Capítulo 2

Carretera

Hermione, de pequeña, le tenía un gran terror a los fantasmas que podrían esconderse debajo de su cama, o tal vez en el clóset. Ahora, de grande, lo que más le asustaba era el hombre que estaba a poca cercanía de ella, encerrados en un auto que andaba en dirección al aeropuerto. Porque el viaje de Australia a Londres era lo que le ponía los pelos de punta.

Debía mantener la compostura. Su madre le había enseñado a hacerlo. ¿Qué mejor para ocultar su rostro que mirar por la ventanilla y despedirse de Australia? Supuestamente Londres iba a ser el lugar de ensueño para su luna de miel, y sinceramente era un punto a favor, ya que ella deseaba conocerlo desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, ella ya había ideado un plan que dejaría a todos satisfechos, en especial a Ron Weasley. Y pensando en Ron Weasley, sintió que debía conocerlo un poco más, porque al fin y al cabo, era legalmente su esposo. Suspiró y viró la cabeza. Observó al hombre de veintinueve con el pelo despeinado, la corbata desajustada y un botón de la camisa abierta. Parecía estar más interesante lo que hubiese afuera que saber al menos un poco de Hermione.

Tenía que relajarse un poco, algo que tranquilizara sus nervios y le borrar las únicas palabras que Ron Weasley le había dicho hace unos momentos.

"¡Un cigarro!". Excelente opción. De su pequeña cartera extrajo uno de esos rollitos de nicotina que aminoraban la tensión.

-No deberías fumar –pareció decir Weasley con tranquilidad-. ¿No sabes que provoca severas consecuencias, como respirar por la tráquea?

Hermione miró ese pequeño cigarro, aterrorizada. Imaginarse con una abertura en medio del cuello no era precisamente lo que quería. Y a decir verdad, le asqueó por completo. Le dio una corta calada antes de apagarlo y sentirse lo suficientemente fuerte para ponerse en acción y exponer su petición.

-Señor Weasley –llamó en un intento su atención, pero lo único que logró fue que él se removiera en su asiento-. ¿No cree que deberíamos tratarnos con familiaridad?

-¿Familiaridad? –repitió sin verla.

-Así es. Al fin y al cabo, estamos… casados -¡Pudo lograr no escupir la palabra!

-En realidad, no lo creo.

Ese tipo si era muy duro. Hermione tomó un gran respiro.

-¿Sabe? Este acuerdo es una tontería, ¿no deberíamos hacer algo al respecto?

-Sí, sería estupendo que cerraras esa boca, cara de ángel.

¿Cómo podía sentirse enfada en tan poco tiempo?

-He pensado que tal vez, después de este bellísimo paseo, cada uno se fuese por su lado. Me refiero ¿cuál sería el punto de vivir entre desconocidos? Francamente no tiene sentido. Así que, si usted acepta cederme la mitad del dinero que cobró, tenga por asegurado que no volverá a verme –terminó con una voz animada y, para ella, convincente.

-¿Y por qué tendría que cederte YO el dinero, cara de ángel?

-¡Deje de llamarme así! –chilló, perdiendo los estribos.

-Agradece que lo haga. Además, el trato que hice con tu padre fue que esto durara seis meses –se volvió y la miró a los ojos-. Y eso pienso hacer.

-Ni siquiera sé cuál es su segundo nombre.

-Bilius –respondió al instante.

-¡Ese no es el punto!

-Entonces, ¿cuál es el punto, cara de ángel?

-¿No pensará que viviremos juntos en una playa como una luna de miel, cierto?

-La verdad es que no –Hermione sintió que había progresado, avanzado-. No será una playa, ni exactamente una luna de miel.

Y dicho esto fue cuando llegaron a su destino. El aeropuerto, según Hermione, iba a ser el lugar en donde ambos se despedirían y cada uno se iría en dirección contraria.

Hermione volvió a sentir pánico. ¿Qué sería de ella? ¿Cómo sobreviviría? Recordó al instante las palabras de su padre: "Hermione, obedece por una vez en un tu vida. Si logras pasar seis meses con Ron, yo mismo te entregaré una pensión mensual y te libraré de tus deudas. Si no, te veré cada mes en el reclusorio".

Tragó saliva. Escalofriante, pero cierto.

-Al mal tiempo, buena cara –se dijo con desgano.

Hermione estaba hecha una furia. Ron Weasley había tenido el atrevimiento de ordenar que reorganizaran sus maletas, cuando ella misma se había tomado el tiempo justo para hacerlo. Soportaba y se tranquilizaba mientras que el viento golpeaba contra su rostro y hacía que sus rizos flotaran alrededor de ella. No había proferido ni una sola palabra en el vuelo, y no planeaba hacerlo en ese viaje en carro teniendo como conductor al estúpido de Ron Weasley. Lo único que valió la pena fue que el paisaje de los costados era más pasivo y realmente merecedor de ser visto, ya que poco a poco desaparecían las casas o cualquier tipo de construcción humana, y daba paso a árboles y una carretera interminable. Y fue cuando ella se puso a meditar. Se sintió melancólica. Técnicamente estaba en rumbo a su "luna de miel". Hacía algún tiempo que iba a casarse, con un hombre al que sí amaba, pero quien no supo valorarla lo suficiente.

-Lo hice por ti, hija. Imagínate si el patán hubiese sido tu marido –rememoró las palabras de su madre después de que Hermione se enterara de que su progenitora había seducido a su esposo (diez años mayor que ella) y éste había caído redondito. No sabía cómo tomárselo, o bien como un gesto maternal o una actitud egoísta de su madre para no estar sola.

Y cielos, realmente amó Gilderoy. No por su dinero, por su estatus o sus propiedades. Sino por ser el hombre maduro y bueno que había esperado. ¡Iba a casarse con él! ¡Iba a ser feliz! No tenía idea de que después de dos años, terminaría en un auto, rumbo al desierto o la nada, con un extraño, quien no dejaba de llamarle "cara de ángel".

Sin querer, por ser tan desgraciadamente sentimental, soltó una lagrimita que fue de inmediato borrada de un manotazo.

-¿E-estás llorando? –preguntó Ron fijando su vista en ella por un segundo.

-¿Es algo que te importa? –preguntó, tuteándole por primera vez.

-Ciertamente no, pero me parece raro. Mira, sé que no nos soportamos, pero tampoco significa que soy un ogro –aclaró.

-Hasta un ogro es más caballeroso –susurró Hermione sin intenciones de bajar tanto la voz.

Ron enarcó una ceja, está vez de buen humor a diferencia de la vez que lo hizo en su boda.

-No me hagas caso. Soy muy… emotiva –se disculpó ella misma, ya que no era de su agrado ser grosera con los demás, ni siquiera con Ron Weasley.

-¿Y lloras de felicidad o tristeza por vivir conmigo? –cuestionó.

-¿Debería ser de felicidad?

-No lo sé. Eres una recién casada, tú dirás.

-Lo que digo es que todo esto es contraproducente. Dígame que ya vamos a llegar… -y fue cuando el carro comenzó a tambalearse para adelante y atrás, a saltar y después quedarse quieto, inmóvil-. Dígame que no se acabó la gasolina.

-Mierda... –dijo Ron chasqueando la lengua. Hermione le miró horrorizada. ¡Hablar improperios!-. Esto no es bueno –salió del auto y revisó, mientras que la chica rezaba por que no fuese lo que creía. No obstante, consideró sus posibilidades de hallar un carro y huir con otros desconocidos más agradables-. Sí, esto no es bueno. Tenías razón, se acabó la gasolina. Olvidé por completo llenarla a tope. Joder.

-¿Podría hacerme el favor de no decir malas palabras? –pidió Hermione.

-¿Malas palabras? –levantó las dos cejas. ¿Qué clase de niña tonta, mimada y ridículamente infantil se había traído consigo? Se rió de su término-. Las palabras no son malas, solamente quienes lo dicen.

-Bueno, como sea. Me haría el favor de no hacerlo.

Ron rodó los ojos.

-¿En serio te importa más eso que nos hayamos quedado en medio de la nada?

-Equidad para mí.

¿Era en serio? ¿A esa mujer le importaba lo mismo dos cosas que eran incomparables?

-De acuerdo, cara de ángel. De todos modos, está oscureciendo y es mejor que estemos en el auto o nos lo robarán.

-Yo ya estoy en el auto –dijo ella cortante.

Hermione sintió que la luna aparecía con más rapidez cuando Ron terminó de hacer unas llamadas. Se parecía a su padre al momento de negociar un par de cosas aquí y un par de cosas allá. ¿Qué más podía hacer? Quedarse quieta, callada y pensante mientras estuviese cerca de ese hombre que le ponía los pelos de punto.

-Actúas como una adolescente inmadura –comentó Ron cuando entró al auto y cerró la puerta.

-Usted no es precisamente la alegría de la fiesta.

-¿Y qué esperas exactamente de mí?

-Esto debería ser una luna de miel –aclaró Hermione.

-¿Sabes qué? Eso se puede arreglar, de todos modos estamos casados –dijo escondiendo una sonrisa que se hacía visible. ¡Milagro! Sonreía.

-Me refiero a que no ha sido muy amable, señor Weasley.

-Y tú no paras de hablar –recalcó, inclinándose para atrás en la silla. Eso, al parecer, molestó a Hermione por lo que se calló y desvió la mirada. Ron rodó los ojos, suspirando-. Vale, ya es de noche. Ve al asiento trasero y descansa. Allí hay una cobija, cara de ángel. Es lo máximo que puedo hacer por ti.

¡Vaya, un gesto de caballerosidad por fin!

Hermione lo sopesó y aceptó. Se echó y se cubrió. Pronto cerró los ojos y se quedó dormida, siendo lo último que escuchara:

-Buenas noches, cara de ángel.

GRACIAS POR SUS COMENTARIOS ^.^

magicamentemuggle: Usaré el tema y algunas partes del libro original, pero básicamente desearía hacerla un poco propia de la pareja. Gracias :)

tuc83: Claro que jugaré con los personajes, y es lo que más me gusta. No necesariamente el personaje principal deber ser un ángel caído del cielo :D