Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Primerizo.

Summary: ¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? Ah sí, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba?" Todos Humanos. Bella&Edward.


Gracias a Cony, a.k.a. Diana Prenze, porque de ahora en adelante me ayudará a betear los capítulos, te amodoro mujer.


Capítulo 8: La primera visita de mamá Cullen.


— Llegamos.

Aparqué el coche de Rosalie junto a la vereda del apartamento donde vivía Tanya, me bajé rápidamente y abrí su puerta, ayudándola a descender del coche una vez más. De la mano caminamos lentamente hasta la entrada de su edificio, peldaño por peldaño, su calidez me traspasaba por completo.

Eso era, había llegado la hora de despedirse.

Pasé una excelente noche Edward, muchas gracias por todo.

A pesar de lo sucedido con Isabella, Tanya y yo continuamos nuestra cita como si nada de eso hubiera pasado. No mentiré diciendo que la presencia de la señorita Swan no estuvo rondando por mi mente a lo largo de la velada, porque sí lo hizo, pero tampoco podía ser un completo idiota con Tanya, con lo mal que me había comportado con Isabella Swan, ya había cubierto la cuota de idiotez por un buen tiempo.

— Me alegra que lo hayas pasado bien, estuve muy a gusto en tu compañía Tanya — Tragué saliva preparándome con anticipación a lo que tenía pensado decir a continuación — ¿T-te gus-gustaría… t-te… — Demonios, ¡pareces una metralleta hombre! — Uhm, ¿T-te gustaría que s-saliéramos o-otra vez?

Finalmente lo había preguntado, sin desmayo de por medio.

— Me encantaría — Tanya me sonrió dulcemente y ahí lo supe…

… era el momento de besarla.

Me acerqué con extrema lentitud a su rostro, las palmas me sudaban y estaba aterrado de que el corazón se me saliera del pecho en cualquier segundo, así se sentía al palpitar tan rápido como lo estaba haciendo. Tanya comenzó a acercarse a mí de igual manera, sus ojitos se iban entrecerrando mientras que yo no podía apartar la mirada de esos pequeños labios que parecían un botón de rosa…

Estábamos solo a escasos centímetros.

Un centímetro más y Eddie ganaría puntos de experiencia… y un sonrojo de por vida.

— ¿Y? ¿Qué más sucedió?

— La besé, fin de la historia ¿Qué más iba a pasar?

— Edward… — Rosalie alzó una de sus cejas en mi dirección — Di la verdad, cariño.

— Está bien — Suspiré al sentirme acorralado — Puede que haya salido corriendo — Emmett soltó una sonora carcajada y Rosalie comenzó a negar con su cabeza — Me asusté un poquito, un poquito así — Junté mi dedo pulgar con el índice, mostrando la cantidad — Estoy aterrado a decir verdad ¿Cómo la miraré a la cara el día de mañana? ¿Qué explicación le daré? «Tanya, sabes, en realidad me moría por probar tus labios pero sentí que en cualquier momento iba a vomitar por la expectación, no hubiera sido agradable hacerlo en tu boca» Dios.

Mi querido hermano no dejaba de reír a costas mías y Rosalie me observaba enternecida. Si no eran Esme y Carlisle, eran estos dos. Después de haber llegado al apartamento me encerré inmediatamente en mi habitación a repasar cada una de las cosas que sucedieron aquella noche. La aparición de la señorita Swan, la dulzura de Tanya y esas ganas que aparecieron de repente por tenerla entre mis brazos por solo un segundo y probar sus hermosos labios. Agradecí que mis segundos padres dejaran el cuestionario para el día siguiente, porque en esos momentos no estaba preparado para responder preguntas, solo quería cerrar mis ojos y soñar que hubiera sucedido si no hubiera salido corriendo despavorido como un completo bebé.

— Y pensar que tienes un CI (1) de 130, quién te viera.

— Una cosa no tiene nada que ver con la otra, Emmett — Fruncí el ceño y me crucé de brazos — Idiota.

— Seré idiota pero la tengo a ella… — Apuntó a Rose — Si tan solo mamá escuchara esto, joder, puedo imaginarlo.

— Mamá no sabrá nada de esto ¿Me escuchaste, Emmett Cullen? Nada, no quiero ni saber el sermón que me dará — Rodé mis ojos y me desparramé en el sofá — Me dan escalofríos de solo pensarlo — Observé a mi hermano y no pude evitar soltar la siguiente pregunta: — ¿Cómo le pides perdón a una mujer que has dejado plantada sin intención alguna?

— Flores, chocolates, una tarjeta de esas cursis que venden en el Wal-Mart

— Espera, espera — Rosalie detuvo la verborrea de Emmett y me observó fijamente, me removí incómodo bajo su escrutinio — ¿Hay algo que quieras contarnos Eddie?

— Bueno, yo…

Sentí mis mejillas colorearse, de vergüenza hacia mí mismo. Estaba seguro de que si mamá se llegara a enterar de esta parte de la historia me mandaría de rodillas a pedir perdón a la señorita Swan. Rosalie esperaba expectante, mientras Emmett seguía como si nada dándome una lista de "Como ganarse el perdón de una mujer en menos de un día" Suspiré y me preparé para contarle a Rose lo acontecido.

— Recuerdas que… ¿Recuerdas que saldría con Tanya para ganar una cita de experiencia y no morir en las manos de Isabella? — Rosalie asintió, pendiente de mis palabras — Bueno, mhmm, yo olvidé que saldría con Isabella el día de ayer.

— Olvidaste que tu cita con tú jefa era el mismo día que le propusiste a Tanya.

— Bueno, ella fue la que propuso la fecha, yo no puse ningún pero en la cuestión, con la euforia de saber que ella había aceptado olvidé completamente que era el mismo viernes en el que cenaría con la señorita Swan — Despeiné mi cabello, algo que hacía sin pensar cuando me sentía nervioso — La cosa es que, cuando estaba en el restaurant con Tanya, Isabella apareció casi al inicio de la velada.

Jo-der — Susurró Emmett con sus ojos de par en par — Dejaste plantada a tu jefa, dejaste plantada a una mujer para salir con otra. Ese es el peor error que puedes cometer, y para la gran suerte que tienes, la mujer plantada te pilló in-fraganti — Emmett se rió y golpeó mi espalda con su mano tres veces.

— Lo siento cariño, pero debo admitir que Emm tiene razón esta vez — Rose me dio una mirada apenada y temí lo peor para mi pobre ser — Debes prepararte para una cosa en estos momentos.

— ¿P-para q-qué?

Vendetta — Dijeron al unísono.

No sé de qué estaba más aterrado.

Por un lado, tenía que pasar a través de los cubículos para llegar a mi puesto de trabajo. Cubículos donde se encontraba Tanya trabajando. Y por el otro, tenía que trabajar para la señorita Swan hasta que el contrato nos separe. Venía subiendo en el ascensor y el espacio se hacía cada vez más reducido mientras pensaba en cómo enfrentarme a esas dos mujeres. Diablos, era como si estuviera en un sauna, calor desgraciado.

Me miré en el espejo que se encontraba frente a mí como decoración del elevador y acomodé mis gafas. El Ascensor se detuvo en el cuarto piso, mi escritorio quedaba en el décimo. Esperé pacientemente mientras las puertas metálicas se abrían de par en par y mostraban a uno de los objetos de mis desdichas: Isabella Swan estaba de pie frente al elevador, tan despampanante como siempre.

Tragué saliva y me apretujé en la esquina para darle más espacio.

A quién miento, esperaba poder camuflarme con la pared.

— Buenos días, Cullen — Se posicionó en la otra esquina, con la vista al frente.

— B-buenos días, señorita Swan — Le di una mirada de reojo y me di cuenta que me observaba con una pequeña sonrisa en su rostro.

— No te voy a morder ni nada, no necesitas estar tan pegado a la pared ¿Me tienes miedo, chico? — Me sonrojé y me alejé un poco de la esquina del elevador, poniéndome a su lado. Recordé el chocolate que Emmett y Rosalie me habían hecho comprar como uno de los regalos para ella.

No estaba seguro de entregárselo, a decir verdad –y contestando su pregunta– le tenía miedo.

— Señorita Swan, yo… — Rebusqué en mi bolso el chocolate, pero no podía encontrarlo. Finalmente toqué un algo rectangular en el fondo de este — Uhm, bueno, yo — Saqué el chocolate y se le extendí tímidamente — Sé que esto no alcanza para decirle cuan arrepentido estoy de lo que sucedió la otra noche, pero, lo vuelvo a decir, lo siento mucho — No sé si me escuchó, la verdad es que sus ojos no se despegaban de la caja de chocolate que le estaba dando como una ofrenda de paz.

— ¿M-me estás regalando un chocolate, Cullen? ¿Un chocolate por haberme plantado el viernes? — Asentí abochornado, negándome a mirarla. Todo esto era demasiado para mí — ¿Te arrepientes de haber salido con Tanya o de haberla citado el mismo día en el que nosotros saldríamos?

— La segunda — Contesté rápidamente con convicción, nunca me arrepentiría de haber tenido aquella velada con Tanya, fue realmente agradable.

— Claro, la segunda, era de esperarse — Observó una vez más el chocolate en mis manos y sonrió a medias — Amo el chocolate, pero desgraciadamente soy alérgica, un poco de esto y para tu desgracia tendrías que llevarme al hospital inmediatamente, gracias de todos modos, estoy segura de que Tanya lo disfrutará.

Ahora sí que me sonrojé completamente. Estúpido, imbécil, idiota una y mil veces ¿Cómo no lo averigüé antes? No me sorprendería si por su cabeza pasaba la idea de que tenía intenciones de matarla o algo por el estilo. Guardé el chocolate rápidamente en mi bolso y abrí mi boca para proferir una nueva disculpa hacía su persona, pero Isabella levantó su palma derecha frente a mi rostro y negó con su cabeza.

— Estoy harta de escuchar tus disculpas.

Finalmente el elevador llegó al décimo piso, cuando las puertas se abrieron Isabella descendió del aparato rápidamente y se encaminó a su oficina sin saludar a una sola persona. En cambio yo, caminé lo más lento posible para alargar el camino a la oficina. Cuando comencé a avanzar por los cubículos inmediatamente vi la figura de Tanya junto a la fotocopiadora, dudé sobre acercarme a ella o no, pero no tuve que esperar mucho para pensar en qué hacer, ya que de la nada se dio vuelta y sus ojos quedaron prendados sobre los míos, sonrió y me hizo un leve gesto de saludo con su pequeña mano.

— ¡Edward! — Se acercó y dejó un casto beso en mi mejilla — ¿Cómo estás?

— Tanya, estoy muy bien, gracias ¿Qué hay de ti? — Le pregunte, relajando por completo mi postura al ver que no sucedía nada extraño ante la actitud de cobarde que tomé aquel día.

— Excelente — Sonrió nuevamente y luego se giró a la fotocopiadora — Bueno, será mejor que regrese al trabajo ¿Nos vemos en el almuerzo? — Me preguntó dulcemente, asentí en su dirección.

Ah, que bien, todo estaba bien.

Isabella estaba semi-bien.

Tanya estaba bien.

Por ende, Eddie estaba contento.

La mañana pasó sin antecedentes, contesté algunas llamadas como siempre, nuevamente contacté a la señorita Swan con la oficina de Seattle; estos últimos días Isabella se pasaba horas hablando con el director de la editorial de esa ciudad, no sabía que estaba sucediendo pero parecía ser algo importante, bueno, tampoco era de mi incumbencia. Confieso que en los momentos libres, mientras nadie llamara a la oficina y la señorita Swan no me dijera que hacer, jugaba a buscaminas en el computador, maldito juego, era el único que estaba disponible.

La hora del almuerzo se acercaba lentamente, el reloj de pared –que decoraba la sala de estar donde la gente que esperaba alguna reunión con Isabella tomaba asiento– se demoraba cada vez más en avanzar, y yo no encontraba la hora de salir a tomar un poco de aire, estirar las piernas y almorzar con Tanya y Jasper.

— Edward — Levanté la vista hacia la figura de mi jefa — Necesito que te quedes en tu hora de colación.

— Eh, está bien, como usted diga señorita Swan — ¡No, porqué!

— Gracias — Dio media vuelta y se encerró en su oficina. Fruncí el ceño, se estaba comportando algo extraño el día de hoy, como si estuviera decaída, cansada, incluso se veía algo perdida...

Bueno, otra cosa que no es de mi incumbencia.

Le avisé a Jasper por whatsapp que no podría juntarme con ellos para ir a almorzar y me quedé ahí, enfurruñado sin saber para que me necesitaba en la oficina. Al cabo de unos minutos la cabellera negra del seño Black hizo presencia en el pasillo, tenía una deslumbrante sonrisa tatuada en su rostro. Pasó por enfrente de mí, me hizo un gesto con su mano y se introdujo en el despacho de la señorita Swan sin ser anunciado, como siempre.

Los minutos pasaban y yo no lograba entretenerme, comencé a hacer origami con unas stick notes que tenía sobre el escritorio, busqué algunos en la internet… hasta que se comenzaron a escuchar unos gritos provenientes del despacho de la señorita Swan. Me enderecé en mi lugar y re acomodé mis gafas, tratando de entender lo que sucedía. Las voces cada vez subían más de tono, la voz del señor Black era la que destacaba en esa pelea verbal, sin poder contenerme –y por un extraño instinto que surgió en mi interior– me puse de pie y abrí la puerta de la oficina rápidamente…

— ¿Está todo bien, señorita Swan? — Pregunté con el ceño fruncido. Isabella estaba tras su escritorio con la cabeza gacha, como si quisiera esconderse de mí y el señor Black, bueno, prácticamente me asesinaba con la mirada.

— ¿No te enseñaron a tocar, mocoso? — Se notaba que estaba realmente enojado. Pero que hombre más bipolar, había entrado todo sonrisitas al despacho. Me quedé firme en mi lugar, aunque por dentro parecía una gelatina. Un golpe del señor Black, una simple palmada y sería un Edward muerto.

— ¿Señorita Swan? ¿Está bien? — Ignoré completamente a Jacob. Quería acercarme a ella y cerciorarme de que todo estaba bien. Se veía tan indefensa ¿Pero qué demonios estaba sucediendo?

— Edward, retírate por favor — Elevé ambas de mis cejas ante su orden, no estaba seguro si debía acatarla en estos momentos o no, en una situación así se podían romper las reglas ¿No? — Cullen, por favor…

— ¿Está segura? — Asintió, pero en ningún momento hizo contacto visual conmigo. Con un poco de renuencia salí del despacho, dudé al cerrar la puerta, pero era su voluntad después de todo.

Ahora sí que estaba con los nervios de punta.

Desde que había entrado a trabajar en la editorial nunca había presenciado algo así, y mucho menos visto a Isabella de ese modo, tan abatida. Mamá siempre dice que todo el mundo tiene problemas y monstruos internos con los que combatir, pero algunos de ellos eligen simplemente sonreír al mundo y combatirlos en silencio. Creo que –a pesar de todo– Isabella es de ese tipo de personas.

Y si…

¿Y si estaba así por mi culpa?

«¡Cómo quisieras! Se te están subiendo los humos a la cabeza»

— ¡Edward Anthony Cullen!

Díganme que estoy soñando.

Por favor.

— ¡Tu hermano me contó todo lo sucedido! — Cerré los ojos esperando que todo fuera una pesadilla y que mamá no había venido a hacer un escándalo en mi lugar de trabajo — Abre tus ojos inmediatamente, ponte de pie y dale un abrazo a mamá — Abrí mi ojo derecho primero y ahí estaba ella.

Esme Anne Platt de Cullen.

Hace un largo tiempo que no veía a mamá, no es que hubiera cambiado mucho, desde que recuerdo tiene el mismo aspecto, solía bromear sobre haber hecho un pacto para permanecer joven eternamente. Vestía un vestido holgado de seda con llamativos colores, en sus tiempos mozos solía ser hippie y creo que nunca se despegó de esa moda a la hora de vestir. Tenía el ceño fruncido, esa era una pésima señal en Esme, horrible.

Me puse de pie lentamente y rodeé el escritorio para darle un abrazo como se lo merecía. Cuando llegué a su lado la apretujé lo mas que pude contra mí, y ella hizo lo mismo. Dios, a pesar de toda su sobreprotección, sus humillaciones en públicos y los trágame tierra por los que me ha hecho pasar, la he extrañado como los mil demonios.

— Te he extrañado, mamá.

— ¿Si? — Me dijo, alejándose un poco de mí — Pues no se nota Eddie, eres el peor hijo de la vida ¿Hasta cuando me harías esperar frente al teléfono por un llamado tuyo? No sabes lo desesperada que estaba al no saber nada de mi bebé.

— Mamá…

— ¡Y nada de mamá jovencito! Quiero que me digas exactamente que es todo eso que me contó Emm cuando fui a visitarlo esta mañana — Me rasqué la cabeza, pensando como asesinar a mi hermano luego de esto — Mi cachorro tuvo su primera cita y yo ni enterada ¿Qué fue lo que usaste? ¿Cómo es la chica? ¿La llevarás a casa?

— ¡Mamá, solo fue nuestra primera cita! — Mis mejillas estaban ardiendo — Y realmente no puedo hablar ahora, algo… algo sucedió con mi jefa y…

La puerta del despacho de Isabella se abrió de un sopetón, de ella salió un muy enojado Jacob. La cerró de un portazo que hizo respingar a mamá, quién lo observó con el ceño levemente fruncido. El señor Black le dio una extraña mirada a mi madre, y me puse en alerta. Oh no, con mamá Cullen no hombre.

— ¿Tiene cita con la señorita Swan? — Preguntó el señor Black — Si es así, le sugiero que se retire, no estará disponible el día de hoy.

— ¿Y este quién es? — Abrí mis ojos ante la pregunta que me hizo mamá.

— Mamá, es mi jefe — Incómodamente observé al señor Black — Uhm, señor Black, ella es Esme Cullen, mi madre — Jacob alzó una de sus cejas con diversión, mientras estiraba su mano hacia mi madre.

— Un gusto conocerla señora Cullen — Mamá miró la mano del señor Black y sonrió.

— Me encantaría poder decir lo mismo — Y como si fuera posible, su sonrisa creció. Rayos, si seguía así me echarían patitas a fuera y todo por su ayuda — Espero que no haya ningún problema en visitar a mi hijo.

— No, claro que no, tenemos claro que Edward tiene problemas con despegarse de las faldas de su madre, no se preocupe señora — Y lo que quedaba de dignidad en mi cuerpo me abandonó rápidamente. El señor Black se giró hacia mí y me ordenó: — No le pases mas llamadas a Isabella por hoy — Asentí, viendo como desaparecía por el pasillo.

— Tu jefe es un desagradable — Rodé mis ojos ¡Ella había empezado con la mala actitud! — Pero da igual, te traje esto — Abrió su bolso mágico, el cual me recordaba a la mochila de Dora la exploradora ya que tenía de todo ahí, incluso y cosas que uno nunca se imaginaría.

— Mamá… muchas gracias, te quiero — Tomé la bolsita con comida que me estaba entregando y besé su mejilla en agradecimiento — ¿Comerás conmigo?

— Por supuesto, todo por mi bebé.

Sonreí, preguntándome internamente si Isabella se encontraba bien.

Estuvimos poniéndonos al día con mamá, me contó sobre el nuevo proyecto de papá en el Orange County, hospital donde trabajaba. Me hizo llegar los saludos correspondientes de mi padre y como sentía el no poder venir con mamá a vernos. La verdad es que estaba escuchando a medias lo que me decía, no podía quitar mi atención de la puerta que daba a la oficina de Isabella. Le conté desinteresadamente mi cita con Tanya –omitiendo, claro, la parte donde llegaba mi querida señorita Swan– mamá parecía una adolescente dando saltitos de alegría en su lugar con cada detalle de la cena.

Sí, realmente la había extrañado.

— Mamá… ¿Te importaría acompañarme a dejarlo esto a mi jefa? — Nos había sobrado algo de comida e Isabella aun no asomaba ni siquiera su respingona nariz por la puerta para pedirme algo. Mamá asintió, nos pusimos de pie y nos paramos frente a la puerta.

— ¿Señorita Swan? — Asomé mi cabeza por la puerta, la oficina estaba en penumbras pero podía ver la figura de Isabella tras el escritorio.

— ¿Si?

— Le traje algo de comida — Creo que nunca había fruncido tanto el ceño como lo había hecho a lo largo de este día. Ese escueto 'si' me había descolocado, nuevamente.

— Está bien Cullen, no tengo hambre…

— Ah no, ustedes, chicas, no sé cómo en estos tiempos se contentan con una hoja de lechuga ¡En mis tiempos a la hora de comer primero estaba la entrada, el plato fuerte, el postre y un té o café al terminar! — Me quedé de piedra cuando mamá salió detrás de mí y se abrió paso a la oficina de la señorita Swan — Así que comerás, porque está realmente delicioso.

— ¿Cullen?

— Oh, uhm, si — Cerré la puerta tras de mí y volví a sonrojarme — Señorita Swan, le presento a mi madre…

— Esme Cullen, cariño… — Mamá ya se encontraba frente al escritorio de Isabella, alargando una de sus estilizadas manos hacia ella — ¿Cariño? — Preguntó con preocupación, lo que me hizo entrar en pánico — Edward, bebé, enciende la luz…

— No, Cullen, déjalo así.

¿A quién debía escuchar? ¿Mamá o a la señorita Swan?

— ¿Qué te sucedió, dulzura? — Esme tomó asiento frente al escritorio, con una de las manos de Isabella entre las suyas — ¿Es por un hombre? — Mamá soltó un pequeño gritito — ¿Es por ese tipo que salió de aquí? ¿Ese con cabello de chica? Amor, no deberías llorar por alguien así…

¿Llorar?

¿Isabella estaba llorando?

Prendí la luz inmediatamente, la habitación se iluminó y tuve que adaptar mis ojos por un momento. No sabía si acercarme o no, esto parecía una de esas cosas de chicas, y yo no era muy bueno con las lágrimas. Probablemente me pusiera a llorar junto a ella por lo sensible que era, aun recuerdo como lloré cuando vi "Diez cosas que odio de ti" con Rosalie el otro día.

— No estaba llorando, es la alergia nada mas — Mamá la observó con esos ojos llenos de sabiduría, con la sola mirada le hacía saber que nadie se tragaría ese cuento.

— Está bien, la alergia — Esme puso la bolsita sobre el escritorio — Tú vas a comer, mira lo delgada que estas ¿No trabajas para ella, hijo? ¿Es que acaso no sabes cuidar de una mujer? ¿Dónde quedaron todas las cosas que te enseñé?

— Mamá, la señorita Swan está bien así, y si se cuidar de una mujer, pregúntale a Rose — Rodé mis ojos y tomé asiento junto a mi madre. Finalmente observé el rostro de Isabella por unos segundos.

Una suave sonrisa adornaba su rostro, pero nuevamente esta no llegaba a sus ojos. Sus achocolatados ojos estaban algo rojos e hinchados. Nos observamos por un largo rato, estaba tratando de descifrar que era lo que pasaba por su cabeza. Ella era una mujer tan fuerte y segura de sí misma ¿Qué era tan grande como para dejarla en este estado? Un instinto protector surgío en mí, y, lo que fuera que la tuviera así, se las vería conmigo…

… si mamá me dice que nací en un planeta llamado Krypton o me pica una araña radioactiva.

— Ninguna muchacha debería llorar, sea la razón que sea. Cuando llegues a casa llama a tu madre, nosotras siempre sabemos qué hacer con nuestros bebés — La sonrisa de Isabella flaqueó por unos instantes, pero se recompuso rápidamente — O simplemente un abrazo, un abrazo lo cura todo ¿No lo crees, Eddie?

— Los abrazos de Emmett curan todo, sí — Sonreí recordando a mi gran hermano. Cuando Emmett te encerraba en sus enormes brazos te sentías realmente protegido.

— Y hablando de mi Emm, olvidé algo en el cacharro de Rosie, vuelvo enseguida — Mamá se puso de pie como si tuviera un resorte en el trasero, nos observó y sonrió abiertamente, luego desapareció por la puerta, cerrándola tras de sí con suavidad.

Ahora estaba solo con Isabella.

Volví a observarla con minuciosidad. Por su actitud podía deducir que se encontraba algo avergonzada por haberla encontrado de esta forma en su despacho, no la culpaba, a nadie le gustaba que lo vieran llorar; de hecho, algunas personas tomaban aquello como una señal de debilidad, cosa que encontraba realmente absurda.

— ¿Se encuentra bien? — Le pregunté con cautela, no acostumbrado a esta pasividad por parte suya, en realidad, esperaba que en cualquier momento saltara de su silla y me ordenara hacer algo, no sé, ayudar nuevamente a Peter a limpiar los baños.

— Estoy completamente bien.

— ¿Está segura?

— Yo… sí, estoy segura.

— Quiere… ¿Quiere que haga algo por usted? — Me observó con sus grandes ojos y vi la duda en ellos. Luego, sus mejillas comenzaron a tornarse de un adorable color rosa. Podía contar con la palma de mi mano las veces en que había visto a Isabella sonrojarse, era un espectáculo digno de observar.

— La verdad es que sí… si, hay algo.

— ¿Qué es lo que desea?

— Podrías… ¿Podrías darme ese abrazo del que habló tu madre? — Sus ojos nunca dieron con los míos cuando hizo esa pregunta, y, hablando de sonrojos…

Me puse de pie con lentitud, mientras asentía a su petición. Ella hizo lo mismo, y rodeó su escritorio. Abrí mis brazos invitándola a un abrazo, estaba tan acostumbrado a recibir abrazos por parte de familia que –gracias a Superman– esto no era algo que me costara hacer, incluso y podría abrazar a Tanya sin morir en el intento. Isabella sonrió y se acobijó entre mis brazos, se sentía…

Se sentía realmente bien tenerla aquí.

Sus brazos rodearon mi cintura y acomodó su cabeza en mi pecho, escuché un suspiro salir de sus labios, pero no estaba seguro del todo. Acaricié su espalda desinteresadamente y la sentí relajarse contra mí. Me enterneció completamente, algo dentro de mí se ablandó. Un abrazo, un abrazo era todo lo que la loba necesitaba para volver a su disfraz de oveja.

Nunca había sentido tanta calma estando con la señorita Swan.

Era un momento de ensueño, a decir verdad…

— ¡Lo sabía! — Chilló mamá al abrir la puerta — Ella es la chica de tu cita ¿verdad, Eddie? — Me tensé, al igual que Isabella, quién se separó inmediatamente de mi — Tú eres Tanya, ¿No?

… pero claro, un momento así no podía durar mucho.


(1) Cociente intelectual.


¡Buenas tardes!

Okay, ahora si que tengo miedo (?) no se que demonios pasa pero he estado actualizando muy seguido XDDD yo no era así (?) de todos modos me gusta, no tengo problemas al sentarme y escribir como antes, las cosas solo vienen y no debo pensarlo muy fondo. Es raro, pero empiezo pensando en escribir el capitulo de una manera y queda completamente distinto. Bueno, les presento a mamá Osa! Esme será alguien fundamental ;) e Isabella, bueno, mas adelante saldrá el porqué de todo el show, si nuestra chica tiene sentimientos, es una chica después de todo. Espero les guste el capitulo como siempre, ahora aparte de demorarme menos en actualizar estan saliendo mas largos que normalmente, mhmm, no se que onda... lol.

PD: No esta beteado el capitulo, ya que la Cony anda zapateando en estas fiestas patrias en un lugar desconocido (?) I have no idea de donde anda esta mujer, y tampoco se cuando llegará, so... soy una apurona, y culpa de la Aleja también, jijiji x)

La portada del fic, estará en mi perfil por si quieren verla :)

Bueno, como siempre les agradezco por su apoyo, reviews, alertas y favoritos :D you make my day with them.
Todas ustedes son un amor con el apoyo que me dan y sus lindas palabras, no me queda nada mas que decir :)

~ Lamb.