Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …

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Uno mas en la cancha.

Capítulo 03: Pareja de una persona.

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Cuando se bajó del coche sintió que entraba en una realidad paralela, ajena a su mundo.

Daiki se había afeitado y arreglado hasta el extremo. Cada detalle de su vestimenta había sido pensada y requete pensada al milímetro.

Esperaba haber acertado con todo. Por que lo último que le apetecía era dejar en ridículo a Kise.

La reunión, en el Hotel Imperial, era para celebrar las increíbles buenas ventas que había tenido el perfume, del cual tanto él como Kise eran la imagen.

La verdad es que a él no le importaba mucho, ya que lo había hecho por ayudarle, pero no pudo rechazar la invitación, y mucho mas con su chico adornado con un terrible y doloroso puchero en su labio inferior; Kise Ryota había encontrado el modo de vencerle.

Entró en el recinto, mirando a todas partes y a ninguna en especial, esperando, ilusamente, pasar desapercibido, cosa que no pasó, ya que era uno de los protagonistas de la velada.

Tanto el diseñador como el presidente de la compañía se deshicieron en elogios con él, le llevaban de un lado a otro de la sala, como un trofeo del que presumir, presentándole a unos y a otros.

En algún momento alguien puso una copa en su mano, que tuvo que rechazar de inmediato. Venía del entrenamiento y como todo deportista, tenía prohibido el consumo de alcohol.

Risas falsas y miradas envidiosas por todas partes. Aomine estaba acostumbrado a esas cosas, tanto que casi era nostálgico que le ocurriera también en ese país.

Dibujó su mejor sonrisa, y se vendió, no por él, si no por Kise, que necesitaba cada céntimo o ayuda en su organización.

Cuando el director de la campaña apareció, pudo desligarse de la gente, quedando a un lado de la mesa del catering, medio oculto por una gran planta.

Desde donde estaba podía observarlo todo y al mismo tiempo no llamar mucho la atención.

Se sentía raro llevando traje, aunque había pasado de la corbata y llevaba la camisa desabrochada en sus primeros botones, si que había elegido el negro para su vestimenta.

A Kise le gustaba que vistiera de ese color.

La sala fue llenándose de gente, desconocida en su mayoría para él.

Aunque habían quedado en verse dentro, cuando Kise llegó le fue imposible acercarse. Lo cierto es que le gustaba mirarle desde la distancia.

En apenas unos segundos fue rodeado de gente. Los mismos que le habían paseado a él ahora lo hacían con el rubio.

Era casi celestial verle ahí, arreglado como un ángel, de blanco cegador. Los detalles plateados de su ropa resaltaban, al igual que el dorado en sus ojos, y su cabello peinado hacia atrás desde la sienes.

Aomine convino que era precioso, pero no se movió del sitio.

Un nuevo chico se acercó al rubio. También de cabellos dorados y unos hermosos ojos verdes, hermoso, otro modelo.

Era raro viniendo de él precisamente, pero no tenía celos, al contrario, pensaba tranquilamente que el otro chico también era guapo, aunque no le llegara a la suela de los zapatos a su Kise.

Su Kise... suyo y de nadie más.

La casualidad quiso que dos chicas se acercaran a la mesa, conversando mientras reunían comida en sus platos.

– … Eso he oído, es italiano, y se conocen desde hace años. – Tomó una pieza de fruta y la dejó en el plato. – Hicieron campaña juntos y por lo visto el hotel ardía por todas partes cada vez que se encontraban juntos.

Aomine sonrió, divertido.

– ¿Y crees que volverán a retomar lo suyo?. – Se giró para mirar a la pareja de modelos, conversando en perfecto italiano, antes el asombro de muchos de los presentes.

– No creo, la estilista de Kise kun dice que está con el sultán de la campaña... y por lo visto están muy enamorados... – Negó con la mano en su cara.

– ¿Cómo estar?... ¿Estar juntos?. ¿Viste las fotos?... Dios, ese morenazo también haría que cayera a sus pies, no me extraña que Kise kun no lo haya dejado escapar... ¡Qué envidia!... Por cierto, ¿Dónde está?... – La chica se giró para mirar a la otra y fue cuando vio a Aomine a su espalda.

– Muchas gracias por el piropo, preciosa. – La tomó de la mano, besando sus nudillos divertido. – Pero en realidad soy yo el que no podría vivir si le dejara escapar. – Las mandíbulas de las chicas se abrieron hasta rozar el suelo a sus pies.

Daiki caminó hasta su rubio, tranquilo. Le miró al llegar a su lado, escuchando como hablaba italiano perfectamente. Le pareció de lo mas sexy el tono de voz que estaba empleando.

Por la cara que puso el rubio Daiki se dio cuenta de que ese chico era quien le había enseñado a Kise lo que no entendía sobre las relaciones íntimas. Él le había ayudado a conocer los secretos que entrañaban sus deseos ocultos... se preguntó que cara pondría cuando supiera que sus enseñanzas habían servido para que ahora esperasen un hijo.

No es que fuera un secreto, lo del embarazo de Kise, pero tampoco querían comentarlo cada segundo del día.

Kise alargó la mano cuando estaba casi llegando y entrelazó sus dedos con los del moreno.

– Este es Daiki, mi pareja. – Le presentó con tal naturalidad, que hasta el moreno tardó unos segundos en reaccionar.. – Este es Feliciano, es un compañero de trabajo...hemos hecho infinidad de trabajos juntos. – se acercó a su oreja para susurrarle mas íntimamente. – Él me presentó a Kise junior.

Decir que el alucinado en esta ocasión era el moreno sería quedarse corto.

– Entonces es un enemigo. – La pareja se echó a reir, dando a los invitados un inusual espectáculo. – Aun así, encantado.

Después del apretón de manos y de ver proyectados todos sus anuncios y fotos, la velada se relajó, lo suficiente como para que escaparan sin ser vistos.

Daiki se quitó la chaqueta, posándola en los hombros de Kise; empezaba a refrescar.

– ¿Estás bien?. – Refrenó sus pasos para caminar lentamente, tomándole por los hombros.

– Solo un poco cansado, abrumado, feliz de tenerte conmigo... – Le miró directamente. – Vamos a casa, tengo hambre.

El taxi les llevó a través de la noche en la ciudad a cámara lenta, pero ninguno de los dos tenía prisa esa noche. Las estrellas podían verse entre las calles, y Daiki no podía dejar de sonreír... las palabras de Kise, llamándole mi pareja, no dejaban de rebotar en su interior.

Iban a ser padres en unos meses, ¿Porqué no convertir ese "mi pareja"en "mi marido?.

Aún así no dijo nada. Cuando entraron en casa, el rubio empezó a sacar viejo álbumes de fotos.

No tenía sueño, y mientras se preparaba algo de comer, dejó las fotos sobre la mesa. Quería enseñarle a Daiki sus trabajos junto al italiano.

Daiki tomó uno de los grandes libros, pasando las hojas, una tras otra, hasta terminarlo.

La verdad es que Kise de bebé era una monada, pero todas las fotos parecían iguales.

Se saltó unos cuantos y tomó uno de los del medio.

En la primera página se quedó de piedra.

Pasó las siguientes con interés real. Fijo en las imágenes guardadas en las hojas de ese álbum.

Kise dejó la bandeja con la comida delante de ellos, en la mesa baja.

Daiki giró el libro para mostrarle la foto.

Kise de ocho años, vestido de blanco y encajes por todas partes. Unos pantaloncitos ridículos con patrón del siglo pasado... maquillado en tonos rosa, y lo mas inquietante... flores en el pelo.

– ¡Eras tu!. – Señaló la foto con el dedo convertido en piedra. – Todo este maldito tiempo has sido tu...

– ¿Yo qué?. – Miró la foto sin entender una mierda. – No entiendo...

– El parque detrás del orfanato, los columpios viejos... ¿No te dicen nada?. – El tono ansioso en su voz le decía a Kise que fuera lo que fuera, era realmente importante, pero el rubio estaba mas interesado en engullir el trozo de tarta de chocolate que en pensar en nada.

– No sé... ¿Debería?. – Aomine volvió a señalar la foto, arrugando el entrecejo y con la mirada fija en su chico.

– ¡Tú, roba besos!. – Kise abrió los ojos hasta el límite, tomando con fuerza el álbum de los dedos del moreno.

– ¿Eras tú?. – La duda, real, surgió de sus labios en un susurro, pasando las páginas, una a una, recordando ese día, montado en la bici...

… el chico del parque.

– ¡Me besaste! tú... y eras un maldito enano. – Le abrazó, carcajeándose feliz.

– ¡Me devolviste el beso, y me diste otro!. – Se dejó abrazar... – Aunque ahora que me acuerdo, me diste una hostia también... maldito enano insensible.

– Eso quiere decir que siempre hemos estado destinados a estar juntos. – Sus labios buscaron los contrarios, en un beso cálido y tranquilo.

– Tanto como el destino, no sé, pero bueno, parece que desde niño tenías buen gusto. – Sonrisa enorme, correspondiendo al beso.

– Eso parece si.

El silencio del salón solo fue roto por el sonido de los besos, el roce de la ropa en las caricias …

Era el momento justo para la gran pregunta.

– Cásate conmigo, Kise Ryota. – Se bajó del sofá, clavando una de sus rodillas en la alfombra, tomando su mano en alto, a la altura de sus labios. – Échale la culpa al destino, a quien te de la gana, pero hagámoslo...

– A mis hermanas les va a dar algo. – Se bajó, de rodillas frente a él, en la alfombra. – Pero... he tardado un montón de años en conquistarte, no voy a dejar que te escapes por las buenas...

– Vaya. – Aomine se quedó sin palabras. – Supongo que vamos de boda...

– Eso parece si. – Se colgó de su cuello con los dos brazos. – Tiene toda la pinta de verdad...

– Hay un montón de cosas que hacer, preparar, gente a la que llamar... – Le besó, otra vez, una docena de veces mas.

– Y hay que preparar todo lo del bebé. – Sonrió en mitad del beso, abrazados con fuerza... – Vamos a necesitar ayuda, mucha ayuda.

– Suerte que tenemos un montón de amigos... – Se carcajeó con fuerza, feliz.

– Cierto, es una suerte, poder contar con tanta gente...

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La rutina cambió con el paso de los días.

Akashi pasó de estar en la cama casi todo el tiempo, a estar en el baño, abrazado al retrete mas tiempo del que estaba en cualquier otro cuarto de la casa.

Las nauseas eran constantes, y terribles. Casi prefería el dolor, al menos podía comer entre medias.

Atsushi se arrodilló a su lado, con una toalla húmeda, posándola en su cuello, refrescando su frente y hombros con suma dulzura.

La escueta camiseta de tirantes dejaba al descubierto sus brazos al completo, pero el sudor tampoco le dejaba vestir nada mas tapado, que esa camiseta y un pantalón corto.

Las nauseas y el calor le dejaban mas exhausto que un entrenamiento intensivo... y tenía hambre, todo el tiempo.

Otra bocanada de vómito le hizo agarrar la loza del retrete con mas ganas que al inicio.

– ¿Akachin?. – Preocupado, el mas alto, acariciaba sus cortos cabellos con la punta de los dedos.

Permanecía cerca pero sin agobiarle ni ser un estorbo para el pelirrojo.

Akashi levantó la mano para indicarle que estaba bien, aunque siguió vomitando como si no pasara nada. Se fue hacia atrás para quedar sentado en el suelo del baño. Por extraño que pareciera, el frío de las baldosas le aliviaba el calor.

Akashi sentía que ardía por todas partes. Respiró a pequeñas bocanadas, muy pequeñas, para evitar la nausea un poco, aunque fuera unos pocos minutos.

Suspiró, mirando a Murasakibara, que encogido de mala manera, permanecía sentado a su lado, sus caricias puestas en su cabello del color de fuego.

Una sonrisa, pequeña, tenue, dándole ánimos a su manera.

– Sólo queda una semana. Puedo con esto. – Posó sus dedos sobre la mano del otro chico, y le dio un pequeño besito en la mejilla.

Atsushi le mantuvo la mirada, unos segundos, y se inclinó hacia delante, para besar sus labios.

Akashi se fue hacia atrás para evitarlo.

– He estado vomitando. – Se disculpó, avergonzado.

– No me importa. – Tomó su cara con las dos manos, y posó los labios sobre los del otro chico.

Adoraba cuando su cabello oscilaba hacia delante hasta acariciarle la mejilla suavemente.

Le empujó posando las manos en el ancho pecho del pelilila, regresando a la posición inicial, inclinado sobre el retrete, en una nueva oleada de nauseas.

Ya no salía nada, por que no había nada en su estómago, pero la sensación era igual de desagradable.

La mano de Murasakibara regresó a la mitad de su espalda, en una caricia circular, del todo amorosa.

– Una semana, Akachin... y luego podré quererte mucho, mucho. – Besó en lo alto de su cabeza, con una sonrisa tremenda que llenaba su cara al completo. – Una semana, mas... por nuestro bebé... estaré aquí, para ti... tranquilo...

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– Perdón, llego tarde. – Saludó a su jefe al mismo tiempo que ataba el lazo del delantal a su espalda.

– En realidad llegas una hora antes, Midorima kun. – El librero le miró un segundo, confuso. – ¿Va todo bien en casa?.

– Si, no... no lo sé... ¿A qué viene la pregunta?. – Frunció el ceño, un poco molesto al ser descubierto.

– Bueno, acabas de ser padre, deberías estar en una nube, y llegar tarde de verdad, pero tu cara me dice que no es así... – El hombre, comprendiendo, se perdió entre los pasillos, regresando a los minutos con un libro que dejó frente al de gafas.

– Solo estoy frustrado, nada mas. – Giró el libro para leer la portada.

– Y ¿Kazunari kun?. – Shintarô desvió la mirada, serio... el jefe punteó un par de veces la portada del libro. – Capítulo doce. Voy a colocar el pedido.

Buscó en el índice y leyó el título del capítulo mencionado.

"Como ayudar a la mamá después del parto".

Bufó internamente, pero aún así siguió leyendo con interés.

" Algunas mamás no se sienten atractivas después de dar a luz, es muy corriente que se menosprecien o se muestren reacios al contacto.

Como papá debes ser cuidadoso, y considerado con tu pareja.

Comprende que el proceso no ha sido agradable y es normal tener dudas.

Debes apoyarle y darle tu comprensión. Sé considerado y atento, ten paciencia y hazle ver a tu pareja que sigue siendo atractivo.

Las muestras de cariño también evitan que la mamá pueda caer en la temida depresión postparto.

Ten algún detalle romántico y hazle saber tus dudas. La comunicación es importante en toda relación.

Recuerda que por muy mal que te sientas tu, para la mamá es todo un mundo nuevo, que ha comenzado con un proceso largo y doloroso."

Midorima apretó los labios... él solo había querido... suspiró.

El libro tenía razón, en todo.

…...

Kazunari se refrescó la cara por tercera vez. Tenía que parar de llorar de una maldita vez. Su madre y su suegra volverían con la nena en cualquier momento y no tenía ganas de hablar de lo que había pasado con nadie.

La verdad es que tampoco sabía que había pasado en realidad... ni que hacer.

Shin se había ido sin decirle a donde, ni cuando volvería... lo sentía, de verdad... se había ofrecido a cualquier otra cosa que no fuera hacerlo, lo que fuera... pero Midorima simplemente se había ido, sin mas.

Le había dejado, solo, mas solo de lo que nunca había estado.

Mierda, tenía que pensar en cosas felices, o no pararía de llorar nunca. Estúpidas hormonas de las narices. Que ganas tenía de acabar la cuarentena, y volver a su ser de una maldita vez.

Metió la cabeza entera bajo el grifo, mojando el pelo y limpiando las lágrimas que nuevamente manchaban sus mejillas.

El timbre sonó, obligándole a tomar la toalla de manos para medio secarse el pelo torpemente.

– ¿Kazunari Takao?. – El mensajero, un jovencito preguntó mirando la carpeta. – Esto es para usted.

Takao pestañeó incrédulo. Un enorme ramo de rosas frente a su cara.

– ¿Quién me lo manda?. – Todo el drama se fue por el retrete, sonrió complacido.

– A mi no me preguntes, colega, yo solo lo entrego. – Señaló en el lugar en el que debía firmar, y luego al centro del ramo. – Aunque ahí hay una tarjeta.

– oh... no la había visto. – La tomó con la punta de dos dedos, sin llegar a abrirla, miró al chico, esperando que se fuera para leerla. Aunque si hubiera cerrado la puerta se habría ahorrado el momento incómodo.

– Que tenga un buen día. – Se despidió con la mano, y fue él quien cerró la puerta.

Kazunari se quedó de pie en la entrada. La tarjeta en sus dedos ardía como lava...

" Por favor, perdóname. Soy un gusano, lo siento. Termino a medio día. ¿Comemos juntos, tu, Lucky y yo, en familia?. Venid a la librería a buscarme. Te quiero mi vida. Os quiero a los dos. Un beso, Shintarô, el gusano rastrero"

Takao soltó una carcajada, sincera.

– Idiota. – Murmuró, dejando las rosas en la mesa.

Tenía que ponerse guapo... iban a comer fuera, con papá.

Su primera salida como una familia de verdad... y estaba emocionado.

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Je jejejee

Gracias por el apoyo, os super lovio, de verdad.

Besitos y mordiskitos

Shiga san