Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Segunda parte de Uno mas en el equipo, continuando la historia donde se había quedado. Las parejas se enfrentan a la maravillosa experiencia de ser padres. Unos bien, otros no tanto... pero la vida sigue y avanza sin esperar a nadie.

KagaKuro, MidoTaka, AoKise, Mura Aka... y alguna sorpresa …

00000000000000000000000000000

Uno mas en la cancha.

Capítulo 32: Avanzando juntos.

00000000000000000000000000000

Jiro entró a la carrera en su casa. Dejó la mochila en la entrada y pasó como una exhalación por el salón. Saludó a su padre, que estaba viendo la tele y se encerró en su cuarto con prisa.

Tendido sobre la cama, vestido y calzado, rebuscó entre sus bolsillos hasta dar con el móvil.

– Ya está. – La voz del otro lado preguntó directamente un "qué tal" en lugar de un saludo convencional.

– ¿Y?. – Ansiosa, Kibu se echó hacia atrás en la silla de la mesa de estudio de su cuarto.

– Que si. – Suspiro, mano en su frente ojos cerrados.

– Madre mía, no se que decirte, la verdad. – Rodó el boli delante suyo, sobre la hoja de cálculo. – Tienes que decírselo a alguien,a tus padres por lo menos.

– No gracias. – Negó tajante. – No quiero morir joven.

– Se van a enterar de todos modos, no podrás esconderlo mucho tiempo. – Kiseki se asomó a la puerta abierta, caminando nerviosa por el cuarto por si alguien escuchaba su conversación. – Díselo a tu madre, Kise se enrolla, seguro que lo entiende.

– No puedo, está en Nueva York, por la semana de alta costura y eso.

– ¿Y tu padre?.

– En el salón, viendo una peli. – Se sentó en la cama, descalzándose usando solo los pies.

– Díselo a él.

La simple idea de salir al salón para darle la noticia le causó un escalofrío por la columna.

– Mi padre seguro que me mata, apuesta algo. – Escuchó una risita de la chica por el teléfono.

– Te lo cambio por mi padre cuando quieras. – Ahora era Jiro quien se reía a carcajadas. – Con esos poderes suyos te habría matado antes de pensar, siquiera, en bajarte los pantalones.

Suspiro conjunto seguido de un cómodo silencio.

Al chico le gustaba hablar con ella, era la mayor de todos y en cierto modo, la consejera oficial. Siempre acertaba con sus respuestas, y sinceramente, ahora necesitaba una muy buena respuesta.

– Y a la otra mitad del problema, ¿se lo has dicho?.

– No... es que no sé, aún no me lo creo mucho. – Trató de justificarse aún a sabiendas de que no tenía excusa alguna.

– Sal de tu cuarto y díselo a tu padre, ya. – Sonó severa a través del teléfono, aunque estaba sonriendo dulcemente.

– Oye, usa tus poderes místicos y dime si ves mi cadáver por ahí tirado, a corto plazo y eso...

– No va a pasarte nada, ve. – Convencida de sus palabras trató de infundirle al chico el valor que le faltaba. – Y luego me llamas, ¿Ok?.

Jiro colgó, y dejó el teléfono sobre la cama.

Su mano titubeó un segundo sobre el pomo de la puerta, aunque finalmente le echó huevos y salió.

Aomine prestaba atención a la película, tanto que tardó un rato en reparar en la figura de su hijo bajo el arco de la puerta que comunicaba el salón con el pasillo que daba a los cuartos de cada uno.

– Papá … ¿podemos hablar?. – Su voz bajó de intensidad mientras lo decía, hasta desvanecerse del todo.

Apagó el televisor y se sentó hacia atrás, palmeando el asiento para que el chico se sentara a su lado.

– Claro, dime. – Le estudió un solo segundo para que sus poderes de padre le dijeran que pasaba algo.

– Papá yo... – Desvió la mirada a sus pies, al jarrón de un lado, a la ventana, a cualquier sitio lejos de allí.

Dio un paso para acercarse y le tendió algo a lo que Aomine estaba familiarizado.

Escuchó su aliento salir con fuerza por la nariz, y la palabrota que murmuró al comprobar lo que era en sus dedos.

– Joder, Jiro... te dije que tuvieras cuidado. – No podía descifrar claramente la actitud de su padre.

– Y lo tuve, papá, te lo juro. – Su vocecita bajó de volumen según lo decía, aterrado.

Daiki le tomó por la muñeca y le abrazó, sin mas.

Esperaba gritos, reniegos, amenazas, palabrotas, mas amenazas, dolor; su padre abrazándole cálidamente con cariño, no, eso jamás lo habría esperado.

– ¿De cuanto estás?. – Murmuró contra su pelo, tranquilo.

– No lo sé... m-me empecé a encontrar como raro... hace una semana o así. –Apoyó la mejilla en su hombro, nervioso. – ¿Estás cabreado?

– No, solo decepcionado. – Le apartó despacio, pensando a la velocidad de la luz. – Bien, primero vamos a asegurarnos de que esta cosa no se equivoca, aunque teniendo en cuenta que con tu madre no ha fallado nunca, no me espero sorpresas.

Jiro asintió, tenía sentido la verdad, que primero supiera de cuanto tiempo estaba en cinta.

– ¿Y Mamá?. – La duda, real. Teniendo en cuenta la reacción de su padre supuso que con su madre se desataría un auténtico infierno.

– Deja a tu madre en paz. Se lo dirás cuando vuelva... no necesita mas preocupaciones durante el desfile. – Suspiró, a la carita de su hijo. – Jiro, ya tienes dieciocho años, no puedo decirte nada, pero voy a suponer que tienes idea del lio en el que estás metido, ¿Cierto?. – Le vio asentir antes de seguir hablando. – Y ni siquiera voy a preguntar de quien es, por que quiero suponer que solo has tenido una pareja, así que...

La puerta sonó, y la voz de Yuki en la entrada, hablando por el móvil, hizo que los dos desviaran la mirada a la chica.

– No sé que está pasando, pero yo no he sido, no sabía nada y Nai y yo nos largamos ha hacernos la manicura. ¿Verdad, hermanita? – La niña, oculta tras la rubia asintió, mirando a su padre y hermano.

– Por una vez no tiene nada que ver contigo, hermanita. – Abrió las manos, esperando que la mas pequeña se acercara a él, y le pellizcó el moflete divertido. – Papá y yo vamos a salir.

– Nii san, tienes que darte prisa, o nos perderemos el desfile de mamá. – Rebuscó en su mochila hasta dar con el programa de la semana de la moda, donde había marcado todas las apariciones de su madre en ella.

Daiki asintió, tomando el casco en su mano y lanzándolo a su hijo.

– Papá, los abuelos vienen ya, me acaba de mandar un mensaje la abueli. – Miró a los dos, intrigada. – ¿Dónde vais?.

– No te importa. – Le sacó la lengua a su hermana mayor, aunque estrujó con cariño en un apretado abrazo a la mas pequeña. – Ve haciendo palomitas, para los abuelos.

Nai asintió a su hermano, y le despidió con la mano incluso cuando ya había salido de la casa.

Yuki miró a su hermana, seria.

– Tu sabes de que va todo esto, ¿Verdad?. – La rubia se acercó, entornando los ojos, para intimidarla, pero la morenita tenía muchos mas recursos de los que ella pensaba.

Ya tenía catorce años, no podía tratarla como una mocosa siempre... y que fuera una copia exacta de su padre no ayudaba a sacarle las cosas...por que no solo se parecía físicamente, su actitud era muy similar a la del jugador de Teiko en sus peores tiempos. Aunque también, era lo bastante lista como para no hacerlo delante de su madre.

– Algo se. – Haciéndose la interesante se recogió el pelo en una coleta alta, y empezó a apartar las sillas y mesa para preparar todo para ver el desfile con toda la familia como hacían siempre. – Ren me ha dicho algo... pero se supone que es secreto todavía.

– Confiesa enana. – La rubia insistió, arrancando a la niña una carcajada siniestra. – Te llevaré en coche a donde quieras, una semana entera. – la vio palmear el aire, pidiendo que subiera la oferta. – Vale, dejaré que cojas lo que quieras de mi armario, una semana... un mes.

– Ren me dijo que su hermano estaba muy raro, y que estaba pendiente del móvil, y eso... al final, le escuchó hablar con sus padres sobre que a lo mejor, había dejado embarazado a niisan.. Es todo lo que sé.

Yuki se quedó de piedra. Frunció el ceño mirando la puerta, al tiempo que ayudaba a su hermana con los muebles, preparando la gran mesa para la comida.

– No puede ser eso, papá lo habría matado. – Negó, pero sin estar muy convencida.

– Papá llevaba una prueba en la mano, lo he visto guardarla en el bolsillo...A si que, o es niisan, o vamos a tener otro hermano...

Cuando regresaron, los abuelos habían llegado y estaban esperando que comenzara el desfile. Por la cara que traía su hermano, Yuki supo que su hermanita tenía razón, y que iba a ser tía.

Visto así, no parecía un acontecimiento malo... aunque al igual que su hermano antes que ella, también pensó que su madre abriría las puertas del infierno cuando se enterase... y que las pelotas de Kou correrían peligro, eso seguro.

De hecho se preguntaba como era posible que su padre no hubiera ido ya a su casa... y entonces reparó en el pequeño detalle de que su hermano era mayor de edad... desde hacía un par de meses.

Lo que dejaba todo resumido en que dentro de poco, habría un pequeño bebé en la casa, al que vestir, peinar, mimar y consentir, y eso la hizo ponerse muy, pero que muy contenta.

00000000000000000000000000000

Ren empujó la puerta con delicadeza y vio a su hermano tumbado boca abajo sobre la cama. Entró de puntillas y se tiró encima de su espalda.

– Creí que estarías muerto... o sin alguna parte por lo menos. – escuchó una risita debajo de ella, y unos ojos tan azules como los suyos surgir por un lado.

– Ha habido un momento en el he pensado en salir por la ventana. – Ren estiró la boca en una mueca comprensiva. – Papá ha estado dándome la plasta como una hora entera...y cuando a acabado él, ha empezado mamá.

– No estás muerto... ni te falta nada... creo. – Le pinchó con los dedos en la cintura, divertida y se apartó, para dejar que su hermano se sentara. – Voy a ser tía...es genial y a la vez, da miedito...

– Aún no estoy a salvo. – Se levantó todo lo largo que era, su metro ochenta y se pasó las manos por el pelo, descolocándolo aposta. – Papá y mamá han ido a casa de Jiro...

– A pedir refuerzos... – La simple idea de sus padres y los padres de Jiro haciendo un plan contra su hermano le hizo soltar una carcajada en voz alta. – Es genial, voy a ser tía jejeej, vas a tener un pequeño gordito o gordita, mas mono y adorable... espero que se parezca a ti y a él, kyaaaaaaa...

– Haces que suene a mucho trabajo. – descolgó los hombros, sin poder dejar de sonreír. – Aunque hay que ver la parte buena... jejeje

Ren saltó en la cama, una y otra vez, riendo como una loca... iba a ser tía y sonaba tan genial... a pesar de que era muy posible de que su hermano se quedara sin pelotillas... aunque también sabía muy en el fondo, que Aomine, a pesar de esa cara de malo, estaría contento siendo abuelo...

La puerta de la calle sonó, y los hermanos se pusieron en alerta al mismo tiempo. Podían escuchar claramente a Kise...

Bueno, ese era un buen momento para salir y compartir la alegría por la paternidad... aunque Kou salió con las manos en sus partes nobles... por si acaso.

000000000000000000000000000000000000000

Jiro aparcó la moto y se bajó de un salto.

Nai le esperaba, sentada en la entrada con su mochila del instituto al lado.

Rodillas juntas, enmarcadas con sus dos brazos, un puchero en sus labios.

– ¿Qué haces fuera?, ¿Has vuelto a olvidar las llaves?. – Se sentó junto a su hermana y le dio un toquecito con el hombro.

– Mamá ha vuelto y están... papá y mamá están... – Rodó los ojos, avergonzada. – El móvil lo dejé en casa y no tengo dinero... me habría ido de no ser por... oh...

Desde la calle podían escuchar perfectamente a su madre, y no hacía falta mucha imaginación para adivinar lo que pasaba dentro.

– Vamos a acabar con esto. – se levantó y levantó a su hermana casi en el mismo gesto.

Usó sus propias llaves para abrir, y entró con su hermanita a la espalda, pegada a él.

– Vale, si no estáis visibles poneros ropa... no me apetece ver el trasero de papá otra vez... – Gritó desde la entrada sin dar ni un paso, haciendo mención a un episodio de su infancia, cuando les pilló en plena faena... – Nai está conmigo, y os ha oído...

Al callarse les escucharon. Los roces y tironeos de la ropa al colocarse en su sitio, las palabrotas dichas por su padre en voz baja, y las risitas y bromas de su madre en el mismo tono bajo.

Daba lo mismo el tiempo que pasara, Kise seguía siendo él, risueño, escandaloso, y Daiki tampoco había cambiado mucho.

Cuando los dos salieron, ropas aún a medio ordenar, rostros sonrojados, sonrisas traviesas, se encontraron con las miradas acusadoras de sus dos hijos, clavadas sin remedio en ellos.

– Ni una palabra. – Aomine los señaló a los dos, dedo de punta, ojos entornados. – Lo siento cielo, ahora queremos hablar con tu hermano, a solas... ve a tu cuarto a dejar tu mochila; solo será un momento...

Nai besó a su hermano antes de dejarle solo ante las fieras.

Si tenía que decirle a su madre la verdad, ahora era el momento.

Iban a ser abuelos, sin mas adornos.

00000000000000000000000000000000000000000

Como un animal enjaulado, Atsushi caminaba en círculos por toda la sala.

Una y otra vez sus pasos iban sobre los anteriores y vuelta a empezar.

Akashi le miraba, también nervioso. Tatsuya con ellos, y Yukio, a su lado.

No eran los únicos, pero quizá si los mas nerviosos.

Había mas gente en la sala, por supuesto, pero nadie que les importara realmente mas que las personas tras las puertas batientes al final del pasillo.

Los minutos pasaban, las horas, sin noticias, sin nadie que les dijera nada de lo que pasaba dentro...

Taki llegó, cargado de cafés calientes para todos, tratando de algún modo de relajar el ambiente, pero nada parecía calmar al pelilila. No podía, ni quería estar como si nada.

Los gemelos a un lado, sentados juntos, cada uno con su móvil, navegando a todo trapo con el wifi del hospital, aprovechando para retransmitir todo en tiempo real por todas las redes sociales que se les ocurrían.

Finalmente la puerta se abre, copando la atención de todo el mundo.

Soujiro se acerca a todos, un pequeño bultito entre sus brazos, oculto tras una cálida mantita de color azul, igual al de sus ojos.

– ¿Y Risa?, ¿Y mi pequeña?. – Es Murasakibara quien pregunta; no es que no le importe el recién nacido, es que su hija es prioridad absoluta en su vida desde que llegó al mundo.

Akashi si se acerca al bebé, lo suficiente como para apartar lo justo para poder verlo.

– Risa está bien, tranquilo. – Souji sonríe, no puede dejar de hacerlo. Su rostro, tan similar al de su padre hace sonreír a Himuro de vuelta. – Todo ha ido perfecto, no le han dado ni puntos.

La noticia de que la mamá está bien hace que el ambiente se relaje de golpe. Es Akashi el primero en tomar al bebé en brazos, y quien con todo el cuidado del mundo, se sienta para mirarle mas tranquilamente.

Su nieto, su primer nieto, un varoncito, hermoso, sano y tranquilo, la viva imagen de su madre, perfecto sin mas.

Himuro se sienta junto a el, y acaricia la menuda cabellera.

Es precioso.

Todo el mundo quiere tomarlo en brazos, verlo, acariciarlo. Hay tanta gente que el pequeño se empieza a despertar al mundo.

Solo el tiempo hace que el bullicio de abuelos, tíos, y demás gente acabe en la habitación, al mismo tiempo.

Risa dormita, o lo intenta. Ni siquiera el mas potente de los fármacos puede mantenerla mucho mas tiempo en el país de los sueños, y mas cuando su numerosa familia murmura a su alrededor en voz alta.

Sin abrir los ojos puede ver a sus hermanos golpearse en los hombros. La muda advertencia de su madre, solo con mirarlos. Su padre, custodiando a su pequeño hijo dormido. Seiji, con ojeras, casi mas cansado que ella, a su lado, esperando como todos.

El recién nombrado bisabuelo, sentado en el pequeño sofá de dos plazas verde que hay en un lado de la habitación, Taki a su lado, como siempre.

Risa les mira, a todos. Es su primer momento como una mamá primeriza y no puede estar mas apoyada.

¿Cuánta gente hay en la habitación?. No lo sabe, pero de lo que sí está segura es que están presentes todas las personas que ama, todas.

Souji se inclina sobre ella, besa su frente y la acaricia, por donde puede. Trae la cuna, y ayuda a la mamá a sentarse bien, colocando sus piernas inertes para que no molesten.

Su bebé es precioso, guapísimo, y muy gordito. El cabello de su mamá, de un suave violeta, y sus ojos, un absoluto misterio hasta que se formen correctamente. A ella no le importa, su pequeño hijito es perfecto. Aunque siempre le gustó el azul de los ojos de su esposo...

Sus padres, los de Souji, sus hermanos y demás familia. Ren, Lucky, sus amigas de siempre, todos arremolinados a su alrededor, besándoles a los dos, a los tres. Souji no se libra del ataque amoroso...

No hay un lugar mas maravilloso en todo el planeta, ni personas mas estupendas con las que comenzar su andadura por la vida. Simplemente no existe, no ha sido creado, sin más.

00000000000000000000000000000000000000000

Takao puede verla, perfectamente, subida a un lado del escenario junto con el resto de su compañeros.

Está nerviosa, lo sabe desde donde puede verla. Retuerce sus dedos entre ellos, como desde que era pequeña cuando los nervios se apoderaban de ella. Y coloca sus gafas cada dos o tres segundos

Shin a su lado, levanta la mano con el pulgar hacia arriba a su hermana, y le sonríe. Takao casi está igual de nervioso que ella, y eso que ellos estaban sentados en el público, no podía ni imaginarse como debía estar ella, ahí de píe, y a la vista de todos.

Lucky coge aire, hinchando la toga y sonríe, moviendo los dedos tímidamente, en un saludo a sus padres y hermano, entre el público.

El director pide silencio y comienza el acto.

Uno tras otro los alumnos van acudiendo al llamado; apretón de manos y recogida de diploma. Cambio de sitio del birrete y vuelta al sitio inicial, esperando que todo termine para poder reunirse con los suyos, y abandonar, de una vez, la vida académica para enfrentarse al mundo como un miembro útil de la sociedad, o al menos como uno con un título universitario.

– Midorima, Lucky. – El llamado la hace coger aire de nuevo, y caminar, paso firme, por su diploma.

Mira a su padre, orgulloso en su sitio, un segundo antes de tomar su título, saludar a los profesores y rehacer el camino andado con paso firme.

Shin lo graba todo, los abuelos querrán verlo y el no pierde ni un solo detalle. Seguro que les encanta verla, con su toga y su gorrito tan raro, y mas ahora que hace unos años que están en el otro lado del mundo por trabajo.

Lucky está deseando que todo termine, de verdad. Casi ni ha dormido los últimos días con todo lo del fin de curso, las vacaciones de verano y todo lo que viene detrás. Tendrá que mudarse, buscar un empleo... vivir su vida lejos del hogar familiar, comenzar del mismo modo su propia familia.

Y eso son muy buenas razones para perder el sueño unos cuantos días.

Bosteza durante el discurso de despedida, es largo, aburrido como todos, y solo dice cosas que ya sabe, y que sinceramente, a esas alturas del día, ya ni le importan.

Solo quiere irse de allí. Ya tiene su diploma, y no quiere estar mas ahí plantada. Le parece que está en un escaparate y que todos los presentes la están mirando.

Su mamá la saluda, y ella contesta, tímida, moviendo solo los deditos un poco, como había hecho antes con su hermano.

Sonríe, evitando mirarle. Su padre se inclina a su lado, atrapando sus labios en un beso furtivo que hace a Takao avergonzarse.

Les ha visto hacerlo miles de veces, besarse, y aún le arranca una sonrisa que su madre se ponga rojo como un tomate, a pesar de todo el tiempo, y la costumbre, la rutina.

Sus padres juntos eran una prueba de felicidad, y mientras esperaba paciente que aquella tortura terminase, pensó que ella quería algo parecido para su vida...

….y también pensó que sus padres llamaban demasiado la atención, pero eso ya era otro tema aparte.

000000000000000000000000000000000000000

Kiseki suspira, una vez, dos , diez. Aprieta la mano que aferra la suya, con nervios.

Su novio, un muchacho de clase con el que lleva saliendo medio año, estaba mucho mas nervioso que ella. Sus manos sudaban, sus dedos temblaban ligeramente, sus ojos no sabían donde mirar primero... y eso que aún no habían entrado en la casa.

Había decidido presentarle a la familia al completo, y que mejor sitio que la casa del abuelo.

Pero el muchacho había oído cosas sobre la familia Akashi, por lo que era totalmente razonable que estuviera asustado, aterrado, acojonado y a punto de hacérselo en los pantalones. Y que su chica tragara sonoramente saliva, no ayudaba.

En nada.

Ni siquiera tuvo que llamar para que la puerta se abriera, y les indicaran pasar, un tipo armado vestido de negro y con cara de pocos amigos.

Cruzaron el jardín de la mano, y llegaron a la estancia que comunicaba con el interior son soltarse de la mano.

Escuchaban el jaleo de gente hablando, adultos.

Reconoció las voces de los gemelos, los conocía de sobra, tanto que no le sorprendería que hubieran preparado un cubo con pringue sobre la puerta para que se les viniera encima nada mas abrirla...

Deslizó la puerta con cuidado, y saludó con la mano a todos los de dentro, que automáticamente giraron la cabeza y dejaron lo que hacían para mirarles.

Kiseki entró, sin problemas, pero su novio dio un solo paso en la sala, y chocó de frente contra lo que a él le pareció un muro de hormigón... que había aparecido de la nada.

Miró hacia arriba, donde unos ojos violetas le escaneaban como un rayo láser a punto de atravesarle el cerebro.

– Éste es A- kun. – Kiseki regresó sobre sus pasos y abrazó al pelilila de la cintura por los dos brazos.

– Para ti, Murasakibara san. – El aura siniestra se concentró a su alrededor y desapareció en una décima de segundo después, para tomar a la chica de la cintura y subirla hasta la altura de su cara sin dificultad. – ¿Estás segura, cielo?. – Miró al chico otra vez, para sonreír a Kibu. – Es un flacucho, no se yo...

– ¿Es su padre?. – Le tendió la mano, que Atsushi miró con seriedad, antes de mirar por encima de su hombro y sonreír.

– No, mi padre es él. – Señaló al pelirrojo que jugaba una partida de shogi a un lado de la habitación.

El chico sintió la hostilidad del padre desde la distancia. Pero no pensaba irse, la quería, de verdad.

– Bueno, ya está bien. – Taki entró con una bandeja de aperitivos y una sonrisa. – No les hagas caso, solo se divierten a tu costa. Pasa, por favor, y siéntate. – Miró a Akashi con un regaño en sus ojos. – No está bien que le asustéis así... parecéis niños, de verdad.

– Soy el padre de Kiseki, Akashi. – Le apretó la mano en un saludo y tiró de ella para acercarle a su oído. – Si haces llorar a mi pequeña lo lamentarás, ¿Entendiste?.

– La quiero mucho señor, desearía casarme con ella en unos años. – La firmeza en sus palabras dio la sensación de un suspiro de alivio colectivo.

– Eso está muy bien, muchacho. – El abuelo le revolvió el cabello al pasar por su lado, y tomó asiento frente a él. – Si es cierto nos llevaremos muy bien, te lo puedo asegurar. – Miró alrededor. – ¿Ya conoces a todo el mundo?.

Negó, con cierta angustia, pero la chica le tomó la mano otra vez y le hizo levantarse de la silla que había ocupado.

– Es un poco lioso, pero lo entenderás en poco tiempo. – Una sonrisa iluminó su cara contagiándose al instante al chico. – Akashi es mi padre, Tatsu es mi madre, aún no ha llegado pero viene de camino. Los gemelos y Risa son mis hermanos por parte de padre, A-kun es su padre. Shouji es mi hermano por parte de madre, está saliendo con Risa, la pequeña de los trillizos y la única chica, te encantará, ya verás, Yukio es su padre, el marido de mi madre y un tío genial. Y bueno, el que juega con mi madre al go es mi tío, hijo de mi abuelo y Taki, que ya le conoces... ¿Es un lío, verdad?

– No, lo he entendido a la primera. – Repitió las palabras de la chica y la miró con sus preciosos ojos azules. Fue lo que le enamoró de él, eso y su sonrisa, Kiseki tenía un novio guapo, y listo.

Akashi le miró, estudiando cada uno de sus gestos, como padre. El chico le gustaba a su pequeña, no había mas que ver como la miraba, y como se comportaba a su lado, pero eso no quería decir que le aceptara sin mas.

– ¿Y estudias?, ¿Qué estudias?, ¿A que se dedica tu familia?, ¿Dónde vives?, ¿Cómo vas a ganarte la vida?, ¿De que modo vas a ocuparte de mi nieta?, habla, me gustaría escucharte. – La mirada del abuelo le atravesó como una lanza, esperando la respuesta a todas sus preguntas con curiosidad.

– Si señor, estudio Derecho, con Kiseki, vamos a la misma clase. Mis padres tienen una tienda de telas en el casco antiguo, que ha sido de la familia desde hace años. Vivo en el centro en un apartamento compartido con otro compañero de mi clase. Y sobre donde trabajaré, no lo sé señor, no puedo ver el futuro, pero ahora mismo hago prácticas en un bufete civil y trabajo a tiempo parcial en el mercado de abastos, repartiendo a los restaurantes de la ciudad y comercios, cuatro días a la semana.

Silencio.

– Vaya, muchacho. – El abuelo estalló en carcajadas dejando al resto boquiabiertos. – Eso ha sido impresionante... Sabiendo quien soy te has atrevido a contestarme claramente... en fin, tienes el apoyo del abuelo... y ahora vamos a comer algo, hay que celebrar que el novio de mi nieta los tiene bien puestos.

Kiseki acompañó a su abuelo en las risas, relajando el ambiente y sintiéndose mas liviana, al comprobar que su familia aceptaba a su novio...

Novio que se convertiría en su esposo... Akashi lo estaba viendo en ese momento, y su pequeña vestida de novia era lo mas bonito que había ocupado una de sus visiones en la vida.

00000000000000000000000000000000000000000

Alargó la nota posando el dedo en la tecla del piano hasta que el tono desapareció.

Apartó las manos del piano, y acarició con ellas el hinchado vientre. Una sonrisa, a su bebé, y otra a su padre, que la miraba desde la puerta.

– Le gusta. – Aomine asintió a la respuesta de una pregunta que no había hecho. – ¿Y mamá?.

– Pagando el taxi. – Se acercó para besarle la cabeza. – ¿Cómo has estado?.

– Bien, cansada pero bien. – Le devolvió el beso.

– ¿Dónde está mi pequeña?. – Kise entró a la carrera, pateando las maletas. – ¿Cómo estás?, ¿Has comido?, ¿Tienes frío, calor, hambre?, ¿Dónde está ese gusano asqueroso y babeante al que voy a matar un día de estos?.

– Mamaaaaa... estoy bien. – Se quejó mientras le apartaba a tirones de su barriga. – Y deja de hablar tan mal de mi chico, o me enfadaré contigo en serio. – Le miró, seria, esperando una queja que no llegó, por que escuchó un coche en la entrada, y luego la voz de su hermano.

Salvada por la campana, nunca mejor dicho.

Kou era arrastrado por una personita que tironeaba de su mano al grito de : "Venga, vamos a ver a los abuelos, corre papá"

Un llanto, de otro bebé mas pequeño, y los reniegos de Jiro, quejándose de que siempre pasaba lo mismo, que en cuanto paraba el coche los dos salían corriendo y le dejaban con el bebé y todos los trastos.

Kise salió a por el mas pequeñito, dejando el mayor con Aomine, mientras Kou iba directamente al piano y se sentaba junto a Yuki, sonriendo.

Los dos suspiraron.

Daiki conversaba con el niño, escuchando lo bien que lo había pasado en el cole, con una sonrisa.

Kise besuqueaba al mas pequeño, que reía contento.

– Tu no salgas de ahí. – Habló Yuki con su bebé. – Mira tus abuelitos, te volverán loca.

– Claro que si. – Kise se agarró a la barriga y le hablo también. – Te mimaremos mucho, mucho, a si que sal ya... fueraaaaaaaaaaaaaa...

– Fueraaaaaaa. – Gritó el niño en los brazos de Aomine.

Y toda la familia, al completo, reía con la boca abierta.

000000000000000000000000000000000000000

Kou lanzó, trazando un arco perfecto con un pequeño saltito, haciendo canasta a la primera.

Esperó a que la pelota volviera antes de tomarla entre los dedos y lanzar de nuevo.

Rebotó en el panel trasero, pasando sobre su metro noventa hasta otros dedos, que la tomaron en un parpadeo para encestarla sin que se diera cuenta del como.

Kou giró el rostro para encontrarse con los fieros ojos de Daiki Aomine, el demonio de Too, y no los del padre de Jiro.

– Vaya, no está mal para venir de un viejecito como tu. – Kou trató de robarle el balón, sin éxito alguno.

– Aún puedo darte una paliza, mocoso. – Tiró desde detrás encestando de un tiro limpio.

Kou intentó robarle el balón con fuerza, usando trucos, giros rápidos, pasos cortos.

Nada, no había forma humana de vencer a Aomine.

Aún conservaba esa habilidad diabólica, a pesar del tiempo pasado, haciendo que el muchacho se frustrara por momentos, pero no se rendía, no.

– Afortunadamente para ti, has heredado la habilidad de tu padre de sacarme de mis casillas.

– Venga, no seas abusón. – Apartó la pelota a un lado, pero aún así, Kise se la robó sin problema alguno. – Solo es un crío.

Kise botó, y lanzó desde atrás de Aomine, sin que Kou pudiera seguir la jugada.

– Aún así, puedo ganarte. – Alargó la mano, sonriendo, buscando la pelota con sus dedos.

–¿Asustando a mi niño, Ahomine?. – Kuroko apareció de la nada, tomando la pelota sin dificultad.

– Hace mucho que no juego, pero que te parece un dos contra dos, ¿Eh?. – Kagami se levantaba las mangas de la camisa, caminando hacia ellos.

– Nosotros dos contra vosotros dos, ¿Eh?. – Kise se apoyó en Daiki, posando el codo en su hombro.

– De eso nada, Kise. – Takao le empujó, con ganas. – Mamás contra papás. Chocó la mano con Kuroko y luego se la ofreció al rubio.

Sus hijos iban tomando asiento en los lados.

– Si quieres perder, por mi de acuerdo. – Midorima chocó con Kagami, aflojando la corbata al mismo tiempo.

– Eso no está nada bien, Kuro chin. – Murasakibara se puso bajo la canasta. – No sabía que íba a jugar contra ti, cuando me has llamado. – Miró a Kagami. – Yo voy con los papás, ¿No?.

– Vamos a jugar. – Akashi tomó el balón, en un descuido, haciendo la primera canasta. – Voy con las mamás. – Dejando muy claro que él podía elegir, pero iba con Kuroko.

Aomine tomó el rebote, y lanzó a Kagami, que corrió con ganas hasta la canasta contraria.

Takao le interceptó antes de lanzar y tiró al mismo tiempo.

– Midorima. – Gritó para darle el pase. Su marido tiró dándole un tanto al equipo contrario.

– ¿Qué haces?. – Le reclamó Lucky desde el público. – Mamá, que no vas con él.

– Uy, lo siento, es la costumbre... – Se disculpó, rojo de vergüenza.

– Si, ya, la costumbre... si hace un porrón de años que no jugamos todos juntos. – Se quejó Kise, haciendo morritos. – Takaocchi nos hace trampas...

Risas en la cancha, y en las "gradas".

Era cierto, hacía años que no se juntaban para jugar, pero que demonios, ahora que sus chicos eran todos grandes, por que no rememorar viejos tiempos, y divertirse juntos.

Hacer algo que les había unido como amigos, parejas, familias, todos juntos, felices.

El basket había sido el centro de su vida, y lo seguiría siendo, en sus hijos, los hijos de sus hijos y el resto de generaciones futuras.

Por que con él habían aprendido muchas cosas, y habían logrado una felicidad que no podía definirse.

Siempre serían un equipo, juntos, o por separado...

– Bueno, ya se ha terminado el tiempo de los viejales, nos toca. – Yuki tomó el balón botando solo una vez y encestando desde la posición de su padre.

– Mira, otra graciosilla, como tu hijo. – Aomine le dijo a Kuroko entre risas.

Una generación que da paso a la siguiente, otro equipo toma el relevo, mas joven, fuerte y alegre... quizá no tan habilidoso ni tan motivados como ellos, pero eso se aprende con el tiempo...

No en vano serán los siguientes, y les esperan, miles de experiencias nuevas, amigos, risas, decepciones, logros y esperanzas.

El destino los puso en la cancha, a todos ellos, para conocerse, odiarse, amarse, hacerse daño... en una palabra, vivir, y serán uno mas en la cancha, en el equipo, en la vida.

Felices.

Fin.

000000000000000000000000000000000000000000000000

Se terminó, por fin.

Tenía muchísimas ganas de llegar hasta aquí, contar todo o casi todo lo que quería.

La verdad es que este último capítulo está escrito en diferentes espacios temporales, o son adultos, o adolescentes indistintamente.

Quería mostrar solo pequeños retazos del futuro, solo parpadeos, dejar que imagineis el resto a vuesto antojo.

Queda una cosas pendiente, las chicas, pero eso ira en el fic de los retos, por que considero que queda fuera de lugar aquí.

No me queda mas que dar las gracias, como siempre, por seguirme todo el camino, leer, comentar, estar ahí.

Hago esto por que me gusta, y por vosotras y vosotros, lectores ávidos, amables y considerados, a los que tengo el maravilloso placer de ofrecer mis relatos, haceros sentir, mostrar emociones íntimas, bonitas, otras no tanto, la vida sin mas, con sus dobleces, aristas, espinas, dulces sentimientos, descubrimientos, amor, odio y por encima de todo mucho basket, mucho.

Esto, como siempre, no es una despedida, ni mucho menos, es solo un hasta pronto. Hasta que nos leamos en el próximo relato, donde espero sorprenderos, ilusionaros y agradaros tanto o mas que con esta saga.

Gracias, por estar ahí.

Besitos y mordiskitos

Shiga san.

PD: Ya sabéis donde encontrarme, os espero.