Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 02: Silencios.
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Un silencio del todo esperado llenaba su cuarto, por fin.
Su cuerpo entero dolía.
Como nunca jamás lo había hecho.
El dolor era mucho mas intenso y abrumador que nunca.
Akashi esperó, con una sonrisa en la cara, que Murasakibara saliera del cuarto para ahogar un grito de dolor contra la almohada.
No podía decirle nada, o estaría encima de él lo que restaba de tratamiento... y apenas llevaba con el ciclo un par de semanas.
Pero cada inyección le recorría por dentro como lava ardiente, dejándole al borde de la locura durante horas.
"Merece la pena" se repetía mentalmente una y otra vez... pero según avanzaba el tratamiento y no había resultado alguno, no estaba tan seguro de que el sacrificio no fuera una pérdida de tiempo.
De un tiempo a esta parte fantaseaba constantemente con el aspecto de su vientre si lograba concebir a su pequeño... pero su mente analítica iba amontonando problema tras problema.
Uno sobre otro, y sobre el siguiente.
Había dejado todo por tener ese hijo, todo. Sus estudios, su futuro, su pasión por el basket, todo relegado hasta que el bebé llegara.
Atsushi encontraba divertido seguir comportándose como si tuviera cinco años, a pesar que ya pasaba de la mayoría de edad, y aunque la mayor parte del tiempo tenía su gracia, a veces le gustaría que fuera adulto durante un rato.
Y luego estaba lo siguiente en la lista. Mantenerle a su lado. La promesa era hasta que Akashi quedara embarazado, ¿Y después?.
Se quedaría solo, viviendo todo el proceso en soledad...
Murasakibara repetía que lo amaba, hasta aburrir, pero Akashi sabía que no era así, faltaba algo, y esperaba que ese algo fuera el pequeño. Una razón muy pobre para ser padres, pero el dolor no le dejaba pensar con claridad.
Y fingir que no le dolía quizá era lo peor.
Solo quería dormir, y despertar con una enorme y redonda barriga. Nada mas. Tampoco era mucho pedir.
Y lo peor es que el tratamiento no había hecho nada mas que empezar.
Después vendrían las sesiones maratonianas de sexo salvaje y desesperado con Atsushi. Una y otra vez el pelilila haría con él todo lo que se le ocurriera, hasta dejarle inconsciente... y después, otra vez... y otra... y otra mas...
Los sacrificios de ser padres, interminables.
Murasakibara regresó al cuarto con un trozo de pastel, y una jarra de zumo.
Sus grandes manos le abarcaron los hombros por completo, ayudándole a girarse y sentarse en la cama.
Su sonrisa congelada en una mueca irreal, apareció inconsciente en su rostro.
Sabía que no podía engañar a esos ojos de brillo infantil.
– Voy a llamar al doctor, esto se termina ya. – Le miró directamente, serio. – Hicimos un trato, si te dolía se terminaba. No puedo ver como pasas por esto, no me pidas que lo entienda, no voy a hacerlo.
Las veces en las que se comportaba seriamente eran tas escasas, que incluso él se sorprendía de escuchar su voz sin ese tono infantil.
– No, espera. – Akashi apretó la mandíbula, dándole la razón sin proponérselo. – Puedo soportarlo, de verdad.
Murasakibara le miró, sin creerle. Suspiró profundamente, llenando sus pulmones hasta el límite y expulsó el aire en un gesto cansado. Esta conversación ya la habían tenido demasiadas veces, estaba cansado de repetirlo.
– Vamos a casarnos. – La ceja pelirroja se alzó sola. El tono infantil de vuelta. – Akachin es tonto, se piensa que no me doy cuenta... y necesitas un papá que te diga que hacer... yo quiero a Akachin, mucho... a si que vamos a jugar a papas y mamas todo el tiempo, pero de verdad... así podré decirte que hacer y que no sin que me regañes...
– Esa es una razón un poco rara. – Ahora si, sonrió de verdad.
– bueno, pues a ver … Mmm... ya sé. ¿Cuando merá el bebé seré un papá, como Midochin, no?... Pues Akachin será la mamá... y necesitamos un señor viejo y feo que diga todo eso de ".. en lo bueno y en lo malo" y todas esas cosas serias de mayores y eso... y un pastel muy grande, con muñequitos arriba... ¡Ah! tengo que comprar un anillo a ...¿Akachin?.
El pelirrojo solo le miraba, hablar cosas sin orden alguno, pero cargadas de sentido.
A lo mejor era cierto. Kuroko tenía razón. Pasa sin mas.
Te das cuenta por un detalle, una mirada, algo inesperado que ocurre y te lo muestra.
En tu interior una vocecita susurra que es él, la persona adecuada.
Y es cierto. Atsushi es su mitad. Es perfecto, con sus cosas buenas y malas.
Es atento, hermoso y adorable, erótico, un verdadero animal en la cama, brutal en muchos sentidos... pero Akashi adoraba eso de él. Su personalidad infantil, su sinceridad extrema, sus enormes manos, su habilidad para complacerlo hasta el desmayo... esa sensación que le quedaba en el cuerpo después de hacer el amor, como si cada poro de supiera que había sido amado hasta la extenuación.
Akashi asintió, sonriendo feliz.
Iba a cometer una locura mas, pero a estas alturas ya le daba lo mismo.
Sería una persona totalmente irracional, y se casaría con ese gigante, del que llevaba enamorado desde secundaría... supuso que sería un detalle por su parte, compartir ese pequeño dato.
Decirle que le amaba, sería como decir que si a la petición de matrimonio... ¿No?
Esperaba que lo entendiera, y si no era así, estaba dispuesto a explicarle cuanto le amaba todas las veces que fueran necesarias... y no, no pensaba a renunciar a tener un bebé, aunque el dolor le hiciera gritar desesperado.
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Era sencillo. Solo tenía que dar de comer al niño, nada mas.
Sencillo y una mierda.
Kou palmoteó el plato de plástico con su papilla de frutas, haciendo que el girara en el aire y acabara en el suelo... otra vez.
Taiga gruñó desde el interior, haciendo a su hijo sacar una enorme sonrisa en respuesta.
– Vamos, colabora un poco ¿Quieres?. – El pequeño miró a su papá, palmeó de nuevo la superficie de plástico de la mesa frente a él, y soltó una carcajada cuando una pequeña porción de papilla, salió disparada desde su mano hasta la cara de su padre.
En mitad de la frente.
– Es fácil, dice tu madre. – Suspiró derrotado, poniendo un nuevo plato de papilla, por que estaba mas que claro que el pequeño no había comido mas de dos cucharadas. – Solo tienes que darle la comida, nada mas. – Kou se carcajeó de nuevo, hasta descubrir que su papá apartaba el plato de sus deditos.
– Está bien, tu ganas. – Se sentó a su lado, llenado la cuchara y llevándola a la boca del niño. – Di ahhhhh.
Kou hizo caso a su padre, tenía hambre, pero es que...
Hizo una pedorreta que dispersó la papilla por toda la cara de su padre en cuanto sacó la cuchara, como un aspersor.
Justo después frunció su pequeño ceño mirando fijamente a su padre, un reclamo en su carita regordeta.
– Oh vamos, no puedes hablar en serio. – Kou estrechó la mirada, no muy contento con la papilla. – ¿Qué le pasa? He hecho lo que me ha dicho tu madre, ¿Cual es el problema?.
Probó la papilla directamente del pegote que tenía pegado en la mejilla y descubrió que el niño tenía razón en no querer comerlo; era asqueroso.
– Ok, tu ganas. – Kou palmeó lo que quedaba en la mesa con la mano abierta, llegando hasta el techo. Kuroko se iba a mosquear cuando volviera de la compra y descubriera la cocina con dos colores nuevos que antes no tenía. – No tenía que haber puesto pimiento, ¿Eh?.
Kou respondió con una nueva pedorreta, mas sonora que le hizo sonreír al final de la misma.
– Debería llamar a mamá para que compre mas fruta, eh, ¿Qué me dices?. – Sonrió al pequeño que le devolvió la sonrisa a su padre igual de hermosa. – Mamá se va a enfadar si encuentra esto hecho un desastre...habrá que recoger el estropicio...
Kou hizo un puchero, seguido del rugir de su pequeña tripa, por hambre.
Kagami estalló en carcajadas que al niño no le gustaron mucho.
– Está bien, está bien, primero merienda, luego recogemos... ¿Trato hecho?. – Le tendió la mano, tomando la pequeñita de su hijo entre los dedos, para fingir un apretón de lo mas profesional.
Hizo un biberón de cereales que el niño tomó con muchísima hambre. Al menos eso si le gustaba, y mucho.
– Tengo que pedirle a Murasakibara kun que no te enseñe mas cosas. – Kou levantó el biberón con las dos manos, mirando a su padre con sus ojitos azules abiertos hasta el límite por encima del límite de la botellita inclinada. – Si mamá te ve tirando comida, estarás metido en un lío, va en serio... y estoy seguro que ese gigante te ha enseñado ha hacer pedorretas, ¿Eh?
El teléfono sonando interrumpió la conversación padre/hijo que estaban teniendo.
– ¿Si?. – Respondió pendiente de que el niño no dejara de comer. – ¡Ah, hola tío!. – Himuro le llamaba para saber que tal iba todo. – Si, todo genial. Kou está mosqueado, el puré de frutas no es mi especialidad, o eso, o es que tengo un hijo muy especialito con la comida. ¿Qué pasa?.
– No, nada, es solo … Me gustaría veros, y bueno, que conozcáis a alguien. – Por un momento se escuchó una vocecita pidiendo agua. – ¿Sigues enfadado conmigo por que no fui a la boda?.
– Sabes que no. – Ahora era su turno de vociferarle al niño, que agitaba el biberón sobre su cabeza, manchando su escueto cabello celeste con la papilla de cereales. – Oye, puedes venir cuando quieras, eres bienvenido, ¿De acuerdo?. Y Kuroko se pondrá feliz de verte, y bueno, vas a alucinar con Kou
– Vale... –Suspiró, profundamente. – Lo siento, de verdad... pero tenía mis razones, lo juro. – Se hizo un silencio en el que se escuchó perfectamente un "gracias mami". – El sábado... ¿Podemos ir a comer?.
– Claro, el sábado a medio día. – Kou tiró el biberón desviando la conversación al ruido que hizo el cacharro al rebotar en el suelo de la cocina. – ¡Mierda Kou, tu madre nos mata!. Oye, el sábado nos vemos, ¿De acuerdo?.
– Claro, el sábado. – Colgó, mirando a su hija con una sonrisa. – Bueno, parece que tenemos planes para el fin de semana. – La niña asintió a su mamá, y alzó mano, para que la llevara hasta el columpio y jugara con ella.
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Despertó por si mismo, como hacía meses que no le pasaba. Midorima bostezó mirando el reloj.
Se acomodó de nuevo sobre el colchón, estirando cada músculo hasta el límite de lo doloroso, casi con placer lujurioso.
¿Cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de estar en la cama, simplemente estando tirado así?.
Takao gruñó a su lado, haciendo lo mismo que él, estirando manos y piernas hasta el límite.
Dios, era maravilloso.
Gimió complacido, liberado, casi con la sensación de flotar...
Cuando su mente fué aclarándose, los dos conscientes de todo al mismo tiempo, casi gritando.
Era mas de medio día, habían dormido casi seis horas seguidas. No entraba en la categoría de sueño normal de ocho horas, pero lo bastante reparador como para llenarles de energía por todas partes.
Midorima manoteó por la mesilla, en busca del pulsador de la lamparita. Su madre había bajado la persiana hasta el límite de lo permitido, dejando el cuarto en absoluta oscuridad.
Y hablando del diablo... no se escuchaba nada en la casa, a parte de ellos dos, por lo que su madre seguía con la niña fuera... lo que quería decir, que estaban solos.
Una sonrisita traviesa curvó sus labios, en apenas un segundo, estaba sobre un dormido Kazunari, que de entrada se dejó hacer, respondiendo a las caricias de su esposo con el mismo entusiasmo.
– No, espera. – Esquivó sus labios, que se desplazaron a su cuello, sin contar con él. – Shin, por favor, no podemos... espera...
Midorima no le escuchaba... hacía tanto tiempo que no tenían unos minutos para estar a solas, que quiso aprovechar... no iba a hacerle nada, tenía presente que apenas acababa de dar a luz y que su cuerpo aún se estaba recuperando. No iba a ser tan desconsiderado, pero también necesitaba que Kazunari le hiciera unos poquitos de cariñitos.
Solo unos poquitos.
Estaban cansados, los dos, falta de sueño, alimentación deficiente, humor de perros.
Takao luchó contra su marido, interrumpiendo de forma cada vez mas ruda sus avances, lo mas cariñoso posible.
Cuando la mano de Midorima se internó por la goma de su ropa interior, su consideración de fue a dar una vuelta.
– Que no. – Le empujó con fuerza, rompiendo el beso que se estaban dando. – No quiero, joder... ¿Estás sordo o qué?. – Cabreado, se bajó de la cama por el lado contrario, quedando de pie en la puerta después de encender la luz.
Kazunari temía no ser atractivo para él, y que quisiera que lo hicieran en absoluta oscuridad, le hizo pensar que sus suposiciones eran las correctas.
El silencio de su marido le dio la razón.
Midorima se levantó, tomó sus gafas y fue hasta el baño, sin mirarle, sin decir ni hacer nada mas.
Le había rechazado, sin mas.
Se metió en la ducha y abrió la llave del agua, sin mirar si era fría o caliente.
Takao se quedó inmóvil, escuchando el agua correr. Apretó la mandíbula, alejando las ganas de llorar... ¿Qué acababa de pasar?
Midorima solo quería ser cariñoso, y él le había rechazado de un manotazo...sin mas.
No iba a ir a mas, lo sabía. Cuando hacían el amor, Midorima preparaba todo de manera casi militar, solo una vez se habían dejado llevar y la consecuencia de aquel día estaba de compras con sus dos abuelas...
– Mierda. – Abrió la puerta con la punta del dedo, y le miró a través de la cortina, mientras se duchaba.
Esperó hasta que salió fuera, para hablarle.
– No es que no quiera, es que aún no puedo, de verdad... lo siento. –Midorima se limitó a mirarle un segundo, mientras se secaba el cabello con suaves caricias. – P-pero podemos, bueno... hacer otras cosas y eso...
– No es necesario. – Pasó por su lado, sacando ropa del armario, vistiéndose ante la mirada de su esposo, que confuso no entendía que pasaba.
– Bueno, ya se que no es necesario... pero . – Dejó de hablar cuando la mirada de su marido pasó de largo por su persona y salió del cuarto directamente al salón. Le vio tomar las llaves y el móvil. – ¿A dónde vas?... Creí que estab...
– No tranquilo, no pasa nada. – Miró la pantalla del móvil un segundo y lo guardó en el bolsillo trasero del pantalón. – No hieres mis sentimientos … yo tampoco quiero hacerlo contigo, a si que, puedes estar tranquilo.
Cuando la puerta se cerró, lo único que sabía Kazunari es que tenía unas terribles ganas de llorar, nada mas.
Oooooooooooooooooooooooo
Momoi se arqueó contra los labios que besaban la orilla de su pecho izquierdo.
Se mordió el labio, con fuerza, silenciando un gemido travieso.
Abrió las piernas, mas mucho mas... dejó que esos hábiles dedos juguetearan con su cálida intimidad, trazando formas sin sentido en la cremosidad que escurría hasta el colchón.
Una sonrisa reemplazó sus dientes, que seguían a la vista. Por dentro ardía, como nunca jamás lo había hecho.
Por que era así, esa persona había llegado a su vida de un modo inesperado. Ya se conocían, aunque nunca pensó que llegarían a hacerlo tan íntimamente... Tenían tanto en común, que casi era un paso normal que su relación avanzase hasta el terreno íntimo.
Agarró la mano traviesa perdida entre sus muslos de la muñeca, danzando contra la palma con desesperación... ya no podía mas... y lo único que veía tras sus párpados entornados era su sonrisa, tan pervertida...
– Momoi chan, grita para mi. – Sus palabras susurradas en la orilla de su oído, le arrancaron un grito imparable. – Si, así, muy bien... eres preciosa...
Cayó contra el colchón, desmadejada, relajada, satisfecha.
Húmeda, caliente, sonrojada, con ganas de mucho mas.
Y una nueva sonrisa se dibujó en su cara, al pedir una nueva ronda... al fin y al cabo, la liga había terminado, y no tenían nada mejor que hacer... ninguna de las dos.
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Re kiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... uyyyy me dejo fuera una escena de la nueva pareja, por espacio y tiempo...
Gracias por vuestro apoyo en esta nueva aeventura. Cada comentario me da la vida, en serio.
Sería un detalle, ya que me agregais a favoritos, que pasarais a decir hola... no?
Bueno como sea, Gracias por la confianza.
Besitos y moridskitos
Shiga san
