Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Primerizo.

Summary: ¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? Ah sí, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba? Todos Humanos. Bella&Edward


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction ) porque de ahora en adelante me ayudará a corregir los capítulos, así que los "peors" pasaran a ser los "peros" que corresponden.


Capítulo 15: La primera lección de Eddie.


— Jazz, tengo miedo.

— ¡No seas marica y hazte hombre de una vez!

— ¡No puedo respirar!

— ¡Oh, Edward! ¡Vamos!

— Jasper, estoy teniendo un ataque de pánico, enserio, no puedo respirar.

— ¡Joder!, ¡joder!, ¡joder!… ¡Ten esta bolsa!, vamos, inhala... Exhala… Así, idiota.

— Me voy a desmayar.

— Edward, no puedes desmayarte ahora, ye te di la jodida bolsa para que respires como la gente, ¿por qué mierda no andas con un inhalador o algo parecido? Si me dices que es porque tu mamá no lo guardó en tu chaqueta juro que… ¿Edward? ¿Me estás escuchando? ¡Puto, ya te desmayaste! ¿Dónde se supone que esconderé tu cuerpo ahora?

Eso había sucedido en la mañana.

Bueno, a decir verdad estuve hiperventilando junto a Jasper prácticamente todo el día. Yo comenzaba con los ataques de pánico, él se ponía histérico y así se formaba el caos. Éramos la peor dupla que puede existir en la tierra, y Jasper cuando se pone histérico maldice, incluso más de lo que lo hace normalmente. Así que ahí estábamos en mi apartamento, yo con ataques de pánico, Jasper maldiciendo, Emmett reclamando y cubriendo "los oídos" de su piojo poniendo las manos sobre la panza de Rosalie.

No entiendo como Rosalie fue capaz de aguantar todo eso.

Y ahora aquí estaba, en un lugar que había pisado solo una vez con anterioridad.

El enorme edificio se erguía ante mí con majestuosidad y… Oh, otro ataque, saca tu bolsa Edward, repito, la bolsa.

Inhala.

Exhala.

— ¿Edward? ¿Te encuentras bien? —lo que me faltaba. Cerré mis ojos y respiré tranquilamente, di media vuelta y quedé frente a frente con Isabella Swan— ¿Qué estás haciendo parado aquí?

— Yo, uhm —me sonrojé y me encogí de hombros— Estaba tratando de sacar valor, subir al ascensor y apretar el botón que da a tu pent-house, sip —Isabella soltó una pequeña risita y rodó sus ojos.

— Venga, vamos. No te voy a morder, Edward —se quedó pensando por un momento y sonrió abiertamente— Bueno no al menos que tú no quieras que lo haga.

Asentí sin poder decir palabra alguna y la seguí dentro del edificio en silencio. Estuvimos así todo el camino que daba a su pent-house, en un silencio un tanto incómodo, bueno, para mí lo era ya que al no tener nada más que decir ni pensar, no podía evitar las imágenes mentales sobre lo que sucedería a continuación con Isabella.

¿Y si lo arruinaba como siempre?

¿Y si me daba otro ataque de pánico?

Mi mano se fue inconscientemente al bolsillo que estaba en el interior de mi chaqueta, donde la bolsita de papel descansaba en casos de emergencia. El ascensor se detuvo abruptamente y las puertas de este se abrieron para dar paso al pasillo que daba con la casa de Isabella.

— Hogar, dulce hogar —murmuró Bella dando un paso fuera del ascensor. Me miro por sobre su hombro con una de sus cejas alzadas— ¿Te quedarás ahí o entrarás conmigo?

— A-ahí voy —tartamudeé, mis piernas se sentían como gelatina, necesitaba tener un momento a solas antes de entrar y no tener más alternativa que quedarme— ¿Pue-puedes darme un mi-minuto a solas? —Isabella asintió apacible y siguió caminando a lo largo del pasillo.

«Bien Edward, tienes tu minuto humano»

Estaba pensando seriamente en apretar el botón del primer piso y arrancar como el cobarde que soy. Estaba sudando como puerco, siempre que estoy nervioso sudo como un jodido puerco. Hice unos de mis pies hacía adelante para dar el primer paso y dejar este pánico atrás.

Vamos Edward, tú puedes.

Un paso.

Solo un paso.

Las puertas del ascensor se cerraron tras de mí cuando finalmente estuve pisando tierra peligrosa.

Quería llorar.

— ¿Edward? ¿Estás aquí aún?

Tal vez pensaba que me había ido. Si no le contesto pensará que huí despavorido de su hogar. Eso no podía suceder, solo lo había pensado, puede que incluso estuve a punto de lograr el cometido, pero al fin y al cabo me había quedado, ¿no? Ahora, te harás hombre, como Jasper dijo.

— A-aquí es-estoy —murmuré, apareciendo por el pasillo que daba al ascensor. Isabella estaba en su sala de estar, esa donde habíamos revisado los borradores la otra vez. Me sonrió y tomó asiento en el sofá de tres cuerpos, mientras dejaba una botella individual de cerveza sobre la mesa de centro.

— ¿Quieres una? —me preguntó, apuntando la botella de Heineken.

— Uh, por favor —se puso de pie y fue en búsqueda de una botella para mí. En su ausencia me acerqué rápidamente al sofá y me senté en el extremo más alejado de ella. Recordé que la vez anterior había hecho algo casi similar y una sonrisa se instaló en mi rostro.

Algunas cosas no cambian.

— Ten, aquí tienes —tomé la cerveza y le di un rápido sorbo. Estaba heladísima así que me refresco la garganta por un buen rato. Isabella se sentó junto a mí y nuevamente nos quedamos en silencio. Solo se escuchaban los "glups" y "ahs" cuando tomábamos un poco de la cerveza— Entonces…

— ¿Te gusta la dominación? Porque Jasper me hizo leer un libro donde hablaban de eso, ¿te gusta hacer esa clase de cosas, Isabella?

— ¿Qué? ¿De qué demonios estás hablando Edward? ¿Dominación?

— Si, ya sabes, cosas como: "Es hora de que recibas tu castigo" "Sí, amo" —murmuré con mofa— ¡Dime que no te gustan esas cosas!, ¡dime que no tendré que usar un collar de sumisión!

— ¿Collar de sumisión? ¿Qué demonios te hace leer Jasper? ¡Por Dios! ¿Collar de sumisión? ¿Estás hablando enserio? —Isabella dejó la botella de cerveza sobre la mesita de centro y comenzó a reír como desquiciada— Oh muchacho, con razón estabas tan aterrado ¿Qué otras cosas pensaste que te haría? ¿Amarrarte a la cama? ¿Darte nalgadas? —Me sonrojé en la parte de las nalgadas e Isabella volvió a reír— ¡Darte nalgadas!

— O pellizcar mis pezones.

— ¿Pellizcar tus pezones?

Uhu —murmuré avergonzado.

— ¿Cómo se supone que haría eso, Edward? —ella estaba completamente divertida con todo esto. Yo no le encontraba la gracia, porque no tenía gracia, para nada ¡llegué a soñar con esto!

— Eh, ¿con pinzas?

—Entonces, veamos —Isabella se acomodó sobre el sofá, mirando hacia mi— Tú estabas seguro de que te amarraría, te daría nalgadas, te haría usar un collar de sumisión y tiraría de tus pezones con unas pinzas — ¡Ouch! Una mueca de dolor se instaló en mi rostro— Eres completamente adorable.

— No soy adorable —refunfuñé con las mejillas coloradas— Jasper me dio este libro… Se suponía que yo debía leer hasta el capítulo tres, pero eran muy pocas páginas, ¿sabes? Entonces seguí adelante y aparecieron todas estas imágenes de gente siendo sometida —un escalofrío recorrió mi cuerpo—. Luego Jazz me hizo quemar el libro.

— ¿Jasper te hizo quemar el libro? ¡Bendito sea!, espero nunca más vuelvas a leer ese tipo de cosas —le dio el último sorbo a su cerveza y se puso de pie— Y por pensar todas esas cosas, tendré que castigarte.

— ¿Cas-castigarme?

Sip, ponte de pie Edward —puso sus brazos en forma de jarra y levantó una de sus cejas en expectación. Tragué saliva y me puse de pie, mis piernas nuevamente se volvieron de gelatina— Es hora de que comenzamos con tu lección número uno.

¡Mamma mía!

— Edward, sácatelos, ahora.

— Pero, pero ¡ya estoy sin la remera! —Rodó sus ojos y se acercó peligrosamente a mi— ¿Qué estás haciendo?

— Si no quieres sacarte los pantalones, lo haré yo, ven aquí —me quedé estático en mi lugar y me negué a moverme. Ella no me iba a quitar mis pantalones— Joder, Edward —se acercó con rapidez y jaló de la pretina de mis pantalones, nuestros cuerpos colisionaron con suavidad y ella acomodó sus manos en mi cremallera.

— Isabella…

— ¡Oh, vamos! Tampoco es como si fuera la primera vez que le quito sus pantalones a un chico, así que no te hagas de rogar, mira que pensaré seriamente en eso de darte nalgadas si sigues así de terco —sonrió mientras bajaba la cremallera de mis pantalones lentamente. Estaba completamente sonrojado por la situación—. Listo, ¿quieres que los saque o puedes hacerlo tú? —sin hablar me despojé de los pantalones e instintivamente cubrí mi parte sensible con ambas de mis manos.

— ¿Y-y aho-ahora? —pregunté, nervioso.

— Linda ropa interior —me sonrojé aún más si es que era posible. Jasper me había suplicado que no fuera con mis bóxers de Spiderman, pero qué, si este era yo— Y esos calcetines, chico —Isabella no pudo aguantar la risita que quería escapar de sus labios.

— Solo ríete, ya estoy acostumbrado a que la gente siempre lo haga —me encogí de hombros restándole importancia al asunto. Una pequeña sonrisa se instaló en sus labios, tomó de mi mano e hizo que me girara mirando a la gran cama que se encontraba tras nosotros.

Era estilo victoriano, no pude evitar imaginar a María Antonieta entre todos esos cojines de colores pasteles que la adornaban, tenía unos postes en sus cuatro esquinas y de estos caía un velo transparente que le daba cierta intimidad. Isabella era algo excéntrica con sus gustos.

— Te quiero ahí —me dijo, apuntando el medio de la cama— Ve, ahora —y le dio un suave golpecito a mis pompas.

¡Oye, nada de nalgadas!

— ¿A-aquí? —le pregunté, mientras me hundía en los cojines, eran realmente suaves y blanditos.

No se te ocurra quedarte dormido Edward.

— Te ves bien, ahí, en medio de mi cama —Isabella estaba frente a mí, a los pies de la gigantesca cama que ocupaba su habitación— Es increíble lo adorable que te vez acomodado en mis cojines, con tus bóxers de Spiderman, tus gafas y tus calcetines de distintos colores —sentí el rubor subir a mi rostro mientras ella soltaba una pequeña risita.

¡Santa madre de Dios todopoderoso!

¿Este era su supuesto castigo?

Porque yo no lo sentía como un castigo.

Bueno, si dejamos de lado el que estoy completamente semi-desnudo y a su merced sobre su cama, mientras que ella aún tiene todas sus prendas de vestir. Puede que sea un poco humillante. Solo un poco, porque la cantidad exagerada de cojines que tiene en su lecho permite que cubra mi cuerpo prácticamente.

— ¡Hey, deja esos cojines donde estaban! —chilló, cuando tomé uno de los cojines para cubrir mi regazo.

— Pero, pero ¡no es justo!

— ¿Qué no es justo? —me preguntó, tomando asiento a los pies de la cama.

— Yo, aquí, no es justo —inflé mis mejillas inconscientemente debido al momento. Isabella rió y yo me crucé de brazos— Además, tengo frío.

— Oh, ¿tienes frío? —Preguntó con un poco de burla— ¿Quieres que me acomode junto a ti para mantener el calor corporal, Edward? —abrí mis ojos de par en par y negué con mi cabeza.

— No, n-no gracias.

— Esta bien, como quieras —rodó sus ojos y luego comenzó a hacer algo que no creí que fuera posible.

Vi en slow motion como comenzaba a quitarse su sweater lentamente por sobre su cabeza. Cuando este finalmente estuvo fuera, me guiñó un ojo y agarró el dobladillo de la polera que estaba utilizando, la fue subiendo con extrema lentitud, estaba a punto de comenzar a hiperventilar y no tenía mi bolsita conmigo.

Polera fuera, bienvenidos sean pechos.

Isabella estaba utilizando un sostén de encaje negro que enmarcaba a la perfección sus pechos. Eran como salidos de un cómic, demasiado buenos para ser verdad. No eran exageradamente grandes a lo playboy ni muy pequeños a lo tabla de planchar, nope, estaban bien, se veían más que bien.

Sus manos bajaron lentamente hasta el botón de su pantalón de mezclilla.

No podía sacar mi vista de sus manos.

De cómo estas desabrochaban el botón y comenzaban a bajar la cremallera lentamente…

Lentamente…

— ¿Quieres hacerlo por mí? —mis ojos subieron por su cuerpo con lentitud hasta que se toparon con los suyos. Una sonrisa adornaba su rostro mientras esperaba mi respuesta.

— Yo, uh, ¿esta es la primera lección? —pregunte estúpidamente.

— ¿Quieres que lo sea?

— Yo… Yo creo que —tragué pesado nuevamente y la volví a mirar— ¿Dónde está mi chaqueta? Necesito mi bolsa, ahora.

— ¿Estás teniendo problemas para respirar otra vez? ¿Qué te parece si te doy respiración boca a boca?

Ella quería matarme.

Este era mi castigo, claro, como no lo vi antes. Me estaba torturando lentamente ¿Es que nunca ha visto una de esas películas de Nerds que hace Hollywood? Todo en lo que piensan es sexo, sexo, computadores, video juegos, chicas, pechos, sexo, sexo; pero cuando llega el momento se orinan en sus pantalones o la chica con la que logra perder su virginidad está demasiado borracha como para recordarlo al otro día.

Así estaba yo ahora.

Solo que la chica en cuestión no estaba borracha y sabía perfectamente lo que hacía.

Bien, solo esperaba que mi vejiga no me jugara una mala pasada.

¿Cómo puede esperar que me pare, vaya hacia donde ella y le quite los pantalones?

Estaría muerto incluso antes de siquiera tocar el suelo con el dedo gordo del pie.

Un ataque al corazón sería la causa de la muerte.

Isabella comenzó a gatear encima de la cama hacia mí. Ella solo estaba utilizando su ropa interior. Finalmente se había desprendido de sus pantalones y yo no me había dado cuenta por estar divagando. Sus pechos se balanceaban mientras se arrastraba por la cama hasta llegar donde me encontraba yo. Comenzó a aproximarse por sobre mis piernas, podía sentir el suave roce de nuestros cuerpos mientras ella subía mas y mas. Su nariz estaba prácticamente tocando la mía, pestañeé un par de veces y volví a tragar saliva.

— Siempre he querido verte sin las gafas, así que ahora ha llegado el momento… —se sentó deliberadamente a horcajadas sobre mi regazo. Cerré los ojos y me tensé visiblemente.

Rayos.

Todo esto era incluso más difícil con ella.

Isabella poso sus manos con delicadeza sobre mis lentes y comenzó a retirarlos lentamente de mi rostro. Me incomodaba un tanto el no tener mis gafas ya que no vería nada de nada sin ellos. Pero iba a ser solo por un momento, supongo, así que al menos podía darle en el gusto con eso.

— Abre los ojos —susurró. Le hice caso y fui abriendo mis ojos lentamente. La verdad es que veía realmente borroso, lograba divisar el rostro de Isabella solo porque se encontraba a unos escasos centímetros de mi, pero el resto era una dimensión desconocida— Vaya —murmuró algo sorprendida, fruncí el ceño sin saber el porqué— Con estas gafas no se logra apreciar tus ojos, tienes unos ojos muy hermosos Edward, realmente llamativos.

— Gra-gracias —murmuré un tanto avergonzado, no estaba acostumbrado a los halagos.

¡Vamos! ¿A quién engaño? Nunca me habían halagado en la vida.

Excepto mamá, que siempre me dice que soy el hombre más guapo del mundo.

Ya saben, madres…

— Y eso, ¿cómo lo haces? —sacudí un poco la cabeza volviendo –o intentando, debido a mi falta visual– a poner atención en Isabella. Pero cuando sentí un suave toque en mi mejilla correspondiente de su delicada mano, el color subió a mí nuevamente— Y ahí está, me encanta ver como tu rostro se pone de todos los matices de rojo posible, es realmente fabuloso.

— E-es es-estúpido —murmuré, soltando un pequeño bufido, tratando de hacerme el so macho.

— Ah, nope. No lo es, creo que es encantador —desvié la mirada, si servía de algo. Isabella volvió a soltar una risita—, ¿quieres tus gafas devuelta, chico? —asentí un tanto apenado. Isabella volvió a poner las gafas con cuidado sobre el puente de mi nariz y nuevamente todo volvió a ser HD.

— Así está mejor —murmuré, cuando todo lo que rodeaba la habitación volvió a tener sentido y dejo de ser una mancha borrosa.

Observé detenidamente a Isabella, quien estaba realmente, realmente cerca de mí. No había palabras para describirla, desde que entré a trabajar a la editorial y la conocí supe que era una de esas bellezas que no encuentras muy a menudo, de hecho, solo había que mirarla una vez para darse cuenta de ello. Pero tenerla aquí, frente a mí de este modo tan despreocupado, con su cabello desordenado y la hermosa ropa interior negra de encaje que estaba utilizando.

Podría mirarla por horas sin aburrirme, de eso estaba seguro.

— ¿Qué sucede? ¿Tengo algo en la cara? —preguntó, frunciendo el ceño mientras que con sus manos tocaba su rostro para buscar cualquier cosa. Sonreí y negué con mi cabeza— ¿Por qué me mirabas así entonces?

— Uh, yo solo estaba… Te ves realmente hermosa —no sé de donde murmuré eso, pero salió de mi boca finalmente.

— ¿Lo crees? —me preguntó, moviendo sus cejas sugestivamente. Solté una pequeña risita y asentí— Gracias por el halago, Cullen —me guiñó un ojo y nos quedamos en silencio luego de un rato, solo observándonos.

¿Qué se supone que venía ahora?

En el libro de Jasper no salía nada para esto.

En realidad el libro no decía nada sobre la conducta previa a los jugueteos previos, como él solía llamarle.

Debía… ¿Debía besarla o algo?

Sin proponérmelo mis ojos cayeron en sus rosados labios. Eran pequeños y rellenos. Vi como la punta de la lengua de Isabella salía de improvisto y remojaba lentamente sus labios, y luego para rematarla sus dientes atrapaban suavemente su labio inferior. Diablos, eso no estaba bien. Sentí un leve tirón en mi entrepierna y le rogué a Thor que mi amigo no se despertara en estos momentos, no cuando tenía a Isabella presionándose justo en la parte baja de mi anatomía.

— ¿Edward?

— ¿Mhm? —estaba ensimismado observando su pequeña boca y como esta se movía al hablar.

— ¿Quieres besarme, Edward? —pestañeé un par de veces ante lo repentino de su pregunta. Mis ojos dejaron reticentes su puesto anterior y se clavaron en los chocolates de Bella. Mis mejillas estaban algo calientes debido al nerviosismo que estaba sintiendo.

— Yo... ¿Puedo? —pregunté dudoso. Isabella sonrió dulcemente y asintió con su cabeza. Hice una mueca con mis labios, preparándome mentalmente para este momento.

¿Cómo debía hacerlo?

Oh, no, esperen… ¿Cómo comenzaba un beso?

Cuando estaba con la falsa de Tanya ella era la que se devoraba, prácticamente, mi boca y yo no ponía reproche alguno, supuse que así le gustaba a ella, ¿no? Además no era muy agradable del todo, porque siempre me dejaba con sus residuos salivales por toda la cara, y ahora que lo pienso me pregunto qué clase de bacterias esa mujer tendrá en su boca.

Ew, Edward.

Y ahora aquí estaba, sin saber cómo demonios se comenzaba un beso.

— ¿Estás bien?

Sip.

— No sabes cómo comenzar esto, ¿cierto?

Nope.

— ¿Qué voy a hacer contigo, Edward?

— ¿En-enseñarme?

— Entonces… esta será tu primera lección campeón, como tomar la iniciativa con los besos.

Y ahí fue cuando sucedió.

Como un cuento de Disney.

Como en la serie Once Upon a Time.

El beso del amor verdadero.

Si, estaba exagerando, pero era lo único que podía hacer en este momento para relajarme.

Isabella sonrió con dulzura y apoyo sus manos sobre mis brazos. Me acarició suavemente y se acercó a mi oído donde susurró un leve "relájate" Su voz se escuchaba como un arrullo, así que me dejé llevar por el momento y deje los nervios de lado.

Nuestros ojos estaban conectados y en ningún momento se separaron. Cuando sus manos se posaron sobre mis mejillas comencé a sentir como el nerviosismo trataba de apoderarse de mí por enésima vez en el día. Mordí mi mejilla internamente cada vez que Isabella acercaba su rostro un milímetro más al mío.

Estaba tan cerca que podía sentir su fragancia frutal apoderándose de mi espacio personal.

Era como si fuéramos el sistema solar y nos atrajéramos mutuamente al estar en el mismo campo gravitacional.

Sus labios rozaron los míos suavemente, aun no cerraba mis ojos y podía ver claramente como los de Isabella cambiaban dándole un matiz más oscuro, salvaje.

Recuerdo mi primer beso con Tanya y como no sentí nada de las maripositas y esas cosas que la gente describe, y como ilusamente pensé que aparecerían con el tiempo.

Algo tenía Isabella que con solo un íntimo contacto me llevó hasta la estratósfera.

Sus labios se amoldaron dulcemente sobre los míos, una leve caricia, como el aleteo de un colibrí. Me prohibí cerrar los ojos a pesar de que Isabella ya lo había hecho. Su boca se movía a un lento compás que no fue muy difícil de seguir gracias a Dios. Todo esto se sentía extraño, nuevo para mí. Ladeó su cara y dejó un nuevo beso en mis labios, estaba vez profundizando más, cuando sentí la punta de su lengua recorrer mi labio inferior no me aguante más y me deje llevar, cerrando mis ojos me fui al país de las maravillas.

Solo que allí no se encontraba Alicia.

Nope.

Solo estábamos Isabella y yo, besándonos sin apuro alguno.

Debo admitir que tuve miedo al principio, nuevamente había pensado totalmente mal de ella y creí que esta experiencia sería algo similar a lo que fue con Tanya. Yo no tengo mucha suerte que digamos, podría haber sucedido algo como eso después de todo.

Isabella se separó lentamente de mí y junto nuestras frentes.

— Uh, ¿era necesario sacarnos la ropa para esto? —le pregunté en un murmullo, sin querer alterar la paz que se había instalado en el lugar. Isabella soltó una leve risita y dejo un rápido beso en mis labios.

Uh, oh.

"Creo que podría acostumbrarme a esto" pensé.

— ¿Crees que podrías acostumbrarte? —me sonrojé al darme cuenta de que no lo había pensado como yo había creído y que en verdad lo había dicho en voz alta, eres un genio— Entonces puedo seguir besándote, ¿huh? —y para respaldar lo que decía, dejó un nuevo beso en mis labios— Mhmm, ¿sabes? me gusta esto —murmuró, sus labios rozando aun los míos mientras hablaba en un bajo volumen. Volvió a dejar un casto beso sobre mis labios— Si, me gusta.

Okay, bueno, era suficiente.

En cualquier momento explotaba por lo rojo que estaba.

— ¿Sabes? El otro día leí en un artículo que un beso pone en movimiento treinta y cuatro músculos faciales y consumen un total de dieciocho calorías —me sentía más seguro hablando de tecnicismos así que seguí como si nada, ignorando las miradas que me daba Isabella, quien de la nada dejó un corto beso en mi nariz— también leí que en la Edad Media para sellar algún trato la gente firmaba con una equis y luego besaban el lugar de la firma —ahora besó mi mejilla izquierda— Y… Y ¿has escuchado de los riesgos que los besos conllevan? Te puedes pegar la gripe —Dejó un sonoro beso en mi mejilla derecha y luego sujeto mi rostro entre ambas de sus manos.

— ¿Sabes? Encontré una manera realmente entretenida para mantenerte en silencio.

— ¿S-sí? —pregunté confundido, frunciendo el ceño ante su cara de total diversión.

— Ajá, es la mejor manera ¿quieres que te la muestre? —sus ojos eran tan cambiantes y expresivos.

Por eso cuando junto sus labios finalmente con los míos los mantuve abiertos, ellos me dirían si lo que estaba haciendo estaba bien, si iba por el buen camino, si había podido seguir el hilo, pero lo que realmente me impulsó a seguir y dejar el nerviosismo y la timidez de lado fu la calidez que vi en ellos.

Como dijo O. K. Bernhardt, un escritor alemán:

"No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos."

Puede que no haya sido mi primer beso, pero se sintió como tal.

— ¿Es-estás segura d-de que quie-quieres mostrármelo? ¿Qué n-nos quedará p-para la próxima l-lección? —Isabella soltó una carcajada y rodó sus ojos.

— Chico, no creerás que estaremos solo besándonos, ¿no? —me cerró un ojo y continuó— Esta por ser la primera fue fácil, me preguntaste si era necesario quitarnos la ropa para hacer esto —Isabella sonrió como Cheshire— Necesario, sí, para que te vayas acostumbrando a estar sin ropa.

— ¿N-no ibas a mostrarme algo? —cambié el tema para olvida nuevamente que solo estaba en mis bóxers y que ella estaba sentada sobre mí, sin nada más que su ropa interior de por medio.

— Ah, sí —sonrió abiertamente y nuevamente se lanzó a mí— La nueva forma de mantenerte callado —murmuró sobre mis labios, antes de besarlos. Sonreí contra su boca cuando esta se posó sobre la mía y una nueva danza comenzó entre las dos.

Ésta había sido la mejor primera lección de todo el universo.

Y la recibí, como el caballero que era.

Como dije con anterioridad: Un chico podía acostumbrarse a esto.

Eddie definitivamente podía acostumbrarse a esto.


¡Buenas tardes!

Capítulo 15 arriba :) espero lo disfrutan, y no se sientan decepcionadas, Eddie es un bebé e Isabella tendrá que ir a pequeños pasos con él, no podía simplemente lanzarse, capacito que al pobre le hubiera dado algo, si estaba así por un beso... dioh. Aquí tenemos el primer beso de los dos, de muchos que le seguirán, y de otras cosas que seguirán también, solo les pido paciencia chicas, que algunas ya quieren que el pequeño entregue su flor (?) pero el la cuida, así que Isabella tendrá que saber ganársela XD para el próximo miércoles estará el siguiente capítulo, creo que el miércoles se ha hecho mi día de actualización. Por cierto, he agregado dos nuevas portadas por si les interesa verlas, están en mi perfil :)

¡Muuuchas gracias por sus hermosos reviews, alertas y favoritos!

Todas ustedes son un amor con el apoyo que me dan y sus lindas palabras, no me queda nada mas que decir :)

~ Lamb.