Aviso: Este fic es obra de mi imaginacion, los personajes son propiedad de la escritora suzane Collins.
este y mis demas fics han sido publicados en otra plataforma de fics, bajo su mismo nombre y contenido, asi como tambien mi nombre de usuario "seilen" asi que si los encuentran por ahi, no es plagio... soy yo!
ahora que si no estan bajo mi nombre de usuario ni el mismo titulo, porfa avisenme!
Capítulo 18
Desenfreno y Caos.
Es lunes por la mañana, una mañana muy especial pues es el primer día de clases de Hopy, con tres años cumplidos y muchas expectativas sobre lo que no conoce, mi niña se encuentra parada en la puerta del jardín de niños, de la mano de Katniss y mía, pues queremos que sienta que siempre estamos con ella.
—¡Mira papi… niños! —Dice señalando, al ver a todos los niños de la mano de sus madres, algunos son niños más grandes y otros compartirán con ella el salón de clases.
—Si mi amor, son muchos niños y todos te van a amar. —Digo hincándome hacia ella con tono muy cariñoso, acariciando una de las dos trenzas que le hizo Katniss esta mañana.
Katniss sonríe con mucho cariño pero sé que esta algo tensa, pues ella es la más preocupada por separarse por tantas horas de Hopy, pero es algo natural, poco a poco nos iremos acostumbrando al kínder también nosotros.
Una joven que no debe pasar de los treinta años, de cabello castaño sujeto por una liga, ojos marrones apenas visibles a través de sus gafas de armazón negra, y tez blanca como la nieve se acerca a nosotros, con un uniforme azul cielo en la blusa y azul marino en la falda, al parecer es una maestra.
—Buenos días señores Mellak, soy Stefany Stirling pero mis alumnos me llaman señorita limón, y seré la maestra de la pequeña Hope. —Nos extiende la mano en saludo, viéndonos amablemente.
—Buenos días, señorita Stirling, precisamente estaba pensando en hablar con usted. —Dice Katniss algo seria.
—Lo imagine, por eso mismo es que estoy aquí, para decirles que la niña estará muy feliz y bien cuidada. —Responde con una sonrisa.
—Eso espero. —El tono protector de Katniss logra mostrar su preocupación.
—Claro, no tienen nada de qué preocuparse, esta semana solo será para presentarse y aprender a convivir, de esta forma los que aún no saben hablar muy bien, irán tomando más práctica. —Dice.
—A Hope le gusta jugar mucho y es muy inquieta. —Le específico.
—Sí, tengo experiencia en esos casos, no tiene nada de qué preocuparse. —Responde.
—Ok le confiamos a lo más valioso de nuestras vidas. —Decimos a unísono, en respuesta nos dirige de nuevo una sonrisa y la vemos partir hacia el salón de clases.
—Mi amor, te tienes que quedar aquí un rato, ¿sale? —Dice Katniss con una sonrisa lo más segura que puede, pues sé que no lo está del todo, pero no quiere hacer sentir mal a Hopy.
—¿No se quedan conmigo? —Pregunta la pequeña con tono inocente, extendiendo los brazos hacia ella y lanzándome la mirada más tierna que he visto.
—Amor aquí estarás bien, aprenderás más juegos y te divertirás mucho con nuevos amiguitos, además solo será un rato y de nuevo te encontraras en casa, lo prometo. —Respondo con serenidad, entonando un sonido protector en mi voz.
—Mueno… me quedo. —Dice con una sonrisa, se ve que le gustó la idea.
—Entonces será mejor que entres ya, acaban de tocar la campana. —Dice Katniss con seriedad.
—¿Campana? —Pregunta Hope.
—Ya te lo explicaran amor… cuando suena la campana las niñas lindas entran a su salón con su maestra y sus compañeritos, y tú eres la más linda de todo el mundo, así que ve ahora. —Digo, dándole un abrazo muy fuerte a mi niña y un beso en su mejilla.
—En cuanto suene de nuevo esa campana estaré aquí sin falta. —Dice Katniss al momento en que el da un tierno abrazo y la deja ir, pues ya hemos caminado hasta la entrada del salón.
Nos despedimos de ella procurando que no se dé cuenta de nuestra tristeza al dejarla ir, ella solo entra y la maestra cierra la puerta dedicándonos una sonrisa.
—No te preocupes, estará muy bien ya lo veras. —Le digo a Katniss al segundo en que le doy un tierno abrazo y un beso en la frente. —Todo estará bien.
Sé que ella está sufriendo aunque quiera hacerse la fuerte, que aun siente incertidumbre debido a los fantasmas que nos persiguen, y de los que también temo, pero debo ser fuerte para ella y apoyarla en mi hombro, como siempre… como toda la vida.
—¿No fue tan malo verdad? Es una niña muy fuerte, no lloró como dicen que lloran los niños en el primer día. —Murmura mi esposa aun con su cabeza recargada en mi pecho.
—Es que es tan fuerte como tú, mi amor. —Le susurro.
—Esto me hace recordar aquel día en que te vi por primera vez, el día que marco mi vida para siempre. —Suspiro al decir esas palabras, tan emocionante fue, que inevitablemente me enamore, incluso sin saber lo que era el amor.
—Eso fue hace ya mucho tiempo, y a pesar de todo ¿aún lo recuerdas? —Pregunta con una ligera mueca de satisfacción.
—Nunca lo olvidare, está grabado en mi corazón. —Respondo apretándola aún más contra mi pecho, haciendo que escuche mis latidos.
El momento es un matiz de sensaciones tanto nostálgicas como tristes por dejar a nuestra hija en su primer día de escuela, pero lo sobrellevamos tomados de la mano, como todo en la vida… siempre juntos.
—Bueno tenemos trabajo que hacer y pedidos que cubrir, el día será agitado ¿recuerdas? —Dice Katniss reponiéndose del momento, incluso juraría que se ha limpiado una lagrima de contrabando.
—Lo sé, vamos cariño. —Exclamo con cierta frustración, no me agrada que a veces trate de aparentar frialdad, cuando se siente temerosa y no hay razón para ello, pero la entiendo… siempre la entiendo.
El día en la panadería es como ya sabíamos que sería, un tanto agotador ya que se juntaron dos pedidos importantes, uno para la feria del trabajo la cual se festeja cada año en estas fechas para dar oportunidad a los graduados en sus primeros trabajos.
Y otro para un cumpleaños, y precisamente son para esta tarde, así que no podemos parar de trabajar, entre los pedidos y atender al mostrador, todo es casi un caos.
—Camil, pon más atención a la masa, aún no está lista y ya estas empezando a formar las tartas, ¡no te distraigas! —Digo con tono firme y tranquilo, no quiero que esto se eche a perder.
—Dany trae papel encerado de la bodega, esto no va a alcanzar. —Es algo tedioso estar al tanto de todo a la vez pero esto no espera.
—Sí señor, ahora mismo lo traigo. —Responde al instante en que se va a cumplir mis órdenes.
—Sandy ocúpate de los pudines. —Digo.
—Claro Peeta, confía en mí, siempre estoy a tus órdenes. —Responde.
—Ok, apúrense que casi terminamos con un pedido y estamos a mitad del siguiente. —Mi mente se centra en el trabajo pero me doy mi tiempo para ver a Katniss en el mostrador, por eso delego deberes.
—¿Cómo va todo en la cocina? —Pregunta Katniss un tanto molesta.
—Todo va bien, a este ritmo terminaremos muy pronto. —Digo.
—Aquí no hay tanto trabajo, mejor te ayudo en lo que pueda, una mano más nunca cae mal, ¿no te parece? —Su gesto es intrigante y su tono algo perturbador.
—Cariño, no te agobies todo está bajo control, los chicos van bien. —Exclamo, no quiero que se estrese, esta mañana ya estuvo cargada de emociones, además que no quiero incomodarla, de alguna manera que no me explico está irritada.
—Está bien, me quedare aquí sin hacer nada, si eso es lo que quieres. —Ahora si está muy molesta.
—¿Qué tienes? No entiendo tu molestia. —Me apresuro a cuestionarla.
—Nada que te interese, estoy bien. —Responde haciendo un esfuerzo notable en no lanzarse ya mismo contra mi yugular.
—Has estado rara desde hace unos días y no lo entiendo, ¿Qué es lo que te incomoda tanto? —Ya no importa el pedido, ya no interesa más el tiempo, solo arreglar esta situación con ella.
—Ya te dije que no tengo nada. —Su tono inquisidor es alarmante, su respiración es irregular al girar con violencia hacia mí.
—¡Peeta se atascó de nuevo el horno… ven! —Sandy interrumpe la discusión haciendo alarde de una brillante sonrisa.
Katniss solo la ve como si se la quisiera tragar viva y en un segundo a mí, con una mirada ensombrecida y fría a la vez.
—Tienes cosas más importantes, ya arreglaremos esto después. —Dice con una sellada advertencia hacia Sandy.
Regreso exasperado y frustrado a la cocina, ¿Ahora qué hice? No entiendo nada, pero sé que esto me traerá dolores fuertes de cabeza al rato.
Y me desquito con el trabajo para no pensar tanto, así que prácticamente terminamos antes de lo esperado apenas son las cuatro de la tarde, y Katniss ya fue a recoger a Hopy del jardín de niños.
Dany y Camil van a entregar los pedidos, y Sandy se queda en la cocina a limpiar todo el tiradero y yo a terminar las cuentas para ahorrarle trabajo a Katniss.
Pero veo como Sandy estira un poco los hombros, expresando un suspiro de cansancio.
—Te ayudo, hoy ha sido un día muy extenuante y mereces un descanso. —Al verla tan cansada mi sentido humanitario me indica ayudarla.
—Muchas gracias Peeta, tu siempre tan caballeroso. —Responde con una gran sonrisa al momento en que se da un suave masaje en los hombros.
—No es nada, solo que no me gusta ver a una chica como tú, que se esfuerza tanto, tan cansada. —Le digo sin verla ya que presto más atención a barrer bien el piso.
—Katniss tiene mucha suerte de tenerte, eres muy gentil y considerado conmigo, no me imagino que tan considerado eres con ella. —Escucho un tono triste en su voz.
—Ella es el amor de mi vida —Respondo.
—Si eso lo sé, todo el mundo lo sabe, su historia ha dado esperanza a muchos. —Dice con tono de nuevo algo triste.
—Aunque ella está molesta ¿verdad? —Pregunta.
—No sé a qué te refieres. —Le digo, al dejar la escoba en su lugar, acomodando una silla para sentarme a continuar con las cuentas, pues ya termine de barrer.
—Peeta, noté como Katniss se molestó contigo hace rato, creo que es desconsiderada contigo. —Dice al momento en que se quita el mandil y deja al descubierto una blusa rosa entallada.
—Esas son cosas nuestras, no te metas por favor. —Digo algo enfadado, esta situación me tiene desconcertado e intranquilo.
Tal vez he sido muy duro con la pobre chica, veo como la hice sentir mal, y no quiero desquitar con ella mis problemas.
—Es solo que… Katniss está muy rara conmigo, no la entiendo. —Digo al fin con un suspiro, aligerando mí tono a uno menos agresivo.
—Sí, las mujeres a veces no nos aguantamos a nosotras mismas, y tendemos a tratar mal a quien está cerca, no te preocupes. —Su voz es cálida y parece ser experta, bueno finalmente es una mujer y evidentemente sabe más que yo de eso.
Dedico una sonrisa amable a Sandy y ella me la regresa de forma amigable y entusiasta, noto un brillo especial en su mirada.
—¿Interrumpo? —Katniss pregunta con sus ojos inyectados por la rabia, si yo conozco esa mirada.
—No amor, solo estábamos terminando de limpiar, Sandy ya se va. —Me apresuro a explicar pero sé que no sirve de nada.
—Hasta mañana señora. —Sandy parece huir del problema con facilidad, Katniss ni siquiera la mira al irse.
—No quiero que mal entiendas las cosas, no tienes por qué molestarte, si solo estábamos hablando. —Estoy algo nervioso, conozco a Katniss y sé que se estará haciendo ideas que no son.
Pero no me contesta, solo se mantiene estática como si no pasara nada, y el silencio es lo más alarmante de la situación.
—Katniss escucha, entiende que no puedes hacerte ideas a lo tonto, ¿me entiendes? —Digo al momento en que la tomo del brazo de forma suave.
—Quítame las manos de encima, no estoy jugando. —Exclama, viéndome por debajo del hombro, en una clara muestra de desaire, para después centrar sus ojos con rabia en mí.
Expresión que me causa una repentina ira, no es posible que tan fácilmente me crea capaz de preferir a otra en su lugar… no me explico cuántas muestras de amor puedo darle, ya le he dado mi vida entera y aun así es capaz de dudar de mí, eso no es justo.
—No tienes por qué tratarme así, ¡se razonable! No soy un títere al que puedas decirle que lo amas y después olvidar a la menor provocación todo lo que compartimos, eso es una burla. —La frustración toma domino de mi boca por completo.
—Burla es la que tú me haces… tan encantador eres que resultas irresistible a cualquier estúpida. —Dice golpeando la mesa con su puño.
—No, la que se burla eres tú, la que me insulta con sus acusaciones incoherentes y fuera de lugar. —Respondo muy enfadado.
—Tienes mucha razón, la que está fuera de lugar ¡soy yo! —Ahora si ha llegado demasiado lejos.
—¿Y Hopy dónde está? —Dentro de nuestras discusiones y fuera de todo lo malo, siempre esta nuestra hija, así que le pregunto porque debería estar aquí.
—La deje en casa de Haymitch, precisamente porque quería venir a ayudarte. —Parece que el hablar de Hope la está haciendo calmarse.
—Quiero a Sandy fuera de la panadería, no mantendré a una víbora rastrera como esa, a menos que quieras seguirla. —De nuevo arremete.
—No me parece justo que quieras que despida a una pobre chica que necesita su trabajo, solo porque tú en todos estos años, no te puedes dar cuenta que te amo solo a ti. —Digo, no es justo, además ella no es así, los celos son los que la hacen actuar de esta manera irracional.
—Ya me lo imaginaba… ¡Peeta siempre tan gentil! —Responde con sarcasmo.
—Aunque te rías de mí, es lo que soy, no puedo sentarme a ver una injusticia, la panadería es de ambos y no lo permitiré. —Me recargo contra la pared dirigiéndole una mirada retadora.
—Ok, tienes razón la panadería es tuya y mira lo que hago con ella. —Alcanzo a escuchar los tintes de su timbre, cargado de furia, combinado con el sonido de una charola estrellándose contra la pared.
Ahora ya se volvió loca, tira sobre mí la poca harina que sobraba de un tazón, sin dejar que pueda reaccionar a tiempo, le siguen los restos de chocolate derretido y crema batida.
Yo solo trato inútilmente de esquivarla pero aprovecha mi confusión, esto en vez de molestarme me causa un escalofrió a lo largo de mi espina dorsal, pues ella también esta manchada y se ve fascinantemente enojada.
—¿Qué te pasa fiera? —Logra salir una pregunta burlona de mi voz.
—¿Eso quieres verdad? Te gusta que te demuestre lo fiera que soy… eres mío ¿Entiendes? —Lleva sus manos a mi playera sujetándola del cuello.
Esta acción enciende en mí un deseo de hacerle pagar su atrevimiento, y me libero sujetándola de las muñecas.
—¡Cálmate ya! Estás histérica… ¿Comprendes?... —De pronto mi voz se convierte en un jadeo ahogado por mis latidos, descontrolando mi respiración.
—Eres solo mío… mío… —Al parecer esto está pasando a otro tipo de situación, pues su voz esta tan descontrolada como la mía.
—No tienes por qué repetirlo como si quisieras conven… —No puedo terminar la frase porque me tapa la boca con un beso tan apasionado, tan dominante como salvaje, es como si quisiera hacerme sentir que solo soy suyo, y no tiene porque, ¿Qué acaso no se lo he demostrado lo suficiente? Al parecer no.
Esta vez la tratare como ella quiere, la hare sentir que, la que es mía es ella, que solo yo soy su dueño y no tiene por qué celarme pues nos pertenecemos sin tregua ni medida.
Muerde mis labios ferozmente haciéndome sentir un ligero sabor a sangre y canela, aquella que hace un instante paso rozando mi mejilla izquierda y ahora su esencia se ha mezclado con el sabor de mi sangre y su saliva, es una sensación muy estimulante.
La aprisiono formando un candado con mis brazos, estamos casi sin aire, sobreviviendo solo del aliento del otro, esto es una lucha implacable por él control, hay una nueva energía fluyendo y esto ya paso de la furia por una razón a la furia ahogada por demostrarnos él poder que tenemos él uno sobre el otro.
Mis manos necesitan acariciar su piel, haciendo a un lado su estorbosa vestimenta, dejándola solo en ropa interior pero ella se resiste, es tan salvaje como airado su comportamiento, sé que lo hace solo para ver hasta dónde puedo llegar… ¡Bien… juguemos entonces!
Con mi fuerza me es fácil dominarla contra la mesa sin terminar el beso, al que ella responde con mucha intensidad, hago a un lado los trastos, algunos caen al piso y se rompen, otros solo se tambalean sin importarme nada.
En un movimiento brusco la siento en la mesa, tratando de abrir sus piernas, pero se rebela aplicando fuerza para evitarlo. —Ahora vas a saber lo que es un castigo. —Le murmuro al oído, al momento en que la someto, venciendo su frágil intento de oposición y mostrándole quien manda.
Ella sonríe indomable y orgullosa, enrollando sus piernas en mí, con mucha presión. —¡Tú eres mi prisionero, no te equivoques! —Dice con tono vencedor, metiendo sus manos por debajo de mi camisa, enterrándome sus uñas en la espalda, a lo que reacciono mordisqueando su oreja y chupando su lóbulo.
—Eres mía… solo mía. —Jadeo contra su oreja.
Muerdo su cuello, y cada caricia que le hago, me quema la piel excitándome hasta el punto de la locura.
Escucho como los botones de mi camisa son fácilmente rotos por sus manos impacientes, quitándomela de un estirón, y centrándose en mi pecho el que besa y lame con furia y sensualidad.
Siento su palpitar desenfrenado y ya no puedo más, la acuesto en la mesa con rudeza y en un segundo me quito los pantalones, y arremeto contra su sostén, tratando de arrancárselo de una sola vez, pero Katniss me lo impide atrayéndome hacia sus labios con un feroz y apasionado beso, nuestras lenguas danzan sin medida y luchan por el mando.
—Sera cuando yo quiera. —Me susurra al oído, a lo que respondo bajando por su cuello hasta sus pechos, tomándola descuidada por sus muñecas, inmovilizándola y rompiéndole el brassier con mis dientes.
—No, todo es cuando yo lo decida. —Alcanzo a decirle antes de morder sus pezones con dominio.
Ella se contrae, retorciéndose en mis brazos, demostrándome que esta tan excitada como yo.
De pronto trata de levantarse, de cortar el momento pero no la dejare, no puedo… no quiero… así que la empujo contra la mesa, dejándola en la misma posición.
—No seas tramposa, cumple con tu castigo. —Le ordeno.
—Ni en tus sueños. —Responde con gracia al instante en que me aleja con fuerza, llevándome hasta la pared, cerca del horno.
Ahora es ella la que me tiene en su control, aunque no será por mucho tiempo.
Se retuerce rozándome frenéticamente contra su intimidad, dejando a la mía más enardecida y deseosa, en la intensidad del momento veo una botella de chocolate derretido en el suelo, es la que me lanzo hace unos instantes.
—Sera cuando yo quiera, no cuando tú lo decidas. —Repito, aunque me muero de la necesidad de entrar en ella no lo hare aun.
La tomo por la cintura y la cargo hasta la mesa de nuevo, arrancándole en el camino las pantaletas.
Abro sus piernas con vigor, acomodándolas sobre mis hombros y derramo sobre sus pechos el contenido del frasco, el chocolate se resbala sensualmente por su piel sudorosa.
—Te voy a comer enterita. —Digo relamiéndome los labios y entonces la envisto una y otra vez, tan profundo como puedo, envolviéndome en su estreches.
Esta tan cálida y húmeda que pierdo la razón, hundiéndome más y más dentro, hasta un punto en que ya no puedo estar más profundo.
—¿Quién es tu dueño? ¿Quién te hace sentir? —Pregunto con tono entrecortado pero muy decidido, con mis manos enterradas en su cadera, balanceándola entre mis piernas.
Ella no dice nada, solo grita febrilmente. —Dilo. —Le ordeno, envistiendo con más fuego sobre sus muslos y acariciando sus dos volcanes erectos con las yemas de mis dedos, haciéndola retorcerse de placer.
Me inclino y chupo el chocolate de su piel, lo disfruto como lo más delicioso que he probado, su sabor mezclado con el de su piel y su transpiración es embriagador, tanto que lo devoro con avidez.
El ritmo es más acelerado, me percato de que esto puede terminar de un momento a otro, ya lo siento llegar, es una dulce agonía que me hace explotar y derramarme en su interior al sentir sus espasmos y contracciones, pues ella está liberándose también de esta tensión tan ardiente.
Aun dentro de ella, caigo rendido sobre sus senos, agotado y sin aliento, pero aún muy hambriento.
Katniss se enrolla de nuevo sobre mis caderas con fuerza. —Eres mío, solo mío. —Musita, al tiempo en que me rasguña la espalda, provocándome de nuevo.
—Aun no estoy satisfecho, aun quiero más de ti. —Le susurro al instante en que acaricio su piel con mi lengua.
Katniss se resbala de mis brazos, y de pronto se lanza contra mí, haciéndome perder el equilibrio y caer sobre unos costales de harina en el piso.
No me deja recuperarme de la sorpresa, pues se arroja sobre mis piernas, sentándose a horcajadas, besándome con voracidad, regalándome aún más de sí.
De nuevo siento su lucha por el control, sus mordidas y sus uñas enterradas en mi espalda, es como si quisiera marcarme la piel, para demostrar que le pertenezco, poro no tiene por qué hacerlo ya que ella me tiene marcada el alma.
La hago girar y me posiciono arriba, pues el que manda soy yo, me deleito con sus caderas, su vientre, su sabor es dulce y salado, es fantástico.
De nuevo ella se gira ahora con más potencia, mordiéndome el cuello electrizantemente, rozando y jugando al mismo tiempo con mi evidente erección, así sonríe triunfante, con un brillo apasionado en sus ojos gris cristalino.
Ronronea en mi oreja al inclinarse a morderla y seguir tallando su cuerpo en el mío, preparándose para lo que viene.
Liberamos al unísono un profundo gemido al hundirse en mi prominente dureza, meciéndose con gracia y ritmo cada vez más frenético y demandante.
—¿Quién es tu dueña? —Pregunta con voz ronca y mirada oscurecida por el deseo, al compás de la cabalgata.
Ahora es mi turno de no contestar, yo soy el que controla, aunque ella crea lo contrario.
Veo sus gestos de placer y me enloquezco aún más, esta tan concentrada sintiendo y haciéndome sentir las estrellas que no deja de gemir y jadear.
Aun dentro de ella me inclino para tomar de nuevo el mando, y en el camino de dejarla abajo, llevo mis manos hacia su trasero y le doy de nalgadas envistiéndola sin piedad… con frenesí, al principio siento su resistencia pero sucumbe ante lo agradable de la sensación, hasta terminar con grito ahogado de ambos, tan satisfechos y complacidos que solo nos tumbamos uno sobre el otro.
—Tú eres mi dueña. —Le murmuro al oído, abrazándola con amor.
—Tú eres mi dueño. —Responde con una sonrisa victoriosa en los labios.
Esto fue tan sorpresivo como satisfactorio y estimulante, tanto que el tiempo transcurrido nos hace regresar a la realidad, ya casi es de noche y Hope esta en casa de Haymitch.
—¿Te cansaste? —Me pregunta aun encerrada en mis brazos y con una sonrisa de satisfacción.
—De ti, jamás en la vida, nunca podría cansarme. —Y de nuevo las palabras cobran vida propia en mi boca ¿será que algún día dejare de decirle la primera cosa tierna que sienta? No, creo que no.
—Yo tampoco. —Responde con malicia en su tono.
—Hay ¿Qué tengo que la espalda que me duele? —Pregunto pues al girarme para cambiar la posición siento pequeñas punzadas.
—Ah… esa fui yo, lo siento, pero me llamaste fiera y las fieras rasguñan. —Titubea de forma encantadora, al instante en que me doy cuenta de los rasguños con algo de sangre en mi espalda.
—Mi fiera sensual y atrevida, rasgúñame y cómeme cuantas veces quieras. —Digo inclinando mi boca a su cuello, dándole un mojado y sensual beso.
Y es cuando veo la mordida que le hice en el cuello y aún más, en el pezón derecho. —Lo siento yo también. —Le digo con una mueca de diversión, acariciándole la mordida del seno.
—Es que fue muy intenso… me encanto. —Me ronronea.
—Pero eres riquísima, la leche con chocolate me causo adicción… con mucho gusto me quedaría aquí a hacerte el amor toda la noche. —Respondo con voz ronca al recordar el exquisito sabor.
—Pues no me hagas enojar más o no lo volverás a probar. —Me dice con una mirada retadora.
—Eso nunca amor. —Respondo de nuevo, recuerdo la hora, ya es tarde y Hopy estará esperándonos.
Los sucesos después de la mejor de las tardes es hasta cierto punto cómico, como terminamos limpiando la cocina lo mejor que pudimos, como el justificar a Effie y Haymitch porque estaba rota mi camisa y tenía una que otra marca de mordedura en el cuello y otra más en el labio, fue embarazoso, y de cualquier forma no creo que se tragaran el cuento de la "caída" sobre un gato que me rasguño de camino a casa.
Así como no creo que se creyeran que Katniss solo estaba algo acalorada y por lo mismo sonrosada, pues su mirada de malicia se notaba a kilómetros.
Haymitch y Effie solo sonrieron y se mofaron de lo malos que somos para las mentiras, haciendo comentarios sarcásticos y mordaces sobre lo peligroso que es caer en las garras de una "gata en celo"
De igual forma no nos preocupa que deduzcan lo que hicimos, así que solo quedo en una insinuación.
Las semanas pasaron tranquilas, Sandy mantenía cierta distancia desde lo ocurrido y Katniss estaba más "tranquila" si se puede llamar de esa forma.
Hopy cada vez está más enrolada en la escuela, es muy inteligente y sociable, tanto que ya tiene muchos amigos, y yo no puedo ser más feliz.
—Apúrense o llegaremos tarde a la escuela. —Exclama Katniss al ver el reloj, pues hoy nos levantamos después de la hora indicada.
Ella termina de preparar la mochila de Hope mientras yo me encargo de terminar la lista de suministros para el día y mi niña juega con Copito.
—Ahora si ya está todo listo. —Dice Katniss, al terminar arreglar las cosas, con un ligero indicio de mareo.
—Yo también ya termine ¿Aun tienes sueño? —Digo al levantarme de la silla con una sonrisa por mi dormilona.
—Estoy bien… no es… —Son sus últimas palabras antes de comenzar a desvanecerse, a lo que yo me apresuro y la sostengo en mis brazos, Katniss esta inconsciente.
Aquí les dejo este capitulo por demás bipolar jaja, espero que les haya gustado y con respecto al mensaje del capitulo anterior! es que me di cuenta de varios plagios y me puse un poco intensa con el asunto, porque se siente muy feo y creo que me desquite un poco, lo lamento, hubo una ocasión en la que pensé en borrar todo, pero en fin, ya me calme con el asunto, muchas gracias por su apoyo y ya casi estamos en la recta final del fic... se aceptan comentarios, para saber que les pareció el fic... chauu
