Y aqui esta el ultimo capitulo nwn ~ Me alegra que les haya gustado hasta ahora! &... ahora si hay lemon e/w/e Espero que les guste el final y no les parezca raro el lemon xD
Estuve una semana completa pensando en todo lo que había hecho con Castiel el otro día cuando paseamos en su moto… Y caí en cuenta que eso era lo más cercano a una "cita" que había tenido... ¡No, me rehusaba a aceptarlo! Era una estupidez el solo hecho de pensar que Castiel y yo tuviésemos una… cita. Pero, ¿qué más podía ser? No tenía otra opción más que llamarlo así, aunque no me gustara el hecho. Además, sus palabras no dejaban de rondar por mi mente "No quiero violarte. Quiero hacerte el amor." ¿Qué se suponía que quería lograr con decirme semejante cosa? ¿Por qué, para comenzar, se había fijado en mí? Aún no lo tenía claro; el primer día de tutorías, todavía sentía el odio puro de él hacia mí. ¿Qué había pasado para que, de repente, se mostrase así conmigo? ¿Es que sólo había querido seguir "la trama" de odio? ¡No entendía nada! Sólo sabía algo y no era lo más inteligente del mundo, ni tampoco lo más cuerdo; lo que quería y necesitaba… era verlo de nuevo. Quería volver a insultarlo y a maldecirlo… a besarlo. ¡Demonios! ¿Qué me pasaba? ¿Por qué me gustaba ese cretino? Ya me había cansado de tanto pensar; me dolía la cabeza, incluso. Así que me decidí, luego de darle muchas vueltas y peros al asunto.
El viernes me puse algo de ropa cómoda, aunque tuve un par de conjuntos antes de decidirme por uno… parecía una chica. Me molesté conmigo mismo por eso y decidí sólo tomar el que fuese. Avisé en mi casa que saldría a dar una vuelta por el bazar, así como ya era costumbre. Así que, sin muy bien definido qué era lo que iba a hacer, llegué al frente de la puerta de Castiel. Me quedé ahí parado decidiendo entre irme o tocar; pero yo ya no quería ser un cobarde… así que di tres golpes a la puerta y escuché unos pasos contra el piso, acercándose a la puerta. Tragué saliva y suspiré para intentar relajarme un poco. Castiel abrió la puerta y me miró sorprendido, para luego sonreír prepotentemente. Agaché la mirada y me encontré con él en bóxers, así que volteé de nuevo la cara.
–¿Qué haces aquí, delegado? –preguntó con una risa idiota…
"¡Vamos, Nathaniel! ¡Habla!" me decía a mí mismo. Tragué saliva de nuevo y lo miré a los ojos.
–Q-Quería… verte… –le dije en un murmuro demasiado bajo. No, eso había sonado demasiado comprometedor, joder, así que intenté arreglarlo –Es decir –continué –Hay una película que quiero ver, pero no quería ir solo, así que pensé que tal vez tú qu-… –le expliqué con algo de prisa y él me interrumpió.
–Déjame cambiarme –me dijo serio y sin rodeos. Se volteó para adentrarse a la casa. –Pasa si quieres –le escuché gritar, mientras subía la escalera.
¿De verdad estaría bien si entraba? Bueno, de cualquier forma, no creía que Castiel fuese tan idiota como para hacer algo… Así que entré, luego de dudar unos segundos y cerré la puerta detrás de mí. La sala estaba más limpia de lo que imaginaba; es decir, un adolescente viviendo solo en una casa pequeña. No era la combinación perfecta, si alguien me preguntaba. Me senté en uno de los sofás de la sala y esperé a que Castiel bajara, pero tardó un poco más de quince minutos cuando lo hizo. Al verlo bajar por las escaleras, su cabello parecía mojado y se había cambiado de ropas; llevaba un pantalón gris oscuro algo ajustado y una camiseta negra con una calavera con alas. Ah, sí; la banda que le gustaba.
–¿No tienes ropa de otros colores que no sean rojo, negro o gris? –le pregunté sarcástico y él sonrió de lado. Se secaba el cabello con una pequeña toalla y se sentó en el otro sofá.
–Lo dice quien siempre viste blanco y azul. –bufó y me percaté de que, bueno… era cierto.
En ese momento, llevaba un pantalón de mezclilla claro, una camiseta de tres cuartos color blanca y una especie de saco azul grisáceo. Normalmente me vestía así, pero no me había dado cuenta.
–Como sea –dijo mientras se puso de pie y caminó hacia mí. –¿Te das cuenta? –me preguntó y se acercó aún más a mí, de manera que sus pies quedaban a los lados de los míos –Estamos solos… –susurró en mi oído al recargar sus manos sobre el sofá, a cada lado de mi cabeza.
Me empecé a poner nervioso y sentí como si mis pensamientos se trabaran. Inmediatamente, puse mis manos sobre su pecho y lo empujé, mientras volteaba mi rostro, el cual lo sentía hirviendo.
–No empieces o me voy –le dije en cierto pánico y bufó.
–Ya, vale… –susurró y se fue a la entrada. –¿Nos vamos ya? –me preguntó mientras abría la puerta y asentí, más relajado.
Fuimos en su moto al centro comercial donde se encontraba el cine y, al bajarnos, caminamos en silencio a tal. Era algo incómodo, pero lo era mucho más antes, cuando nos envenenábamos con la mirada. Cuando estuvimos a dos personas de comprar los boletos, Castiel miró la cartelera y me miró serio.
–¿Cuál era la película que querías ver? –me preguntó con cierto tono frío.
–Ah… –susurré. Y caí en cuenta que sólo había dicho aquello para crear mi coartada… Ni siquiera había visto la cartelera –E-Esa… –le dije señalando la imagen de la película menos colorida que vi.
–Bien. Al menos no tienes gustos de niña en estas cosas. –rio y rodé los ojos.
Compramos nuestras entradas cada uno y, como aún quedaba tiempo, quise comprar palomitas. Al entrar en la sala, ya oscura, seguí a Castiel a nuestros asientos, los cuales él iba a elegir. Subimos a la última fila y a unos diez de la pared. Como si quisiese alejarse de todos… Me quedé en silencio y no dije nada al respecto. No se iba a aprovechar el idiota. El cine era para ver películas y yo estaba seguro que él no quería ver la película, precisamente… y yo no le iba a dar el gusto de hacerlo. Al pasar los primeros quince minutos de la película, Castiel se acercó a mi rostro e intentó morderme el lóbulo, pero me quite.
–Quieto –le gruñí y se alejó mientras rodaba sus ojos.
Después de diez minutos intentó tomar mi mano, pero la quité, molesto.
–Déjame en paz y mira la película –le gruñí de nuevo y él pareció hacer lo mismo que la vez anterior.
A la mitad de la función, intentó abrazarme. Repito; Intentó abrazarme. ¡Abrazarme! ¿Qué se suponía que tramaba? Me quité de golpe y lo miré severamente.
–Me estás sacando de quicio, Castiel. Vuelves a hacer algo y me voy –le dije molesto y él me miró de la misma forma, cruzó los brazos y fijó su vista en la pantalla.
El resto de la película transcurrió tranquilamente. Era de esas típicas de suspenso, acción y cierta pizca de comedia. ¿Por qué estaba en el cine con Castiel? Me frustraba el hecho de preguntarme esas cosas cuando yo mismo sabía la respuesta; porque quería estar con él. Quería verlo, joder… Volteé a ver a Castiel y su expresión era de total enfado; su entrecejo fruncido y sus brazos cruzados sólo podían significar que se había molestado conmigo. ¿Era porque había sido tan pesado al alejarlo? Si era por eso, entonces… Podía arreglarlo, ¿no? Aunque fuese un poco. Me acerqué a él y estuve a punto de tocar su piel para besarlo, pero él se alejó sin que me diese cuenta. Tenía los ojos cerrados, así que los abrí al sentir nada sobre mis labios. Miré a Castiel y caí en cuenta… ¡que me estaba ignorando y evitando! De verdad se había enfadado… No quise rogarle y mejor me quedé estático en mi lugar, para ver la película. Castiel era tan "delicadito"… Aunque yo sabía que tenía la culpa… Por eso mismo decidí ser un poco más amable con él; tampoco era justo, ¿no?
Al salir del cine, nos encaminamos a su moto y se subió, mientras se ponía el casco.
–¿Te llevo a casa? –me preguntó con frialdad y me sentí mal. Realmente estaba enojado…
–Y si… ¿vamos a la tuya…? –le pregunté, completamente sonrojado y él abrió sus ojos, al igual que su boca.
–De acuerdo… –dijo luego de voltear su rostro a otra parte, así que no pude ver su expresión.
Subí al vehículo y me puse el casco. Al llegar a su casa, dejó su moto en el patio trasero con una cadena y caminó hasta la puerta para abrirla y déjame pasar. En el patio se encontraba Demonio, pero intenté no acercarme lo suficiente a él, aunque en ningún momento me ladró. Entré con algo de vergüenza y, mientras yo me sentaba en la sala, Castiel abrió el refrigerador de su cocina, luego de cerrar la puerta.
–¿Quieres algo? –me preguntó desde donde estaba y le dije que no.
La verdad, hubiera sido mejor dar una afirmativa, pues en el momento en que Castiel se sentó en el otro sofá, se presentó un silencio sepulcral. Fue algo demasiado incómodo como para siquiera poder mover un músculo de mi cuerpo. Sentía que si lo hacía, aunque fuese un centímetro, tendría la mirada de Castiel sobre mí.
–¿Qué? –me preguntó algo incómodo y negué con la cabeza.
Volteé a verlo; se encontraba con la mirada en el piso; era una que nunca había visto… como si no supiese qué hacer. Eso me hizo sonreír y aliviarme un poco; al menos, no era yo el único que se sentía estúpido. ¿Por qué me quedaba en silencio y estático si sabía a la perfección que yo quería que "algo" ocurriese? Quería acercarme a él y besarlo… Y, de cierta forma… yo sabía que eso podría continuar a algo más. Y yo quería que así fuese. Realmente lo quería, aunque mi sentido común insistiera en irme de ahí. Era… ¿cómo llamarlo? ¿Instinto carnal? Podría decirle así… Así que, sin dejarme llevar por la cordura propia en mí, me puse de pie, recibiendo la mirada de Castiel sobre mí. Me acerqué a donde él se encontraba y me senté sobre él, mientras veía que su expresión se mostraba cada vez más sorprendida. Dejé mis rodillas reposando sobre el sofá, rozando con los costados de sus piernas. Inmediatamente sentí sus manos sobre mi cadera y, al acercarme un poco, sentí una mordida sobre mi cuello, al mismo tiempo que sus manos me apegaban más a su cuerpo; una de ellas se había aventurado a meterse dentro de mi camiseta y subía recorriendo mi columna. Me mordió y besó el cuello, además de la boca. Me detuve y él hizo lo mismo al percatarse que me apartaba un poco de él.
–¿Qué? –volvió a preguntar y sentí algo palpitar debajo de su pantalón, lo cual ocasionó que un sonrojo se presentara en su rostro y volteó la cara. Sonreí instintivamente.
–Nada. Sólo pensaba… –Balbuceé. Tomé valor antes de arrepentirme y abrí al boca de nuevo –¿P-podemos ir a… tu habitación? –le pregunté con dificultad y mi cara hirviendo.
Castiel asintió, como si estuviese dudando de algo y me puse de pie. Caminó frente a mí, guiándome hasta su pieza. Era la primera vez que entraba, así que la examiné unos minutos, mientras sentía que Castiel cerraba la puerta y se recargaba en ella con los brazos cruzados; y yo que pensaba que se abalanzaría sobre mí. Las paredes eran blancas y en el techo había varios posters de bandas de rock. Su piso estaba tapizado con alfombra gris y su cama era de madera; las sábanas eran blancas y la colcha negra, pero se encontraba en el piso, revuelta con la sábana que aún sobrevivía sobre el colchón. Había un mueble pequeño al lado de la cabecera con algunas cosas. Se encontraban también varias prendas tiradas por el suelo, además de tenis. En una esquina, estaba su guitarra y un amplificador algo pequeño. En un mueble de escritorio, al lado de la cama, se tenía una computadora portátil y una lámpara de noche. No era la gran cosa, ni tampoco era deplorable; era un simple cuarto de un adolescente. Volteé a ver a Castiel y noté que me miraba con curiosidad, pero como si presintiese que yo no iba a ceder a hacer algo "más". Sorprenderlo un poco sería genial… Sí, quise tentarlo un poco, para ver qué pasaba… Así que me quité el saco grisáceo, sin verlo y sonreí de la manera en que él me miraba cuando decía lo de "Quiero violarte".
–¿Y? –le pregunté –¿Qué… quieres hacer? –susurré con un tono libidinoso y Castiel se enderezó, sin dejar de cruzar sus brazos.
–No sé qué estés tramando, pero no voy a caer –me sonrió retadoramente, como si realmente se creyese que estaba haciéndole un broma, el muy idiota…
–¿Seguro? –le pregunté con el tono de antes y me senté en la cama, al mismo tiempo que me lamía el labio inferior y le miré con profundidad. Estaba tan fuera de mí mismo… pero me importaba poco.
Vi a Castiel; estaba realmente sorprendido y confundido… Alcancé a distinguir que se mordió el labio y avanzó de golpe hacia mí.
–Joder… –gruñó y me acorraló contra la cama, quedando él sobre mí.
Sonreí al sentir su impaciente cuerpo contra el mío. Mi necesidad era tan grande que había tenido que ser yo quien tomase la iniciativa… y eso me espantaba.
Castiel me besaba, bajaba a mi cuello y subía a morder mis orejas. Me quitó la camiseta con impaciencia y mordió mis pezones, además de gran parte de mi abdomen. Me gustaba sentir que él tenía el control, era como si… él supiese qué hacer para hacerme sentir bien. Ya no me cohibía; dejaba que mi cuerpo dijese lo que quisiese. Gemía sin importarme qué pensaría Castiel, si se estaría burlando o no. Simplemente quise dejarme llevar porque así me sentía libre y añoraba ese sentimiento de libertad... Sin embargo, aún sentía algo de dudas sobre Castiel…
–¿Por qué… te fijaste en mí? –le pregunté entre suspiros, pues mientras mordía mi cuello, acariciaba mi entrepierna.
–No lo sé –me dijo cortante y con su respiración acelerada.
–Pero, ¿por qué yo? ¿Por qué un hombre?–le pregunté ahora más seriamente y me miró con severidad, mientras detenía toda tarea que hacía.
–¿Qué importa si eres hombre o no? –gruñó molesto y me mordió el cuello, haciéndome gemir por el ligero dolor. –Tú eres tú y me importa un carajo si eres hombre –me volteó a ver. –Ahora, no vuelvas a hacer preguntas estúpidas –me reprendió y abrí mis ojos sorprendidos. Me sentía… aliviado.
Instantáneamente, Castiel me besó; pero no fue uno corto y ya. Fue con fuerza, con entrega; su lengua jugando con la mía. Luego, sin cortar el beso, sentí que desabrochaba mi pantalón. Lo alejé un poco para hacer que se quitara la camiseta y así hizo, para continuar quitándome el pantalón. Cuando cumplió su objetivo, lo lanzó lo más lejos que pudo y me molesté un poco por ser yo el único que estaba en ropa interior, pero no me quejé. A veces, su entrepierna rozaba conmigo y sentía su erección cada vez más grande. Cada vez que eso sucedía, me sonrojaba hasta la médula y sólo deseaba que se deshiciera de su pantalón para poder sentirla mejor… Y me estaba odiando por tener pensamientos tan lujuriosos, pero luego me importó un carajo y dejé que Castiel hiciera lo que se le antojara, al igual que yo hacía lo mismo. Intenté tener un poco más de fuerza y empujé a Castiel, de manera que yo quedaba sobre él; me miró divertido y me dejó actuar. Desabroché su pantalón con prisa y, tras tragar saliva para prepararme mentalmente, bajé su ropa interior, para ver su ya acrecentada erección. Con la vergüenza y la lujuria más grande que había sentido nunca, tomé su miembro con mi mano y continué lo que había dejado a medias el último día de tutorías en el aula. Sentía cómo Castiel acariciaba mi cabello mientras continuaba lamiendo su pene. A veces daba ligeros empujones a mi nuca para que se adentrase más a mi garganta. Me molestaba un poco, pero no dije nada porque, de cierta forma, me gustaba sentirme bajo su control. Y eso era algo insano, ¿no? Dejarme llevar por Castiel… Dejé de pensar en eso cuando sentí que Castiel comenzaba a moverse un poco más de lo normal. Lo volteé a ver y pude saber por su cara, que dentro de no mucho llegaría al orgasmo. Pero yo no quería que eso terminara así… Quería seguir. Así que, sin rodeos, me alejé un poco y me puse de espaldas a él; me coloqué de rodillas y luego recosté mi cara sobre la cama, al igual que mis manos. Castiel me miró con los ojos llenos de placer y se acercó a mí para tocar mi entrepierna ya sobresaliente.
–¿Qué te pasa? –me preguntó entre confundido y excitado.
–Dijiste… que me harías tuyo. –suspiré longevamente y luego me mordí el labio inferior. –¿Qué esperas para hacerlo? –dije con desesperación. Sí, estaba realmente desesperado. La sola idea de pensar que Castiel pudiese hacer eso conmigo… me gustaba. ¿Estaba loco? Reí ante la idea de estarlo y vi a Castiel en shock.
–¿E-Estás seguro? –me preguntó realmente nervioso y sonreí.
–Creí que no tartamudearías en un momento así –reí y pareció salir de su trance.
–Tú lo quisiste, delegado –sonrió y, mientras me masturbaba, puso tres dedos de su mano derecha frente a mi boca –Lámelos. –me ordenó con una voz tan… excitante.
Tomé sus dedos con mi mano y los metí a mi boca, moviendo mi lengua entre cada uno de ellos. La mirada de Castiel estaba clavada en mí; como si eso le excitase, lo cual daba como resultado que continuase haciendo movimientos sugerentes con mi boca y lengua. Castiel parecía desesperarse y me quitó el bóxer, al mismo tiempo que sacaba sus dedos de mi mano. Cerré los ojos por mero instinto y me preparé para lo que ocurriría… pero… ¿Por qué rayos terminé siendo yo quien estuviese en esa posición y no Castiel? ¡Joder! Bueno, quizá era porque Castiel tenía más iniciativa y se me había adelantado, aunque, de cierta forma, yo no me imaginaba a mí mismo penetrando a Castiel… Y eso me daba miedo de mí mismo. ¿Tan sumiso estaba siendo…?
Sentí uno de sus dedos húmedos sobre mi entrada y suspiré, resignado.
–¿Seguro? –me volvió a preguntar y gruñí. Si me seguía preguntando podía arrepentirme…
–¡Sólo hazlo! –le dije desesperado y, casi sonó como una súplica… No; más bien, era una súplica. Le suplicaba que lo hiciera. Realmente tenía la necesidad de sentirlo cerca de mí, aunque fuese por dentro…
Escuché una risa de Castiel y sentí que metía un dedo dentro de mí. Era lo más incómodo que había sentido en toda mi vida; el sólo hecho de pensar que estaba en esa situación me hacía hervir la sangre… De todas partes. Luego, sentí otro dedo dentro de mí, al cabo de uno o dos minutos.
–No pensé que esto fuese tan fácil –rio –Te dilatas muy rápido –se burló y me sonrojé hasta la médula por sus palabras. De verdad que quería golpearlo por decir algo tan embarazoso. –¿Tanto te excito? –me preguntó sobre el oído y gruñí.
–Lo dice quien tiene una bomba molotov en lugar de pene… –gruñí y pareció reír.
–Pero bien que te gustaría que explotara dentro de ti –siguió con la metáfora y bufé, completamente avergonzado. Sería mejor no contestarle nada más o terminaría quemando las sábanas de lo caliente que mi rostro se estaba tornando.
Al percibir el tercer dedo dentro de mí, sentí una ligera punzada de dolor y gemí un poco. Castiel quiso detenerse, pero le apremié a continuar. No distinguía muy bien sus movimientos dentro de mí e intenté concentrarme en otra cosa para bajar un poco el sonrojo de mi cara, pero era imposible.
–¿Puedo ya? –me preguntó impaciente y negué con la cabeza. Todavía no me sentía del todo listo; mentalmente, más que física… –Tsk… –gruñó y continuó dilatándome hasta que, después de despejar mis dudas sobre si hacerlo o no era lo correcto (las cuales mandé a la mierda), gemí.
–Ya –le dije en un suspiro. Esperé a que hiciera algo, pero no, así que creí que lo había dicho muy bajo. –Ya, Castiel. –le insistí al ver que no sacaba sus dedos. –¡Joder! ¡Que ya! –le grité ahora desesperado y se echó a reír.
–Quería ver cuánto tardabas en suplicar –rio sádicamente y me sonrojé.
–Sólo hazlo, antes de que me arrepienta… –le amenacé e, inmediatamente, sacó sus dedos y sentí algo mucho más cálido sobre mi entrada.
Respiré profundo varias veces y escuché la voz de Castiel decir "Voy a meterlo…" .Inmediatamente, sentí una punzaba a dos centímetros dentro de mí. Castiel se detuvo y luego continuó. Dolía… Dolía…
–¡A-Agh…! ¡E-Espera, espera! –le grité con debilidad y se detuvo. Esperamos en silencio a que mi cuerpo se acostumbrase y suspiré cuando me sentí listo para seguir –Y-Ya…
A continuación, volvió a moverse y no sentí tanto dolor como antes, pero sí mucha incomodidad. Cuando hubo metido su pene entero en mí, se esperó y mordió mi espalda ligeramente.
–Apresúrate a acostumbrarte. –me semi-ordenó y gruñí molesto.
–¿Hasta en esta situación vas a querer mandarme? –me quejé y se echó a reír.
–Sí –dijo con simpleza y bufé. –Levántate un poco. –me dijo y me sostuve sobre mis manos, quedando "a cuatro".
Joder, ¿por qué le hacía caso? Era instintivo…
Castiel comenzó a moverse y, al principio me dolía… pero luego esas punzadas horribles desaparecieron. No sentí placer inmediatamente, pero al menos ya no era tan incómodo y me excitaba el hecho de escuchar a Castiel suspirar longevamente, además de gemir de vez en cuando. El placer psicológico era mucho mejor de lo que esperaba. Las estocadas apresuradas y vívidas que Castiel me daba me movían hasta casi tocar la pared con mi frente, así que tenía que sostener ésta con la mano derecha. De vez en cuando se inclinaba para morderme la espalda y me sorprendía de su elasticidad. A veces me daban punzadas de dolor por la fuerza que ejercía en mi cadera y gemía por dolor… pero luego todo se volvió realmente placentero. Psicológica y físicamente. Dentro de mí, la sensación de cosquilleo y suave ardor me hacía estremecer y aumentar mi temperatura. Era… mejor de lo que me había esperado, pero también más doloroso. Aunque, al final, el dolor había valido la pena… Era la mejor sensación que había tenido hasta ese día. Porque, la siguiente mejor sensación, fue el orgasmo que tuve tras las rápidas, fuertes y profundas penetraciones que me daba Castiel. Me importó poco que sus sábanas se hubiesen manchado y sólo me concentré en sentir lo fuerte que ese clímax estaba siendo. Cuando hubo desaparecido y sólo mi corazón y respiración estaban como locos, me concentré en escuchar a Castiel gemir de esa manera excitante… ese tono masculino de él me bombeaba sangre a todas partes. Los sonidos que Castiel emitía eran unos que nunca había escuchado y que posiblemente no escucharía en un buen tiempo, así que intenté extasiarme con ellos lo más que pude, hasta que sentí que sus embestidas eran cada vez más fuertes, al igual que su respiración. Sabía que pronto llegaría al orgasmo y me entraba el pánico con sólo cuestionarme a mí mismo si terminaría adentro o afuera. El maldito placer no me permitía quedarme callado y no dejaba de gemir…
–¿D-Dónde? –gimió Castiel y supe perfectamente a qué se refería. Entré en pánico.
–¡No sé! –le contesté con nerviosismo y gruñó, como si se hubiese enfadado. Se notaba que era nuestra primera vez haciendo eso… me causaba gracia y nervios a la vez.
–Joder… –se quejó y, justo después, gimió y sentí cómo salía de mi interior.
Volteé a verlo rápidamente de reojo y vi cómo llegaba al orgasmo sobre mi espalda… Su cara era… increíble. Se veía débil e, incluso, lindo… Se mordía y lamía el labio para, al final, abrir sus ojos y voltear a verme, seguido de a mi espalda.
–Ah… –balbuceó y tomó su camiseta que se encontraba en el piso. La pasó sobre mi espalda rápidamente y sonreí, mientras me dejaba caer, agotado sobre la cama, luego de aventar las sábanas al piso, pues estaban manchadas. . –Lo siento… –se disculpó y volví a sonreír. ¿Qué le pasaba a Castiel? Estaba… menos hostil.
–No te preocupes –le dije sin vergüenza alguna. Ya no me daba pena.
Castiel se recostó a mi lado, mirando al techo. Su respiración estaba todavía muy acelerada y su pecho no dejaba de palpitar fuertemente. Yo ya me estaba estabilizando, pero aun así, la emoción de hacía unos minutos todavía estaba en mí. Pasamos un rato en silencio; uno muy cómodo y acogedor, por lo menos para mí.
–Oye, delegado estúpido –escuché su voz y lo volteé a ver –No te odio. –me dijo mientras su mirada se enredaba con la mía y sonreí.
–Sí, sí… –le dije divertido –Yo tampoco te odio, vago antipático. –susurré sobre sus labios, antes de besarnos de nuevo.
Y que tal?
A mi me gusto mucho el lemon de este capitulo porque la primera vez siempre es como que "QUE HAGO? D:" y eso me da mucha ternura uwu
En fin! Espero que les haya gustado la tsunderidad de Castiel y la necesidad carnal del delegado Nathaniel :a
Gracias por leer!
PD: Acabo de empezar otro fic de Amour Sucre, pero ese es pura excusa para escribir lemon xD! Se llama "Mono de Seda", pasen a leerlo si gustan :3!
