Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Primerizo.
Summary: ¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? Ah sí, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba? Todos Humanos. Bella&Edward
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction ) porque de ahora en adelante me ayudará a corregir los capítulos, así que los "peors" pasaran a ser los "peros" que corresponden.
Capítulo 19: La segunda lección de Eddie.
¡Me dolía la cabeza un montón!, ¿acaso la jaqueca había vuelto a mi?
— ¡No te muevas!, quédate quieto, es temprano aún…
Me quedé paralizado por un momento cuando escuché esa voz tan familiar venir desde mis espaldas. Me removí en la cama una vez más y sentí un extraño peso sobre mi estómago, el cual se afianzó cuando trate de escapar. Parpadeé un par de veces y como pude traté de enfocar mi nublosa mirada en la cosa que se encontraba sobre mi estómago.
Un brazo.
Sobre mi estómago había un brazo.
— ¡Joder, Edward!, ¿es que no puedes quedarte quieto? Tengo sueño…
Me quedé como una piedra una vez más mientras sentía como ella acomodaba su rostro contra mi espalda, soltaba un largo suspiro y se volvía a dormir, dejándome completamente en la duda de lo sucedido con anterioridad. Carraspeé incomodo y tomé el brazo que descansaba sobre mi estómago delicadamente para tratar de removerlo.
Mala idea.
— ¿¡Qué mierda quieres!?
— ¿Q-qué sucedió? ¿P-por q-qué estoy a-aquí? ¿Q-qué fue l-lo q-que hicimos?
— Oh, ¿no recuerdas nada? —su voz estaba impregnada en diversión. Negué con mi cabeza aturdido, sin mirarla de frente, me sentía avergonzado de una extraña manera— ¿Estás seguro de no recordar nada, Edward?
— S-sí, se-seguro, n-no recuerdo n-nada —murmuré nervioso, me alejé un poco de ella ya que la situación me estaba sobrepasando, estaba a punto de sacar las sábanas de mi cuerpo cuando finalmente me percaté de algo a lo que no le había puesto mucha atención…
Oh Dios.
Levanté la sábana con temor y mis sospechas fueron firmemente confirmadas.
Oh Dios.
Me iba a desmayar.
Oh Dios.
¿Dónde estaba mi bolsita de papel?
Oh jodido Dios.
¿Por qué estaba desnudo?
…
— ¿Edward? ¿Te encuentras bien?
¿Qué si me encuentro bien? Señorita Swan, déjeme decirle que me encuentro completamente fatal. No podía ponerme de pie sin quedar en evidencia. Maldito cuerpo, maldito traje de Ms. Marvel, maldita erección notoria. Emmett siempre me recomendaba pensar con la cabeza racional, pero en algunos casos era imposible ¡Por algo esa no era la cabeza racional, porque el muy maldito se mandaba solo!
— ¿Edward? ¿Me estás escuchando?
— Y-yo… Uh, si.
— Bien, será mejor que nos vayamos. Deben estar esperándonos en el lugar —Ella ni siquiera se puso un abrigo encima. Lo estaba haciendo a propósito, de eso estaba completamente seguro— ¿Te vas a poner de pie o no?
— Eh, no.
— ¿Edward? —Se acercó a mí con el ceño levemente fruncido— ¡Vamos a llegar tarde jovencito! Ponte de pie enseguida, Jasper debe estar desquiciado recibiendo a los invitados.
— N-no quiero, esperemos un tantito más, ¿sí? Solo un poco más… —sentado todo pasa desapercibido, era la ilusión óptica de la postura en la que me encontraba que no dejaba ver aquel problema que estaba teniendo en la parte baja de mi anatomía.
— ¿Qué es lo que te sucede ahora? ¿Por qué no puedes ponerte de pie? —Me sonrojé sin saber que contestarle, no podía simplemente decirle que toda la sangre de mi cuerpo se había concentrado en una zona en especifico— ¿Estás teniendo algún tipo de problema, Edward?
Su voz sugerente no ayudaba del todo.
Piensa en otras cosas, en Jasper utilizando un tanga, en Jasper cabalgando sobre un corcel completamente desnudo, con todas sus partes meneándose en el aire. Ew, una imagen realmente asquerosa que ayudará a mi problema. Cerré mis ojos y empecé a contar en números primos.
Dos, tres, cinco, siete…
— ¿Necesitas que te ayude, chico?
— Nope, todo está bien —me puse de pie rápidamente y me aleje de ella lo más que pude.
Meta de esta noche: permanecer a un metro de distancia de Isabella Swan.
— Esta bien, es hora de irnos, ¿andas en tu automóvil, cierto?
Asentí, soltando un pequeño suspiro interno.
…
— ¿Esto es un auto? —Isabella se vino todo el camino despotricando por el tamaño del escarabajo de Rose. Rodé mis ojos por enésima vez al oír su queja— No sé cómo tu cuñada puede andar en esto, ¿es que acaso su panza cabe aquí? Me imagino luego cuando esté más grande.
— Por favor, no digas nada sobre el peso de Rose cerca de Emmett, puede que mi hermano esté un tanto sensible debido al embarazo —le comenté, mientras la ayudaba a salir del auto. Extendí mi mano e Isabella la tomó rápidamente, cuando finalmente estuvo fuera me alejé de ella en un santiamén.
— ¿Qué pasa ahora? ¡Joder!, eres tan malditamente extraño, ¿te hice algo? —me pregunto con exasperación. Negué con mi cabeza avergonzado y me dispuse a subir la escalera que daba con la entrada del local, sin esperar por ella— ¿¡Dónde quedó tu puta caballerosidad!?
Isabella llegó a mi lado velozmente, subimos la escalera a la par, yo trataba por todos los medios de no mantener ningún tipo de contacto con ella. Recuerda la regla de un metro de distancia, Edward. En la puerta se encontraba Jasper con su disfraz de Hobbit recibiendo a la gente que aún iba llegando, solo quedaban algunos minutos más para que finalmente comenzara esta fiesta que había impartido la editorial.
— ¡Al fin llegan! —chilló mi rubio amigo— Uh, Bella, tu padre estaba preguntando por ti dentro —le dijo Jasper con pesar, pude ver una pequeña mueca formarse en la boca de Isabella ante la mención del señor Swan.
— ¡Diablos! Está bien, iré dentro, no se entretengan mucho aquí, ¿sí? Ya pronto comenzará —Isabella me guiñó un ojo y se abrió camino a la fiesta.
El lugar estaba decorado con artilugios correspondientes a la noche de brujas. Había uno que otro esqueleto colgando en la puerta del recinto, mientras que la escalera estaba adornada con pequeños farolitos hechos de calabazas. Dentro, la decoración era de un color negro y naranja, había unas cuantas telas de araña, en una esquina había una estatua de una bruja que estaba revolviendo una olla de la cual salía humo y por último, el cielo del lugar estaba repleto de murciélagos de plástico, las luces blancas le daban un toque escalofriante al lugar.
— Hey, Spidey —Jazz llegó a mi lado y colocó una de sus manos sobre mi hombro—, a nuestros puestos, el señor Black comenzará con la presentación.
Asentí y me deje guiar por Jasper a una mesa donde se encontraban otros colegas, entre ellos Tanya, quien estaba vestida de Jessica Rabbit (1). Estaría mintiendo si dijera que mis ojos no se desviaron por un pequeño lapsus de tiempo, un tiempo insignificante cabe decir. Para mi gran buena suerte, mi asiento estaba junto a ella. Jasper bufó cuando pasó a su lado y la vio vestida de aquel modo, le susurró una palabra también, una de esas que no me gusta usar para describir a las mujeres de moral distraída.
— Te queda bien el traje, Edward —murmuró, soltando una seductora risita— Ya sabía yo que algo bueno debías tener —me sonrojé nuevamente y desvié mi mirada cuando Tanya dirigió su mirada a aquella parte de mi cuerpo que había estado torturándome minutos antes.
Algo tenían las personas con mi entrepierna.
— ¡Buenas noches a todos los presentes y bienvenidos a la fiesta anual de Halloween auspiciada por Black Swan Editorial! —se escuchó un vitoreo general entre los presentes a el saludo del señor Black— Esperamos que esta noche sea inolvidable y así superemos a la del año pasado. ¡Tendremos música, comida, alcohol, juegos y muchas cosas más para su entretención! ¡Feliz noche de brujas a todos nuestros queridos trabajadores y personas presentes esta noche! —con una gran sonrisa el señor Black terminó su discurso. Esperé ver a Isabella subir al estrado mientras la gente aplaudía efervescentemente, pero eso no sucedió, Isabella no estaba por ningún lado.
Con el ceño fruncido seguí inspeccionando el lugar, para tratar de ver entre el mar de gente a Ms. Marvel, pero era realmente difícil diferenciar con las luces que se prendían y apagaban y también la misma gente, era demasiada, era como buscar una aguja en un pajar. Estaba a punto de ponerme de pie cuando sentí una mano sobre mi hombro, alcé mi mirada y me encontré junto al Fantasma de la opera.
— ¿Has visto a Isabella, chico? —me preguntó con preocupación el señor Black, negué un tanto confundido— mierda, si ves a Bella me avisas ¿sí? Le dices que la ando buscando y que me gustaría hablar con ella —asentí.
— ¿Qué quería el grandote? —me preguntó Jasper, mientras le robaba un canapé a uno de los garzones que andaba dando vueltas por el lugar.
— A Isabella, no la encuentra, ¿no la has visto?
— Duh, entré al mismo tiempo que tú y no me he despegado de tu lado, ¿por qué preguntas mierdas? ¡Claro que no la he vis… —Jasper quedó con la boca abierta— Joder, joder, joder.
— ¿Q-qué? ¿Q-qué pasa?
— Alice.
— ¿Dónde? —le pregunte con diversión, siguiendo con mi mirada la dirección hacia donde apuntaba su dedo índice— Apuntar es de mala educación, ¿sabes?
— Cállate idiota, ¿la viste? Joder, es caperucita roja, ¿en qué estaba pensando? —Jazz estaba al borde de la locura cuando divisó a Alice— Salúdala, Edward, llámala.
— ¡Salúdala tú! ¿Por qué tengo que hacerlo yo?
— ¡Porque a mí me odia, se un buen amigo! —rodé mis ojos y alcé mi mano en el aire, moviéndola para que Alice pudiera vernos. Sus azules ojos se fijaron en nosotros y con una gran sonrisa se acerco a nuestro lugar.
— ¡Edward, te queda de maravillas el traje de Spiderman! —Chilló Alice, dándome un beso en la mejilla— Tu tampoco estás mal Frodo.
— En realidad, no es Frodo es… —no pude terminar ya que Jasper golpeó mis costillas con su codo de una manera muy sutil.
— Frodo, si, ese soy yo —agregó estúpidamente— Pero me arrepiento de no haber venido como lobo.
— ¿Lobo? ¿Por qué un lobo? —le preguntó Alice confundida.
— Para ser tu lobo feroz y así poder comerte mejor.
Tal vez a la descuidada madre de Jasper debe habérsele caído de la cuna cuando este solo era un bebé, no hay explicación alguna para aquella forma tan directamente idiota que tiene de comunicarse. Está bien ser directo, pero hay algo llamado filtro y están ciertas cosas que puedes decir y otras que es mejor mantenerlas en tu mente.
— ¡Alice! —la chica estaba a punto de volarle los dientes al idiota de mi amigo— ¿Has visto a Isabella?
— ¿Uh? ¿Isabella? —asentí, para que así olvidara el golpear al pobre Jasper— En el baño, creo.
— Muchas gracias, Alice.
Los dejé solos, pidiendo internamente para que Jasper se comportara por una sola noche y no volviera a arruinar las cosas con la chica por la que estaba de cabeza. Tuve que saludar a un gran tumulto de gente mientras me encaminaba hacia el baño, también tuve que evadir a Tanya, creo que ella aún anda en plan de "desvirguemos al ñoño" y me estaba dando un poco de miedo.
— Disculpe, señor ¿Le apetece una copa? —miré al chico que hacía de garzón, quien me estaba ofreciendo una copa de vaya a saber yo que cosa— la señorita de por allá se la envía, y me dará una buena propina si usted la acepta, ¿por favor? —Tanya movió su mano delicadamente a modo de saludo.
No quería tomar esa extraña sustancia llamada alcohol.
Pero el chico quería su propina.
— Esta bien, dámela —tomé la cope y me la serví de un trago— Ew, ¿qué es esto? ¿Pipí?
— Se supone que es Champagne —rodé mis ojos y me hice a un lado para seguir mi camino hacia el baño.
No era muy amigo del alcohol.
De hecho, con una simple copa bastaba para emborracharme horriblemente.
Por Zeus.
…
— Respira Edward, inhala, exhala… eso muchacho, ¿estás mejor?
Su mano frotaba mi espalda de arriba hacia abajo dulcemente, mientras yo trataba de regularizar mi respiración con mi querida amiga la bolsa de papel. Quería ignorar por todo lo sagrado que ella estaba desnuda –al igual que yo– y me decía una y otra vez que aquellas cosas redondas y blanditas que se presionaban contra mi espalda no eran sus pechos, no lo eran, no.
— ¿P-podrías p-ponerte u-una po-polera, p-por favor? —murmuré sin quitar la bolsa de mi boca y aún sin mirarla directamente. ¿Cómo iba a hacerlo? ¡Solo tenía pequeños flashes de lo sucedido antenoche!
— ¿Realmente no recuerdas nada?
— Uh, re-recuerdo que… —comencé a pensar hasta que momento recordaba— Llegamos al evento, desapareciste, el señor Black te estaba buscando, Jasper y Alice, Tanya acosándome… —y ahí la lámpara se prendió.
— ¿Qué? ¿Qué pasó después?
— Me tomé una copa de pipí.
— ¿De pipí? ¿Qué carajos estás diciendo Edward? —Tomé la sábana entre mis manos, dejando la bolsa de lado, y me cubrí completamente con ella para tapar mi desnudez y la vergüenza que me embargaba— ¿Tomaste champagne? —asentí— ¿No toleras el alcohol, Edward? —Volví a asentir, demasiado avergonzado para responder con palabras— ¿Por qué bebiste, entonces?
— ¡Es que Tanya! —Chillé enfurruñado— Ella solo estaba ahí, apareciendo en cada rincón, cada vez que me daba la vuelta… Y el chico, el garzón… Y entonces ella le dice que le dará una propina, yo no podía decirle que no.
— Espera, para, más despacio… ¿Qué Tanya le daría una propina al chico si te daba aquella copa? —Asentí— ¿Cómo… ¿Cómo puedes ser tan inocente, Edward? No sé si golpearte por estúpido o agarrarte a besos por lo adorable que eres.
La segunda opción sonaba más tentadora desde mi perspectiva.
— Fue solo una copita, estaba asquerosa, por cierto —hice una mueca con mis labios— yo recuerdo que iba al baño y…
Y después me perdí por el espacio con la tripulación de Star Trek.
…
— ¿Qué haces vestida así? ¿Quieres dejar en vergüenza a nuestra familia? ¡Eres una golfa! ¿No te da vergüenza? ¿Qué dirá la gente? ¡Ve a cambiarte inmediatamente! ¡Eres igual que Renée!
— ¡No hables así de mi madre! —Isabella le chillaba al monstruo con el mismo ímpetu. Mi cabeza daba vueltas y yo, en realidad yo no sabía que estaba haciendo ¿Escuchando a escondidas? ¿Dónde estaba exactamente?— Tú no tienes derecho siquiera a decir su nombre.
Y ¡Puf! Un ruido feo se escuchó.
Existían muchas posibilidades para aquel sonido:
Se había caído algo al piso.
Se había caído alguien al piso.
O me había caído yo al piso.
— ¡No te atrevas a hablarme de ese modo nuevamente jovencita!, ¿qué estabas haciendo antes de llegar aquí? Te dejo a cargo de un evento importante y lo único que haces es arruinar todo. Estoy pensando seriamente sacarte de la presidencia de la editorial.
— ¡No puedes, no te atreverías! —la voz de Isabella sonaba angustiada. Fruncí el ceño y tuve un extraño impulso de querer abrazarla y eliminar a aquel monstruo con un avada kedavra— Yo he puesto en pie aquella compañía, ¡es más mía que tuya! ¡Tú solo fuiste el jodido capital!
— ¡Cuida tu boca y que no se te olvide que aún está a mi nombre! —El viejo feo soltó una siniestra risa que me dio escalofríos— Si sigues así nos veremos en tribunales, Isabella.
— Soy tu hija.
— ¿Lo eres? —un silencio sepulcral lleno la habitación… y justo ahí me comenzó el hipo, alertando de mi presencia a Isabella y aquel hombre que se hace llamar padre.
— ¿Edward, que estás haciendo aquí? —Isabella apareció a un costado mío. Estaba a punto de contestarle, o tratar de ya que mi lengua se sentía un poco entumecida, cuando me percaté de una marca roja en su mejilla izquierda.
— ¿Q-qué te pas-só ahí? —le pregunté, frunciendo el ceño y tocando su mejillas delicadamente.
— No pasa nada, tranquilo. Será mejor que volvamos a la fiesta, ¿sí? —tomó mi mano entre las suyas y tiró de mi, para así alejarme del baño donde aún se encontraba ese horrible hombre. Me zafé de su agarre y caminé como pude hasta encontrarme con el señor Swan.
— Un hombre no debe golpear a una dama —le dije, por primera vez en mi vida sin temor alguno. El señor sonrió con arrogancia y me dio una despectiva mirada.
— Por eso la he golpeado a ella —empuñé mis manos ante lo que significaba su comentario.
— Edward, vámonos, por favor —susurró Isabella, tomando mi puño entre sus manos con delicadeza.
— No, el debe escuchar una cuantas cosas y ahora que estoy con alcohol en mi cuerpo es tiempo de que las diga, ya me dirás mañana si estoy despedido ¿sí? —Isabella abrió sus ojos asombrada antes de que yo me girara y quedara cara a cara con el señor Swan— Usted no tiene derecho a tratarla de ese modo, usted no la conoce ¡estoy completamente seguro de que solo se sabe su nombre! ¿Qué clase de padre es?
— ¿Tú la conoces? ¿Conoces que clase de mujer es?
— ¡Pero por supuesto! —chillé exasperado, alzando mi brazos— Ella es una mujer excepcional que sabe cómo llevar su empresa de maravilla, su personal la adora… Fue un poco perra conmigo al principio —me giré hacia Isabella— perdón por la palabra que he usado —se encogió de hombros y seguí con mi discurso—, pero… Ella es esa clase de mujer que todo hombre desearía tener.
— Eres tu el que no conoce a esta pequeña bataclana, viene de su madre, es del mismo calibre de esa mujer —bufé ante las palabras del viejo.
— ¡Usted solo esta endemoniadamente herido porque su mujer se enamoro de otro hombre! ¡Supérelo! Ya está un tanto viejo para esas cosas, ¿no cree? —Isabella tiró de mi brazo repetidas veces cuando su padre comenzó a ponerse de un extraño color rojo.
Así como yo cuando me sonrojaba.
Oh, pero él no se estaba sonrojando.
La bomba Swan estaba a punto de explotar en mi cara.
…
— Eres igual al chico de The Big Bang Theory, Edward. Te desinhibes completamente cuando hay alcohol en tu sistema —Isabella soltó una risita. Me volví a sonrojar recordando el numerito que me había mandado en el baño— Pero hay algo sobre lo que tengo duda aún, ¿cómo sabías que mi madre había dejado a mi papá por otro hombre?
— No tengo idea, solo dije lo primero que se me vino a la mente. En los libros, bueno, los hombres suelen ser así por ese tipo de sucesos, tan solo… tuve la suerte, o la mala suerte, de achuntarle ¿huh? —Isabella soltó una pequeña risita y sus pechos golpearon levemente contra mi espalda.
¿Tanto le costaba ponerse una polera?
— No te agradecí por eso, a decir verdad —se apoyó contra mí y me abrazó desde atrás, apoyando su barbilla sobre mi hombro derecho— Muchas gracias por lo que dijiste, Edward.
— Uh, d-de n-nada —fruncí el ceño al recordar el golpe que su padre le había dado, me giré rápidamente para ver su mejilla— ¿Estás bien? ¿No tienes nada ahí cierto? Recuerdo que tu mejilla…
Nuevamente me volví mudo al recordar porqué no había querido girarme en todo este momento que hemos estado juntos. Isabella estaba desnuda frente a mí. Completamente desnuda, sus pechos rebotaban libremente frente a mis ojos, eran muy lindos y parecían dos bolitas de algodón de azúcar que querían ser degustadas, por mí. Eran de un rosa pálido y… no debería estar describiendo sus pechos, gira la cabeza, mira hacia otro lado.
Me volteé nuevamente sintiendo el color apoderarse de todo mi cuerpo.
— ¿Qué? —Preguntó con burla, apoyándose nuevamente en mi— ¿Estás incómodo, Edward?
— U-uh, ¿Q-qué mas pas-so?
— Oh bueno, puede que después…
— ¡Espera! —chillé, parando lo que ella iba a decir— Antes que todo… ¿Estoy despedido?
— No, Edward, no estás despedido. Solo yo tengo el derecho de hacer eso, y Jacob, papá no tiene nada que ver en esta empresa. Es solo su nombre en un jodido papel, nombre que desaparecerá pronto, pero no te preocupes por ello ahora.
— Está bien —suspiré aliviado— Ahora, ¿qué hice después?
— Bueno, puede que me haya puesto un poco cachonda al verte defenderme de ese modo…
Cachonda.
Y los dos amanecimos sin ropa.
Uh-oh.
…
— Edward, estoy bien, enserio…
Yo no podía creerla, ¡el golpe se había escuchado realmente fuerte! Y su mejilla estaba roja y se estaba hinchando poco a poco. Un extraño dolor se apoderaba de mi pecho al pensar en Isabella sufriendo en manos de su querido padre, por eso no podía simplemente creerle ese "estoy bien" a lo Yuyin.
— Será mejor que vaya a buscar un poco de hielo…
— Quiero irme a casa, ¿te irías conmigo, Edward? —me preguntó, sus ojos cafés me observaban con persuasión. ¿Cómo decirles que no? Eran tan bonitos y tan grandes y… chocolate, parecían dos pozos de chocolates.
— Vamos a casa —tomé su mano y tiré de ella hacia la salida.
Creo que tenía razón sobre el alcohol, porque –descartando la parte en donde caminaba un tanto atrofiado– toda la vergüenza y los temores que sentía diariamente por cualquier situación cotidiana y no cotidiana de mi vida se habían esfumado, me sentía temerario y libre y ahora íbamos al apartamento de Isabella.
Los dos.
Recórcholis.
¿Qué me iba a hacer esta mujer?
Nos subimos en silencio a su limusina, Dimitri estaba en el asiento de conducción y partió el auto con un suave ronroneo del cual casi ni me percato. Me acomodé en el asiento, el efecto del alcohol se estaba esfumando y podía sentir una pequeña gotita de sudor bajar por mi cuello. El traje se estaba sintiendo realmente incómodo y ahora me comenzaba a preguntar con cuanta seriedad me habrá tomado el papá de Isabella vistiendo como Spiderman.
Hasta que divisé una botella con agua.
La tomé en mis manos rápidamente, le saqué la tapa y empiné el codo para darle un gran sorbo. Cuando vi los ojos de Isabella infundados en terror supe que había cometido un gran error.
— ¿Q-qué er-ra es-so? —pregunté, sintiendo mi garganta quemar y mi lengua trabarse sin razón alguna.
— Uh, eso era Ron.
— ¿R-Ron? ¿El am-migo de Harry Potter? —le pregunté, frunciendo el ceño. ¿Me acababa de comer al amigo de Harry Potter? Isabella negó con su cabeza y soltó una pequeña risita— ¿M-me trag-gue a una per-persona?
— No, Edward, no te tragaste a nadie —volvió a reír y cruzó sus piernas. Me sentía en el infierno o puede que en la limusina haga mucho calor.
— ¡Dimitr-ri! ¡Baj-ja las-s ventanas-s que hac-ce mu-ucho calor! —chillé. Ahora Isabella se carcajeaba abiertamente, y con las pequeñas sacudidas de su cuerpo sus pechos se movían de arriba hacia abajo— ¡Dim-mitri me quem-mo!
— Eddie, tranquilo, el aire acondicionado funciona de maravilla.
— ¡Per-ro tengo calor-r! —Isabella sonrió en mi dirección y no pude evitar quedar encandilado con su sonrisa— ¿Por-r qué eres-s tan hermos-sa? —su sonrisa se acrecentó y no pude evitar el fruncir el ceño— ¡N-no sonrias-s! me dan ganas-s de bes-sarte —me crucé de brazos enfurruñado.
— ¿Enserio? —me preguntó curiosa. Asentí en su dirección— ¿Y por qué no lo haces? Ya hemos pasado esa lección, Edward.
— ¿P-puedo? —me guiñó un ojo y asintió.
Me acerqué a ella gateando por el asiento de la limusina, dudaba completamente de mis articulaciones en este momento y estaba seguro de que mis piernas no me permitirían estar de pie. Me acerqué con sigilo hacia Isabella, lentamente hasta que nuestras narices se rozaban suavemente. Isabella aún mantenía una enorme sonrisa en sus labios, lo que me incitaba cada vez más a juntar mis labios con los de ella.
— ¿Qué estás esperando? —susurró, y cuando su aliento golpeó suavemente contra mis labios supe que estaba perdido.
¡Por el poder de Grayskull, vamos Edward!
Me acerqué a tal grado que nuestros labios hicieron su primer contacto, solté una pequeña risita cuando un cosquilleo recorrió mi cuerpo. Comencé a mover mis labios tal y como Isabella lo había hecho la primera vez que nos habíamos besado, se sentía realmente bien, más que bien. Bella tomó mi rostro entre sus manos y me siguió el juego, lento, acompasado, sin apuro alguno… Hasta que ella hizo intrusión en mi boca con su lengua. Alejé de mi mente aquel documento sobre las bacterias en la saliva humana y me concentré en vivir el momento y disfrutar más de lo que ya lo estaba haciendo. Tímidamente entrelacé nuestras lenguas, las cuales se unieron en una armoniosa danza…
Oh, dios, me estoy pareciendo a Jasper con esas frases de libros fresas.
— Vaya, soy una buena profesora parece, ¿huh? —Asentí, sin abrir mis ojos aún— ¿estás listo para tu segunda lección mocoso? —volví a asentir.
Estaba listo para lo que fuera ahora.
Fin del mundo, incluso para ti lo estoy.
…
— Oh…
— Sip, oh.
Yo la había besado. Yo había tomado la iniciativa y a ella le había gustado. Mi pecho se infló levemente ante aquella nueva adquisición. ¡Algo que podía hacer bien finalmente! Isabella me observaba con el ceño fruncido, tratando de descifrar el desorden que tenía en mi mente debido a todo esto.
— Yo, uh, nosotros… Ya sabes—moví mis cejas de arriba abajo, como hacía Emmett.
— ¿Nosotros, qué?
— Nosotros… —me sonrojé a más no poder— nosotros…
— ¿Quieres saber si nosotros tuvimos sexo, Edward? —ah, era tan directa. Asentí, escondiendo mi cara en una de las almohadas que decoraban su cama— bueno, no exactamente…
Cuando Isabella soltó aquella frase, un recuerdo tormentoso se apoderó de mi mente. Un recuerdo que incluía a Tanya y a mi juntos en mi pieza, un recuerdo donde había llegado a la meta sin siquiera sacarme los pantalones, un recuerdo donde ella se burlaba de mi por haber ensuciado mi ropa interior como un púber de catorce años. Creo que incluso un púber lo hubiera hecho mejor que yo, debo preguntarle a Seth la próxima vez que tengamos un encuentro de LOL.
— ¡No me digas que pasó otra vez y por eso estoy desnudo! ¿Ensucié mi traje de Spiderman, cierto? Puñetero idiota que eres Edward, inservible, precoz, bueno para…
— ¡Eh, basta! —Isabella me dio un golpe en la cabeza y volvió a apoyarse sobre mi espalda— no pasó nada de eso, bobo, déjame contarte como fue todo, y para tu información, quedé más que satisfecha con ello…
¿Satisfecha?
…
— ¿Bella?
Nuestras respiraciones estaban agitadas de tanto besarnos. Habíamos llegado finalmente a su pent-house y nos encontrábamos en su habitación, sobre su mullida cama, medios desnudos y devorando nuestras bocas como si fuéramos unos zombies. Isabella me miro con sus ojos cristalinos esperando a que continuara.
— Quiero preguntarte algo, algo que escuché de Jasper y no sé que es.
— Ah, joder, me pregunto qué te habrá metido en la cabeza ahora… ¿Qué es lo que quieres preguntar, cariño?
— Uh, ¿Qué es la mirada del cocodrilo?
Yo me encontraba sobre Isabella, tenía todo mi peso apoyado en mis codos, debido a mi posición podía sentir las vibraciones de su cuerpo debido a la gran carcajada que había soltado luego de la pregunta que le había hecho. Unas pequeñas lagrimitas escapaban de sus ojos a causa del ataque de risa que estaba teniendo.
— ¡Puto Jasper! —Chilló, cuando la risa iba menguando poco a poco— Siempre con sus ocurrencias, y tú, siempre escuchando cosas que no debes —su mano derecho acarició suavemente mi mejilla— ¿Enserio quieres saber qué es eso? —me preguntó con un brillo de diversión en sus ojos.
— Uh, bueno, si —asentí, curioso— no estaría preguntando, Jasper también se rió de mí cuando le pregunta qué era eso, ¿qué es?
— Baja.
— ¿Uh?
— Que bajes te digo —Isabella me empujaba de los hombros hacía abajo. Con el ceño fruncido le hice caso y quedé a la altura de sus pechos. Estaba enamorándome de sus pechos— baja mas, pequeño —baje un poquito más por su cuerpo, mirando, sin perderme ningún lugar de este. Quedé finalmente en su ombligo.
— ¿Ahí está bien? —le pregunté, mirando hacia arriba y conectando con sus ojos. Sus ojos estaban oscurecidos y su respiración se había vuelto un poco más errática. Fruncí el ceño sin saber que era lo que había hecho para que se pusiera así, ¿estaba haciéndolo bien, cierto?— ¿Isabella?
— B-baja un poco más, E-Edward —susurró entrecortadamente. Tragué saliva mientras me concentraba mentalmente en lo que me estaba pidiendo, si bajaba un poco más quedaría justo ahí, en su flor.
Vamos Edward, tú puedes campeón.
Es ahora o nunca, no volverás a beber alcohol en tu vida.
Cerré mis ojos y solté un largo suspiro, cuando los abrí pude divisar que Isabella tenía piel de gallina, sonreí un poquito sabiendo que yo había causado eso, y finalmente bajé lo que ella me había dicho, llegando así a la tan esperada Baticueva.
¿Q-qué era lo que tenía que hacer aquí?
— Esa posición es la, vulgarmente conocida, "mirada del cocodrilo" —me explico, con un suave tono de voz. Solté una pequeña risita entendiendo el nombre de la posición— Joder, no te rías, no cuando estás ahí maldito chico…
— Oh, lo siento.
— ¡No hables! —Isabella tenía las manos echa puños.
No sabía qué hacer. Mi boca estaba prácticamente sobre su aparato reproductor, y si me movía un poquitín ella sentía cosas, ¿sentirá las mismas cosquillas que sentía yo cuando la vi en el traje de Ms. Marvel? Isabella refregó sus muslos, levanté mi cabeza para quedar prendado nuevamente de sus pupilas.
— No me mires detenidamente ahí, tampoco.
— ¿Q-qué hago en-entonces? —le pregunté, sintiéndome como un completo idiota— ¿Sabes? Papá tiene una figura del aparato reproductor femenino en su oficina, es desmontable, nunca he visto una real…
— Me vas a matar, juro que me vas a matar… —Isabella suspiró con angustia y cerró sus ojos por un momento—"Nunca he visto una real" ¡Pareces un jodido niño de cinco años! ¡Quítame las jodidas bragas de una vez! —asentí y le hice caso en lo que me dije, deslicé lentamente su ropa interior por sus piernas hasta que finalmente estuvo fuera de su cuerpo.
Ahí estaba la Baticueva frente a mí.
Esa maldita bribona, ¡al fin nos vemos las caras!
— Uh, whoa —me acomodé como estaba anteriormente. Isabella abrió sus piernas ligeramente y yo comencé a… ¿a jugar?— Es blandita —dije, mientras picaba su entrepierna con mi dedo índice— Se parece… —solté una pequeña risita mientras inspeccionaba la flor de Isabella— Se parece a la boca de Homero Simpson.
— Eres… eres único —dijo, antes de comenzar a reír histéricamente.
— ¡P-pero si es cierto! —chillé, mientras Isabella se revolvía y abría mas sus piernas en el proceso. Mientras tocaba con mi dedo la parte noble de Isabella pasé a llevar un punto que la hizo tensarse de manera visible— ¿Q-qué hice? ¿Hi-hice algo m-malo?
— Oh no, nada de eso, hazlo otra vez… —ronroneo. Me apoyé en mi brazo desocupado y volví a pasar mi dedo por la abertura de su aparato, Isabella dio un pequeño respingo y soltó un leve suspiro.
— ¿Sabes? Aquí tienes tu segunda lección —ladeé mi cabeza sin entender lo que decía— Dame tu mano —le di la mano que estaba utilizando para toquetearle y ella volvió a posicionarla sobre su baticueva, agarró mi dedo pulgar y comenzó a moverlo de arriba abajo sobre un pequeño botón rosa.
— Mhm, ¿E-el punto G? —le pregunté, pendiente de sus reacciones a tan minúsculo movimientos. Ella se veía completamente radiante, una pequeña capa de sudor se estaba apoderando de su cuerpo y pequeños jadeos abandonaban su apetecible boca.
— N-no… no es e-eso —siguió moviendo mi dedo contra ese peculiar lugar, esta vez con más rapidez— ¿P-puedes hacerlo s-solo? —rodé mis ojos ante su pregunta.
— Claro que puedo —su mano abandonó la mía al momento de decir aquello y agarró fuertemente la sábanas. Seguí haciendo movimientos circulares con mi dedo pulgar sobre su… — ¡Éste es el famoso clítoris!
— S-si Edward, ese es el fa-famoso clítoris —respondió entrecortadamente— Y ahora ne-necesita tu a-atención, joder, ¡más rápido chico!
Comencé a frotar mi dedo con mayor ímpetu, haciendo movimientos circulares, horizontales, verticales, formas que hubiera para poder moverme el maldito dedo que estaba que Isabella estuviera a punto de llegar a tener su orgasmo. Había leído que este pequeño botón de nervios estaba hecho solo para el placer sexual de la mujer, que no existía otra función más que esa.
¡Bendito seas!
— Oh, mierda, Edward… —Isabella alzó sus caderas un poco y comenzó a seguir el ritmo de mis movimientos, cada vez más rápidos. Estaba completamente maravillado viendo su comportamiento, la forma en la que su cuerpo se arqueaba, como gemía de placer.
Qué películas porno.
¡Esto era muchísimo mejor!
Unos cuantos movimientos más e Isabella quedó completamente desalmada, se dejó vencer contra la cama y yo retiré mi mano de ella inmediatamente. Un mohín se formó en sus labios… superiores, aquellos que tiene en su rostro. No podía dejar de admirarla, incluso así se veía hermosa, esta mujer era hermosa de todas las formas posibles, su cabello enmarañado le daba un aspecto sumamente implacable.
— Tu segunda lección, como darle placer a una mujer —Isabella soltó una pequeña risita— aprendes demasiado rápido para tu propio bien.
— ¿L-lo hice b-bien, entonces? —pregunté, pendiente de la sustancia que se encontraba en mi dedo. Isabella asintió, sin borrar la sonrisa de su rostro— Tengo mi dedo pegajoso, ¿tengo que ir a lavármelo?
— Ven aquí —me dijo, dándome una seductora mirada. Me acerqué a ella, quien se sentó en la cama y tomó mi mano entre las suyas. Acercó sus labios a los míos y dejó un casto beso sobre mi boca y luego, con suma lentitud introdujo mi dedo pulgar en su boca…
Ahí fue cuando sucedió nuevamente.
Mientras succionaba y rodeaba mi dedo sensualmente con su lengua.
…
— ¡Otra vez lo hice!
— Bueno, sí —Isabella rió— pero fue mi culpa, no te preocupes.
— Uhu, bueno… —me sonrojé recordando lo que había hecho.
¿Cómo diantres había hecho eso?
— ¿Qué pasa ahora?
— ¿Tendré que tomarme una copa de alcohol cada vez que tengamos una de nuestras lecciones? —Isabella rió con complicidad y fruncí el ceño— ¿Por qué ríes así? ¿Acaso pasó algo más?
— Eso que tomaste en la limusina no era Ron —Isabella se encogió de hombros— Era agua mineral con gas, el ron es de otro color. Así que podríamos decir que no estabas ebrio y que todo fue algo psicológico de tu parte.
— Entonces… ¿Todo lo hice sobrio? —Isabella asintió— Así que te toqué ahí estando sobrio y ahora no me atrevo siquiera a mirar tus pechos, ¿cómo es eso posible?
— Tú eres el extraño aquí.
— ¿Y por qué yo estoy desnudo también?
— Por tu problema —ah sí, maldito problema— Y porque yo también quería ver la mercancía —una de sus mano apareció por mi cintura y bajó rápidamente a mi entrepierna. Me sonrojé cuando me tocó en ese lugar— Y déjame decirte que debes sentirte orgulloso, chico. La próxima vez será tu turno de disfrutar, ya…
El timbre interrumpió lo que Isabella estaba diciendo, igual yo había dejado de escuchar cuando dijo "la próxima vez será tu turno" podía jurarlo por el anillo de linterna verde, que estaba esperando a que llegara ese momento con ansias. Isabella se cubrió con las sábanas y dejó la habitación, no sin antes darme una mirada…
Ahí me percate que me había quitado las sábanas que yo estaba usando para cubrir mi desnudez. Tomé uno de los cojines y lo acomodé sobre mi miembro viril, sintiendo la sangre acumularse sobre mis mejillas. Con una última risita dejo la habitación y se fue a abrir la puerta a quien fuera que viniera a estas horas de la mañana…
— ¡Así te quería encontrar mujerzuela! ¿Quién es el inmundo con el que te estás revolcando?
Oh Dios.
Ese era papá Swan y yo estaba sin alcohol en mi sistema.
Oh Dios.
¿Bolsita? ¿Dónde estás?
(1) tinyurl (punto) com (slash) c8y5k9c
¡Buenas tardes!
Aquí les traigo capitulo nuevo con muuuuuuuuuch amor para todas ustedes. Este capitulo es el doble de lo que hago normalmente, espero y compense la espera de la vez pasada y lo corto que salió ese capitulo. Debo confesar que me entretuve demasiado escribiendo este capitulo, a veces me regañaba... no, miento, a veces regañaba a Edward por ser tan hueón y después me decía "Hey, tranquila, tu eres la que lo hace así al pobre" lol, así que cualquier queja por su ingenuidad es conmigo y no con él, que e suna santa paloma de Dios (?) espero les guste el capitulo, creo que es uno de mis favoritos hasta el momento jajajaja.
Las invito a leer mi nuevo fic el cual podrán encontrar en mi perfil, ya tiene su primer capítulo, abajo les dejo la descripción:
"Cada príncipe con su color"
Bella & Edward, Romance/Humor, Rated M.
"¿Príncipes azules? Claro, sí que los hay, en las películas animadas de Disney que ven nuestras hermanas pequeñas y nosotras a escondidas. Mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda."
¡Muuuchas gracias por sus hermosos reviews, alertas y favoritos!
Todas ustedes son un amor con el apoyo que me dan y sus lindas palabras :)
~ Lamb.
