Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sopresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 18:Completamente enamorado.
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No había querido pensar en ello, ni mientras se alejaba hacia el aeropuerto sentado en el taxi.
Ni mientras sentado en el avión se alejaba de su prometido.
Ni mientras esperó que saliera su maleta, ni al bajarse del taxi de nuevo, horas de cansancio después, cuando sacó las llaves del apartamento que compartía con Kise...
Su casa, que en ese país que le era ajeno, se le hizo inmensa, interminable.
Sin Kise no podía evitar verla mas oscura, mas inmensa y mas desértica que nunca.
Dejó la maleta en la entrada, pero no soltó la revista que había tomado del avión.
No sabía cuantas veces había seguido las líneas de su chico en la portada.
Ni cuantas veces había leído y releído el artículo sobre su reciente embarazo. Mucha de la información era falsa, con la simple intención de vender la ropa que vestía el modelo en una de las fotos, o el reloj que lucía en la siguiente.
A Daiki no le importaba lo mas mínimo lo que dijeran, la verdad, es que solo veía las revistas cuando Kise se lo decía.
Se sentó, derrotado, y muy cansado en su sofá, dejándose caer sobre los cojines, muy pesado.
Aún podía disfrutar del aroma del modelo, olía su piel en la tapicería del sofá, su colonia... si cerraba mucho, pero mucho, los ojos, podía verle a su lado, con el pijama mal puesto, haciendo alguna broma sin gracia para "obligarle a hablar".
Acababa de volver y ya le echaba desesperadamente de menos.
Tomó el teléfono del bolsillo de los vaqueros, y llamó a la madre del rubio.
Kise estaba enfadado, tampoco es que fuera una novedad. Había esperado eso, incluso que le gritara o amenazara con darle una paliza, pero las palabras de la mujer le preocuparon.
Su chico no quería hablar con él, lo había dejado bien claro.
Pero eso no quería decir que no insistiera en llamarle, mandarle mensajes, incluso señales de humo si era necesario.
Daiki también tenía sus recursos, por supuesto.
Llamó a todos los teléfonos que se le ocurrieron, mandó mensajes, cartas, de todo.
Cada día, al menos dos veces, alguien le informaba de los pasos del rubio.
La madre y las hermanas del rubio modelo se convirtieron en espías y confidentes de lo mas eficiente. Le mandaban fotos, videos, informes sobre cada actividad que hacía, todo.
Se sentía un poco menos solo, pero nada que se pareciera a tenerle ahí con él.
La primera noche sin Kise en sus brazos fue la mas dolorosa de su existencia.
Y el primer amanecer le llegó mucho antes de que saliera el sol. Incapaz de pegar ojo, se levantó a correr, de mal humor.
Sus manos ansiaban el tacto de esa piel suave, pálida y tirante que alojaba a su pequeña bebé.
Echaba de menos las largas manifestaciones de placer, alargadas en el vientre de Kise hasta quedarse sin aire. Su mirada mientras sus labios se posaban bajo su ombligo.
Sus dedos, tan largos y cálidos, dentro de su pelo como si fuera una parte mas de si mismo, de su persona.
Aún no lo sabía, pero era justamente eso. Kise era una parte de si mismo, una muy importante.
Sin él la comida no tenía el mismo sabor, ni el día era tan genial, ni la noche tan reparadora.
Pero no paraba de pensar que lo hacía por su bien, por el futuro de ambos.
El basket profesional era un sueño cercano a cumplirse, casi podía rozarlo con los dedos.
Un contrato para una o dos temporadas significaba una estabilidad de futuro que en ese momento no podía darle.
Aunque su prometido no necesitara de él. Kise tenía su futuro mas que asegurado. Había ahorrado cada monedita desde que comenzó a ser modelo, apenas un bebé regordete de enormes ojos dorados y ricitos del color del sol. Sus padres habían administrado su sueldo desde entonces hasta que cumplió la mayoría de edad, cuando le dieron el control de su dinero.
Daiki quería darle un futuro, pero uno juntos, en el que no tuviera que depender de él; quería esa misma estabilidad.
Hacer la campaña para el perfume con el rubio le dio una buena cantidad de dinero, pero de nuevo, no era lo que él deseaba.
Daiki se dio cuenta de que lo que le faltaba era una meta, una profesión en la que sentirse útil y productivo.
Era joven, y el baloncesto se le daba bien, demasiado bien.
Mientras pensaba en su futuro alejado de todo lo que conocía, tuvo una especie de revelación.
Estaba enfocando todo mal desde el principio.
Kise y él eran una familia, pequeñita y extraña, con dos deportistas muy guapos y diferentes, pero su pequeña hija, esa que había sido concebida sin querer hacerlo realmente, creaba una diferencia.
El futuro era ella, Kise, estar juntos... cierto que una profesión y estabilidad era importante, pero ser una familia implicaba estar juntos, unidos.
Superar todo de la mano de la persona amada.
Llamó a la madre de su chico, para explicarle su idea.
Y tal y como había predicho, todos estaban entusiasmados y dispuestos a ayudarle.
…...
Tres semanas sin él y el mal humor era una constante.
En la cancha jugaban un partido, amistoso, entre dos universidades, que sinceramente no le importaban una mierda.
El entrenador le había dicho que había al menos un par de ojeadores en el público. Y eran de los buenos, de la liga profesional. Y al menos uno de ellos buscaba jugadores nuevos para la temporada siguiente.
Debería estar contento, jugar como siempre, ser el demonio imbatible... y no hacía mas que fallar los tiros.
Uno tras otro, golpeaban la madera, o el aro, para salir fuera. Rebotaban en la cancha sin anotar ni un solo tanto.
En la mitad del segundo tiempo, sus compañeros de equipo dejaron de pasarle el balón.
Era una sensación que ya conocía; él mismo lo había hecho con Tetsuya
Y ahí estaba. La revelación necesaria.
No quería estar ahí, en ese momento, haciendo eso.
Quería estar con Kise, tumbado en una cómoda cama, después de hacer el amor como un par de tontos enamorados. Apartar su flequillo con dulzura, sintiendo en sus dedos la ligera capa de sudor que le bañaba.
Rozar sus labios, inundados de besos, sentir su sonrisa en la punta de los dedos.
Posar su mano abierta sobre el vientre, hablar con su pequeña, besarla a través de la piel de Ryota.
Esa era la respuesta.
Podía jugar al basket en cualquier lugar del mundo, pero solo podía estar con Kise donde quiera que el rubio estuviera. Y si junto a su familia y amigos Kise era feliz, él también lo sería.
Sentado en el banquillo durante el descanso, no prestaba atención a las palabras del entrenador. La pelota en sus manos rodaba, de una palma a la otra, con habilidad inconsciente.
¿Cuánto hacía que no disfrutaba jugando?
La respuesta era simple, desde que no estaban juntos.
La dejó en el suelo y posó el pie encima. Una sonrisa preciosa adornó su rostro.
– Entrenador, dimito. – Se levantó, tomando la mochila entre sus dedos, y caminando rumbo a la salida.
En la taquilla apenas había un par de desodorantes y unas toallas. Le daba lo mismo quedarse sin ellas.
– Espera, Aomine kun. – El entrenador, dejó a los chicos para detenerle cerca de la salida. – Entiendo que tengas un mal día, a todos nos pasa... Quizá te he presionado un poco diciéndote lo de los ojeadores antes de jugar... pero ¿Dejarlo?.
– No me importa lo que crea... Dimito, no quiero jugar mas. – Le tendió la mano, sonriendo.
– No puedes dejarlo sin mas. Espera, piénsalo un poco... – Aunque tomó su mano, no lo hizo para estrecharla si no para impedirle que se marchara. – El juego forma parte de ti, te gusta y eres demasiado bueno. ¿Te han hecho una oferta mejor?...
– Nada de eso. – Alargó la otra mano para soltarse. – Me marcho a casa, a mi casa, con mi familia. Puedo jugar donde quiera y con quien quiera, pero no aquí, ni de este modo... y no ahora.
El hombre le miró, comprendiendo.
– Si te vas ahora perderás la beca, la oportunidad de ser profesional. – La expresión de Aomine dejaba claro que su decisión era inamovible. – Eres bueno,muy bueno... y lo sabes. Solo, bueno, tienes un talento natural que pocas veces puede verse y no me gustaría que tomaras una decisión de la que te arrepintieras con el tiempo... no estoy diciendo que abandones a tu familia, pero quiero que lo pienses bien... los novios van y vienen, pero esto es real, aquí y ahora...
– Dentro de dos meses seré padre, o quizá menos... No lo entiende, entrenador. Puedo hacer esto cuando quiera, como quiera. Y eso es lo que no he visto hasta ahora, pero … ¿Tiene hijos?
– Si, dos. – No entendía la pregunta, aunque asintió con la cabeza también. – Me dedico a esto para que a ellos no les falte de nada.
– Yo jugaba para darles un futuro, pero no es una razón para jugar. El basket me ha salvado muchas veces. El juego es pasión, inteligencia, estrategia, darlo todo, medir a los adversarios como enemigos mortales, vencerles de todas las maneras posibles... gastar energía... y yo quiero que toda mi energía sea para mi hija, y para los que seguramente tengamos después. Tiene razón en que los novios van y vienen, pero mi hija seguirá siéndolo aunque su madre y yo no estemos juntos. – El juego iba a ser reanudado y el entrenador debía volver. – No quiero perdérmelo, quiero ver como llega al mundo, ser la primera persona que vea, que escuche mi voz, y agarre mi mano por primera vez...
– Ve con tu familia. – Palmeó su hombro, y luego le dio un par de cachetadas en la cara, amistosas. – No dejes de mantenerme al día.
– Por supuesto, entrenador. – Recolocó la mochila en su hombro y se despidió levantando la mano y sacudiéndola a los lados. – Gracias por todo.
De camino a su apartamento llamó a su padre. Necesitaba decirle que iba a volver, por Kise, y disculparse, por que todos en el orfanato tenían muchas esperanzas puestas en él, en que lograra algo grande al otro lado del mundo.
– Siento decepcionarte, papá. – Suspiró un poco triste por hacerle daño a su padre, que tanto había hecho por él.
– No me decepcionas, Daiki. – El anciano sonó tranquilo, comprensivo. – Solo quiero que seas feliz, y si tu felicidad está aquí, junto a tu familia, no tengo nada que decir.
– Pero creí que...
– Por supuesto que me haría ilusión que mi hijo fuera una estrella internacional, pero me gustaría mas tenerte cerca, y verte contento... puede que pienses que este viejo chochea, pero cuando nazca tu pequeña entenderás de lo que hablo...
– Papá, necesito un favor. – Esperó la respuesta afirmativa para continuar hablando. – No quiero que Kise se entere de que vuelvo a Japón. Por favor, quiero darle una sorpresa...
– Está bien, cachorrito. – Usó el apodo que utilizaba cuando su morenito era un niño revoltoso irreverente. – Pero lo que vayas a hacer hazlo ya, ese muchacho te echa mucho de menos. Ha estado aquí, haciendo preguntas.
Daiki soltó una carcajada. Estaba aliviado de que el rubio no estuviera triste y encerrado en casa, fingiendo ser feliz ante los que le llamaban y mandaban mensajes.
– ¿Y que le has dicho?. – Divertido, alargó la conversación ya abriendo la puerta de su casa.
– Nada, lo que me dijiste que le dijera. – una leve risita llenó el resto de la frase. – Está muy hermoso, mucho... aunque ya sabes que no soy imparcial en lo que a Kise se refiere... vuelve pronto, por aquí también te echamos de menos.
– Tengo que resolver unos asuntos aquí, pero espero estar metido en un avión mañana a ´ultima hora. Necesitaré un sitio donde quedarme, donde no me cruce con Kise ni nadie conocido.
– Yo me ocupo, llama en cuanto estés aquí.
– Gracias papá, por todo. – Esperó que se despidiera y colgó.
Una vez en su casa, empezó a llamar a todo el mundo.
Una empresa de mudanza se encargaría de recoger todo y mandarlo a Japón.
Al igual que todo lo que Kise había reservado para la boda, la ropa, flores, decoraciones, comida, todo también fue previsto para mandarlo. Pensaba casarse con él aunque tuviera que llevarle a rastras al altar.
Trasladó todo el papeleo y puso al corriente a los padres de Kise y a sus compañeros de Teiko.
….
La mayoría de las cosas ya estaban dispuestas, solo quedaba tenderle la trampa a Kise.
Dejó de mandarle mensajes, y esperó, a que alguien le recordara que hacía mucho que no hablaba con su chico... quizá pasaran el anuncio del perfume durante los anuncios en el corte de alguna película, o alguien dejara "accidentalmente" una foto de Daiki para que "casualmente" el rubio la viera.
El caso, es que picó el anzuelo a los tres días.
Daiki empleó esos tres días en terminar el papeleo para la boda y todo lo demás.
De pie en la entrada de su nueva casa, los padres del rubio le esperaban. Apagó la moto y se sacó el casco. Caminó hasta ellos y les saludó al llegar.
– ¿Ya está todo?. – Preguntó estrechando la mano de su suegro.
– Si, todo listo. – Puso las llaves en su mano y le hizo un gesto para que entrara.
Miró el porche, alrededor y fue directamente a la casa, en la que entró después de que lo hiciera su pequeña suegrita.
La rubia señaló a la puerta del otro lado del salón y Aomine dibujó una sonrisa inmensa cuando vio la piscina.
– A Kise le va a encantar. – Apartó el tocado de encaje blanco para besarle la frente al tiempo que la estrechaba contra él. – ¿El cuarto del bebé?.
– Arriba. – Subió las escaleras tras él, para ir enseñándole las habitaciones de la parte de arriba.
La puerta con un arco iris y nubes sonrientes dejaba claro que era el cuarto de la niña.
Aomine abrió, y entró sin dejar de sonreír. Le gustaba todo, la cuna, la pequeña cómoda. El armario, ya lleno de ropa y complementos, aún envueltos en plástico para que permaneciera perfecto para la dueña de esas pequeñas prendas.
Vio juguetes, coches de peluche, muñecas, de todo.
– ¿Te gusta?. – La voz femenina sonó insegura. Aomime se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento hasta entones, esperando su juicio.
– Es perfecta. – Apartó la cortina para ver un pequeño rincón de suelo con una mullida alfombra de pelos gordos y violetas. Desde la ventana se podía ver un inmenso patio de césped verde y la piscina que había visto desde abajo.
– Vuestra habitación es la del final del pasillo. – Salió esperando que su esposa y el moreno le siguieran. – Arriba hay una buhardilla, y tres habitaciones. Está bien situada, tenéis acceso a todo, pero lo bastante lejos como para que no haya problemas de "visitas indeseadas". – Aomine asintió. Las fans de Kise seguían presentes, a las que ahora se habían unido las que él mismo habida conseguido por méritos propios...y lo mejor era ponerles un poco difícil el acceso a ellos, al menos mientras estaban en su casa.
– Gracias, es perfecta. – Abrió la puerta de una de las habitaciones de invitados, asintió. – Siento los problemas que he dado.
– No digas eso, nos ha encantado buscar una casa para vosotros. – La mujer le pellizcó la cintura. – A mi Kise le va a encantar, y a nosotros verle feliz.
– Aún así, debéis pasar por el registro y el abogado... ya sabes, para terminar el papeleo y esas cosas.
– Vale... ¿Y la boda, va bien?. – Peguntó mirando dentro de una gran vitrina, en el salón, que habían regresado al tiempo que seguían hablando.
– Todo listo, para el sábado. – Le agarró la mano y tiró de ella, divertida. – Mañana te vienes con nosotras, hay que probar tu traje, ver si te sirve y si necesita algún arreglo.
– Pero no es...
– Muchacho, mejor no digas nada. – Señaló su propia ropa, de estilo victoriano.
– Lo difícil va a ser meter a Kise en el traje sin que se de cuenta de que es para casarse...
– ¿Y si le engañamos con una sesión de fotos?. – Aomine respondió con una pregunta.
– ¡Oh! Que buena idea... Yo me ocupo de todo.
– Vale, pero que no se entere de nada. Llamaré a mis amigos, para decirles que estoy aquí y que nos ayuden...
– Solo queda cruzar los dedos, y suplicar para que te diga que si y no quiera salir corriendo...
– No hará falta, y si se escapa … bueno, corro mas que él... recuerda que está gordito.
– Cierto... no tiene escapatoria...se muere de ganas por volver a verte, aunque sea un orgulloso cabezón incapaz de admitirlo... pero yo lo sé, una madre sabe esas cosas.
– Gracias por cuidar de él, estos dias...
– No me des las gracias, somos sus padres, es nuestro trabajo cuidar de él y de nuestra nieta.
– Aún así, gracias.
– Bueno, hay mucho que hacer, y no podemos estar aquí perdiendo el tiempo...
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Gracias chiquitinas por vuestro apoyo...
Me hace gracia que todo el mundo piense que el malo es Himuro, cuando que yo recuerde, él es soltero, el que tiene que guardarse es el que tiene pareja, ¿No?...
Bueno eso es otro epi, y ya estamos con Aominecchi jejeje
Gracias por pasaros y comentar...
Siguiente cap... ( Bodaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa) ajajaja siiiiiiiiiiiiiiiiii
Besitos y mordisktios
Shiga san
