Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …
00000000000000000000000000000
Uno mas en la cancha.
Capítulo 21: Padres solitarios.
00000000000000000000000000000
Kagami dio un respingo cuando la enfermera salió para llamarles.
Esperaban para la primera revisión de Kuroko, el kit completo de pruebas médicas.
La buena noticia es que ya sabía que esperar, la mala es que no le entusiasmaba mucho todo el tema de las agujas y las muestras de fluidos.
El pelirrojo acarició nervioso el dorso de la mano de su esposo con el pulgar, su vista fija en la enfermera.
No podía negar que estaba un poquito nervioso, y eso que al igual que Kuroko, tenía muy claro lo que venía ahora.
Hacía frío, siempre. Esas salas blancas de olor aséptico y penetrante estaban heladas.
Y mucho mas cuando lo primero que le pedían nada mas traspasar la puerta era que se lo quitara todo.
Casi había entrado cuando Akashi y sus gemelos salieron de la sala contigua. Totalmente pálido y caminando despacio, ayudado por su chico, ambos se sentaron en las sillas de plástico de la sala de espera, las mismas que el matrimonio ocupaba apenas unos segundos antes.
– ¡Ahhh!, Kurochin ¿Sabes qué, sabes qué?. – El mas alto canturreó divertido. – Ya nos han dicho cuando van a sacar a los bebés de Akachin. Bueno no van a sacarlos así, como un caramelo de la bolsa... mas bien, van a dormir a Akachin y a ...
Levantó la hoja hasta la altura de sus ojos y luego la giró para que Kuroko la leyera también.
– Murasakibara kun. – Kuroko se sentó junto a Akashi y acarició a los pequeños con calma. – No van a abrirle... no está bien que le asustes. – Su mirada acusándole se tornó mas dura de lo que pretendía. – No le hagas caso, solo pone la fecha mas adecuada para tenerlos.
Akashi soltó el aire, tenso.
No tenía nada que ver con lo de la hoja, ni con la fecha prevista para el parto. Era mas la revelación de que estaba cerca, muy cerca.
Había tenido meses para prepararse y se creía totalmente mentalizado para ello, pero ahora, al tenerlo tan cerca, en apenas un par de semanas, el miedo le atenazó los miembros, envolviéndole completamente.
Los enormes brazos de su chico lo rodearon totalmente, apretándole con fuerza contra su pecho.
– Lo siento Akachin... – Besó su cabeza y le acarició la espalda. Se separó para caer de rodillas frente a él y aferrarse a la redondez con los dos brazos. – Lo siento chicos, no quería asustar a mamá... Todo va a salir genial, ya lo veréis... ya tenemos todo listo... y Kibu se muere por jugar con sus hermanitos.. dos iguales, ¿No es genial?.
La enfermera salió para llamar la atención de Kuroko, ya que no estaba dentro de la consulta cuando regresó para comprobar si ya se había cambiado.
Se disculpó y entró a su revisión.
Al menos ya sabía que Akashi tendría a sus bebés en dos semanas...
Kagami le abrazó en cuanto se cerró la puerta y se quedaron a solas. Las manos de Kuroko temblaban, por su amigo, era la primera vez que lo veía tan asustado y lo entendía.
Kuroko ya había pasado por eso, y era ciertamente aterrador.
Cuando se acerca el final, y ya todo está listo, las cosas que puedes necesitar, están compradas o encargadas, y lo único que queda es ponerse de parto.
Esa espera es aterradora. Vienen los miedos, a que salga mal, al dolor, a no estar a la altura. Se sentía observado, como si todo el mundo tuviera la vista puesta en él, a la espera de que gritara que ya era la hora, o algo parecido..
Luego estaban los cambios, que ya a estas alturas de embarazo eran una parte mas de si mismo.
La pesadez, el terrible hambre, las noches sin dormir, buscando un modo de llegar a un acuerdo con el pequeño inquilino para descansar de algún modo, los pies hinchados como pelotas duras, el dolor de espalda, de riñones...
Querer hacer cosas tan simples como un largo y tranquilo paseo y tener que regresar a los pocos minutos por el cansancio.
Y el sexo, prohibido...
Gracias al cielo, Murasakibara disfrutaba de la simple acción de masajearle por todo el cuerpo con sus enormes manos, y lo mismo podía decir Kuroko de su esposo.
Sus atenciones, distraídas a veces, totalmente intencionadas en otras, demostraban el amor y concedían cierta tranquilidad en mitad de tanto miedo y tanta pregunta sin respuesta clara.
En esa última etapa, cualquier pequeño gesto de mimo era muy bien recibido.
Akashi respondió al abrazo, hasta donde el límite de su lleno vientre le concedía, y se permitió unos segundos en los que ser consentido.
Dentro de todo lo malo, al menos sabía el día exacto en el que todo pasaría, y no tendría que vivir con esa incertidumbre de madre primeriza, un miedo eterno, a romper aguas en el lugar y momento mas inoportuno.
Akashi estaría en el hospital, rodeado de personal médico y herramientas para ayudarle en su labor.
Visto así, no tenía nada de malo.
…...
– ¡Shin corre, ven!. – Los gritos de Kazunari le hicieron salir disparado hasta el salón.
– ¿Qué pasa?, ¿Estás bien?. – Se quedó de piedra cuando llegó y le encontró de pie, sonriendo como si nada. Entornó la mirada, molesto.
Takao señaló el sofá, donde Lucky se mantenía sentada por si misma, agarrando un calcetín entre sus deditos y tironeando de él.
La niña miró a su papá, y empezó una sonrisa babeante que le hizo sonreír de vuelta.
Se balanceó a un lado y perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás sobre el montón de almohadones que había colocado su mamá a modo de trono blandito.
– Tu mamá quiere matarme de un infarto. – Caminó hasta terminar a la espalda del moreno, abarcando su cintura con los dos brazos. Le besó el cuello, con la vista puesta en la niña, que haciendo fuerza había vuelto a sentarse derecha.
Levantó su manita convertida en un puño y abrió los dedos. Se sorprendió de ver sus deditos por primera vez y puso una cara de lo mas graciosa, lo que hizo que sus papás rieran a gusto por su impresionante hazaña.
La mano de Midorima se desplazó por su cadera, hasta la pequeña curva que ya empezaba a aparecer, y le traía unos muy buenos recuerdos.
Kazunari embarazado era una criatura hermosa, sensible y adorable. Le encantaba verle sonrojado por su culpa, o escucharle en sus interminables quejas contra el mundo con esa voz chillona tan suya.
Le encantaba verle comer como si no hubiera mañana, cosas de lo mas raro y mezclas imposibles con verdadero deleite.
Era como si el embarazado potenciara las pequeñas cosas que le hacían ser tan hermoso, y que solo mostraba de manera sutil y descuidada a su esposo, seguramente cuando pensaba que éste no se daba cuenta.
– Mírala, que grandota está ya. – Takao posó su mano sobre la de su esposo, dejándose mimar, pero cerca de su niña. – Tenemos una nenita preciosa. – Apretó la mano con mas fuerza sobre su vientre. – Te vas a reír, pero creo que este es un chico... creo que menos hecho un hombrecito esta vez.
– Y será un hombrecito hermoso al que querer como a su hermanita.
Giró a su esposo en el sitio, aprovechando para darle un dulce beso en la sien, en la frente y en el puente de la nariz.
Lucky gimoteó, desde su sitio, mirando a sus papás con sus enormes ojos verdes, pidiendo la atención que no le estaban dando y se merecía.
Takao rió, entre los brazos de su esposo, vibrando entre ellos feliz, y tomó a la niña entre sus brazos, para unirla a ellos en la fiesta.
Aún seguían aprendiendo a ser una familia, pero no se les daba nada mal.
…...
– Para ya, necesito ir al baño. – Kise gimoteó, tironeando del pelo moreno que permanecía pegado a su pecho.
– Vale. – No le soltó, si no que se arrastró con él por el colchón hasta el borde, y aún así, estiró los brazos hasta el límite de su largura.
Clavó los ojos en su trasero alejándose de él, hasta que desapareció en la puerta del baño.
– Ni se te ocurra dormirte, no he terminado contigo. – Kise gritó desde el baño, a lo que su recién estrenado esposo respondió con una sonrisa.
– Eso sería muy maleducado por mi parte. – Habló desde el marco de la puerta, apoyado en un hombro y completamente desnudo. Su sonrisa torcida y sus ojos fijos en el rubio dejaban muy claro que efectivamente, ni se le había pasado por la cabeza lo de dormir.
– Todavía puedo aguantar un par de cuartos sin que me tiemblen las piernas. – Pulsó el botón de la cisterna del retrete y le miró a través del espejo mientras se lavaba las manos.
– Puedo hacer que tiemblen las piernas, si es lo que deseas. – Daiki dio un paso, internándose en el baño, ocupando la puerta con su cuerpo, impidiéndole salir.
– Mmm... – Le miró incitante, deslizando su ropa interior piernas abajo. – Me gustará ver como lo intentas. – Dio un paso, haciendo el gesto de besarle pero retirándose en el último segundo, juguetón. – Eso de que me van a temblar las piernas... quiero verlo.
Aomine se apartó, dejándole ir hasta la cama. Incluso esperó a que se tumbara sobre la espalda antes de acercarse, sonriendo.
Casi podía jurar que llevaba sonriendo desde el día anterior, y de que sería incapaz de dejar de hacerlo en lo que le quedaba de vida.
Gateó por la orilla del colchón paseando la mejilla por la línea de las largas piernas del rubio.
Se recreó en los muslos, con las manos posadas en el colchón, evitando tocarle con ellas.
Escaló, mas arriba, acariciando el hueso de su cadera y su vientre lleno.
Ahí si, despegó las manos de la tela y las posó en la piel fina y tirante. Acarició con ellas toda la piel, trazando círculos perfectos, esquivando el ombligo de punta en mitad de la montaña de carne.
Una semana atrás, se había salido, hacia fuera, simulando un botón pegado ahí de manera postiza. La larga línea mas oscura que lo dividía en dos, iba notándose mas y mas según iba acercándose la última fase, la mas aterradora.
Kise temió tener que pasarla solo, aunque estaban sus padres y hermanas, necesitaba como el respirar a su esposo con él.
Y vaya que había vuelto, sí señor.
Y no solo eso, le había hecho infinidad de regalos, para empezar la boda, con todo lo que había soñado.
La casa, preciosa, tranquila, perfecta... y con una piscina, un sueño.
Y el regalo mas importante, tenerle ahí con él, aunque no preguntó hasta cuando, supuso que se quedaría hasta que naciera la pequeña y después regresaría a Estados Unidos.
Pero no quería pensar en ello, sinceramente lo único que deseaba en ese momento era disfrutar de su mutua compañía lo que quedaba de la espera; nada mas.
Tomó su cara, que aún seguía en su vientre, dejándole perderse en sus pensamientos mientras aprovechaba su aparente inactividad y le obligó, con un leve tirón a levantarse hasta donde estaba su boca.
El anillo en su dedo destelleó, haciéndose presente, luciendo casi mas que su sonrisa, esa que no podía quitarse de los labios aunque quisiera... que no quería, la verdad.
Sus piernas temblaron, tal y como le había dicho, en cuanto se acercó a la base de su cuello con esos labios calenturientos y deseosos de besos.
Aomine soltó una risita entre dientes, por lo bajo.
Ciertamente lo había conseguido, hacer que le temblaran las piernas... y eso que ni había empezado con él.
Aunque para ser sinceros Kise ya no sabía ni en que día vivían.
Desde la boda se había hecho de noche un par de veces, y habían desayunado tres, o cuatro... no estaba seguro, teniendo en cuenta que tenía hambre todo el tiempo, bien podría estar cenando un zumo de naranja y unas tostadas con mantequilla y pensar que era un desayuno.
La ropa de la boda seguía por ahí, en algún lugar de la casa, tirada en el suelo... o eso creía recordar.
Daiki se internó en su cuerpo aprovechando su silencio, con sumo cuidado, como si fuera a romperse si infligía demasiada velocidad.
Un largo gemido recorrió sus cuerpos, al completo.
Durante todo el tiempo que habían estado separados, había echado muchísimo eso, hacer el amor sin mirar la hora ni el día, dejarse arrastrar por los dedos ajenos, los besos no dados, los argumentos balbucientes suplicados entre dientes.
Y desde que se habían reencontrado, no habían parado de hacerlo.
Ya hacían el amor cuando se miraron en el parque, Kise en el columpio, rosas en su pelo, como aquella lejana primera vez, cuando eran niños, estaban enfadados y se robaron un beso mutuamente.
Y lo hacían también mientras decían delante de familiares y amigos que se amaban como para compartir el resto de sus vidas juntos. Sus votos fueron cortos, concisos y claros... como ellos mismos.
Lo hacían mientras miraban a sus amigos bailar, a Kuroko en su precioso traje negro con pequeñísimos detalles en rojo, a juego con los ojos de su marido, o cuando Kou interrumpió metiéndose entre la pareja que formaban sus padres para bailar con ellos también.
Kise crispó sus dedos en torno al cuello moreno. Aomine pedía, suplicaba atención, y el rubio tenía su mente en los días pasados.
El ahora era mucho mas interesante... y es lo que deseaba para el resto de su vida.
Aún así, recordar que lo habían hecho en el coche, con sus amigos a unos metros de ellos, era para avergonzarse, pero Kise se negó a esperar a llegar a casa...
Aunque no sirvió de mucho, Aomine no estaba dispuesto a negarse tampoco.
En el coche nupcial fue rápido y apasionado, y luego les entraron las prisas románticas, el hacer las cosas bien.
Cruzar el umbral de la casa con el novio en volandas, risas en el pasillo, besos...
En algún momento acabaron en la cama, después de inaugurar todas las habitaciones de su nueva casa, baños y pasillos incluidos.
Lo único que había quedado sin visitar era el cuarto de su hija, pero ambos creyeron que no era un lugar para eso... aunque no tuvieron reparo alguno en hacerlo en la cocina...
Ciertamente la cama era mucho mejor, menos cansado.
Kise gritó, rozando con los dedos la espalda de su esposo, y se alzó contra él, tenso.
Unos segundos y se desplomó contra el colchón, mientras su chico lo hacía a su lado, cuidando de no aplastarle con su peso.
– Creo que voy a dejarte dormir. – Kise bostezó tras decirlo. – Tienes cara de sueño...
– Vaya, muchas gracias. – Le abrazó un segundo antes de ir a limpiarse al baño y traer unas toallitas húmedas con las que hacer lo mismo con su rubio esposo.
Kise agradeció el momento de refresco y bostezó de nuevo.
Ciertamente, Aomine necesitaba dormir.
…...
Himuro salió de la ducha, secándose el pelo con energía.
Kibu estaba sentada en el suelo, rodeada de ceras con las que dibujaba sin parar montañas de flores, en las que jugaba con sus hermanitos.
Dejó sus dibujos para atender la puerta, aunque ya sabía quien era sin necesidad de abrir, y dejó que su papá entrara al apartamento.
Ya le habían dado la fecha para el parto, y quería que Himuro lo supiera por su boca y no por un mensaje frío e impersonal.
Se sentó, con cierta dificultad en el sofá, y palmeó el cojín a su lado para que el moreno le acompañara.
– Llámale, no esperes mas tiempo. – Le tendió el móvil y no añadió mas palabras.
Himuro miró el teléfono como si fuera una caca apestosa, y se perdió en el fascinante y maravilloso mundo de la pantalla negra. Luego se fascinó con el brillante candado que le indicaba la pantalla bloqueada.
Akashi suspiró sonoramente, escuchando en su cabeza las palabras que no decía el moreno y le arrebató el teléfono de un tirón.
Con asombro vio como lo desbloqueaba su teléfono y como abría sus contactos para ir pasándolos con el dedo, tranquilamente.
– Le llamaré yo, si te da miedo. – Le dio un tiempo después de decirlo, para que lo pensara bien.
Himuro había pensado en ello detenidamente, mucho.
De hecho desde que había confirmado su embarazo trataba de mentalizarse para decírselo.
Y tenía un nudo en el estómago que no se iba con nada.
– Piensa en ello como un modo de estar mas tranquilo. – Akashi le palmeó el muslo con la mirada en la niña, que seguía pintando a su manera. – ¿Qué puede pasar?.
– No lo sé. – Admitió en un susurro.
– Escucha, no tienes que preocuparte, ¿Entendido?. – Le obligó a mirarle con determinación. – Si renuncia a ello, quedará claro que no te merece, y podrás seguir tu vida tranquilamente. Atsushi y yo estaremos contigo para lo que sea... y sabes que puedes contar con el resto. No va a faltaros de nada...
– No es eso... no me da miedo estar solo. – Miró a Kibu, con una pequeña sonrisa orgullosa. – Es todo, el proceso lo que me aterra... No esperaba otro bebé... y con ella no fue precisamente fácil...no sé si voy a atener la fuerza para pasar por ello de nuevo. Y …
– Hay un pero, ¿Verdad?. – Akashi empezaba a comprender que no era miedo al rechazo, si no todo lo contrario.
– Tengo miedo a sentirme bien... Es raro, no sé como explicarlo... Nunca me pasan cosas buenas, o casi nunca... no estoy acostumbrado a lo bueno, y temo que si me termino haciendo a ello, desaparezca dejándome una herida incurable...
– Pero entonces no vivirás... eso es muy triste. – Le pasó la mano por el hombro, para atraerle a su regazo y le obligó a sentir a los gemelos. – ¿Le quieres?
Himuro asintió, sonrojado.
Akashi le acarició el pelo. Le entendía, muy bien.
Ambos sonreían, mirando a su hija, suya y solo suya, de ellos dos.
– ¿Y si me cuentas quien es y como empezó lo vuestro?.
– Es un poco largo de contar. – Se disculpó.
–Bueno, no tengo nada mejor que hacer antes de la cena...
– Bien... A ver, le conocí en secundaria, en la cancha... me impresionó su altura y su forma de jugar... su sonrisa mientras tenía el balón en sus manos, sus ojos...él... bueno, me enamoré sin más, como un idiota, pensando que no tenía posibilidad alguna...
– ¿Y su nombre?. – Akashi empezaba a impacientarse, y al mismo tiempo, la intriga le mantenía atento a sus palabras.
– Su nombre es precioso...
Himuro se acomodó en su regazo, para contar algo que tenía guardado en su corazón, a la única persona con la que había compartido algo mas que una etapa de su vida.
000000000000000000000000000000000000
Je je je, lo sé...
perdón, por incumplir el plazo, pero no he podido, el último ciclo me dejó muerta, tanto que he dormido un día entero, en serio. 24 horas durmiendo sin mas...
Pero ya está aquí Yeihhhh...
Echo de menos a muchas de vosotras, vuestros comentarios se extrañan por mi pc, jooo... espero que os desocupéis para el cap... que para el siguiente empiezan los nacimientos y estoy un poco choff...
Animaos y comentad. A las que si lo hacéis, gracias, os lovio y os llevo en mis corazoncitos y entretelas.
Como sea, nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
