Acá otro capitulo, que lo disfruten.
Ella despertó, la hermosa joven que permanecía sellada al árbol sagrado despertó y yo le libere. Sin dudarlo ella se abalanzo a derribar a cada demonio que había en el lugar, tan solo de un golpe hizo todo lo cual me sorprendió, la veía tan frágil como para acabar con todos de un solo tiro, luego se marchó sin decir nada. Luego de que todo eso terminara el anciano sacerdote, que por cierto se llamaba Kido, nos regresamos a la aldea.
-Oye, Kido-Sama ¿Por qué pude liberarla?-Pregunte, tratando de encontrar algún motivo de esa Azaña mía.
-MmmH… por que de seguro tú posees los mismos poderes espirituales que el Sacerdote Kyo-Me dijo el hombre, dejándome boqui abierto.
-Pero, pero… y ella a donde se fue-Pregunte, antes de que me explicara algo que no pudiera entender.
-Tú no te preocupes, vamos tengo que buscar la forma de hacer que vuelvas de donde viniste, niño-Lo de niño no me agrado y por alguna razón volver tampoco.
-¿Pero entonces? Ella fue sellada por ese tal Kyo ¿no?-Le pregunte, supongo que si yo era el único que pude hacerle despertar, era porque tenía que ver con ese Kyo.
-Supongo que debes de ser… debes de ser su reencarnación… no hay parecido, pero supongo eso, a todo esto ¿Por dónde apareciste?-Solo me quede callado, yo la reencarnación de alguien, pero sin tener parecido.
-¿Entonces?-Pregunte mientras íbamos entrando a su cabaña.
-Ella detecta los aromas y de seguro si eres la reencarnación de Kyo debes oler como el pero sin tener parecido físico-Me dijo y luego...-¡Pero aun, no me has dicho de donde apareciste muchacho! Se nota que tú no eres de este lugar y que tampoco eres demonio-Dijo con tanta tranquilidad.
-Del pozo, escuche ruidos extraños en mi casa y… sin querer me caí por él y aparecí en este lugar-Respondí con tanta sinceridad.
-Kido-Sama, Kido-Sama-Entro gritando un hombre.
-¿Qué pasa muchacho?-Dijo en viejo muy tranquilo, mientras ese hombre me mira de pies a cabeza y yo solo alce una ceja.
-No te preocupes por él, es largo de explicar ¿Qué es lo que sucede?-Dijo el viejo Kido, mirándome por unos instantes.
Podía sentir que era su aroma, pero no era el realmente, era de un largo cabello, ojos chocolates que pude observar claramente al mirarle por ese instante, pero si no era Kyo, quien podría ser realmente. Pero ese hombre lucia algo extraño, su kimono era extraño, pero si no era un demonio o monstruo, como pudo liberarme de esa fecha, la flecha de Kyo.
Extraños ruidos se produjeron cerca del lugar de donde había sido liberada, podía oírlos como si estuvieron a lado mío, nada bueno creo, se esperaba de esos ruidos, pude oler ese aroma de vuelta, era ese hombre acercándose cada vez más y más al lugar de donde provenía el ruido que traería sin dudas nada bueno, sin razón empecé a correr por los árboles.
Un demonio ciempiés estaba, estaba saliendo del pozo, hacia un ruido tremendo ya que lo estaba destruyendo todo a su alrededor, el hombre llamado Kido se acercó al lugar con varios hombres más y yo por supuesto, ni podía saber que haría ahí, pero sabía que no era el invisible Inuyasha Higurashi y eso me hacía dar ganas de no volver nunca. Algo me hacía querer conocer más a esa hermosa Hanyou – (Aome…)- Parece que la iba a susurrar siempre en mi mente.
Sangre pude oler a los lejos y algo me hacía aumentar más mis pasos, pero porque preocuparme por esos humanos, porque voy sin ninguna razón. Cada vez sentía más fuerte el olor a sangre, me era tan repugnante.
-Inuyasha, muchacho- Me llamo el viejo Kido, solo me acerque.
-¿Si? ¿Qué debe hacer?- Dije preguntando, ya que estaba dispuesto a ayudar en lo que sea posible.
-¿Seguro que deseas ayudar? Muchacho- Me dijo algo sorprendido.
-Sí, no me importa, solo quiero ayudar ¿Dígame que debo de hacer?-Dije y pregunte con determinación.
-Ve y busca a Aome, la Hanyou, necesitamos su ayuda-Me quede sorprendido.
-Pero ella, seguro que va a querer ni verme-Dije con una ceja en alto.
-Solo ella podrá, además no es mala, yo lo sé, yo sé que vendrá y pronto se dará cuenta que no eres Kyo-Me dijo seguro mientras con unos pergaminos y un báculo intentaba destruir a ese demonio ciempiés.
Ni bien decidido empecé a correr y llamar a aquella joven el ciempiés se abalanzó sobre mí, mi brazo rasgo y algo brillante salió de esa herida, era la mita de una especia de perla, cuando el viejo Kido la vio se quedó con la boca abierta –Es la mitad de la perla de las cuatro almas- Dijo, de repente el ciempiés se tragó la mitad de aquella perla… antes de poder atacarme ahí estaba esa joven que yo veía tan frágil, pero verdaderamente fuerte.
Ahí lo vi, ese joven, definitivamente me equivoque con su aroma, no era Kyo, su olor me traía paz y me daba fuerza, era algo demasiado complicado, pero en ese instante impedí que fuera atacado por ese ciempiés –Garras de viento- Dijo y ahí estaba ese ciempiés completamente destruido.
-Muchacho, Inuyasha, dime en que parte vez un resplandor-Me dijo interrumpiendo mi mirada fija en esa hermosa joven.
-Ahí-Dijo sencillamente se acercó adentro de uno de los pedazos.
-(La perla)-Dije, ahí estaba pero solo la mitad de esa maldita joya.
Quise irme pero una voz me detuvo, era ese viejo.
-Aome, no te vayas- Me dijo el anciano, parado a unos pasoso cerca de mí-¡Ha! ¿Quién eres?-Dije algo confundida.
-Soy yo, Kido-San, o mejor Kido-Sama, recuerdas querida Aome (Kido)-Pensé- ¿Tu eres muy viejo para ser, para ser Kido?-Dije más confundida.
-Ven y te contare, Inuyasha muchacho, Aome querida, síganme-Dijo ese viejo, todo era raro así que preferí seguirle, pero de lejos.
Estaba muy confundida, el viejo decía ser aquel niño Kido, el que siempre fue de los niños de la aldea que no me tenían terror, pero era un anciano, entro junto con ese hombre a su cabaña y no me quedó otra que seguirle. Empezó relatando que permanecí 50 años sellada al árbol sagrado, eso me dejo callada, 50 años en ese árbol y más esa perla que salió de aquel hombre, pero solo la mitad.
Estábamos los tres dentro de la cabaña, en anciano Kido curaba mi herida en el brazo, mientras le contaba lo sucedido a esa joven, no podía creer que la mitad de esa perla permanecía dentro de mi saberlo, pero el anciano luego se puso a pensar donde permanecía la otra mitad.
Saludos enormes desde Argentina,Buenos Aires
