Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 10: Cosas de padres.
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– ¿Cuantos?. – Momoi levantó la mirada de la pantalla, apretando los labios en una extraña mueca en cuanto escuchó la pregunta.
– Tres. – Giró la cabeza para enfocarla directamente. – ¿Tu?.
– Once. – Juntó las manos en una disculpa que nadie le había pedido.
– Siguen siendo muchos... – Satsuki se pasó el mechón tras la oreja, sonriendo. – Es que no se a quien quitar. – Hizo un puchero.
– Tampoco es que vayan a decir que si, a la primera. – Le mandó un mensaje que hizo el sonido característico en la pantalla. – El primero por lo menos, que tenga los ojos azules.
– Eso reduce la lista a la mitad. Tetsu kun, Dai chan, Hyuuga kun, Kasamatsu kun, Takao kun y no quiere decir que no saque tus ojos. – La sonrisa de Riko se contagió de inmediato a la pelirosa. – Que son preciosos, pero no azules como tu quieres.
– Maa... pero yo quiero que tenga los ojos muy muy azules, y preciosos. – Se abrazó a su cuello, besándole la cabeza sin poder dejar de sonreír. – Ademas, la mitad de esa lista ya tienen hijos...
– Kuroko kun parece el candidato mas apropiado. Aunque no me guste ni un poco que hayas estado enamorada de él... y Kasamatsu tiene novia, nos costará convencerlo si ella se niega...
– Aún así, solo queremos que nos presten uno o dos cabezones con colita.
Se miraron unos segundos, antes de estallar en carcajadas sonoras.
Todos tenían hijos, ¿Por qué ellas no?.
Y otra cosa no, pero candidatos tenían a montones.
Solo había que decírselo.
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Takao dejó el patito flotando en la bañera, y metió a la niña con cuidado, como si fuera a deshacerse.
Lucky miró a su mamá, con sus preciosos ojos verdes, idénticos a los de su papá, aún velados y tiernos. Apenas tenía un mes, y sus manos seguían cerradas en puños apretados la mayor parte del tiempo.
Kazunari había recuperado parte de su confianza en sí mismo, casi al tiempo en el que su cuerpo volvía a su forma anterior al inicio del embarazo.
Shintarô y él habían retomado su "rutina íntima" de un modo quizá un poco mas tranquilo de lo que le gustaría a Takao.
Según se iba viendo mas atractivo, demandaba sin apenas darse cuenta un poquito mas de pasión, pero su marido era todo lo opuesto a esa palabra.
Pedirle a Midorima un poco de entusiasmo era como pedir que saliera el sol en plena noche; imposible.
Lucky palmeó el agua, sacando a su mamá una sonrisa.
– ¿Qué pasa preciosa?, mi nenita es toda una sirena. – La meció dentro de la bañera con delicadeza. – Vamos a nadar.
La niña reaccionó tranquila, a la voz de Takao en le cerrado baño.
Suspiró un poco ilusionado con la tarde que tenía por delante. Midorima era un hermoso papá, atento y considerado. Había descubierto con cierto encanto, que se le daba muy bien organizar tardes en familia, y que aparte del primer encontronazo por la falta de sueño, eran una familia maravillosa y en armonía.
Secó a la niña y la vistió. Medio sonriente, se puso una camiseta con el mismo diseño, a juego.
Lucky se quedó tumbada en mitad de la cama a salvo, mientras Takao terminaba de ponerse guapo para salir.
Se miró un segundo al pasar en el espejo de cuerpo entero. Levantó la camiseta para mirar su ahora plano vientre. Pasó la mano abierta por el, una y otra vez, hacia arriba y abajo.
Aunque su madre lo había dicho para fastidiar, la idea de un nuevo hijo no se le hacía tan descabellada. Pero claro, estaba el tema de convencer a su marido, ya totalmente desbordado con una hija.
Si le decía que quería otro, estaba seguro de que se le curaría hasta la vista... claro que siempre podría ser un poco, malo... pero un poquito.
No sería la primera pareja del mundo que tenía un "accidente"... un calentón en un sitio sin protección a mano... o, bueno los planes malvados siempre se le habían dado estupendamente bien, sobre todo con ese estirado del que estaba enamorado.
Midorima tenía la manía de tener todo pensado de antemano. Consultaba el horóscopo y no dejaba nada a la improvisación, pero justamente en eso eran tan distintos.
Takao adoraba lo espontaneo, las sorpresas, y si eso implicaba sacarle los colores a su esposo, mucho mejor.
Preparó el carrito de la nena y un par de biberones y la colocó dentro, limpita y perfumada, para ir a buscar a su papá al trabajo y tener una velada en familia.
Sus planes malignos tendrían que esperar hasta la noche, o al menos hasta que pudieran disfrutar de un momento íntimo... un momento muy pero que muy largo.
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Kou intentó escapar. Con todas sus ganas, pero el enemigo era terrible, y rápido... y su padre.
Le agarró por el pequeño tobillo y tiró de él, arrastrándole por todos los cojines del sofá, levantando su camiseta hasta el cuello y mordisqueando por la espaldita y la cintura.
– Pápaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... jajajajaja. – Se giró a un lado, al otro, pataleando sin mucho éxito. – zocodo... mamáááááá.
Pidió ayuda, mientras su mamá, traidor como él solo, le miraba sonriendo sentado en la alfombra. Y su papá se aprovechaba de que era mas grande, y mas fuerte, para hacerle cosquillas hasta robarle el aliento.
No podía reírse mas, ya estaba tan rojo como el pelo de su padre.
La juerga se quedó en pausa cuando Tetsuya se levantó corriendo y fue al baño, después de abrir el zumo de naranja para el niño.
Kou miró a su papá, con una pregunta en su pequeño rostro, y las lágrimas de risa bajando por su mejilla. Sus ojos azules clavados en los rojos de su padre.
– A mamá no le gusta el zumo. – Bromeó con el niño, que seguía mirando serio a su papá, mientras Kuroko vomitaba a gusto. – No, no, si le gusta, es solo... bueno, le duele un poco la tripa. Tenemos que cuidar muy bien a mamá, entre los dos, ¿Eh?.
Kou se soltó de su papá, y fue , caminando por su cuenta, hasta la cocina. Recorrió el camino de vuelta hasta el baño para llevarle a Kuroko un trapo de cocina, con el que limpiarse.
Miró a su mami desde la puerta, preocupado.
Kuroko, que en ese momento se enjuagaba la boca, se quedó de piedra al ver al niño de pie solito, tendiéndole un trapo de la cocina para que se limpiara.
– ¿Te ha traído papá hasta aquí?. – el niño negó, a punto de llorar por ver a su mamá pálido y afectado. – ¿Has venido tu solito?
Se agachó para abrazarle y se quedó en el suelo, sentado. Aunque hubiese querido levantase no habría podido, ya que el mareo que tenía en ese momento no le habría dejado hacerlo sin acabar de culo contra el suelo.
Kou limpió con la mano abierta todo lo que pilló con ella de la cara de su madre, y salió, a buscar a su papá.
Kuroko dibujó una enorme sonrisa, al ver como su hijo caminaba por su cuenta. Era tan gracioso ver el culete abultado que le hacía el pañal, y como se iba sujetando por las paredes cada pocos pasos, que se quedó en el sitio esperando a ver que hacía.
Fue a por su papá, todo lo serio que daba su carita redonda y adorable, y tiró de su papá, para llevarle al baño, donde Kuroko les esperaba sentado en el suelo.
– Venimos a rescatarte, creo. – Kou asintió, y ayudó a su manera a levantar a su mamá del suelo.
– Maaa. – Señaló a un lado, y empezó a caminar despacio, abriendo el camino hasta el sofá para que su papá, que llevaba a Kuroko en brazos, le acomodara tranquilamente en el salón.
– Vaya, parece que tengo un buen escolta. – Besó a Taiga en los labios, tan amorosamente, que por un instante se olvidaron que el niño seguía ahí, si no fuera por que se las arregló para subirse a las piernas de su madre y separarlos por la fuerza.
– Un escolta muy bueno, que sabe como mantenerte a salvo. – Levantó al niño por encima de sus cabezas con una sola mano, para terminar el beso.
Kou pataleó, protestando en su idioma, mientras sus dos padres estallaban en carcajadas, muy divertidas.
Estaba claro que sabía como cuidar de su mamá y que sería un hermano mayor estupendo.
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Kise despertó, solo.
Era raro para él dormir tanto, pero últimamente estaba demasiado cansado, mucho mas que al primer trimestre de embarazo.
En el móvil tenía una docena de mensajes, a cual mas vergonzoso de su prometido.
Se sentó, despacio, y notó el mareo en cuanto puso los dos pies en el suelo, tan bestia, que tuvo que tumbarse de nuevo.
Jadeó, un segundo y llamó a Daiki.
– Hola guapo. – La respuesta del moreno le sacó una sonrisa. – ¿Ahora te despiertas?.
– Si, y es muy raro, sabes que soy muy madrugador. – Intentó sentarse de nuevo, mas despacio y en el centro de la cama, por si acaso. – No me encuentro muy bien, ¿Puedes venir?.
– Claro, voy para allá, no te muevas.
Aomine sabía que a Kise le gustaba ser el centro de atención, estaba acostumbrado a ello, pero iba en serio.
Le conocía lo suficiente como para saber que algo no iba bien. Desde su conversación por la foto nada iba como debería. Kise estaba irascible, y trasladaba su mosqueo al moreno, que aunque intentaba tomarse todo con paciencia infinita, Kise tenía la habilidad de sacarle de sus casillas sin pretenderlo.
Pero esto era muy diferente.
Llegó a su casa en apenas veinte minutos. Kise seguía en la cama, tendido.
– ¿Qué pasa, mimoso?. – Besó su cabeza, sin levantarle.
– Tengo sueño. – Se acurrucó contra él, dispuesto a seguir durmiendo.
– Vale, tu duerme, voy a llamar mientras.
Preocupado hasta el extremo, llamó primero a la doctora.
– Es normal, su cuerpo va preparándose para el esfuerzo del parto, y acumula energías.
– Pero... – Daiki no parecía muy conforme con la explicación.
– Escucha, hacemos una cosa. Me paso a verle cuando acabe la consulta, ¿De acuerdo?. – Esperó la respuesta del moreno, que no llegó. – Aunque puedes venir siempre que quieras, le echaré un vistazo, si te quedas mas tranquilo.
– Vamos para allá, gracias.
No dejó que hablara mas y llamó a un taxi en cuanto colgó.
– Kise, despierta. – Le levantó con cuidado, sentándole contra su pecho. – Nos vamos.
– ¿a donde?. – Adormilado, se dejó hacer.
Daiki le tumbó de nuevo para ponerle el calzado y le ayudó a ponerse de pie.
– La doctora nos espera, echará un vistazo por los bajos, a ver que pasa. – Aunque hizo una sonrisa por dentro estaba aterrado.
Se dio cuenta, mientras iban en el coche hasta la consulta, que si a Kise o a su bebé les pasaba algo, no se lo perdonaría jamás.
No debió dejar que le siguiera a Estados Unidos, era una mala idea desde el principio. Allí Kise estaba solo, sin su familia ni amigos.
Era cierto que habían hecho un montón de amistades allí, pero Kuroko y los demás no le dejarían solo ni un solo minuto, y Daiki lo sabía.
Dejar que Kise fuera con él era su responsabilidad, y si le pasaba algo...
– Señor, hemos llegado. – Le miró girando la cara por completo. – ¿Necesita que le ayude?
– No gracias. – Le tendió un billete para pagar la carrera y le hizo un gesto con la mano para que se quedara con la vuelta.
– Venga, que ya estamos aquí. – Kise cabeceó, en respuesta y eso solo le puso mas nervioso de lo que ya estaba.
Entró en la consulta con su prometido a cuestas, sin hacerle el menor caso a la recepcionista, ni mucho menos a la paciente que en ese momento ocupaba la estancia.
En apenas unos segundos, Kise le fué arrebatado de los brazos.
Una maraña de médicos, gritos, órdenes incomprensibles para él, y frío.
Sintió el frio al quedarse a solas. Un frío glacial, profundo, que le heló hasta las entrañas, y justo después, soledad.
Ahora solo le quedaba esperar.
Se sentó en la consulta, mirado a todas partes y a ninguna en concreto. Tenía la mente en blanco y solo permanecía en el ambiente la última frase de la doctora.
"Espera aquí, nos ocuparemos de todo".
La siguiente hora y media fue la mas larga de su vida.
Hasta que la doctora no volvió, su corazón no volvió a latir de forma natural.
Como disparado por un resorte, se puso de pie frente a ella.
– Kise y mi bebé... – Preocupado hasta el extremo, su mirada se perdió tras la mujer, buscando a su chico desesperado. Al no encontrarlo, centró su atención en la doctora.
– Ya te lo he dicho por teléfono. Tu chico está bien, solo preparándose para el gran día, y tu niña también, está perfecta, creciendo y poniéndose mas gordita cada día. – Levantó la carpeta con un montón de hojas. – He hecho todas las pruebas que ya teníamos hechas, y alguna nueva. Kise es un deportista, a si que, su base es buena, solo que consume mas energía de la que ingiere, por eso se cansa. Le he cambiado la dieta y …¿Estás bien?.
– ¡Dios!. – Cayó derrotado contra la silla, recuperando el aliento que no sabía estaba conteniendo sin darse cuenta. – Está bien, gracias al cielo... – Miró a la doctora, sonriendo de lado. – ¿Niña? Es una niña.
– Si, es una niña. – Rebuscó entre las pruebas la ecografía, donde se veía perfectamente que era una pequeña mujercita. – De todos modos, Kise se queda ingresado, en observación. Solo por hoy, hasta mañana.
– Si todo está bien, ¿Podría viajar?. – Aomine preguntó ya mas tranquilo.
– No veo por que no, la verdad. – Miró los resultados, poniendo atención. – Hasta los ocho meses, puede viajar, tomando ciertas precauciones, no habría problema alguno.
– ¿Puedo verle?. – Pidió, serio.
– Claro, ven conmigo. – Señaló por el pasillo, llevándole a su lado.
En la habitación, Kise estaba rodeado de enfermeras, que le atendían como si fuera de cristal.
Aomine se paró en la puerta, unos segundos. Mirándole, solo mirándole.
Reía a carcajadas. Y firmaba autógrafos, se hacía fotos, con unas, con otras...
Kise, en su salsa. Brillando, riendo, como siempre.
Tan hermoso.
Sus ojos bajaron, a la curva de su vientre.
A su hija, su pequeña.
Sus miradas se conectaron, en algún lugar entre ellos, y una sonrisa afloró sin darse cuenta a sus labios.
– Hemos hecho una niña. – Dijo de broma, sacándole una carcajada.
– Eso me han dicho. – Se inclinó para besarle, delante de las chicas sin pena alguna, pero no lo hizo, en su lugar le acarició el pelo con la punta de los dedos.
– Descansa, por favor. – Le pidió, serio. – Nada de macro-fiestas, ni strippers, hasta que yo vuelva por vosotros. – Posó la mano en la barriga de Kise, mirándose con sumo amor. – Mañana hablamos.
– Vale, ten cuidado. – Se despidió con la mano, y siguió con las risas y las enfermeras.
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Uuuffff que de cosasssssssssssss jajaja
Me encanta Takao, conspirando con tra su esposo jajaja
ah, que luego se quejan que no lo entienden: cuando Kou, dice : zocodo, quiere decir Socorro, con su lenguita de trapo.
Y lo de Kise... jummm
Gracias por pasaros, os lovio.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
