Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …

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Uno mas en la cancha.

Capítulo 27: Amado silencio..

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No pensaba regresar a esa casa, al menos no del modo en el que lo estaba haciendo.

Suspiró, profundamente, cuando el enorme portón de entrada fue abierto por los hombres a las órdenes de su padre. Frente a él, el camino de losas gris, los árboles de cerezo, las rosas... el mismo camino hasta la entrada, nada había cambiado desde su marcha.

El coche de su padre, un blindado de gama alta, aparcado a un lado, pero a la vista.

Una docena de cabezas inclinadas a su paso, tan acostumbrado que no devolvía las muestras de respeto, pero Akashi las sentía innecesarias del todo.

No era importante, ni siquiera se sentía de esa familia, ni pensaba siquiera en seguir sus normas y preceptos.

No se descalzó al llegar a la zona con tatami, ni saludó al personal de la casa cuando entró finalmente al salón principal.

Conocía de sobra a los allí reunidos, y sus intenciones, tan claras en su cabeza que casi soltó una carcajada al sentarse. Aún así decidió esperar a que hablaran.

– Perdón, llego tarde. – Su padre accedió al salón por una de las puertas laterales, siempre seguido por su escolta, que no le dejaba solo ni un solo minuto del día.

Otra ronda de reverencias que en este caso si fueron debidamente respondidas por el recién llegado.

Tras él, su pareja, un joven moreno de piel marfileña y expresión cándida, con su propia seguridad, dos hombres fornidos y armados, sin ocultar para nada sus armas, y un tercero, llevando en los brazos un pequeño niño similar al chico, que miró a Akashi como un padre orgulloso de su pequeño hombrecito.

A él si que le devolvió el saludo, incluso se permitió una pequeña sonrisa de lado.

Para Taki no había sido precisamente agradable contraer matrimonio con el líder del clan Akashi, y mucho mas a sabiendas que debía proporcionarle al clan una heredera, mujer, tal y como exigía la tradición mas antigua.

Aún así había cumplido su papel de entregado esposo a la perfección, desde que lo dejaron allí al momento de morir el anterior consorte, la madre de Seijuuro.

El don que poseía el pelirrojo, la adivinación, era transmitida en su familia desde tiempos inmemoriales, siempre entre las mujeres, por eso, a pesar de contar con dicho don, no podía acceder al liderazgo del clan. Cosa que por otro lado, a Akashi le traía sin cuidado.

– Antes de nada, gracias a todos por venir. – Akashi san miró a los presentes uno por uno, saludándoles de modo individual, estirando la mano a su joven esposo, al que besó con dulzura, haciéndole sonrojar.

El chico, se situó tras su esposo, tal y como ordenaba el protocolo, espalda recta, yukata estirado, mirada al suelo.

Los presentes, asintieron a los buenos modales del muchacho, sacando una nueva sonrisa socarrona al pelirrojo.

Hace tiempo era igual a ese chico, cumpliendo todos y cada uno de los puntos de protocolo, sin rechistar ni poner ni un solo impedimento.

Hasta que apareció Murasakibara en su vida, no cuestionaba nada, no le importaba absolutamente nada. Solo quería estar solo, jugar al shogi, y nada mas. Comer, dormir, estudiar... no se permitía un solo sentimiento, no los creía necesarios. Su madre había muerto apenas al nacer él, dejándole con un padre demasiado ocupado como para dedicarle un poco mas que unos minutos antes de dormir, y un montón de hombres armados y peligrosos, que cambiaban constantemente.

Sei era lo bastante inteligente como para no cuestionar las actividades de su padre, ni preguntar por que siempre había en su casa gente con armas o miradas del todo siniestras.

Ver, oír, callar.

– Teníamos que acudir, si los rumores son ciertos, y por fin el hijo de … "ese" ha hecho por fin una cosa a derechas, como proporcionarle al clan una heredera válida, Akashi sama.

– Pues si ese es el caso, os ruego que abandonéis mi casa por donde habéis venido. – El padre de Sei hizo un gesto con la mano abierta, indicando el camino de salida.

– Eso no va a poder ser. Tal y como ha comentado la señora, hemos oído que Akashi kun es padre de un total de cuatro hijos, lo que es una bendición para los nuestros, y mas si es cierto que dos de ellas son hembras.

– Es correcto, pero ninguna de mis nietas puede acceder al puesto de heredera, tal y como pedís. – dijo serio. -La pequeña apenas tiene una semana de vida, y no podemos determinar su color de ojos exacto, ni si es poseedora del don... además, de que contraviene una de las leyes fundamentales de los herederos legítimos... ya que ha sido concebida fuera del matrimonio.

El susurro general de sorpresa se escuchó perfectamente en la amplia estancia.

– ¿Y que ocurre con la mayor?. – El anciano preguntó, molesto. – Por que de esa si me han hablado de su don, que no esconde de ningún modo.

– La mayor, tal y como bien decís, posee el don, al igual que mi hijo, pero me temo que tampoco cumple las normas en su totalidad.

– ¿Vas a negar que es su hija? Hemos visto imágenes de la pequeña Kiseki y es idéntica a Akashi kun.

Akashi contuvo una risita, ante la cara de frustración de los presentes. No tuvieron ningún reparo en dejarle marchar cuando convino que no podía vivir, ni quería hacerlo, lejos de Atsushi, y sin embargo ahora buscaban de un modo desesperado, y patético, poner a alguien a la cabeza de una familia que se mantenía a base de negocios no muy decentes... pero bien lucrativos, todo sea dicho.

Akashi dejó todo atrás cuando cruzó las puertas de salida. Abandonó la comodidad, la vida resuelta, la docena de sirvientes que le seguían y cumplían sus necesidades con eficiencia milimétrica, por algo tan complicado para él como el amor.

Había prometido a su padre regresar en cuando se embarazara, ese era el trato. Le dejaba salir de la jaula para procurarle una heredera, no mas libertad que eso.

Por eso cuando no regresó tras el primer año, no le pilló por sorpresa el silencio de su padre. Por un extraño anhelo, esperaba que le llamara, que quisiera saber de él, hablar en persona... cosa que no ocurrió, dándole a Akashi una razón mas para no volver, nunca.

Descubrió la libertad al lado de su pelilila. Reír a las tres de la mañana en mitad de la calle con un par de gusanitos asomando por los agujeros de la nariz, o discutir sobre lo buenos que eran los besos de abuela de Kuroko... sin darse cuenta empezó a gustarle vivir.

Su sentimiento de protección hacia Tetsuya, su enamoramiento y posterior desengaño, le gustó, y mucho. La vida tenía eso, cosas buenas, malas, todas ellas enseñaban algo, una lección de vida que quedaba ahí para quien quisiera aprenderla.

Atsushi le enamoró precisamente por no buscar hacerlo.

– Ciertamente, es idéntica tal y como decís, pero Seijuuro no es su madre, si no su padre, y tal como reza en el reglamento, debe ser hija carnal... y los gemelos, son varones, con lo que esta reunión queda disuelta, sin resultado alguno.

– Aún no sabemos si la pequeña Risa carece del don, no podemos renunciar a que la pequeña sea una digna candidata, que posee todos los dones y cumple todas y cada una de las normas impuestas... ¡Solo deberíamos considerar la posibilidad de que su hijo contraiga matrimonio con el padre de la pequeña Risa siguiendo los ritos de nuestra familia.

Aun que le hubiese gustado contestar, no hizo ninguna falta. Su padre, al que siempre había considerado poco mas que un desconocido, fue quien hizo la réplica en su lugar.

– Creo recordar que el líder impuesto del clan soy yo, y por mucho que mi nieta pueda parecer una opción válida, no podemos descartar el hecho de que mi esposo aún puede darme hijos, hembras, tal y como os preocupa, y que por supuesto, no puedo obligar a mi hijo a contraer matrimonio en contra de su voluntad, por dos razones importantes. La primera es que ya cuenta con la mayoría de edad, y la segunda que fue formalmente apartado del clan... a si que, no encuentro una razón válida para considerar la petición que me hacen.

Silencio.

Durante unos minutos, pocos, el silencio lo llenó todo.

Los ancianos, se levantaron de su sitio, molestos, al no conseguir su objetivo, aún así, por el protocolo, tuvieron que agacharse ante el pelirrojo, inclinarse para poder salir del cuarto.

– Bueno, parece que por fin podemos relajarnos un poco... – Miró a un lado, abriendo la corredera que daba al jardín con el dedo, mostrando a Murasakibara semi-tumbado en el amplio césped, con los gemelos a su lado, dormidos, y la niña pegada a su pecho, aferrada a su camiseta dentro de su pequeño puño de un modo inconsciente, como cualquier recién nacida. Kiseki correteaba tras una mariposa , mientras Himuro se relajaba mirándola junto a Yukio, a su lado, sonriendo.

Akashi cedió el paso a Taki, que inmediatamente se sentó junto a los niños, admirándolos, y colocó a su hijo de la edad de Kibu de pié a su lado, empujándole con cariño en dirección a la niña.

– Eres consciente de que se darán cuenta, de que aunque Taki tenga una niña no servirá, al igual que mi hija, ¿Cierto?.

– Buenooo, y eso a quien le importa, ¿Eh? Supongo que mandaré hasta ser un viejito senil... solo soy un abuelito despistado... feliz de haber recuperado a mi hijo, y de formar parte de su inmensa familia, ¿No es suficiente para ti?.

– Supongo que puedo conformarme... – Caminó desde el escalón de madera hasta su novio, al que besó en lo alto de la cabeza antes de tumbarse a su lado, tomar a su pequeña en los brazos y acercar a sus bebés lo mas posible sin perturbar su descanso.

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21:29:40.

Sus ojos fijos, sin pestañear.

:41, :42, …. así hasta el segundo cincuenta.

Los pasos del moreno llegan al cuarto, rápidos con prisa. En su mano el biberón listo, templado y lleno hasta la mitad. Una toalla, el babero, la bolsa con las cosas de la nena.

Se sienta junto al rubio, a su lado, y ambos, juntos y de la mano, miran con impaciencia el interior de la cuna, como el que mira en un agujero místico que conecta con el centro de la tierra.

Yuki frunce el ceño, un par de veces. Se estira, unos segundos, haciendo un ruidito de lo mas adorable, haciendo a sus padres inclinarse sobre el borde la cuna, a la espera.

Pestañea, un par de veces, abriendo su boquita y dejando que el chupete escurra hasta el colchón. Se acomoda a un lado, con la intención de seguir durmiendo.

Aomine alarga la mano, para tomarla en brazos.

Kise le pelliza en el costado, negando.

– Me toca a mí. – susurra el moreno, tratando de volver a la postura inicial.

– Ni lo sueñes. – la mamá se niega en redondo, intentando quitarle el biberón de un manotazo.

Yuki se gira, de nuevo. El cosquilleo del hambre empieza a ganar al sueño, y está a puntito de ser la hora de su toma.

Los dos se inclinan hacia delante, los dos quieren darle de comer.

Aomine une sus manos a la altura de la cara, una súplica a su esposo, incluso dibuja un pequeñísimo puchero con sus labios, tratando de enternecer de ese modo al modelo.

Kise entrecierra sus ojos, sopesando la posibilidad de negarse en redondo... aunque al final se deja convencer, pero solo por esta vez.

– Vale, papá, tu ganas... pero me la cobraré. – Se deja caer sobre la cama, estirando los brazos a los lados, ocupando su sitio y parte del sitio de su esposo.

Daiki espera, un poco mas.

Yuki despierta, al fin , por si misma. La cuna a un lado de la cama de sus padres es su lugar favorito. No tiene ni una semana de vida y no hay minuto en el que no esté vigilada por los atentos ojos de sus padres, abuelos, tías y tíos, y amigos, muchos amigos.

De día o de noche, siempre hay alguien velando su descanso y el de su mamá.

Kise apenas sale de la cama lo justo para ir al baño a asearse y para el necesario alivio, el resto de actividades las hace Daiki por él. Y no se queja, pero si que siente como que le quita tiempo con su hija cada vez que entra en el cuarto.

Pero solo un poquito, muy poco.

Le observa, cada movimiento que hace hasta acomodar a la niña en su regazo es puro amor.

Parece respirar con ella, incluso pestañear solo lo justo para no perderse ni un segundo de su hija. El babero cae en su pequeño pecho, y sus labios buscan ávidos, hambrientos, la leche que calmará su hambre hasta la siguiente toma.

Kise sonríe. La verdad es que su pequeña es una glotona sin remedio.

Recuerda que Kou era así al principio, comía sin parar... ahora era puro nervio incapaz de estar quieto en un mismo lugar mas de cuatro segundos seguidos. Herencia de su padre, seguro.

Aomine se acomoda a su lado, recostado contra el cabecero de la cama, sentado a medias. De ese modo puede alimentar a su pequeña cómodamente y estar junto a Kise al mismo tiempo.

Siente los labios del modelo en su hombro, y en el cuello. El siguiente beso es en el mentón, y en la barbilla. Ahí, para.

Baja la mirada, a la niña, que sigue a lo suyo, sin importarle que sus padres se amen de esa manera tan inmensa.

Daiki aparta el biberón un segundo, que utiliza para tomar a Kise de la barbilla y besarle, profundamente, y apartarse antes de que la niña proteste por haber sido alejada de su alimento tan groseramente por su padre.

– Primero ella, después nosotros. – Murmura, haciendo que el rubio asienta, sonrojado como un adolescente...

Para cuando Yuki se duerme, sus padres ya están metidos en su mundo, lleno de besos, caricias y calor dulce... y miradas en su dirección, de esas nunca faltan.

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Midorima apretó los labios.

La pregunta que había hecho su esposo tenía trampa, y contestara lo que contestara, estaría metido en un lío enorme.

Salió de la ducha, secándose el pelo.

Lucky dormía plácidamente en su cuarto, al que la habían trasladado un par de días antes y se había encontrado con una visión que le traía ciertos recuerdos ya vividos.

Takao desnudo, miraba su pequeña barriga frente al espejo, girando sobre si mismo, a un lado, al otro, midiendo con sus manos la longitud y curvatura, estrechando la mirada como si entornando los párpados se viera de otro modo.

– ¿Crees que estoy gordo?. – Lo preguntó, si, mirándole a través del reflejo del espejo directamente.

Takao no era tonto, no iba a insultar su inteligencia diciéndole que no lo estaba, cuando era mas que evidente que el embarazo empezaba a marcar su cuerpo y a notarse a simple vista.

Pero tampoco quería ser maleducado con su esposo, y hacer que se sintiera mal.

Buscaba una respuesta que le hiciera saber que estaba mas gordito, pero seguía igual de sexy y apetecible para él... pero sinceramente, estaba en blanco.

Y el humor cambiante de Kazunari hacía todo mucho mas complicado.

Podía acabar llorando, gritando que estaba gordo como una vaca hinchable y que explotaría de un ataque de lorzas... o gritándole a él, por ser un maldito insensible con la condición de embarazado, que obviamente le haría ganar peso...

Mierda.

Debería existir un manual sobre como tratar con tu esposo embarazado de cuatro meses...

A estas alturas, Midorima debería estar preparado para todo, pero Takao no dejaba nunca de sorprenderlo.

– ¿Y bien, qué crees?. ¿Me ves mas gordo?. – Ahí estaba de nuevo, la pregunta trampa.

Midorima sudó frío.

Se sintió como los tipos de las películas ante los cables de colores y las tenazas en la mano, decidiendo si hacer caso a su instinto o no.

Fuera lo que fuese, tenía que decidirse ya, la mamá empezaba a impacientarse, y se notaba que esperaba la respuesta con entusiasmo.

Se colocó a su espalda, posando las dos manos en su vientre, abarcando con ellas una gran porción de piel. Sus ojos verdes, preciosos, asomando sobre su hombro, mirándole desde el espejo.

– Si, estás mas gordito. – Le besó el cuello, esperando una retahíla de gritos y reniegos, que no llegaron. Supuso que por una vez, ser sincero sería lo correcto, y era cierto que estaba mas gordito. Sin mas.

Kazunari le sonrió, desde su sitio. Distribuyendo su peso hacia atrás, para que su esposo lo sostuviera en su pecho.

Posó sus manos sobre las de su marido, dejando que llenara de besos y caricias hasta aburrirse.

– Y es maravilloso, ¿Verdad?. – Se notaba la inseguridad de sus palabras por el tono.

– Es perfecto. Eres una mamá muy sexy, ya te lo dije la vez anterior... mírate, haces que tenga que contenerme todo el tiempo. – Mordisqueó su cuello haciendo unos ruiditos muy graciosos, que le sacaron unas carcajadas al moreno.

– Para, vamos a despertar a Lucky. – Aunque se quejaba, no ofrecía resistencia real, en realidad se estaba pegando mas a su marido, incitándole a propósito.

– Entonces, baja la voz, Sexy mami . – Utilizó un giro de muñeca para rodarle en el sitio, y ponerle frente a él, pero de espaldas al espejo.

Ahora Midorima podía verle por todas partes... y se relamió, gustoso.

En unos meses tendrían que volver a los preservativos, pero ahora, pensaba disfrutar de su esposo embarazado hasta el último segundo... y por supuesto, haría que fuera inolvidable para Takao...

Eso sin dudarlo.

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Wiiiii que de cariñitoooooossss jajaja Me imagino a Akashi con gusanitos en la nariz y me parto de la risa, en serio jajaja

me siguen encantando Kise y Dai son tannnn monosososo

En fin, gracias por pasaros y comentar, y ya no queda casi nada ( siniffffff)

...solo los partos y se terminó... tres o como mucho cuatro caps mas . ( lágrimas ) perooooo ( buenooo, ?¿Debería contarlo ya...? Mmmmm) noooooooo aún es pronto, esperemos un par de caps...

Nos leemos en el siguiente.

Besitos y mordiskitos

Shiga san