Aviso: Este fic es obra de mi imaginacion, los personajes son propiedad de la escritora suzane Collins.
este y mis demas fics han sido publicados en otra plataforma de fics, bajo su mismo nombre y contenido, asi como tambien mi nombre de usuario "seilen" asi que si los encuentran por ahi, no es plagio... soy yo!
ahora que si no estan bajo mi nombre de usuario ni el mismo titulo, porfa avisenme!
Capítulo 22
Picante y Caramelo.
—Katniss no es lo que crees, por favor escúchame. —Le digo de forma suplicante viéndola con gran conmoción en mi mirada.
Pero ella es inmune a mis explicaciones ya que no me dirige la palabra, ni una sola mirada, solo está centrada en Katherine con tal furia en sus ojos que no sé lo que sea capaz de hacer en este momento.
Independientemente de lo que me espere lo que más me preocupa es la salud de Katniss debido a su estado.
La maliciosa carcajada que escucho me hace voltear irremediablemente hacia Katherine, su expresión es de triunfo ante la situación, parece loca.
Ahora si no se qué decir, todo lo ha planeado de eso puedo darme perfecta cuenta, el marco de esta atemorizante situación pasa en tan solo unos segundos dejándome confundido y sin poder reaccionar bien puesto que siento que la cabeza me da vueltas ante la confusión y la desesperación debido a mi convalecencia pues aun no estoy muy bien.
Katniss reacciona con mucha rapidez quedando frente a Katherine y borrándole la burlona expresión con un impacto a puño cerrado directamente en la cara, sin darle tiempo alguno de defenderse.
La sujeta por los cabellos de forma muy fuerte y segura con su mano derecha y con la izquierda le toma el brazo derecho, noto también que cruza su perna en la de ella dejándola inmovilizada totalmente, algunas gotas de sangre de la nariz de Katherine se resbala sobre su barbilla, manchando el brazo de mí esposa.
Escucho su llanto cobarde tratando de librarse de la agresiva he incontrolable fuerza del ataque, sin ningún resultado, puesto que en estos momentos Katniss no tiene ningún tipo de piedad, solo se maneja por el instinto de venganza.
—¡Katniss, reacciona por favor! —Le digo, reponiéndome de mi sorpresa, no quiero que se agite demasiado.
Centra su mirada en mí, sus ojos están inyectados de una indómita fiereza, con una sola mirada me dice que no me meta, lo cual me confirma que no se detendrá hasta descargar su molestia en su contra y regresa su atención en ella.
—Que jamás se te ocurra volver a acercarte a Peeta, si no quieres morir ¿entendiste? —Le dice con un tono muy violento, su respiración es muy acelerada y se escucha entre coléricos sollozos.
Le atiranta demasiado el cabello, agitándole la cabeza de arriba abajo, demostrándole su total dominio sobre ella.
—Peeta ayúdame por favor. —Grita pidiendo mi ayuda pero evidentemente no moveré un dedo para defenderla puesto que no me pondré en contra de Katniss por alguien que nos ha hecho ya bastante daño y más aún porque no se la suerte con la que corra más tarde por su culpa.
Me da pena porque es una chica pero ella se lo busco, es mas lo pidió a gritos y no tiene más que lo que ella misma suplico.
—No te escucho, ¿entendiste o no? —Mi muy molesta esposa le inquiere.
—¡Suéltame por favor…por favor! —Solo es capaz de suplicar que la suelte con tono lastimero y atemorizado.
—Mientras no me digas si entiendes o no, no te soltare, bien se ve que no eres más que una estúpida cobarde. —Le repite con una ligera y macabra sonrisa de satisfacción al ver la deshecha expresión de su adversaria.
—Lo prometo no volveré a molestar, perdón…perdón. —Por fin entendió lo que tenía que decir ya que de no hacerlo Katniss la hubiera torturado aun más.
—Entonces te largaras y no regresaras nunca, esta es solo una advertencia. —Le dice con tono muy seguro y molesto, haciéndole una certera promesa.
—¿Que está pasando aquí? Hasta afuera se escuchan los gritos. —Escucho la voz sorprendida de Alexander al momento en que abre la puerta.
—¿Katherine que hiciste? —Aparentemente no reacciona a favor de su hermana, con un tono extrañado.
—No pasa nada solo aclaramos un punto, pero no creo que tengamos más problemas ¿verdad? —Dice Katniss con tono ya más repuesto soltándola de forma brusca.
—Alexander Katniss me lastimo. —Exclama llorando y tocándose la sangre que le sale de la nariz.
—Ofrezco mil disculpas por el comportamiento de mi hermana, se que ella provoco la situación. —Dice con tono calmado y apenado a la vez, en su rostro se puede apreciar el arrepentimiento.
—Que bien al aceptar que ustedes ya han intervenido demasiado en nuestras vidas. —Le digo con calma y tono serio.
—Por lo mismo estoy apenado y prometo que no los molestaremos mas, se que una disculpa no es suficiente ante nuestro atrevimiento. —Su tono es tranquilo.
—¿Pero cómo puedes decir eso después de cómo me han lastimado? —Katherine interviene.
—Guarda silencio, te dije que no los molestaras mas y no me hiciste caso así que tú misma te lo buscaste. —Pone fin a su rabieta infantil con tono decidido y de reproche viéndola a los ojos a lo que ella responde quedándose callada.
—Entiende que no podemos interferir en donde no nos llaman, ellos ya tienen una vida hecha y nosotros no tenemos ningún derecho a inquietarlos. —Su tono ha cambiado a uno más tranquilo y a forma de hacer entender a Katherine, lo que me sorprende es que lo han frente a nosotros.
Ella solo asiente con la cabeza, parece que ha comprendido.
—Entiendo que están por tener un bebe y eso lo respeto, les suplico que nos disculpen y tomen nuestra amistad como algo completamente sincero. —Su tono es cada vez más sincero, o al menos así es como lo siento.
—No creo que podamos ser amigos en realidad, lo siento. —Le digo con tono cortes y tranquilo ya que esta vez no siento ningún tipo de agresión de su parte, su disculpa es genuina.
—Espero que tengan un buen viaje. —Escucho a Katniss decirlo de forma un poco más serena.
La escena se ha tornado mucho más moderada de lo que pensé, después de esto solo se retiran tranquilamente aquellos gemelos que nos hicieron pasar por malos ratos.
—Katniss no fue mi intensión jamás que esto llegara a tanto, por favor créeme. —Le digo con tono muy avergonzado, tengo miedo de que haya creído que yo bese por mi voluntad a Katherine.
No me dice ni una palabra pero sus ojos me afirman que no me perdonara nunca, y eso me aterra, de nuevo el ambiente es tenso, no sé que me espere después de todo esto.
Se acerca con su mirada molesta y agresiva, tengo en mente tantas cosas pero no me sale palabra alguna, es como estar frente a la inquisición y no tener argumentos para defenderme, pero por cómo le fue a Katherine creo que correré una suerte mucho peor, tal vez no me perdone y eso terminaría con mi vida.
—Escúchame por favor, tengo que explicarte que no…—No me deja terminar la frase ya que me ha dejado lo suficientemente sorprendido como para gesticular palabra alguna.
Me rodea con sus brazos de forma delicada y muy cariñosa dejándome más que impresionado ante tal reacción, pero decido no pensar tanto en ello y le respondo al abrazo con mi alma y corazón.
Hundo mi cabeza en su hombro dejando que el aroma de su piel invada todos mis sentidos, creo que entiende lo que paso en realidad.
—¿Me crees entonces, verdad? —Le digo con tono muy dulce, temblando ligeramente en sus brazos por la emoción.
—¡Peeta! —Me dice sollozante entre mis brazos.
Ligeramente se separa del abrazo, manteniendo una muy corta distancia entre nosotros, sus ojos reflejan un particular brillo lleno de amor y ternura, de verdad estoy confundido ante esto, pero a la vez muy feliz tanto que no puedo evitar dar un dulce suspiro de alivio.
—¿Pero cómo es esto? —Pregunto sin dar crédito a su reacción con tono gratamente sorprendido.
—Escuche todo lo que le decías a Katherine, como la rechazabas pero no pude soportar su osadía por eso intervine. —Me dice con tono tranquilo al principio, mismo que cambia a molesto con solo mencionar a Katherine.
—Escuche que estaban hablando y no quise interrumpir porque vi que la rechazabas, sé que no fue tu culpa. —Me explica.
—Pero creo que a Katherine no le quedaran ganas de regresar jamás. —Me dice con una sonrisa, creo que esta recordando cómo fue capaz de golpearla.
—Nunca creí que estuvieras observando la escena. —Le digo con una ligera vergüenza en mi tono.
—Es para que veas que estoy en todos lados. —Me responde con una mueca pícara dejando ver cierta malicia disfrazada de intimidación en sus palabras.
—Siempre estás en todos lados porque te llevo conmigo en mi corazón, no pasa un minuto sin que piense en ti. —Le digo con tono muy cariñoso expresándole mi total amor por ella.
—Lo sé, pero aun así fue muy repulsivo ver cómo te besaba Katherine. —Me dice con el seño fruncido y dejándome sentir un pellizco en el brazo.
—Esta vez la pase pero otra… jamás. —Sigue diciendo, comprendo que tenía que hacerme pagar de alguna forma, es muy su estilo.
—Y no hace falta decir que no tendrás ningún beso de mi parte por el momento. —Me dice de forma lúgubre y seria.
Y comprendo perfectamente bien el porqué…
Después de esto pasan dos meses más, meses en los que me he podido recuperarme por completo de mi accidente, en los que dedico mi tiempo no solo al trabajo, si no al cuidado de mi Katniss… de mi gran tesoro.
Los días nos han colmado de sensaciones agridulces, con ya casi cinco meses de embarazo el humor de Katniss es cada vez mas variante y caótico, entre la dicha y el desquicio todo en un segundo, y en los que comprendí que son apenas el comienzo de una nueva etapa en la vida, y como nueva etapa es algo perturbador adaptarse a ella.
Estos han sido meses en los que las pesadillas han regresado a ser comunes, pesadillas de las que despierta llorando, aferrándose cada vez más a mí, en las que grita una y mil veces el nombre de Prim, pero ahora matizadas también con el nombre Hope… se que en lo más profundo de sus pesadillas se trasluce el rostro de nuestra niña aun antes de nacer y teme por ella.
Con aquel miedo que no la deja ser feliz por la llegada de nuestra hija, el miedo que incluso la paraliza y deja sin aliento en aquellos agonizantes momentos, el mismo miedo que me estremece a mi por completo, es terrible ver como hay instantes en los que podemos ser felices, y otros en los que nuestra vida cambia tan solo por el recuerdo de lo que nos han arrebatado, de lo que ya jamás tendremos, del adiós a lo que fue gran parte de nuestra vida.
Pero también hay días en los que la tranquilidad reina, ocasiones en los que encontramos la paz, esto nos recuerda que podemos ser dichosos, que la espera de nuestra bebe es algo por lo que tenemos que agradecer a la vida, la cual nos ofrece una nueva oportunidad.
Hemos visitado periódicamente al doctor, quien nos ha dicho que todo va bien con el embarazo, y que solo tenemos que seguir al pie de la letra los cuidados y nuevas indicaciones que, de hecho a Katniss no le agradan mucho, ya que se cansa con mayor facilidad, restringiendo sus cacerías matutinas.
Su hermoso vientre ha empezado a crecer, yo jamás creí que Katniss podría ser más hermosa de lo que ya es, pero veo con asombro que me equivoque, nunca la había visto tan maravillosa, como se encuentra ahora, en su mirada se refleja una nueva luz, un nuevo brillo que me causa más que fascinación, me embelesa por completo, solo que a veces esa luz se opaca lo suficiente para hacerme padecer la más terrible de las tristezas.
Esta mañana es común para mi, y empieza con el primer rayo de luz de la mañana acariciando frágilmente mi rostro, intercambiando protagonismo con la brisa otoñal del amanecer, y como siempre el encontrar entre mis brazos a mi Katniss, es una hermosa manera de comenzar el día, no podría imaginar una vez en la que no despierte abrazado de mi amor, en el que no pueda sentir el latir de su corazón junto al mío ni su calidez, ni el aroma dulce de su cabello, ni el roce de su piel, solo por poder regocijarme e inundarme de su presencia le doy gracias a la vida, lentamente abro mis ojos y estiro mi cuerpo como resultado de un reflejo involuntario.
Pero debo ser precavido no quiero despertarla, ya que debido a mi estremecimiento Katniss se mueve también entre sueños, con un brazo la acurruco mas a mí, y con el otro cierro delicadamente el abrazo para mantenernos juntos hasta que por sí sola despierte, y por un instante la observo con gran deleite, su rítmica respiración, el aspecto relajado de su rostro, una tenue sonrisa se asoma entre sus labios, y un sollozo la delata, creo que está teniendo un buen sueño.
Sería algo raro dado que son más comunes las pesadillas, pero la noche anterior estuvo muy tranquila así que asumo que está muy relajada entre sus sueños.
Un mechón de su cabello le cubre parte de su cara, el cual le acomodo suavemente hacia su oreja para tener una mejor vista, y me doy cuenta de que empieza a despertar, de forma lenta parpadea llevándose una mano hacia sus ojos a forma de frotarlos levemente.
—¿Cuánto tiempo llevas despierto? —Me pregunta al instante de dar un suspiro de forma adormilada.
—No mucho. —Le contesto cariñosamente con una mirada dulce y relajada.
—¿Qué hora es? —Me pregunta frágilmente debido a que aun se repone del sueño.
Giro mi atención hacia el reloj junto al tocador, y lo sujeto a forma de ver la hora, son las 6:30 de la mañana. – Le digo con tono tranquilo, pues aun tenemos algo de tiempo para empezar bien el día.
—Aun tenemos unos minutos para seguir abrazados, ¿no te parece? —Le digo.
—Sí, solo unos minutos más. —Me responde con algo más de sueño acurrucándose plácidamente junto a mí, a medida que pasa el tiempo Katniss se torna un poco mas renuente a despertase temprano y es natural por el embarazo.
De repente abre súbitamente sus ojos, al momento en que se sienta de forma acelerada, su expresión cambia de forma violenta, es una mirada de pánico la que veo en sus ojos, su respiración se incrementa cada vez más, llevando sus manos hacia su cabeza, sus dedos hondan en su cabello y lo toman fuertemente.
—¿Qué tienes? ¿Te sientes mal? Dime por favor. —Le digo con toda mi desesperación, mirándola con extrema confusión, al instante en que me siento yo también quedando junto a ella.
Las lágrimas se apoderan de sus ojos, no me contesta solo esta temblando y yo con ella, son segundos insoportables pues no se qué es lo que está pasando y temo por ellos.
Baja su mirada hacia su vientre incapaz de gesticular palabra alguna, solo continua temblando, lentamente baja una de sus manos hacia el mismo, posándola sobre su vientre aun de forma temblorosa.
Ahora estoy más desesperado y llevo mis manos hacia las de ella sobre el vientre, y entonces lo siento…
Su vientre se estremece por sí solo, siento unas suaves pataditas, se mueve tenuemente pero a la vez en forma nerviosa, es algo tan extraño, nunca había sentido lo que es que mi bebe se moviera dentro de Katniss… es un maravilloso pulsar.
Siento que el corazón se me quiere salir del pecho, es un milagro el poder sentir esto. Una lágrima se resbala por la mejilla de Katniss y cae justo en mi mano que acaricia su vientre, esta me regresa a la realidad, "Katniss esta aterrada"
No puede más y se abalanza en mis brazos a llorar descontroladamente, es presa de un pánico que la consume y a mí con ella, ya que no puedo creer como el más dulce de los momentos es opacado por el más terrible de los miedos.
Ni por un solo momento he dejado de pensar que katniss no ama tanto como yo a nuestra bebe, y sé que por lo mismo es que siente este miedo, miedo a que nos arrebaten la vida misma, que sería lo mismo que nos arrebataran a nuestra niña, y es que aun las marcas de la guerra y de todo lo que sufrimos no se han desvanecido de nuestras mentes por eso es que la comprendo muy bien.
Pienso mientras la abrazo tiernamente dándole el apoyo que necesita pues siempre me tendrá para ella, de eso no le cabe la menor duda.
Permanece sin decir una sola palabra, solo llora frágilmente aferrándose fuertemente a mí, es como si no quisiera que nos separáramos nunca, es como si quisiera congelar este instante y vivir por siempre en el, como si con esta sola acción me demostrara que jamás nos separaremos los tres.
—Siempre juntos ¿verdad? —He atinado a su sentir, pues me dice las palabras justas de lo que estoy pensando aun abrazada de mi y con tintes de fragilidad y desazón en su voz.
—Siempre juntos amor…siempre juntos. —Le repito con voz dulce y pacífica, acariciando suavemente su cabello.
—No puedo evitar sentir este miedo, no puedo dejar de pensar en que quizás le toque vivir lo mismo que nosotros, no puedo… no puedo. —Me dice entre lágrimas separándose del abrazo.
—No tengas miedo, no pasara nada, ella no vivirá lo que nosotros, además solo nos está dando los buenos días, solo quiere decirnos que ya puede moverse, que está creciendo y todo gracias a ti mi amor. —Le digo con vehemencia acariciando su rostro y secándole las lagrimas suavemente con mis dedos.
—Siéntela, está feliz y es su forma de decírnoslo. —Sigo diciendo, mientras le acaricio el vientre, viéndola con extrema dedicación y ternura pues al fin y al cabo la vida nos dio hoy la mejor prueba de que todo puede mejorar a pesar del temor y el dolor, pues siempre habrá esperanza.
