Sé que les corté el lemon muy feo y tienen derecho a estar molestas conmigo xD~ En fin! Lo compensaré, lo juro~ Ya verán ewé ~ Espero que les guste!


–Ahora que estás tan sumiso, continuemos… –lo escuché decir con satisfacción y me alarmé por su comentario…
–¿Q-Qué? –pregunté en completo pánico –¡De qué hablas! –recuperé la fuerza y me senté, recargándome sobre mis antebrazos, aun sintiendo la mano de Castiel sobre mi miembro… Era demasiado vergonzoso siquiera saber que estábamos en esa posición, así que volteé la vista, completamente sonrojado.
–Ya te lo había dicho, ¿no? –sonrió de lado, o eso alcancé a ver de reojo –Te haré mío, delegado. –susurró y, antes de que pudiese objetar, sentí algo húmedo en el glande… Mi pánico se acrecentó, mientras todo mi cuerpo se heló debido a la sensación. Volteé rápido a verlo y noté que se lamía el labio superior. Me miró con una mirada completamente distinta… como la de un depredador. No tuve fuerzas siquiera para hablar, ni para emitir un solo sonido… además de ese quejido…
–Nunca he hecho esto… –me informó mientras vi cómo daba otra lamida.
–Ngh… –gemí audiblemente y me tapé la boca con la mano derecha, mientras volteaba la vista.
Quería detenerlo… quería empujarlo y salir corriendo… pero, en cambio, me quedaba ahí, esperando a que hiciera algo más. No lo entendía… no me entendía a mí mismo; ¿por qué le había dicho que lo amaba, si todo ese tiempo creí odiarlo? Ni siquiera sabía si realmente lo había dicho; no me había percatado de que mi garganta hablaba por cuenta propia… ¿Por qué… me afectó tanto escuchar que le gustaba? Y, sobre todo, ¿por qué eso me hacía sentir… bien?
Castiel utilizaba su lengua, recorriendo mi miembro, desde la base, atravesando el tronco y terminando en la uretra. Sólo sentía cómo mi cuerpo aumentaba de temperatura, mientras me llenaba de un cosquilleo frío y mi respiración se aceleraba… además de que mis fuerzas disminuían y mi lengua relamía mis labios con desesperación. Yo… estaba disfrutándolo, y eso me molestaba. Era Castiel…
Tuve un momento de estabilidad en cuanto a cordura y, antes de perder por completo el control, detuve a Castiel, removiendo su rostro con mi mano derecha, lentamente. Él me vio confundido, pero con una sonrisa minúscula y seductora en su rostro.
–¿P-Por qué todo este tiempo… dijiste odiarme? –le pregunté mientras intentaba estabilizar mi respiración. Intenté no mirar a mi entrepierna, mientras acomodaba mi bóxer.
–Al principio lo hacía. Te odiaba tanto que quería matarte, cortarte en cachitos y dárselos de comer a Demonio–sonrió divertido –Luego de lo que pasó con Debrah, cuando volvió… no sé, las cosas simplemente sucedieron… no me preguntes un "por qué"; no lo sé. –bufó. –Lo que sí quiero saber… –susurró y me fue acorralando contra el piso, hasta que me acostó por completo y sus manos se apoyaban a mis costados. –Es, ¿por qué me dijiste "Te amo"? –sonrió de manera que me pareció ver dos -casi- imperceptibles hoyuelos en sus mejillas. –¿No que me odiabas? –se burló.
–Eso es irrelevante… cambiaste el tema. –le contesté, volteando la cabeza a un lado.
–Como sea, me lo dirás en un rato, cuando estés gimiendo… –sonrió de lado de manera idiota y, simplemente, ¡agh! Lo odiaba.
–¡N-No! ¡Aléjate! ¡S-Son casi las nueve de la noche, Castiel! Tengo que volver a casa. Mis padres…
–Pero… –me miró algo molesto, mientras se mordía el labio. Giró los ojos y suspiró –Ya, vale… –gruñó y se acostó a mi lado. –Sé cómo es tu padre… –me dijo en un susurró y mi enojo disminuyó.
Nos mantuvimos en silencio. No fue incómodo, al contrario; fue cálido y acogedor.
–Ya, vete antes de que me arrepienta, idiota. –lo escuché decir y asentí, agradecido con Castiel por haber sido considerado por primera vez en su vida…
Y, justo cuando me iba a levantar, él me regresó al suelo, tomó mi rostro con su mano y me volteó la cara para vernos. Me miraba serio y no pude emitir ningún sonido.
–Si apruebo los exámenes, me debes la continuación de lo de hace rato. –me dijo con una mueca divertida en su rostro y me sonrojé.
–¿Continuación? –bufé –Además, como si yo fuese a aceptar eso… –intenté evitar el tema e irme, pero Castiel me detuvo… y sentí que me rodeaba con sus brazos.
–En verdad… no sabes lo mucho que quiero violarte en este preciso momento –me dijo sin vergüenza alguna. Era un… completo descarado…
–Te odio… engreído, lujurioso, idiota, pedante… –le empecé a decir con un volumen bajo, con la cara ardiendo de la vergüenza por sus palabras…
Castiel sólo rio. Se acomodó de manera rápida sobre mí y me besó de nuevo… con prisa, con calidez y con mucho, mucho deseo… Al principio traté de evitarlo, pero luego me dejé llevar ¿Por qué le permitía hacerlo? Si antes lo hubiese golpeado; inclusive, hacía sólo una hora, intentaba molerlo a golpes o salir corriendo, la que fuese más fácil.
Pero, entonces sentí que su mano volvía a aventurarse a mi entrepierna y di un respingo. Me alejé de su boca y tomé su mano, para luego moverla bruscamente.
–¡Te dije que tengo prisa! –le grité desesperado y sonrió.
–Si nos quedamos diez minutos más, te llevo en mi motocicleta… –me sonrió y me tentó… Pero, no, no debía dejarme llevar por él. Si nos quedábamos "diez minutos más" terminaría haciendo cosas de las que posiblemente podría arrepentirme…
Pero, cuando abrí la boca para objetar, la mano de Castiel tomó la mía y la puso sobre su ropa interior, de manera que sentía duro… y caliente… Me hirvió la cara debido a eso y, aunque en primera instancia quise quitar mi mano instintivamente, Castiel le sostuvo hasta que eliminé mi "lucha" por alejarme… No podía siquiera verlo a la cara… era demasiado vergonzoso.
–¿No quieres quedarte, entonces? –me preguntó con su boca sobre mi cuello, para luego lamerlo y morderlo con cuidado… mientras movía mi mano sobre su erección. No tenía fuerzas para quitarme…
–Ah… Castiel, para… –susurré y me sorprendí por el tono de voz que salió de mi garganta. Tan débil… y tan dócil. Me odié a mí mismo por eso… pero, es que simplemente no podía ejercer fuerzas…
¡No, no era eso! Más bien, no quería irme. No quería tener fuerzas para luchar… Quería seguir. Quería que Castiel continuase, pero me sentía tan sumiso por aceptar el hecho de que él fuese quien hiciese todo…
–¿Entonces…? –me susurró Castiel en el oído y, al alejar mi mano delicadamente de su entrepierna, posé mis palmas de las manos sobre su pecho, para alejarlo. Su voz era la lujuria misma. Parecía que el simple hecho de estar conteniéndose le alteraba en demasía.
Suspiré, mientras lo alejaba y me miró con recelo cuando lo aparté por completo. Bufó y se mantuvo sentado, sin mirarme. Supuse que se había molestado… Seguí empujándolo y eso lo sorprendió… Sonrió cuando terminé sobre él, justo como él estaba hacía rato.
–Tomaré eso como un sí –rio malévolamente y se mordió el labio inferior.
–Cállate… –le gruñí y pareció divertirse aún más.
Bajé hasta su ropa interior y sus ojos se abrieron a más no poder.
–Eh, ¿qué vas a hacer? –preguntó sorprendido.
Lo ignoré y lamí la tela de la cual, debajo, se encontraba su -notable- erección. Castiel dio un respingo y sonreí para mis adentros. No quería que me tomase como un debilucho que se iba a dejar hacer cualquier cosa… Tomé el elástico de su bóxer con mis manos. Bueno, si ya estaba en eso… podría terminar lo que empezamos… Pero sólo durante esos "diez minutos más". Al bajarlo, no quise ver mucho 'aquello', ya que si lo veía me sonrojaría hasta la médula y eso le daría gusto a Castiel… Quería golpearlo de sólo pensar en esa posibilidad. Sin muchos rodeos, hice lo mismo que él; lamí la punta, para luego llevar mi lengua a las otras partes de su pene… Al meterlo a mi boca, escuché un gemido de Castiel; no muy audible, como si el muy cabrón se estuviese conteniendo… Sólo para joderlo, comencé a succionar ligeramente, mientras lo metía más dentro de mi boca. Sentía a Castiel estremecerse en un silencio que sólo era interrumpido por su respiración entrecortada y ligeramente agitada, además de ligeros suspiros y gemidos que intentaba ocultar. Me separé de él y lo miré a la cara.
–¿Qué? –preguntó con la respiración apresurada.
–Nada. –gruñí. Estaba cansándome de que se burlara de mí en mi cara… Habría que hacerlo "gemir" así como él lo había hecho… Lo odiaba tanto.
–N-No sabía que… eras tan bueno en… esto. –me comentó entre respiraciones profundas. ¿Bueno en eso? Pero… era la primera vez que hacía algo así.
Continué con prisa, aunque no quería que Castiel llegase a terminar… me resultaría de cierta forma demasiado incómodo… Así que, mientras sentía que su mano empujaba mi cabeza ligeramente hacia abajo y el cuerpo de Castiel estremeciéndose, me detuve en seco y me alejé.
–¿Q-Qué haces? Continúa… –me pareció escucharlo suplicar, algo molesto por haberme detenido a tan sólo unos segundos de que llegase al orgasmo.
–Ya pasaron diez minutos. –le sonreí de lado, mientras me lamía el labio inferior con superioridad.
Castiel me fulminó con la mirada, se acomodó el bóxer y se puso de pie en silencio con una mueca de fastidio en su rostro.
–¿Qué pasa? –le pregunté confundido al ver que no había dicho nada ni me había obligado a continuar.
–Cumplo el trato; sólo diez minutos y te llevaba a casa. Soy un hombre de palabra, ¿sabes? –gruñó y continuó cambiándose.
No pensé que diría algo así… Me quedé en silencio viendo cómo su ropa se desplazaba por su piel desnuda. Quizá nunca más volvería a verlo así. Quizá sólo era un juego para él… o una burla. Pero, no. Castiel no era ese tipo de personas. Él no jugaría con alguien sólo por placer… y eso me hacía estremecer. Me despabilé y me cambié lo más rápido que pude. Al salir del aula, Castiel me tomó entre sus brazos. Con su mano derecha tomó mi mandíbula y la levantó levemente para que pudiera verle la cara y con la mano derecha me envolvió la cintura, tocando mi cadera con las puntas de sus dedos.
–Después de aprobar los exámenes te haré mío, delegado inútil. –sonrió descaradamente y lamió mi labio inferior con la punta de su lengua. Me dieron escalofríos por su dominante actitud… Me liberé de sus brazos en un bufido y caminé en dirección a la puerta de entrada, junto con Castiel, quien no dejaba de sonreír descaradamente.

Al salir, le explicamos al guardia por qué estábamos ahí hasta tan noche (por las tutorías, claro…) y nos dirigimos a donde la motocicleta de Castiel se encontraba. Me extendió su casco extra y me lo coloqué lo más rápido que pude. Me subí detrás de él y, a regañadientes tuve que abrazarlo, mientras encendía la moto.
–No exageres –rio –Ambos sabemos que te gusta tocarme –se burló y aceleró drásticamente, de manera que tuve que sujetarme fuerte a su cuerpo.
–¡Te odio! –le grité lo más fuerte que pude mientras sentía que en cualquier momento nos estrellaríamos.
La sensación del aire fresco rozando mis costados era… increíble. Nunca me gustó la velocidad, pues me parecía insegura; pero en ese momento, no tenía ni un gramo de temor. Era emocionante y me sentía, de cierta forma, libre por el hecho de ver las líneas que se dibujaban por las luces que pasábamos. Me sentí bien, sólo eso… En un alto, le pedí a Castiel que me dejase a una cuadra, para que mis padres no se dieran cuenta que me había subido a una motocicleta. Posiblemente mi padre se molestaría… Y, sí, Castiel sabía dónde vivía; después de todo, hacía ya varios años, vivíamos en el mismo vecindario. Cuando fue tiempo de bajar de la moto, me quedé ahí un rato, sujeto del cuerpo de Castiel. Él se quitó el casco y suspiró profundamente.
–Es noche, vete ya y evítate problemas –me dijo y asentí.
Bajé del vehículo y me quité el casco para acomodarlo en la parte trasera del asiento.
–Gracias por… traerme. –susurré, algo incómodo. No podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido; era irreal.
Castiel sólo alzó los hombros, restándole importancia y comencé a caminar. Al pasar de poco más de diez metros, escuché la moto encendiéndose y acelerando levemente. Cuando volteé a ver, Castiel estaba ya a mi lado, tomó mi mandíbula y, con cierta rudeza, me besó, mientras mantenía su mano izquierda sobre uno de los mangos de la moto y su pie derecho, junto al mío, sostenía el equilibrio de la moto. Me quedé en shock al sentir sus labios de nuevo… y, por primera vez, acepté el beso sin intentar separarme… Tomé sus hombros con mis manos y dejé que su mano se aventurara a mi cabello, hundiendo sus dedos entre mis mechones rubios. Sus labios eran cálidos… Al separarse de mí, yo aún sentía la necesidad de besarlo. Pero, ¿por qué? ¿Por qué me gustaba besarlo si yo…? No me entendía… y tampoco quería entender. Sólo quería besarlo de nuevo. Y me acerqué de nuevo a él con prisa para hacerlo, justo después de que él se alejara. Castiel se sorprendió por mi acción y sentí sus labios sonreír sobre los míos, para luego corresponder al beso. Esa vez fui yo quien incitó a su lengua a jugar con la mía, a profundizar el beso… Castiel me separó un poco, cortando el beso y me miró entre sorprendido y arrogantemente… alegrado. O eso alcancé a definir…
–Te lo volveré a repetir. –rio y se acomodó de nuevo sobre su moto, mientras se ponía el casco –Cuando apruebe los exámenes, te haré mío. –sonrió de lado y aceleró, dejándome en medio de la calle, pasmado.
–¡Te odio! –le grité, con la esperanza de que me escuchara. Suspiré cuando vi que la moto daba vuelta en la esquina. –Pero qué demonios hice… –me dije a mí mismo.
Seguí caminando; podía ver las luces de la sala de mi casa encendidas. Suspiré justo antes de entrar y encararme con mi padre.
–¿Por qué tan noche? –me preguntó severamente desde el sillón de la sala, dejó de lado el libro que leía y se quitó los anteojos, mientras cerraba la puerta tras de mí.
–Estuve dándole clases a un chico, creí que ya la directora te lo había dicho –le dije.
–Ah, cierto. –masculló deliberadamente –La próxima vez no vuelvas tan tarde –me ordenó fríamente y me encogí de hombros.
–Ya terminé las tutorías… No habrá próxima vez… –le dije con pocos ánimos y él asintió, satisfecho con mi respuesta. Continuó con su libro, luego de ponerse los lentes. Me sorprendió que estuviese tan apacible.
Subí a mi habitación y cerré la puerta con seguro. Lo que menos quería, era que Amber entrase gritando a mi cuarto, sin siquiera tocar a la puerta; era usual en ella. Tomé una ducha y, luego de ponerme ropa para dormir, me acosté boca abajo sobre mi cama. Las imágenes de lo que había ocurrido apenas unas horas antes no dejaban de rondar por mi cabeza. Simplemente me era imposible dejar de pensar en ello… Me parecía tan irreal; incluso me planteé que todo fuese un delirio, una mentira creada por mi mente… Pero no era eso y yo lo sabía. Sabía a la perfección que Castiel me besó, mordió, lamió y de más cosas… y que yo hice lo mismo. Pero, lo que más me consternaba era haber sentido tanto odio por él y, de repente… haber dejado que mi subconsciente le dijese "te amo"… Pasé horas pensando en eso y, al final, caí en cuenta de que, en realidad, todo el tiempo fue envidia. Envidia de Debrah, por tener la confianza de Castiel, el cual no me creyó porque a ella le tenía esa confidencia que yo quería. Envidia de que él era libre; no tenía que aparentar ni cumplir expectativas. Envidia de poder ser él mismo, pues no le prohibían nada… Envidia de todo lo que él representaba. Castiel era mi polo opuesto, la persona más diferente a mí que había en el mundo. Y le tenía tanta envidia… porque yo, de cierta forma, me despreciaba a mí mismo… y quería ser como él. Pero, después de esa noche, todo me daba vueltas y ya no sabía qué pensar. ¿Por qué Castiel se fijó en mí? ¿Por qué un hombre…? Después de todo, siempre había sido algo llevado con las chicas… Sin embargo, nunca o vi con una o supe de alguna además de Debrah. Y no era el tipo de chico que tonteaba con cualquiera… Y eso me hizo relajarme un poco. Al menos tenía la certeza de que lo más probable, era que yo no fuese un juego para él. Aunque resultaba difícil de creer… ¿Por qué me gustaba creerlo? Me hacía estremecerme y sonreír ligeramente. Me odiaba a mí mismo. ¿De verdad a mí me gustaba ese engreído? No soportaba la idea, pero, a la vez, deseaba volver a verlo; volver a besarlo… Sus labios aún los sentía arder sobre los míos; como si me hubiesen dejado una quemadura. Y, si ese era el caso, yo podría considerarme un pirómano…