Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 26: Nuevos integrantes.
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La habitación blanca y sosa había dejado de serlo en menos de una tarde.
Cuando Kise despertó, al día siguiente, el cuarto del hospital rebosaba colorines por todas partes.
A los pies de la cama, su madre revolvía entre sus pertenencias de espaldas a él. Miró alrededor para comprobar que no había nadie más.
– ¿Mamá?. – Se incorporó con cuidado, aunque eso no le libró del mareo. – ¿Dónde est...
– Ha ido a casa, a darse una ducha y cambiarse de ropa. – Se sentó junto a él, a un lado, acariciando su pelo con una sonrisa. – Tu nenita es preciosa, tu padre está con ella, y tus amigos siguen por ahí...
Por el tono de voz de la mujer Kise supo que ocurría algo mas.
– ¿Qué es lo que pasa?. – La miró, intensamente, pero no hizo falta ni que contestara, por que Yukio entró a la carrera sin llamar si quiera ni pedir permiso para entrar.
– Tío no te lo vas a creer, hay fuera como un millón de periodistas y tu mari... – La carraspera de la mujer le indicó que estaba mas guapo calladito. – Uy...
Se sorprendió, por que no esperaba que Daiki se enfrentara a la prensa de ninguno de los modos.
– Pásame el mando. – Señaló la tele y vio a su madre dar un paso atrás; estrechó la mirada. – Mamá, el mando del televisor.
– Lo siento cariño, pero tengo órdenes de tu esposo de no dejarte ver la tele... y dá mas miedo que tu. – Le dedicó una sonrisa satisfecha.
Kise se sentó, posando los pies en el suelo, pero se encontró con que Kasamatsu le cortaba el paso, de pie frente a él.
– Deja que tu marido se ocupe de eso, ¿Eh?. – Se sentó junto a él y le pasó el brazo por los hombros. – Además, la enfermera viene con tu niñita, para que la des de comer, y todos están deseando verte.
– Escucha cielo, fuera hay un montón de gente, no solo prensa... tus fans, gente que te apoya, a ti y a él... Daiki ha estado tratando de que te den el alta, para que te recuperes en casa y no causar molestias al resto de gente que viene al hospital...
Kise suspiró, asintiendo derrotado.
– Tu tienes que recuperarte, no pienses en nada mas. – El optimismo de su sempai se le contagió rápidamente, haciéndole sonreír como siempre. – Además tengo que contarte una cosa... que va a dejarte con la boca abierta.
Recibir a sus compañeros de equipo le hizo sentirse como si se hubiera perdido muchas cosas, y eso que solo había estado en el hospital apenas unas horas de nada. Pero el hospital tiene esa particularidad, parece que el tiempo se detiene cuando traspasas sus puertas.
Al final, acabó riendo a carcajadas, por las ocurrencias de sus amigos.
Descansó un par de horas mas, y se hizo de tarde nuevamente.
Dos toques leves en la puerta, y Kagami entró con su chico de la mano, arrancándole una sonrisa plena.
Se sentía bien, mas descansado. Solo una lejana pesadez permanecía en su cuerpo, en la zona baja del vientre y las caderas. La enorme barriga había bajado, conservando una leve curvita, dando la sensación de que volvía a estar esperando, pero de pocos meses.
Tras la antigua sombra y su enorme esposo apareció un oso de peluche que andaba solo.
– ¡Anda, mira!... un oso que camina solo, de esos no tengo ninguno. – Intentó contener una risita, pero no pudo.
– No ossssooooo... toi aquí, Iseeee. – Kou soltó el oso, dejándole sentado en mitad del cuarto, y asomó tras el enorme animal de felpa. El pequeño ladeó la cabeza, intrigado.
– Muchas gracias, es muy bonito. – Kise le hizo una seña para que acercara, y le ayudó a subir a la cama, donde el niño se acomodó tranquilamente.
– ¿No godo?. – Intrigado le miró, preguntando por su tripa. – ¿Sa caio el bebé?.
Miró alrededor, serio, buscando preocupado.
– Ehhh, no. – Le revolvió el cabello, divertido. – Es que ya estaba grande y ha nacido, no se me ha caído ni nada.
Kou apartó la sábana y le manoteó en la tripa, hundiendo el dedo en el ombligo del rubio.
– ¿Salio por el mibligo?. – Pestañeó mirándole directamente, esperando paciente y con interés su respuesta.
Kise miró a Kuroko, solicitando ayuda, urgente.
– ¿Vamos a ver a la nena?. – Le ofreció su mamá. – Se llama Yuki, ¿quiéres que vayamos al nido a verla?
– Vale, vemos nena Yuki, pedo logo tero a Mine, ¿Si?, Pofi mamiiii tero Mineee.
– Está bien, buscaremos a Aomine... papá irá por él. – Kagami se inclinó sobre su esposo para besarle la frente, con dulzura.
Como invocado por una fuerza invisible, el moreno acudía a la habitación, sosteniendo a su anciano padre de un brazo, dirigiéndole hasta la cama de Kise.
Su madre se levantó de la silla, dejando el sitio para el anciano.
– No es necesario querida. – levantó la mano, buscando a la mujer, hasta que ella le tomó la mano en un gesto dócil. – Me gusta el perfume que llevas hoy, es agradable. – Se inclinó para besarle en la mejilla y finalmente se sentó en la silla que había ocupado la madre del modelo hasta ese momento. – Bueno, ¿Dónde está mi nieta?.
– Está en el nido, papá. – Aomine se acercó hasta su esposo, al que dedicó una deliciosa mirada y un breve y dulce beso en los labios, ante la mirada de todo el mundo.
– Pues no sé que haces aquí todavía. –Sacudió la mano en el aire. –Vamos, ve a buscarla... no he venido hasta aquí para irme de vacío. –Hizo una sonrisa que se dispersó por todas las caras del cuarto.
– No hacía falta que viniera hasta aquí, podría venir a casa cuando me dieran el alta, mas tranquilamente. – Kise, le tomó la mano, y esperó a que el anciano le devolviera el gesto.
– No voy a consentir que le digas a este viejo cuando puede ver a su nieta, jovencito. – Kise negó nerviosamente hasta que se dio cuenta de que el padre de Aomine le estaba tomando el pelo. – ¿Cómo estás?.
– Bien, la verdad. – Los dedos del anciano le dieron unos toques en el dorso, mostrando así su interés. – un poco cansado, pero bien. Supongo que con un par de días durmiendo estaré como nuevo.
La puerta se abrió de nuevo, Aomine acudía con su hijita, dormida en la extraña cunita de plástico transparente con su nombre a los pies.
Las hermanas de la mamá le habían quitado el body de algodón blanco y simple que visten todos los bebés para colocarle una camiseta rosa palo con una filigrana de encaje en las mangas y el cuello. Y un pequeño pantalón corto, con infinidad de volantes apretados en el trasero, adorables al combinarlo con la camiseta y el resto del conjunto
El escaso y fino cabello rubio de la pequeña lucía adornado con una florecita rosa sobre una oreja, y en sus piececitos, pequeñitos, unos calcetines tapaban y abrigaban esos diminutos dedos.
Hasta el chupete lucía una pequeña flor.
Aomine levantó a la pequeña en sus brazos, con lentitud.
Kou abrió su boquita en una perfecta "O" muy divertida al ver a la niña tan guapísima.
– Papá, cuidado con la cabecita. – Daiki esperó a que el anciano colocara las manos para posar a su hija en el sitio.
– ¿Vas a enseñar a un padre a hacer hijos, Daiki?. – Sonrisa general. – A ver, que es lo que habéis hecho.
Paseó la punta de los dedos por las formas de la recién nacida, dibujando en su mente el aspecto de la pequeña, sus líneas de expresión.
– ¿Es rubia?. – Acarició su cabello, y la florecita en su pelo prendida. – Es preciosa, muy pequeñita, y no pesa nada.
– Tres kilos, cien. – Kise contestó, feliz.
– Con los gritos que pegabas ayer, esperaba al menos un bicho de cinco o seis kilos, esta cosita tan pequeñita se te escurrió sola para fuera, seguro.
– Pero jooo... dolía mucho y yo... – Hizo un puchero teatral, mientras los presentes se reían a gusto y Daiki le abrazaba por los hombros, también riéndose a carcajadas.
– Está bien, está bien, lo comprendemos. – Aomine san se levantó un poco, dejando a la pequeña con su mamá, para que la alimentara tranquilamente. – ¿Qué pasa con los periodistas, lo has arreglado ya?.
– Si y no... He conseguido que se marchen hasta que le den el alta, pero no me fio mucho, puede haber alguno escondido por los pasillos o en cualquier parte.
La doctora acudió mientras Kise se ocupaba de darle la lechita a la bebé, que comía dormida del todo.
– Si puedes ponerte en pie por ti mismo, te doy el alta. – Sacudió los papeles delante de ella. – Pero solo si me prometes no moverte de la cama en toda la semana y recibes la visita de una enfermera al menos un par de veces al día, ¿Qué me dices?
Kise asintió. A él no le importaba salir en los medios, pero su hijita era sagrada, y tampoco le gustaba que persiguieran y molestaran a su familia y a la de Daiki. Aomine san estaba muy mayor para tener que lidiar con impertinencias o malos modos de algunos periodistas o fans y por supuesto, no iban a exponer al anciano a ello.
– ¿Alguna idea de como salir sin levantar sospechas?. – Kise se levantó, sosteniéndose en Kagami, y ante la atenta mirada de su esposo.
Aunque no podía moverse con la soltura que le gustaría, no era doloroso, y gracias al cielo, podía andar con cierta normalidad.
– ¿Mamá?. – Kou señaló el gran oso que traía de regalo. – Mete ahí, no mira...
La idea era buena, aunque ninguno estuviera por la labor de meter a la niña dentro del peluche, al menos el pequeño tenía ideas.
Una nueva pareja entró al cuarto, lleno de gente ya de por sí.
Murasakibara se inclinó para mirar a Yuki, a la que besó inmediatamente en su frentecita.
Sacó a uno de los gemelos del carrito que empujaba Akashi y lo puso en los brazos de Kagami, dejando el sitio libre para Yuki.
– Cuida de mi hijo Bakagami, o te mato. – El gigante hablaba totalmente en serio y el pelirrojo asintió, tragando saliva.
Kuroko miró a su esposo, con el pequeño pelirrojo en su brazos fuertes. Nadie sospecharía que no es hijo suyo, daba el pego y la idea era muy buena.
– ¡Ehhh!, tu no hace pupa a mi papa o te muerdo un ojo. – Kou le señaló con el dedo de punta, devolviendo la amenaza del mismo modo aterrador que el peli lila. – Mi papa cuida nene, mira yo, godito soy. Aunque mama cupe en el maño, pero no po comida pocha, es por que papa mete hermano dento y se come to lo de mama...
Silencio de circunstancias, todos los presentes mirando a Kagami y a Kuroko, de pie, en mitad del cuarto, conteniendo la risa a las ocurrencias de su hijo.
– Cariño, tu hermana le compró un gorrito, taparía su pelito y no la verían. – La mamá buscó en las bolsas la prenda, y le quitó la flor para cambiarla por el gorro de peluche blanco con orejitas de oso con el interior rosa.
Daiki le ayudó a entrar al baño para aliviarse y ayudarle a vestirse, sobre todo con los pantalones, que aunque podía andar, agacharse no era tan sencillo como podía parecer.
El grupo fue saliendo llevando las pertenencias del rubio y su nenita escondidas, para no llamar la atención.
Les esperarían en casa, y cuando salió del baño, solo Akashi seguía en el cuarto, ahora vacío de colores, blanco y soso como al principio.
Se sentó en la cama y Aomine le abrochó las zapatillas arrodillado frente a él.
Akashi les miró, sin pestañear. Era tan inusual para él esa escena, que no se atrevió a interrumpirles.
Daiki le miraba con un amor infinito, arrodillado a sus pies, mientras su rubio le miraba de vuelta, sonrojado tenuemente, y con la misma entrega y devoción en sus ojos.
El gemelo que quedaba en el carrito, se giró a un lado, gimoteando en mitad del sueño, hasta que encontró la postura, haciendo que la pareja se diera cuenta de que estaban siendo románticos frente a Akashi y sus hijitos.
Kise depositó a su hija junto al gemelito. Le colocó el gorrito para ocultar su cabello y cejas, también rubias.
Akashi posó la colchita sobre los dos bebés y le acarició el moflete a su hijo dormido.
Esperaron un rato, a solas en el cuarto desnudo de adornos, mientras su pelirrojo líder salía del hospital por la puerta principal, empujando su carrito con normalidad.
Tal y como había predicho Aomine, algunos paparazzi seguían al acecho, igual que un reducido grupito de incondicionales de Kise, y del moreno.
Pero ninguno de ellos reparó en el chico pelirrojo del carrito, ni en el jugador también pelirrojo que cargaba un pequeño bebé en brazos. Les conocían como amigos de Kise, y como jugadores, pero tras mirarles unos segundos, siguieron acechando las puertas esperando que saliera el rubio y su bebé.
Midorima colocó a los bebés en el asiento trasero directamente en su cuco, ajsutando los cinturones para llevarles seguros, y Kagami se sentó atraś con los niños. Akashi se fué delante, al asiento del acompañante.
Taiga destapó a la pequeña de Kise y la miró dormir.
– Se parece un montón a Daiki, es muy bonita. – La arropó de nuevo, y se fijó en el niño de Akashi. – el tuyo sin embargo es idéntico a ti, creo que no ha sacado nada de su padre.
– Eso no es verdad, tienen sus ojos, los tres. – Sonrió orgulloso y tiró la mano hacia el asiento trasero, para arropar a su hijo y a la pequeñita de Kise.
…
Aomine le sostenía con facilidad en el puesto de enfermeras, donde Kise quería despedirse de las chicas que tan bien se habían portado con él y su nenita.
Salieron abrazados por la puerta principal. Akashi tenía razón cuando les aconsejó que el mejor modo de esconder algo, era dejarlo a la vista.
Kise pudo subir al coche de su padre sin que nadie se acercara, por que, a pesar de verle perfectamente, ninguno se podía creer que realmente era él y no alguien que se le parecía.
En el coche, se permitió cerrar los ojos un segundo, sobre el hombro de su esposo. Daiki le acariciaba la mano con la suya propia, despacio.
Seguía cansado, el cuerpo necesitaba su tiempo para volver a su ser, y la tensión por ser descubiertos le había agotado un poco mas de lo que esperaba.
Y una nueva sensación se acababa de unir a las ya existentes. Ansiedad por la separación.
– Soy yo, ¿Todo bien?. – La voz de su moreno le hizo abrir los ojos. Era como si le hubiera leído la mente y justo en ese instante, hablaba con Kagami por teléfono, para saber de su hijita.
– Estamos esperándoos. Sigue dormida, es un angelito... no sé yo a quien de vosotros a salido...
– Gracias, por todo. – Ahora era el rubio quien hablaba.
…
En su casa, la única habitación que permanecía en silencio era el cuarto de Yuki, donde los hijos de Akashi y de Kuroko dormían agotados por el largo día para ellos, al ser tan pequeños.
Yuki dormitaba en los brazos de su abuelo, el papá de Kise, que la sostenía con la habilidad que solo da el tiempo, y ser padre de tres hijos.
Las hermanas del rubio la miraban como si fuera lo mas bonito del mundo, y ciertamente para ellas lo era. Discutían sobre marcas de ropa que debía vestir su sobrina o sobre como su hermano debía hacer caso a una u otra de ellas.
Cosas de hermanos, convino Kise con una sonrisa.
El anciano padre de Aomine conversaba con Miya san animadamente, mientras los "hermanos" del papá también miraban a la nenita sonriendo.
En el salón había mas de veinte personas, todas hablando en voz baja, temiendo despertarla de algún modo, pero la niña, acostumbrada en cierto modo a las voces de su madre, a pesar de escucharle a través de la bolsa y el liquido, no parecía importarle mucho el runrun de las voces a su alrededor.
Kise fue acomodado a un lado, en el sofá para una sola persona, junto a la ventana. A su lado, una cunita con patas altas, esperando a su inquilina que de momento, estaba mas cómoda con su abuelito materno.
Yukio se arrodilló a su lado, feliz, incapaz de dejar de sonreír desde que le había visto.
– Bueno, ¿Cual es la noticia que va a dejarme con la boca abierta?. – El rubio le zarandeó con cariño.
– Bueno es que... salgo con alguien, tengo pareja o algo así, creo. Es bueno, alguien muy guapo y adorable...
– ¿Y cual es la trampa?... – Estrechó la mirada entre divertido e intrigado. Yukio era alguien con muy buen humor, y verle tan indeciso era extraño. – ¿Tiene un tercer ojo o brilla en la oscuridad?.
– No exactamente... voy a ser padre... bueno estamos embarazados, yo no , él está embarazado y aparte ya tiene una nenita …
– ¿QUÉ TU QUÉÉÉÉÉÉ?... – Abrió los ojos, sorprendido.
Kasamatsu era alguien ordenado y cuidadoso con todo. Meticuloso hasta el delirio, a si que, saber que iba a ser padre era una muy grata noticia.
– No grites, por favor. – Levantó la mano para pedirle tranquilidad. – No se yo si es bueno que grites ya. Pero si, vamos a tener un bebé...
– De eso quiero mas datos, mas detalles. Para empezar, cuéntame un poco quien es, de donde sale y que es todo eso de que ya tiene una hija...
– Pero es que hoy es tu día... ya hablaremos …
– No no no, nada de eso, desembucha, ahora. – Kise estrechó la mirada, acusándolo.
– Se llama Tatsuya...
– ¿Himuro?. – Kuroko terminó el nombre con una pregunta, seguido de Akashi que también se unió interesado a la conversación.
– Si, Himuro. – Admitió, con una sonrisa.
– A si que tu eres la otra mitad. – Akashi murmuró. – Supongo que ya te lo ha dicho, menos mal.
– Menos mal, ¿por qué?. – Kise preguntó al pelirrojo al no comprender muy bien su afirmación.
– ¿Has notado la cicatriz en su cabeza?... Se desmayó en el baño y tiene unos cuantos puntos. – Kuroko le miró, sorprendido. No lo sabía, en serio. – Por eso digo que menos mal, no me gustaría que pasara todo el proceso solo.
– Os tiene a vosotros, los niños, y sabe que puede contar con nosotros también, para lo que necesite. – Ahora fue Kagami quien puntualizó la frase de Akashi.
– Y él lo sabe, pero no es lo mismo que contar con el padre de tu bebé... – Kuroko dejó la frase a medias, por que se fué para atrás, hasta que le agarró Akashi por la cintura.
– Deberías sentarte un rato... Llevas todo el día de pie, de acá para allá, y no es bueno en tu estado. Necesitas descansar.
Akashi tenía razón, como siempre...
Su don le permitía ver el futuro cercano, aunque no le indicara que iba a pasar en su visita a la casa de su padre... y el clan...
Pero eso ya sería mañana, hoy el tema principal era Yuki, sus inexpertos padres y Yukio, al que Akashi ya adoraba por hacer feliz a Himuro.
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wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Gracias por seguir amorcitos, os lovio de corazón
nos leemos en el siuiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
