CAPITULO 18 VEN AQUÍ, NENE

Gracias a los cielos este era el último día de clases. No me había podido concentrar en ninguna de las materias, mi cabeza estaba totalmente fuera de este lugar. No me podía sacar de la cabeza la imagen de Syaoran ayer por la tarde. Vale que su cambio aún no había acabado, pero sólo con ese nuevo peinado y las gafas nuevas...mmmm, estaba para hacerle "un favor". O dos.

Aún no entendía por qué teniendo una hermana como Meiling nunca había probado a hacerse un cambio de look. Apenas le habíamos hecho nada y ya mostraba un indicio super sexy de lo que se podría convertir. Y con lentillas...estaba segura de que cuando le cambiáramos por completo Syaoran iba a romper más de un corazón en la universidad. Sólo me bastaba con recordar la cara de Estefany ayer cuando le miró. Soy una chica y reconozco cuando una mujer pone en modo "on" su mirada de "reconocimiento"...y Estefany lo hizo.

Todos los alumnos estaban muy revolucionados. Los que vivían lejos de la universidad viajarían para pasar las fiestas en su casa con sus familiares y los que vivían en Tomoeda andaban como locos preparando fiestas e invitaciones. Nosotros por nuestra parte seguíamos detallando nuestro viaje a Las Vegas...entonces me acordé del comentario de Eriol ayer por la tarde.

- Eriol – susurré en la hora del almuerzo - ¿Quieres decirme a donde tienes pensado llevar a Syaoran? - ensanchó su sonrisa.

- Bueno...- miró alrededor para asegurarse de que Syaoran no nos oyese – Lien y yo hemos pensado en llevarle a un museo del amor – dijo sonriendo ampliamente.

- ¿Qué? - dije confundida – Crei que te había dicho Tomoyo que nada de clubes ni chicas desnudas y...

- No se trata de un club, se trata de un sex shop – abrí mucho los ojos.

- Y será verdad - exclamé. Eriol asintió lentamente con la cabeza - ¿Y qué tienes pensado enseñarle en el "museo del amor"? - dije haciendo comillas al aire.

- Pienso enseñarle de todo...ya sabes, los tangas comestibles, los lubricantes, las bolas chinas, las...

- Para, para...¿Crees que es relevante llevarle a un sex shop en Las Vegas? Podrías llevarle a uno de aquí y punto - susurré.

- Por supuesto. Es la ciudad del pecado, así que allí debe de ser la hostia – dijo soltando una pequeña carcajada.

- Pues yo creo que te vas a decepcionar – miré a Syaoran justo al otro lado de la mesa. Sonreí al ver su sonrojo...a saber de qué estarían hablando las chicas...

- Pues yo estoy convencido de que no va a salir con las manos vacías de allí...- alcé una ceja de manera escéptica - ¿Quieres apostar? Te veo muy convencida...

- No voy a perder. Me apuesto lo que quieras a que Syaoran sale de allí con las manos vacías – me tendió la mano y me la estrujó con fuerza.

- Está bien, trato hecho.

-Espera...¿qué hemos apostado? - dije funciendo el ceño.

- Oh...Saku, Saku, Saku...parece mentira que no me conozcas...has dicho que te apuestas lo que quieras...cuando pierdas te enterarás...

- Eso no es justo – me quejé.

- Ah, ah...si estás tan segura de que vas a ganar no tienes por qué temer...

Ugh, me daban ganas de darle una colleja pero era demasiado grande para mi. ¿Para qué abriré la boca? Me daba igual. Yo iba a ganar, no me imaginaba a Syaoran cogiendo una cesta de la compra y paseando por los pasillos de un sex shop mientras elegía artículos...Definitivamente, no. Aunque he de reconocer que me encantaría verle la cara viendo todos esos aparatos u objetos...

Las siguientes dos horas fueron un poco tediosas, que si recoger los informes de las notas, que si despedirse de los compañeros, que si pases unas felices fiestas...pfff, a mi dejaron de gustarme las fiestas cuando me enteré de que Papá Noel eran los padres, bueno...en mi caso la secretaria de mis padres que era la que se encargaba de comprar mis regalos...

Llegué a casa con rapidez y me preparé para la clase de hoy. He de reconocer que estaba un poco ansiosa por avanzar. Syaoran tenía potencial...mucho potencial...y estaba deseando descubrirlo.

Me quité la ropa que me había puesto por la mañana, me di una ducha y rebusqué alguna prenda como la que llevé el día anterior. Di con una camiseta y unas braguitas azules y me puse una bata por encima. Cuando sonó el timbre de mi casa sentí que me estremecía; Syaoran me había dicho que había seguido al pie de la letra mi consejo de masturbarse a diario y tenía que reconocer que imaginarme ese momento hacía que mi temperatura subiese hasta extremos insospechados.

Cuando abrí la puerta allí estaba Syaoran, con su pelo alborotado y con las lentillas puestas como le había pedido. Grrrr.

- Hola – sonrió nervioso.

- Pasa, anda...- dije devolviéndole la sonrisa - ¿Qué tal te llevas con las lentillas? ¿Mejor?

- Pues si...al principio me resultaban un poco incómodas, pero según van pasando los minutos me voy notando mejor.

- Eso está genial...¿Comenzamos la clase? - tragó en seco – Estoy segura de que lo vas a hacer muy bien, Syaoran – murmuré.

- Eso espero.

- Ya lo verás...el otro día estuvo genial lo que me hiciste – sonrió involuntariamente – Pero puede estar mejor.

Alcé la mano derecha y con mis dedos índice y corazón le hice el gesto de "ven aquí, nene". Hizo el intento de levantarse de mi cama y llegar hasta mi, pero le negué con la cabeza. Me miró confundido.

- Este es el movimiento que tienes que hacer con la mano para acariciar el punto g de una chica mientras la tocas – se mojó los labios con la lengua y asintió.

- Vale – tuve que reírme mientras él repetía el gesto.

- ¿Probamos? - susurré.

- Venga, va – me dijo con el mismo tono de voz.

Dejé que él llevara la voz cantante. Fue él el que se acercó a mí y me besó. Sus manos cálidas y grandes se apoyaron en mi cintura. En seguida noté que su lengua me pedía paso y pronto nos enzarzamos en una pelea por el control. Sí...con el paso de las clases Syaoran estaba aprendiendo a besar cada vez mejor...Me deslizó con cuidado el cinturón de la bata hasta que esta cayó al suelo. Deslizó sus ojos ámbar por mi cuerpo y tragó en seco.

- ¿Qué pasa? - murmuré.

- ¿Este el es uniforme docente que vas a usar siempre? - dijo un poco nervioso.

- Si...es para animar el ambiente, Syaoran.

Ni siquiera se paró a pensar en mi respuesta, volvió a unir nuestros labios de nuevo. Yo por mi parte le animé a caminar hasta mi cama, donde se sentó. Me puse encima y automáticamente Syaoran jadeó.

- Ay, Dios – murmuró – No te muevas mucho que la liamos – susurró.

Le ignoré deliberadamente. Moví mis caderas en busca de roce y...uf, estaba muy excitado. Decidí no ser mala y dejar de moverme, aunque me costó un triunfo; para este momento yo ya estaba más caliente que el palo de un churrero. Cuando Syaoran se calmó volvió a acariciarme, esta vez desde el cuello hasta el borde de la camiseta. No hacía más que mirarme las tetas por encima de la camiseta, yo quería que me la quitara...más bien necesitaba que me la quitara...Así que enredé mis dedos en su pelo y tironeé de él hasta que me miró.

- ¿Qué problema tienes con esto? - dije con suavidad.

- Voy...voy a quitarte la camiseta...ya lo estoy haciendo...ya te la estoy quitando. Te prometo que no me voy a volver a parecer al Vesubio antes de tiempo...no, no me voy a correr...– murmuró. Me aguanté las ganas de sonreir.

- No pasa nada, tranquilo.

Alcé los brazos para que me quitara la camiseta. Sus manos fueron directas a mis pechos, acariciando los pezones, moldeando mis formas. Me estremecí cuando me di cuenta de que Syaoran era el primer chico que me trataba con delicadeza, se esforzaba en hacerme sentir bien...ya que ese era el cometido de las clases, que él aprendiera todo lo posible sobre sexo. Ese pensamiento podía parecer un poco triste, aunque ya me pararía un poco después a analizarlo.

Mientras Syaoran se concentraba en mis pechos yo le fui desabrochando la camisa. Pasé mis manos por su torso, su piel era suave, demasiado suave. Le empujé por los hombros. Me miró confundido pero me obedeció y se tumbó en mi cama. Noté que se removía inquieto, iba a preguntarle por enésima vez qué demonios le pasaba, pero entonces se incorporó y me lamió el pezón perforado. No pude evitar gemir. Hay que joderse como asimilaba Syaoran los conceptos en las clases...Le volví a empujar para que se tumbara de nuevo.

- Estos – dije desabrochando su pantalón – Van fuera pero ya.

Vi como su nuez subía y bajaba mientras le quitaba el cinturón y le desabrochaba la bragueta. Cuando quedó simplemente con los bóxers le miré detenidamente. Eran blancos, lo cual quiere decir que se le notaba absolutamente todos los contornos y las formas de su...arggg. Syaoran me miró con las pupilas dilatadas y los ojos oscurecidos. Sonrió a medias.

- ¿Qué problema tienes con esto? - repitió la pregunta que yo le había hecho minutos antes.

- No te pases de listo, Li – dije golpeando suavemente su estómago. Él se limitó a reirse.

Decidí no alargar más la espera, así de con decisión le bajé la ropa interior haciendo que su enorme erección quedara libre. La tomé entre mis dedos despacio – no fuera a ser que tuviéramos un "percance" como el del otro día y Syaoran se hundiera en la miseria – y comencé a masturbarle. Se agarró a las sábanas mientras cerraba los ojos y jadeaba. Me acerqué a su oído y le susurré.

- No siento que muevas tus manos, Li. Ya estás tardando en meterme mano.

Con un par de dedos tanteó el elástico de mi ropa interior mientras comencé a tocarle de nuevo. Creí que iba a quitarme las braguitas, pero en vez de eso acarició mi intimidad por encima de estas. Ambos gemimos.

- Estás húmeda – susurró.

- No...no estoy húmeda...estoy mojada...así que mueve esa mano.

Sonrió antes de quitarme las bragas. Se incorporó hasta quedar ambos sentados, yo aún seguía encima de él sin dejar de tocarle. Me mordió el cuello justo en el momento en el que metió sus dedos en mi cuerpo. Madre mia. Comenzó a moverlos de manera gloriosa contra mi, haciendo que tuviera que apoyar mi frente en su hombro.

- ¿Qué tal voy? - jadeó en mi oído.

- De puta madre – el aliento de su risa se chocó contra la piel de mi mejilla haciéndome cosquillas.

- ¿Me...me habías dicho que el movimiento de dedos era algo como...? - movió dos dedos como le había indicado. Tuve que jadear fuertemente cuando tocó mi punto más sensible...joder, y pensar que hay hombres que no encuentran en su puta vida el punto g de una mujer – Por tu grito creo que he dado de lleno – murmuró jadeando.

- Te estás pasando de listo, Li– jadeé mientras me seguía acariciando y yo a él.

- Bueno...soy el cerebrito del grupo, ¿no?

Realmente no se qué me hizo, tampoco se si fueron sus juegos de palabras...el caso es que un segundo después mi cuerpo se contrajo contra su mano explotando en un perfecto orgasmo. Y creo que mi orgasmo desencadenó el suyo, porque justo después Syaoran jadeó alto y fuerte mientras se corría en mi mano.

Me bajé de su cuerpo con el mío aún en llamas. Necesitaba coger aire, por favor...esta sesión de pre sexo había sido alucinante. Miré a Syaoran, estaba despeinado y con una sonrisa de satisfacción en el rostro, su aspecto era jodidamente sexual. Madre mía...había sido tremendo y eso que sólo me había metido los dedos, no me quería ni imaginar cuando me metiera otra cosa...Irremediablemente miré hacia su miembro ahora flácido...daba igual porque aún así era enorme. Lentamente paseé la mirada por su cuerpo hasta llegar a su cara. Me estaba mirando con un gesto de "soy bueno, lo se" en la cara. Oh, Dios mío, oh Dios mío...creo que estoy creando una puta bomba sexual. Sí...soy la hostia...

- ¿Qué tal? - dijo cuando al fin cogió aire.

- ¿Y todavía me lo preguntas? - dije alzando una ceja.

- Sí, supongo – sonrió – Ha estado bien, ¿eh? He aguantado como un campeón...

- Sí, como un campeón...A ver, ¿déjame ver tu mano? - frunció el ceño pero aún así alargó la mano. Hice como que le examinaba la palma y sonreí – Sí, tienes callo...has estado trabajando mucho para ser un campeón – dije haciendo movimientos obscenos con la mano. Syaoran se mordió el labio y sonrió.

- Bueno, acepté un consejo de la experta...apuesto a que tú has hecho lo mismo – dijo entrecerrando los ojos.

- ¿Te das cuenta que estamos teniendo una conversación de lo más extraña? A parte de que estamos totalmente desnudos tumbados sobre mi cama –Syaoran paseó la mirada por mi cuerpo...como siguiera así íbamos a dar clases extraescolares...- No hagas eso – gruñí.

- ¿Perdona? - preguntó confundido.

- No me mires así o tendremos un problema, Syaoran – miró mis pezones endurecidos por la excitación que me provocó su mirada y sonrió de lado.

- Está bien...sólo estaba comprobando que las lentillas funcionan correctamente.

- Ya...

-Sí, bueno...- se levantó de mi cama con la sonrisa aún en los labios - ¿Me vas a decir la nota de esta clase o tengo que esperar a la evaluación? - negué con la cabeza mientras sonreía.

- Te estás volviendo un chulito, Li– me levanté yo también y me puse la bata mientras él se vestía – Te doy un...siete – frunció el ceño.

- ¿Sólo? Estoy acostumbrado a sacar sobresalientes – bromeó mientras se abrochaba la camisa.

- Pues si quieres sacar sobresalientes ya sabes lo que tienes que hacer – dije siguiéndole la broma.

- De acuerdo, de acuerdo...Mañana salimos a las seis para el aeropuerto, ¿no? - agradecí el cambio de tema.

- Sí, la enana diabólica de tu hermana podía haber cogido los billetes un pelín más tarde...

- Ya sabes, quiere aprovechar bien los días en Las Vegas...este será nuestro primer viaje juntos y está muy ilusionada.

- La verdad es que yo también tengo ganas de cambiar de aires...

- Y de dejar un poco de lado las clases de la universidad...- dijo Syaoran frunciendo el ceño.

- Y serán las únicas clases de las que descansarás – me miró con una ceja alzada – Nuestras clases siguen en Las Vegas, así que prepárate, nene...

Sonreí al verle de nuevo un poco acojonado. Sí, definitivamente el viaje a Las Vegas iba a estar muy bien aprovechado...

Mmm, parece que Syaoran es un buen alumno, ¿no? ¿Qué os ha parecido? Es próximo capitulo ya es en Las Vegas...¿teneis ganas?

En el próximo capitulo comienza el famoso viaje...

EN EL PRÓXIMO CAPITULO

Cuando llegamos a la recepción Meiling estuvo hablando con la amable recepcionista...hasta que se volvió hacia nosotros mirándonos a Sakura y a mi con cara de niña buena.

- Hay un pequeño problema – dijo poniendo una carita de las suyas.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Sakura.

- Verás...cuando reservé y di los nombres...bueno, no especifiqué nada y dieron por hecho que...que éramos tres parejas...y no hay más habitaciones...

- ¿Y? - la animó Sakura.

- Tendreis que compartir habitación...