Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 16:Fiesta del bebé.
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Akashi esperó sin moverse de la cama, a pesar de estar despierto. Se le encogía el estómago solo de recordar las mañanas vomitando, y los mareos matutinos.
Ahora que los bebes crecían en su interior, evitaba de forma casi obsesiva cualquier cosa que pudiera sentarle mal, o fuera nociva de cualquier modo.
Por esa razón siempre esperaba unos minutos tendido en la cama antes de levantarse.
Caminó a pequeños pasitos hasta el baño, refrescándose la cara y la nuca. Tenía calor, y eso que solo llevaba el pantalón del pijama, pero era un síntoma que ya le había advertido la doctora.
El calor era algo normal, y el sueño. No se sentía cansado, ni pesado, solo muy tranquilo.
Demasiado, tanto, que se dormía en cualquier lugar o postura sin poder evitarlo.
Suerte que Murasakibara siempre estaba pendiente para que no acabara dormido en una postura embarazosa o en un sitio peligroso.
Una sonrisita afloró al recordar que se había dormido en el gimnasio, y que Atshusi le había echado una bronca de campeonato, argumentando que los bebés aún eran puntitos en la tele y que sin manos no podían jugar al basket, a si que, Akashi debía mantenerse alejado de la cancha, por el bien de los puntitos.
Sacó la báscula del armarito del lavabo y el cuaderno con la taba de crecimiento.
Se midió el vientre, desde la cadera, el centro y debajo del pecho, anotando hasta el último milímetro en el cuaderno y luego subió a la báscula.
Chasqueó la lengua. Estaba dentro del gráfico, los parámetros normales... pero seis kilos, eran un montón de peso extra, y eso que aún no había terminado el primer trimestre.
Una ducha refrescante y un cambio de ropa limpia le subió la moral. Ahora tenía hambre.
Su chico entraba con la nena de la mano, los dos en pijama y curiosamente con el pelo de punta por el mismo lado.
Kibu se abalanzó sobre él en cuanto lo vio aparecer.
Un beso de buenos días, y un saludo a los bebés.
Era curioso pero Murasakibara tenía mano para la cocina. Era muy divertido verle cocinar, animando a las magdalenas para que subieran esponjosas desde la puerta del horno, o buscando azúcar de colores con el que adornar los bizcochos.
A si que, mientras él preparaba el desayuno, Kibu se entretenía con su papá.
Akashi le acarició el pelo, y miró un momento a la puerta que conectaba los dos apartamentos.
Hacía ya varios días que no veía a Himuro. Y tenía un extraño presentimiento, pero tampoco quería preocuparse por nada, y que luego fuera algún síntoma perdido que la doctora había olvidado.
Kibu se comportaba como siempre, risueña y revoltosa a su manera, pero normal.
Akashi se sentó, en el sofá, y la niña le escaló, para acabar sentada en sus muslos, acariciando la pequeña redondez de su vientre con sus dos manitas abiertas.
– Mami tene bebé, dentro. – Abarcó la cintura del pelirrojo con sus bracitos. – Como papá, pero uno solo... yo ve, en la cabeza, bebé pequeñito. – Levantó la mano para hacer el gesto de pequeño con los dos dedos de una mano y luego dirigió el índice de punta a su sien, para mostrarle a su papá el lugar exacto donde veía al bebé
Akashi miró a la pequeña sorprendido.
¿Himuro estaba embarazado?. Que él supiera no salía con nadie, aunque si disfrutaba de algún que otro fin de semana de soltero, pero siempre eran visitas al cine o una cena con Kuroko y los demás.
De relaciones románticas no tenía ni idea.
¿Por qué no había comentado nada? Lo mas seguro era que acabara de enterarse, o que la niña hubiera heredado su peculiar talento para adivinar el futuro cercano, lo que significaba que Himuro se enteraría justo ese mismo día.
– Vaya. – Akashi le peinó el pelo con los dedos. – Vas a tener un montón de hermanos de golpe. – Kibu asintió, contenta.
– Kibu-chan, ¿Me ayudas a poner la mesa?. – El pelimorado se asomó un segundo, sonriendo.
Akashi se quedó pensando mientras los dos colocaban la comida y los platos para desayunar.
Se sentó en su sitio y escuchó como Kibu le contaba a Murasakibara lo de su nuevo hermano.
Lo siguiente que escuchó fue un plato rompiéndose en mil pedazos en el suelo de la cocina.
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Takao gruñó, molesto.
Ese cuatro ojos capullo volvía ha hacerlo. Últimamente pasaba el día ocupado, haciendo su vida como si nada.
Kazunari se ocupaba de Lucky, el instituto, la lavandería, el paseo de la tarde, la merienda, la compra, la cena, la limpieza, todo.
Midorima, iba al instituto, al entrenamiento, de reunión con el consejo de estudiantes, a la tienda de libros, y de vez en cuando, a comer con los del equipo y sus amigos.
Takao no podía creerse que lo hubiera olvidado.
Su vida de matrimonio se resumía a los pocos minutos que usaban para bañar a la niña, darle la cena y dormirla.
Después los dos estaban tan cansados, Midorima por el día ocupado, y Takao por lo mismo unido a su reciente embarazo, que se quedaban completamente dormidos.
Y otro día amanecía, sin apenas cruzar palabra.
Y ya estaba harto. Quería su tiempo para él, y quería un polvo, uno de los ardientes y desesperados, de los que le hacían gritar hasta que le dolía la garganta al día siguiente.
Gruñó de nuevo.
Hoy era el día libre en la tienda, y en lugar de ocupar la tarde con ellos, una salida en familia y un par de horas con las abuelitas de canguro para poder disfrutar de un tiempo a solas en pareja, Midorima había quedado con el equipo, para jugar un partido amistoso y pasar la tarde en un picnic. Con ellos.
Takao colocó a la niña en el carrito, y preparó la bolsa con todas las cosas. Se vistió, lo mas sexy y guapo que pudo y salió de casa, dispuesto a darle a su esposo una lección importante.
Justo como pensaba, estaban el la cancha libre de uso público. Entre los árboles había manteles con comida preparada, una barbacoa, bebida.
Se lo estaban pasando bien, que sorpresa.
Takao se paró un momento, para mirarle jugar. Adoraba a su esposo jugando, sudado, y jadeante, aunque lo adoraba mas cuando sudaba y jadeaba solo para él.
Que bueno estaba el condenado.
Recordó el motivo por el que estaba ahí, y empezó a andar hasta el grupo.
Midorima trotó hasta la salida en cuanto le vio, y el resto le siguió divertido.
– Toma. – Colgó la bolsa en su hombro sin decir ni hola, y tiró de su mano hasta posarla en el manillar del carro. – Tu hija está dormida y limpia. Tienes todo en la bolsa, y el próximo biberón es en dos horas. Diviértete mucho. Hasta luego, chicos.
– Espera... Takao. – le llamó, haciendo que Miyaji se ocupara de la niña y le siguió un par de metros. – ¿Qué pasa?. – Confuso y aún cansado, le miraba esperando encontrar la respuesta en su cara.
– ¿Qué pasa?... ¿Qué qué pasa?. – Le picó con el dedo de punta en el pecho. – Pasa que estoy harto de pasar las tardes solo. Estoy embarazado y quiero a mi marido en casa. No soy tu chacha, ni una incubadora gigante para engordar a tus hijos, soy tu marido, y si no vas a hacerme caso, buscaré quien me lo haga.
– Pero estoy muy ocupado... no lo hago a propósito ni nada, yo. – No pudo seguir, por que la vena en la sien del moreno amenazaba con saltarle a la cara y darle un mordisco. – Además, dijiste que no te importaba si salía con el equipo...
– Y no me importa, ¿No lo ves?. – Su mirada decía que Midorima iba a dormir solito una temporada. – Solo quiero que te ocupes de tu hija mientras me voy de compras, a comer algo, o a buscar a alguien que me de alegría... Ahí te quedas. – Se inclinó sobre el carrito y besó la cabecita de su hija con amor, procurando no despertarla por nada del mundo. – No dejes que tu padre se meta en lios, ¿Entendido?
Iba a responder, de verdad, pero los integrantes de Shutoku, a su espalda haciendo señas de que mantuviera la boca cerrada le indicaron, que a lo mejor, era posible, que si mantenía la boca cerrada no la cagaba mas.
Le vio alejarse, contoneando las caderas llenas, enfundadas en esos pantalones negros que le hacían un trasero de infarto, y suspiró, consciente de que ya estaba metido en un buen lío.
Para el equipo no era el fin de la diversión, los chicos se arremolinaron todos juntos alrededor del carrito, mirando a la pequeñita dormir.
…..
En cuanto se alejó lo suficiente sacó el móvil y llamó a Kuroko.
– ¿Haces algo importante ahora mismo?. – Preguntó un poco molesto, todavía.
– La verdad, no. – Kuroko se sorprendió de que le llamara Takao, pero no le dijo nada. – ¿Por?.
– Por que vamos a hacer una fiesta del bebé, solo para mamás. – Decidido dibujó una sonrisa, al tener tan buena idea. – Echa a tu marido, voy a llamar a todo el mundo, vamos a tu casa.
Kuroko colgó confuso.
Miró a Kagami, dormido en el sofá y a Kou, sobre su pecho, de lo mas tranquilos.
Le zarandeó con delicadeza, hasta que esos preciosos ojos le miraron, adormilado.
– ¿Ya es la hora?. – Bostezó torciendo la cabeza, buscando su móvil para mirar la hora.
– Aún no, siento acortar tu siesta. – Le besó, despacito, muy despacito. – Pero tienes que irte... hay una fiesta.
– ¿Dónde?. – Levantó la mano que estaba posada en la espaldita del niño y la posó en la nuca de Kuroko, para extender el beso todo lo posible sin despertar a su hijo, que estaba de lo más cómodo sobre su papá.
– Pues, por lo que acaban de decirme, justo aquí. – Animado por los besos, le acarició la frente y la sien con la punta de los dedos. – Pero es solo para mamás, tienes que irte... tenéis que iros, los dos.
Kagami bostezó, al tiempo que Kou se alzaba de golpe, con una sonrisa.
– Tenemos que irnos. – Kou aplaudió.
– Paque... – Sus ojitos azules brillaron contento.
– Vale, nos vamos al parque. – Le levantó por encima de su cabeza con los brazos estirados. – ¿O me necesitas para algo?.
– No, gracias. – Besó sus labios, y le miró, sonriendo. – Divertíos.
…..
Kise miraba la calle desde la ventana del salón de Kuroko. Media hora antes había recibido un mensaje de su amigo, para que fuera a su casa, a una fiesta improvisada.
Y los demás se divertían. Takao reía a carcajadas, sonoras y escandálosas.
Himuro se limpiaba las manos, despues de lavar platos polvorientos para que hubiera para todos.
Akashi a su lado, veía interesado la conversación de Takao y Kuroko, sobre logros de sus pequeños hijos.
Era curioso, que todas las mamás estuvieran reunidas en el mismo sitio.
Pero él solo podía pensar en Aomine, en su silencio.
No había conseguido hablar con él, ni un mensaje, nada.
Miya san y los demás tampoco le decían nada, y estaba frustrado. Normalmente se salía con la suya, y esta vez, no sabía que hacer.
Kise Ryota estaba sin recursos.
– Kise kun. – Apartó la mirada de la calle al escuchar su nombre. – Aomine kun... está bien, deja de preocuparte.
El modelo abrió mucho los ojos, sorprendido.
– Será cabrón hijo de …. – resopló por la nariz, cabreado. – ¿Te ha llamado?, ¿Qué te ha dicho?...
– Solo eso, que está bien, y que no te preocupes. – Akashi intervino, relajando a Kise con el simple tono de su voz.
Derrotado se sentó de nuevo.
Hizo unos morritos muy graciosos y resopló por ellos.
Se llevó la mano al vientre y acarició, despacio. Bajo ella la niña se movía, ondulando bajo la piel tirante de su tripa de siete meses.
– Kurokocchi. – Surruró acaparando la atención de todos. – ¿Duele mucho?. – La carita del modelo les decía a todos que empezaba a tener conciencia de lo que le esperaba.
– Le estás preguntando a la persona equivocada. – Himuro se sentó al otro lado, palpando al bebé de Kise con su mano. – Kuroko es marciano.
Kuroko le arreó con la mano en el hombro, fingiendo molestia y haciendo al resto reír.
– Tiene razón, yo estaba allí. – Takao puntualizó. – Daba miedo verle tan tranquilo.
– No te vamos a mentir, si que duele. – Himuro le sonrió, dulce. – Al menos a mi si me dolió, y eso que Kiseki nació antes de tiempo.
– Jooo. – Protestó. – Es peor para Akashicchi, que tendrá dos. – Abrazó al pelirrojo con gesto teatrero.
– No voy a tenerlos al mismo tiempo, Kise. – El pelirrojo murmuró, serio. – Y la doctora dice que seguramente, también los tendré antes de tiempo. Pero nacerán de uno en uno, a si que será como uno normal, pero un poco mas largo.
– Y tan largo, son hijos de Murasakibara. – Todos estallaron en carcajadas. – Como se parezcan a su padre, serán larguísimos , los dos.
– No tiene gracia. – Akashi le dio un manotazo en el hombro, de broma. – Y te recuerdo que Daiki tampoco es que sea un enano.
– Todos son unos larguiruchos, asquerosos. – Takao gruñó, aún seguía enfadado con Midorima.
– Bueno, ya que estamos de confesiones. – Himuro alzó la voz por encima de los lamentos del rubio. – Estoy embarazado... otra vez.
El silencio que siguió a la confesión se podía cortar con un cuchillo de lo denso que era.
– Pues ya te vale. – Kazunari le revolvió el pelo, haciendo morritos.
– Bueno, Kibu chan es mayor para un hermanito. – Kise relajó un poco el ambiente. Se sentó hacia atrás, espatarrándose demasiado cómodo. – Ahhhh me muero por echar un polvo...
Risas generales.
– Pues échalo. – Takao sacudió la mano frente a su cara. – ¿Quien te agarra?.
– Nadie, pero no tengo con quien. – Morritos. Mirada penetrante a Takao. – ¿Me prestas a Midorimacchi?.
– Y te lo envuelvo para regalo si quieres. – Risas de nuevo. Akashi se dobló hacia delante rojo de tanto reírse.
– Yo no, Kagami kun es mío. – Kuroko intervino, haciendo que las risas subieran de nivel, sobre todo cuando el peliceleste hizo el gesto de auto-complacerse con la mano. – Además eres modelo, Kise kun. Seguro que conoces muchos chicos guapos con los que desfogarte...
– Nadie quiere acostarse con una cosa gorda y fea, como yo. – Puchero teatral. – Mírame... soy muyyyyyyyyyy gordo. Y tengo esta cosa... – Señaló la línea mas oscura que partía su vientre en dos. – Ademas, nadie lo hace como mi Daiki... Quiero a ese bastardo egocéntrico... es tan guapo... y tan sexy, y la tiene mmm – Miró a Kuroko al darse cuenta, temiendo ofenderle si seguía hablando de su novio. – Perdón, yo...
Kuroko le regaló una sonrisa, diciéndole con ella que todo estaba bien, que no le importaba hablar de Daiki.
– El tamaño no importa, lo importante es lo que saben hacer con ella. – Akashi dijo tan serio que el resto le miró con una sonrisa socarrona.
– Lo dice el que se acuesta con un tío de dos metros. – Takao murmuró por lo bajo.
– Dos cero ocho. – Akashi le sonrió. – Pero eso no quiere decir que el rabo le mida dos metros.
Silencio de circunstancia, todas las miradas puestas en el pelirrojo, alucinados.
– Has dicho rabo, Akashicchi. – Kise se aguantaba la risa.
– Ya, ¿Y?. – No entendía la risitas del grupo.
– Podrías haber dicho, colita, o pene, o pito... es raro oírte decir esa palabra. – Himuro también estaba sorprendido.
– En su caso, rabo es una buena definición. – Si no fuera por que era raro, hasta se podía decir que había cierto tonito presumido.
– Dejad ya de hablar de pollas. – Kise posó las dos manos en su vientre, simulando tapar las orejas a una cabeza gigante, aprovechando el bulto de su pequeña. – No quiero que mi hija sepa esa palabra, al menos hasta los treinta, o los cuarenta...
– Es lo malo de tener niñas. – Himuro se solidarizó con el rubio.
– ¿Qué tiene de malo tener una hija?. – Takao no entendía la lógica del moreno.
– No tiene nada de malo, pero solo de pensar que en algún lugar del mundo, hay un chico que dentro de quince o veinte años se la va a tirar, ya me pone de mala leche.
Todas las miradas se posaron de repente en Kuroko, que no entendía nada hasta que recordó, que él era el fabricante de uno de esos posibles novios futuros de las hijas de sus amigos.
– A mi no me preocupa eso. – Kise orgulloso, miró a todos. – No va a nacer un tío con los huevos suficientes como para enfrentarse a su padre. – Señaló su barriga.
Risas generales, de nuevo.
– Tenemos que repetir esto, quedar nosotros, sin maridos, ni niños. – Kuroko pidió al resto.
– Kurokocchi, no puedo dejar la barriga en casa. – Miró a Akashi, y su pequeña curvita, y a Takao, y a Himuro... – Dentro de un par de meses vamos a ser un grupo de gorditos.
– Sobre todo tu, rubito. – Takao le señaló con el dedo. – Dentro de dos meses estarás espatarrado en una camilla empujando como un loco.
– Muy gracioso, si señor. – Fingió estar ofendido, pero solo un poco. – Lo bueno es que tu también estarás igual que yo...Ese gafitas con el que estás casado tiene un problema para tenerla dentro del pantalón... estarás teniendo bebés todo el tiempo como no le detengas... o se la plastifiques...
– O se la cortes. – Akashi hizo un gesto de tijeras con los dedos de la mano...
– Que amigos mas estupendos tengo...
Las risas inundaron la cara de Kuroko, y eso le gustaba, y mucho.
Ciertamente, tenían que repetir esas reuniones.
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Holitasssssssssssssss, buenoooooo esas mamás juntas, que peligroooo ajajajaj
Gracias por el apoyo y espero que os guste el cap...
Besitos y mordiskitos
Shiga san
