Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …

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Uno mas en la cancha.

Capítulo 04: Inconfesable.

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Podía notarlo.

Era pequeña, pero lo bastante lista como para saber que su mamá estaba nervioso, muy muy nervioso, mucho... teniendo en cuenta que siempre era de lo mas tranquilo y sosegado con ella.

Himuro entraba y salía del cuarto con cosas en la mano. Gomas del pelo, con ositos, caramelos, una flor, mas peluches. Sombreritos, gorras, mas gomas del pelo, cintas... un pañuelo rosa con margaritas pequeñitas de adorno.

Incluso había tardado casi una hora entera en elegir la ropa que llevaba puesta.

Y los días anteriores habían estado yendo de tiendas casi todas las tardes.

Su mamá quería comprarle un vestido de princesa, el mas bonito que existiera.

Aunque desistió de vestirla como un bollito, si que eligió un atuendo de lo mas adorable. Los pantaloncitos bombacho azul celeste, dibujaban un circulo alrededor del pañal y la camiseta larga de tirantes, con unos lacitos en los hombros dejaban sus bracitos regordetes al aire.

Peinó el flequillo a un lado, al otro, lo agarró en lo alto con una horquilla, lo dejó suelto a su aire. La pequeña se dejaba hacer, sin protestar.

Hizo un puchero, amenazando con llorar, pero sin mover mas que los labios. Un suspiro contenido. Himuro mantiene el aire, dándose cuenta de que el nerviosismo que siente, hace que su hija no se comporte como hace normalmente.

Va a verle, lo sabe. Siente en las entrañas, muy dentro, que van a encontrarse. Y no sabrá como explicarle lo de la niña... no podría esconderla ni aunque quisiera, es idéntica a su padre, en todo... excepto en ese lunar, precioso, que adornaba su mejilla, bajo el ojo. Eso era su herencia, y que fuera tan buena niña esperaba que también... aunque no recordaba mucho como era él de pequeño.

Al final se decide por una pequeña coletita sobre la oreja derecha, dejando que el flequillo caiga a su aire a los lados de su frente.

Pone una horquilla con un conejito a los lados de su cabeza y una pulsera de bolitas rosa. La niña sonríe, le gusta su pulsera.

Unos calcetines con volantes en los tobillos y unos preciosos zapatos blancos. La mira unos segundos, antes de dejarla jugar un rato con sus juguetes, mientras prepara la bolsa con sus cosas. Chupete de repuesto, pañales, toallitas, ropa de recambio.

La pequeña decide seguir a su mamá mientras va y viene rellenando su bolsa. No puede jugar tranquila, no sabe por qué, pero quiere estar con Himuro todo el tiempo.

Finalmente se sienta, con todo listo, y sienta a la pequeña en sus muslos, mirándose de cerca.

– Bueno, vamos a comer con Kagami, y Kuroko. – Le movió el flequillo a un lado con la punta de los dedos. – Recuerdas que te hablé de ellos, ¿Verdad?

– Un bebé. – Dijo muy seria, dejando claro que se acordaba de eso.

– Si, eso es, hay un bebé, Kou. – Tomó sus manitas con cuidado. – Y es muy posible, que venga papá...Recuerdas que también te he hablado de él, ¿Verdad?, ¿Quieres conocer a papá?.

– Si, mamá. Buena niña. – Posó la manita abierta en la cara de su mami, sonriendo.

– Eso es, Kiseki es una buena niña. – Le dió un beso, pero la pequeña le apartó, con los labios apretados.

– Kibu... – Puntualizó.

– Vale, Kibu es una princesa guapa. A papá también tienes que darle muchos besos, de caramelo. – La apretó en un abrazo amoroso, que la niña aprovechó para aferrarse a la cabeza de su mami, riendo feliz.

– Si, Kibu da melos a papa. – Se bajó, esperando nerviosa que su mamá se colgara la bolsa del hombro y tomara su mano, para salir de casa.

Seguía nervioso, pero menos... y su hija sonreía, feliz.

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Kise revisaba con sumo cuidado los archivos con las fotos. Había mas de un millar de niños nacidos con la ayuda de la asociación, en trato con ellos,tanto directo como indirecto, y quería hacer algo para agradecerles de algún modo venir al mundo. Buscó entre los mas mayores, de mas de un año. Su agente le había dicho que a partir de esa edad se podía hacer un reportaje divertido, mas pequeños era casi crueldad infantil, por el tiempo que se necesitaba para una buena foto y las molestias que se originaban tanto al pequeño como a la madre

Aomine se sentó a su lado, para ayudarle. Se le daban bien los niños, ya lo había demostrado infinidad de veces.

Pasó las fotos más rápido que Kise, poniendo la mano sobre el vientre de su rubio.

– Sería buena idea organizar una jornada con todos los padres y bebés, en plan fiesta... a ti se te dan bien estas cosas y ademas... joder. – Abrió mucho los ojos, parado en la foto de una niña de año y medio aproximadamente.

– Joder ¿Qué?. – Kise alargó la cara a su lado, para enfocar la pantalla y pestañeó sorprendido. – Joder...

Buscó entre los expedientes de los bebés a la nena, y leyó con atención cada uno de los párrafos que conformaban el informe.

– Kiseki Himuro. – Kise frunció el ceño... su mamá tenía algo familiar aunque no sabía que exactamente. Daiki señaló el anillo colgado en su cuello... eso si que les sonaba, a los dos.

– ¿Será el amigo de Kagamicchi?. – Lo cierto es que no solo tenían eso en común, el contacto en caso de accidente era la abuela de Kuroko.

Y la nena era el punto en común mas gordo. Los dos conocían de sobra al padre de esa niña, por que la pequeña era idéntica a su padre, en todo. Y eso si que les había sorprendido a los dos.

– Me parece que conocemos al padre de esta chiquitina. – Daiki murmuró, mientras Kise se tapaba la boca con la mano.

– ¿Y su mamá?. – Rebuscó entre los folios. – Juega al basket, pero no me suena ¿A ti?. – Aomine negó, serio. – Está apuntado en la asociación como voluntario, para los casos de madres solteras o en los que no haya un padre... que raro... No hay documentación del parto ni nada... ¿La tendría en casa?.

– Voy a llamar a Kagami. – Tomó el móvil y pulsó llamada. No tenía ganas para misterios ese día.

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Kou extendió la pedorreta hasta quedarse sin aire. Kuroko batallaba con él, tratando de que se soltara la colilla, aferrada con fuerza entre sus pequeños deditos, para ponerle el pañal, pero el pequeño lo encontraba mas que divertido, uniendo las pedorretas a sonoras carcajadas.

Número dos entró en el cuarto, olisqueando con su fría nariz la cabeza del niño, que alargó sus manitas para agarrar la cabeza del perro entre ellas. Se dio cuenta de que había soltado su presa por culpa del perro y regresó la mano a la posición inicial.

Kagami dejó las bolsas con las últimas compras para la comida y se deslizó silencioso hasta el cuarto. Sobre la cama sus dos amores... y el perro.

Kuroko estaba mas hermoso que nunca. Una especie de destello parecía resaltar todo lo hermoso de su persona, o es que quizá su esposo lo miraba con ojos de enamorado.

– Vamos cielo, suelta... te la vas a arrancar. – Tiró de sus deditos con cuidado y logró poner el pañal por delante, sacándole al pequeño un gruñido mas típico de su padre que de él.

– Seguro que le crece otra. – Se colocó a su espalda, piernas abiertas, un brazo enroscado en su cintura, sus labios en el cuello pálido; su vida. – Es nuestro hijo, que le crezca un pito nuevo es sencillo para él. Imagínate lo que hará en unos años...Con tu hermosura y mi arrebatadora personalidad... un pito nuevo... y esos morritos pedorreantes...

Kuroko no pudo evitar estallar en carcajadas. Y Kou al ver a su mamá reírse hizo lo mismo, reír con todas sus ganas.

El timbre en la puerta les indicó que su fiesta privada debía terminar.

Kuroko se levantó dejando a sus chicos divertirse mientras iba a abrir.

Himuro le sonrió, levantado a la altura de su cara una bolsa llena de helados.

Kuroko miró a su espalda, buscando la persona que iba presentarles, una pareja supuso. Le miró confuso al no encontrar a nadie tras él.

Le abrazó con fuerza, besando su mejilla, y un quejitido desde abajo le hizo mirar intrigado.

En el muslo de su amigo, una manita con una pulsera de cuentas rosas asomaba, aferrando con tanta fuerza el pantalón que estaba blanca.

Kuroko se agachó a su altura, mirando a Himuro extrañado. El moreno emitió una dulce sonrisa.

– Kiseki, dile hola a Kuroko. – Lo dijo tan dulcemente que hasta se sorprendió.

– Kibu. – Escuchó su vocecita, demandando a su mamá por el nombre.

La manita aflojó el agarre, y una coletita roja asomó, seguida de un conejo de peluche en miniatura. Siguió la linea del pequeño brazo hasta los lacitos en sus hombros. Una preciosa sonrisa en la carita regordeta, una mirada curiosa en los ojos infantiles.

Miró a su mamá, dudando, luego a Kuroko que arrodillado, la miraba sorprendido del todo.

Kibu miró por encima del peliceleste, a Kagami, que entraba con el pequeño Kou en brazos.

– Bebé. – Señaló al niño y luego miró con interés a su mamá, para que también notara su buena apreciación del detalle, de que efectivamente, en el cuarto había un bebé. – Mami, bebé...

Kagami también se quedó estático, mirando fijamente a la niña. Kou soltó un "mmoooooo" para dejar claro que él también había visto a la niña. El pelirrojo desvió la mirada de la pequeña a su amigo, una pregunta muda en sus ojos.

– Es Kiseki, un milagro, nunca mejor dicho... es mi hija. – Kagami se acercó y le abrazó con un solo brazo, dejándole apoyado en su pecho unos segundos, hasta que Kou, tratando de ver a la niña mas de cerca, se retorció en los brazos de su padre, obligándole a romper el saludo. – ¿Por qué no metes esto en el congelador y os cuento toda la historia?.

Kuroko asintió, y fue a tomar la bolsa, pero la niña se adelantó y la aferró con sus dos manitas, dispuesta a ayudar.

– Kibu, ¿No?... vamos a hacer sitio en el congelador. – Extendió una mano y la pequeña se aferró a ella, con dulzura. – Dios, Himu... es preciosa.

– ¿A que sí?. – Se acercó al niño, en los brazos de su papá, y le pasó la mano abierta por el pelo, travieso. Kou hizo una pedorreta. – ¿Éste es el que habéis hecho vosotros?... necesita un parche, se desinfla por algún sitio... A ver... – Levantó la camiseta pequeña para buscar la fuga, haciéndole cosquillas.

Kagami lo puso en sus brazos y el niño jugó con el moreno, feliz de tener un nuevo amigo.

En la cocina, Kuroko había sentado a la niña sobre la encimera, mirándola fijamente.

Kagami entró, con una sonrisa.

– ¿Bebé?. – Le preguntó a Kagami, ladeando la cabeza muy graciosa, buscándole con la mirada alrededor .

– El bebé está con tu mamá. ¿Vamos?. – Alargó las dos manos, y la niña se lanzó a sus brazos, tranquila. – ¿Soy el único que se ha dado cuenta de que esta niña se parece a...?

– ¿Te acostaste con él?. – Kuroko le preguntaba directamente a Himuro, que entraba en la cocina con el niño a cuestas.

– Es obvio que si. – Señaló a la niña con la cabeza. – Os lo contaré, todo, lo prometo.

Dejaron a los niños sentados en el suelo del salón sobre una mullida alfombra, rodeados de juguetes.

Kibu sonreía hasta el límite de su pequeña boca. Casi nunca estaba con otros niños, a si que para ella era casi un día de fiesta. Y se hizo mas divertida cuando llegó Midorima con la pequeña Lucky, dormida en su carrito.

El chico de gafas también se quedó sin palabras al ver a la niña... Takao se encariñó con ella nada mas verla, era tan bonita... nunca tanto como su nena, pero muy bonita.

– Antes de que nadie diga nada, lo siento. – Miró a Kuroko, especialmente. – No sabía que hacer ni a quien contárselo... tú, bueno, tenías tu propio drama y no te hacía falta mas peso encima... no lo hice por molestarte, solo no quería que te sintieras peor de lo que ya estabas...si te sirve de algo, he pasado mucho tiempo queriendo decírtelo... pero bueno, el embarazo no fue cómodo y he tenido que pensar en muchas cosas mientras todo ha durado... y bueno yo...

– ¿Y si empiezas por el principio?. – Kagami dudó, mas serio que el resto.

Lucky despertó, entre gemiditos, haciendo a su padre levantarse para atenderla. Tenía curiosidad, pero notó que Takao le miraba con un brillo comprensivo en los ojos, un brillo que solo una madre tiene. De algún modo se sintió conectado con Himuro, como ya lo estaba de Kuroko... cosas de mamás, pensó divertido.

– Bueno. – Suspiró, profundamente. – Fue en verano, yo también estaba huyendo de un amor no correspondido... y simplemente ocurrió, sin mas. Teníamos el corazón roto y … bueno, lo hicimos, tampoco tiene mas misterio... todos los presentes sabemos de que va... – Kuroko le tomó de la mano, entendiendo mas o menos su dolor. – Kibu tiene dieciocho meses y no me arrepiento de haberla tenido, ni de aquella noche... aunque decidió nacer cuando acababa de cumplir siete meses... y me pilló a mi solo y fue bastante aterrador, es mi Kiseki...

– Mamá, Kibu. – Sus ojos entrecerrados se clavaron en Himuro, aunque no duró mucho. Su atención estaba completamente puesta en la manera en la que Lucky tomaba el biberón de manos de su papi.

– ¿Por qué no se lo has dicho?... Entiendo que no quisieras contarnos a nosotros nada, pero él... bueno. – Kagami, hizo la pregunta que todos tenían en la cabeza.

– No lo sé, la verdad. – Negó tristemente. – Me asusté, volví a Estados Unidos, huyendo de todo... pero nada salió como esperaba... y bueno, la abuela vino a buscarme, me cuidó todo el tiempo que pudo... luego me enteré que salía con alguien, tampoco quería interferir, ni parecer que le pedía algo... – Miró a Kuroko. – Sé que os casasteis, y tu embarazo, casi lo viví como el mío... – Hizo una pausa, tranquilo. – No me llamó, ni una vez...no sé que decir, han sido un montón de cosas, unas detrás de otras...

– ¿Porqué ahora?. – La voz de Takao se escuchó por encima de los pensamientos del resto.

– Creo que no es justo que siga perdiéndose mas cosas de Kibu. – Todos los presentes notaron que se le dibujaba una preciosa sonrisa al pronunciar el nombre de su pequeña. – Y ella merece al menos ver a su papá en persona, no solo en foto y en videos... aunque le encanta, ser ríe mucho con eso... – Miró a todos, tranquilo. – No quiero nada, ni voy a reclamar nada... solo un par de minutos y ya está.

– Solo me molesta que me hayas dejado fuera de todo esto. – Kagami dijo, muy serio. – Yo si te he llamado, un montón de veces, incluso varias veces al día...¡Maldita sea, Himuro! Somos amigos...

– Dice que lo siente. – La voz de Kuroko, calmada y seria, se escuchó tranquila, mirando a su hijo riendo con la niña. – Ya le conoces, Kagami kun tiene problemas para comprender el idioma... y a veces piensa con los pies, pero no lo hace aposta, perdónalo.

El timbre sonó de nuevo. Ahí estaba, lo sabía.

Kagami fue a abrir, y Murasakibara entró primero, mientras los dos pelirrojos se quedaban en la puerta, hablando.

– Ko- u – chaaaannnn. – Su voz cantarina hizo al niño buscarle con la mirada, hasta sonreír feliz por verle. – Andaaaa, pero si también está aquí Lucky chan...

Kibu se levantó de la manta, dejó el peluche a un lado, dejándole cómodamente sentado y pasó sus manitas alisando la camiseta larga por delante.

Se apartó el flequillo con la mano abierta del todo y pestañeó curiosa al hombre que acababa de entrar. Le conocía. Su mamá le había hablado de él, y le había visto jugar, en la tele.

– Hola. – Atsushi se agachó frente a ella, y la miró, profundamente, con una pequeña sonrisa en la cara. – Vaya, eres muy guapa... ¿Cómo te llamas?

– Kibu. – Le encantaba decir su nombre, era genial.

– Hola Kibu, encantado de conocerte. – estiró la mano y esperó a que la niña hiciera lo mismo con la suya. – ¿Sabes quien soy yo?.

El silencio con el que todos los presentes seguían la conversación era en cierto modo místico.

– Muda... mara... maki... – Juntó las cejas en el centro de la frente, buscando como decir una palabra tan larga y dificil sin equivocarse. Hizo un puchero.

– ¿Sabes decir A-kun?. – La pequeña asintió. – Bien, pues yo soy A-kun...

Atsushi se levantó, tomando a la pequeña en brazos. La puso delante suya, tomada por las axilas, como un pequeño muñeco sin pilas...

– Tienes unos ojos preciosos, Kibu chan. – Giró la cara en dirección a la puerta, donde Akashi estaba parado junto a Kagami, con la mano tapando su boca, fuertemente. – Igualítos que los de Akachin. – Señaló a la puerta, oscilando la cabeza un poco.

– ¿Papi?. – Kibu murmuró, al verle.

No necesitó que nadie se lo dijera, lo sabía. Lo había visto, tenía fotos en su cuarto, junto a los ponis y el tren de caramelo... su mamá le había hablado de él, de que era muy guapo, de que a él no le importaría que sus ojos no fueran iguales, ni que su pelo fuera del color de las fresas...

Akashi no saludó, no habló, no dijo nada.

El salón se puso a dar vueltas a su alrededor para justo después, desaparecer en una profunda negrura.

Se había desmayado... suerte que Kagami lo había visto venir, y pudo cogerle a tiempo...

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ufff no sabeis lo que me ha costado no escribirlo hasta el final jajaja uooooo

acepto tomatazos, y cheques en blanco... jajaja

suerte que a Mura le gustan los niños … mua hahaha

Aunque aún queda mucho que contar...

Gracias por el apoyo y lamento la demora.

Besitos y mordiskitos

Shiga san