Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …

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Uno mas en la cancha.

Capítulo 09: Mi papi es una mami.

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– ¿Hola?. – Akashi avanza con pasos inseguros por el taller.

No ve a nadie, pero la puerta abierta le indica que hay gente dentro.

Es un pequeño taller, discreto y ordenado, para pequeños arreglos en motos y bicicletas. Desde fuera apenas un par de escaparates del tamaño de una ventana a los lados de una puerta.

Por dentro un foso, un par de mesas de trabajo y un montón de herramientas, todo perfectamente limpio.

Un poni violeta y un cepillo de juguete le hizo sonreír. Sí, estaba en el lugar correcto.

Tomó el juguete entre los dedos y miró de nuevo alrededor. Escuchó la cisterna y miró directamente al baño.

Himuro salía de el secándose las manos, con un trozo de papel grande.

– Hola, te llamé. – Akashi se acercó, despacio.

– Llegas pronto. – Miró el reloj por encima de su hombro. – Kiseki está durmiendo la siesta.

Le llevó a un pequeño despacho a un lado del taller. La niña dormía tranquila en la cuna, aferrando entre sus bracitos un osito verde y amarillo.

Akashi se sentó, en la silla frente a la mesa, mientras Himuro preparaba un bocadillo y un zumo para la niña, que despertaría en unos minutos.

– Me asustaste el otro día, ¿Estás bien?. – La verdad es que preguntaba por hablar de algo, estaba inquieto y preocupado. – Kuroko me dijo que Murasakibara kun y tu intentáis tener un hijo. Espero que lo consigas, de verdad.

– No lo intentamos. – Serio, su mirada estaba puesta en la pequeña.

– Vaya, lo siento. – Se disculpó.

– Ah, perdona... es que ya lo hemos conseguido. – Le miró, con una expresión feliz en su rostro. – Dos, gemelos, o mellizos. No lo sé, la verdad es que no me importa.

– Enhorabuena entonces. – Aunque le tendió la mano, terminó por abrazarle.

No había intención alguna en el contacto, solo felicitarle por su estado.

Pero algo en aquel abrazo era agradable, demasiado. Tanto que pasaban los minutos y seguían abrazados.

– Mmm ¿Papi?. – La vocecita de la pequeña les hizo separarse, lentamente. Miró a su mamá con cara apurada. – Mami... pis.

– ¡Oh, vaya!, parece que tenemos una emergencia. – Sacó a la niña por encima de la barandilla de la cuna y la llevó medio corriendo al baño.

– ¿Sigues jugando?. – Preguntó en voz alta al descubrir el balón anaranjado a un lado del despacho, junto a una gran mochila de deporte.

– Si, hace unos meses volví a los entrenamientos. – Limpió a la niña y la dejó en el suelo para vestirla mientras la cisterna se vaciaba de nuevo. – Pero no tengo tiempo de nada. Entre el instituto, el taller y Kibu, mi tiempo es reducido. Entreno pero solo cuando puedo, que suele ser un par de días por semana... pero bueno, al entrenador no parece importarle y tampoco es como si hiciera falta.

La niña se sentó en la silla al otro lado de la mesa y sacó una toallita del recipiente, limpiando sus manos de un modo tan ceremonioso que el pelirrojo no pudo evitar soltar una risita.

– Podemos repartirnos el tiempo de la nena. – Akashi le pidió en voz baja. – Los siguientes meses me quedo sin baloncesto, ese tiempo puedes aprovecharlo tu, y yo pasaría un poco de tiempo con ella. Solo si no te importa.

– No me importa, Akashi. – Le miró directamente. – Pero, ¿Está bien para ti?. ¿Y Murasakibara kun?.

– Kibu chan y yo somos amigos, ¿A que si?. – Saludó desde la entrada. – Tardabas mucho, me he preocupado, perdón. – Llevó un caramelo a sus labios y lo engulló de un sorbo.

La pequeñita levantó las manos al peli lila, para darle la bienvenida, sonriendo con todo lo que daba su boca.

– No solo quiero compartir el tiempo de la niña, también todo lo que necesite, tanto ella como tu. – Murasakibara asintió a su novio. – Queremos ser parte de su vida, y de la tuya, y mas ahora que vienen los bebés.

– ¿Bebés?. – Preguntó ilusionada. Se bajó de la silla rodando para darse la vuelta y tiró el bote de zumo vacío y la servilleta en la papelera, antes de ir con Atsushi.

Levantó sus manitas y esperó que la subiera hasta su hombro.

– ¿Bebé Kou?. – Ladeó la cabeza, haciendo su coletita oscilar a un lado. – ¿Nena Lusy?.

– No cariño. – Himuro señaló la tripa de Akashi. – Los bebés están aquí.

– ¿Papi es mami?. – Era una muy buena pregunta. Murasakibara soltó una risita por lo bajo.

Kiseki le pidió que la bajara. Caminó hasta Akashi decidida. Le tomó por la mano y tiró de ella, para que bajara a su altura.

– Yo cuida tu. – Palmeó con decisión su mano. – Kibu buena niña, cuida papi.

– Gracias cielo. – besó en lo alto.

Himuro miró la escena con una mini sonrisa en la comisura de su boca. Sintió la mano del pelilila en la mitad de su espalda. De repente su familia había pasado de una mamá soltera a una numerosa y escandalosa en una sola frase.

Y extrañamente a lo que podría parecer, era feliz. Sentía que la soledad que siempre iba con él, acababa de marcharse por el desagüe.

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El timbre sonó, un par de veces, sacándole de la cálida cama.

Midorima buscó su ropa por el suelo, para ir a abrir. Sabía que eran las abuelitas, trayendo a la niña de vuelta a casa, pero Takao, instinto de mamá de punta, corrió mas que él, y ya estaba vestido cuando él aún buscaba su pantalón bajó la cama.

Casi había llegado al pomo de la puerta, cuando su marido se le adelantó, abriendo de un tirón.

La mamá de Takao entró primera, seguida de su padre, que empujaba el carrito.

– ¿Todo bien, cielo?. – Besó su cabeza con amor, pero Takao solo podía mirar a su pequeña, como sin necesitara comprobar que realmente estaba de una pieza.

Solo Midorima comprendió la verdadera naturaleza de la pregunta.

– Si, todo bien. – Besó a la mujer y le tendió la mano a su padre, dejando el carrito a un lado, antes de tomar a la niña en brazos y llevarla a su cama. – De verdad, todo bien.

– ¿Habréis puesto cuidado?. – La mujer preguntó, molesta.

– ¡Mamá!. – Kazunari protestó sorprendido.

– ¿Qué?. – Le arreó como cuando era niño, en lo alto de la cabeza. – ¿Habéis puesto cuidado o no?

– Si, hemos puesto mucho cuidado. – Midorima le siguió la broma, haciendo a Takao gruñir por lo bajo, mientras el abuelo pasaba de la discusión mirando a su nieta dormir tranquilita.

– Mucho cuidado, ¿Cuánto?. – Enlazó el brazo con el de Shintarô, divertida.

– ¡Mamá, por favor!. – Rojo hasta la punta de las orejas, trató de huir, sin mucho éxito. Su madre le pescó con el otro brazo, dejando a los chicos uno a cada lado.

– Seis. – Presumió el mas alto ante su suegra.

– Buen número, para empezar. – Señaló su mejilla, esperando un beso que no tardó en llegar. – Pero en serio, disfrutad de la nena, aún es pronto para otro nieto, o quizá no.

–¡Mamá!. – A punto de fusión del núcleo, mas rojo que nunca en su vida.

– ¡Por el amor de dios, Kazunari! No estoy diciendo nada de lo que debas avergonzarte, y haz café... ten el detalle de invitar a tus padres a algo... será posible.

– Si mejor me voy a la cocina, antes de que me de algo. – Midorima le besó en la frente antes de que se fuera.

– Si ya, ahora besitos, tu ponte de su parte y verás... –Murmuró el moreno, alejándose.

– Pero es bueno que empecéis ya, si queréis darme por lo menos tres nietos, yo creo que cuanto antes mejor. – El argumento era bueno, tenía cierto sentido. – Digo, para que no esté solita mucho tiempo, es mejor los niños seguidos, así también mi Kazunari se recupera antes.

– ¡Mamá!. – Se quejó desde la distancia.

Shintaro y su suegra se sonrieron... por una vez estaba bien sacarle los colores a Takao para variar, ya que casi siempre era él quien bromeaba con todo y con todos... ademas que estaba tan adorable cuando se ponía colorado.

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– Vale, vamos a intentarlo una vez mas. – Kuroko puso de pie contra la puerta a Kou, intentando que el niño diera sus primeros pasos solo.

Hasta ahora andaba pero solo si alguien le sostenía de la mano, si no, se limitaba a gatear de un modo muy raro, arrastrando el trasero como los perritos.

– puuuu. – respondió el niño convencido.

– Vamos a tener que pensar en otra cosa, ¿Eh?. – Kou hizo una pedorreta, seguida de una risa, haciendo a Kuroko sentarse en el suelo, a su lado

Miró al techo, pensando. Kou se sentó sobre su mamá, apretando los labios y frunciendo su pequeño ceño, ayudando a su mamá a darle la noticia a su padre.

– Ya lo tengo. – dejó al niño y volvió con una de las camisetas de Kagami y otra del niño en una mano, y un montón de rotuladores en la otra mano.

Empezó a quitar los tapones, dejando que el pequeño hiciera rayas por toda la tela que estaba su alcance.

Kuroko escribió algo en la mas pequeña, y se la puso al niño después de quitar la que llevaba puesta.

Escribió también algo en la de su marido, pero aún así, siguieron pintado en ella por el otro lado. A Kou le gustaba pintar, se reía, y mucho.

Miró el reloj. Aún tenía unos minutos antes de que Taiga regresara de sus prácticas.

Había mostrado interés en ser bombero y el director del instituto le había conseguido, de modo excepcional, unas prácticas en la central de la ciudad, durante unos pocos meses.

Si trabajaba lo suficiente, considerarían su ingreso, pero siempre que siguiera con su trabajo en el almacén, sus clases y las prácticas del club... y por supuesto ser padre a tiempo completo.

Las llaves tintinearon al otro lado de donde estaban sentados, haciendo a Kuroko esconder la camiseta de su marido hecha una bola dentro de su propia camiseta, por la espalda.

Kou miró a su mamá levantando una ceja, sin entender nada, y sin soltar su rotulador.

Kagami asomó por la puerta, solo la cabeza sin hacer ruido por si Kou estaba dormido, pero lo encontró sentado a sus pies, con un rotulador entre sus dedos, y una docena mas tirados por el suelo.

Kuroko le hizo una seña al bebé, que obedeció a su mami, tirando de la camiseta para que su papá viera bien lo que ponía en ella.

– Soy el hermano mayor. – Kagami leyó en voz alta, y dejó que el niño le manoteara por toda la cara, con saña.

– maaaa. – Señaló a Kuroko, y volvió a tironear de su camiseta, apretando los labios, molesto.

Su papá no entendía nada de nada. No había servido de nada su trabajo de pintura.

– ¿Qué pasa, campeón?. – Repartió besitos por su cabeza, entre risas. – ¿Pasa algo con mamá?.

– maaa, puuu. – Se abrazó a su cuello, dando pequeños saltos en sus brazos. – Maaa...

Kuroko le cambió la camiseta grande por el niño. Kagami la extendió, abriendo mucho los ojos al leer el mensaje escrito en ella entre líneas de rotulador de todos los colores.

– Papá del año. – Kou levantó las dos manos, enseñando las palmas, en una pose que dejaba claro que las dos camisetas estaban relacionadas.

– Puuu. – Señaló, ahora si, enfadado del todo, su camiseta, entrecerrando sus ojitos hasta hacerlos parecer unas ranuras muy finas.

– A ver si entiendo. Yo soy el papá del año y tu el hermano mayor. – Kou asintió con ganas, sonriendo.

De vez en cuando su papá era así de impresionante. Aún así, necesitaba un empujoncito mas.

– Maaaa... purrr mamá. – Apuntó con el dedo directamente a la tripa de Kuroko.

– ¡Oh dios mio!. – Por fin, su papá entendía el mensaje. – ¿Acabas de decir mamá?. ¿También lo has oído, a que sí?, Ha dicho mamá claramente.

No, definitivamente, su padre no era el listo de los dos.

Kuroko se puso a su lado, de puntillas, para besarle en un dulce toque.

– Estoy embarazado, de nuevo. – Kou rodó los ojos, negando.

– Ya lo sé. – Enredó su brazo en la cintura, aún fina, de su esposo, atrayéndole a él. – Me he dado cuenta con la primera camiseta. – Acarició su frente con los labios, mientras Kou, en los brazos de su mami, le golpeaba el pecho. – Es solo que me gusta la carita que pone cuando intenta parecer mas listo que yo.

– Espero que sea una niña. – Le besó de vuelta en el mentón. – Hay demasiada testosterona suelta en esta casa. Necesitamos una mujer que ponga orden.

Kagami estalló en carcajadas y Kou hizo lo mismo, feliz.

– ¿Así que una niña, eh?. – Se abrazó con mas ganas a sus dos chicos.

Su pequeña familia crecía ante sus ojos, y era genial.

Oooooooooooooooooooooooooooooooooo

Suspiró mirando el álbum, la foto de cuando besó a Daiki por primera vez.

Ese día estaba muy enfadado, en realidad en aquella época se pasaba el día enfadado. No recordaba un día feliz en el que le gustara su trabajo, no hasta ese beso.

Ese beso lo cambió todo. Su visión del mundo se dio la vuelta, su objetivo de entonces era que le tuviera en cuenta, que supiera quien era él y lo que podía hacer.

Pero Kise era un niño en un mundo de adultos. El dinero mandaba en todo, y solo tenía trabajo y mas trabajo.

Fotos, publicidad, vídeos... no había un solo día que pudiera ser un niño, jugar, divertirse, tener amigos... hasta la secundaria no pudo hacer nada fuera de agenda.

En su eterna búsqueda de ese niño, esa carita enfurruñada y grosera que había hecho su corazón latir con fuerza, su meta mas inmediata, había decidido salir en los medios, cuanto mas mejor, quizá así tenía la posibilidad de que ese niño le recordara, y apareciera... pero eso no sucedió.

La realidad fue que Kise lo encontró, sin darse cuenta. No lo recordaba, ni él tampoco, pero se encontraron, gracias al basket.

Pasó las hojas hacia delante y atrás, y veía una y otra vez las mismas imágenes. Su carita regordeta mirando el objetivo con profesionalidad, las flores en el pelo, los encajes.

Cerró el tomo, y ahí estaba, sobre la mesa. La foto de Kuroko y Daiki, juntos.

Tomó el móvil y le llamó.

– Nee, Kurokocchi, ¿Puedo hacerte una pregunta un poco rara?. – Incluso por teléfono se notaba su frustración. – ¿Por qué terminó lo vuestro?.

Tetsuya no necesitó mas datos para saber a que se refería exactamente.

– mmm... me gustaba alguien mas. –Escuchó a Kise bufar molesto. –¿Por qué quieres saberlo a estas alturas?. –Divertido, trató de relajar el ambiente.

–Sé que te pegó, él mismo me lo ha dicho... pero yo sé que pasó algo mas, algo que no quiero ni imaginar, y que él no quiere contarme. Me siento estafado. –Suspiró perdiendo la voz.

– No lo imagines, ya te lo he dicho, me gustaba otra persona, punto. – Miró a sus dos chicos, jugando divertidos en el comedor. – Hablo en serio Kise, me acosté con Kagami kun, cuando aún salía con él. Se enteró, se enfadó, me pegó y terminamos, punto. No hay nada mas, no lo busques, ni lo inventes.

– Pero... tus cicatrices. – Trataba de ordenar sus pensamientos de algún modo en su cabeza.

– Tu también las tienes, somos deportistas, es inevitable caernos, hacernos heridas, rompernos huesos... lo sabes tan bien como yo. – Si quería dejar este tema atrás, Kise debía quedar fuera, y no por cubrir a Daiki, si no por él mismo.

– Ya pero... yo creí que... – Derrotado, se rindió, era inútil. Tal y como le había dicho Aomine, habían pactado la excusa juntos, y no sabría la verdad nunca. – Está bien, tu ganas... te odio.

– ¿Cómo estás?... te echo de menos, mucho. Kou también, y el bebé que vendrá se perderá conocerte en persona. – Escuchó a Kise pegar un grito por el teléfono. – ¡Ah, y los gemelos de Akashi!

– Espera, ¿Estás embarazado?... ¿Akashicchi está embarazado también? ¿Gemelos, dos?... ¡Ay dios mio! Voy a coger el primer avión que vaya hasta allí, me lo estoy perdiendo todo.

– No me has respondido. – Kise seguía con la ilusión de los niños que llegaban.

– Estoy bien, ocupado. Daiki me quiere, lo demuestra todo el tiempo y yo estoy poniéndome mas y mas gordo. – Escuchó la risa de Kou de fondo. – Os echo de menos, mucho.

– Kou ven, dile hola a Kise. – El niño gateó hasta su mamá, y se sentó, esperando que le pusiera el aparato en la oreja.

– Seeeeeeeeeeeeeeeeeeeee. – Paró de hablar al intentar comerse el borde de la camiseta. – ..laaaa seeee.

– Hola Kou. – No pudo evitar derramar una lagrimita inconsciente.

Les echaba mucho de menos, muchísimo.

Cuando Daiki regresó, Kise aún seguía llorando.

– ¿Qué te pasa, amor?. – Sus brazos lo envolvieron en un apretado abrazo.

Kise sollozó en su hombro, enroscando sus brazos hasta pegarse del todo a él.

– Nada, este estúpido embarazo que me pone muy mimoso. – Sorbió los mocos, con fuerza. – Hablé con Kurokocchi, ¿Sabes que va a tener otro bebé?... Y Akashicchi, gemelos. – Hizo un puchero, triste.

– Vale, que de niños de repente. – Besó sus cabellos, con amor. – Pero tienes que calmarte, por nuestro niño, ¿Si?.

Asintió, comprendiendo que tenía razón.

– Quiero volver.

– Hacemos una cosa, le preguntaremos a la doctora si puedes viajar, ¿Entendido?. – Kise sonrió, al salirse con la suya. – Pero mientras tienes que darme un beso, de los tuyos.

– Bueno, eso es fácil... si, muy fácil.

– Vale, voy a comprar algo de comida, regreso en un momento. – Se inclinó hacia delante y acarició su frente con los labios. Kise tiró de él para mandar su boca al encuentro.

Y se besaron sin saber, que ese sería su último beso hasta dentro de mucho tiempo, y muchas lágrimas.

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AAAWWWWWWWWWWWWWWWWW que pocholada de niñoooooooosssss

Adoro a Kou... y a Kibuuuuuuuuuuu que monaaaaaaaa

jajaja

Bueno, gracias a todo el mundo, por pasaros y comentar, os adoro.

Besitos y mordiskitos

Shiga san