Este cap tiene lemon u/u
Espero que les guste ~
Al día siguiente llegué algo tarde a la escuela porque me entretuve en el camino. Las primeras clases fueron muy silenciosas, lo que dio lugar a que mi mente trabajara mucho en hacerme sentir culpable por lo ocurrido en la tarde anterior, con Castiel. Pero, si él se comportaba así conmigo todo el tiempo, ¿por qué yo no? No era justo sentirme mal ni tampoco lo era que Castiel se saliese con la suya cuando quisiera. Además, había algo que me mantenía desconcertado; luego de que desperté de mi desmayo, Castiel me preguntó con algo de nervios que cuánto tiempo llevaba despierto, como si hubiese dicho algo que yo no debería escuchar. O hecho algo… ¡Qué me importaba! De cualquier forma, ya no había necesidad de pensar en Castiel porque no le daría más tutorías. Era viernes, supuestamente veríamos anatomía ese día, pero estaba tan cansado de él, que ansiaba poder volver a casa y eso ya era mucho…
Durante el receso, en la sala de delegados junto a Melody, Castiel entró y me encaró. Ah, joder…
–¿Qué quieres, Castiel? –le pregunté de forma cortante.
–¿Cuánto quieres para que me des tutorías? ¿Cuánto me cobras? –me preguntó con los brazos cruzados y realmente molesto.
–No necesito tu dinero –bufé y continué comiendo, dispuesto a ignorarlo.
–¿Entonces qué quieres que haga? Estoy cayendo muy bajo, delegado. –me dijo con algo de desesperación en su mirada y suspiré al verlo.
Por un momento pensé en intercambiar mis tutorías por saber aquello que yo no debí oír mientras estaba inconsciente. Pero, justo después de abrir la boca, la cerré. No, no valía la pena; era un peso demasiado grande el simple hecho de estar con él. Siempre que estaba con Castiel, me irritaba fácilmente y nunca comprendía por qué.
–No es no, Castiel –le dije con la mirada firme y bufó.
–Imbécil… –susurró y se fue hecho una furia.
De cierta forma me sentía mal por él; ambos sabíamos que lo más probable era que perdería el semestre y, por consiguiente, repetiría el año… Suspiré varias veces y Melody notó que algo me sucedía, así que simplemente le expliqué lo que estaba pasando.
–¿De verdad lo odias tanto? –me preguntó con ese tono dulce y suave que siempre lleva encima.
–No es que lo odie –sonreí –Simplemente no congeniamos y me saca tanto de quicio que a veces quisiera degollarlo –volví a sonreír y Melody pareció asustarse un poco.
–Castiel no es tan mala persona… de hecho, es un buen chico –me dijo con algo de pena y la volteé a ver confundido. ¿Castiel, un buen chico? Por favor, con sólo ver los harapos que se llevaba encima…
–Antes ustedes eran buenos amigos… –me susurró Melody y me incomodé bastante. Había tocado un punto delicado.
–Eso… fue hace mucho –dije cortante y ella suspiró.
–Si alguna vez fueron tan cercanos, no sé por qué ahora, sólo por una tonta discusión de hace ya bastante tiempo, parecen gallos de pelea. –bufó ligeramente y algo molesta, por lo que sólo volteé la cara.
Para que Melody tuviese ese tono conmigo, era porque estaba reprendiéndome y de verdad estaba enojada. Agaché un poco la mirada y vi mi comida. Inclusive había veces en que de pequeños comíamos juntos, paseábamos juntos, jugábamos juntos… hasta varias veces llegamos a dormir en el parque cerca de nuestro vecindario… Pero eso ya era pasado.
–¿Y? ¿Te quedarás después de clases? –me preguntó y volteé a verla.
–No lo creo. –le contesté y simplemente meneó la cabeza con desaprobación.
Durante el segundo periodo de clases estuve pensando sobre si sería buena idea o no seguir con las tutorías de Castiel. Sería ese el último día… y aún no le pagaba el favor a Castiel por "cuidar de mí" cuando me desmayé y por llevarme a casa… Y no quería deberle nada. Pero, al mismo tiempo, prefería evitar cualquier contacto con él porque lograba sacarme de mí ese sujeto… Suspiré cuando el timbre de la última hora sonó. Salí del aula al último, pues siempre esperaba a que los demás saliesen. Recargado en la pared del pasillo se encontraba Castiel, con los brazos cruzados, siguiéndome con la mirada hasta que caminé a mi taquilla y guardé mis cosas. Castiel se plantó a mi lado.
–Nathaniel –me murmuró con un tono diferente y algo bajo. Me sorprendió que me llamase así… Estaba algo cerca de mí, posiblemente para que nadie más oyese que me había llamado de esa manera –Por favor… –me dijo y volteé a verlo. Su rostro realmente lo suplicaba.
Sonreí para mí al ver a Castiel de esa manera. Aunque lo más probable era que estuviese actuando… Pero prefería pensar que me estaba rogando.
–Con una condición –le dije algo triunfante. Castiel bufó y rodó los ojos.
–¿Cuál? –preguntó con una mueca extraña en la boca.
–Vas a decirme qué fue "eso" que dijiste mientras estaba inconsciente y no quisiste decirme –le sonreí sarcásticamente y me miró con los ojos más abiertos de lo normal.
Castiel se mantuvo en silencio con el entrecejo fruncido unos segundos que parecieron minutos y no comprendí la razón. Parecía como si se estuviese debatiendo algo en su cabeza y, luego de que ya la mayoría de los estudiantes se habían retirado del interior del instituto, sonrió de lado y suspiró.
–Está bien, pero luego no te arrepientas, delegado.
–¿Qué te he dicho sobre llamarme así? –gruñí.
–Sí, sí… Nathaniel. –y volvió a sonreír de lado, pero ahora de una manera un tanto diferente. Como si se divirtiese al llamarme por mi nombre. Dio media vuelta y caminó en dirección a la cafetería; posiblemente compraría algo de comer.
Suspiré. Al menos me lo había pedido "por favor"… aunque, a decir verdad, fue por eso mismo que no pude negarme. En fin, además, iba a escuchar lo que fuera que Castiel me había ocultado. Quizá y resultaba algo interesante.
Tomé mi libro de anatomía y mi cuaderno, al igual que el de historia, pues no habíamos terminado de estudiar el día anterior gracias a mi explosión de enojo… Me sentí algo estúpido por haber reaccionado así; como Castiel normalmente lo haría. Incluso me sorprendía el hecho de que Castiel hubiese mantenido la cordura y no hubiese actuado igual que yo. Quizá sólo le había impactado el hecho de que me saliera de control y le hablase así por primera vez… Quizá por segunda, por el asunto de Debrah… Suspiré de nuevo; odiaba a esa mujer.
Me encaminé a la sala de delegados y encontré a Melody guardando unos libros que estaban sobre las mesas.
–Oh, Nathaniel, me asustaste… –sonrió apenada.
–Lo siento –sonreí –Ah… estaré en la sala B, con Castiel… –murmuré algo incómodo –Puedes irte temprano, si quieres.
–Oh –sonrió –De acuerdo, entonces me voy –dijo mientras tomaba su bolso y salió de la sala de delegados para encararme. –Suerte –volvió a sonreír y se fue a la entrada principal.
"Suerte"… la iba a necesitar para soportar al engreído de Castiel. Al llegar a la sala B, vi a Castiel sentado en un pupitre, con los pies sobre la paleta de otro y comiendo una hamburguesa. Suspiré. Era tan… poco educado. Dejé mis cosas en uno de los pupitres y me senté en otro.
–De acuerdo, continuaremos con historia. Ayer no acabamos. –le dije con indiferencia y rio.
–Eso fue porque te volviste una fiera –sonrió con algo de comida en su boca.
–¿Puedes terminar de tragar antes de hablar? –le dije algo molesto.
–Sí, sí… –bufó y siguió comiendo mientras yo subrayaba unas cosas de mi cuaderno.
Esperé a que Castiel terminase de comer para empezar. Comencé con los principales tratados que se formaron durante la primera y segunda guerra mundial. Eran sólo ocho en total. Al parecer Castiel tenía cierto interés por la historia universal, sobre todo si intervenían guerras en ella… Pero no parecía prestarme mucha atención. Al final, a eso de las tres y media, le hice varias preguntas; en su mayoría las contestó bien, en algunas otras titubeaba y en unas cuantas no sabía qué responder. Si estúpido no era, después de todo… Terminé de hacerle el pequeño "examen oral" al pasar de las cuatro de la tarde.
–Con esto bastará… es lo que vendrá en los exámenes. –le dije en un suspiro. Comenzaba a tener hambre…
Castiel sólo asintió y, al ver que sacaba el libro de anatomía, dio un respingo.
–¿No es anatomía algo… extensa? –me preguntó con un aire perezoso.
–Ah… –balbuceé –Pues sí. Pero sólo veremos lo básico y fundamental para que apruebes… –le expliqué y Castiel volvió a asentir, casi molesto.
Pasamos poco más de tres horas estudiando el aparato respiratorio, digestivo, tegumentario, endocrino y reproductor. Éste último fue el más incómodo por los comentarios idiotas de Castiel. Dejé el muscular, el esquelético y el nervioso para el final porque quería utilizar una técnica diferente y con la cual se aprendería los nombres de las partes de los aparatos muy rápido.
–Ahora… ¿Dónde dejé mi plumón? –me cuestioné a mí mismo y, después de revisar el piso, lo encontré.
Tuve que agacharme un poco sobre el mismo pupitre para alcanzarlo y, al lograrlo y voltear a Castiel, me miraba curioso.
–Empecemos con el nervioso.
Revisamos el sistema simpático, parasimpático, central, periférico y autónomo. Al llegar a la parte de localizar los nervios, me puse de pie.
–Párate –le dije con un aire aburrido. Castiel lo hizo después de chistar y me miró con los brazos cruzados –Y de preferencia quítate la chaqueta y la camiseta. –le dije algo incómodo.
–Vaya, no pensé que fueses tan atrevido… Al menos deberías invitarme a salir, primero. –me dijo con un tono burlesco y bufé.
–Voy a rayarte las partes donde tengas los nervios para que los memorices al verlos… –le expliqué y rio al ver que había ignorado su comentario estúpido.
No dijo nada más y me obedeció. Increíblemente lo hizo. Cuando se quitó la camiseta y ésta le cubría la cara, no pude evitar ver su abdomen… el cual definitivamente estaba… bastante marcado… Hasta sentí algo de envidia.
Comencé a rayarle los principales nervios del torso y brazos, mientras explicaba cada uno y su funcion. Aunque había unos que estaban en las piernas, tampoco podía decirle que se quitara el pant…
–¡O-Oye! ¿Qué haces? –grité histérico al ver que de verdad se estaba quitando el pantalón.
–¿Qué no ves? –me preguntó, haciendo una pausa a su tarea de desvestirse –Me quito el pantalón. Necesito rayarme las piernas también, ¿no? –bufó y continuó.
–¡S-Sí, pero no puedes hacer esto aquí! –grité.
–¿Por qué no? No hay casi nadie en el instituto, sólo tenemos que cerrar la puerta. –bufó.
–¡N-No! –grité de nuevo y rio al quitarse por completo el pantalón y correr a cerrar la puerta con seguro. –¿Ves? No hay problema, delegado.
–Que dejes de llamarme así… Y no cambies el tema, ¡no puedes desnudarte aquí! –le dije alterado y sólo rio.
Suspiré; Castiel no iba a cambiar de opinión. Además, con solo ese bóxer holgado… No. Que lo hiciera él.
–Agh… de acuerdo. Pero yo no pienso rayarte nada, hazlo tú. –le aventé el plumón y Castiel sólo bufó al atraparlo.
Se rayó otros cuantos nombres de nervios en las piernas y, al terminar, continuamos con los huesos.
–No, el cúbito y el radio están al revés –le corregí, me vio con molestia y corrigió su error.
–Sí, sí…
No eran muchos los huesos que se tenía que memorizar; sólo unos treinta. Seguido de los huesos, comenzamos a repasar los músculos, los cuales eran un poco más de treinta. Al pasar de unos cuantos escritos en el cuerpo de Castiel, él bufó y me miró.
–Ya no me caben –me dijo con molestia –Ven acá –me ordenó y me acerqué con confusión.
En cuanto estuve lo suficientemente cerca, me atacó, intentando quitarme la camisa.
–¡Eh! ¿Qué haces? –le grité entre enojado y asustado.
–¡A mí ya no me caben más palabras! ¡No seas egoísta y dame tu cuerpo! –me gritó y ambos callamos.
De acuerdo, eso podía interpretarse de una manera muy incómoda… Castiel se separó de mí inmediatamente y bufó, mientras volteaba la cara y cruzaba los brazos. Toqué mi cara en muestra de incomodidad absoluta y me sorprendí mucho al notar que mi piel estaba demasiado cálida… Quizá estaba… Ah, no. Era imposible que me sonrojara por eso; quizá sólo porque fue muy vergonzoso. Sí.
–Es decir… déjame rayarte, también… –me explicó con un tono bajo y suspiré ligeramente.
–Es tu culpa haber hecho la letra tan grande… pero, de acuerdo… Sólo faltan los del torso, ¿no? –le dije mientras me aflojaba la corbata. Vi que Castiel asintió, aun sin verme.
Me quité la corbata y la camisa, y comencé a explicarle cuál era cada músculo que rayaba en mi cuerpo. Cuando tuve que rayarme el esternocleidomastoideo y el deltoides, le pedí (a regañadientes) que me ayudase, pues yo no alcanzaba. Por suerte, los moretones que llevaba marcados en mi espalda habían desaparecido casi por completo y no se notaban. Me puse de espaldas a él y rayó una larga palabra en mi espalda y, luego, fue bajando el plumón por mi espalda, recorriendo el camino de mi columna e, inmediatamente, di un respingo. Estuve a punto de voltearme para quejarme y darle un golpe en el estómago por rayarme de más.
–¡Qué crees que est-…! –grité, pero sentí cómo me empujó hacia adelante, haciendo que chocase contra la pared que estaba frente a mí.
Mi cara ardió de ira y antes de que pudiese hacer algo, sentí que Castiel tomaba mis muñecas entre sus manos y me acorralaba contra la pared, de manera que no podía moverme y mi pecho chocaba con el muro.
– ¿¡Qué haces, idiota?! –le grité airado.
–Shh… –me calló –Te puede oír alguien –me dijo y caí en cuenta de que era cierto. –Oh, espera… ya no hay nadie porque son más de las ocho –murmuró sobre mi oído y me dio un escalofrío en todo el cuerpo.
Tenía un mal presentimiento… y mi cara comenzó a arder.
–S-Suéltame –le pedí con enojo al notar que no podía contra su fuerza física.
–Dime por favor. –me susurró de nuevo y tuve tantas ganas de golpearlo. Se estaba divirtiendo, el muy idiota.
–P-Por favor, suéltame… –murmuré a regañadientes y con la cabeza ardiendo en ira.
–No –me siseó sobre el oído y sentí algo húmedo recorrer mi oreja.
Di un respingo y un nuevo escalofrío me recorrió al notar que esa humedad fue causada por su lengua. No sabía qué estaba pasando o qué pensaba Castiel que estaba haciendo. No podía siquiera mover mis muñecas.
–¿Qué haces, idiota? Suéltame ya o te juro que te meterás en problemas –le amenacé en vano, pues sólo rio.
–Me gustan los problemas –me sonrió y sentí que mordía mi cuello…
Hice un ligero movimiento alterado al sentir sus dientes sobre mi piel… No… no entendía qué pasaba o por qué había perdido la fuerza. Sentí la lengua de Castiel sobre la piel de mi cuello, trapecio y oreja. No tenía siquiera fuerza para hablar, aunque lo intentaba. Quería gritar y correr lejos de él porque… no sabía qué estaba ocurriendo. Quizá era un sueño… uno muy real.
En un momento de debilidad e incredulidad, Castiel me dio la vuelta con un movimiento rápido, de manera que estábamos frente a frente y lo único que me hacía ver bien su cara era la luz de la sala de delegados. Las ventanas estaban tapadas con cortinas y era de noche… La puerta de la sala estaba cerrada con seguro y no tenía ventana. Era la única puerta… posiblemente sólo quedaba el guardia de seguridad en el patio… Vi su mirada; esos ojos grises se tornaron más oscuros…. Me daban escalofríos de pies a cabeza. Sentí cómo su rostro se acercaba al mío lentamente, con la boca entreabierta. Giré la cabeza con la poca fuerza que tenía y me sonrojé completamente.
–Detente… ¿Q-Qué haces…? –le intenté levantar la voz, pero más bien sonó como una súplica.
–Voy a besarte. –me dijo serio y me alteré un poco. Intenté ejercer fuerza y moverme, aterrado, pero Castiel definitivamente tenía más fuerza. –¿Te supone un problema? –me preguntó con sorna y me airé.
–¡Sí! –le grité, ahora con fuerza.
–Qué lástima –sonrió y, antes de que pudiera decir o hacer algo… sentí sus labios sobre los míos.
Eran… increíblemente cálidos. Tanto, que me quemaban. Intenté forcejar y mover mi rostro, pero simplemente mis fuerzas se habían extinto. Mis manos y piernas temblaban; sentía que en cualquier momento podría caer. Quería alejarme corriendo y no volver a ver a Castiel de nuevo… y, aunque mantenía mi boca sellada, al sentir un pisotón en el pie izquierdo, abrí la boca por mero instinto y sentí la lengua de Castiel adentrándose... Aunque quería, no tenía fuerza para cerrarla… La lengua de Castiel buscaba la mía… era algo completamente sublime. ¿En qué momento la situación se había tornado así? ¿No estaba soñando, de verdad? De un momento a otro, la pierna de Castiel se acercó a las mías y se aventuró a acomodarse sobre mi entrepierna, tocando con su cuádriceps mi…
–Hm…. ¡P-Para, Castiel! –grité al fin, cuando tuve la fuerza para separarme de su agresiva y cálida boca…
Castiel me miró confundido… No, no era confusión. Era algo diferente. Quizá desesperación…
–No quiero –chistó y mis fuerzas volvieron debido al enojo, pero se acercó a mí lo suficiente para pegar todo su cuerpo con el mío.
–¡Que me sueltes, joder! –le grité ahora con un volumen más alto.
–No grites, Nathaniel. –me dijo con una voz firme y callé en seco al notar ese cambio de voz en él. Normalmente era hostil y agresivo, pero ese tono fue diferente; hasta parecía como si me lo pudiera… por favor.
–Dijiste que querías saber qué había dicho durante tu desmayo, ¿no, idiota? –me gruñó y asentí algo impactado por su mirada y su tono de voz. –Pues, verás… dije… –me murmuró y pausó. Se acercó a mi oído y susurró –"¿Por qué será que me gusta este sujeto?" –siseó con su ese tono de voz que acababa de descubrir y me estremecí.
¿Había… escuchado bien? ¿Eso se suponía que había dicho? ¿O sólo estaba bromeando? Me quedé en shock y dejé que mis brazos dejaran de ejercer fuerza. Lo miré con los ojos como platos, la boca entreabierta y con el corazón latiendo a mil por hora. Castiel me miró confundido, pero no dejó de sujetarme las muñecas.
–Tú… –susurré. No sabía siquiera que mi boca se había abierto… estaba hablando sin darme cuenta. –¿Mientes…? –pregunté inconscientemente.
Castiel me interrogó con la mirada y sentí algo húmedo en mis ojos, haciendo que Castiel abriese los suyos aún más. En un movimiento casi fugaz, Castiel soltó mis muñecas y me enrolló con sus brazos, haciendo que mi cabeza se acomodara entre su cuello y su hombro. Sus mechones rojizos se adherían a mis mejillas húmedas.
–No miento –me aseguró firmemente y me estremecí por la seguridad de sus palabras.
Estaba confundido… no podía moverme debido al shock. Es decir, ¿de verdad… Castiel me había dicho eso? ¿A Castiel yo… le…? No, era tonto; no tenía sentido. Pero lo único que mi mente podía pensar era, "¿qué debo decirle…?" y… ¿qué siento yo…? Era claro.
–¡Como si te fuera a creer! –le grité en un momento de cordura e intenté alejarme. Lo más probable era que sólo se divertía confundiéndome. Y yo no iba a caer en su trampa.
–Joder, estúpido delegado. –lo escuché gruñir y volvió a acorralarme contra la pared, impidiéndome el movimiento –Te estoy diciendo… –me dijo con la respiración algo entrecortada por el brusco movimiento y, en ese momento, sentí una mano sobre mi entrepierna y di un respingo de pies a cabeza –Que me gustas, joder. –y sentí cómo rozaba su mano sobre la tela… justo donde se encontraba mi…
–Agh… –gruñí, pero más bien, eso sonó como un… gemido. Y Castiel sonrió debido a eso.
Escuché que rio… Movía sus dedos sobre mi entrepierna mientras me impedía moverme; no podía pensar correctamente y terminé sin fuerza, a pesar de intentar todo ese tiempo alejarme de él. Hubo un momento en que dejé de tener cordura y me aferré a la espalda de Castiel…
–D-Déjame… en paz… id-diota… –le gruñí e intenté arañar su espalda desnuda, pero sólo rio.
–¿Por qué? Si pareces disfrutarlo – me siseó sobre el oído y sentí que la desesperación me iba a abarcar por completo… pero no sentía otra cosa más que náuseas… pero no porque tuviese asco. Eran distintas… Era algo parecido a los nervios.
Quizá no estaría dudando de toda aquella situación… si no me hubiese percatado de que yo mismo me mordía el labio inferior. Y, cuando perdí por completo el control, fue cuando me di cuenta… de que estaba disfrutándolo. Y no de una manera saludable… Es decir; era Castiel quien estaba haciendo eso…
–¿Q-Qué demonios… quieres de mí? –le pregunté con esfuerzos y sentí que mordía mi cuello, produciendo un escalofrío en mi cuerpo.
–No es que quiera algo de ti –rio, mientras sentía que su lengua recorría el lóbulo de mi oreja derecha –Más bien… Te quiero a ti. –me afirmó y mordió mi cuello de nuevo, restándome fuerzas otra vez.
Con cada mordida, perdía cordura. Con cada lamida, disminuían mis fuerzas… y con cada beso que sus labios le daban a mi piel, mi resistencia se desvanecía aún más; como si quisiera que Castiel continuase… pero, ¿por qué?
Después de que mi voluntad de lucha se hizo añicos debido a la mano de Castiel, pareció que él no se iba a conformar sólo con eso… y sentí que desabrochaba mi cinturón, con algo de prisa.
–¿Q-Qué haces…? –le cuestioné sin mucho volumen en mi voz. Intenté alejarme un poco pero mis manos temblaban.
–Cállate –susurró sobre mi oreja y me hizo estremecer su paradójica voz; tan fría, pero tan cálida a la vez…
Y sentí que su mano se adentraba a mi pantalón ya desabrochado… aún sobre mi ropa interior. No quería ni podía siquiera mover mi cabeza o alejarme de él, aunque sabía que eso estaba mal… Su mano se sentía más… no pude controlarme al comenzar a apreciar sus movimientos desesperados y gemí… varias veces, a lo que Castiel continuó...
–Agh, maldición… –lo escuché que gruñó y me alejó un poco de él, haciéndome verle la cara y viceversa. –Oh… –dijo al mirarme. ¿"Oh"?
–¿Q-Qué…? –pregunté con la mayor vergüenza que había sentido en toda mi existencia. No podía aguantar su mirada… Era demasiado penetrante…
–Nada –sonrió como todo el engreído que es y, al poner su pie detrás del mío y empujarme levemente, caí al piso.
–¿Q-Qué te pasa, imbécil? –le grité completamente confundido y molesto.
Pero, entonces, Castiel, sin ningún tipo de pena se abalanzó sobre mí, quedando con sus manos sobre mis muñecas… Sentía que algo se movía debajo de mi ropa interior y no pude evitar sonrojarme hasta la médula por lo vergonzoso que sería que él se diera cuenta… o, más bien… él ya se había percatado, pero prefería pensar que no era así.
–Hey, delegado– me murmuró y volteé a verlo molesto– Te haré mío. ¿Alguna objeción? –preguntó con descaro y mi boca comenzó a temblar.
–¿Qué…? –alcancé a preguntar, pero no tuve oportunidad de decir nada más, pues Castiel me besó.
Ese beso fue distinto, era más… calmado. Bajó a mi mandíbula, mi cuello y clavícula, para después, lamer y dar ligeros mordiscos a mi abdomen. No tenía siquiera voluntad para detenerlo… En cambio, me sentía como una chica al gemir tanto sin motivo… no es que eso me excitara… no es que… Castiel me gustara, sólo…
–Te amo… –me escuché decir a mí mismo y mis ojos se abrieron a más no poder. ¿Yo había dicho eso? ¿O había sido mi mente jugándome una broma?
Pero esa duda se desvaneció al sentir que Castiel detuvo su tarea y me miró con los ojos como platos y la boca abierta, preso de la incredulidad. Nos miramos por unos segundos que parecieron horas. ¿Qué se suponía que esa mirada suya significaba? Vi que había mordido su labio con desesperación y chistó.
–Joder, ¿ves lo que provocas? –hizo una pregunta retórica y lo miré confundido, con la cabeza ardiendo por el rubor –Ya no pienso controlarme más. –gruñó y, de un solo movimiento, sus manos bajaron mi bóxer…
–¡N-No! –grité con la mayor fuerza que pude e intenté levantarme para detenerlo, pero no pude, luego de sentir la calidez de su mano sobre mi miembro… –Agh… –gemí y me eché a atrás, golpeándome contra el piso de nuevo. No pude soportar la vergüenza y tampoco podía moverme debido a lo fuerte de la sensación… así que lo único que podía hacer, era cubrirme la cara con las manos y sentir... –J-Joder… –balbuceé y Castiel rio.
–Ahora que estás tan sumiso, continuemos… –lo escuché decir con satisfacción y me alarmé por su comentario…
