Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Primerizo.

Summary: ¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? Ah sí, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba?" Todos Humanos. Bella&Edward.


Gracias a Cony, a.k.a. Diana Prenze, porque de ahora en adelante me ayudará a betear los capítulos, te amodoro mujer.


Capítulo 9: El primer cara a cara de Eddie.


— ¡Lo sabía! — Chilló mamá al abrir la puerta — Ella es la chica de tu cita ¿verdad, Eddie? — Me tensé, al igual que Isabella, quién se separó inmediatamente de mi — Tú eres Tanya, ¿No?

El silencio reinaba en la oficina de Isabella. Me removí incómodo en mi lugar. Un gran aplauso para mamá Cullen, avergonzando y humillando a su hijo desde 1988. La señorita Swan se había despegado de mí como si fuera portador de lepra, sus manos formaban dos puños y las mías… las mías picaban por una extraña razón. Ah, mamá ¿Por qué tuviste que abrir tu boquita? Calladita estas más bonita.

— No, siento decepcionarla — Isabella estaba –espiritualmente– a mil kilómetros de distancia de mí, y estaba completamente seguro de que si pudiera hacerlo de forma física, lo haría — Mi nombre es Isabella Swan, señora Cullen — Forzó una sonrisa y le ofreció su mano a mi madre. Mamá la tomó y le dio una leve sacudida — Les agradezco mucho lo que han hecho hoy, es realmente dulce de su parte, pero si me disculpan debo continuar con mi trabajo…

Esa era su forma sutil de decir:

"Váyanse a la mierda, gracias"

Mamá salió cabizbaja, primera vez que veía a Esme Cullen mostrar un poco de vergüenza frente a alguien. Yo la seguí en silencio, no me quedaba nada más que decir, tal vez y la arruinaba aun más. Al cerrar la puerta mamá me observó con esos ojos de cachorro arrepentido, suspiré ¿Qué creía? ¿Qué la iba a regañar? Estaba en su naturaleza, impreso en su ADN ser así, no había nada más que hacer. Bueno, por lo menos le dimos un momento divertido a Isabella antes de que mamá la llamara Tanya.

— Cariño, no tenía idea…

— Esta bien mamá, no te preocupes — Rodeé el escritorio mientras le decía aquello, tomé asiento tras de este y volví a suspirar. Maldito karma, maldito Darth Vader por llevartelo al lado oscuro de la fuerza — Mamá, no quiero sonar rudo pero yo también debo volver a mi trabajo.

— Oh, sí, cariño, entiendo — Esme me sonrió y besó mi mejilla — Cuando llegues a casa te prepararé una ricas galletas — Le sonreí de vuelta y me despedí de ella.

...

Ese día cuando llegué a casa mamá me había preparado dos montañas de galletas con chipas de chocolate, también me había dejado un jarrón con lechita tibia. Algo dulce para pasar aquel desastroso día. Esme se fue luego, ya que no quería dejar a papá solo en casa, nos prometió venir otra vez en compañía de Carlisle, así como nos hizo prometer que iríamos uno de estos fines de semana a visitarlos.

Suspiré.

Nuevamente volvía a ser Cullen.

— ¿Edward?

Alcé la vista cuando escuché mi nombre. Unos pasos más allá en el café que estaba frente a la editorial se encontraba Alice, la chica de la biblioteca, le sonreí y le hice una seña con mi mano. La menuda chica alzó una de sus cejas en mi dirección y caminó con paso decidido. Su rostro esta distorsionado por una mueca de indignación, también podía ver algo de furia refulgir en sus grandes ojos…

Edward, corre.

Claro, mi mente procesó muy tarde esa información, ya que para cuando me di cuenta del borrador que sostenía en sus manos y con el cual –sutilmente– iba a golpear mi cabeza, no tenía escapatoria alguna.

Ouch.

— ¡Te mereces ese golpe y muchos más, idiota!

— ¿Señorita Brandon?

Señorita Brandon — Copió mi tono de voz mientras rodaba sus ojos — Y yo que te encontré adorable, eres igual que ese amigo tuyo ¡Todos ustedes son iguales! — Alice se cruzó de brazos e infló sus mejillas con disgusto.

— ¿Qué fue lo que hice ahora? ¡Dije que lo sentía, de todo corazón, de aquí a la luna!

— ¿Quieres que te diga que fue lo que hiciste? — Acercó su rostro al mío intimidatoriamente. La verdad es que sí daba miedo, chiquita pero peligrosa — Te diré que fue lo que hiciste… — Tomó la silla que estaba frente a mí y se sentó en ella — Tú, simplemente, no puedes olvidarte de una cita. No puedes.

— ¿Usted también viene con eso?

— No me trates de usted, joder, ¿Cuántos años crees que tengo? ¿Cincuenta? — Negué con mi cabeza, sonrojado — Dime Alice, dime tú, dime A, lo que sea menos usted.

— Esta bien, Alice.

— No creas que por esto seremos amigos — Entrecerró sus ojos. Volví a negar con mi cabeza — Bien, porque te odio — Un leve puchero se instaló en mis labios inconscientemente — Y… no, ¿Qué estás haciendo? ¡No hagas eso! Isabella me advirtió de tus artimañas…

— ¿A-artimañas?

— Tienes todo ese aspecto de ser una blanca paloma de Dios, con esos cachetitos sonrojados — Pellizcó levemente mis mejillas para enfatizar su punto, hice una mueca por ello — Ese pequeño puchero en tus labios, esas adorables gafas, pero eres un impostor.

— Yo… lo siento.

— Y… no te disculpes, ¿Ves? Ya me estás dando pena, incluso estoy empezando a pensar que me he comportado como una perra.

— Nunca quise hacerlo eso a Isabella, lo olvidé, lo sé, pero no fue mi intención, lo juro — Le dije sinceramente — De hecho, esa cita tenía como propósito prepararme para la que tendría con Isabella, yo… — Fruncí mis labios un poco avergonzado — Yo no tengo experiencias en este campo y estaba aterrado de Isabella.

— ¿Aterrado de Bella? ¿Por qué –alguien en el universo entero– iba a estar aterrado de Bella?

— ¡P-porque ella se ve como una mujer de mundo! ¿Qué demonios iba a estar haciendo conmigo en una cita? No sé cómo entablar una conversación, no tengo muchas anécdotas que contar, soy aburrido.

Aw, eres un amor — Alice junto sus manitos y sonrió — Lo siento por eso — Apuntó el borrador, a lo que me encogí de hombros, de alguna u otra forma me lo merecía — Bella es mi amiga, y los amigos nos cuidamos unos a otros — Asentí a modo de comprensión — Por eso, vengo a entregarte esto — Estiró su mano, en la cual había un elegante sobre.

— ¿Qué es esto?

— Tu solo dile a Bella que no podré asistir y que ocuparas mi lugar — Alice tenía una sonrisa de oreja a oreja — Si no lo haces juro que te golpearé mas fuerte aun — Me amenazó apuntándome con su dedo índice — Te golpearé en tus partes nobles.

— ¡Hey, Edward! — Jasper venía entrando al café acompañado de Tanya. Sus ojos se iluminaron al ver a la pequeña Alice frente a mi — Señorita Brandon, un placer deleitarme con su presencia.

— No estoy de humor para tu palabrerío, vaquero — Alice se puso de pie, ante la atenta mirada de Jasper — Recuerda lo que hablamos Edward, nos vemos, y la próxima vez espero que sea para hablar de lo bien que la pasaron ¿Está claro? — Asentí intimidado, era como La hormiga atómica.

Alice se alejó de nosotros a un paso tranquilo. Jasper no podía despegar sus ojos de ella y la forma en que sus caderas se meneaban a cada paso que daba. Jodido pervertido. Tanya la observaba también, un tanto confundida creo yo. La chica era de armas tomar.

— Joder, es increíble lo duro que me deja con tan solo…

— ¡Jasper, por Dios! — Lo interrumpí, meneando mi cabeza — Ten un poco mas de respeto, hay una señorita presente.

— Tanya, mierda, si, lo siento — Tanya asintió sonrojada — Bien, llegó la hora de atacar. Mi amigo no se descargará solo, estoy seguro de que ella me quiere ¿Viste su rostro cuando me vio?

— ¿El rostro de total desagrado?

— Cállate, Eddie, tú no sabes nada de calentura — Jasper me dio una palmadita, mientras tanto, Tanya tomaba asiento junto a mi — Ese huevito quiere sal (1) compañero, y me duele tan solo pensar en cómo será en la cama ¿Te lo imaginas?

— No, gracias, mucha información ¿Podrías sentarte y tan solo comer algo?

— Eres terrible, así nunca lograras llevarte una chica a la…

— Basta.

Tanya soltó una pequeña risita al ver la interacción que teníamos Jasper y yo. Sonreí sin poder evitarlo, a pesar de sus idioteces y todo era el mejor amigo que alguien podría desear. No le digan que yo dije eso. Jasper resopló y se desparramó en la silla que estaba a un costado de Tanya.

— Esa gatita volverá Cullen, ya verás, todas vuelven a mí.

— Entonces, Tanya ¿Te apetecen unos brownies? Rachel los hace deliciosos, iré a por unos cuantos ¿Qué dices?

— Me encantaría Edward, muchas gracias — Me sonrió y me levanté ignorando completamente al neandertal que tenía por amigo. Jasper me observaba con pena, con esos ojo de cachorro maltratado, maldito

— Dime qué quieres y dilo rápido.

— ¿Sabes que te amo, Cullen? ¿Lo sabes, no?

— Perdiste tu oportunidad, Whitlock.

Me giré y caminé hacia el mostrador pasando por alto los gritos de Jasper. Ordené tres brownies y tres frapuchinos de vainilla. Recordé mi primer día de trabajo, cuando Isabella había lanzado el café a mis pantalones, no pude evitar el hacer un mueca ante tan desagradable recuerdo. Cuando la orden estuvo lista tomé nuestro pedido y lo llevé a la mesa. Jasper se reía de no-se-que-diablos y Tanya estaba completamente roja.

Eso no era bueno.

— ¿Qué fue lo que hiciste ahora? — Le entregué el café a Tanya — ¿Te encuentras bien? ¿Este idiota te dijo algo?

— Uh, nada, no — Tanya tomó el café y le dio un gran sorbo — Jasper solo estaba comentando sobre… comentando sobre sus conquistas.

— Tranquilo capitán, el único problema aquí es que Tanya cayó rendida a mis pies.

— ¿Disculpa? — Entrecerré mis ojos en su dirección. Bah, ¡Ahí se ven los amigos, huh!

Relájate, ella me estaba preguntando sobre como lo hacía para conquistar a una chica.

— ¿Y qué fue lo que le dijiste?

— ¿Quieres que te lo muestre? — Me preguntó Jasper, moviendo sus cejas sugestivamente.

— ¿E-eh?

Jasper se acercó lentamente a mí, estaba completamente anonadado, en shock ¿Cuál era su problema? No sé si tal vez él aún tenía problemas acerca de su sexualidad, pero yo estaba clarito en que me iban las chicas. Tanya nos observaba con diversión y un poco de otra cosa ¿No me digan que a la chica le gusta ver dos hombres interactuando de manera íntima? Miedo.

— Tú chica tiene unos gustos extraños ¿Ves como no nos quita un ojo de encima, cariñito? — Y el muy idiota sopló en mi lóbulo derecho. Juro que nunca había golpeado a alguien tan fuerte en mi vida, diablos, ¡Siempre era yo el golpeado!

— ¡Joder, Edward, no era necesario eso! — Jasper se echó hacia atrás frotándose la mandíbula.

— No vuelvas a hacer eso — Me estremecí.

— ¿Qué pasa? ¿Temes enamorarte de mí?

— Nunca, no, ew, eres asqueroso.

— Tranquilo, ¿Cuántas veces te he dicho que no eres mi tipo?

— Lo sé Jasper, los prefieres morochos…

La campanita de la puerta sonó indicando que alguien había entrado al local. Guié mi vista a esa dirección inconscientemente para ver al señor Black entrando con su imponente porte y su cabellera al viento. Su cabeza giró hasta donde nos encontrábamos nosotros sentados, sonrió e hizo una señal de saludo con su cabeza…

¿Por qué diablos siempre que Jasper se ponía en modo juguemos-con-nuestras-espadas aparecía el señor Black?

— ¿Disculpe, señorita Swan?

Abrí la puerta del despacho de Isabella. Ella se encontraba de pie frente a los ventanales que daban a las pobladas calles de Nueva York, su mirada estaba ida. Cerré la puerta tras de mí y carraspeé para llamar su atención. Se giró hacia mí pero aun no estaba del todo concentrada. Di un paso al frente, con un poco de duda, no sabía que esperar últimamente de este estado en el que la encontraba cada vez más seguido. Insisto en que es preferible tenerla gritándome en el oído por estar jugando Pinball a verla de este modo…

— ¿Señorita Swan?

— ¿Sucede algo, Cullen? ¿Han llamado de Seattle otra vez? — Preguntó con cansancio, negué con mi cabeza — ¿Jacob te pidió que vinieras a ver como estaba? — Rodó sus ojos cuando me hizo aquella pregunta.

— No, en realidad — Saqué el sobre que tenía en el bolsillo interior de mi chaqueta y se lo entregué — La señorita Brandon me pidió que le entregara esto, que le dijera que no podría asistir con usted… — El semblante de Isabella decayó notablemente — Y… y me pidió que fuera en su lugar. No me molestaría, si para usted está bien.

— ¿Alice te pidió que ocuparas su lugar?

— Bueno, si — Hice una mueca con mis labios — También, bueno, pensé que podría compensarla por lo de la otra vez. Pero si no quiere ir conmigo está bien, señorita Swan.

— No, está bien, tú me sirves para esta noche, serás suficiente… espero.

— Vaya, ¿Gracias? — Alcé una de mis cejas. Era imposible hablar con ella sin esperar uno de sus mordaces comentarios. «Claro, Edward, eres pasable, puede que me sirvas en otra ocasión, ¡Te estaremos llamando!»

— Un chofer irá por ti a tu casa.

— E-está bien.

— Eso es todo Cullen, y… gracias.

Asentí, di media vuelta y salí de su despacho sin mirar atrás.

— Ten, mi D&G — Emmett me entregó un terno que estaba muy bien guardado y cuidado. Era muy extraño eso en Emmett. O era un regalo de mamá, o le había salido tan caro que puede nunca lo haya usado para no arruinarlo — Es mi bebé, no lo arruines, no lo arrugues, ninguna mancha…

— Emm, no puedo usar esto, ¿Te das cuenta de la diferencia corporal entre nosotros? — Apunté lo obvio, su musculoso cuerpo y mi delgado ser.

— ¿Me estás llamando gordo?

— Emmett, nunca dije que fueras gordo, solo quise acentuar que tu estas mas repuesto que yo — Le expliqué, entregándole su traje.

— Esa es tu forma bonita de decirme gordo — Entrecerró sus ojos hacia mí. Rodé los míos ¿Qué pasaba que últimamente todos andaban sensibles?

— Emmett, no estás gordo ¿Feliz?

— Solo lo dices para hacerme sentir mejor…

— Adiós, me cansé — Dejé a mi hermano con su repentina depresión en paz. Emmett nunca se había preocupado de eso, digo, no es que lo necesitara ¡Por todos los santos, no estaba gordo! ¿Qué rayos le pasaba?

Entre en mi habitación y cerré la puerta con pestillo.

Habían pasado muchas cosas últimamente y ahora me estaba pasando la cuenta.

Por primera vez en mis veinticuatro años de vida encontraba un trabajo al que se le podía decir "decente". Tenía una jefa completamente bipolar y mandona, un jefe que parecía sacado de una revista Playgirl (2) y mi primer amigo el cual era un tanto desquiciado, sospechaba que era bisexual y un pervertido de tomo y lomo. Había conocido al amor de mi vida gracias a una fotocopiadora. Tuve mi primera cita, la cual estuvo regular debido a los sucesos acontecidos. Y ahora saldría a una cena de beneficencia con mi jefa, quien –cabe decir– hace que mi cabeza se enrede aún mas sobre lo que quiero, lo que está bien y lo que no...

Menudo lío.

Era mejor cuando pasaba horas echado jugando a la X-box, con nada que hacer, solo levantarme a abrir la puerta cuando Emmett llegaba del trabajo y se olvidaba de sus llaves, puede que a veces incluso me levantara a hacer algo de comida. Debería ser un gordito de primera, pero bendita sea la genética de los Cullen.

Ah, que tiempos.

No trabajos, no problemas, no chicas...

— No quiero trabajar nunca más, nunca, nunca...

— Te estás comportando como un niño pequeño Edward — Rosalie estaba en el marco de mi puerta, con las llaves colgando descuidadamente de sus dedos índice y medio — ¿Qué fue lo que le dijiste a Emmett? No ha parado de decir que necesita bajar de peso...

— Yo no le dije nada, él me estaba prestando uno de sus trajes y le hice ver lo obvio ¡Lo obvio, Rose!

— Parecerías un espantapájaros con la ropa de Emmett, lo entiendo ¿No tienes nada para usar? — Rose se metió dentro de mi guardarropa y comenzó a buscar algo que sirviera para esta noche — Demonios, Edward, tendremos que ir de compras uno de estos días.

— No, no compras — Me crucé de brazos refunfuñando ¡Era horrible ir de compras! Parecía un muñeco en mano de Esme y Rose, me vestían como ellas querían y yo ahí, de idiota cargando las bolsas.

— Ten, esto es lo único decente que encontré dentro de eso que llamas armario — Rodé mis ojos y tomé el traje entre mis manos. Bien, algo sumamente sencillo, iba a ser uno de los Hombres de negro esta noche.

Tomé una ducha rápida y me vestí con la misma rapidez. Rosalie me ayudó a acomodar mi cabello, el cual necesitaba un corte pronto, un poco más largo y sería un completo caso perdido. Me eché un poco de la colonia Crave, de Calvin Klein, que Emmett guardaba en uno de los cajones que se encontraban en el baño.

¡Edward, tu carro está aquí!

— ¡Allá voy Rosie!

Bien, ya era hora de aplicar lo que logré rescatar de aquel encuentro con Tanya. Esta era Isabella, un reto mucho mayor, solo esperaba poder pasar la noche sin mayores.

— Edward…

Alcé mi vista y me encontré con la más hermosa visión de todos los tiempos.

¿Era ésta realmente Isabella?

La mujer que venía caminando hacia mí era completamente hermosa. Su cuerpo estaba cubierto por un deslumbrante vestido color blanco invierno. El vestido era de seda y dejaba uno de sus hombros al descubierto, su largo cabello caía liso hasta los pechos y terminaba en unos delicados bucles que llegaban hasta su cintura. El vestido era largo, cubría levemente sus pies, pero este tenía una abertura desde el muslo al suelo, por la cual se dejaba ver una de las cremosas piernas de Isabella. Sus labios solo estaban cubiertos por un brillo, resaltando su color rosáceo. Era una visión espléndida, sobre todo por el dulce rubor que cubría sus mejillas ¿Será real o era parte del maquillaje? ¿Será ella real? Porque si era un sueño, esperaba no despertar nunca.

Me sonrojé cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo.

Qué vergüenza, estaba prácticamente –y como lo vulgares mortales lo dicen– comiéndomela con la mirada.

Eres un cerdo Cullen.

— E-estas… — Abrí mi boca cerca de cinco veces sin poder expulsar sonido alguno. No había palabras para describir como lucía en estos momentos ¿Hermosa? ¿Esplendorosa? ¿Majestuosa? Ninguna de ellas le hacía justicia — Yo, bueno… estas…

— Tú también luces muy guapo Edward, gracias — Sonrió tenuemente. Le ofrecí mi mano, sin encontrar palabras aún, estaba seguro de que si abría la boca otra vez balbucearía nuevamente como un bebé — Gracias por ocupar el lugar de Alice, no tenías que hacerlo.

— No es ninguna molestia — Le respondí con sinceridad — Y menos si debo ir acompañando a tan hermosa mujer — Abrí mis ojos de par en par al darme cuenta de lo que había dicho. Miré de reojo a Isabella, solo para captar una pequeña sonrisita en sus labios.

— Gracias, de todas formas… muchas gracias — Isabella le dio un apretón a mi brazo. Fruncí el ceño ante la intensidad de sus palabras, era solo una cena benéfica. Si, iba a estar lleno de snobs y todo ese tipo de gente que cree que al hacer este tipo de eventos hacen su acción de vida, pero ¿Y qué?

Nos montamos en un lujoso auto. Un Mercedes Guardian del año. Whoa. El auto partió con un suave ronroneo, nada en comparación a la orquesta que se encontraba en el tubo de escape del escarabajo de Rosalie. Isabella estaba sentada en la otra orilla del asiento, junto a la puerta, iba mirando hacia afuera mientras tamborileaba sus dedos sobre su pierna con nerviosismo ¿Qué era lo que le sucedía?

— Isabella… — La llamé, sin recibir respuesta alguna — ¿Bella? — Su cabeza giró con rapidez hacia mí, intentó sonreír pero solo salió una mueca — ¿Te encuentras bien?

— Estoy perfectamente, Edward.

— Te noto algo nerviosa, ¿Estás segura de que estas bien? — Me observó por un largo rato hasta que finalmente asintió con su cabeza, dio un suspiro y volvió a asentir.

— Si, Edward, estoy bien, yo… estoy bien.

Y nuevamente se quedó en silencio.

Finalmente llegamos al elegante hotel "Volturi". El evento de beneficencia se iba a realizar en su sala de eventos, ya que el dueño de la cadena de hoteles Volturi era quién patrocinaba todo. Bueno, eso era lo que Isabella me había dicho. El chofer me abrió la puerta del coche y bajé rápidamente para ayudar a la señorita Swan a bajar. Cuando le tendí mi mano ella la tomó rápidamente. Me extrañé al notar su palma levemente sudada, todo esto era tan extraño…

— Edward, ven aquí — Isabella me jaló de la mano para que me acomodara delante de ella. Sus manos se fueron a mi cuello para arreglar la corbata, después comenzó a alizar mi camisa, a sacar pelusas invisibles de mi blazer y con un último vistazo a mi persona, suspiro — Bien, está todo bien, llegó la hora…

¿La hora para qué?

Isabella nuevamente jaló mi mano, comencé a andar junto a ella, sin borrar el ceño fruncido de mi rostro. Esto ya se estaba volviendo más que extraño. ¿Por qué se encontraba tan nerviosa? ¿Por qué me parecía que no quería estar acá? ¿Por qué? Un tipo vestido como mayordomo nos pidió nuestras invitaciones, le entregué la mía y la de Isabella, con un asentimiento de cabeza nos hizo saber que podíamos ingresar al lugar.

El gran salón de eventos era pomposo.

Tenía muchas lámparas de techo, todas eran del tipo araña con gotas de cristal. En medio de todo estaba la madre de las lámparas, era enorme y muy bonita. Las mesas estaban ordenadas estratégicamente, y la gente que estaba ya en el lugar me era totalmente desconocida. Había muchas ancianitas hablando de las joyas que lucían y unos cuantos caballeros canosos hablando de la bolsa de comercio.

¿Dónde demonios me vine a meter?

— No te alejes.

— ¿D-dónde crees que iré? No conozco a esta gente, me dan miedo — Isabella soltó una pequeña risita ante mi declaración — N-no te rías, n-no es gracioso ¿Qué es Louis Vuitton? ¿Alguna comida? ¿Italiana o francesa? — Isabella comenzó a reír a carcajadas, trataba de cubrir su boca con su mano derecha pero le era imposible.

— Eres imposible Edward — Sonreí, alegre de haberla hecho reír — Me refería a que, solo, no te alejes de mi ¿Si?

— Lo que desee, señorita Swan.

Bobo — Golpeó mi costado con su codo, sin quitar la sonrisa de su rostro — Gracias otra vez por acompañarme hoy, Edward.

— No sé qué es lo que sucede, Isabella — Le dije con honestidad — Algo me huele mal, tu nerviosismo no es normal y estoy seguro de que tienes unas ganas enormes de que la noche se acabe y nos larguemos de aquí.

— Te equivocas, no quiero que la noche se acabe, si puedo estar contigo un rato más, no quiero que acabe.

Mhmm, rayos y centellas.

¿Qué significaba eso?

Mis mejillas se colorearon, de hecho, mi cabeza estuvo a punto de explotar a causa del bochorno. Ella no podía simplemente llegar y soltar una frase como esa. Esme es la única que me dice ese tipo de cosas, Rosalie algunas veces y puede que a Emmett se le haya escapado algo así en más de una ocasión. Pero nadie –aparte de mi familia– había ansiado y disfrutado de mi compañía.

— Yo… eh, mu-muchas g-gracias, uhm… — Jalé del cuello de mi camisa ¿Estaba haciendo calor o qué?

— Isabella, querida, veo que estás haciendo de niñera esta noche — Isabella se tensó junto a mi ante la profunda voz — ¿Qué fue lo que acordamos la reunión pasada? No hagas ninguna estupidez esta noche, tesoro.

Y a pesar de esos 'querida' y 'tesoro' la voz estaba completamente desprovista de afecto. Nos giramos lentamente para quedar frente a un hombre de unos cuarenta/cincuenta años. Tenía un inmaculado cabello color caoba y un bigote del mismo color, sus ojos eran de un color pardo sumamente llamativo, no había nada cálido en esa mirada. Vestía un traje que se notaba a leguas ser de diseñador, apostaría mi suelda de todo un año que era una vestimenta hecha a la medida.

— ¿D-disculpe? ¿P-podemos ayudarlo en algo, señor?

— Vaya, lo tienes bien amaestrado, te he enseñado bien después de todo ¿No me presentarás con tu… — El tipo me observó calculadoramente, como si estuviera rebuscando una palabra para definir a mi persona — ¿Qué es él?

— U-un quién, no u-un qué — Respondí. Me estaba fastidiando, puedo ser tímido, torpe y muy malo para las peleas pero no por eso voy a dejar que alguien me mire en menos.

— Edward… — Isabella me hizo una súplica silenciosa con su mirada, me relajé solo por ella — Padre, te presentó a Edward Cullen — Se giró hacia mí y me sonrió forzosamente — Edward, este es mi adorado padre.

¿Padre?

¿El robot sin sentimiento frente a mi tuvo alguna vez en su vida una familia?

¿Isabella tiene a esto como su padre?

Joder, y yo ando llorando por los arrumacos que me da Esme.

Apenas llegue a casa llamaré a Esme y Carlisle para hacerles saber cuánto los amo.


(1) No sé si conocerán esa expresión, creo que es mu chilensis XD "Ese huevito quiere sal" es como decir que ella busca algo de él, ustedes saben a que me refiero x)

(2) Playgirl, lo mismo que Playboy, pero para muchachas en busca de hombres desnudos (?)


¡Buenas noches!

Aquí llego con otro capitulo, espero les guste :) Es algo importante Charlie en esta historia, e Isabella, don't worry, la chica no olvida ni perdona tan rápido. A Edward le tocará pesado con este señor Swan, veremos que hará mi bebé en esta ocasión (?) si solo dan ganas de abrazarlo al pobre XDD Oh, y Jasper... lo amo ¿Puedo decir que lo amo, cierto? Es que es un pastel, el también tiene su misión clara aquí así que no se espanten, porfavor, por las cosas que hace este loquillo :)

PD: No esta beteado el capitulo, otra vez, esta mujer se me va justo cuando le voy a mandar todo, la verdad es que es por puro floja que la hago revisar, así que nuevamente me di la paja de hacerlo yo (?) XD (Esto es para ti Cony, deberías estar conectada toda la noche hueona, porque yo soy una gargola (?) btw, mañana no estaré y el fin de semana estudiaré, so, chao pc –aunque usted no lo crea– por eso ando tan apurona, jijiji XD)

La portada del fic, estará en mi perfil por si quieren verla :)

Bueno, como siempre les agradezco por su apoyo, reviews, alertas y favoritos :D you make my day with them.
Todas ustedes son un amor con el apoyo que me dan y sus lindas palabras, no me queda nada mas que decir :)

~ Lamb.