Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 17:Tramposo.
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El biberón de las diez de la noche estaba listo. La leche templada y la niña mirando los ositos de peluche que danzaban sobre ella con la musiquita, con un sonido similar a un simulacro de llanto cada pocos segundos.
Midorima se dio prisa, mucha. Quería que la niña cumpliera un horario, cosa que nunca pasaba. Lucky había heredado su total despreocupación por los horarios, los tiempos y los actos monótonos.
Para su absoluta desgracia, la niña comía cuando tenía hambre, dormía cuando estaba aburrida y lloraba cuando estaba incómoda. Cuando aprendiera a hablar, sería una copia en miniatura de su madre, al menos en su actitud.
Se sentó en la cama, con ella en brazos y le colocó el babero con gestos mecánicos, repetidos hasta la saciedad la última semana.
Su esposo seguía enfadado con él, prueba de ello era la manta y la almohada doblada en un lado del sofá del salón, lugar donde llevaba durmiendo desde entonces.
Lucky clavó sus enormes ojos en su papá, bebiendo con ganas, tratando de agarrar la botella con sus manitas de algún modo.
No pensaba disculparse, punto. Aunque Takao le obligara a dormir para siempre en el sofá.
El que tenía que disculparse era él, por fastidiarle el partido llevándole a la niña.
Hasta que apareció, se lo estaba pasando bien, no entendía para nada la molestia de Kazunari, y del mismo modo, tampoco entendía que era lo que había hecho que le había convertido en el villano del cuento.
Suspiró expulsando el aire por la nariz, con cuidado. Lo último que quería era una nueva sesión de lloros de su hija. Era increíble como una cosita tan pequeñita y adorable, podía emitir un sonido tan irritante y a tal volumen.
Herencia de Kazunari, por supuesto.
Necesitaba su espacio, y se lo había pedido. La respuesta de Takao había sido favorable, a si que, no tenía razón alguna para estar tan enfadado... y no solo eso, si no para mantener el enfado durante una semana entera.
Siete días con sus siete noches en las que Midorima hacía el trabajo de Takao, en la casa, y con la niña.
Y a las diez de la noche estaba absolutamente agotado. Y eso que no tenía que hacer la súper colada del club, ni sufrir en su cuerpo los altibajos de los primeros capítulos del embarazo.
Embarazo.
Esa palabra rebotó en su cabeza, brillando intensamente tras sus ojos, queriendo decirle algo que podía ser importante.
Miró el biberón que ya iba por la mitad, quitándolo de los labios de la pequeña para ayudarla a expulsar los gases.
Seguía pensando, frustrado.
Takao embarazado era mas mimoso, mas adorable y mas sensible. Mientras alojó a Lucky en su interior, buscaba su contacto de manera inconsciente, con las escusas mas simples.
Me pica la nariz, servía para acariciarle el pecho con la punta de la nariz, alegando que tenía las manos sucias, cuando el de gafas sabía que no era cierto, le dejaba abrazarlo, le gustaba abrazarlo.
Pasaban las horas abrazados, desnudos, con la simple finalidad de disfrutar de la mutua compañía. De sus caricias, de sus besos distraídos en lugares inverosímiles, de sus preguntas infantiles.
Midorima cambió a la pequeña de brazo y volvió a poner el biberón en sus labios para que lo terminara
Takao le había echado en cara que le dejaba solo... eso nunca había sido un problema, a si que...
Lucky le manoteó en los dedos, haciendo saltar el biberón, que acabó en el suelo, rebotando un par de veces hasta detenerse junto a la pared.
Afortunadamente estaba casi terminado, aún así, el ruido que hizo al caer al suelo, sobresaltó a la niña, que empezó a llorar con ganas.
– Por favor, no... – La acunó con cariño contra él, meciéndola con mucho cuidado para que no vomitara lo que acababa de comer. – Por favor, por favor, por favor.
Las llaves tintinearon en la puerta al tiempo que Lucky subía el volumen de sus reclamos.
Takao sonrió al dejar las llaves en el gancho de la puerta.
Se pasó la mano por el pelo sintiéndose un poco culpable, pero solo un poco.
Venía del cine, de la penúltima sesión, a la que había arrastrado a Kuroko con él, para dejar a Midorima todo el tiempo posible con la niña.
Miró la manta, doblada púlcramente en el reposa brazos del sofá y estrechó la mirada.
No iba a disculparse con él, por que no tenía ni idea de que era lo que había hecho mal y eso le molestaba, y mas viniendo de su inteligente esposo.
Bien, tenía maneras de obligarle a disculparse, y si le apurabas un poco, incluso le obligaría a bailar la danza de la victoria con una faldita hecha con hojas de palmera y dos mitades de cáscara de coco en sus tetillas.
Se asomó al origen del escándalo.
Una sonrisa enorme llenó su cara.
Midorima trataba de calmar a la niña, que de algún modo, había acabado llorando con todas sus ganas.
Como todos los bebés del mundo, cuando estaban enfadados, o incómodos, o se habían hecho daño, Lucky solicitaba la atención de su mamá.
Su papá estaba bien, le gustaba, pero mamá era mamá.
Y ese era uno de esos momentos en los que mamá era necesario, pero Takao contemplaba la escena como un modo mas con el que torturar a su insensible esposo.
Ese esposo que le había dicho que era sencillo cuidar de la niña, que no entendía sus quejas.
No le gustaba escuchar a la niña llorar, aunque también sabía que no le pasaría nada por un par de lagrimitas.
– Dilo, y te ayudo. – Su voz sonó firme, por encima de los gritos de la pequeña, que a esas alturas se revolvía en los brazos de su padre, como si quisiera escapar de él de algún modo, aunque fuera reptando por el suelo.
– No voy a disculparme. – La puso de pie sobre sus muslos, posando la pequeña barbilla de la niña en su hombro. Lucky bajó el llanto en respuesta al cambio de postura.
Reparó en su mamá, y se calmó un poco mas.
Takao caminó hasta ponerse a su lado, y le mantuvo la mirada, unos segundos que a los dos les pareció una eternidad.
En el silencio del cuarto, el eructo que salió del pequeño cuerpo de la hija de ambos se escuchó perfectamente.
Los dos sonrieron divertidos. Era totalmente increíble que un cuerpecito tan pequeñito y delicado pudiera hacer un ruido tan grotesco.
Shintarô se levantó y pasó por su lado, mirándole de soslayo sin detenerse. Cambió a la niña de pañal y la acostó de nuevo en su cunita. Dio cuerda al móvil de peluches y se quedó de pie junto a ella, esperando que se durmiera para ir a su "nueva cama".
Kazunari le observó unos minutos, desde su postura, junto a la pared.
Mentalmente dibujó una sonrisa traviesa.
Hizo el suficiente ruido como para llamar su atención.
Lucky se afanaba en succionar su chupete completamente dormida.
Su mamá avanzó hasta el biberón, y se agachó para recogerlo.
Mierda.
Midorima tragó saliva, haciendo a Takao sonreír de nuevo.
Llevaba unos vaqueros, pero no unos cualquiera. Eran "esos" vaqueros, los que tenía desde hacía un tiempo y le hacían un trasero de infarto. Y se agachó frente a él, dándole una visión panorámica y cercana de lo que se perdía por ser tan cabezón.
Se alzó todo lo alto que era, con el biberón en su mano, y se paró, al pasar por su lado.
Sus ojos azules clavados con toda la intención en los verdes. Sacó la lengua apenas un centímetro, y mojó con ella el labio inferior.
Todo podía terminar con una disculpa. Pero su esposo no admitiría que no tenía ni idea de por qué disculparse, ni preguntaría la razón del enfado de Takao, por que para él, no tenía ningún motivo para enfadarse, por nada.
– Bien, si no te importa, me gustaría dormir, y estás en mi cuarto. – Empezó a desnudarse sin vergüenza alguna, con movimientos incitantes y sinuosos.
Estaba claro que quería dormir solo.
Cuando se sacó la camiseta Midorima estaba mirando fijamente su vientre, aún plano.
Se inclinó hacia delante para quitarse los vaqueros estando de pie.
Iba a dormir solo, y embarazado. Aunque aún no se notase, el bebé estaba ahí.
Y fue cuando se dio cuenta. Takao tenía miedo... y por eso le quería a su lado.
Tampoco es que fuera muy difícil de comprender, pero su problema de comunicación seguía ahí, presente.
No es que fuera un problema en sí, Midorima daba prioridad a otras cosas, y suponía que era lo bastante obvio como para no tener que dar explicaciones de sus actos.
El problema es que su marido era siempre una nota discordante. Takao era puramente emocional, y todo ese rollo estirado estaba bien para verlo, era hasta divertido, siempre que no tratase de imponérselo.
Uno no iba a admitir que tenía miedo, y el otro que no se había dado cuenta. El problema era así de simple, nada mas.
Cuando comprendió todo Takao le daba la espalda, caminado en ropa interior al baño, con el pijama aferrado en un puño blanco por la fuerza con la que lo estaba agarrando.
Midorima se inclinó sobre la niña, para besar su frente y asegurarse de que estaba completamente dormida, y miró la puerta del baño con los ojos entrecerrados.
Entró tras él, apenas medio minuto después.
Takao abrochaba los botoncitos de la chaqueta del pijama, de espaldas a él.
Ni le sintió entrar al baño, ni mucho menos caminar hasta su espalda.
Si que sintió sus manos, abriendo lo que acababa de cerrar, saltando dos de los botones hasta acabar en el suelo. Y esas mismas manos, recorrer sus costillas con una caricia, y un intento de beso.
Pero solo eso, un intento.
Takao le empujó con la suficiente fuerza como para apartarle de él, pero siguiendo abrazado por él.
– Dilo. – Repitió, sin molestarse en evitar que le besara, el cuello y la clavícula.
Midorima apartó una parte de la chaqueta, dejando libre su pecho, que regó de besos, húmedos y calientes.
– Lo siento. – Murmuró junto a su ombligo.
– Eso no te va a librar de dormir en el sofá. – Se incorporó, posando los codos en el suelo, elevando la mitad superior del cuerpo, apartando las partes del pijama a los lados, dejando su torso completamente a merced de su marido, que arrodillado entre sus piernas, miraba sin pestañear la zona en cuestión.
– Me parece bien. – Tomó el pantalón entre dos dedos y tiró un poco, lo suficiente como para alojar un beso en su bajo vientre. – Dormiré en el sofá... y tu conmigo.
Takao le agarró la cara con las dos manos, y le subió a la altura de sus labios.
La lengua caliente del moreno se internó en sus labios, sin vergüenza alguna, con una pasión que le detuvo el corazón en el pecho.
– Acepto tus disculpas.
Midorima sonrió, nunca disculparse le había gustado tanto. Iba a asegurarse de que su chico nunca volviera a dudar de él.
Otra enseñanza mas. La vida le iba enseñando como acertar, enamorarse y vivir, ser padre y esposo, compañero y amigo.
Tomados de la mano, pasaron un momento para ver a su hija, conectar el intercomunicador y salir de su habitación, para ocupar el sofá.
Midorima adoraba a Takao embarazado.
Y el moreno adoraba estar embarazado.
Y desde ese día, adoró también dormir en el sofá.
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Kibu corrió asustada por el salón. Golpeó la puerta con sus manitas, sin respuesta.
Buscó con sus ojitos desiguales por la habitación algo que le sirviera. Había visto a su mamá mil veces usar el móvil, pero ella no lograba quitar el gran candado que llenaba la pantalla por completo.
Sollozó, impotente, sin saber muy bien que hacer.
Intentó llegar al tirador de la puerta, pero incluso de puntillas, apenas rozó con la punta del dedo el picaporte.
Miró de nuevo alrededor. La silla.
La empujó hasta ponerla al lado de la puerta y se subió con nervios.
Abrió lo suficiente como para pasar por la rendija y entró al apartamento de Akashi y su chico.
Murasakibara sintió el tirón de la niña en la manga de la sudadera que vestía.
Estaba frente al pc, con los cascos puestos, y la música alta, terminando un trabajo que debía entregar en dos días.
– ¿Qué le pasa a Kibu chan?. – Apartó los cascos de un tirón y se giró usando las ruedas de la silla para moverse.
Tomó a la pequeña en brazos, y la sentó sobre sus muslos. Miró hacia la puerta abierta y la escuchó hipar por el llanto.
Akashi levantó la mirada del libro que leía tendido en la cama en cuanto los vio entrar.
– Quédate con papi, voy a rescatar a tu mami, ¿Si?. – Limpió la carita de la pequeña con la mano y la dejó en la cama, junto a un muy confundido Akashi.
Kibu se abrazó a su barriga redondita y se quedó ahí, tranquilizándose lentamente.
Murasakibara entró en el apartamento junto a suyo. Empujó la puerta con un poco de fuerza, ya que la silla estaba pegada a ella y entró con pasos firmes.
Encendió todas las luces que encontró, y en el baño estaba Himuro inconsciente.
Antes de moverle miró bien por todas partes. Había sangre y seguramente era lo que había asustado a la niña. También vio el teléfono junto a él en el suelo.
Kibu era una niña muy lista.
Mojó la toalla de manos en el lavabo y lo pasó por la cabeza, en la herida abierta que tenía ahí.
No era profunda, pero había sangrado lo bastante como para tenerle mareado un rato.
Akashi se asomó desde el pasillo, con Kibu cogida de sus dedos.
– No puede quedarse solo. – El pelirrojo susurró, viendo la escena.
Murasakibara asintió. Si se desmayaba en la terraza o en la cocina con el fuego encendido, podría ser mucho peor.
Y gracias a que la puerta que conectaba los dos apartamentos no estaba cerrada del todo y que de algún modo, Kibu había conseguido alertarles.
Le giró en el suelo y pasó el otro lado de la toalla mojada por la cara y el cuello.
En sus brazos el moreno parecía mucho mas pequeño.
Le dejó en la cama y volvió a examinarle, por todas las partes que estaban a la vista.
– ¿Mami tiene pupa?. – Kibu volvió a hipar haciendo el esfuerzo de no llorar.
– Noooo... mami está jugando a la bella durmiente... – Apretó los labios y posó la mano en su barbilla fingiendo pensar seriamente. – Tendremos que buscar un príncipe que le de un beso de rana...
La niña emitió unas risitas bajas, y le señaló directamente.
Akashi miró a su hija confuso, y la niña le señaló también.
– Eso es. – Dio una palmada divertido. – Dos besos de dos príncipes muy guapos y de una princesa adorable...
Kibu besó a su mamá, y nada, Himuro ni se movió.
Akashi le besó en la frente, y luego en la mejilla, sin resultado.
La pequeña se sentó con las piernas a los lados, inflando los mofletes, frustrada.
– A-kun te toca. – Cruzó sus pequeños brazitos por encima del peto amarillo con corazones que vestía y se acomodó sobre el colchón, a la altura de la cadera de su mamá.
Akashi se sentó junto a ella.
Y la siguiente escena le dejó con la boca abierta.
Atsuhi le miró, de reojo, con un semblante mas adulto y serio que nunca. Akashi solo le había visto esa mirada una vez desde que se conocían. Y fue cuando le dijo que haría lo que fuera para quedar embarazado, cualquier cosa.
Esa mirada significaba muchas cosas. Y cuando sus labios se posaron en los contrarios con absoluta dulzura, no necesito nada más para entenderlo todo.
A eso se le podía llamar justicia poética.
El destino, que es una zorra hija de puta vestida de cuero, siempre te la devuelve.
Cuando los brazos de Himuro se alzaron para posarse en sus hombros y alargar el beso sin abrir los ojos quedó claro que la bella durmiente había despertado.
Y que estaba bien.
Y por el bien del bebé que estaba en camino, la puerta tenía que estar abierta, permanentemente.
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Hale, matarme jajajaj
Gracias por todo, en serio.
El siguiente cap será entero de Kise, de hecho creo que me llevará un par de caps o tres su sorpresa y lo que viene después y eso, un par de flashback de ellos juntos y por separado, que dan sentido al relato...
Bueno como sea.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
