Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 08: Con el corazón latiendo .
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– Aka-chin. ¿Estás bien?. – La puerta se cerró tras él y el pelirrojo avanzó despacio, hasta el sofá.
Incluso para sentarse lo hacía a cámara lenta. Se escurrió hasta el borde y semi acostó hacia atrás, mas dejándose caer que sentándose cómodamente.
Atsushi se sentó a su lado, y no dijo nada durante los siguientes diez segundos. Pasado ese tiempo, tiró de su muñeca para atraerle hasta su pecho. Akashi enroscó sus brazos en la cintura de su niño grandote.
Se sentía tan derrotado. Muy cansado, como si hubiera estado sin dormir días enteros.
– Es muy bonita, Aka-chin. – Besó su pelo tras decirlo. – Tiene tu pelo, igual, igual que el tuyo. – Sintió las manos de Akashi apretarse a sus caderas, y sus pulmones llenarse en un enorme suspiro. – Kibu chan es preciosa.
– ¿No estás enfadado?. – Salió como un murmullo por sus labios, aunque le escuchó perfectamente.
– Un poco. – Admitió sin romper el abrazo. – Pero no por que Aka-chin haya hecho cochinadas con Himu-chin, por que ahí no éramos novios ni nada, así que Aka-chin podía meter su cosita en el trasero de quien quisiera y eso... si no por que nos hemos perdido muchas cosas de Kibu chan... por no usar el teléfono.
– Lo siento. – Se disculpó sinceramente, por que era verdad, lo sentía de veras.
Se había perdido tantas cosas, que había vivido indirectamente con Kuroko...
Habría sido tan maravilloso ver crecer la barrida de Himuro, visitar al médico, escuchar su corazón por primera vez, las pataditas... saber que era una niña. Su nacimiento, estar ahí, sostener su mano, darle apoyo.
Levantó la mirada hasta enfocar los ojos violetas y solo necesitó conectarse con esos ojos un segundo, solo uno, para decirlo todo.
Atsushi dibujó una sonrisa para él, una de las suyas, genuinas. Esas que solo él había visto, él y solo él.
Un beso, solo uno, necesitaba eso, en ese preciso momento.
Un pequeñito, un roce.
Levantó la cabeza, dejándose atrapar por esos labios, en un beso mucho mas abrasador de lo que esperaba.
Gimió entre esos besos, sin darse cuenta, estaba pidiendo mucho mas que solo un beso. No sabía si era por la medicación en su cuerpo, por el impacto de conocer a Kibu, de saber que aquel encuentro furtivo había tenido un fruto maravilloso, en forma de una personita hermosa y perfecta, pero él quería eso.
Quería con todas sus ganas lograrlo. Sentir lo mismo que había sentido Kuroko, Takao, Himuro... quería su propio milagro.
Seguía entre esos pensamientos, anhelos, deseos, cuando su ropa fue retirada. Esas manos le tocaban por todas partes, sin pudor.
Su cuerpo ya no tenía secretos para Murasakibara. Besó, lamió, chupó, absorbió y tocó hasta hacerle gritar, como nunca.
Seguían en el sofá, uno sobre el otro, al revés, tumbados, sentados, de rodillas.
Cada vez que sus fuerzas flaqueaban, Atsushi le levantaba sobre él, dándole el empuje que necesitaba. Con amor, cariño, como siempre pero mas cuidadoso.
Murasakibara sentía sus espasmos, sus reclamos. Oía sus órdenes directamente en su cabeza, sus gritos acallados por unos labios palpitantes. Sabía lo que quería y no le dejaría hasta estar completamente seco.
La piel, siempre blanquecina fue adquiriendo un tono rosado con el paso del tiempo. Cada nuevo orgasmo le dejaba mas agotado, pero no iba a parar, esta vez no.
Iban a lograrlo, juntos. Quería un hijo de Murasakibara, una hermosa criatura de la persona que mas amaba, creciendo en su interior.
Kiseki no era un error, al contrario. Aquella noche necesitaba eso, curar su corazón, siempre enamorado de Kuroko hasta ese momento, con alguien igual de roto que él. Himuro había aparecido en su vida como una tabla de salvación, y los dos se habían limitado a lamer sus heridas mutuamente.
Ambos sabían que no se amaban, no hacía falta, solo necesitaban olvidarse del mundo que les hería unos pocos minutos. El sexo fue la salida rápida. Y después, pensó en él, mil veces, llamarle... pero ¿para decirle qué exactamente?. No eran amigos, no tenían nada en común salvo las dos personas de las que, en ese momento, estaban enamorados. En el momento en el que Kuroko y Kagami habían conectado, su punto en común había desaparecido.
Atsushi siempre había estado ahí, siempre. De algún modo se dio cuenta de que las cosas que les unían eran las que les hacían a ambos diferentes. Se complementaban tan perfectamente, que no tardó mucho en darse cuenta de que podría amarle... y apenas un poco de tiempo después, ya estaba perdidamente enamorado de ese gigante despistado.
No necesitaba que Murasakibara le dijera que lo amaba, podía sentirlo en sus acciones.
El modo en el que le miraba, caminaba a su lado en la calle, en la cancha... sus miradas, sus pequeños gestos románticos, el modo en el que le hacía el amor.
Akashi lo sabía, y no le hacía falta nada mas.
Debería estar cansado, después de una noche entera con Murasakibara, pero no era así.
Despertó a medio día lleno de energía, tanta que retomó el propósito de tener un hijo en cuanto alejó de su mente la niebla del sueño.
Atsushi jadeó, aún dormido. Adoraba cuando su chico le daba mimitos por la mañana... y cuando le pedía en silencio, con sus manos apoyadas en el pecho, que no se moviera, era inmensamente feliz.
…...
– Akashi. – La doctora le llamó desde la puerta entreabierta. – Pasa, por favor.
La pareja entró de la mano, cerrando la puerta tras ellos.
– Bueno, ya han pasado los veinte días desde el final del tratamiento. – pasó las hojas con los resultados. Levantó la mirada, divertida. – Supongo que habréis estado ocupados, como os dije, ¿Verdad?.
– Si, doctora. – Akashi se puso tan rojo como su pelo. Puso la mano en la boca de su chico para que no añadiera nada, aunque por su lenguaje corporal se adivinaba que estaba mas que deseoso de contar hasta el último detalle.
– Eso espero. – Apartó el biombo que separaba la consulta en dos y le mostró la camilla. Encendió el ecógrafo. – Sube aquí, vamos a ver como va todo.
Murasakibara besó en lo alto de su cabeza cuando pasó por su lado, y se quedó en la silla, para no molestar.
Dobló un brazo hacia arriba para dejar su cabeza sobre él, y se levantó la camiseta hasta el cuello. Sintió el gel frío y el aparato, siendo movido por la piel de su vientre a un lado, y a otro.
La doctora miraba fijamente la pantalla, buscando cualquier cambio, comparando las imágenes frente a ella con las de las pruebas anteriores.
Por un momento le pareció ver algo, una pequeña mancha, muy pequeña. Volvió a pasar, y efectivamente, ahí estaba. Tomó una captura para mirarlo mas detenidamente después, y retiró el aparato.
Akashi se incorporó, para limpiarse el gel, como siempre, y volver a poner la ropa en su sitio, pero la doctora no se levantó de la silla.
Encendió otro aparato, que no pudo ver, y lo guió con el primero, a la misma zona en la que había estado pasando antes, varias veces.
Suspiró, la vio incluso de espaldas. Akashi suspiró también. Tenían que seguir intentándolo. Siempre que la doctora suspiraba de ese modo, era que no lo habían logrado.
Pero entonces lo escuchó. Un pulso, acelerado, saliendo por el altavoz, junto a otro, mas potente y calmado.
Atsushi estaba de pie, tras la doctora, a su lado. Alzó un dedo de punta, señalando en la pantalla el puntito negro, que claramente se movía... latiendo.
– Ahí está. – La mujer sonrió y volvió la cabeza a Akashi, pidiéndole que no se moviera, pero girando la pantalla para que él lo viera también.
– Aka chin... Nuestro bebé está dentro de la tele. – Golpeó el cristal con la punta del dedo, y le miró.
Akashi se tapó la boca con la mano, y apretó los labios tras ella. Intentó no moverse, quería verlo el mayor tiempo posible, aunque solo fuera un puntito enano en el centro de un montón de borrones. Eso era lo de menos, era su bebé, lo habían conseguido.
– Bueno, voy a registrar los latidos un par de minutos, y ahora os doy los nuevos pasos a seguir.
La doctora siguió hablando, pero Akashi no la escuchaba.
No podía dejar de sonreír.
Atsushi rodeó a la mujer con cuidado, y llegó a su lado, besando su mejilla. Ese gigante, enorme y adorable, lloraba. Mirando en la misma dirección, limpiando las lágrimas con el antebrazo antes de que cayeran encima de su pelirrojo.
– Espera un momento. – Akashi se preocupó por esas palabras, pero la doctora estaba concentrada en el gráfico que iba saliendo por la máquina. Volvió a repetir con el ecógrafo, mirando mas atentamente la zona. – Enhorabuena chicos, lo habéis conseguido. Hay dos, dos latidos.
Seijuuro dejó de ver el mundo, para visitar de nuevo ese océano de negrura, que ya le era mas que conocido.
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– Todavía llevas su foto en la cartera. – Kise susurró, mirando de reojo. – Solo quiero saberlo, nada mas.
– No es asunto tuyo, para ya. – Daiki seguía mirando videos de partidos pasados en el portátil. – Y no lo digas como si fuera algo importante, por que no lo es.
– Es raro, pregúntale a cualquiera. – Hizo morritos, enfurruñado.
– También llevo una foto tuya, y una del bebé...¡Joder! llevo hasta una de tus padres. ¿Qué mas da que lleve una foto de Kuroko?.
– No da igual y lo sabes. – Se sentó a su lado, mirándole fijamente. – Tiene que haber una razón poderosa para que aún conserves la foto... y no es de Kurokocchi, salís los dos, abrazados.
– ¿Y qué?. – Pausó el video, encarándole. – Llevo una foto mía y de mi ex novio juntos en la cartera, de hace unos años. – Sacó la foto de la discordia de la dichosa cartera y se la dio a Kise. – Ya está, no la llevo, ¿Contento?.
Iba a replicarle, pero no lo hizo. Daiki le ignoró a propósito, un poco mosqueado por los enfados infantiles de su prometido, pero decidió que era buena idea permanecer callado y zanjar así el tema.
Kise miró la foto, largo rato. Se sentó hacia atrás, mas cómodamente, concentrado en la imagen.
Daiki y Kuroko, jóvenes, sonrientes, abrazados. El brillo del primer amor en sus ojos, en su sonrisa. El viejo uniforme de Teiko.
Eran felices. Juntos.
Kise vivió aquella época junto a ellos, en el equipo. Le daban rabia sus miraditas, sus muestras de cariño, y las veces que se iban solos, juntos, dejando al resto atrás.
Incluso jugando eran una gran pareja. ¿Qué pasó?.
No lo sabía, lo único que tenía claro es que él había conseguido lo que llevaba años ansiando, a Daiki en su vida.
Pero... esa foto. ¿Qué trataba de recordar Aomine al tenerla?, ¿Qué sentía él cuando la miraba, cuando miraba su yo pasado, sonriendo junto a alguien que era feliz en otra relación?.
Apartó la mirada un segundo de la foto, para posarla en él. Su mano viajó, inconsciente, hasta su vientre, posándose ahí, tranquila.
– ¿Qué pasó?. – La pregunta surgió tan clara que se asustó de haberla hecho al mismo momento.
– ¿Qué pasó con qué?. – Respondió de forma automática, sin mirarle.
– Entre vosotros, ¿Porqué romper?. – La duda era real.
Aomine tomó aire, y lo mantuvo en sus pulmones unos segundos. Se giró para encararle y se quedó mirándole un rato, como si estuviera buscando algo en su mirada, en su rostro que le diera la respuesta.
Levantó la mano, y la posó en su mejilla, acariciándole el mentón hasta el hombro.
– Ahora estoy aquí, contigo, ¿Importa?. – Sus palabras destilaban miedo, mucho miedo, lo que intrigó mas al rubio.
– Erais felices... juntos. No entiendo por que le dejaste. – Miró de nuevo la foto, su otra mano posada en el bebé, buscando en el pequeño la fuerza que notaba se iba de su cuerpo a cada palabra que salía por sus labios.
– Él me dejó a mí. – Kise le miró, incrédulo, pero era la verdad.
– ¿Qué le hiciste?... para que te dejara...
– Ser un cabrón con él. – Acarició los labios de Kise con el pulgar. – Algo que lamento, pero …
– Le querías, ¿Por que no pedirle perdón?... Kurokocchi te quería también, habría vuelto contigo. – ¿De verdad quería escuchar eso?.
– No merecía su perdón. – Su mano viajó, lenta, hasta posarse en el vientre abultado. – Sigo sin merecerlo... aunque él me haya perdonado.
– ¿Le pegaste?. – No supo por qué hizo la pregunta, pero así fue.
– Kise, por favor. – Trató de abrazarle, pero el rubio se fue hacia atrás, esperando su respuesta serio. – Si, lo hice, y me arrepiento de ello cada día.
Kise sabía que había algo mas, algo que se le escapaba.
– Pasó algo mas, ¿Verdad?. Entre vosotros dos, algo que no me quieres contar. – Le miró quisquilloso.
Daiki suspiró, mirándole.
No quería contarle eso, no ahora y con ese bebé en camino.
No era el momento, ni el lugar, ni la persona con la que quería tener esa conversación.
– Te quiero, mas que a nada en el mundo. – Tomó sus manos, las dos, entre las suyas. – y a nuestro hijo, con locura, os amo. Nunca lo olvides.
Kise asintió, un poco abrumado. Aomine no tenía ningún problema con ser claro, demasiado en ciertas cosas, pero esto se empeñaba en ocultarlo, lo que hacía que el interés del rubio se creciera por si solo.
– Le preguntaré directamente a Kurokocchi. – Infló los mofletes.
– Te dirá que me puso los cuernos, es la excusa que acordamos. – Alzó una ceja, serio.
– ¿En serio?. – Le miró ahora sí, divertido. – No me imagino a Kuroko siéndote infiel.
– Se enrolló con Kagami kun. – Sonrió, divertido. – Creo que eso lo dice todo.
– Aún así, le preguntaré. – Se abalanzó sobre él para besarle.
Al apartarse se quedó serio, mirándole.
– ¿Te arrepientes?. – Pasó la mano rodeando el óvalo de su vientre.
– Solo me arrepiento de no haber caído ante tus encantos antes... y de muchas cosas, pero del pasado, nunca.
– ¿Qué quieres decir?. – Intrigado, le miró torciendo la cabeza.
– No hay que arrepentirse, solo aprender para no cometer el error nuevamente. Eso es lo que hago. – Besó sus labios con amor. – No volveré a desperdiciar un segundo en cosas que podrían ser... te quiero, Kise Ryota, aquí, ahora. El pasado queda atrás, lo siento, me disculpé y Kuroko me perdonó. A partir de ahí, seguimos con nuestras vidas, no hay mas.
Repartió besos entre cada una de las frases, embotando la mente del rubio, llenándole de amor, dirigiendo sus sentidos a un plano mas placentero...
Pero la duda ya estaba sembrada y tarde o temprano la verdad vuelve, y te muerde el trasero.
Es solo cuestión de tiempo.
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Kuroko se levantó de la cama antes de que el niño empezara a quejarse.
Llegó a la cuna, arrastrando los pies y bostezó hasta el límite de su boca al tiempo que encendía la lamparita a ras de suelo.
Kou estaba de pie, agarrado a la barandilla de la cuna con fuerza. Un puchero en sus labios.
– ¿Qué pasa, cosita guapa?. – Tetsuya acarició el cabello del niño. – ¿Qué tienes?.
No tuvo que investigar mucho para descubrir la razón del despertar de su pequeño.
El pesado pañal era una evidencia mas que clara.
Le llevó hasta el cambiador y limpió al pequeño, sin importarle que fuera de madrugada y volvió a dejarle en la cuna, despierto.
Al regresar de tirar el pañal en la basura, tuvo que cambiar de rumbo e ir al baño, el lugar de entrar en su cuarto.
Tras tener una conversación de lo mas íntima con la taza del bater, volvió a la habitación donde el niño le miraba muy serio, por encima del límite de la baranda.
Chocó sus manos regordetas en un aplauso, dejando claro que no tenia intención alguna de dormirse.
Kuroko tampoco tenía sueño después de vomitar. Y Kagami no estaba, y no podía llamarle... suspiró, sacando a Kou de su "jaula" para meterlo en la cama.
El niño estaba de lo mas encantado con eso de dormir en la cama grande, literalmente, teniendo en cuenta el tamaño de su padre.
Volvió a aplaudir de nuevo cuando su mami le arropó. Y otra vez, cuando Número dos, se subió a los pies de la cama para enroscarse y dormir, tranquilo.
– Dentro de poco no vamos a caber aquí, ¿Eh?. – Kou miró a su mamá, serio. – Cuando venga tu hermanito, seremos muchos... y papá es taaaan grande. – Kuroko tomó la manita del niño y la puso en su vientre. – Aquí, tu hermanito, está ahí.
Kou ladeó la cabeza, tal y como hacía Kagami cuando le escuchaba atentamente, y Kuroko no pudo evitar estallar en carcajadas por la cara de su hijo.
El niño acompañó a su mamá, el perro se limitó a mirarles como si les faltara un tornillo.
– ¿Qué crees que dirá papá cuando lo sepa, eh?. – Le preguntó al bebé en un susurro.
– Bah. – Su cara sería decía que fuera lo que fuera, iba de verdad.
– Si, yo también opino que "bah"... – Besó su frente, y le arropó de nuevo. – A dormir... que es muy tarde ya...¡Eeeeeeehhhh! ¿Se lo quieres decir tú?.
– Bah. – Aplauso de lo mas entusiasta seguido de su especialidad, pedorreta sonora.
– Creo que así no lo va a entender... pero si le das tu los resultados...
– Bah...Ma...aaaaa
– Si, justo estaba pensando yo lo mismo. – Le acarició por encima de la sábana, la espalda y el pelo... – Algo se nos ocurrirá.
Kou bostezó, y cerró sus ojitos, en medio minuto.
Estar de charla con mamá tenía su gracia, pero él tenía mucho sueño... y con el trasero limpio, ya nada le impedía dormir a gusto.
Nada.
Ooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Uff esto empieza a ponerse tiranteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
