Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Primerizo.
Summary: ¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? Ah sí, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba? Todos Humanos. Bella&Edward
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction ) porque de ahora en adelante me ayudará a corregir los capítulos, así que los "peors" pasaran a ser los "peros" que corresponden.
Capítulo 20: La primera declaración de Eddie.
— ¿Qué estás haciendo ahí?
Di un respingo cuando escuché la voz de Jasper tras de mí. Me di vuelta lentamente y sonreí un tanto nervioso. Jasper entrecerró sus ojos y se cruzó de brazos dándome una mirada de "Algo apesta aquí y definitivamente no soy yo". Alzó una de sus cejas esperando que dijera algo, pero ¿qué podía decirle a mi amigo?
"No hago nada, tan solo me escondo de Isabella, aunque un noventa y nueve por ciento dice que eso es totalmente imposible hacerlo, ya que soy su fiel secretario, 'su perra' como tú sueles decir; por ende, solo estoy admirando este gran jarrón y la linda planta de un color verde musgo que lo ocupa"
— N-nada.
— ¿Vienes a almorzar conmigo? —me preguntó aun desconfiando, sus ojos parecían dos rendijas. Asentí repetidas veces y lo seguí en silencio a la salida.
Cuando llegamos a nuestro local predilecto, Alice nos estaba esperando en una de las mesas. Al vernos, alzó su mano ondeándola en el aire en nuestra dirección, sonreí a la pequeña mujer que estaba frente a nosotros a modo de saludo. Jasper sonrió de igual manera, sentándose junto a ella y dejando un beso en su mejilla. La chica en cuestión se sonrojó y me dio una tímida mirada, luego se encogió de hombros.
Oh.
¿Al fin le había resultado a Jasper?
— Es que… ¿me perdí de algo? —les pregunté. Jasper brillaba, literalmente brillaba. Como ese vampiro que está de moda hoy en día y por el cual las adolescentes están vueltas locas. Alice estaba avergonzada.
Yo igual lo estaría si la gente me viera con Jasper.
Oh, esperen… la gente me ve con Jasper.
Diablos.
— ¡Te dije que me iba a dar una oportunidad si seguía insistiendo! Me debes veinte dólares —me contestó Jasper feliz. Estuve a punto de golpearme mentalmente ante su metedura de pata, cuando Alice lo fulminó con la mirada.
— ¿Apostaste por esto? —le preguntó en un siseo. Jasper tragó— ¿Y tú le seguiste el juego? —ahora su mirada me quería asesinar a mí. Estúpido Jasper y su estúpida boca.
— ¡É-él fue el que me retó a hacer la apuesta! —chilló el muy traidor.
— En mi defensa, nunca pensé que una mujer inteligente y racional como tú le daría una oportunidad a este eslabón perdido —alcé mis manos en el aire en son de paz. Alice rodó sus ojos, pero no pudo contener aquella sonrisa que bailaba en sus labios.
— ¿Eslabón perdido? ¿Qué estas tratando de decir con eso? —le sonreí con diversión a Jasper.
La mesera llegó así que no pudo reclamar más sobre lo que había dicho, los tres pedimos nuestra comida y luego nos entablamos en una amena charla, hasta que alguien sacó a colación que me había encontrado escondido tras una planta, observando la puerta del despacho de Isabella como si fuera a explotar en cualquier minuto.
— ¿Estabas escondiéndote de Bella? —me preguntó Alice, la curiosidad bañaba su tono de voz— ¿Qué fue lo que hizo esta vez que te asustó? —me sonrojé y los dos frente a mi rieron suavemente.
— ¿Es que te violo o algo? Digo, ya es hora hombre, ¡desembucha tu espada y clávasela hasta el fondo, joder! —resoplé ignorando como el color se intensificaba en mi rostro. Alice rodó sus ojos y le metió a Jasper un pedazo de pan en la boca para que se callara un momento.
¿Había dicho cuán bien me caía Alice?
— ¿Qué fue lo que sucedió, Eddie?
Cerré mis ojos y me eché un croissant a la boca recordando lo ocurrido el día después de la fiesta de Halloween.
…
«Edward, tu ropa»
Me puse de pie deprisa y ordené mi ropa, la cual estaba esparcida por la habitación de Isabella. Tenía un leve, muy leve trastorno obsesivo-compulsivo con la limpieza y el orden en las habitaciones, así que traté de ignorar como pude el desorden que caracterizaba el cuarto de Isabella en estos momentos. Había una cosa más importante que ir a buscar la escoba a la cocina y comenzar con la limpieza.
Y esa cosa era Charles Swan.
— ¿¡Está aquí todavía ese malnacido!?
Rayos y centellas.
Me puse mis lentes, porque era lo primordial, luego me calcé los bóxers de Spiderman rápidamente y…
Rayos, rayos, rayos.
¡No tenía ropa!
¡Por todo lo santo, solo tenía el traje de Spiderman!
Relájate Edward, tranquilo. Esto puede tener solución, piensa, usa tu cerebro amigo ¡que te sirva de alguna endemoniada vez tener un CI tan alto! Piensa en las telenovelas que mamá te hacía ver, los libros que has leído, las historias amorosas de Emmett a través del tiempo. Piensa donde demonios puedes esconderte para que el señor Swan no te despelleje vivo por haber mancillado a su hija, siendo al revés la situación.
El foco se prendió sobre mi cabeza en un abrir y cerrar de ojos.
Había un escondite en común en todas esas situaciones, como por ejemplo cuando el marido llegaba a la casa de María Albertina y esta le decía a José Antonio, el amante que muchas veces era el mismísimo jardinero y/o limpia piscina, que se escondiera en el armario.
¡Benditas telenovelas Venezolanas que mamá ve a la hora de almuerzo!
Sin pensarlo más, tomé mi traje de Spiderman y me escabullí rápidamente en el walk in closet de Isabella. Solté un suspiro de alivio cuando me vi rodeado de elegantes vestidos y zapatos por montón. Nunca a lo largo de mi vida había agradecido tanto estar rodeado de ropa femenina, tenía malas experiencias debido a que Rosalie y mamá amaban usarme como burro de carga, pero ahora me sentía en el cielo.
— ¡Hazte a un lado Isabella!
— ¡No! Estas en mi jodida casa, ¿ni siquiera aquí puedo hacer lo que me plazca?
— ¡No me saques de quicio niña y hazte a un lado!
El portazo que dio el señor Swan al entrar en la habitación de Isabella probablemente se escuchó hasta China. Me estremecí al saber que ya estaba en la habitación y solo una puerta nos separaba. Me estaba entrando el pánico otra vez, ¿cuándo te metiste en esto, Edward? ¿Es que no podías seguir con tu vida virginal? No, tenía que curiosear acerca de los placeres carnales de primera mano, no podía simplemente abrir RedTube y listo.
Comencé a pasearme por el gigantesco armario de Isabella, era del porte de mi pieza. Ella tenía demasiada ropa, demasiada, incluso había prendas que aún tenían la etiqueta y se conservaban completamente intactas. Para que hablar de los zapatos, había por montón, desde tacones a unas simple zapatillas. Tenía una pared llena de zapatillas de todos los diseños, Vans y Converse. Era el paraíso de las zapatillas.
— ¿Qué es esto? —murmuré, frunciendo el ceño cuando vi una cómoda con muchos cajones.
Abrí uno de los cajones y el color subió a mi rostro inmediatamente.
Lencería.
— No se te ocurra tomarlo. Edward, detén tu mano ahí… ¡maldita mano que se mueve sola! —chillé, cuando sostuve uno de los brasieres de Isabella en mi mano.
— ¿Qué fue ese ruido? ¿Es que acaso tienes ratas en tu apartamento, muchacha?
— Eh, si. Ya llamé a los exterminadores, vendrán pronto así que será mejor que te vayas, no querrás presenciar eso, ¿no? Esas cosas peludas y dientonas corriendo de un lugar a otro.
— ¿Crees que le tengo miedo a unas asquerosas ratas?
—No, por supuesto que no —pude escuchar el suspiro abatido de Isabella a través de la puerta. Me regañé mentalmente por el gritito que había soltado, aunque tampoco era como el chillido de una ratita, yo no era tan femenino, ¿cierto?— ¿Estás consiente ahora que de no hay nadie aquí, padre?
— No.
Dejé de escuchar su conversación y seguí inspeccionando la ropa interior de Isabella. No es como si ella me fuera a pillar haciendo esto, ¿cierto? Estaba ocupada tratando de despistar a su señor padre, yo podía entretenerme un rato viendo estas peculiares prendas, porque había unas realmente llamativas.
Por ejemplo, ella tenía un brasier donde se veía claramente el escudo de Capitán América.
Y yo era el ñoño en cuestión.
Tal vez ella era una nerd que aun no salía del closet.
También habían algunos brasieres que hacían saltar a mi amigo de allá abajo, porque dejaban prácticamente nada a la imaginación, sumándole a eso que cada vez que los levantaba y observaba el encaje del que estaban hechos recordaba a Isabella estirada en su cama a mi completa merced.
Se escuchaba tan bien eso, "a mi completa merced", como si yo fuera el Dios del sexo.
Já.
— Thor todopoderoso.
¿Qué tenían las mujeres con las tangas?
Tomé en mi mano un puñado de… Ropa interior, como solían llamarle, más bien parecían hilos dentales. Enserio, ¿para que se tomaban la molestia de ocuparlos? Era como andar sin nada. Isabella tenía una completa gama de colores de hilos dentales, digo, tangas. Era una imagen digna, nuevamente, imaginar a Isabella con nada más que esto, pero creo que prefería mil veces las bragas convencionales.
¿Qué puedo decir? Soy un chico de la vieja escuela.
— Bati-chica —murmuré, tomando unas braguitas en mi mano derecha que tenían plasmada a la chica murciélago en su versión cómic— Me sorprendes, Isabella.
Estaba tan ensimismado viendo la ropa interior de Isabella como un vil pervertido que no tuve tiempo de reaccionar correctamente cuando la puerta del armario de Isabella se abrió de sopetón. Nuevamente chillé como una nena y, lamentablemente, arrojé la ropa interior por los aires, haciendo que inconscientemente quedara bañado con ella, incluso y tenía un brasier sobre mi cabeza.
Mis ojos estaban abiertos de par en par.
Isabella tenía una pequeña sonrisita en sus labios, estaba cruzada de brazos y una de sus cejas estaba alzada preguntándome silenciosamente "¿Qué coño estás haciendo?" sip, utilizando esa misma expresión. Tragué saliva y mi vista se enfocó en la pesadilla andante. El señor Swan tenía una expresión horrible en su rostro horrible. Sus labios estaban crispados con molestia y me observaba como si fuera una… asquerosa ratita.
— Realmente tienes una plaga en tu casa después de todo.
— Padre…
— ¿Qué hace este… —nuevamente me miró con desprecio y luego prosiguió hablándole a su hija—… qué hace este aquí? ¿Es que ahora te diviertes con cualquiera? ¿Ni siquiera para eso tienes dignidad?
— Como dije anteriormente, no es de tu incumbencia lo que yo haga, ya estoy bastante grande para tomar mis propias decisiones, ¿qué si me he tirado un buen polvo con Edward?
— ¡Cuida tus palabras muchachita! —le alzó la voz a Isabella, haciendo que esta se encogiera un poco pero el brillo de determinación en sus ojos seguía ahí— ¿No tienes nada que decir? —sus ojos afilados estaban sobre mi esta vez.
— Uh, n-no —comenté, encogiéndome de hombros tenuemente— Y-yo… N-no estábamos haciendo nada malo. A decir verdad, ni siquiera llegué a penetrar a su hija, si eso es lo que le molesta, señor —el señor Swan mostró sorpresa en su rostro e Isabella tuvo que cubrir su boca para evitar que una risita saliera de ella.
— ¿Perdón?
— B-bueno, con Isabella no hemos hecho nada malo, como le he dicho. Si se pregunta el porqué de mi… situación —agregué con las mejillas sonrojadas apuntando mi semi-desnudez— Es por el simple hecho de que, bueno, lo único que tengo a mano es mi disfraz de Spiderman, no es algo con lo que me gustaría salir a la calle a estas horas.
— Además —agregó Bella, dejando el lado de su papá y caminando hacia mi—, no es como si no pudiera acostarme con mi novio, ¿cierto, corazón? —me quedé de piedra mientras ella quitaba una de sus tangas que estaba sobre mi hombro despreocupadamente.
El señor me iba a castrar.
— ¿Tu novio? —preguntó sin creérselo.
Para ser sinceros, yo estaba igual.
— ¿Tan difícil es creerlo? —dijo Isabella, alzando una de sus cejas. Su padre volvió a repasarme con esa mirada tan pesada que tenía él, y asintió, alzando su ceja de igual manera.
— Claro que sí, ¿es que no lo has visto? Por lo menos tu último chico, ese modelo… ¿cómo era que se llamaba? ¿James? ¿Laurent? ¿Félix?... Da igual, esto es totalmente increíble —El señor Swan tenía ambas de sus manos en los bolsillos de su pantalón de vestir, su para recta estaba intacta, solo su tono de voz demostraba cuando desagradable era para él que yo estuviera con su hija.
Algo contradictorio.
Si la trataba de una forma tan despreciable, ¿qué le importaba a él con quien estuviera saliendo Isabella?
Como si fuera verdad, de todos modos.
— ¿Qué es lo que necesitas, padre? —le preguntó Isabella un tanto hastiada.
Mi ego había bajado unos cuantos –bastantes– decibeles.
— Quería hacerte entrega de esto personalmente —sacó un sobre de algún compartimiento que existía en el interior de su chaqueta y se lo entregó a su hija— acabemos con esto de una vez por todas.
— ¿Qué es?
— Ábrelo —la incitó, una sonrisa se posó en los labios del caballero.
Isabella abrió el sobre lentamente y sacó un papel de su interior, mientras leía su rostro fue palideciendo notablemente. Creo que leyó aquel comunicado cerca de cinco veces sin creer lo que contenido decía, fruncí el ceño y observé como el señor Swan sonreía abiertamente, un brillo triunfante se había instalado en sus ojos. Isabella cuadró la mandíbula y cuando levantó su mirada, estuve a punto de retroceder.
Demonios, era como si fuera a convertirte en piedra, cual Medusa.
Pero en el fondo, podía ver la tristeza y el dolor que quería esconder en esa mirada.
— ¿Tienes algo que decir, hija?
— Nos vemos en los tribunales —dijo, su voz tan fría como un tempano— es hora de que te vayas de mi departamento y espero que no vuelvas a pisar este lugar nunca más. No eres bienvenido ni ahora ni nunca.
— Me complace —me dio una nueva mirada y soltó una pequeña risita— disfrutaré viendo cómo la prensa te come viva por andar con… este.
— Edward —murmuré, sin saber que era lo que estaba sucediendo.
— ¿Le enseñaste hablar a tu mascota?
— M-mi nombre es Edward —fruncí el ceño y me acerqué con una valentía que no sé de donde salió hacia aquel hombre— No soy una mascota, y técnicamente no soy un "este". Soy una persona, de carne, huesos… y agua, como usted, como Isabella, como todos —su postura no había cambiado, se creía el dueño de todo— Isabella le ha pedido que se marche, ¿quiere que lo acompañe a la puerta? —soltó un resoplido, dio media vuelta y se fue.
Se fue sin decir nada.
¡Lo había dejado callado!
¡Baile mental de la victoria!
Escuché atentamente como la puerta del pent-house de Isabella sonaba al cerrarse. Bella pasó como alma que lleva al diablo junto a mí y se dejó caer sobre su cama, uno de sus brazos cubría sus ojos. Acomodé mis lentes sobre el puente de mi nariz y caminé lentamente hacia ella, no sabía si quería que me acercara o me iba a dar una patada en la espinilla.
— Puedes irte si lo deseas Edward —fruncí el ceño y me senté a su lado en la cama.
— Uh, no lo deseo. Quiero quedarme —Isabella sonrió levemente cuando me escuchó decir eso.
— Estaba tratando de decirte sutilmente que me gustaría estar sola —comentó en un murmullo. Me sonrojé al no captar el doble significado de sus palabras. Me encogí de hombros a pesar de que ella no pudiera verme— ¿Qué voy a hacer, Edward? Él quiere quitarme la editorial, él puede hacerlo… Creo que lo mejor será que le informe a Jacob sobre esto —Isabella suspiró y rodó en la cama, descubriendo su rostro finalmente. Sus ojos estaban cristalinos y sinceramente no me gustaba verla así.
Me ponía triste.
Y no sabía cómo lidiar con mujeres tristes.
Isabella me jaló del brazo e hizo que me recostara sobre su cama, junto a ella. Me sonrió tenuemente y posó su pequeña mano sobre mi mejilla, dándome una suave caricia. A veces me preguntaba qué era lo que sucedía con ella, podía comportarse como un demonio recién salido del infierno, podía usar el sarcasmo tantas veces como quisiera para que yo no la entendiera… pero habían esos pequeños momentos, como ahora, donde era tan dulce y dócil que no sabía que pensar.
Las mujeres y su comportamiento siempre serían un tema tabú para mí.
— Gracias.
— ¿P-por qué? —le pregunté en un susurro.
— Solo por… ser tú —se encogió de hombros y sonrió—. Y por no enojarte sobre lo de ser mi novio —me guiñó un ojo haciendo que el rubor subiera a mi rostro— ¿Me darías un abrazo? —me preguntó un tanto cohibida.
Esta era otra faceta que me gustaba de Isabella.
La tímida.
— Claro —abrí mis brazos para que ella se acomodara entre ellos. Isabella sonrió abiertamente y se acurrucó junto a mí, acomodando su cabeza en mi pecho. La rodeé con mis brazos y posé mi cabeza sobre la suya, soltando un suspiro.
— ¿Edward?
— ¿Sí, Isabella?
— Me gustas —tragué saliva— Te quiero, de verdad lo hago, no se te ocurra huir de mí, ¿sí?
Y se acurrucó más junto a mí, dejándome totalmente en blanco.
Recórcholis.
¿Por qué mi corazón latía tan rápido?
Oh Dios, a lo mejor tendría un infarto.
…
Ella me había pedido que no huyera y era lo primero que había hecho.
Gallina.
Alice y Jasper estaban en completo silencio, solo observándome. Mi amigo había dejado caer su cuchara en la sopa que estaba tomando, salpicando unas cuantas gotas, y Alice aún tenía su boca abierta y la media luna estaba a mitad de camino sostenida en su mano. Me removí incómodo ante su escrutinio. Hace cinco días había pasado eso y había estada tratando de evitar cualquier contacto excesivo con Isabella por temor.
— ¿Qué fue lo que le dijiste? —me preguntó Jasper intrigado.
— Y-yo… y-yo —carraspeé y acomodé el cuello de mi camisa.
— No le dijiste nada —agregó Alice, a modo de aseveración— Tú eres idiota —dijo, observando a Jasper. Luego sus ojos se posaron en mí— Pero tú eres jodidamente lento, ¿enserio no lo dijiste nada?
— ¿Ni siquiera un puto "gracias", Edward? —Jasper negó con su cabeza— ¿Qué clase de mentor he sido, señor Jesús? Debería haberte hablado sobre estos casos. Las chicas aman escuchar algo a cambio de un "Te quiero" —Jasper desordenó su cabello— Un "Yo también" hubiera estado de maravilla, Eddie.
— Pe-pero yo no sé… —suspiré y le di un mordisco a otro croissant— ¿Cómo sabes exactamente cuándo te gusta alguien? Yo nunca… A mí nunca me habían dicho eso... Quie-quiero decir —Alice sonrió al ver mi pobre intento de explicar que nadie se me había declarado nunca, y cuando digo nunca es nunca.
— Primero, mariposas en la panza, ese es un clásico querido amigo —Observé a Jasper con curiosidad, la verdad es que cuando Isabella me besó por primera vez sentí aquella explosión de sustancias químicas en mi estómago, o como Jasper y el mundo lo llamaba vulgarmente, "mariposas en la panza"— ¿Has sentido alguna cosquillita o algo?
— Eh, s-si.
— ¡Sudor! —chilló Alice, ganándose una extraña mirada por parte de Jasper.
— El sudor ya viene cuando han pasado al grado tres, cochina, ¡estamos hablando de otras cosas aquí! A no ser que quieras experimentar un poco de eso —Jazz movió sus cejas sugestivamente.
— Como decía, ¿te sudan las manos cuando estás cerca de ella? —me preguntó, ignorando olímpicamente a Jasper. La verdad es que sí, Alice tenía razón, aunque no eran solo las manos, a veces parecía que había corrido una maratón de mil kilómetros, y todo culpa de Isabella.
— Uh, bue-bueno, no solo las m-manos —le respondí, dándole un sorbo a mi jugo.
— ¿Estás obsesionado con ella? —ahora fue el turno de Jasper, fruncí el ceño ante su pregunta.
— ¿Eh?
— Ya sabes, como en Misery (1).
— ¡Pe-pero eso no! ¡Cómo se te ocurre! Yo no quiero encerrar a Isabella en mi casa, menos quebrarle todo lo que pueda para que así no se vaya de mi lado, ¡estás loco! —chillé sin poder creer la comparación que Jasper estaba haciendo. Stephen King era el peor ejemplo cuando se hablaba de un sentimiento que tendría que dar dicha en vez de terror.
— Lo que Jasper quiso decir, es si sueles pensar en ella la mayoría del tiempo.
— Ah, viéndolo de ese modo… —negué con mi cabeza a Jasper y pensé— Bueno, pero eso es normal, ¿no? Digo, estoy la mayoría de mi tiempo con ella, es normal que al llegar a casa me pregunte qué está haciendo supongo —me encogí de hombros restándole importancia.
— ¿Tu corazón late más rápido de lo usual?, ¿te molestas cuando ves otros hombres cerca de ella?, ¿hay veces donde solo quieres abrazarla y nada más? —asentí a cada una de esas preguntas que me formulaban.
Alice y Jasper nuevamente estaban centrados en mi, mirándome como su fuera la cosa más adorable del mundo, Alice incluso parecía como si en cualquier momento se lanzaría a mí y apretaría mis mejillas para enfatizar su punto. ¿Por qué tenían que mirarme así?, me daba vergüenza que hicieran eso, y no sabía dónde esconderme, ¿trágame tierra?
— ¡Felicidades, has caído en las redes del amor! —dijeron ambos con entusiasmo a la misma vez.
¿Amor?
Nosotros no estábamos hablando de amor.
¿Qué les sucedía?
Estaba a punto de contestarle sobre su equivocación cuando la campanita de la puerta del local sonó, anunciando que alguien había entrado. Giré mi cabeza para observar el lugar y la verdad es que no sé exactamente que pasó por mi cuerpo al ver la escena frente a mis ojos, estaba un tanto conmocionado debido a lo que estaba presenciando.
Isabella había entrado en el local.
Pero no estaba sola, estaba muy bien acompañada. Tal vez era ese modelo que había nombrado su papá –bueno, alguno de ellos– el que estaba rodeando su cintura con uno de sus musculosos brazos. Isabella se veía feliz y realmente cómoda con el tipo en cuestión. Que se vieran extremadamente bien juntos tampoco me ayudaba a sacar las mejores conclusiones. A lo mejor y era un amigo como había sucedido con Alec y yo había tenido una pequeña punzada de celos injustificados.
Amigos.
Bueno, estuve a punto de creer en esa teoría hasta que vi como se daban un dulce beso frente a mis ojos. Los amigos no se besan en los labios, ¿cierto? Jasper y yo no nos andamos besando en los labios, ¿por qué ella había hecho eso? Fruncí el ceño y acomodé mis gafas sin quitar la vista de la acaramelada pareja. Isabella tenía su cabeza apoyada en el pecho de aquel individuo, justo como lo había hecho conmigo días atrás. Me giré hacia mis amigos para hacer una última pregunta:
— Entonces, si todas esas cosas que nombraron con anterioridad son síntomas del amor —Alice y Jasper tenían sus rostros desencajados. Continué con lo que me proponía, ignorándolos completamente— ¿Qué significa el dolor que estoy sintiendo justo aquí ahora? —les pregunté apuntando mi corazón.
Iba a tener que googlear sobre eso, supongo.
(1) Libro de Stephen King. Un escritor sufre un grave accidente y recobra el conocimiento en una apartada casa en la que vive una misteriosa mujer, corpulenta y de extraño carácter. Se trata de una antigua enfermera, involucrada en varias muertes misteriosas ocurridas en diversos hospitales. Esta mujer es capaz de los mayores horrores, y el escritor, con las piernas rotas y entre terribles dolores, tiene que luchar por su vida. (Uno de mis favoritos, debo decir)
¡Buenas Noches!
Capitulo 20 arrba para ustedes :) se que me estoy demorando en actualizar, ¿puedo culpar a alguien por ello? en verdad tengo muchos culpables, cada personaje de la saga que me estoy leyendo. Enserio, es horrible, una cosa de que comencé a leer el primer libro y ya voy en el otavo, alucinante XD. Bueno, volviendo a lo nuestro, ¡espero que el capitulo sea de su agrado! no se porque Bella hizo lo que hizo al final, que alguien me lo explique (?) tendré que deducirlo en el próximo capitulo, mi cabeza fue la que planeo eso, así que no me reten ni nada, soy inocente. Muchas gracias por el apoyo que me han dado con la historia, como siempre, nos estamos leyendo por aquí, twitter, facebook.
Ah, y ¿feliz año nuevo atrasado? ya no se ni en que día estoy.
PD: Petit-Chiharu me preguntaste porque no servía el link de mi twitter... bueeeeeno, soy idiota, le cambié el nombre (cosa que desgraciadamente hago a cada rato XD) y había olvidado cambiar el link en mi perfil, pero ya lo hice (gracias, por cierto, nunca me habría dado cuenta XD) todo está solucionado ahora ;)
Las invito a leer mi nuevo fic el cual podrán encontrar en mi perfil, ya tiene su primer capítulo, abajo les dejo la descripción:
"Cada príncipe con su color"
Bella & Edward, Romance/Humor, Rated M.
"¿Príncipes azules? Claro, sí que los hay, en las películas animadas de Disney que ven nuestras hermanas pequeñas y nosotras a escondidas. Mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda."
¡Muuuchas gracias por sus hermosos reviews, alertas y favoritos!
Todas ustedes son un amor con el apoyo que me dan y sus lindas palabras :)
~ Lamb.
