Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Primerizo.
Summary: ¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? Ah sí, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba? Todos Humanos. Bella&Edward
Gracias a Cony, a.k.a. Diana Prenze, porque de ahora en adelante me ayudará a betear los capítulos, te amodoro mujer.
Capítulo 11: El primer dilema de Eddie.
Isabella estaba vestida como una chica de cabaret.
Algo estilo Mouling Rouge a decir verdad. Un corsé rojo con terminaciones y bordados en negro enmarcaban su exquisita figura, de hecho, sus pechos pedían auxilio para escapar de aquella cárcel. Les brindaría mi ayuda con aplomo. Para completar el atuendo, solo llevaba una pequeña tela de encaje que cubría lo justo y necesario, mientras que unas ligas recorrían sus torneados muslos.
Tenía una mirada salvaje y una sonrisa de picardía mientras caminaba al compás de la música.
Y venía hacía mi.
Santa madre de Dios.
Comencé a sudar como un puerco –literalmente– ¿Por qué tenían que pasarme estas cosas a mí? No me estoy quejando, ningún hombre en su sano juicio se quejaría al ver a la espectacular mujer que tengo frente a mí caminando en su dirección. Solo pedía un pequeño aviso antes de que sucesos como estos se apoderaran de mi vida –ya saben, mujeres hermosas observándote como si fueras el único pedazo de carne comestible– algo que me preparara para la parada militar que estaba alzándose en mis pantalones.
Su cabellera flotaba alrededor de su rostro mientras se abría paso entre la gente.
Yo estaba sentado, esperando a que llegara a mí.
Las manos me sudaban.
La nariz me sudaba.
Mis gafas se resbalaban.
Diablos.
Estaba completamente perdido en el más básico instinto que ha perseguido al hombre desde todos los tiempos: La calentura. Ajá señores, en mi mente solo quería levantarme para acortar la espera, tomarla entre mis brazos, desgarrar su ropa al más estilo Hulk y dejar al cavernícola en mi hacer su trabajo…
«Iba a decir "joderla contra la pared", pero nuevamente mis modales hicieron acto de presencia».
Isabella estaba a solo unos pasos de mí.
Solo unos pasos…
— Isabella… — Murmuré cuando la tuve de frente, expectante…
… Pero ella pasó de mí como si nada, como si fuera invisible, como si no existiera, como si no importara.
Me giré lentamente en mi lugar, la frustración latente en todo mi cuerpo –sobre todo en la zona baja–, para ver dónde demonios se había ido Isabella y porqué me había dejado así. Era cruel estar en este estado después de la provocación previa, porque me estaba mirando a mí ¿Cierto?
¿Cierto?
Con el ceño fruncido me giré en la silla para seguir sus pasos…
Por eso Jesús le dijo a… alguien, que no mirara hacía atrás, que huyera sin mirar hacia atrás. Creo que debería haber hecho mas caso en las clases dominicales en las que Esme me hizo partícipe cuando pequeño, habría aprendido más. Me convertí en una estatua, no de sal principalmente, pero si me quedé completamente quieto por lo que mis ojos estaban presenciando.
¿Me estaba mirando a mí?
¿Me estaba sonriendo a mí?
¿Estaba caminando hacia mí?
Pero que imaginación tenía.
No más películas de ciencia ficción para ti…
…corrección, no verás mas comedias románticas con Rosalie, muchacho.
No más.
Ahí estaba ella, a horcajadas en el jodido regazo del jodido francés. Los dos mirándose como si no hubiera mañana, el agarrando sus caderas con una posesión que no le correspondía. Pero ella lo aceptaba, es más, pasaba sus dedos coquetamente por sobre su mejilla mientras se inclinaba un poco –dejando expuesta su hermosa parte trasera– y susurraba al oído de Alec:
— Voulez-vous coucher avec moi, ce soir? (1)
…
— ¡Eddie, llegarás tarde, levántate ya!
Todo había sido una horrible pesadilla.
Isabella y Alec.
Pesadilla.
Aunque estos últimos días, luego de aquella noche en la que fui como acompañante de Isabella a la cena benéfica, no parecían ser una pesadilla; a decir verdad, eran demasiado reales –y desagradables– para mi gusto. A veces pensaba que Isabella era bipolar y un tanto promiscua, tal vez y era bígama también. No es que esté interesado en su vida amorosa y/o sexual. Para nada. Solo me preguntaba…
¿Le gustarán los tríos?
Porque no existía otra respuesta en mi mente, no cuando en los últimos dos días he visto como entran en fila a su oficina: Isabella, Jacob y Alec. No es que sea un metiche, tampoco, pero bueno, mi escritorio está justo fuera de la oficina, por ende, tengo el maldito privilegio de contemplar eso, escuchar las risotadas que se oyen de repente y… presenciar los silencios eternos, hasta que los dos hombres dejan la oficina hablando en voz baja.
Díganme que eso no es sospechoso.
— Emmett, me largo, dile a Rose que muchas gracias por el desayuno pero no lo podré comer, llegaré tarde y…
— ¿Rose? ¿Por qué agradecerle a Rose?
— ¿A quién mas si no? ¡Agradécele por hacerme el desayuno, hombre! — Alcé mis brazos en señal de frustración mientras saltaba en un pie para poder calzar el zapato en el otro.
— Ella no te hizo el desayuno.
— ¿Estás bien, Emmett? — Fruncí el ceño, terminando de ponerme los zapatos.
— ¡Nadie le agradece a Emmett nada! Rosalie esto, Rosalie aquello ¿Tan difícil es creer que yo hice tu desayuno Eddie? ¡También te hice el jodido almuerzo! — Abrí mis ojos ante el arrebato de Emmett. Centellas ¿Él iba a llorar? Por qué su mentón temblaba como si fuera a hacerlo — ¡Ve a agradecerle por el almuerzo a ella también, mal hermano!
— ¿Q-qué es lo que le pasa a Emmett? — Rosalie venía entrando a la cocina cuando Emmett salió despotricando como una mujer en sus días no hábiles. Rose soltó una pequeña risita con diversión.
— Oh, no lo tomes en cuenta, anda en sus días.
— Él no tiene útero Rosie ¿Qué es lo que le está pasando a mi hermano?
— Él… solo está sensible — Mi cuñada se acercó a mí y susurró confidencialmente — Ayer vimos Hachiko.
Ah, eso lo explicaba todo.
Emmett y su eterno sufrimiento por la muerte de nuestro querido Ewok cuando yo tenía alrededor de diez años. Nunca superó que el perrito de la familia se fuera al cielo de los perritos, a pesar de que mamá le hizo ver esa película Todos los perritos van al cielo. Emmett estuvo de luto por meses, incluso mamá y papá tuvieron que hacerle su propia tumba en el patio de la casa donde ellos viven hoy en día, cada vez que vamos a visitarlos es la misma historia: Emmett sentado en el patio por horas frente a la cripta, hablándole a Ewok.
Hachiko.
Sip, eso explica su sensibilidad.
…
— ¡Ups! lo siento, muchacho, no sabía que tenías ese tipo de problemas al despertar… — La viejecita soltó una pequeña risita. Aún estaba algo grogui, así que no lograba entender del todo de que me estaba hablando.
— ¿Eh? — Refregué mi mano sobre mi cara para espabilar un poco. Cuando finalmente pude abrir ambos ojos y soportar la luz del día, pude ver claramente… una mancha a los pies de la gigantesca cama en la que me encontraba.
¿Dónde estaban mis gafas?
— ¡Ponte de pie ahora, el día está hermoso y tenemos mucho que hacer! — Reconocí la voz de Charlotte, ahora la mancha tenía nombre. Quitó las sabanas de mi cuerpo, a lo que di un pequeño gemido enfurruñado. Era tan temprano aun ¿Por qué me hacía esto? — Vamos, Edward. Te espero abajo en diez… — Me observó otra vez y volvió a reír con diversión — Creo que mejor serán veinte minutos. Te espero en veinte minutos abajo primor.
Fruncí el ceño ante su inminente diversión.
Hasta que recordé que era lo que había estado soñando.
Isabella.
Tanya.
Isabella y Tanya.
Era un maldito enfermo.
«Ah, genial, creo que alguien levantó una tienda ahí abajo»
Después de salir de aquella cena con Charlotte colgada de mi brazo, parloteando quién sabe qué cosa, nos dirigimos en una enorme limusina hacia una enorme mansión. Todo lo que ella tenía era enorme. La señora D'Auntuan estaba completamente forrada en dinero, literalmente forrada; es más, cuando entré a su baño por primera vez en la noche, la idea de que el papel sanitario no fuera papel y ella realmente usara billetes para limpiar su trasero adinerado pasó por mi mente.
Pero todo cambió.
Cualquier pensamiento malvado que tuve en contra de la pobre señora de la tercera edad se esfumó rápidamente.
Escenarios donde tenía una mazmorra.
Escenarios donde tenía una extraño habitación de juegos.
Todos escenarios donde yo era asaltado sexualmente por una mujer de más de mil años.
Charlotte era una pasa dulce, la más dulce de la historia. Estuvo prácticamente toda la noche relatando su historia de amor con el difunto señor Earl D'Auntuan. Aunque algunas veces no le puse mucha atención debido a que mi cabeza aún se encontraba en cierta persona que no nombraré, lo que alcancé a escuchar fue una de esas épicas relaciones románticas de los años de Jane Austen o algo por el estilo. Estaba seguro de que Isabella hubiera disfrutado con el relato…
Isabella.
Otra vez.
…
— ¡Edward, muchacho, despierta!
Moví mi cabeza para espabilar ante el recuerdo de aquel día que pasé junto a Charlotte. ¡Había pensado tantas cosas malas de la pobre señora! Mis padres estarían muy decepcionados de mí por ser un hombre prejuicioso.
— Señorita Swan, ¿puedo ayudarla en algo? — Isabella frunció el ceño por una fracción de segundos. Se acercó a paso lento hasta quedar a la orilla de mi escritorio y me observó detenidamente — ¿S-sucede a-algo?
— Has estado realmente extraño estos últimos días, Cullen — Se sentó superficialmente sobre mi escritorio y continuó —, ¿Qué fue lo que sucedió con la anciana de Charlotte? Nunca hablamos de eso…
¿Por qué deberíamos haberlo hecho?
Ella estaba ocupada intentando elegir si mascar el chocolate negro o el blanco.
— No… no sucedió nada, la señora D'Auntuan es completamente adorable. Se portó muy bien conmigo — Más que bien, en realidad, pero ella no necesitaba saber los detalles de aquel día.
— ¿Estás seguro? — Asentí — ¿No me estás ocultando información, verdad?
— ¿Por qué tendría? — Fue mi turno de fruncir el ceño a su persona — De hecho, ¿Por qué tendría que contarle lo que sucedió ese día? No es como si yo le preguntara que fue lo que hizo con Alec cuando dejó la cena de beneficencia…
Listo, ahí estaba.
Finalmente lo había dicho, esas palabras que me estaban asfixiando desde hace un buen rato.
Una pequeña sonrisilla se formó en los labios de Isabella. Oh por Dios, nunca debí haber dicho eso ¿En qué estaba pensando? Ella sería capaz de darme incluso los detalles, detalles que no estaba interesado –y nunca lo estaría– por saber. Entrecerré mis ojos esperando que dijera alguna palabra morbosa…
— ¿Quieres saber lo que sucedió entre Alec y yo? No tengo problema en decirte que fue lo que hicimos gran parte de la noche — Se encogió de hombros restándole importancia — Aunque creo que tienes una idea en esa linda cabecita tuya de qué fue lo que hicimos ¿O me equivoco?
— No necesito saber nada, no quiero saber nada.
— ¿Estás seguro?
— Sí — No.
— Bien… — Se puso de pie lentamente y caminó en dirección a su oficina — Mon Dieu, eso fue lo que practiqué a lo largo de la noche — Me guiñó un ojo y cerró la puerta tras de sí.
Yo no necesitaba saber que estuvo alabando a Dios mientras realizaba el Kamasutra entero.
Maldita Isabella.
Maldito Alec.
Maldita Charlotte.
…
Me levanté perezosamente de la cama aún con el problema en mi parte baja. No fue difícil deshacerme de ello ya que solo tuve que pensar en Charlotte usando un traje de baño de dos piezas. Imaginen eso. Me demoré en buscar mis lentes, bueno, tropezaba con algunas manchas que aparecían en mi camino. Estaba tan malditamente ciego. Finalmente los encontré sobre algo que, supuse, era un buró. El cuarto tenía un baño que era más grande que mi apartamento. Tomé una rápida ducha y…
— ¡Te dejé una muda de ropa sobre la cama, cariño!
Rayos, esta anciana era adivina.
Salí del baño envuelto en una acolchadita toalla de algodón luego de refrescarme bajo el agua por un buen rato. Me quedaría todo el día con ella puesta si pudiera, era tan suave como un conejo felpudo. Sobre el somier se encontraba un conjunto de ropa. Diablos, incluso me había… no-puede-ser, me había comprado ropa interior. Comprado. Ella había comprado ropa interior para mí. Ella se sabía mi talla de ropa interior. ¿Cómo demonios sabía eso? ¡Ni yo lo hacía! Siempre debía llamar a mamá para preguntarle, tengo una memoria un poco inservible para ese tipo de cosas.
Tomé la muda de ropa con algo de temor.
Esta ropa era… no era yo.
Una polera blanca que tenía su cuello con corte en V.
Un jeans de esos que usan los chicos hoy en día, esos que hacen ver sus piernas como palillos para comida china.
Y unas Vans clásicas.
¿Podré llevarme las zapatillas cuando vaya finalmente a mi casa al final del día?
Estuve listo en un abrir y cerrar de ojos. Me sentía un poco incómodo, la polera se pegaba más de lo necesario a mi torso y para qué hablar de cómo me veía con los jeans. Mis pies se veían enormes gracias a estos, parecía un payaso, un vil payaso.
Eddie le teme a los payasos.
— Uh, ¿Charlotte? ¿Estás segura de que esta ropa es para mí? — Mientras iba bajando la escalera para llegar a la planta baja hice aquella pregunta en voz alta — Eh, no creas que estoy siendo mal agradecido, la verdad es que me gusta mucho, pero, yo… yo solo, no creo que sea para mi ¿Me entiendes? — Finalmente llegué a la cocina. Allí estaba la señora D'Auntuan junto a dos de sus sirvientas.
— ¡Edward, que estás diciendo, te ves comestible! — Oh, ella era tan jovial para sus cosas. Soltó una pequeña risita y le dio unos golpecitos en el hombro a las dos chicas que estaban junto a ella — Bree, Vicky ¿Qué dicen ustedes? Se ve bien, ¿No?
Me sonrojé completamente como un púber cuando le pidió su opinión a las muchachas. ¿Sería de mala educación si doy media vuelta y me escapo de aquí? Las chicas se voltearon lentamente para observarme. Una de ellas era castaña mientras que la otra contrastaba con un brillante cabello color fuego. Me recordaba a la chica de la película Valiente. Me observaron sin ningún tipo de emoción en su rostro.
¿Tan feo era?
Una pequeña sonrisita no estaría mal para mi ego, solo estoy diciendo…
— Se ve muy bien en esas ropas, señor Cullen — Lo dudaba.
— Uh, mu-muchas gracias — Rasqué la parte posterior de mi cabeza con incomodidad.
Las chicas dejaron la cocina rápidamente, pidiendo sus respectivos permisos en voz baja a Charlotte. Nos quedamos solos los dos parados ahí. Me senté en el taburete mientras observaba a la señora desenvolverse fantásticamente alrededor de la cocina. Me recordaba mucho a mi abuela Elizabeth. Se giró súbitamente hacia a mí y me obsequió una radiante sonrisa.
— Entonces, muchacho, ¿No crees que debes llamar a tu novia? No quiero que piense que he abusado de ti o alguna de esas ideas locas que ayer pueden haber pasado por su cabeza — Me sonrojé sin poder detenerlo.
— ¿M-mi n-novia? Yo n-no tengo n-novia — Incomodidad otra vez. Era tan loser, por todo lo santo.
— ¿Y la chica con la que estabas?
— ¿La chica que se fue del brazo del señor francés-moja-bragas? — Le pregunté de vuelta, resaltando lo obvio. Charlotte rodó sus ojos y soltó una pequeña risita. Yo no le encontraba la gracia, lo cierto era que mi humor había decaído al recordar al tipejo ese — ¿Cómo puede pensar que es mi novia?
— ¿Es que acaso no es obvio? ¡Ella estaba protegiéndote como… — Hundió su dedo índice en una masa viscosa en la que estaba trabajando, y luego la llevó a su boca. Cerró los ojos degustando de la comida — ¿Qué era lo que te estaba diciendo? Me está quedando completamente delicioso nuestro pastel de chocolate.
— Usted estaba diciendo que Isabella me protegía. Ella no me protegía. Yo no necesito su protección — Me crucé de brazos y desvié la mirada.
— ¡Eso, ahí está! — Me apuntó con su dedo índice y comenzó a dar pequeños brinquitos de emoción — Ella te gusta.
— ¿Perdón? ¿Estamos hablando de Isabella Swan? ¿La misma Isabella Swan que me dejó abandonado para ir a hacer un poco de ejercicio con otro tipo? ¿La misma que se rió de mí cuando su querido amigo me gritó que usara condones? ¿Gustarme, a mi?
— ¿Te oyes? Estas hablando como un hombre despechado… y celoso, querido.
— ¡No, mentira! Yo solo estaba resaltando lo obvio ¿Cómo me va a gustar?
— Estoy segura de que estuviste toda la noche dando vueltas en la cama pensando qué estaría haciendo con aquel encantador muchacho — Una sonrisita que me pareció molesta apareció en sus labios — ¡Ahí lo tienes! Me observas como si quieres ver mi cuerpo bajo tierra. Te costará, ya muchos lo han tratado.
— No me gusta Isabella — Dije enfurruñado — No me interesa lo que hizo o no hizo con ese tipo, no me interesa que el hable un fluido francés ni que ella cayera completamente rendida a sus pies. Francés, bah — Di un resoplido — Bonjour ¿Ve? Yo también puedo…
— Ah chico, estas ardiendo en celos. Hazme caso muchacho, son años de experiencia.
— No son celos.
— Te gusta la señorita, admítelo de una vez ¿Qué tiene de malo? — Todo — Ustedes, los jóvenes de hoy en día, tienden a hacer todo más complejo de lo que es. Ella te gusta, te sientes atraído ¡Menudo lío! ¡Como si fueras el único!
¿Me gusta Isabella?
Puede que si me sienta atraído, de un modo un tanto masoquista que prefiero ignorar.
Gah.
¿De qué servía negarlo?
— Está bien, creo que si me gusta… pero solo un poquitito, así, bien pequeño — Junté mi dedo índice y pulgar mostrándole la cantidad.
…
— ¡Vaquero!
Alcé la cabeza y sonreí. Jasper y Tanya habían entrado al café.
Tanya.
Era tan endemoniadamente hermosa. Sus ojos se trabaron en los míos y me sonrió dulcemente, solo como ella sabía hacerlo. Sentí el color subir a mis mejillas con leve intensidad, mientras trataba de mantener la sonrisa en mi rostro. Sip, ella aún me sacaba de mis casillas con solo una de sus sonrisas.
— Joder, necesito chismes y yo sé que tú los tienes — Rodé mis ojos a Jasper — ¿Quién mierda es ese tipo que anda rondando por la editorial? ¡Amigo, me quitó a todas mis pretendientes! Solo porque Jazzy no sabe hablar francés ¿Qué tienen las mujeres con el puto francés?
— Concordamos en algo, no tengo ni la más remota idea de que tiene esa lengua que las vuelve locas.
— ¿Esa lengua, mi lengua? Yo se porqué las vuelve locas…
— Jasper cállate, por favor cállate — Tanya soltó una pequeña risita mientras le daba un mordisco a su crossaint.
— Chicos, el francés es el idioma del amor ¿Es que acaso existe algo más hermoso que eso?
— ¡Sí, por supuesto que existe algo más hermoso que eso! Empieza con 'mi' y termina con 'polla'.
— Eres un estúpido, y un vulgar — Le di un golpe a Jasper en la cabeza — Asqueroso, también — Le di una mirada de disculpa a una sonrojada Tanya — Siento que tengas que escuchar estas asquerosidades. Uno se acostumbra con el tiempo — Me sonrió apenada, estuve a punto de darle un abrazo por lo adorable que se veía — Jasper, discúlpate.
— Lo siento, Tanya — Le dijo, como un niño pequeño que ha sido regañado — Pero yo solo estaba diciendo la verdad, el idioma ese francés no te da orgasmos como mi…
— ¡Jasper, demonios! — Jazz alzó ambas manos en señal de inocencia. Entorné mis ojos, no había nada que se pudiera hacer con este hombre, venía así de nacimiento, pobre mamá Whitlock.
— Está bien Edward, no es como si no me hubiera acostumbrado ya — Tanya posó su delicada mano sobre mi brazo y me sonrió con diversión, luego se acercó rápidamente y besó mi mejilla.
Un suave beso, como las alas de una mariposa.
Sentí mis mejillas tornarse de un color rosáceo.
Ah, Tanya.
¿Por qué?
…
— ¡Charlotte, no! ¡Yo no quiero eso!
La señora D'Auntuan se veía unos cuantos años más joven riéndose de esa manera sobre la manta que habíamos colocado en el jardín trasero de su hogar. Había estado –prácticamente y sin exageración– toda la mañana-tarde molestándome con la señorita Swan, no había manera de que pudiera pararla.
¿Por qué Dios me hizo inteligente solo para algunas cosas?
— Oh vamos cariño, estoy segura de que quieres. Está bien que seas todo un caso, virgen a los veinticuatro años — Me sonrojé, no era necesario que lo dijera en voz alta. Loser — Pero la muchachita Swan es una hermosura, estoy segura de que tu problema mañanero tuvo que ver con ella…
— Pero yo no, yo no quiero… — Rodé mis ojos — Bueno, puede que sí quiero, pero ella… y también está Tanya…
— ¿Tanya? ¿Quién es Tanya? ¿Eres todo un Don Juán y lo tenías escondido? — Charlotte movió sus cejas de arriba hacia abajo, sugestivamente. Bufé por el modo en el que me había llamado, ya quisiera.
— Ella, bueno… ella es una chica extraordinaria — Sonreí recordando a la rubia — Es... hermosa.
— Mi queridísimo Edward — Charlotte suspiró teatralmente y colocó una de sus manos sobre su corazón — Estás completamente jodido — Una mala palabra de su boca, perdónala señor — ¿Te gustan dos chicas a la vez?
— ¿Me gustan dos chicas a la vez, qué está diciendo? — Fruncí el ceño — Es imposible, o sea, digo… Tanya e Isabella son tan distintas. Es como… Tanya es el angelito bueno parado en mi hombro derecho mientras que Isabella anda bailando sobre mi hombro izquierdo con un sexy traje de látex rojo y uno cachos a juego. El mal y el bien. El Yin y el Yan. Es imposible, Charlotte.
— ¿Cómo puedes ser tan ciego, amor? Tienes esas enormes gafas sobre tu rostro y aún así no puedes ver que te gustan dos chicas, completamente distintas, pero que te complementan a ti de igual manera.
— Eso no lo entendí.
— Zopenco — Charlotte me dio una surra en la cabeza. Me dolió un poco, tenía la mano pesada la mujer — Tanya es todo lo que te gusta e Isabella es todo lo que necesitas. Así de simple, como sumar dos más dos, como saber cuál es el valor de pi ¿Por qué lo sabes, no?
— 3, 1415926…
— No te estaba preguntando enserio, Edward.
Lo sabía.
Sabía que ella no quería saber el valor exacto de pi.
Pero yo solo quería cambiar el tema.
Tanya e Isabella.
¿Por qué Isabella?
Con solo "Tanya" en la ecuación el resultado habría sido distinto.
Isabella es la x que lo complica todo.
…
Isabella estaba junto a Tanya, hablando sobre unos papeles que tenían que revisar en conjunto.
Viéndolas así de juntas se notaba claramente las diferencias en ellas. La elegancia que desprendía Isabella por los poros y la sencillez de Tanya. La firme postura que tomaba Isabella a la hora de pararse y como Tanya se encogía para pasar desapercibida por el mundo. Incluso en la forma de hablar que tenían, Isabella siempre estaba segura de sus palabras; y por el otro lado estaba Tanya, con su adorable tartamudeo y su voz en un volumen un poco más bajo de lo normal. Ambas eran hermosas, a su manera, las dos eran sumamente bellas.
Isabella y Tanya.
Suspiro
— Estás completamente desahuciado, Eddie.
Y como si las hubiera nombrado, ambas se giraron en mi dirección.
Quieto, sonríe y saluda, sonríe y saluda.
Dos pares de ojos pegados a mí. Unos bañados en diversión y otros con una leve vergüenza. Tanya levantó su pequeña mano y sacudió sus dedos, complementando su saludo con una pequeña sonrisita tímida en sus labios. Le sonreí de vuelta… y mis ojos se trabaron en los de Isabella, un solo guiño fue su saludo, un solo guiño que trajo el color a mí nuevamente.
Rayos
Estaba en una encrucijada.
¿Sonrojos o sonrisitas?
¿Chocolate o vainilla?
Espera, espera, espera…
¿Tú enserio estás pensando en si debes elegir entre Isabella y Tanya?
¿Isabella?
Como si ella estuviera interesada, tiene a un francés de muerte y a un morenazo que cada vez me confunde más con su sexualidad. De hecho, están listos para crear su propia película porno.
¿Qué seré yo?
Uno más en su harén.
… uno más si ella te quisiera, bobo.
— E-Edward… — Mis ojos se posaron en Tanya. Arreglé mis gafas esperando que continuara — Uh, ¿Ya te vas? — Asentí, algo desconcertado — ¿Te importa si nos vamos ju-juntos? — Abrís mis ojos con incredulidad, nunca me había pedido algo así.
Isabella alzó una de sus delineadas cejas en mi dirección.
"Aprovecha, campeón" moduló con sus labios, sin hacer sonido alguno.
— Eh, es-está bien.
Luego, se acercó lentamente al oído de Tanya y murmuro algo que la hizo sonrojarse de pies a cabeza, mientras me daba unas extrañas miraditas tímidas, en realidad estaba tratando de mirar en mi dirección, ya que sus ojos se posaban en mi por una milésima de segundo y después volaban a la mosca que pasaba por ahí tranquilamente. O a alguna telaraña en el techo.
Fruncí el ceño.
¿Qué estaba tramando Isabella Swan hacía mi pobre persona?
Esto me huele a Vendetta.
(1) ¿Quieres dormir conmigo esta noche? (Es de la canción Lady Marmalade)
¡Buenas noches!
Gaaaah I KNOW, me he demorado un montón con este capítulo. He estado ocupada con la Universidad aunque usted no lo crea, en realidad ahora debería esta terminando una guía de ejercicios para mis alumnos pero aquí estoy ¡Espero les guste el capitulo! Charlotte era un amor, nada que ver con los pensamientos raros de Eddie, creo que este chico necesita enserio que alguien lo disvirgine (?) no se si existe esa palabra, pero yo lo hago con gusto XDDDDD Sin nada más que decirles, espero difruten y lo siento por la espera :)
La portada del fic, estará en mi perfil por si quieren verla :)
Bueno, como siempre les agradezco por su apoyo, reviews, alertas y favoritos :D you make my day with them.
Todas ustedes son un amor con el apoyo que me dan y sus lindas palabras, no me queda nada mas que decir :)
~ Lamb.
