Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …

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Uno mas en la cancha.

Capítulo 06: Futuro perfecto .

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Aomine sonrió en cuanto entró por la puerta. La voz gritona de Kise se escuchaba desde la calle, perfectamente, quejándose solo sabía él de qué exactamente.

La tarta no era de chocolate blanco, o el catering no entendía el concepto de entrantes fríos. La imprenta no tenía ni idea de como cambiar las invitaciones para contentar a un , muy susceptible modelo, embarazado de cinco meses.

Las flores no eran blancas, ni rosas, ni rojas, ni azules, ni amarillas.

Daiki estaba seguro de que los de la floristería serían capaces de crear rosas fluorescentes que brillaran en la oscuridad con tal de que el rubio no llamase mas.

La mesa del comedor era un campo de batalla, al que le había pasado un tornado por encima, un maremoto, un huracán, dos corrimientos de tierra y una docena de animadoras haciendo volteretas.

Dejó la mochila con su ropa sudada en un lado, y depositó el balón de basket con todo el cuidado del mundo, pero Kise tenía súper poderes.

No tardó ni una milésima de segundo en levantar la vista, clavarla en su moreno novio y, mediante señas cuidadosamente estudiadas, mandarle a ducharse, ponerse ropa limpia, y meter en la lavadora eso que tanto apestaba dentro de la mochila.

Daiki sonrió de lado, quitándose la camiseta en mitad del salón... y los pantalones. Obediente metió toda su ropa en la lavadora, y pasó, dirección al baño, por delante de la mesa.

Desnudo.

El teléfono rodó desde los dedos del rubio hasta la montaña de hojas en la mesa. Su mandíbula se descolgó sin que pudiera hacer nada por evitarlo, y sus dorados ojos quedaron atascados en esos abdominales...

Mordió su labio inferior, y tragó saliva.

Dios, ese hombre no podía estar mas bueno.

– Tengo mucho que hacer... – Trató de justificar algo que no le habían pedido, aunque ni pestañeaba mirando a su novio. – No puedes … ya sabes...la tarta es … y tu...

Daiki asintió a todos sus balbuceos, sin mudar la expresión ni un poco. Cuando supuso que no diría nada mas, dio unos pasos para darse una ducha, una muy larga y merecida ducha.

Con su novio.

Le agarró de la muñeca y tiró con cuidado de él, poniéndole de pie. Una de las montañas de hojas se deslizó hasta el borde, esparciéndose sin remedio.

Kise no podía dejar de mirar esos ojos azules, tan bonitos... unidos a esa cara tan hermosa, que mira tu por donde, estaba mágicamente pegada a ese pedazo de cuerpazo con todos sus musculitos, y sus cositas en su sitio... todas ellas.

Kise hizo un puchero y se escurrió hasta quedar tumbado en mitad del pasillo.

Aomine le miró alzando una ceja, sin soltar su muñeca.

– ¿Se puede saber que haces?. – Preguntó un poco preocupado, pero se le pasó la preocupación en cuanto le vio sonreír de lado.

– Ejerzo mi derecho a la protesta no violenta. – Daiki tiró de él y le llevó patinando por todo el pasillo hasta la puerta del cuarto que compartían.

– ¿Y contra que protestas?. – Se agachó a su lado, haciendo su sonrisa mucho mas grande.

– Contra el hecho de que estés mas bueno que yo, no es justo, el modelo soy yo. – Infló los mofletes y cruzó su brazo libre sobre el pecho.

– Eso no es verdad. – Con esas pocas palabras se ganó su atención. – Tu eres infinitamente mas hermoso que yo, además, cuentas con una ventaja que yo no tengo... eres guapo por dos...

Su mano, traviesa, se posó en la curvatura del vientre ajeno, y después mandó a sus labios, para que hicieran el resto del trabajo.

– Tengo mucho que hacer aún. – Se quejó Kise, atacando con un nuevo puchero mas pronunciado que el anterior.

– Y yo, mi novio quiere que me duche. – Besó sobre la camiseta a su pequeño hijo, dentro del rubio. – Pero yo no quiero ducharme solito... me da miedo, por si hay un coco detrás del jabón o algo peligroso...

– Tu quieres otra cosa … – El brillo en sus ojos, picaruelo, le arrancó una carcajada a los labios morenos, que lejos de su pequeño, se deslizaban por toda la piel que podía mordisquear con esos labios tan pecaminosos.

– Ahora mismo, que me acompañes al baño, mires detrás del bote de jabón, por si hay un monstruo feo y grande que me quiera comer el culo, y que tu y yo nos hagamos unos largos en la bañera... – Mientras hablaba apoyaba su argumento dando pequeños besitos por el cuello de su rubio novio, con las dos manos sobre su pequeño, las dos. – Por favor... no me dejes solito en el baño.

– Así que... un monstruo que coma culos. – Su entrecejo se frunció en una mueca divertida. Se sacó la camiseta de estar por casa, con una cara sonriente por la cabeza y entró en el baño, protegiendo a Aomine con su cuerpo, ante cualquier posible ataque. – Creo que está despejado, pero no he mirado detrás de la esponja. – Apartó con dos dedos la cortina de la ducha y le hizo un gesto con la mano para que ser acercara a mirar por si mismo.

Unas manos morenas se posaron en su cintura, dándole la vuelta, atrapando sus labios en un beso demandante, cálido y amoroso hasta empalagar.

– A lo mejor no sale. – Daiki murmuró en mitad del beso.

– No sale, ¿quién?. – Kise dudó, sin entender mucho.

– El monstruo come culos, el tuyo sigue tapado. – Metió la mano entre el pantalón y la carne, apretando un cachete con ganas.

Los dos se miraron, un segundo. Aomine se apartó un poquito, mirándole con una cara muy rara. La mano que magreaba su trasero se movió hasta la tripa redondita.

– Vaya... que raro. – Kise le miraba, confuso, feliz, asustado, todo al mismo tiempo.

– ¿Se ha movido?... Eso, ¿Ha sido una patada?... Ryota, ha dado una patada. – Se arrodilló delante suya, pegando la mejilla a la fina piel del vientre, apretando el cuerpo del rubio contra su cabeza con las dos manos en su espalda.

– ¿Si?, no me digas. – Apretó los labios, alzando una ceja sabiondo. – Lo he notado, me ha dado una patada. A mi... está aquí dentro, ¿Recuerdas?... lo metiste tu.

– ¿Puedes hacer que lo haga otra vez?. – Ilusionado como un niño que ve por primera vez la feria, miraba el vientre abultado y la cara de su rubio, esperanzado. – Por favor, puedes hacer que se mueva otra vez... por favor.

– Me parece que eso no tiene que ver con... ¡Oh!. – Tomó la mano de Daiki y la puso justo en el sitio, que ahora si, lo notó del todo, con toda la mano. – ¿Estás llorando?. – Sorprendido no era la palabra para describir como estaba.

– No... solo son estúpidas cosas que salen de mis ojos. – paseó la mano por toda la piel tirante que pudo, buscando el lugar por el que se notaría de nuevo el movimiento del pequeño. – ¿Te duele, cuando hace eso?.

– No, solo se siente raro, nada mas. – Pasó la mano por su cara, limpiándole las cosas que caían de sus ojos, que no, no eran lágrimas de felicidad, no eso nunca, y recordó el motivo por el que estaban medio desnudos en el baño. – Vamos a bañarnos... los tres. A lo mejor le gusta el agua. Y mas ahora, con el baño libre de monstruos malvados, masticadores de traseros...

– El agua no sé, pero bañarse con nosotros dos le va a encantar. – Abrió el grifo, y puso el tapón en cuanto el agua que salía era calentita.

Se quitó el sudor en la ducha que tenían a un lado y arrastró con él a Kise, bajo el caudal de agua.

Todo el cansancio por el día de juego se fue por el desagüe, junto con las miles de preocupaciones del rubio. Esos momentos eran para ellos, ya una pequeña familia, llena de integrantes muy guapos. Estaban en su pequeño mundo privado, solo para ellos.

Al contrario de lo que podía parecer, Kise tenía muchísimo mas trabajo desde que estaba embarazado como modelo, a parte del que él mismo se había buscado, con la asociación y ahora la organización de la boda.

En el fondo adoraba estar tan liado, le encantaba organizar cosas, se le daba bien y disfrutaba haciéndolo. Y su ego llegaba a la estratosfera cada vez que alguien le preguntaba por su estado, cualquier detalle que conocía, hacía a Kise engordar medio kilo al contarlo.

Aomine pasaba el día jugando, centrado en el basket, y una vez en casa, Ryota era el centro de su universo particular. El rubio y su pequeño bebé, nada mas.

Por eso sus momentos a solas eran sagrados.

El baño, relajado de mas de media hora, hasta que el agua se quedó fría, fue en absoluto silencio, solo sus respiraciones, y el sonido acuoso rebotando en las baldosas del recinto, cada vez que se daban una caricia bajo el agua, o el crujir característico de la espuma en sus respectivas cabezas.

Kise había dejado crecer su pelo en todo este tiempo, aunque seguía corto por detrás, la parte de delante le rozaba los labios, y a Daiki le encantaba apartarlo con la punta de sus dedos, acomodarlo tras una de sus orejas, que aprovechaba para acariciar también...

Daiki salió primero, para preparar las toallas con las que secar a su chico, que no se quedara húmedo, y se resfriara por su culpa... Kise enredó sus ojos en ese trasero, que se movía arriba por un lado, y luego por el otro mientras se alejaba de él.

La estúpida toalla en las caderas del moreno le fastidiaron la diversión cuando volvió al baño, pero lejos de moverse, se acomodó con mas tranquilidad, estirando las piernas hasta el límite aprovechando que tenía toda la bañera para él.

Daiki tenía la ligera impresión de que su chico quería guerra, llámalo intuición masculina, llámalo sexto sentido, llámalo que veía perfectamente la "alegría" en el cuerpo de su rubito desde su posición junto al lavabo.

Y a él le encantaba jugar.

– ¿Quieres que te lleve a la cama, y te seque, por todas partes, sin dejar ni una sola gotita de agua en tu piel?. – Kise respondió alzando sus largos brazos al cuello del otro.

– Se va a mojar todo. – Intentó retirar la sábana antes de llegar a la cama, desde los brazos de Daiki, pero no le salió como esperaba, y arrastró a su novio con él sobre la cama.

– Si... se va a mojar todo. – Le besó, sin mas, y luego dibujó una preciosa sonrisa, para volver a besarlo. – Una pena, tendremos que deshacer la cama... y volver ha hacerla otra vez... con lo liadísimos que estamos los dos.

– Vale tu ganas. – Apartó la tela con los pies, dejando que cayera por si misma al suelo. – A la mierda las sábanas. Ponte las botas. Dame mimitos, muchos... que yo te he salvado del ataque el monstruo come culos.

– Eso es fácil. – Sus labios, se perdieron en la piel del vientre, de nuevo, buscando a su pequeño, sentir lo mas cerca posible su movimiento.

Kise descubrió, con asombro, que las manos de su novio eran mucho mas que mágicas. Lo que Aomine podía hacer con esos dedos, no era normal. Y lo peor de todo es que su cuerpo se había hecho completamente adicto a esos dedos, a esas yemas diabólicas, y que del mismo modo el moreno necesitaba su ración de Kise diaria para subsistir.

Malditas hormonas, si eso, lo mejor era echarle la culpa a las hormonas y no al hecho de que fueran un par de calenturientos enamorados hasta la médula el uno del otro.

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Akashi se quedó un segundo de pie por si mismo, antes de necesitar de nuevo la pared para mantenerse erguido.

Era curioso que el mas cercano a él fuera precisamente Himuro.

– ¿Te ayudo?. – Preguntó antes de hacer nada innecesario u ofensivo, pero el pelirrojo le respondió con un asentimiento y levantó el brazo en su dirección.

Odiaba estar tan débil, y verse tan vulnerable. No por los demás, es que nunca había necesitado a nadie para nada, y tener que reconcoerlo le sacaba de quicio en cierto modo.

Pero el fin merecía la pena, cualquier sacrificio era poco.

Le pasó la mano por la cintura y caminó con él los pasos hasta la silla mas cercana. Sintió los dedos de Akashi en su propia cintura, en un toque firme.

– Estás mas delgado. – La voz de Himuro salió tranquila de sus labios, se permitió mirarle un segundo, antes de girar sobre un talón y ponerse delante, para ayudarle a sentarse.

– Tu también. – Su mano seguía en la cintura de Himuro, y eso que ya estaba sentado.

Durante los siguientes diez segundos, el tiempo pareció detenerse. Se miraron a los ojos, perdidos en la mirada del otro. En un par de ocasiones los dos abrieron la boca para decir algo, pero se arrepintieron en el último momento.

El llanto de Lucky les sacó del trance en el que se habían metido juntos.

Midorima la tomó de los brazos de su mami, que la acunaba intentando que no llorase para no arruinar el reencuentro, pero a la niña no podía importarle menos la tensión del momento. Tenía pis, y alguien tenía que cambiarle el pañal. Su padre, su madre, el monstruo come culos de Kise, quien fuera, pero quería su trasero seco, ya.

Himuro se sentó a su lado, los dos mirando a Kibu, que seguía ajena a todo, peinando a Murasakibara sentada en el suelo. Kou dormía cómodamente en la tripa del gigante, con su latido como nana, la mejor canción del mundo para el pequeño de Kuroko.

– Yo también.. – El moreno le miró sin decir nada para no interrumpirle. – Soy sietemesino. Escuché la historia, bueno parte de ella, el final.

– Ese no es el final. – Su mirada puesta en la niña, como los últimos meses, no había dejado de mirar a su pequeña ni un solo instante. – Luego estuvo dos meses en la incubadora... fue lo peor que he vivido en mi vida. No podía ni tocarla, solo estar ahí, cada día, hasta que me echaban, y volvía al día siguiente, y al siguiente... – Rebuscó en su móvil por las carpetas de fotos, hasta las primeras de la niña, y le pasó el teléfono al pelirrojo. – Esta me la hicieron la primera vez que pude tenerla en brazos desde que nació...

– ¿Puedo?. – Agitó el teléfono, pidiendo permiso para mirar el resto.

– Claro. – Sin mirarle, dibujó una sonrisa leve.

No tenían nada que reprocharse, era inútil. De que servía echarse en cara llamadas no hechas, o silencios convenientes... el tiempo pasado no volvería, y eso lo sabían los dos, muy bien.

Y tampoco era una conversación que quisieran tener delante de todos; no era ni el momento ni el lugar para hacerlo... ni mucho menos el público adecuado.

Tenían que hablar si, pero ellos dos, o tres, contando con Murasakibara...

Akashi vio la vida de su hija en fotos. Himuro había documentado cada mes, cada logro, sonrisa, gesto, juguete y mirada en fotos.

Cientos de ellas.

Y las llevaba en el teléfono, para enseñarlas a quien estuviera interesado. Cualquier madre estaba mas que dispuesta a presumir de sus hijos, y Himuro no era una excepción.

Durante los siguientes minutos, Akashi miró cada imagen con atención, aunque no la suficiente teniendo a la pequeña ahí delante suya.

Escuchaba su vocecita, narrando cada uno de los pasos que daba, cada horquilla que ponía, o quitaba, cada vez que trataba de hacer un peinado nuevo en el pelo largo de Murasakibara, largo en comparación con sus manitas.

Mandaba un mechón por encima de la cara del gigante, y lo hacía bailar sobre su nariz, soplando, haciendo el menor ruido posible, para no despertar a Kou.

Kiseki se reía cada vez que el pelilila soplaba, haciendo que todos los que la miraban, sonrieran de vuelta.

Con la mano libre atrajo a la niña sobre su cabeza y le susurró muy bajito un secreto.

Kibu se giró de un golpe, mirando a su mamá y justo después al pelirrojo.

Aunque no se movió de donde estaba, si les miró un buen rato.

Mas por timidez que por otra cosa, dedicó los siguientes minutos a despejar el cabello del mas alto de horquillas y gomas, y ordenarlas dentro de su bolsito, exceptuando la goma rosa, que devolvió a su amigo con una sonrisa.

Repitió la acción de la primera vez, se levantó con cuidado, planchó su ropa con las manos, comprobó su peinado y caminó con pasos firmes hasta su mamá.

– Hola Kiseki. ¿Sabes quien soy?. – La grave voz del pelirrojo resonó firme, pero al tiempo suave, como un susurro contundente.

–¿Papi?. – Miró a Himuro, por el rabillo del ojo, con la cabeza agachada apuntando a sus pies, tímida. – ¿Tenes pupa? Tu mime, da susto. Uff.

– Si bueno, estoy malito, pero me pondré bueno pronto. – Habló suavemente para no asustar a la niña.

Kibu entonces levantó la vista, le miró unos segundos y rebuscó en su bolso hasta dar con lo que necesitaba.

– Toma. – Sostenía en la punta de dos dedos una tirita con dibujos de helados. – Cura tu pupa.

– Gracias. – Miró a Himuro un poco confuso y le hizo el gesto de que la usara, por que la niña estaba esperando que lo hiciera. – ¿Me ayudas?

Era muy gracioso verla abrir la tirita del envoltorio, guardar la parte que había que tirar en su puñito, y tomar la mano de Akashi, para pegarla.

Aunque buscó una herida, no encontró ninguna y acabó por pegarla en el dorso de su mano.

Después de hacerlo le miró interesada, de cerca. Akashi fingió "curarse" y la niña soltó una carcajada feliz, antes de ir con su mamá, y sentarse en sus muslos, cerca de él.

– Es increíble. – Mirándola de cerca, el parecido era asombroso. No podía decir que no era hija suya, de hecho el que tenía verdaderos problemas con eso era Himuro, ya que nadie se creía que la niña fuera hija suya.

– ¿Quieres saber algo increíble?... la abuela la enseñó a jugar al Shogi y me gana... eso si que es increíble.

– Mamá es un manta...

– Eso también se lo ha enseñado la abuela.

Himuro atinó en el último segundo a evitar que Akashi se cayera hacia delante.

Murasakibara le devolvió el bebé a Kagami y tomó a su novio en brazos, para regresarle a la cama.

– Se le pasará, en un par de semanas. – Miró a Kibu, arrodillándose junto a ella. – Tu papi es un dormilón. – Hizo el gesto juntando las manos y roncando divertido.

– Pone godo. – Asintió a las palabras de Atsushi.

– Si duerme todo el día, se pondrá muyyyy gordo, ¿Eh?. – Takao le acarició el pelo a la pequeña entendiendo. Eso también se lo decía su madre a él.

Kuroko se paró junto a Himuro, serio.

– ¿Estás bien?. – La pregunta era totalmente sincera.

– Si, la verdad es que si, estoy mas que bien. – Se giró para mirar a Kuroko, sonriendo.

Estaba aliviado, feliz, tranquilo...

Y un poco preocupado, queriendo saber que le pasaba a Akashi pero con miedo a preguntar.

Aunque no parecía muy grave cuando todos a su alrededor se comportaban con normalidad.

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Suspiro profundo... otro cap, de esos que me gustan (aomine en bolas jejeje)

Solo queda un cap del origen, me da penita y todo, pero usaré el sitio libre para un nuevo fic, Aokuro ( aplausos)

Gracias por el apoyo, os super lovio

Besitos y mordiskitos

Shiga san