí alquilemos un coche grande en el que entremos los seis.
- Sí, yo creo que...- Eriol se calló de golpe cuando vio entrar a Rika en la cafetería – La puta pelirroja – murmuró.
- No, puta no...se supone que es virgen e inmaculada – dije con sorna.
- Virgen o no para mi es una puta pelirroja.
- Aún no sabemos por donde cogerla, ¿no? - preguntó Tomoyo mientras la miraba con cara de asco.
- Esta mañana en la biblioteca la he oído decir que acudiría a no sé qué sitio. Parecía que estaba hablando de una cita – dijo Syaoran.
- ¿A una cita? - le pregunté - ¿No has oído nada más?
- Bueno...- pareció pensarlo – Ha dicho, palabras textuales: estaré allí como todos los viernes, ciao. Y luego a tirado un beso.
- ¡Pfff! - exclamó Tomoyo– Pueden ser mil cosas...puede que haya quedado con una amiga, para ir a comprar, para hacerse la manicura, para...
- Para hacer una orgía – le cortó Eriol.
- Sí, venga – dijo Lien.
- O puede que esté en la mafia y que sea una narcotraficante, quién sabe...- dijo Eriol encogiéndose de hombros. Todos rodamos los ojos.
- Eriol, deberías de ver un poquito menos la tele – le dije con sinceridad - ¿Rika va mucho a la biblioteca? - le pregunté a Syaoran.
- Sí...ahora que lo dices, si. He coincidido varias veces con ella. La próxima vez estaré atento para ver su puedo sacar algo de lo que escuche.
- Joder – dijo Tomoyo - ¿No se supone que en las bibliotecas hay que estar en silencio? Ahora va a resultar que es un puto club social – bromeó.
- Bueno, dejemos a la zorra santurrona y centrémonos en nuestra semana de vacaciones – dije con intención de no hablar más de Rika.
- Oh sí...tenemos que ir de compras – dijo Meiling – Tenemos que comprar vestidos para la noche, bikinis, zapatos...
- Dios – susurré – Para qué coño habré hablado – Syaoran se rió bajito.
Le miré indignada y él lo único que hizo fue reírse más fuerte. Esa risa me hizo recordar el sueño de anoche. Ahora todo lo que podía ver era a Syaoran desnudo como en mi sueño, quitándome la ropa y besándome el pecho y bajando más hacia...
- ¿Sakura? - me llamó Syaoran.
- ¿Hoe? ¿Qué?
- Te decía que esto te servirá para estar callada la próxima vez.
- ¿Si, no? - se rió aún más - Creo que no te deberías de meter mucho conmigo, Li. Puedo tomar represalias contra ti en la próxima clase – dije intentando sonar seria.
- ¿Represalias? - asentí con la cabeza.
- Sí, igual te castigo atándote al cabecero de mi cama y me aprovecho de ti – bromeé.
- ¿Y crees de verdad que eso sería un castigo?
Ahora fue mi turno de quedarme a cuadros. ¿Syaoran me había dicho eso? ¿Ha pasado algo y me lo he perdido? Mientras nos levantábamos para ir a nuestras respectivas clases tomé la decisión. Ya era hora de pasar de nivel con las clases de Syaoran...por su bien y por el mío.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
El día fue duro, y cuando digo duro...digo duro. Desde que Sakura pisó un pie en el aparcamiento de la universidad no pude hacer otra cosa que visualizarla desnuda de cintura para arriba. Saber lo que había debajo de esa estrechísima camiseta roja que llevaba puesta me cortaba la respiración y hacía que mis testículos se resintieran por la excitación. Aún no me podía creer que la hubiera tocado de esa manera y que no me hubiera dado un ataque de nervios en el intento.
Y para colmo aparece Estefany con ese diminuto pantalón si es que se le podía llamar así a esa pequeña prenda. Señor, estaba seguro de que había braguitas más grandes que eso. Estaba deseoso; si todo salía bien pronto yo le quitaría esos pantaloncitos y le haría todo lo imaginable...o todo lo que me enseñase Sakura.
De todos modos, estaba contento. Las clases de Sakura iban aparentemente bien, al menos por ahora, íbamos a empezar a tramar un plan contra Rika y nos iríamos una semana a Las Vegas. En un principio no estaba seguro de querer ir, pero luego me dije...¡a la mierda! Tenía que empezar a vivir, a pasármelo bien y desinhibirme y qué mejor sitio en que no me conocen de nada. Si algo salía mal me quedaba en ridículo tenía el incentivo de que no me iban a ver más.
Como todos los jueves salí de mi casa rumbo a la mansión Kinomoto. He de reconocer que hace unos días este caminito me intimidaba un huevo. Ahora no tanto, ahora lo hacía con un poco más de resolución ya que sabía a lo que atenerme...Al menos hasta que llamé a la puerta de la casa de Sakura y esta me abrió en bata.
La miré de arriba abajo. Esta vez nada de vaqueros, ni camisetas sencillas ni coleta mal hecha...esta vez iba en bata. Una bata de color azul oscuro, su pelo ondulado suelto y descalza, como siempre. Vale, respira campeón.
- Li, ¿pasas o nos quedamos aquí a contemplar en paisaje? - dijo con tono pícaro.
Subí las escaleras sonriendo. Me hacía gracia, últimamente cuándo nos picábamos nos llamábamos por los apellidos, cosa que solía pasar mucho últimamente. Cuando entré en su habitación me senté en mi lado habitual de la cama.
- ¿Te han torturado mucho tus hermanos antes de salir de casa? - dijo sonriendo.
- Bueno, no mucho...- me rasqué la cabeza.
- Que raro – murmuró – Bueno... ¿quieres saber el contenido de las clases de hoy? - asentí con la cabeza – En la clase anterior dimos las zonas erógenas, pero no todas.
- ¿No? - pregunté como un idiota.
- Ni mucho menos – se acercó a mi andando sensualmente – Faltaron unos cuantos sitios – me susurró. Tragué en seco imaginándome lo que vendría – Hoy empezarás a aprender cómo dar y recibir placer.
Volví a tragar en seco cuando vi que se quitaba la bata. Debajo de esta llevaba un conjunto de ropa interior que constaba de una camiseta de encaje y un cullote negros. Se me hizo la boca agua, literalmente.
- ¿Recuerdas todo lo que hicimos en la anterior clase? - como para no acordarme, hija de mi vida...
- Sí...
- Vale, tienes que seguir todos esos pasos antes de centrarte en el núcleo del placer, ¿me entiendes? - volví a asentir como un gilipollas – Empecemos...hazme un resumen de la clase anterior y sobre la marcha te explico en temario de hoy.
Ay, ay, ay...Venga...va. La animé a que se sentara a mi lado en la cama. Empecé besándola de la manera que ella me había enseñado; acaricié sus labios con mi lengua mientras mis manos entraban en el juego. La acaricié las mejillas, el cuello...la clavícula. Reconozco que jadeé cuando apoyó su mano en mi muslo, aunque lo disimulé – o al menos lo intenté – y seguí con mi tarea. Deslicé los labios por la piel de su cuello donde mordí ligeramente. Gimió bajito.
- No sé si está bien el resumen que te estoy dando – bromeé, aunque estaba nervioso hasta los topes.
- Sí, creo que prestaste atención a la anterior clase – sonrió – Estás nervioso.
- Sí...
- No lo estés, es algo natural – dijo cerca de mi boca – Tienes que aprender a tomar el placer que una chica te puede brindar. Créeme, lo que te puedo hacer yo no es ni punto de comparación con lo que tú te haces.
Entonces me besó despacio para que me relajara un poco. Me agarré a si cintura justo cuando me acarició con su lengua...y empecé a hiperventilar cuando noté que me desabrochaba la camisa. Me iba acariciando la piel que iba quedando expuesta. Suspiré cuando al fin me la sacó por los brazos.
Cortó el beso, se separó de mí y me observó con detenimiento. Vi como sus ojos recorrían mi torso desnudo lentamente hasta el punto de ponerme nervioso. ¿Qué miraba tanto? ¿Y...y si no le gustaba lo que estaba viendo? Y eso que sólo había descubierto la mitad...joder, su silencio no ayudaba mucho a mi estado de ánimo.
- Estás...estás muy bueno – dijo al fin con un toque de incredulidad.
- ¿Sí?
- Sí – susurró – No parece que haya este pedazo de cuerpo debajo de esa ropa.
¿Había dicho pedazo de cuerpo? ¿Yo? Pasó su mano por mi pecho y siguió besándome. Sus palabras y sus pequeñas manos me hacían cosquillas y provocaban movimientos más que carnales en mis pantalones. Me estaba poniendo burro. Y me puso más burro aún cuando me habló de nuevo.
- ¿Me harías el favor de ir desnudándome?
Si eso es hacerte un favor...encantado. Sin que de mi boca saliera una palabra le quité la camiseta, si es que se le podía llamar así y observé de nuevo sus...tetas. Antes de que me dijera nada alcé la mano e hice lo que me enseñó el otro día; acaricié el contorno de su costado, con delicadeza, me acerqué a la piel tierna de su pecho y con suavidad le acaricié el pezón. Primero uno, luego el otro. Jugué con la pequeña pieza de metal que llevaba. Sonreí cuando la oí suspirar.
Sakura volvió a besarme. Dios, me encantaban esos besos...creo que el beso fue uno de los mejores inventos de la historia.
- Vale – susurró contra mi boca – Llegados a este punto puedes pasar a la siguiente fase, si es que a ella le apetece – la miré interrogante – Le metes mano por debajo de la falda – oh, gracias por el apunte...- Ahora, te voy a desabrochar los pantalones...y te voy a tocar, ¿vale? Primero te mostraré como se hace...
¿Sí? ¿En serio? Por favor...¿qué coño te pasa? ¿Acaso te ha comido la lengua el gato esta noche o qué? Gemí quedamente cuando Sakura me bajó lentamente la cremallera del pantalón haciendo que su mano se chocara irremediablemente con el bulto de mi entrepierna.
- Como te dije...no vayas directo al grano...rodea el elástico de su ropa interior – dijo mientras lo hacía ella – rózate con ella con suavidad...espera, vamos a quitarte esto.
Me bajó un poco más el pantalón hasta que terminé de quitármelo yo. Miré hacia abajo. Dios...los bóxers estaban a reventar, tanto que incluso era vergonzoso y...y se me quitó la vergüenza cuando Sakura metió su mano por mi ropa interior y me sacó la polla.
- Joder – murmuró.
- ¿Qué pasa? - miré hacia abajo. Ugh...mi erección me llegaba al ombligo.
- Es...es...enorme – dijo con los ojos como platos.
Vale, no sabía si reírme o llorar hasta que me acarició con su tibia mano. Me está tocando, me está tocando...oh señor...esto en verdad no se parecía en nada a los toques que yo me hacía.
- Tranquilo – me susurró.
Se puso a horcajadas encima de mi y siguió acariciándome.
- A nosotras nos gusta haceros disfrutar, es...una forma de obtener placer el hecho de que tu pareja disfrute con lo que le haces – susurró contra mi mejilla.
Sus pechos rozaban mi piel, podía sentir sus pezones totalmente erectos contra mi pecho. Y esas manos...me estaban volviendo loco. La agarré de los muslos y la besé antes de mirar hacia abajo. Mierda, mierda...ver esa pequeña mano moviéndose contra mi me llevó al punto de no retorno. Entonces fue cuando maldije para mis adentros. Perfecto, Li...
Jejeje, ¿qué le habrá pasado a Syaoran? ¿Qué os ha parecido la clase de hoy?
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
Acaricié ese pequeño botón apretado a modo de prueba...esos pezones rosados me estaban volviendo literalmente loco..."Si roza las tetas contra ti arqueando el cuerpo quiere decir que le gustaría que se las tocases...o que se las chupases..." Bajé la cabeza para lamer lentamente el pezón perforado y oí como gemía. Dios, ese ruido, provocado por mí, se metió en mi cabeza como una de las más deliciosas melodías. Sin duda el mejor afrodisíaco era el gemido de una mujer...sentía que mi ropa interior empequeñecía por momentos. Seguí con los lametones hasta que de nuevo subí a su boca y la probé...para entonces ya estábamos los dos jadeando.
- Syaoran– dijo contra mi boca – Quítame las bragas...
