Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …

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Uno mas en la cancha.

Capítulo 30: Bodas con sorpresa.

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– Akachin... – Susurra, con un gran puchero. – No sé como ponerme esta cosa.

Akashi se gira, para mirarle un segundo y suspira comprensivo.

– No te la pongas. – Le aparta la corbata de la mano con un solo gesto, y le indica que se agache para besarle.

Murasakibara se ajusta a su tamaño, encorvándose de forma mecánica para besarle. El blanco de boda que los dos visten resplandece mas en el pelirrojo. No parece que haya sido madre hace nada de tiempo, su cuerpo ha vuelto a su anterior forma en tiempo récord, aunque aún no se ha dado ni cuenta.

Su tiempo es tan ocupado con tres bebés, que no se ha mirado al espejo desde entonces.

Tienen ayuda, muchísima, pero eso no quita que Sei se sienta madre las veinticuatro horas del día, y que su, aún novio, se comporte como un niño mas la mayor parte de todas esas horas, y solo sea padre cuando a él le conviene.

Gracias al cielo, Atsushi tiene unos momentos de lucidez que le hacer estar completamente seguro. Sabe, por encima de todo, que ese niño de mas de dos metros haría por él y sus hijos cualquier cosa, lo que fuera, y con eso a él le basta.

A veces, el amor incondicional no necesita ser dicho en voz alta, solo llega, en pequeños gestos, miradas, certezas que uno conoce sin preguntar, y eso es lo que sabía Akashi sin necesidad de cuestionarlo si quiera.

Murasakibara era su mitad, lo sentía como tal, lo había visto infinidad de veces mucho antes de admitirlo.

En sus sueños había aparecido un millón de veces. Ya conocía su sonrisa mucho antes de verla por primera vez.

Perdido entre sus ojos, recuerda, la razón que le llevó a dejar de batallar contra el destino.

Su mano acaricia la melena, adora hacer eso, y el tacto de su pelo, le fascina.

Con él entre sus dedos, durmió por primera vez a gusto.

El inicio, como todo, fue un acto de rebeldía hacia su padre, su familia anclada en el pasado, un pasado lleno de normas establecidas que no le concernían en absoluto.

Lo último que quería Akashi era seguir los pasos de su madre, y acabar liderando a esa panda de viejales egoístas y comodones, mas preocupados de las apariencias que de vivir la vida.

Abandonar el Shogi por el basket fue uno de sus movimientos mas magistrales hasta el momento.

No le gustaba, de hecho, hasta ese instante, ni si quiera le había interesado lo suficiente como para prestar atención de algún modo, pero sabía que solo así llegaría hasta el que sería su primer amor, o al menos el primero importante.

Antes de eso se había enamorado, un par de veces, nada importante, mas capricho inocente que amor con todas las letras.

Tetsuya fue su primer gran amor y sabía que para llegar a él, primero debía comprender el baloncesto en todos sus puntos.

Jamás se le ocurrió, ni pudo predecir, que ese gigante come dulces sería su gran amor, ese que es para toda la vida, la primera vez que le miró.

Akashi contaba con una determinación a prueba de cualquier contratiempo.

Enamorarse de Kuroko no fue uno de sus mejores movimientos. Kuroko oscilaba, siempre dudando de todo, carente de presencia y personalidad.

Le dio rabia que se fuera detrás de Aomine en cuanto le dijo un par de bonitas palabras.

Tuvo que soportar sus muestras de amor meloso y dulce hasta el hartazgo, y las terribles pesadillas que no lograba descifrar después del primer mes.

Al principio pensó que eran extensiones de sus pensamientos mas profundos. Algunas veces había deseado que a Tetsuya le ocurrieran cosas malas, muy malas, por no fijarse en él, en lo que podía darle. Pero Kuroko estaba ciego, solo tenía ojos para Aomine y para nadie mas.

Siempre con él, para él, no se dio cuenta del cambio, sutil y lento, hasta que fue demasiado tarde para hacer nada.

El día que todo cambió, despertó un poco antes de que sonara su teléfono. Gritaba con ganas en mitad del sueño, de hecho eso fue lo que le despertó.

En su sueño Tetsu moría, sin mas. Y él lo veía claramente, como si estuviera en el cuarto. Moría a manos de la persona que decía amarle, tiempo atrás.

Mientras trataba de recuperar el aliento, una mano, enorme se posó en su cabeza, sobresaltándole por lo inesperado.

Murasakibara era el encargado del pasillo esa semana, y había entrado a su cuarto al escucharle gritar. Akashi pensó que preocupado por que le pasara algo.

Tiempo después descubrió que Atsushi tenía la costumbre de acudir siempre que tenía una pesadilla, o que hacía frío para arroparle, o simplemente para mirarle dormir sin mas.

El tiempo que pasó en el hospital junto a Tetsu le sirvió para darse cuenta de muchas cosas. Su don, era una terrible carga. ¿De qué servía ver las cosas que van a pasar si no puedes hacer nada para impedirlas?...

A su lado, le vio desaparecer, hacerse mucho mas que invisible. Venció a la muerte, a base de operaciones y medicación que le dejaban adormilado la mayor parte del día, pero ¿a que precio?.

Se preguntó una y otra vez por que no se marchaba de ahí. Su estado le estaba haciendo mas daño del que podía soportar, y sus desprecios, su mirada ausente, su dolor, que era suyo y solo suyo, como si el amor de Akashi por él no significara nada.

Cada vez que intentaba consolarle y Kuroko se alejaba gritando, temblando, temiendo hasta que las sábanas le tocaran, le dolía.

Y le dolía estar culpando a Kuroko de lo que le había pasado, y de no darse cuenta de cuanto le amaba... cada vez que se refería a él como "amigo" Akashi sentía que el corazón se le paraba en seco.

Y cuando le pidió marcharse con su abuela, quiso morir... y en su lugar le ayudó, pagó incluso hasta el billete de tren.

Y luego, después de todo lo ocurrido, de dos semanas en el campo, en el que ni se dignó a mandarle un estúpido mensaje, le dice que todo está bien, que su abuela a logrado lo que él no; tocarle.

Quiso ir a verle, un modo mas de autoculparse por no ver la agresión mucho antes, hacer algo, lo que fuera por impedirla, darle una paliza a Daiki y a los demás...

Le gustó la abuela, la casa, el ambiente, todo parecía hecho para la recuperación de Tetsuya.

Se sintió feliz, de que su amigo volviera a sonreír, pero descubrir que ya tenía un nuevo "interés" le destrozó nuevamente.

Estaba claro que Tetsuya nunca repararía en él, al menos no como algo mas que un buen amigo. La pregunta que se hacía era cuantas decepciones mas podría soportar sin hundirse irremediablemente en la miseria mas profunda y oscura.

Dicen que los opuestos se atraen, y también los iguales, por que si no, no comprendía la presencia de Himuro en aquél lugar, a su lado, compartiendo algo mas que palabras.

Dos corazones rotos, decepcionados y abandonados por un destino que no hacía mas que reírse en su cara una y otra vez.

Acostarse con Himuro no fue una de sus ideas mas brillantes, ni la mas acertada, pero no quiso pensar en ello de un modo profundo.

Necesitaba una vía de escape, olvidar solo por un par de minutos, que Tetsuya estaba enamorándose de otra persona que no era él, y que volvía a estar en el papel de eterno amigo.

Las consecuencias de aquel acto totalmente egoísta le llegaron después, cuando no lo esperaba, en forma de una preciosa niña que amaba con todo su ser.

Regresar al mundo "civilizado" era algo que necesitó justo después de volver a vestirse. Aún necesitaba recuperar el aliento, y su ser palpitaba entero, pero comprendió que tenía que alejarse de Kuroko, de allí. Por la mañana estaba metido en un tren, de vuelta a casa.

Sintió una mano en su cabeza, adormilado en el tren de vuelta. La noche anterior se habían dado un "beso de puntitos" pero …

Akashi le miró, por primera vez. ¿Cuando se había hecho imprescindible en su vida? No recordaba en que punto había comenzado a ir con él a todas partes, a aparecer de la nada cuando mas le necesitaba, a dormir juntos cuando Akashi presentía que esa noche sería dura...

Era extraño que alguien tan grande como el pelilila pasara desapercibido para él todo ese tiempo, pero pensándolo bien, desde que estaba en la residencia de estudiantes no había pasado ni un solo día sin él en su vida.

Al bajar del tren le esperaban, no necesito que le hablaran para saber que le pedían volver a casa, pero no quería, al menos ese día no.

Quería estar solo, revolcarse en su pena un poco mas, pero no le dejaron. Murasakibara le arrastró a la carrera hasta su cuarto, riendo a carcajadas solo dios sabía de qué.

Le sentó en la cama y siguió con la mirada su enorme cuerpo buscar algo por la habitación.

Cuando quiso darse cuenta, estaba abrazando una cosa de peluche redonda, rodeado de muñequitos y comiendo regaliz rojo.

Unos ojos violetas le miraban fijamente, y una sonrisa entera le era dedicada.

Seguía preguntándose en que momento Murasakibara había entrado en su vida para quedarse, pero en ese momento se había dado cuenta de que no le importaba.

Era egoísta e injusto, pero le quería en su vida, punto.

Akashi era un ser racional, siempre lo había organizado todo al milímetro, acostumbrado a una vida dirigida, era la primera vez en la que sentía que decidía algo de vital importancia por si mismo.

Obviamente su padre no lo aprobó. El único que parecía comprenderle, Taki, la pareja de su padre, no podía hacer nada salvo tratar de convencerle para que aflojara un poco.

Como todo padre cabezón, el hecho de su hijo, primogénito y único recuerdo vivo de su primer esposo, quisiera alejarse de su vista le sentó como una patada en la boca del estómago.

No lo aprobaba y se lo hizo saber de todas las maneras posibles. Le puso hora de llegada, mas actividades para completar todo su tiempo libre, incluso le racionó el dinero que podía utilizar.

Todos esos actos solo sirvieron para lanzarle con mas fuerza a los brazos de Murasakibara.

Su padre consintió, su relación, con una condición. Akashi debía quedar embarazado en un año, y después regresaría y no volvería a verle mas. Ese era el trato. A cambio la vida de Atsushi quedaría resuelta para siempre.

Recordaba la cara del mas alto cuando se lo dijo. En ese entonces no salían, solo eran compañeros de juego y clase, nada mas.

– Estoy enamorado de tí y quiero que tengamos un hijo. – Podía decirlo mas alto pero imposible hacerlo mas claro.

Era totalmente cierto, quería un bebé con él, a como diera lugar. Haría cualquier cosa por tenerlo si eso significaba la tranquilidad de una vida resuelta para él.

Y le amaba, sin saber que sentía el otro por él... quizá eso era lo mas doloroso de todo; saber que le amaba, tener la certeza de que era así, y tener que mentalizarse para abandonarlo todo cuando llegara el momento.

Y era eso, dejarlo todo, pero mientras llegaba ese día, quería vivir, divertirse, llorar, reír...se alguien completamente diferente a quien era.

Ser libre.

….

Akashi dibujó una sonrisa al escuchar su nombre de nuevo, en los labios de Taki.

Todos esperaban fuera para comenzar la ceremonia, sus amigos, familiares, hijos. Todo aquél importante para su vida estaba ahí, y esperaban por ellos, para comenzar su boda.

Una ceremonia doble, se inicia en unos minutos, pero si alguno de los dos está nervioso, lo disimula muy bien.

Himuro y Yukio, en el cuarto de al lado también esperan.

Aunque sus nervios se escurren entre besos. El pequeño Souji a su lado, dormitando. Kibu sentada, junto a su hermano, balanceando los pies divertida.

Le gusta Yukio, es divertido. Hace que los peluches hablen, y eso le gusta. Y no la trata diferente, siente que es como su papá, pero distinto. Yukio hace que su mamá sonría, y se ponga rojo de vergüenza.

Y por encima de todo a Kibu le gusta que haga a su mamá feliz.

Y le gusta el vestido que le han puesto, de auténtica princesa.

El abuelo entra, después de llamar tímidamente, y eso que es su casa, y les mete un poco de prisa.

La niña no duda en ir con su abuelo, al instante.

Yukio le abraza, sin preocuparse de que el traje de boda se arruga, le da igual. Himuro está precioso, y no hay nada en el mundo que pueda evitar que le quiera, y le bese, y le abrace y le mime hasta el cansancio... o al menos hasta que su hijito despierte, y Kasamatsu se transforme en todo un papá babosote con su pequeño.

Para él, hasta las caquitas de su hijo son perfumadas y cada gesto del pequeño morenito es un maravilloso acontecimiento que debe ser señalado en el calendario con toda la pompa disponible.

Una carraspera les interrumpe en mitad de un beso. Akashi asoma por la rendija de la puerta, y les hace un gesto con la cabeza.

Si van a casarse, ese es el momento.

Todo está listo y preparado, solo faltan los novios.

Murasakibara se acerca al pequeño bebé, dormido y ajeno a todo, y le mira antes de besar su moflete y hacer lo mismo con Himuro, y Yukio.

La madre de este último entra, llevándose al pequeño hasta la puerta metido en su carrito, para no perderse la boda sin que el pequeño despierte por nada del mundo.

Todos están vestidos para la ocasión. Kasamatsu ve a Kise, y al resto de su equipo por el rabillo del ojo durante el corto paseo hasta el altar, de la mano de su chico.

Sonrisas, por todas partes.

Los niños son casi tan protagonistas como los novios, y alguna que otra sonrisa se escapa al escuchar las preguntas de Kou a su papá. La vocecita de Kibu también está presente, jugueteando con su abuelito, saludando a las hermanas de A-kun, que le ríen las gracias.

Lucky escala en los muslos de su papá, agitando su manita por encima de la cabeza de Midorima, diciendo hola a todo aquel que quiera escucharla. El pequeño Shin duerme en los brazos de su mamá, elegantemente vestido al igual que todos los invitados.

El único niño que no parece serlo, el hermanito de Akashi, que sentado con total solemnidad, mira a los presentes todo serio, junto a Taki y su padre, el único que debería comportarse mas correctamente, al ser el anfitrión, y que en su lugar canturrea con su nieta en tono divertido.

Es una boda, un acontecimiento feliz, y estar serio no entra en sus planes para nada.

El juez de paz comienza la ceremonia con frases escuchadas miles de veces, escritas en un papel.

Ninguna de las dos parejas necesita eso, pero los cuatro desean casarse como un paso mas en su vida en común.

Por azares del destino, nuevamente, Akashi y Himuro acaban juntos, en el centro, entre sus dos chicos. Sus manos se rozan intermitentemente durante la presentación del juez.

Es cálido, y la voz de su hija les llega a ambos, claramente.

Durante una milésima de segundo, Tatsuya mira de reojo al pelirrojo junto a él, deliberadamente extiende sus dedos, para rozarle el dorso de la mano, y sonríe, agradecido.

Murasakibara y Kasamatsu tomas sus manos, las de sus parejas, por el otro lado. Por un momento los cuatro están unidos por las manos, atentos a las palabras del juez, ignorando al resto de personas.

Pase lo que pase, Kibu será el punto de unión de esas dos parejas, para siempre.

– Si alguno de los presentes conoce alguna razón por la que estas dos parejas no deban contraer matrimonio, que hable ahora.

– ¡YO!. – Se escucha tan alto y claro, que los cuatro se giran, intrigados.

Kou levanta su manita todo lo alto que da su pequeño brazo, de pie en la silla que ocupaba su padre un minuto antes.

Kagami se encuentra curvado al lado de Kuroko, tapándole con su cuerpo.

– Mamá se ha hecho pis. – En el silencio de la boda se le escucha bien, y todos comprenden que pasa, aunque no quita que se escape alguna risita.

– Espere un momento. – Akashi abandona el altar, para ir con su amigo.

No es el único y al instante casi todos los presentes le rodean.

– Lo siento, pero nos vamos al hospital. – Kagami mira a Aomine. – Necesito tu coche, o que nos lleves.

El moreno asiente sin dudarlo, dejando a la pequeña Yuki con su mamá para acompañarles de inmediato.

– No vais a ir a ningún sitio. – Himuro se agacha junto a Kuroko, que jadea sentado en la silla. – Supusimos que podía ocurrir y Akashi san lo dejó todo listo. Si el mío ha podido nacer aquí sin problemas, el tuyo también lo hará.

Cuando quieren darse cuenta, son conducidos a una de las habitaciones mas alejadas del bullicio de la boda, y Tetsu es acomodado en la cama.

Akashi y Himuro a su lado, colocando cosas, quitando muebles que puedan estorbar. Llaman al personal médico, todo listo y preparado.

– No podéis pararlo todo por mi. – Se queja al ver ahí a las dos parejas con él en el cuarto. – Todo el mundo ha venido a …

– No puedo estar de fiesta, mientras tu estás así. – Tatsuya le regañó de vuelta, Yukio a su lado, asintiendo para darle la razón.

– Podemos casarnos otro día, pero Kuro chin no puede esperar a otro día. – Atsushi dijo lo que los cuatro estaban pensando en ese momento.

– Os lo agradecemos, pero ya teníamos todo listo para … – Taiga miró asombrado al personal que entraba las cosas en el cuarto.

Habían decidido que este sería un alumbramiento acuático, y llevaban todo el último trimestre preparándose para ello.

Ya tenían todo lo necesario para que Kuroko diera a luz en su casa, dentro de la bañera, por eso ver como entraban al cuarto una bañera redonda les dejó de piedra a los dos.

– Y tu que te habías puesto tan guapo para mi boda, ¿Eh?, y ahora tenemos que quitarte todo. – Akashi le empieza a desvestir, mientras Mura y Yukio echan a los curiosos al jardín, para dejar a la mamá tranquila y con el menor número de gente posible.

Kagami atiende a su hijo, que preocupado por su mamá, también ha acabado colándose en el cuarto y con ganas de ayudar.

Ya no hay boda, pero a nadie le importa. La reunión sigue sin los novios, conversando de mil cosas, comiendo y riendo las gracias de los niños.

Kou ha visto la bañera y no ha tardado ni medio minuto en empezar a quitarse la ropa con una sonrisa en la cara.

Akashi le explica que es para su mamá, pero a él no le importa, una bañera es agua para jugar a patonasta, por muy cabezón que se ponga Akashi con que no puede bañarse, lo hará.

Pero no antes de que lo haga su mamá.

La bañera es llenada de agua caliente, y Kagami le lleva en brazos hasta dejarle dentro de ella. Se queda a su lado, para cualquier cosa que necesite.

El médico llega, y le examina.

Kuroko está bien, listo y preparado para lo que viene.

Todo el mundo sale del cuarto, dejando al matrimonio a solas.

Es un momento íntimo, y delicado, tanto para la mamá como para el bebé que llega, y todos los presentes lo comprenden... menos Kou, que sigue queriendo bañarse con su mamá.

De nada sirve explicarle que su hermanito llega, y que lo hará ahí, y que el agua debe estar limpia. Es un niño y solo entiende que hay agua, y que le gusta jugar en ella.

Al final consiguen llegar a un acuerdo con él; se queda en el cuarto, fuera de la bañera, pero si le dejan tocar la tripa de mamá todo el tiempo, hasta que se lleguen a arrugar los dedos.

Ninguno de los presentes tiene corazón para negarle algo tan sencillo, y le dejan hacerlo así.

El tiempo pasa, lento.

El agua es renovada cada media hora, manteniendo su temperatura lo mas alta posible.

A esas alturas, Kuroko respira en pequeños jadeos, bebiendo el aire despacio, entre los dientes.

Las manos de Kou están puestas en su vientre, acariciando a su mamá, preocupado. Es pequeño pero no tonto, y por mucho que su mamá tenga una habilidad innata para poner cara de poker ante cualquier dolor, él sabe que le duele, y eso le preocupa.

Cuando el médico entra para una nueva comprobación, Kuroko está mas que listo para el proceso.

Esta vez ya saben lo que toca, y solo pide una cosa; que sea rápido.

– Kurokocchi... – Kise asoma, por la puerta que el médico a dejado abierta.

No es el único, todos sus amigos, están ahí, tras el rubio modelo. No quieren molestar, pero...

Tetsuya mira al médico, y después a su esposo.

– Está listo, y mas que preparado. – El medico coloca sus guantes y se inclina sobre el borde de la bañera. Kagami a su espalda, asomado sobre el hombro de su esposo, abrazándole desde atrás, con firmeza. Kou a un lado, tomando la mano de su mamá, dispuesto a ayudar también.

Esta vez es rápido, y da gracias al cielo por que así sea.

No sabe si es por el agua, por su esposo ahí, por su pequeño, pero se siente muy bien.

Sus amigos, a los que ve desde su posición, miradas fijas en él, le dan fuerza y determinación.

Antes del último empujón, su mirada se cruza con otra azul. Aomine le sonríe, dulcemente y agota todas sus fuerzas en ese último esfuerzo.

El bebito sale, pero el médico le deja bajo el agua unos segundos.

Taiga mira al bebé, pero su total atención está puesta en Tetsuya, y hasta que no le ve sonreír, no se relaja del todo.

Kou pestañea. Su hermano bucea, y eso le hace gracia, tanto que estalla en carcajadas que rápidamente se contagian a todo el mundo.

Kuroko apoya su cabeza en el hombro de su esposo y levanta el brazo, para tomar su nuca entre los dedos y atraerle a un beso merecido.

– Bueno, saluda a tu mamá. – Pone a la criatura en los brazos de su madre, mientras termina todo el proceso.

El pequeño manotea, amenaza con llorar, y solo la voz de su hermano le hace bajar la amenaza hasta disolverla en un pequeño gemidito.

Kise se acerca, y no es el único. Sin darse cuenta acaban rodeados de sus amigos.

– Papá, tas quivocado. – Taiga mira a su hijo, confuso. – este mano no vale, no tene pito. ¿El pito sa caio?. – Se gira rodeando la bañera, mirando al agua, serio.

Su pequeño ceño fruncido, por que no pasa nada. Se siente estafado.

– Es una niña. – Esa afirmación hace que todo lo que Kou decía cobrara sentido.

– Lo siento campeón. – Kagami le revuelve el cabello al niño, disculpándose. – Pero sigues siendo el hermano mayor...

No es lo mismo, pero a él le vale.

….

Esperan un par de semanas, para reorganizar la boda. Kou está encantado con su hermanita, y no es el único. Kagami no para de hacerle mil fotos a Ren, que es el nombre que han acabado poniendo a la pequeña.

Igualita a su madre, Kagami carga con el mismo problema de Himuro, no tener hijos que se le parezcan, aunque la pequeñita tiene sus curiosas cejas, el resto de su persona es idéntica a Kuroko.

Los nuevos bebés se convierten en mas protagonistas que los novios. Souji es un pequeño nervio, de preciosos ojos tan azules como su padre, y Yuki, bueno, Yuki solo duerme, en los brazos de su papá, todo el tiempo que Kise no está protestando para quitársela de encima.

Los trillizos han sacado la calma de sus dos padres, a si que cuando no duermen, miran tranquilos alrededor, sin apenas emitir sonidos de protesta.

La pequeñita Risa, está tan consentida y siempre con su papá que solo protesta cuando Akashi quiere ejercer de mamá gallina con ella, aunque el pobre pasa su tiempo pendiente de los gemelos, mas bien, grabando cada gesto, por pequeño que sea de cualquiera de sus cuatro hijos.

La boda, acaba siendo una reunión de amigos, viejos compañeros, hermanos. Se divierten juntos, con sus familias, sus hijos, los hijos de sus amigos.

Los que tienen poco tiempo de ser madres ser retiran antes, los bebés necesitan un descanso y tanta fiesta no es lo mas adecuado para ellos.

Los novios también se retiran, aunque para disfrutar de al menos una noche a solas para ellos. Regalo de Akashi san, para las dos parejas.

Por una vez todos son felices al mismo tiempo.

O casi todos...

– ¿Ya se ha dormido?. – Sentado en el sofá, Kise ve a su esposo cruzar el comedor con el pañal sucio en la mano, para deshacerse de el.

Siguen con el traje que han llevado en la boda, pero sin corbatas.

– Si, como una marmota. – Pasa de largo y regresa con un refresco.

Daiki se sienta a su lado, extrañado por su silencio.

– ¿Por qué no te vas a la cama y descansas?, ha sido un día largo y te vendrá bien. Aún estás recuperándote, que parece que se te olvida.

Kise se pone tenso al escucharle tan dulcemente preocupado por él. Sobre el cojín, junto a su muslo y encerrado en un tenso puño, el aparatito del tamaño de un bolígrafo, con un positivo como un castillo.

Ha pasado las últimas dos semanas pensando en ello, en como decírselo... Takao le comentó que podía ser un falso positivo, que por lo visto son bastante comunes durante la cuarentena, pero se había hecho una mas... y otra en el centro de salud... y todas con el mismo resultado.

Estaban tan contentos con Yuki, en su primera noche en casa, que bueno... la verdad, los dos se emocionaron en exceso... y aunque no tenía una certeza segura, todo apuntaba a que en algún momento, el preservativo había fallado estrepitosamente...

– Tenemos que hablar... – Murmura bajito, captando la atención del moreno al instante.

– Claro, dime. – Se gira en el asiento. Extrañado, le acaricia la cara y el pelo. – Vaya cara, ¿Te encuentras bien?, estás pálido.

– Estoy bien... – Perdido en sus ojos, preocupados sinceramente, Kise duda, solo un segundo.

Suspira sonoramente, expulsando todo el aire de golpe por la nariz. Extiende su mano, con el aparatito y se lo pone a la altura de la cara, bajando lentamente la mano hasta dejarla en el regazo, solo posada.

Daiki mira su mano, el test, pestañea.

Silencio.

Kise aprieta los labios, apunto de gritarle algo, algo grosero, muy grosero.

Por un momento piensa que si le llega a decir que puede volar, al menos habría reaccionado, pero los segundos pasan, y no hace mas que mirarle, directamente a los ojos.

En sus cabezas los pensamientos fluyen con rapidez, sin orden ni nada que se le parezca.

Están encantados con la niña, la verdad es que es un cielo de criatura, pero ninguno de los dos se habían planteado un nuevo hijo, de hecho en sus conversaciones pasadas ni siquiera tenían en mente ser padres, tan pronto... a pesar de que Kise no ponía medio alguno para evitarlo, siendo sinceros no pensó que cargaría con un bebé...

La verdad, estaba aterrado, y el silencio de Aomine lo único que hacía era asustarle mas.

– Vaya, creí que no … bueno, me puse un condón, a si que … – Duda, aún decidiendo como debe reaccionar.

Kise se levanta, de un golpe, furioso.

– Oye, espera. – Le abraza por la espalda, aunque el rubio trata de soltarle a la fuerza no lo consigue, y se rinde. – No estoy diciendo que no lo quiera, solo estoy un poco sorprendido...

Tira de él, hasta girarle y le abraza con mas fuerza, un par de minutos.

Se aleja, pero sin soltar sus brazos, para mirarle.

Un beso, dos, otro mas. Manos que se pierden sobre la ropa. Una caricia que dice mas que las palabra que no terminan de salir por sus bocas.

Daiki suspira, mirando sus ojos, aterrados. Aún recuerda lo que le costó tener a Yuki, es demasiado pronto como para olvidarse de las sensaciones vividas y el papá sabe que no ha sido precisamente fácil para ninguno de los dos.

No solo por el embarazo, si no por todo lo que pasó al mismo tiempo. El gasto emocional en los dos había sido brutal, y en cierto modo Daiki se estaba recuperando también del cambio de vida y de la tromba de insultos que Kise le había dedicado en el hospital.

– Esta vez no pienso entrar a menos que te duerman. – Kise suelta una risa entre sollozos.

En algún momento ha empezado a lloriquear y sorber los mocos. Las palabras de su esposo le hacen reír, aliviado en cierta manera.

– Vamos a ser padres... otra vez. – Lo dice mas para si mismo, como un modo de mentalizarse.

– Si...tu y yo vamos... ¡Oh dios, Daiki! Me voy a morir. – Se cuelga de su cuello, un puchero de lo mas teatrero en sus labios.

– No dejaré que te mueras. – Le dio un beso en los labios. – Eres demasiado sexy para eso, y ya que hemos empezado... creo que en unos años podemos tener al menos una docena de niños...

– No es justo, habíamos quedado en que el siguiente lo tendrías tú. – Sigue con el puchero, haciendo colgar su labio inferior. Daiki sonríe, misteriosamente. – ¡Ah, nooo! no me digas que tu... eres malo, muy malo...

– ¿Quién yo?. – Sonríe, aferrado a su cintura, feliz. – Pero si no he hecho nada... – Hunde la cara en su cuello, acercando los labios a la oreja para hablarle en un sensual susurro. – Solo cumplo tus caprichos... soy tu esclavo y lo sabes. Recuerda, me pediste que lo hiciera dentro... y yo obedezco...

– No puedo estar preñado todos los años. – Protesta, pero siguiendo el camino de sus besos, amoldándose a los labios que le acarician el cuello.

– Bueno... yo creo que estás adorable, pero eso, como todo, mi querido y adorable esposo... se puede negociar.

– Ni lo sueñes, maldito tramposo... el siguiente lo tendrás tu...

– Bien, estoy de acuerdo... pero ¿Cuántos quieres que tengamos?.

Kise sonríe con todo el cuerpo, toma y su mano y le dirige, al lugar en el que se siente mas feliz del mundo.

A su lado.

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Buenoooo, pues se acabó, jejeje

Quedan un par de claps, one shoot o como lo queráis llamar. Cerraré lo que ha quedado abierto ahí, jejeje...

Serán centrados en los niños, primero pequeños y el segundo, un poco mas mayorcitos ( Karu, ese te lo dedico)

Pero para mi la historia termina de este modo. Es muy gratificante saber que queda así, abierta a la imaginación de cada lector, por que en el fondo, no quiero darle un final cerrado.

Desde aquí daros mil gracias por seguirme, todo el camino, darme una alegría con cada comentario y saber que estáis ahí, detrás de cada uno de los capítulos con cariño.

Con respecto al futuro, bueno, tengo intención de terminar Celestiales, quedan tres caps, y por supuesto los retos que tan amorosamente me mandasteis para "Solo una pregunta". Si alguien quiere dejar algún reto nuevo allí, los espero con interés, de verdad.

Después de eso, bueno, hay nuevo proyecto, un poco diferente al tono que tiene este, aunque en el mismo universo Kuroko ( nada de poderes ni cosas especiales) pero aún estoy trazando la segunda mitad, y no estoy muy convencida del resultado, de momento solo tengo seis episodios terminados, pero seguiré trabajando en la historia mientras termino lo anterior que he comentado.

Sé que alguna habéis pedido una siguiente temporada, y que me he negado en redondo. La razón, simple, no sabría como seguir dándole sentido, en serio. Podría alargarme hasta que tuvieran nietos, sin contar nada sustancial. Creo que todo lo que quería contar ha quedado reflejado... de todos modos, no me cierro en banda...

Sin mas muchísimas gracias por leer, comentar, estar ahí y apoyarme siempre.

Cualquier cosa, por las vías habituales, en el perfil tenéis mi mail, facebook y ya conocéis mi cuenta en tumblr, donde pongo imgs que voy encontrando de lo mas bonito.

Estoy revisando todo el fic al completo para ponerlo en descarga, pero quiero hacerlo bonito, inclyendo imágenes, cuando esté listo, avisaré.

Os lovio a todas, una barbaridad.

Besitos y mordiskitos

Shiga san