Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.
KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …
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Uno mas en la cancha.
Capítulo 29:Maaa má... mamá.
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– Di mamá. – Sonrisa radiante. – Maaaa maa.
Lucky levantó una ceja, pestañeó y dejó que la saliva escurriera por su barbilla en una sonrisa sin dientes.
Takao suspiró, limpiándole la carita a traición.
– Venga nena, es fácil. La eme con la "a", maaa y luego otra y listo... mamá. – Esperó, tranquilo, expectante.
Parecía que iba a arrancarse a hablar de un momento a otro, pero lejos de las "aaahhhh" y de unos sonidos indescriptibles para sus padres, Lucky no parecía tener prisa alguna por decir nada que se entendiera.
En realidad sus monosílabos le servían para todo lo que necesitaba. Y por supuesto, tirar cosas... y golpear con ellas los muebles cercanos a donde podía llegar, también.
– Vamos, es fácil, solo son dos "ma"... – Dejó la mano en su lleno vientre y sobó en el lugar exacto en el que su pequeño hijo no nato había golpeado con ganas. – ¡uh! ok, tranquilo... estoy con tu hermana.
Tomó la zanahoria de goma y la frotó con la barriga, despacio y en círculos.
Lucky miró atenta a su mamá, siguiendo su mano mientras acariciaba a su hermano.
Su atención se desvió a la puerta, en la que su papá aparecía con unas bolsas de la compra.
Midorima le miró, y no tardó ni un parpadeo en acercarse, dispuesto a salir corriendo al hospital con todo listo.
De hecho llevaba preparado desde hacía dos semanas ya. Takao salía de cuentas en unos días, tres para ser concretos... y seis horas, veintitrés minutos... no, no llevaba la cuenta, para nada. Si alguien preguntaba, no tenía nada de nervios, ni un poco.
Al menos esta vez no esperaba dejarse a la mamá en casa como la primera vez.
– Estoy bien, tranquilo. – Le besó, aunque Midorima no le prestaba la mas mínima atención, mirando fijamente la barriga, como si de ese modo pudiera saber si el bebé llegaba ya o por el contrario había que esperar y solo era una falsa alarma.
Señaló la zanahoria con la que la mamá se acariciaba en lo alto de la redondez, mientras acariciaba a su hija en el moflete.
Takao le enseñó el móvil, con la predicción para el día. La estrella amarilla en el pelo negro de su hija era más que visible, una chapa con una jirafa en su camiseta, eran los objetos de la buena suerte para ellos dos... la zanahoria de goma era el objeto de la buena suerte que Oha Asa recomendaba para el signo que tenía el pequeño bebé aún en el interior de Takao.
Era enternecedor que algo que era suyo, lo de consultar los horóscopos, hacer caso a los astros antes de dar cualquier paso o tomar cualquier decisión de carácter vital, hubiese pasado a ser algo de lo mas rutinario para su esposo.
Takao consultaba a diario los astros, y se preocupaba de que sus hijos contaran con sus objetos y colores adecuados; de modo totalmente natural.
– Bueno, vamos a seguir. – Se giró en la silla, después de recibir el beso de "hola" de su esposo y atrajo la atención de la pequeña, que sentada en su trona, miraba a todas partes y a ninguna, aunque especialmente interesada en las bolsas que su papá había dejado en el suelo. – Nenaa, venga, di mamáaaaaa.
– Déjalo, es muy pequeña aún... no creo que diga nada todavía. – Se alejó, unos pasos, sacando de las bolsas las cosas que había comprado, comida principalmente.
Paró, para mirarles, un momento, con una bolsa de naranjas en la mano.
Takao llevaba una camiseta amplia y larga, que le tapaba hasta la mitad del muslo, para estar cómodo y suelto en casa.
Era mas que hermoso, sus líneas , la ligera redondez en su rostro, dulcificando sus rasgos, haciéndole mas adorable según se acercaba el día del alumbramiento.
Midorima pensó, que se enamoraba de él cada vez que le miraba y una dulce sonrisa llenó sus labios.
Se concentró en ordenar cada cosa en su lugar, escuchando de fondo la canción mas hermosa del mundo. La voz de Kazunari enseñando a su hija una palabra de vital importancia.
– Venga maaaa, maaaa. – Insistía, con cariño.
Lucky palmeó la mesa de plástico frente a ella, y miró fijamente a su mamá, con esos preciosos ojos verdes que le llenaban la cara.
Pestañeó, apretó los labios y se llevó la mano a la camiseta, donde tomó el chupete que colgaba de la tela con una cadenita y lo llevó directamente a la boca.
– ¿Tienes sueño, eh?. – Soltó el enganche para sacarla de ahí, pero los brazos de su esposo le impidieron que siguiera con lo que tenía en mente.
– Nada de coger peso, órdenes de tu médico. – Señaló el sofá y fue él quien tomó a la niña en brazos para llevarla al cuarto, cambiarle el pañal y ponerla a dormir. – Pero que tal si antes de dormir dices papá... paaaa paaa...
– ¡Te estoy oyendo, tramposo! Como diga papá primero me las pagarás...
Lucky se afanó con su chupete, ajena a la pequeña discusión que había causado entre sus padres, acomodándose en su cunita, y abrazando el sueño.
La verdad, es que no tenía prisa alguna por decir nada...
…..
– Lo primero que dijo Kou, mamá... aunque no fue la primera palabra, entre papá y mamá, si fue mamá, ¿Por?. – Kagami cambió el teléfono de oído para tomar una de las ceras y ayudar a su hijo con el dibujo que hacía en el suelo. – Lo primero que dijo fue "no"... luego, " quita" y "dame"... con el "tu" y señalando las cosas estuvo un par de meses, pero si quieres un consejo, mejor que no diga nada... luego no hay manera de encontrar el botón para callarlos. – Risas por parte de Takao al otro lado, que había llamado a Kuroko para preguntar, pero el peliceleste estaba disfrutando de una pequeña siesta y no quiso despertarle con algo que podía responder su esposo de igual modo.
De fondo se escuchaba perfectamente el incansable parloteo del pequeño.
– Pues vaya...
– Déjala, cuando menos lo esperes, se pondrá a hablar como si nada de un día para otro.
– Si... ya lo sé... bueno, te dejo, dale un beso al gordito de mi parte.
– Bien, cuídate y descansa.
El timbre de la puerta sonó, pero no se movió del sitio, sabía que Midorima atendería a la visita sin pedírselo si quiera.
– Hola cielo, ¿Cómo está mi sobrinitoooo?. – La hermana de Midorima se sentó a su lado, sobando la enorme barriga por encima de la camiseta.
– Pues creo que dormido, o aburrido. – Le besó la mejilla, sonriendo. – Por que yo estoy en la gloria .
– Me alegro mucho... pero jooo me muero de ganas de verlo ya, ¿Cuándo piensas soltarlo, eh?. – Miró alrededor, llevándose el pelo detrás de la oreja en un gesto de la mano. – ¿Y la nena?
– Pues saldrá cuando él quiera, y Lucky está durmiendo... ve al cuarto pero no la despiertes, por favor. – Usó un tono de voz que sonó completamente a mamá severa, lo que arrancó una sonrisita divertida a su esposo.
– ¿Te apetece un baño?. – Shintarô esperó a que su hermana se perdiera por el pasillo, para hacer la propuesta. – Tenemos niñera, ¿Qué me dices?.
– Que prepares la bañera, que acepto. – levantó los brazos, para que le ayudase a ponerse de pie y fue a la cocina, mientras su marido se ocupaba de todo en el baño.
Tomó un tentempié ligero y entró al baño con una sonrisa.
El aroma a jabón llenaba todo y le resultó agradable.
La temperatura cálida, incitándole al baño que estaba deseando tomar.
Y su esposo mirándole, esperando que entrara con una sonrisa en sus labios.
Takao hizo un puchero.
– Como te rías te sacudo. – Levantó los brazos, para que le ayudase a desnudarse, disfrutando mas de la cuenta de los pequeños roces ocasionados sin querer al desplazar la ropa fuera de su cuerpo.
Takao se sonrojó, al ver su vientre descubierto y a su esposo tirando hacia abajo de su ropa interior. Ya le había visto denudo un montón de veces, y en posturas de lo mas vergonzosas, pero no sabía por qué, se sentía así, como si fuera la primera vez que estaban en esa situación.
Midorima estaba tan concentrado en ayudarle con la ropa que no lo notó hasta que se alzó frente a él y le ofreció sus manos para ayudarle a saltar el muro de la bañera.
El moreno evitó su mirada hasta que se metió en el agua, ocultando su cuerpo lleno tras la espuma que flotaba en la superficie del agua.
Se tumbó, escurriendo hasta que sus pies se posaron en el lado contrario. Echó la cabeza hacia atrás, sobre la toallita enrollada que su esposo había puesto a modo de almohada y cerró los ojos.
Arrastrado por la sensación placentera del agua, suspiró complacido. Casi gimió, de puro deleite cuando la mano de su esposo, sentado en el suelo a su lado, se deslizó bajo el agua en una lenta caricia por toda la tersura de su vientre hasta el límite del agua, a la orilla de sus hombros.
Esa mano, que de sobra conocía, no se conformó solo con acariciar su tripa hinchada. Paseó por sus caderas y muslos sin restricción alguna. Y subió, por su vientre, a la mitad del pecho, haciéndose dueña de esas costillas a las que prácticamente contó de una en una con la punta de los dedos.
No tenían mas prisa que la del calor del agua. Mientras durase caliente, seguirían ahí, y para eso aún les quedaba tiempo suficiente.
Sus respiraciones tranquilas, y el eco del agua al ser movida era lo único que se escuchaba.
Trazó un camino hacia arriba, con los dedos, por su hombro, bajando de nuevo hasta la mano de su esposo, entrelazando los dedos bajo el agua y estando así, simplemente tocándose las manos.
Takao se relajó, tanto, tantísimo, que cuando emitió un largo gemido, su esposo pensó que era producto del efecto adormecedor del agua caliente.
– Tenemos que irnos. – Fue un susurro, uno casi para si mismo, seguido de un nuevo suspiro, y una sonrisa.
El azul de sus ojos asomó por la apretada rendija de sus párpados cerrados, pestañeó, dos, tres veces, enfocando a su esposo junto a él, esperando que hubiese oído lo que acababa de decir.
– Relájate un rato. – Midorima murmuró, roncamente.
– Lo he hecho, tanto y tan bien, que creo que tu hijo quiere salir ya para bañarse también. – Aferró el borde de la bañera con la mano, apretando tanto que su mano se puso completamente blanca de la presión. Midorima se inclinó sobre él, para ayudarle a salir, pero Takao no se movía. – Espera que pase, dame un minuto.
– ¿Te duele?. – Le miró, atentamente, esperando cualquier signo o palabra de su esposo con total atención.
– No, no es dolor, es mas como... algo por todo el cuerpo... no sé como explicarlo. – Llenó los pulmones hasta el límite de su capacidad para justo después vaciarlos por completo. – ya está, ayúdame a salir.
Le dejó sentado sobre la tapa del retrete, envuelto en el albornoz y con la toalla grande sobre los muslos, cubriendo sus piernas también.
Esta vez tenía todo calculado y preparado, y no se olvidaría de Takao con las prisas.
Si tenía en cuenta lo que le habían dicho y leído, y si justo en ese momento Takao había roto aguas, aún tenía unas horas de margen para ir al hospital y ponerse histérico.
Que su hermana estuviera de visita le venía de perlas; ya tenía canguro para Lucky, y la habilidad de su hermanita para mandar mensajes a la velocidad de la luz también le venía bien.
Le pasó su propio teléfono y señaló el pasillo fuera del cuarto de la niña, para que saliera.
– ¿Para que me das tu móvil?. – Le miró como si le faltara un tornillo o algo peor.
– Para que avises a todos mientras preparo todo. – La miró, y solo necesitó una sonrisita para que entendiera. – Avisa primero a los padres de Kazunari y luego a papá y mamá...
– Ya está, listo. – Le devolvió el teléfono y bajó la cabeza para mirar. Ciertamente había en la cola de envío unos treinta mensajes, y la confirmación de que iban llegando aparecían en la pantalla uno tras otro. – Venga, yo me quedo con la enana, mamá vendrá para acá, y tu muévete o lo soltará en el baño, ni-chan.
…
– Bueno confirmado, estás de parto. – La doctora le dio un toquecito en el muslo para que bajara las piernas. – Y por lo que he podido ver, vas mucho mas rápido que con la niña. Si sigues como hasta ahora, tendrás a tu muchachito en media hora, una hora como mucho.
– Me gustaría sin dolor, esta vez. – Aunque trató de hablar con seguridad, la fase de las contracciones había comenzado para él, y el dolor a traición le desfiguró el rostro en una mueca tensa.
– Ya veremos como va todo. – Contó mentalmente cuando duraba y le indicaba como y cuando respirar. – Y no debió doler mucho cuando has vuelto.
Sonrisa cómplice por parte de la mujer a su marido, lo que le indica que no podrá escapar de sus garras hasta que todo termine.
Midorima se acerca a él, en cuanto se ven solos. Le recuesta y toma su mano, iniciando una caricia infinita en su cuerpo, una continuación de la que había empezado en la bañera.
Aprieta los dientes con él, a cada contracción que le atraviesa como una espada de parte a parte. Es igual de doloroso, solo que mas rápido.
Todo el proceso se precipita como una roca cuesta abajo, no tiene tiempo ni de pensar en lo que vendrá.
Entre dos contracciones, Takao se pierde en sus ojos. Su mirada de sufrimiento le hace consciente de que Midorima sufre con él, aunque no sienta ni una mínima parte de su dolor.
Sabe que merece la pena, por su pequeño y se deja caer cuando finaliza la última contra el colchón, mas dolorosa si cabe que la anterior.
Takao sabe, es totalmente consciente, de que a partir de ahí el dolor cambia de nombre y de forma, para transformarse en algo ardiente que le invade por dentro, hasta calcinar sus entrañas. Todo su cuerpo tenso hasta el límite permitido, y luego una especie de chasquido, que relaja el cuerpo al completo sin dejarle ni pensar en ello.
La doctora va y viene, anotando cosas,comprobando gráficos y saliendo, dejándoles a solas para que se apoyen mutuamente el uno en el otro.
Una enfermera les informa que todo está listo, para cuando el pequeño quiera salir.
….
De nuevo en esa camilla extraña llena de agarraderos que salen de todas partes, Kazunari grita, con todas sus ganas.
La fina y helada capa de sudor que le cubre pega su cabello en la sien, pero su esposo no lo permite, acariciando las hebras negras por toda su cabeza, apartándole el pelo de la cara, para que no le moleste ni un poco.
Mientras recupera el aliento para la siguiente contracción, sonríe. No pude dejar de pensar en Lucky, y en que se muere de ganas de ver la cara que pondrá al ver a su hermano por primera vez.
Es un niño, lo sabe, al igual que sabe que se llamará como su padre, por que no existe nombre mas maravilloso para sus labios que Shintarô. Es precioso, lo ama, y desea decirlo cada día en voz alta un centenar de veces.
Siente sus labios besarle, en la cabeza, en la frente, por donde puede. Sus dedos nerviosos apoyándole, dándole el aliento que necesita, empujando con él con todo lo que tiene.
Alumbran a ese bebé juntos, unidos, como una pareja mas allá de la simple palabra que es ser padres.
Shintarô nace, a última hora de la tarde. Es un bebé silencioso, pero despierto. Aunque no puede ver nada con claridad, sus tiernos ojos buscan por el cuarto, siguiendo las voces que escucha con atención distraída.
Sobre la bata azul, Kazunari siente a su pequeño. Está húmedo y tiembla. Parece que va a llorar, pero no lo hace. Una cabecita sin apenas pelo, y unos labios ávidos, buscando su primera bocanada de alimento fuera del seno materno.
Midorima a su lado, toca al niño, es un niño. No necesita comprobarlo por que él ya lo sabía, desde el primer día lo supo... Aunque si hubiera sido una niña, tampoco habría admitido su equivocación, apelaría al instinto materno para cubrir su error y listo.
Cansado y dolorido se deja hacer. Unos lo limpian, a él, a su hijo. Midorima es invitado a abandonar el cuarto, y le llevan a otro, cerca de allí, donde su nuevo hijo es llevado al poco tiempo.
Mientras el personal médico trata a su esposo, su pequeño hijo es todo suyo.
Es guapo, pequeño, muy pequeño. No ha preguntado por el peso, pero Lucky tampoco es que fuera muy grande...Por un momento tiene una sensación de haber vivido eso ya. Estar así, con su bebé, esperando por Kazunari, a solas con sus pensamientos.
De repente la inmensidad del hecho se hace presente en el cuarto.
Todo es blanco, cálido y delicado y él es padre. Padre de un segundo hijo, pequeñito, encogido. Una nueva vida de la que es responsable, una dependencia futura que se inicia ese mismo día. Necesita que Takao regrese, sano.
Son padres, una familia perfecta, y quiere que todos estén juntos cuanto antes.
…...
La habitación está llena de flores, globos y peluches.
El murmullo de gente alrededor de la cuna no deja que el silencio se extienda por el cuarto, pero no importa. La mamá sigue dormida, efecto de los sedantes, y su hijo también disfruta de una reparadora siesta.
Salir al mundo es confuso, y hace frío, y hay un montón de ruido que antes le llegaba amortiguado.
Y el corazón de su mamá ya no se escucha tan fuerte como antes. Le han vestido y acostado en una cómoda cama, pero nada tan agradable como su mamá.
Midorima contempla a todos desde su sitio, sentado al borde de la cama donde duerme su esposo.
La mamá de Takao solloza. No puede dejar de hacerlo. Su nieto es tan pequeñito, tan precioso; es perfecto y ya se muere de ganas por mimarlo...
El teléfono del papá suena, haciendo que por un momento todo el mundo se quede en silencio.
– Oye, Lucky no para de llorar, quiere ir con su mamá y ya no sé que contarle, estoy sin ideas, nii-san.
– Kazunari sigue dormido, pero ven, trae el carrito y los biberones, para que duerma aquí con nosotros. Si, vale, te espero.
….
La familia reunida, tres generaciones en el mismo cuarto. Las visitas tienen que marcharse y aunque la mamá sigue sedada, Midorima se ocupa de que sus hijos coman de modo adecuado. El biberón de Lucky es calentado por una enfermera, y la fruta le gusta lo suficiente como para no poner caras. El biberón del pequeño Shin lo trae la misma enfermera, sonriendo al ver como se ocupa de la niña mientras su hermano sigue dormido.
Antes de ocuparse de su nuevo hijo, tumba a Lucky junto a Takao, sobre las sábanas. La niña se abraza a su mamá, sin perder de vista cada movimiento de su padre.
Le gusta como le mira, y como su hermanito, comilón, se lo bebe todo.
Se sienta, derecha, para no perderse ni un solo movimiento de su hermano.
La mano de su mamá en su pelo la hace girar la cara, y abrazarle con todo lo que sus bracitos pueden abarcar.
Ama a su mamá, y le da mil gracias, por su hermanito, y por tener un papá tan guapo.
Ciertamente es una suerte que se hayan convertido en una familia tan preciosa.
Si justo eso, es una familia llena de suerte.
…...
Mira, pestañea, vuelve a mirar.
El aparatito entre sus dedos pesa una tonelada, a pesar de que apenas abulta mas que un bolígrafo, pero para él es del tamaño de un elefante.
Se sienta y levanta de la tapa del retrete una y otra vez. Mira la ventanita pequeña, a un lado, esperando que surja algo, lo que sea. Una raya, un punto, una cruz, una caricatura, un cuadro victoriano, pero que aparezca algo de una maldita vez.
Cinco minutos, solo cinco.
Estúpido tiempo que va tan despacio, segundo a segundo, para su mas absoluta desesperación.
Como un animal enjaulado y rabioso camina en círculos dentro de la pequeña estancia, mirando al test de embarazo cada vez que pasa por el lavabo.
Vamos, vamos, vamos...
No sabe como sentirse. Si enfadado, asustado, contento... lo que si sabe es que las sensaciones de los últimos días se le hacen cercanamente familiares.
Un llanto al otro lado de la puerta le indica que los cinco minutos son demasiado tiempo, y que debe salir ya de su encierro.
Por un momento se plantea dejarlo ahí, y volver cuando tenga un momento libre, pero el reloj del móvil llega a cero, y pita, mostrando el final de su espera.
Lo toma, suelta una palabrota, un suspiro, otra palabrota...
...positivo...
Aún no se ha acostumbrado a ser madre y ahora tiene que mentalizarse de pasar por todo de nuevo... en un espacio de tiempo ridículamente corto.
Genial, simplemente genial.
Sale del baño, a atender el llanto...
Al menos eso le servirá de distracción, hasta que vuelva a recordar la que se le viene encima...
Lo dicho, es simplemente genial.
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Bueno ahora si, este es el penúltimo capítulo, por lo que queda uno, el último, lleno de cositas monas, el nacimiento de un nuevo bebé... ( o dos) una boda con sorpresa...( o dos) y algo mas.
Gracias por pasaros siempre, adoro vuestro apoyo y comentarios, de verdad.
Sin mas me despido, dejando la sorpresa para el último cap.
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
