Aviso: Este fic es obra de mi imaginacion, los personajes son propiedad de la escritora suzane Collins.
este y mis demas fics han sido publicados en otra plataforma de fics, bajo su mismo nombre y contenido, asi como tambien mi nombre de usuario "seilen" asi que si los encuentran por ahi, no es plagio... soy yo!
ahora que si no estan bajo mi nombre de usuario ni el mismo titulo, porfa avisenme!
Capitulo 17
El inicio del gran sueño.
—¿Quieres ducharte conmigo? —Me pregunta de forma cautivadora, creo que me conoce lo suficiente como para adivinar mis deseos, y eso me hace vulnerable a ella, pero no puedo ni quiero evitarlo.
No sé qué contestarle, para ella no hay elocuencia que funcione y mis intensiones son más que claras, además en todos estos años no nos hemos bañado en tina y sería algo nuevo para nosotros.
—Jamás podría desear lo contrario. —Digo estas palabras desde el fondo de mi corazón y sin pensarlas en lo absoluto, con un arrebatador fuego en los ojos.
Se acerca peligrosamente a mí con una mirada que no puedo descifrar, su cabello mojado y la toalla alrededor de su cuerpo me excitan imparablemente, a cada paso que da para llegar a mi lado mi corazón se va acelerando cada vez más y más.
Por fin esta frente a mí, y siento que fue una eternidad el tiempo que tardo, porque me ha desesperado su lejanía, es extraño porque he oído que al paso de los años en el matrimonio las cosas se enfrían un poco pero yo estoy cada vez mas enamorado y la deseo mas, entre más le hago el amor mas la necesito, porque no es solo su cuerpo lo que me enloquece, es ella, su carácter, su presencia, su rebeldía, su amor, lo que en realidad me pierde y estoy muy feliz de eso.
Me mira con algo de enfado y eso me cohíbe, tal vez la he incomodado, aunque es mi esposa y nuestras expresiones físicas ya son algo común entre nosotros.
—Por favor no creas que yo… —No puedo terminar la frase porque me ha tapado los labios con sus dedos.
—No digas nada, solo bésame. —Me dice ahora con voz suave y arrulladora, al momento en que me besa muy apasionadamente, tanto que soy capaz de percibir el aroma de su piel mojada y fresca, lo que provoca en mí un insaciable deseo de hacerla mía, de entregarnos a nuestros más íntimos placeres.
Me inclino hacia sus manos e introduzco sus dedos en mi boca, con una mirada perdida en sus ojos y encendida por el deseo, eso la estimula mucho y ni hablar de mí, que con esa simple acción me he desarmado a mí mismo.
El fuego se enciende en sus ojos, enrolla sus brazos en mi cuello y me vuelve a besar, ahora introduce su lengua en mi boca a lo que yo le contesto de la misma forma, acariciándola con la mía con movimientos suaves que ocasionan graves estragos en mi conciencia, sobretodo porque me acaricia la nuca de manera seductora.
Hasta bajar sus manos a mi pecho y me acarician muy apasionada y ágil mente a manera de quitarme la playera, la cual no es obstáculo a sus intensiones, siento un gran escalofríos recorrer mi cuerpo y centrarse en mi vientre, un fuego que me acelera todos los sentidos, y la dejo besarme y deslizar su lengua sobre mi pecho.
Solo cierro los ojos y dejo que haga lo que quiera de mí, pero por instinto me recupero de la sensación y me concentro en acariciar su piel, pero aun tiene enrollada la toalla de baño, no quiero quitársela aun porque prefiero hacerlo ya en la bañera, entonces solo me deleito con su cuello, dándole suaves mordiscos y candentes caricias.
—Te has vuelto un experto en mis debilidades. —Dice entre sollozos y con tono entrecortado.
—Y tú en las mías. —Respondo con voz temblorosa y segada por la pasión.
Sus agiles manos me desabrochan el pantalón, después de eso lo demás cae por sí solo, y con pasos lentos llegamos hasta la bañera que aun se encuentra con agua tibia y la espuma del jabón de su baño.
Al entrar experimento la sensación de un choque eléctrico que me estremece por completo, y creo que ella también lo sintió ya que sentí el temblor de su cuerpo entre mis brazos, ahora si deslizo la toalla que la separaba de mi, y la descubro tal como es, mi apasionada y sexi esposa.
Del lado izquierdo en la cabecera de la bañera hay unos botones para hacer surgir las burbujas, es una de las funciones de la tina, dar un masaje relajante y esta misma función nos ofrece aun más placer al sentir la chispeante sensación del agua tibia inundar nuestros cuerpos, aun no sé cómo puedo percatarme de esto ya que me encuentro muy descontrolado.
Froto su espalda con una esponja y con cada cíclico movimiento nos excitamos cada vez más, ya no puedo mas y beso su espalda hasta llegar a su cuello, la exquisita fricción de nuestros cuerpos desnudos es muy provocadora tanto que ambos no podemos dejar de expresar gemidos y sollozos, y más ella que se eriza una y otra vez comprobándome que voy por muy buen camino.
No puedo respirar de la emoción y por un instante y con mucha dificultad me separo de ella.
—No me dejes… por favor. —Me implora.
—Jamás…jamás. —No puedo hacer otra cosa más que decirle lo evidente, jamás me iré de su lado.
Nos besamos y acariciamos una y otra vez entre la espuma, la que me estimula aun más, el rítmico movimiento de sus caderas hacia mí me enloquece, y ahí estamos, desnudos siendo presas de un fuego ya más que conocido y encantadoramente electrizante.
—Te deseo tanto… te amo. —Le digo con tono muy excitado.
—Yo te necesito… te necesito… te amo... te amo. —Me responde entre suspiros y gemidos, con tono suplicante.
—Eres y serás por siempre mi preciosa. —Le digo y es lo último por el momento ya que estoy cegado por un incandescente delirio.
Sube sus piernas hasta mi rostro y no puedo dejar de besarlas y acariciarlas con mucha vehemencia y candor, cada vez es más notable su pérdida de la razón, y la mía es mucho mayor, ahora no podría detenerme aunque mi cuerpo me lo pidiera, mi corazón seguiría latiendo por ella.
Con suavidad me acomodo justo entre sus piernas y la acerco a mí hasta quedar completamente unidos, como siempre somos uno, las embestidas son fuertes como fuerte es mi amor por ella, y soy invadido por un gran placer que siento desde mi cabeza hasta la punta de mis pies.
Estar dentro de ella es lo máximo, sentirme latir dentro, me hace elevarme al cielo, y es maravilloso poder hacerlo tantas veces como queramos.
No puedo parar de acercarla más y más a mí, y con cada rítmico movimiento pierdo el control de mi vida, toda esta en sus manos, aun en su interior beso sus hombros hasta sus senos que como siempre me hacen sentirme en la gloria.
Hay una explosión en mi interior y la expreso con un fuerte gemido que me estremece, pero a pesar de eso puedo oír que no soy el único que lo expresa de esa forma.
Poco a poco nos vamos tranquilizando hasta quedar recostados en la bañera, solo abrazados dentro del agua.
—¿Te cansaste mucho? —Me pregunta con tono travieso.
—Siempre me dejas sin aliento, ¿y tú como estas? —Le pregunto.
—Jamás he estado mejor en mi vida. —Me dice con tono convencido y a la vez algo triste.
—¿Qué tienes? ¿Ha llegado un mal recuerdo? —Le pregunto porque me entristece su actitud, no quiero que se vuelva un momento incomodo, este que ha sido una maravillosa experiencia entre sus brazos.
—No es eso, es solo que de pronto siento una gran emoción y unas ganas de llorar de felicidad, como si algo mas hubiera sucedido esta noche entre nosotros. —Me dice con voz triste.
—Claro que ha pasado algo mas, yo también soy capaz de sentirlo, aunque de diferente manera pero tengo una sensación inexplicable de mucha felicidad, tal vez es la emoción del momento. —Le digo la verdad, yo me siento algo raro.
Todo es tan tranquilo esta noche que solo nos quedamos así, abrazados en el agua, sin hablar solo podemos sentir el latir de nuestros corazones.
Después de unos minutos salimos de la bañera y ya frescos y limpios, muy limpios nos quedamos dormidos en nuestra cama.
Son las tres de la mañana, katniss se encuentra durmiendo entre mis brazos, yo me he despertado por un impulso que realmente no puedo describir, la luz de la luna entra por la ventana y puedo ver el movimiento del tren que cada vez más nos acerca hacia nuestro hogar.
Así que puedo verla dormir adornada por el resplandor de la luna, es tan hermosa y tan mía que no puedo evitar recordar las maravillosas cosas que hicimos hace tan solo unas pocas horas, recuerdo la intensidad del momento, la calidez de su cuerpo y lo arrebatador de su entrega y me siento cada vez mas suyo.
Jamás podría cansarme de dormir siempre a su lado, y de disfrutar de su pasión, con ella soy plenamente feliz, en casi todos los sentidos de mi vida, ella es la reina de mi corazón.
Duerme placenteramente y en su rostro se dibuja una sonrisa, creo que está soñando con nuestro encuentro y eso me hace sentir más orgulloso de poder hacerla sentir plena.
Uno de sus cabellos se acomoda sobre su rostro por acción de la brisa que entra por la ventana y yo lo acomodo enrollándolo en su oreja y con esta acción me pierdo acariciando su piel, y como una implacable tentación beso su hombro descubierto.
Agradeciéndole al destino el que me haya permitido cumplir el sueño más grande de mi vida, Katniss sigue sonriendo en sus sueños y murmura entre sollozos… Peeta…Peeta.
Y ahora si este es uno de los momentos más dulces de mi existencia, tanto que no puedo evitar que una lagrima de felicidad se escape de mis cuencas.
Me acomodo aun mas junto a ella y la abrazo quedándome dormido entre el perfume de su piel y la agradable sensación de este momento.
El sol entra de manera relajante y eso me hace abrir los ojos a un nuevo día, mi amada esposa se encuentra aun entre mis brazos y esta es la forma perfecta de despertar todos los días, veo el reloj que se encuentra junto a la mesa de tocador a un lado de nuestra cama y son las ocho de la mañana.
Aunque seria tarde para abrir la panadería, recuerdo que estamos en el tren así que como no hay presiones esta mañana, me acurruco aun más junto a mi preciosa.
Pero no cierro los ojos, no puedo solo me quedo viéndola dormir frente a mí, y respirar tranquilamente.
—Puedo sentir tu mirada fija en mí. —Dice con voz muy suave y adormecida, creo que se despertó sin que me diera cuenta.
No le digo nada solo la continuo viendo con vehemencia, hasta que abre lentamente sus ojos para encontrarse con los míos y de nuevo puedo reflejarme en el gris profundo de su mirada.
—Buenos días mi amor. —Le digo con tono muy dulce y cariñoso.
—Buenos días. —Responde expresando una leve sonrisa de satisfacción.
—¿Como amaneciste? —Le pregunto.
—Muy bien ¿y tú? —Dice con tono un poco juguetón, creo que se refiere a nuestro paso por la tina de baño.
—Maravillosamente. —Le respondo con una gran sonrisa y respiración tranquila.
—Esa tina sí que es de buena calidad. —Le digo, haciéndole una más que obvia referencia a nuestro momento de intimidad en ella.
Puedo sentir un calor en mi rostro, creo que estoy sonrojado y es exquisitamente raro que aun me ruborice con la idea, aunque a ella también se le suben los colores al rostro.
Por un minuto nos vemos frente a frente sin decir una sola palabra, es un momento intenso a pesar de no decir nada, solo podemos ver el encarnecido reflejo de nuestras caricias, nuestros besos y todos los maravillosos sucesos de anoche.
—Yo no estoy tan segura, tal vez deberíamos inspeccionarla de nuevo, quizás no sea tan buena. —Me dice con tono sonrojado pero pícaro a la vez.
Yo solo le expreso una gran sonrisa, a lo largo de estos años Katniss se ha vuelto un poco más expresiva con respecto a sus deseos y eso me da una idea de lo que más le gusta.
—Estaría dispuesto a revisarla cuantas veces podamos en el viaje. —Como siempre le digo lo primero que se me viene a la mente.
Ahora si me expresa una muy amplia sonrisa y una mirada de complicidad que me derrite.
Nos levantamos de la cama, pero no tenemos la intensión de salir de nuestro camarote en realidad solo queremos pasar el día juntos, disfrutando de nuestra mutua compañía.
Es entonces cuando veo aquellas tartas de fresa que deje en la mesita, y que ahí siguen, lo bueno es que Katniss tenía antojo de ellas, pero al final creo que me le antoje yo.
Inmerso en mis pensamientos solo reacciono a las manos de mi esposa que me sujetan abrazándome por detrás y apoyando su cabeza en mi espalda.
—Disculpa no me comí las tartas que me trajiste anoche. —Dice con tono cariñoso y algo apenado, hablando con la cabeza aun recargada en mi espalda.
—No te preocupes mi amor, no estoy para nada molesto por eso. —Le respondo con voz dulce y maliciosa a la vez, dándome la vuelta, quedando abrazados el uno del otro y con una amplia sonrisa le doy un tierno beso en los labios.
—Anoche me hiciste el hombre más feliz del mundo. —Le murmuro entre el beso posicionando mi frente en la suya y quedando nuestros labios muy cerca.
—¿Solo anoche? —Pregunta con tono travieso, expresando una aguda mirada.
—Anoche y siempre. —Le respondo hábilmente.
Nos quedamos así, juntos durante unos segundos hasta que escucho el resonar de unos delatores intestinos… ah son los míos, ya que no puede comer nada anoche, estaba muy ocupado en otra acción mucho más placentera.
Katniss no puede evitar liberar una espontanea carcajada, misma que se tiñe por un rubor en sus mejillas, al expresar también un gruñido de su estomago.
—¿Ahora si quieres las tartas? —Le pregunto.
—Esa es una buena idea. —Dice, reponiéndose de su sonrojo.
Esa mañana fue muy revitalizante, todo es mas colorido cuando podemos compartir buenos momentos juntos, por eso me aferro mucho a estos, ya que cuando llegan súbitamente los malos, son estos instantes los que me hacen volver a mi realidad, una que no quiero perder por ser la mejor de mi vida, la realidad de compartir mi vida con Katniss.
Después de eso el viaje transcurre en calma, salvo por los desbarajustes de Haymitch, Effie y Donovan que son una familia muy peculiar.
Ya de regreso en nuestro distrito, nos ponemos al corriente de nuestros pedidos y ocupaciones de trabajo, y así pasan los días y con ellos llegan los meses, dos para ser exactos y los hemos pasado algo extraños, Katniss ha tenido muchos cambios de humor, y tratándose de ella no es algo raro, lo raro es que yo también los he tenido.
En este tiempo han surgido de nuevo las pesadillas, tanto las mías como las de Katniss y aun mas, me preocupa estar entrando de nuevo en la oscuridad.
Pero me prohíbo a mi mismo dejar que mis "episodios mentales" arruinen mi vida, no quiero regresar a la penumbra y el terror.
Hoy ha sido una mala mañana, anoche nos despertamos repetidas veces siendo presas de las pesadillas, aunque las mías se pierden fácilmente al despertar junto a mi esposa, las suyas son mas estrepitosas debido a sus gritos de pánico.
El convencerla que solo ha sido un mal sueño me es cada vez mas tardado y por eso me preocupo tanto.
Aunque ahora todo está relativamente tranquilo, solo estamos uno frente al otro compartiendo el desayuno, el ambiente es tenso, tanto que podría cortarse con una navaja, Katniss se queda perdida en sus pensamientos, no dice nada solo come despacio y sin expresar ninguna muestra de alegría.
—¿Me pasas la sal, por favor? —Le pregunto a Katniss.
—Claro, tómala. —Me responde al instante en que me la alcanza.
—Gracias. —Le respondo, no sé qué hacer esta mañana con ella, ya que cuando se pone en plan tenso, pueden pasar horas antes de que adopte una actitud más positiva.
El desayuno consiste en huevos fritos, pan de nuez, mermelada de pina, leche tibia y jugo de naranja, pero por alguna extraña razón no se ve muy apetitoso que digamos.
Más bien siento que se me está revolviendo el estomago tan solo con probarlo, no sé qué está pasando pero de pronto tengo unas terribles ganas de devolver el estomago.
Al contrario de katniss que a pesar de su mal humor, disfruta del desayuno sin ningún problema aparente y es cuando ya no puedo más…
Me levanto de forma acelerada y corro al baño antes de que me gane el asco, y vomito como si no hubiera un mañana.
Me siento muy mal del estomago, pero creo que esta acción logro sacar a mi esposa de su estado de letargo y corre al baño a ver como estoy.
—¿Qué tienes Peeta? —Me pregunta con tono de preocupación.
—No me siento nada bien del estomago, creo que algo me cayó mal. —Le digo.
—Es extraño en ti, siempre has sido muy sano. —Me dice con muchas dudas.
—Lo sé, yo mismo estoy sorprendido. —Le respondo, ya mas recuperado.
Y ahí estamos dándonos apoyo mutuo, salimos del baño y nos dirigimos de muevo al comedor.
—Debes tener más cuidado en lo que comes, no quiero que te me vayas a enfermar. —Me dice, expresando una leve sonrisa de consuelo.
—Procurare estar lo mejor, para ti. —Le respondo, la situación se ha tornado algo divertida entre mis nauseas y los intentos de Katniss por hacerme sentir mejor.
A lo que ella responde con una sonrisa muy amplia y revitalizante, tanto que me la contagia con ahínco.
Seguimos caminando riéndonos cuando de pronto veo que mi esposa se bambolea un poco y duda al caminar.
—¿Qué te pasa? —Le pregunto muy alarmado al ver su dificultad para mantenerse en pie.
—No es nada, solo fue un leve mareo, creo que necesito vitaminas, no te preocupes no es... —No puede terminar la frase ya que se ha desvanecido en mis brazos.
muchísimas gracias por sus reviews! me alegra mucho saber que les gusta la historia! pero disculpen si no les he podido responder personalmente, es que ahora mis ocupaciones están algo apretadas! :( y a mis chicas Guest, muchas gracias por sus comentarios! son muy especiales para mi! todos me alegran el dia! los quiero mucho!
pero... y ahora, que tendra Katniss? estara empachada? jaja hasta la proxima!
