Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 28: Mi hermana está rota.
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Demasiado cansado como para mirar nada, Kagami camina hasta la habitación y se tira sobre la cama, encima de toda la ropa, cansado hasta el último pelo de su cabeza.
Comprobado. El demonio, si es que existe, es esa mujer pequeñita y rechoncha de mofletes sonrojados y delantal con bolsillos.
La abuela de Kuroko le odia, sin mas.
A él y a todos los se acercan a su granja. Es imposible que haya tantas cosas que hacer de un año para otro, y siempre trabajos pesados, dolorosos y que le drenaban la energía hasta el último grano de ella.
Escuchó a Himuro, en la entrada, reír a carcajadas.
¿Cómo podía reírse así? Él tenía ganas de dormir una semana entera y despertar en su casita, con su Kuroko todo adorable y mimoso... pero su pesadilla no había hecho mas que comenzar.
De todas las actividades para las vacaciones de primavera, Kuroko "sugirió" visitar a la abuela.
En realidad no lo "sugirió" como Kagami había estado tratando de creer en todo el tiempo... se lo pidió con "esa" cara.
Esa que sabía no podía negarle nada cuando la usaba... y ahora estaba ahí, teniendo dolorido el cuerpo entero, y astillas metidas por todas las manos y brazos... Mierda, malditas vacaciones de primavera.
...la buena noticia es que el tejado del granero estaba reparado.
La mala es que solo llevaban un día en la granja.
Demasiado ocupado lamentándose internamente, tardó un rato en darse cuenta de que el baño estaba ocupado, y no solo eso, había una pequeña fiesta en la bañera.
Se arrastró, hasta el borde de la puerta y asomó un solo ojo por la rendija.
No pudo evitar sonreír, sin mas.
Kuroko estaba sumergido, hasta la cintura, dejando su abultado vientre fuera del agua, lleno de patitos de goma.
Entre sus piernas abiertas, Kou palmoteaba el agua, feliz.
Se fijó que en el lado contrario una pequeña canasta, de las que se ponen en la papelera, era el juego que le hacía reír así.
Abrió un poco mas la puerta, haciendo a sus dos chicos mirarle.
– ¿Qué hacéis?. – Se acercó, sentándose al borde de la bañera para besarles en lo alto de la cabeza.
– Patonasta. – Tetsu tomó uno de los patos y lanzó, encestando y provocando que su hijo aplaudiera.
El pequeño imitó a su mamá, encestando también, y aplaudiendo de nuevo a su propia canasta.
– mmm papá, pestas. – Se tapó la naricita con dos dedos, negando. – Tita la dopa, men dento anda.
– Si papá, quita esa ropa sudada y juega con nosotros. – Kuroko sujetó al niño contra su tripa, haciendo sitio para su esposo.
No hizo falta que se lo dijeran mas veces, y la familia entera acabó sumergida en pocos minutos...
– Tu abuela quiere matarme, en serio. – Sentado a su espalda, atrajo a Tetsu a su pecho, dejando que el niño siguiera encestando patos, a lo suyo.
Sus manos abarcaron la redondez, con dulzura bajo el agua tibia. Echó la cabeza hacia atrás, relajándose por completo, complacido y a gusto.
No sabía que era lo que le reparaba mas, si el agua caliente por su piel, o tener a toda su familia alrededor, al alcance de sus dedos.
Sea como fuere, se sentía completamente en el cielo mas absoluto.
– Mano gusta, maño. Mueve dento de mamá, hace quillitas. – Kou se giró, abarcando toda la barriga con sus bracitos, y posando la mejilla en lo más alto.
Kagami también sintió al bebé moverse, aunque también sintió algo mas. Que su esposo se ponía tenso... y era algo que le empezaba a preocupar.
– Tranquilo, no pasa nada. – Le miró un segundo, adivinando sus pensamientos ocultos. – es solo que ya no hay tanto espacio para él y hace daño, pero no es nada. Es bueno que se mueva.
– Yaa, yaa, mano... hace pupa a mamá, para quieto. – Acariciando sobre al piel de su madre, Kou hablaba con el bebé de dentro, aunque en sus ojitos había preocupación también.
Ayudaba, que es lo que su papá había pedido.
Kagami decidió terminar el chapuzón. No pasaba nada, pero la intranquilidad ya se había instalado en su cabeza, sin soltarse ni un poco.
Kuroko descansaba en la cama tranquilo, cuando su esposo entró con la abuela.
Sus ojos preocupados le enfocaron,fijamente. Aún no estaba a término, y cualquier cambio, por pequeño que fuera le ponía los pelos de punta.
La abuelita se sentó en el borde, y le palpó por toda la tripa. Había traído un montón de niños al mundo durante su vida, a si que, sabía muy bien lo que hacía.
Tetsu simplemente se dejó hacer, sin mas. Sabía que cualquier queja o reniego le costaría una docena de reproches y pucheros, de la única persona contra la que no tenía defensa posible, su esposo.
Kagami tenía un poder de persuasión terrible, y un puchero suyo hacía que Kuroko cumpliera sus deseos mas locos.
Por eso no dijo nada de nada, cuando la abuela le tanteó por toda las partes que necesitó para comprobar que todo estaba bien.
– Este crio está bien, es grande para el poco sitio que tiene, y ha sacado el nervio de su padre. Mi pobre Tetsu tiene una enorme carga, pero nada mas. Todo lo demás son tonterías tuyas. – se bajó de un saltó para darle una colleja en la nuca a Kagami, al que obligó primero a agacharse para llegar al sitio de impacto.
– Perdón abuela. – Se disculpó, arrancando una risita a Tetsu, que alargó la mano en su dirección y esperó hasta que la tomó con delicadeza. – Es que la doctora dijo que el segundo hijo iba mas rápido y estoy con los nervios de punta.
– Qué sabrá esa pincha culos del tres al cuarto. – Negó, chasqueando la lengua. – Cada crio necesita su tiempo y su cuidado, no todos los hijos son iguales, no pueden tratar a todos igual... y mi Tetsu es fuerte, no hace falta que lo trates como si fuera que cristal, si pudo superar lo de... bueno, cosas complicadas que tiene la vida, traer a un bebé al mundo no es nada.y menos por segunda vez... estos hombres, siempre dispuestos a hacerlos pero luego, miedosos de lo que viene... será posible...
Kagami se sentó a su lado, atrayendo la cabeza de su esposo hasta su hombro, con la mano abierta antes de contestar.
– Lo sé abuela, sé que es fuerte, como el que más... soy yo el que está asustado, y el que teme por todo lo que pueda hacerle daño. – Se disculpó con la mirada, como siempre hacía cuando salía el tema del pasado doloroso de Tetsuya que él no sabía, pero intuía.
– Yo cuida mamá, tu tanquilo, papá. – Kou palmeaba a su padre con determinación, dejando claro que el cuidaría de su madre con todo lo que tenía.
– Eso está muy bien, cielo mío. – la anciana acarició al niño, premiándole así por ser tan protector con su mami. – Y luego tienes que ayudar con el hermano, cuidar de él, y jugar mucho. – Kou infló el pecho, orgulloso. – Pero ahora vamos a dejar a papá y a mamá un ratito a solas, y tu ayudas a la abuela a hacer galletas, ¿Vale?.
Salió, con el pequeño dejando al matrimonio a solas, con su pequeño hijo alojado en el cálido vientre del peliceleste, y una extraña paz y tranquilidad que solo ellos podían destilar.
Ese amor que se tenían, tan inmenso y especial al mismo tiempo.
– Taiga, yo... – Miró alrededor, buscando en su cabeza las palabras exactas con las que contarle todo. Por un lado deseaba no tener ni un solo secreto con el que era su esposo, pero por otro lado no se sentía con fuerzas como para contárselo, sabiendo a ciencia cierta, que le haría daño.
Kagami entendió, siempre lo hacía, con esos ojos suyos llenos de amor hasta el límite . Besó su sien, acariciando sin límites su cuello, hombro y brazo, entrelazando sus dedos con cariño.
– Te escucharé, si es lo que necesitas. – otro beso, mas dulce que el anterior. – Pero a mi no me hace falta... ya te amo, y lo único que deseo es que estés bien, que mi familia salga adelante, feliz, sin preocupaciones de ningún tipo. Quiero veros sonreír, a los dos, y al que vendrá... y creo que el pasado debe quedar donde está. – Beso, correspondido. – Si necesitas liberarlo de dentro, para quedarte tranquilo, hazlo. Pero yo creo que no es necesario. Tu le has perdonado, y los dos sois felices de algún modo...no se que pasó entre vosotros, pero pasó, y punto. – Le tocó la barbilla para que le mirase. – Pero si quieres que le de una tunda, solo tienes que pedirlo con esa boquita tuya tan esponjosa
Kuroko comprendió. No necesitaba escuchar de nuevo todo, en voz alta, por que tal y como le había dicho su esposo, había quedado atrás hacía mucho tiempo.
Intentó rememorar en su mente aquel día, y tenía lagunas, faltaban hechos. Se dio cuenta de que su mente había desechado esos recuerdos, en pos de unos mas agradables.
El cerebro humano tiene esas cosas, olvida los hechos menos importantes, para resaltar aquellos que nos son especiales de algún modo.
– Gracias, pero no me apetece que pegues a uno de mis amigos. – Le devolvió el beso, girando en la cama para acomodarse a su cuerpo, como tantas veces había hecho ya. – conozco mejores maneras de hacer daño...
– Siempre podemos apuntar a Kou a clases de violín, y hacer que ensaye en su casa. – Se miraron, unos segundos, antes de estallar en carcajadas... siniestras...
….
A Kibu le gustaba su abuelito, mucho.
Era como su papá, pero mayor.
Su voz, mas pausada y al mismo tiempo mas profunda, le sonaba como la mas amorosa de las nanas. Su abuelo solo tenía que comenzar un cuento para que cayera completamente dormida en la primera página.
La casa del abuelo era inmensa, como un palacio, y había un montón de gente en todas partes. Parados en cada pasillo, cuarto y puerta, incluso en el tejado había gente, vigilando constantemente la propiedad y a sus habitantes.
Todo el mundo la saludaba, con una sonrisa, y a ella le gustaba.
Desde que los trillizos estaban en casa, su papá vivía secuestrado por esos pequeños demonios y casi no pasaba tiempo con ella.
Y desde que su mamá salía con Yukio, tampoco le prestaba la atención que antes le dedicaba.
Acostumbrada a la absoluta devoción de su madre por ella, todo el día y a todas horas, en esos momentos se sentía "abandonada" del todo.
Por suerte para ella, su abuelo disfrutaba de su compañía con deleite. Su orgullo de abuelo era inmenso, y cada acto de la niña era convertido en una fiesta nacional por el pelirrojo.
Sentarse con ella a jugar tranquilamente a shogi, o a pintar una docena de ponys verdes con coletas, para el hombre era mas placentero que una aburrida reunión con algún quejica que no había pagado su cuota de protección o alguna chorrada por el estilo.
Su nietas, en realidad todos sus nietos, eran el centro de su universo, pero para que negarlo, Kibu era su ojito derecho.
La adoraba, del mismo modo que adoraba a Himuro por traerla con tanta frecuencia a su casa.
Tatsuya cumplía siete meses y medio de gestación esa semana y había decidido pasar la tarde en casa del abuelo. Se sentía con fuerzas y ánimo, a pesar de la preocupación casi enfermiza de Akashi, que no le dejaba solo ni un minuto de día.
Encontraba el modo de saber de él, mediante mensajes, llamadas, o cualquier medio a su alcance. A pesar que de Kasamatsu se había mudado con él, no se sentía del todo tranquilo.
Su sexto sentido le decía que debía acosar a Himuro hasta el último segundo, y brindarle su apoyo y aprecio aunque el moreno no lo quisiera...
Yukio le dejó en uno de los cuartos que daba al gran jardín. Abrió la puerta deslizándola a un lado y le ayudó a sentarse en uno de los cojines dispuestos directamente sobre el tatami.
– Voy a por un té, descansa. – Le besó, en la frente y salió.
Kibu miró la puerta antes de salir corriendo a buscar a su abuelito, dejándole solo con sus pensamientos.
Himuro filosofaba sobre el extraño devenir de la vida, como nos lleva y trae por caminos extraños una y otra vez, acariciando su duro y ardiente estómago cuando fue consciente de todo.
La calidez se escurrió desde su piel hasta el cojín bajo su cuerpo, llevándole hacia delante, hasta posar la frente en el tatami.
Intentó gritar, pedir ayuda, pero su voz no salía.
Kasamatsu entró, viendo la escena, pidió ayuda en su lugar a voces.
– Llama una ambulancia. – No quiso mirar que era lo que mojaba su ropa, por miedo a que fuera sangre y pasara lo mismo que con Kiseki.
– Está bien, voy a pedir ayuda, intenta tumbarte, por favor. – Le ayudó por los hombros, despacio, muy despacio.
– No será necesario, tranquilízate. – El abuelo, que había sido alertado por un miembro del personal, se personó con rapidez, agachándose a su lado, viendo el miedo en sus ojos claramente. – Sei me advirtió que te vigilara, todo está listo...
En la propiedad había un médico, y una docena de enfermeras especializadas, material y medicamentos. Aún así, la ambulancia fue avisada y esperaba en la puerta de la casa por si al final se requería su servicio.
Himuro fue trasladado a una habitación lista para ayudarle a alumbrar a su bebé, con calidez y tranquilidad, y lo mas importante para él, acompañado de las personas que mas amaba, su milagro, y el padre de la criatura a punto de nacer.
A Kibu le gustó saber que su hermanito nuevo nacería ahí, en la casa de su abuelo, y con Yukio al lado de su mamá.
Había escuchado que con ella estuvo muy solito, y no sabía por qué, pero la ponía muy triste.
Tatsuya esperó, acomodado en una cálida y blanda cama. Sábanas blancas con olor a limpio y las ventanas y puertas que daban al jardín abiertas de par en par, dejándole una preciosa visión de la naturaleza que le relajaba por completo.
Ciertamente, el segundo parto fue mucho mas rápido que el primero, y eso que Kibu no le dio tiempo ni de mentalizarse, pero es que el pequeño ni esperó a terminar la primera contracción.
Kasamatsu esperaba a su lado, sentado en la cama, aferrando sus dedos mas nervioso que la mamá. Para él era el primer hijo, y estaba de los nervios... no, lo siguiente, casi histérico.
Mientras esperaban, el abuelo avisó a todo el mundo de que Himuro había empezado con la labor, pero del mismo modo les advirtió que no toleraría ni una sola muestra de afecto. Mientras durase el parto, ni uno solo de ellos era bienvenido, para evitarle así la presión de saber que le esperaban al otro lado de una puerta.
Iba a brindarle a ese muchacho toda la paz y tranquilidad que necesitara, para que alumbrara a su pequeño con toda la normalidad posible..
Taki entró tímidamente en el cuarto, con una pequeña cesta de fruta, uvas y gajos de melocotón, al igual que un poco de agua para la mamá.
Si bien no era buena idea que comiera mientras duraba la dilatación, a él le sentó estupendamente lo contrario, y mientras esperaba para ponerse de parto, las piezas de fruta le quitaron el agujero en el estómago que le molestaba por el hambre, para dedicar su atención al resto de puntos que sí necesitaban de su atención inmediata.
– Tatsu. – murmuró, a su lado, sin saber muy bien donde ponerse, ni donde poner las manos, incluso dudaba de donde mirar. Kibu se aferró a su mano, y arrastró con ella al abuelo, hasta el regazo de la mamá.
De repente, a su alrededor estaban sus personas mas queridas, y no tenía miedo.
Miró, abajo, suspirando aliviado al comprobar que no era sangre lo que manchaba su ropa, si no líquido transparente.
– ¿Qué hago?, ¿Qué quieres que haga?. – Yukio preguntó, con un hilo de voz.
– Sólo que estés aquí, me vale con eso. – Recibió un beso tras decirlo, y el peso de la niña, que a su lado junto a la cama, acariciaba a su hermanito, al que pronto podría ver y tocar.
–Bueno, parece que este pequeñín va a tener público. – El médico, un joven de apenas cuarenta años, dibujó una preciosa sonrisa. Por la cara del jefe del clan, supo que no le movería de ahí ni con agua caliente. Y el padre estaba tan centrado en la mamá, que ni era capaz de ver mas allá de aquella cama.
Estaba relajado, tranquilo. Una leve molestia, nada parecido al terror e impotencia de la primera vez, aunque si se sentía ciertamente como si fuera su primer hijo. Todo era tan mágico y tranquilo.
Y el dolor, inevitable, apareció, despacio, como un pequeño hormigueo invadiendo sus miembros.
–Respira, criatura, con fuerza. – Sonrió, ya que era el papá quien seguía sus órdenes al mismo tiempo que las decía. – Todo está preparado para cuando tu bebé decida que está listo. Cuando sientas que quieres empujar, simplemente hazlo.
Tatsuya asintió, apretando los ojos.
El dolor estaba ahí, pero no se parecía a nada vivido hasta entonces. Mucho mas suave y mitigado, era como si su cuerpo le fuera ajeno, y el miedo y el dolor solo algo lejano que no iba con él.
Quizá tenía que ver con el relajante que el médico había introducido en su organismo... y que ahora mismo dudaba si administrarle una dosis al papá también, que temblaba como una hoja sin poder parar de hacerlo.
– Ya, doctor... quiero . – No terminó de decir lo que quería cuando su cuerpo se tensó hasta el límite sin que pudiera hacer nada.
Kibu se asustó, por su mamá, pero aún así, no se apartó de su lado, aferrada a su brazo con fuerza.
Akashi san le ayudó a incorporarse, subiéndole el cuerpo por los hombros, hasta dejarle sentado.
Yukio estaba de piedra, entre asustado y asombrado. La ilusión se podía ver en sus ojos, en el modo en el que hablaba con cariño y nerviosismo a su novio. En el temblor con el que le tocaba por todas partes, el cabello, cuello, hombro y brazo, sin saber que hacer con las manos.
En la mitad de la primera contracción, el bebé se deslizó sin dificultad fuera del cuerpo de su mamá, sin apenas dolor ni esfuerzo.
La criatura gruñó, llorando a pleno pulmón apenas unos segundos en el exterior.
Himuro jadeó, mas por la sensación que por otra cosa, y por las manos del doctor, trabajando en su cuerpo hábilmente para limpiar la zona lo más rápido posible. Terminó el alumbramiento, en menos de cinco minutos.
Una enfermera tomó al pequeño, para cortar el cordón y limpiarlo, mientras su hermana le miraba con los ojos abiertos como platos.
Pequeñito, y sin parar de moverse, el recién nacido lloraba con ganas. Yukio no paraba de darle las gracias a Himuro entre lágrimas, una y otra vez, entre besos nerviosos y mocos sorbidos por la nariz.
– Está sano, y tiene buenos reflejos, es puro nervio. – Para apoyar las palabras de la enfermera lloró mas fuerte. – Dos kilos, pequeño pero sano. Y un pequeño gruñón..
Himuro hizo todo lo posible por sentarse, alargando los brazos a su bebé. Si iban a meterlo en una incubadora como a Kiseki, quería al menos, abrazarlo un segundo en ese momento.
– Tranquilo, debes tumbarte. – El doctor comprendiendo su temor, le tranquilizó al mismo tiempo que le ayudaba a recostarse de nuevo. – Es pequeño, pero está completamente formado, no necesitará cuidados adicionales, al menos mas que cualquier otro recién nacido a término.
Himuro suspiró tranquilo, dejando que el agotamiento le invadiera de un sopor que le hizo dormirse al instante sin reparar en nada mas.
Despertó, horas después, quizá por el silencio que lo invadía todo. Yukio sonreía, a su hijo, con Kibu sentada en su regazo, los dos fijos en el pequeño dormilón.
Un biberón vacío a un lado, y paz por todas partes. La claridad del día se esfumaba despacio, tiñendo la imagen que podía ver desde la cama de un precioso violeta.
– Soujiro... me gusta, es un nombre bonito. – Yukio se sentó a su lado, en cuanto notó que había despertado de nuevo. Acercó el cuco para que viese al pequeño dormido. Pequeñito, pálido, de cabello negro y abundante, deditos regordetes y carita adorable, se parecía tanto a su padre que Tatsuya dibujó una sonrisa resignada.
El cuarto había sido limpiado, sábanas limpias, comida a su lado, agua fresca.
Y su familia cerca, a su lado.
– Soujiro Kasamatsu, suena bien. – Yukió abrió los ojos hasta el límite, alucinado. – Tendrás que casarte conmigo, digo yo...
– Bueno, estoy dispuesto a hacer el sacrificio de encadenarme en el sagrado voto del matrimonio. – Sacudió la mano dándole teatralidad a la frase, aunque estaba mas que feliz con la idea de casarse con él.
– Ese enano ha sacado tu habilidad para el escándalo... uff, me pregunto si tendré algún hijo que se me parezca en algo. – Apretó los labios antes de estallar en carcajadas, bajitas para no despertar al bebé.
– Podemos probar con el siguiente. – Le besó, feliz hasta el delirio. – Cuando Kibu empiece el colegio, y Souji puede andar por si mismo, no sé, podemos tener un hijo nuevo, a ver...
– ¿Ya estás haciendo planes?. – Se abrazó a él, despacio, esperando que se tumbara a su lado, y moviéndose con calma.
El bebé cerca y Kibu al otro lado, abarcando con sus bracitos a su mamá y a Yukio, contenta.
– Mami, mi hermana está rota. – Himuro miró a la pequeña sin comprender. – Es un niño, como Kou... yo quiero una nena, de hermana, como Lusy o Yuki... – Miró a Yukio, arrugando el ceño. – El otro hermano que sea una nena, ¿Vale?
La familia entera estalló en carcajadas, susurradas, para no perturbar el sueño del pequeño Souji...
Pero felices, y con una muy buena meta para el futuro.
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Buenooooo antepenúltimo cap ( oooohhhhh pucheroooooo)
espero que os haya gustado, y para el siguiente Takao y un par de sorpresas mas...
¿Por qué? Fácil, ya que este fic comenzó con Tetsuya, considero que debe terminar con él, a si que me reservo su nuevo hijo para el último episodio.
Sin mas me despido, echando de menos a muchas de vosotras, y lamentándome por otras tantas que prometisteis revis y no lo cumplís... una pena, pero bueno, yo es que soy mas de cumplir con mi palabra y eso ( que rara que soy) por eso no comprendo cuando la gente no lo hace... ( cosas de la vida).
A las que dedicáis unos segundos a comentar, gracias, os quiero, y las que lo hacéis sin abrir sesión, también os quiero, aunque no responda por que no me da la página opción, los leo con cariño y los tomo totalmente en cuenta. Si queréis respuesta, mi mail está en el perfil, solo tenéis que mandarlo ahí, y estaré mas que encantada de daros unas palabras en privado ( para ti, que no quieres que sepan que lees cosas yaois y marranotas, Ok¿)
Como sea, que os la pique un pez espada con la picha de colores, que es mas fresquita y colorida.
Jajajajajajajaj.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
