Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …

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Uno mas en la cancha.

Capítulo 31: Familias.

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Unos pasitos resuenan por el pasillo. Un lamento de esfuerzo, de puntillas, tratando de llegar al tirador para abrir la puerta.

Yuki sonríe, cuando finalmente lo logra, pero no entra.

Está demasiado oscuro y le da un poco de miedo. Abre un poco mas la puerta, hasta que la luz del pasillo le revela una cabellera conocida.

Ve la espalda de su papá, y su hombro desnudo, destapado. La mano de su papá, en la cintura del rubio, mas redonda y abultada que nunca.

Su hermanito salta en la cama infantil de nubes felices, al verla. Yuki tiene su cuarto, pero su hermano duerme en el cuarto de sus padres.

Escala desde los pies de la cama y aparta la mano de Kise de su camino. Posa su cara en el vientre de Kise, y murmura un "buenos días" a su hermanita, esa pequeñita que vive dentro de mamá.

– Buenos días princesa. – Aomine murmura, muy bajito, acariciando el pelo rubio de su pequeña. – ¿Ya es la hora?

Yuki suelta una serie de risitas, y tira de su mano, para levantarle de la cama.

Daiki se resiste, está mas que cómodo en la calidez de la cama y con Kise a su lado. Pero escucha a su hijo, también despierto, encadenando "mas" en una palabra eterna, sin fin que suena a "mamamamamaamamamamas"y comprende que tiene que darles el desayuno a los dos.

Toma a Jiro en brazos, y a Yuki con la otra mano, y salen de puntillas, cuidando de no despertar a mamá en el proceso.

En la cocina Yuki acaba sentada en la mesa. A sus cinco años, es toda una señorita, obediente y feliz de ayudar a preparar el desayuno.

Su hermano de casi cuatro no es tan civilizado, y se dedica a golpear la mesa con su cuchara pidiendo comida a gritos.

– Shhh, vas a despertar a mamá, enano. – Posa el dedo en los labios, captando la atención de su hermano al instante, aunque el niño no tiene intención alguna de hacerle caso y le tira el vaso de plástico a su hermanita a la cabeza, mojando su pelo y camisón de zumo de melocotón.

Yuki se baja de un salto, dispuesta a hacerle pagar por manchar su ropa y pelo.

Daiki se gira, y solo necesita un segundo, uno solo, para poner orden.

Su severa mirada es una advertencia, que los niños entienden a la primera.

Nunca ha necesitado subir la voz, ni enfadarse en serio con ellos, pero los niños perciben esas cosas, lo saben. Saben que no hay que enfadar a su papá, aunque no saben por qué, prefieren no descubrirlo.

Jiro se sienta, espada recta, mirando la mesa. Pasa su mano regordeta por su oscuro cabello, y mira a su papá con sus preciosos ojos azules. Su cara redonda le desafía, a él y a su hermana. Se sabe el pequeño, el ojito derecho de su mamá, y se siente poderoso en ese puesto. Tiene la sensación de que puede hacer lo que quiera, y está en lo cierto, aunque ese puesto le durará poco, muy poco.

Cuando nazca su hermana su estatus de hermano pequeño terminará.

Yuki ya lo vivió en su día con él, así que está tranquila, pero su hermanito armará un drama, de los que hacen historia.

Hace un puchero, limpiando con el papel de cocina su pijama de flores, azul y verde.

La ducha suena, a los lejos, y Daiki le hace un gesto con la cabeza para que vaya mientras él da el desayuno a su hermano.

Abre la puerta con la mano, después de llamar y esperar que su mamá le dé permiso para hacerlo.

Kise está de pie, solo con el pantalón del pijama. Su abultada y redonda barriga llama la atención mas que sus pelos revueltos de dormir.

Eso y que se está rascando el trasero con saña, como si le picara el hueso y tratara de aliviarse

– Ven, vamos a quitarte el zumo. – Kise alarga la mano, sonríe a su hija.

Le ayuda a quitarse el pijama, una docena de besos llenan su pelo y pone su brazo para que la niña lo use de asa y salte el murito de la bañera.

Sentada en el suelo de la bañera deja que su mamá le lave el pelo, con el jabón de fresas y caramelo, y se pone un bigote con la espuma... y una cresta, muy alta.

Risas en el baño, y la cocina.

Jiro ha terminado sus cereales y su papá hace malabares con ellos. Tira uno al aire y lo atrapa con la boca, poniendo caras de lo mas graciosas.

Kise aparece por la cocina, con la niña envuelta en una toalla que solo deja sus piececitos al aire.

Se besan delante de los niños, una sonrisa colectiva y cada uno toma a uno de los niños para ayudarle a empezar el día.

Yuki se viste sola, aunque le encanta que mamá elija su ropa, y complementos.

Jiro también es independiente, aunque le gusta batallar, sobre todo con su papá, el que mas le presenta resistencia de los dos; mamá acaba dejándole hacer lo que quiera.

Acostumbrados a organizarse, apenas necesitan veinte minutos para estar listos y arreglados para ir al colegio con los niños.

Siempre que van al colegio sus dos papás, el resto de mamás les miran, y a Yuki le molesta un poco.

Sus papás son suyos y de nadie mas, no le gusta como miran a su mamá, y dicen cosas bajito de ellos.

Aunque hoy está contenta. Le toca leer su redacción sobre la familia, y le gusta como ha quedado. Papá la ayudó a pegar purpurina en una esquina, y ha dibujar un sol, con ojos y boca sonriente.

Jiro se aferra a Kise con sus dos manitas, negándose a entrar en su clase.

– Vamos, vamos, mamá vendrá por ti luego. – Kise le acaricia el pelo oscuro, con dulzura.

– ¿Lo prometes?. – Un puchero, una lagrimita colgando de sus pestañas, y el dedo meñique de punta, esperando que mamá lo coja con el suyo, sellando la promesa de volver.

– Prometido. – Kise besa al niño, en lo alto de la cabeza. Revuelve su pelo y le palmea el trasero, para que entre en clase, con sus amigos que hace rato le esperan.

Yuki se queda con su mamá, un poco mas. Todo el mundo los mira, por ser quienes son. Sus papás son famosos y es imposible salir de casa sin que alguien se acerque para una foto, un autógrafo o algo por el estilo. Esta acostumbrada a eso, y no le molesta para nada.

Gracias a su papá y su cara de pocos amigos, en el colegio no les molestan, y menos si están con los niños. Para ellos, ir con sus pequeños al colegio, es una actividad sagrada que no perdonan, a nadie.

Yuki espera, a que los niños entren, y se aferra a la barriga de su mamá con los dos bracitos. Está así unos segundos y finalmente se despide, cuando sus dos papás le dan su beso de despedida.

Camina segura a su sitio, deja la mochila de abejas en al silla y espera a que la profesora pase lista.

Está nerviosa, feliz. Se muere de ganas por que todo el mundo escuche su redacción.

– Bueno, estábamos contando cada uno, como es nuestra familia. Siguiendo la lista, le toca a... Yuki, Yuki Aomine.

La rubita asiente, de los nervios. El vestido azul cielo ondea a sus pasos, y una vez frente a todos, fija su mirada en las converse blancas que adornan sus pies.

– Mi familia es genial. – Mira a sus compañeros por encima de la hoja, sonríe y sigue leyendo. – Mi mamá es super famoso, y muuuy guapo. A veces, le visten de cosas graciosas, otras no, solo guapo y serio. Hay mucha gente que pone a mamá guapo y listo para sus cosas de la tele y las revistas.

Paró un momento, para enseñar el dibujo de la página en sus manitas, girando para que todo el mundo lo viera.

– Mi mamá tiene a mi hermanita dentro de la barriga... aún no sé como se ha metido ahí, pero dentro de un poco de tiempo, o así, mi hermana saldrá fuera... tampoco sé por donde, mamá se pone rojo si lo pregunto...

Risitas generales.

– Mi papá se come los monstruos, los de debajo de la cama, y los que viven en el armario. El otro día me pareció escuchar un algo en el baño, pero mi papá le dijo al monstruo, que como se le ocurriera asomarse, se iba a enterar y ya no ha salido mas.

Miradas asombradas por parte de la clase.

– En mi casa siempre hay personas, mucha gente. Mi papá tiene muchos hermanos y hermanas y mis tías, guaa, les encanta ponerme ropa, y cosas en el pelo. Me divierto mucho. Los abuelos también son divertidos, siempre están disfrazándose de cosas bonitas, me gustan.

Quiero un perro, pero papá dice que no es buena idea, siempre estamos corriendo de un lado para otro y no se ocuparía nadie de él... pero no me importa, mi amigo Kou tiene un perro enorme y puedo jugar con él cuando quiera, a si que, no me importa mucho.

– Yuki, ve terminando. – La profesora le mete un poco de prisa. Aún quedan muchos de sus compañeros por leer.

– Si vooooyyy, buenooo. – Pasa la hoja de una mano a otra , suspira. – Mi familia es muy divertida y quiero mucho a mis papás y a mi hermanito Jiro, aunque sea malo y gruñón, pero mamá dice que ha salido a su padre... y ya está.¡Ah! Mis papás juegan al basket muy genial, pero no lo cuento, sería muy chupi que un día lo veáis y esas cosas... Podéis venir a mi casa siempre que queráis, tengo piscina grande, y eso... fin.

Los niños aplaudieron contentos. La verdad es que la rubita había sacado el don de gentes de su mami, y se notaba.

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Midorima y Takao escuchaban atentos las palabras del profesor de su hija. Las notas de Lucky han bajado, en picado las últimas semanas.

Ciertamente están preocupados. La niña es inteligente y ninguno logra comprender que pasa para su bajada de nivel. No hay ninguna razón evidente para ello y la verdad es que están desconcertados.

Los últimos trabajos y deberes sobre la mesa del profesor. Kazunari los pasa, uno a uno, y se nota la dificultad que la pequeña Lucky tiene para escribir en algunos de ellos, sobre todo los últimos. Frunce el ceño.

En casa la niña se comporta como siempre. Juega con su hermano, contenta. Sus juguetes le gustan, tiene muchos libros, desgastados de tanto usarlos... no comprende que puede ir mal.

Están sumidos en la búsqueda cuando Lucky entra en la clase, mandada desde la otra por la profesora. Hace un puchero al notar la mirada de todo el mundo en ella; todos los adultos la observan serios, demasiado serios.

Es su papá quien sonríe primero, y quien se levanta para acercarse a ella.

– Ve a tu sitio, cariño. – Midorima le pide, hablando cariñosamente.

Va a la pizarra y toma una tiza, escribiendo algo en letra pequeña.

Regresa junto a la niña, en la fila del centro, mas o menos atrás y se agacha a su lado.

– ¿Puedes leerlo?. – Mira a la pequeña con una sonrisa, y le señala la pizarra con la cabeza.

Lucky frunce su pequeño ceño, entrecierra los ojos y profundiza mas su puchero, negando sonrojada.

Suspira, acariciando su cabello y le levanta la carita con un dedo en su barbilla.

– Está bien, no pasa nada, nadie va a regañarte. – Mira a Takao, que a su lado, también acaricia el pelo de la niña. – Vamos a probar una cosa.

Midorima asiente al profesor antes de quitarse las gafas y ponerlas en la cara de su hija.

– Mira ahora. ¿Lo ves?. – Su voz suena tan dulce que la pequeña se tranquiliza comprendiendo.

Lucky pestañea, sujetando las gafas de su papá con sus manitas, manteniéndolas en el sitio.

No es perfecto, pero si ve mejor las letras, mas enfocadas. Por supuesto que puede leer lo que su papá a escrito, sonríe.

– Yo también papi, también te quiero mucho. – Se aferra a su cuello, esperando que la abrace para darle un montón de besos, cuidando que no les ocurra nada a las gafas de su papá.

– ¿Necesita gafas?, ¿Ese es el problema con ella?. – Takao mira a su esposo, una chispita de esperanza en el tono de su voz. – Que bien, cariño. – Acaricia la espalda de la pequeña que ya se encuentra en los brazos de su padre. – Pues tenemos que ir a comprar unas bonitas, ¿Qué me dices?, ¿Te apetece ir de compras con mamá y papá?

Lucky asiente, sonriendo hasta el límite de su tierna boca.

Está segura de que conseguirá unas super bonitas, como las de su papá.

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Risa escucha la feria desde su cama. Hoy no ha ido a clase, no se encontraba bien y ha pasado la mañana entre dormida y despierta. Cansada mas que otra cosa.

Su salud siempre ha sido debilucha, y según crecía, la mejora ha sido mínima.

No podía estar mucho tiempo caminando, o simplemente de pie, o sentada. Ni pasar en la calle demasiado tiempo, por el frío.

La verdad es que se moría de ganas por ver la feria, las luces, las atracciones. Quería ver los puestos de habilidad, los peluches, algodón de azúcar... mataría por un algodón de azúcar gigante.

Escuchó a sus hermanos mucho antes de llegar a la puerta del apartamento.

Las llaves y las carreras.

– Está bien, dejad las mochilas y nos vamos. – Himuro gritó desde la puerta, seguramente abriendo la de al lado para que Kibu dejara su propia mochila.

– Voy a buscar a Risa. – Akashi informó desde el pasillo, su mano en el tirador de la puerta del cuarto de la niña, dispuesto a abrir.

– Jo mamá, no vayas. – Kyo se quejó, molesto. – Siempre que viene Risa es un rollo... no podemos divertirnos, por que se cansa enseguida y tenemos que volver.

– Y papá siempre se queda con ella, y no juega con nosotros a nada. – Shiro apoyó a su hermano, molesto del mismo modo.

Akashi se gira, mira a sus hijos sin mover un solo músculo. Imposible saber que está pensando, aún así, los niños dan un paso atrás, desviando la mirada avergonzados, pero solo un segundo. Los dos, al unísono, enfocan a su madre, dispuestos a imponerse.

– Papá, venga, vamos a la feria. – Kibu le llama, desde el salón, y los gemelos deciden que es un buen momento para quitarse de su vista y corretear hasta la puerta, evitando el malestar de su madre.

Akashi abre la puerta, despacio.

Risa está en la cama, solo su pelo violeta asoma por el límite de las sábanas.

– ¿Estás despierta?. – Se acerca hasta la cama y se sienta en el borde. – ¿Cómo has pasado el día?.

Espera a que la niña se gire, boca arriba en la cama, y le mire. Akashi sonríe un poquito.

– Estoy cansada. – Lo dice en un murmuro, solo asomando sus preciosos ojos violeta por la línea de la sábana.

Akashi aparta la sábana para mirarla. Risa es delgada y alta, mucho para su edad.

Es mas alta que él y solo tiene diez años, sacó eso de su papá.

Es curioso que siendo la pequeña de los tres, sea mas alta que los gemelos.

Sonríe de lado. No quiere que su mamá se de cuenta de que quiere ir, tampoco quiere que sus hermanos se enfaden con ella, prefiere que se diviertan.

Finge que no ha escuchado las quejas de los gemelos y entorna los ojos, pareciendo mas cansada de lo que realmente está.

Akashi suspira, frustrado. Sabe que le está engañando pero no quiere herir los sentimientos de su hija. Sabe que lo hace por sus hermanos y eso le enorgullece, aunque le fastidia sobremanera que siempre sea ella la que se sacrifica para que el resto se divierta.

Siente que la dejan atrás para hacer su vida y eso no está bien.

– Vamos a la feria, ¿Quieres venir?. – Su duda es sincera. No quiere forzar a la niña a nada que empeore su, ya de por sí, débil constitución, pero si ella quiere ir, la llevará, aunque tenga que ser en brazos.

– No mamá, paso. – Se abraza a él, dándole un besito antes de tumbarse de nuevo, bostezar y sacudir la mano en el aire. – No me encuentro bien, quiero dormir... y los chicos están esperando... vete mamá, divertíos.

Akashi se queda callado, solo mirándola. No es justo... pero el jaleo en la entrada ya es mas que voces. Los gemelos se pelean a gritos, meten prisa a Atshusi, y Kibu trata de meterse entre ellos, gritando por encima de los niños.

Si no va ya, acabarán a tortas sin remedio.

– Te quiero. – Murmura besándole la frente. – Descansa.

– Yo también, pasarlo bien. – Se acuesta y arropa, dándole la espalda.

Sale del cuarto y cierra la puerta, despacio.

Risa escucha el jaleo, a su madre regañando a todo el mundo, y finalmente el silencio que dejan cuando se marchan.

Escucha sus voces, sus risas, incluso cuando ya están en la calle.

Es ahí, cuando sabe que nadie la ve, que Risa solloza.

Durante unos minutos, llora contra la almohada. Es lo único que puede hacer...

Escucha una llaves, y unos pasitos pararse en la puerta de su cuarto.

Se suponía que todo el mundo se había ido, y por un momento, la idea de un intruso la aterra.

La puerta se abre y los pasitos se acercan a la cama. Al mismo tiempo que la sábana es bajada para descubrirla, unos pasos mas fuertes se acercan también.

– Risa, ¿Estás dormida?. – Una voz, infantil, la zarandea y tira de sus manos para levantarla aunque no quiera. – Papá ven, corre.

La chica gira el rostro, y enfoca los preciosos ojos azules de su "hermanito", que tironeando de ella con ganas, arruga la frente por el esfuerzo.

Yukio le mira, un regaño dulce en sus ojos.

– Ayúdame, hay que vestir a Risa, está en pijama. – Acaba sentándola y buscando en el armario ropa para ella sin orden alguno.

– Pero, ¿Qué pasa?... Creí que estabais en la feria con los demás.

El morenito la mira, esperanzado. Rebusca en los bolsillos de sus vaqueros, en todos, hasta dar con el folleto que quiere enseñarle a su hermana..

Lo pone a la altura de su cara con los brazos estirados. La sonrisa ilumina su rostro por completo.

– Mira, tienes que venir, en serio. – Abre el folleto, pasando el dedo por la parte que Risa quiere que lea. – Por favor... por favor porfavor porfavorporfavor...¿Siiiiii?.

– P-pero es que... – Mientras trata de hacerles saber que no desea molestarles, Soujiro tiene otros planes, y va poniendo sobre la cama prendas de ropa al azar.

No sabe si combinan o no, y tampoco le importa mucho. Solo quiere que su hermana se ponga ropa para salir y vaya con él.

Está tan contento que no piensa en que quizá sea una molestia.

Risa mira al suelo, a sus pies descalzos que cuelgan sin tocar el suelo. Las botas de Kasamatsu asoman a sus ojos, al llegar junto a ella. Recorre los vaqueros rojos con la mirada, y la camiseta superpuesta en negro y azul, con agujeros estrategicamente hechos en la tela para diseñar una calavera pirata.

Desde ahí puede oler su colonia, y la gomina con la que ha puesto su pelo de punta.

En sus ojos azules, ve paz.

Kasamatsu quiere llevarla, y su hijo también cuenta con ella... en realidad no que quieran llevarla, es que quieren que les acompañe como un miembro mas de su familia.

Risa llora, sin saber muy bien por qué, y los dos morenitos se quedan un poco descolocados, sin saber que han hecho para hacerla llorar, o si es que le duele algo.

– Te ayudo. – Soujiro mira a su papá, indicándole que espere fuera con un gesto de la cabeza. Toma el borde de la parte superior del pijama y tironea hacia arriba para sacárselo.

Risa se viste con la ayuda de su hermano en unos pocos minutos.

Kasamatsu la toma de la mano. Por su altura, nadie diría que es una niña de diez años. Casi llega a la altura del morero, se queda apenas a un par de centímetros de ser de su misma estatura.

El vestido vaquero y las zapatillas rojas le quedan genial con su cabello violeta, y los dos morenos, padre e hijo sonríen todo el camino.

Su velocidad es lenta, no tienen prisa, y están cerca.

El jardín botánico casi no tiene visitantes, todo el mundo está en la feria, por lo que es un día estupendo para visitarlo, pero esa no es la razón de que tenga que ser justo ese día, esa tarde en concreto.

Soujiro camina nervioso en cuanto cruzan la puerta, y va disparado al mapa. Pasea su dedito de punta por los dibujos, buscando una zona del parque en concreto.

– Aquí, la encontré. – Mira contento a Risa y le tiende la mano, para ir juntos.

La chica se suelta de Yukio, que ha ido aferrado a su mano todo el camino y toma la manita de su hermano con cuidado.

Sus pasos son comedidos, contados. Lo último que quiere Soujiro es que se canse, quiere que se divierta con ellos, y el niño está rebosante de felicidad solo por estar con ella.

Risa es su persona favorita del mundo mundial y ya ha manifestado en varias ocasiones, que cuando sea mayor se casará con ella.

Kibu le gusta, es divertida, y los gemelos son geniales, pero siente que con Risa tiene una conexión especial, solo suya.

Camina mas despacio al llegar a la sala con los nenúfares gigantes, que es lo que él quería enseñarle. En el centro del estanque, una hermosa flor rosa con las puntas de cada pétalo mas clarito.

– Mira Risa, ¿A que mola?. – Se acerca hasta el borde artificial del estanque y dirige las manos de la chica para que se aferre a él y se sostenga por si misma. – Nenúfares, ¿No es una pasada?... están en el agua, dentro.

– Son enormes, las hojas flotan...y la flor es preciosa.– Mira al niño, sonriendo. – Gracias Souji, me encanta.

– Gracias a ti por venir. – Sonrojado mira a su padre, que les sonríe a los dos. – Creí que te irías con el resto a la feria, que te reirías de mí por querer ver las flores y eso.

– No me apetecía ir a la feria de todos modos. – Una lágrima escapa por su cara, sin que pueda evitarlo. Yukio la toma con un dedo, comprendiendo que es mentira y que seguramente querría ir, pero como siempre, Risa dejaba que sus hermanos se divirtieran sin ella.

– Pues entonces, vamos a la zona de las rosas. – Señala a un camino en un lateral.

Kasamatsu pasa la mano por la cintura fina y delgada de la chica y la ayuda a caminar un rato a su lado. Risa agradece la ayuda, y por una vez no se siente un estorbo, una inútil que solo da problemas y preocupaciones a todo el mundo.

Se divierte con Souji y su padre, y ellos se divierten con ella del mismo modo.

Visitan todo el parque, entero. Ni una sola de las flores queda sin mirar. Se hacen fotos, con los móviles, contentos.

Anochece mientras están en la sala de las orquídeas, tratadas con delicadeza en un invernadero aparte del resto.

Son preciosas, y le encantan.

Souji se pierde un momento para ir al baño y regresan a casa cuando ya es noche cerrada.

Las calles están llenas de gente y se puede ver las luces y el bullicio típico de la feria desde el camino que toman para volver a casa.

Lo hacen caminando despacio, tranquilos. Comentan las flores, lo bien que lo han pasado.

Souji está muy callado, para lo que es él y lo que le gusta hablar, pero Yukio lo achaca al cansancio.

Llegan a casa y ayudan a Risa a sentarse en el salón. Kasamatsu considera que no es bueno que pase tanto tiempo en la cama, aunque ahora si que debería estar en ella, pro que ya es de noche, no la lleva hasta allí.

Cocina un par de pizzas para cenar y cenan juntos.

Están con el postre cuando llegan los demás. Los gemelos están cansados y van a su cuarto sin decir ni hola. Kiseki se sorprende de ver a Yukio ahí, pero también está cansada y entre bostezos atraviesa el apartamento de Akashi para ir al suyo y ocupar su camita.

– Vamos Souji, hora de dormir. – Himuro ofrece la mano a su hijo pero el niño niega. – Es tarde.

– Ahora voy, quiero decirle una cosa a Risa. – Pide por favor con sus ojitos entornados.

Kasamatsu toma a su chico por la cintura y le dirige a su propia casa, dejando a los niños a solas.

Souji mete la mano en el bolsillo delantero de su sudadera, saccando una bolsita marrón y pequeña, del tamaño de un sobre de cartas.

Lo pone en la mano de Risa, besa su mejilla y se levanta de un salto, para ir a su casa.

Antes de cruzar la puerta, se gira y la mira un segundo.

– Gracias por venir, de verdad. Estoy super contento de que hayas venido. Espero que te guste. – Señala el regalo y cruza la puerta a paso ligero.

Murasakibara se sienta junto a ella, confuso. Risa sonríe al pequeño regalo de su "hermanito". Es una cucada, una orquídea seca conservada en una fina capa de plástico. Un detalle de lo mas adorable.

Lo imagina comprándolo todo vergonzoso, cuando dijo que iba al baño y se le acelera el pulso.

– ¿Qué tal la feria?. – Risa aferra la flor contra su pecho, y sonríe a su papá. Bosteza sin querer, pero hoy, sin darse cuenta apenas, está mucho mas que cansada, mucho mas...

– Mal, te he echado de menos, mucho, mucho. – Atsushi dibuja un puchero teatral que arranca una carcajada sincera a la niña. – Ya sabes que papá sin ti no puede vivir... – La toma en brazos con una facilidad innata y la sube a su regazo, amoldando a la niña a su pecho, en el que se apoya para estar recostada, como casi toda su vida, ese pecho ha sido su refugio, cálido y amoroso.

– Lo siento papá. – Acaricia el pecho de su padre con la mejilla y se acomoda un poco más. – Pero me he divertido mucho con Souji y su papá... mañana te enseño las fotos, ¿Vale?... ahora voy a cerrar un momento los ojos y a …

Un suave arrullo convierte su respiración en algo calmado. Se ha dormido en los brazos de su padre y Murasakibara la sostiene con una enorme sonrisa en su cara.

Le gusta que su pequeña esté contenta.

– ¿Papá?. – Levanta la mirada, y ve a los gemelos en pijama, descalzos, un puchero en sus labios, una disculpa en su cara.

Puede ver las palabras de Akashi en sus hijos, no le culpa, son niños y quieren divertirse. No comprenden el daño que sus palabras y actos le hacen a su hermana. Aunque son nobles, y cuando son conscientes, hacen lo que sea para ganarse su perdón.

Kyo sostiene un algodón de azúcar envuelto en plástico para no estropearse entre sus manos.

Shiro un peluche, de un gatito amarillo.

Los dos se dan cuenta de que su hermana está mas que dormida, pero no están dispuestos a irse por las buenas.

Murasakibara les hace un gesto con la cabeza. Los dos besan a su hermana dormida, uno y después el otro, y siguen a su papá hasta el cuarto de la chica.

Los tres acaban en la cama de su hermana, como años atrás, compartiendo el lecho materno. Abrazados a ella, caritas de pena, culpa en sus conciencias.

Sobre la mesilla un gato de peluche, un algodón de azúcar, y una preciosa orquídea.

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– ¿Hola?. ¿Hay alguien en casa?. – Taiga entra en su casa, dejando mochilas y llaves en la entrada.

El silencio en su hogar se le hace extraño, pero supone que sus chicos están fuera.

Escucha unos pasitos y siente a Ren aferrarse a su pierna con manos y piernas, como una garrapatilla adorable.

– Papá, papá, papá, pápa... holaaaaaaaaaaaaaa. – Se agarró mas fuerte para que no se moviera del sitio, aunque podía hacerlo perfectamente, fingió no poder. – No puedes pasar, mamá es un monstruo de las cosquillas... si te atrapa estarás en un lio muy gordo...

Kuroko está tirado en el suelo del comedor, Kou al lado del sofá, lejos de su alcance.

– ¿Y que hacemos?... ¿Cómo podemos salvarlo?. – Se agacha junto a la niña de cuatro años y le sigue el juego.

Ren mira a su hermano y le pide que se acerque. Kou niega.

Para llegar hasta ellos tiene que pasar por donde su mamá esta tumbado, y le atrapará si hace ruido.

Si sube por el sofá también el cogerá, y ahí si que no podrá escapar.

Se decide por pasar a su lado, despacito. Ren contiene el aliento y Kagami extiende sus manos para que el niño las tome.

Casi ha llegado, casi, cuando Tetsu se levanta de golpe y le atrapa por un tobillo, haciéndole gritar del susto.

Ren pega un grito con su hermano, por la sorpresa.

Kagami agarra a los dos niños con un solo brazo y lo aleja de Tetsu, pero no mucho... en la operación de rescate, es su pie el que acaba en las manos enemigas.

– Chicos, huid... el monstruo de las cosquillas me ha atrapado, noooo. – Ren mira a su papá, y le agarra la mano, tirando de él en dirección contraria a la que tira su mamá.

Tetsu escala hasta la cintura, y pasea sus dedos por ella, intentando arrancarle una carcajada a su esposo, pero Kagami tiene otros planes y le gira para dejarle de nuevo de espaldas al suelo.

– ¡Ahora chicos! ayudadme, que no se escape. – Taiga le agarra las manos y los niños acaba uno en cada pie.

Entre risas intentan que no se mueva, pero no les sale muy bien. Las carcajadas van dejándoles sin fuerzas, y los dos acaban haciendo cosquillas a los dos niños en medio minuto.

– Nooo jajajajaja, mamáaaaa jajajaa. – Kou se revuelve tratando de soltarse inútilmente de la presa de Kuroko en sus piernecitas. – por favor, no mas cosquillaaaaaaaaaaaaaa jjajajajaja

– Soy el monstruo de las cosquillas, mua hahahahaha. – Le levanta la camiseta y hace un montón de pedorretas que hacen que el niño no pueda parar de reír. – Ren, ayúdame con las cosquillas...

– ¿Y yo puedo también?. – El pelirrojo se señala y pide permiso, inocentemente.

Aunque intenta hacer lo que su mamá le ha dicho, la niña hace lo contrario intentando que su hermano sea liberado.

Lo que también le sale mal, ya que ahora es su padre quien el hace cosquillas a ella... papá a sido contagiado por el monstruo.

Ren estalla en carcajadas, pataleando en el suelo contra su padre. Se aferra a él con las manos, a su cabeza, entre risas.

Kou tampoco está en condiciones de hablar correctamente. Su madre no le deja de hacer cosquillas, ya no puede más.

Los dos niños están completamente rojos de tanto reírse.

Papá y mamá se tumban en el suelo, los niños en medio, riendo.

Ren escala para acabar sobre su papá y Kou también.

Kuroko hace un puchero, dando un poco de pena.

– Me parece que hemos curado a mama... pero será mejor comprobarlo. – Los tres se le echan encima, entre risitas.

Kuroko no puede escapar, ni quiere. Los pequeños deditos de sus hijos se mueven por su tripa y axilas, haciéndole reír desesperado. Taiga le hace pedorretas en la palma de la mano, hasta que los niños no pueden mas, y cansados acaban en el suelo tumbados de nuevo.

Kagami se inclina sobre el, y le besa, en los labios.

Ríen un par de veces y luego se miran. Los niños escalando a la espalda de su padre, que se coloca sobre Tetsuya con cuidado de no aplastarle.

Otro beso y escuchan a Kou chistando, fastidiado.

– Si os vais a poner ñoños nos vamos. – Ren tironea de la camiseta de su padre, hasta que su hermano la toma de la manita y se la lleva al cuarto.

Sabe que cuando se ponen así es mejor largarse.

Aunque echa una última miradita antes de ir al cuarto. Sonríe feliz.

– Papá, no metas ningún bebé en mamá... Ren ya me da bastante trabajo como hermano mayor, ¿Te has enterado?, solo besitos y ser baboso, y nada mas.

– Bien, tu mandas. – Sonríe, feliz.

Y Tetsuya le imita.

Ciertamente si, son felices con lo que tienen, y se han ganado a pulso.

Su familia es perfecta... aunque otro bebé no suena mal, la verdad.

Kuroko niega, aunque promete pensarlo...

El tiempo dirá, la vida es así... solo el tiempo y uno mismo decide su propio camino.

Y su familia ya está llena de risas, por todas partes... o al menos mientras alguno de los dos se convierte en el monstruo de las cosquillas.

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Buuueeenoooo ¿Hola?

La verdad me he divertido mucho escribiendo este cap, dejando ver un poquititititito del futuro que llega, pero solo un poquito.

Las escenas están puestas en distintos espacios temporales, cada una tiene su momento, lo digo para que lo sepaís, que no son en la misma franja, ¿ok?

El siguiente será una miradita al futuro de los niños, ya no tan niños...

Nos leemos en el siguiente.

Besitos y mordiskitos

Shiga san