Capítulo 3
Sucias caravanas
-Linda, despierta.
Su respiración era tranquila. Si no fuera porque él comenzó a juguetear con sus cabellos y sintiera cosquillas, pudo no hacerle caso y continuar con su dulce sueño. Pero fue cuando reconoció al instante la voz y abrió los ojos de golpe.
-¿Gilderoy?
¡Era él! ¡Por el cielo santo que era él! Su misma sonrisa, encantadora; esos ojos llenos de vida; los rasgos maduros y a la vez perfectos. Era tan lindo, tan real, tan adecuado que parecía un sueño. Y realmente creyó que fue así. Porque no sentía furia ni rencor hacia él.
-Es hora que despiertes, cara de ángel.
Y entonces la fantasía se destrozó. Hermione le vio horrorizada. Se convirtió en una película de miedo. Así que se obligó a abrir los ojos, y esta vez en serio. Se encontró en el asiento del copiloto, sentada hacia el lado de la ventana mientras que el carro avanzaba y podía denotar de poco a poco que el sol estaba en su punto más alto. Definitivamente, escuchar la voz de Ronald Weasley en Gilderoy la había espantado.
-¿Cómo es que…?
-¿Tanto duermes? Es cerca de mediodía –comentó Ron, sin el mínimo interés de saberlo-. En todo ese tiempo pude detener un coche, un conductor muy amable me cedió un poco de gasolina y ahora ya estamos por llegar.
Hermione acostumbraba dormir hasta esas horas (aunque esta vez se pasó una). Se acomodó sobre el asiento y extrajo de su bolso de mano un espejo pequeño y polvos. Fijó que todo estuviera en orden y se aplicó, borrando cada imperfección que su rostro con algunas pecas pudiera tener. Luego lo dejó y dio un bostezo.
-Quisiera saber algo, cara de ángel, ¿hablas dormida? Porque no sé muy bien cómo tomarme el que me hayas llamado "osito pastelito". ¿Ya me has cogido mucho cariño, Hermione? –preguntó intentando disimular y reprimir la sonrisa que surgía. Sin embargo, Hermione se murió de la vergüenza. ¿Cuántas veces habrás soñado con Gilderoy esa noche? Así era como le llamaba cuando estaban juntos, y sinceramente no le hacía gracia que las únicas que el tal Ronald se riera fuera a costa suya.
Hermione decidió no contestarle y fijó la mirada en el camino. Pero sus ojos le habían jugado una mala pasada ya que había pasado un elefantito corriendo entre unas carpas grandes a una lejanía no tan extensa, para su gusto. Se restregó con los puños y volvió a mirar. ¡Ahora eran tres elefantitos!
-Por favor, dígame que esos no son… elefantes –dijo con la voz quebrada.
-¿No lo parecen?
CIRCO "SORTILEGIOS WEASLEY"
-¿Planea llevarme al circo, señor Weasley? –dijo a modo de petición, porque literalmente deseaba eso. Lo cual era mucho mejor que lo que creía otra parte de sí.
-Algo así. En realidad, soy gerente del circo.
¡Gerente de un circo! ¿Qué secretos más le guardaba Ron? El pánico que había tenido volvió con más fuerza. Eso no era nada bueno, ni en sus peores sueños. La única relación que ella tuvo con los animales fue mirar desde cinco metros a perros y gatos, y evitarlos por todos los medios posibles.
-Luces… histérica.
-Yo… le tengo miedo a los animales –admitió con la esperanza de que conmoviera a Ron y le dejase huir al desierto.
-Pues eso no ayuda mucho a nuestra relación ¿no? –y dicho esto detuvo el carro-. Llegamos, Hermione.
¡No iba a compadecerse! Debía imaginarlo.
-No lo haré. Me niego –dijo con voz temblorosa. Para esos casos, no era precisamente una persona dominante-. Lo siento, señor Weasley, pero no tiene idea de la fobia que le tengo a los animales, así que si no le molesta, prefiero vivir aquí –Ron enarcó una ceja y salió del auto. Unas cuantas personas que pasaban de un lado al otro por las dos carpas se dieron cuenta de su presencia y eso puso más nerviosa a Hermione. Su esposo rodeó el carro y llegó a su puerta, la abrió con calma y se apoyó en el marco-. No va a convencerme…
-Escúchame bien, Hermione –dijo amenazante-, he dormido muy poco, he tenido bastantes problemas con el mal tiempo de clima que estamos pasando y tú estás causando más de los que vales; así que te recomiendo y te aconsejo a que bajes por las buenas y camines de inmediato o te atendrás a las consecuencias, porque al fin y al cabo yo soy tu marido y debes obedecerme.
-Sí, es mi marido, pero no mi dueño. Y ni se atreva a hacerme daño porque le juro que… ¡Ey! –Ron había conseguido sacarla tomándola en brazos y luego echándosela sobre el hombro como si fuese un costal de papas.
Hermione estuvo luchando en todo el trayecto (aunque no tan largo) y se sintió avergonzada de cómo la gente los veía, murmurando y otros cuchicheando. Sólo puso sus pies sobre la tierra cuando arribaron a una caravana.
-De algún u otro modo consigo lo que quiero, Hermione. Te conviene hacerme caso ¿sí?
¡Te odio! ¡Te odio!
Pero se quedó callada, mirándole desafiante.
-Bueno, hogar dulce hogar –dijo con una frescura, como si nada hubiese pasado.
Hermione se detuvo a observar la caravana. Por fuera, era un chiquero. Los costados estaban sucios por tierra, lodo o la porquería de los animales. Y además, no era muy grande. Esperaba y rogaba que el interior no se pareciera en absoluto. Y entonces, Ron abrió la puerta y le invitó a pasar, no sin antes volver a hablarle.
-Bienvenida a casa, cara de ángel. ¿Quieres que te cargue para pasar el umbral? –dijo volviendo a guardarse la sonrisa, aunque sus facciones decían otra cosa.
Si esa era una broma, entonces iba a devolvérsela, se dispuso Hermione.
-De acuerdo –aceptó.
-¿Estás majara? Y un cuerno que no lo haré.
-Si ha podido llevarme desde su auto hasta aquí, supongo que no será nada esto ¿verdad? –se hizo la inocente.
-Es una jodida caravana.
-Eso lo haría más especial.
-¿Qué tiene de especial esto?
-Usted siempre siendo tan tierno y romántico –dijo fingiendo resignación y decepción-. Pero bueno, no es lo suficientemente hombre para complacer a su esposa. Era de esp…
Ron la cogió en brazos como si fuese una pluma, entraron a la caravana y la dejó en el suelo, un poco mareada.
-Luego hablaremos de complacer ¿sí?
Hermione rodó los ojos y sintió haber ganado algo, no sabía qué, pero era algo. Alzó la mirada y comenzó la observación a… ¡Cielos! El interior era peor que el exterior. O había sucedido un terrible robo a mano armada en ese lugar o el dueño tenía un serio problema de desorden colosal.
-Suelo ser un poco desorganizado…
-¿Desorganizado? ¡Esta es una pocilga! ¿Sabe lo que es la cera o limpiador de pisos?
-Bueno, tengo todas mis vacunas y eso es bueno ¿no? Te dejo para que puedas ponerte a gusto y ordenar un poco. Luego podemos ver más lo del asuntillo de "complacer".
Y antes de que Hermione pudiese lanzarle una mirada asesina o unos zapatos que estaban asquerosos, Ron salió de la caravana con una sonrisa ladeada.
Ella apartó unos periódicos del sillón y lo desempolvó, a medias. Se sentó y suspiró pesadamente. Comprendía lo que era la flojera de ordenar unas cosillas, pero esto era extremista. Podía apostar que habría ratas debajo del fregadero o de la cama. Se puso de pie, ya bastante cansada con solo ver el lugar, lo inspeccionó superficialmente hasta llegar a la ventana que tenía las cortinas cerradas. Se asomó y pudo ver a Ron hablar con un hombre un par de centímetros más alto que él, quien lucía desconcertado y a la vez reía, lo cual no le hacía ninguna gracia a Ron… Ron. Pudo mirar su perfil. Tenía las manos en las caderas y apoyaba su peso en una pierna. No estaba mal… no tenía mala figura… podría "complacer"… ¡Cielos! ¿Qué pensaba? Sacudió la cabeza y apartó los pensamientos de allí, como si fueran visibles. Por su bien debía de alejarse de la ventana… y de Ron.
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